- ¿Te pasa algo? – preguntó Dany a Angélica, al ver a su amiga sin ánimos de probar bocado en la mesa.
- Ayer vi a David y... no sé, se portó muy diferente conmigo...
- ¿Te hizo algo? – preguntó confidencialmente, esperando que nadie las escuchara
- No nada malo... O no sé si yo le hice algo malo a él... lo que pasa es que... – Angélica tragó saliva, a su amiga era la primera persona a la que le diría que había tenido su primera experiencia sexual con David – David y yo estuvimos juntos.
- No entiendo – dijo Dany, sirviéndose más agua de Jamaica
- Que David y yo hicimos el amor – dijo en un susurro.
Dany se quedó petrificada, sus ojos quedaron inmóviles en los de Angélica y sus brazos no pudieron sostener el peso de la jarra haciendo que el líquido se derramara por toda la mesa.
- No, no es cierto... – decía ella, limpiando con toallas de papel el mantel impregnado en una gran mancha roja –
- Si Dany... Ayer por la mañana que lo vi estaba como siempre: me dijo que me quería y cosas así, y por la tarde me lo encontré en el templo cuando fui con Paz. Estaba llorando y... y no sé...
- Así son los hombres Angy, dicen una cosa y después otra... Pero dime: ¿Cómo fue que pasó?
- Cuando llovió bien fuerte nos agarró la lluvia en el azufrado, entonces él no me dejó venir en la motocicleta y nos quedamos en su camioneta
- Ah claro, plan con maña – dijo Dany – Pero... ¿Te obligó o qué?
- Claro que no... Me abrazó, y comenzó a besarme...
- Y... ¿Cómo se siente? – preguntó Dany, más curiosa que antes
- No te podría decir – dijo ella, esbozando una ligera sonrisa en su rostro – sientes que algo te recorre todo el cuerpo y que después de eso ya nada es como era antes.
- Órale... ¿Y entonces por qué crees que el David se puso así de intenso? – preguntó Dany, sin darse cuenta de los pasos cautelosos al otro lado de la puerta.
- En verdad no sé... ¿Será que los hombres también cambian cuando tienen su primera vez? – esa pregunta hizo que la persona que las escuchaba a escondidas contuviera la respiración.
- Quien sabe, los hombres lo ven como una relación nada más, para nosotras es la primera vez, aún así no es justificación para que haya actuado así... – Dany hizo una pausa, respiró profundamente y formuló una pregunta que todos temían saliera a la luz - ¿Y ya hablaste con él? Digo lo de... pues... tú te vas...
- No – contestó ella firmemente – no le he dicho nada...
- Angy... deberían llegar a un acuerdo, va a ser más difícil para los dos si lo dejan así como así...
- ¿Y qué quieres que haga? – Preguntó Angélica algo molesta - ¿Qué tenga novio sólo los fines de semana?
- ¿Y piensas terminar con él?
- Tampoco, cualquier decisión a la que lleguemos sé que no va a mejorar las cosas.
- Ánimo Angy – dijo Dany, tomando una mano de su amiga sobre la mesa – encontraste al chavo que te gusta y al que le gustas, no creo que aunque te vayas y él se quede eso pueda cambiar.
Angélica guardó silencio, no tenía argumento alguno contra las palabras de su amiga. En su mente daba vuelta una y otra vez la propuesta de David de irse con él, pero sabía que incluso para su novio sería una locura. Del otro lado de la puerta, Andrés escuchaba todo con sigilo, cada palabra de la conversación era retenida en su cerebro para afilar el arma con la que de una vez por todas separaría a Angélica de David.
- Angy, mientras más tiempo pase va a ser más difícil... – dijo Daniela – búscalo y habla con él. Dile que lo amas pero no puedes hacer eso que él pide – opinó, cuando Angélica le dijo la propuesta de David hacia ella.
- Voy a buscarlo, tendrá que entender que... simplemente no puedo – dijo Angélica, antes de ir al establo para montar al encuentro de David en el azufrado.
En el pozo del agua, la ausencia de alguna camioneta o caballo denotaba a simple vista que David no estaba allí, y al apreciar las nubes de lluvia que se aproximaban en el cielo, pensó que David no hubiese creído necesario echar a andar la bomba aquella tarde. Angélica esperó sentada en la roca donde el día anterior estuvo charlando con él, pero ni el relinchar de un caballo ni la música de banda daban luces de la presencia de su novio.
De regreso a la hacienda, Angélica tenía la esperanza confundida con miedo y temor de encontrárselo en el camino. Su caballo comenzaba a cabalgar con la cabeza agachada como síntoma de sed, Angélica se desvió hasta la pequeña cascada debajo del balneario y para su sorpresa se encontró con un caballo negro amarrado de un árbol pastando a unos cuantos metros de David, quién mantenía sumergidas sus piernas en el lago con el pantalón doblado.
- Hola – dijo Angélica, en un tono tan funesto que le sorprendió fuera su propia voz
- Quiubo chula – dijo David sin siquiera mirarla, en ese momento por una extraña razón los dedos de sus pies le llamaban más la atención que el rostro de Angélica
- David, quiero hablar contigo... – comentó ella, sentándose junto a él al lado del lago – he estado pensando las cosas y... como te dije ayer, te amo; pero no creo que vivir juntos a una edad como ésta sea una buena idea, me iré a Guadalajara en unos días... pero podemos vernos los fines de semana, puedo venir cada sábado y... si tú puedes, podríamos vernos allá.
David la miró con gesto suplicante, su sola mirada le expresaba lo mucho que le dolía que ella se apartara de su lado, pero sabía que tendría que ser así.
- ¿Pero de veras vas a venir cada semana?
- Si David, te lo prometo
- Ándele pues... no más que no ¿Eh? Porque si llega otra y me lleva yo no me hago responsable... – dijo éste con humor
- ¡David! ¿Apoco si te irías con otra? – preguntó ella, posando su cabeza en el hombro de David
- Nombre chula, te juro por ésta – él hizo ademán de persignarse - que nomás te quiero a ti...
- ¿¡David qué te pasó!? – Exclamó asustada la chica al ver en la espalda de David las heridas provocadas por el fuete - ¿Quién te hizo eso? ¿Te duele?
- Este... ¿Te acuerdas el día de la fiesta cuando aquellos te dijeron de cosas? Pues en la noche cuando mi apá llegó a la casa... este... pues agarró el fuete y me dio unos cuerazos, pero ya no me duele.
- ¿Pero por qué te pegó?
- Pues porque dijo que no debí agarrarme a guamazos con esos, y menos enfrente de ti.
- Pero yo no veo razón para...
- Ya chula, ya... no es pa’ tanto, ¿Ya te dije que no me duele no? Mejor dame un besito pa’ curarme más rápido.
En el patio de la hacienda, doña Mónica observaba sentada desde su equipal la quietud en el ambiente nublado, las hojas de los árboles hondeando en el viento eran testigo del tiempo que lentamente se esfumaba en el calor del verano amenazado un día más por la lluvia. El eco de unos pasos resonaban en la crujiente madera detrás de ella, cuando Andrés entró al campo visual de la señora que no se inmutaba en mirar atrás, sonrió.
- Tengo algo que decirle señora – comentó Andrés, recargándose en una viga de madera donde comúnmente amarran a los caballos – antes que nada debo agradecerle su hospitalidad estos días, en verdad fue todo fue increíble: la comida, la fiesta, el ambiente... Muchas gracias...
- No tienes nada que agradecer – dijo ella, retozando el abanico sobre su pecho – tú y tu hermana son bienvenidos cuando gusten regresar, tienen las puertas abiertas de esta casa incondicionalmente
- Muchas gracias señora... Y, el otro tema que quiero tratar con usted es muy delicado, no podría llamarme amigo de Angélica si no le dijera lo que estoy a punto de decirle...
- ¿Qué pasa? – de repente, Estela había parecido recobrar un inexistente interés en las palabras del chico
- Hoy por la mañana escuché a Angélica que hablaba con Daniela, estaban en la cocina y su hija sonaba triste y desconsolada... lloraba como si en verdad algo le doliera... – Andrés aprovechó a hacer una pausa para verificar que Estela estaba al pendiente de cada una de sus palabras, y para su satisfacción, había logrado que así fuera
- ¿De qué estaban hablando?
- Me duele mucho decírselo señora, pero tendrá que enterarse por el bien de su hija... Angélica le confesó a Dany que David abusó de ella en el campo...
Estela se petrificó por completo, era imposible que Andrés asegurara que su hija había sufrido una violación, y mucho menos que no le contara a nadie la verdad.
- ¿Estás seguro de lo que dices? – preguntó ella poniéndose de pie tan rápido como le fue posible
- Es sólo lo que escuché señora, ¿pero no se le hace raro no ver al jimador ese tan seguido como antes por aquí? ¿No ha notado que Angélica se comporta de una manera diferente y aislada desde hace tiempo?
Estela estrujaba entre sus manos el abanico de madera. La rabia que sentía sólo era comparada con el dolor que le retumbaba en el pecho al enterarse del ultraje a la dignidad de su hija.
- ¡Cristóbal! ¡CRISTÓBAL! – entró Estela corriendo a la casa, llamando a gritos a su esposo, dejando a Andrés fuera con una sonrisa maliciosa.
- ...Cerca de una unidad deportiva – decía Angélica, esperando a que abrieran el portón para entrar a la hacienda – si puedes ir a verme te doy la dirección, no es muy difícil, de hecho el camión que sale de aquí pasa a unas cuadras de mi casa – comentó ella, pasando por el portón al patio, donde la ausencia de los trabajadores parecía extraña.
- ¡Allí está patrón! – exclamó una voz que asustó a los chicos y a sus cabalgaduras
- ¡Agarren a ese desgraciado! – gritó Estela con lágrimas en los ojos. Al instante la horda de hombres armados con machetes y palas corrieron tras David, que al igual que Angélica apresuró el paso de su caballo hasta el potrero, donde David cerró la puerta para que no pudieran entrar.
- ¿Qué pasó? – preguntó Angélica asustada, bajando de su caballo temblando de pies a cabeza
- Pos no sé – dijo David, alejándose del portón.
- ¡Sal de ahí maldito! ¡Ya supimos que ultrajaste a mi hija! – gritaba Cristóbal desde el otro lado de la puerta
- ¿Qué? – Angélica no le daba crédito a lo que sus oídos escuchaban de labios de su padre, David iba de un lado a otro como si se tratara de una fiera en una jaula
- Chula, la verdá no sé qué pasó... tú bien sabes que no es cierto eso que dicen...
- ¡Pues entonces sal y diles!
- ¿Y crees que tu amá me va a creer? Ella siempre estuvo empeñada en que no me acercara a ti y bien lo sabes... - dijo David, haciendo sonar su voz por encima de la lluvia que se pronosticaba – creo que será mejor que te deje en paz
- ¿Dejarme? – preguntó ella confundida
- Es mejor que me vaya a que te cause más problemas
- ¿Pero... a dónde vas a ir? –
- Pos no sé... Pero lejos de ti no peligras ni tú ni yo – dijo David, abriendo las puertas de la caballeriza –
- ¡Llévame contigo! – dijo ella, abrazando a David por la espalda y empapando en lágrimas su camisa sucia –
- ¿Pero qué te puedo ofrecer? – Preguntó él, dándose la vuelta y mirando los ojos de Angélica quizá por última vez – Estás acostumbrada a vivir bien y yo apenas te puedo poner un techo, mejor quédate y acuérdate de mí – dijo, llevándose la mano al cuello, con un tirón fuerte se arrancó la plaquita de metal que tenía el nombre de ambos y se lo puso en las manos a Angélica – cuídate mucho ¿Sí? – le susurró, besándola en los labios y montando en su caballo – Adiós chula – dijo, con lágrimas en los ojos, dándole un fuetazo a la caballo para que arriara a los demás hacia la salida, los cuáles derribaron la puerta de madera haciendo que los hombres del otro lado se dispersaran ante la estampida de los animales.
- ¡David! – Gritaba Angélica, caminando sin fuerza entre los trozos resquebrajados de madera - ¡DAVID! – gritaba una y otra vez, sin embargo, David se alejaba en su caballo para que por lo menos alguien de los dos pudiera ser feliz sin problemas.