The Glam Life - Dulces 18




- ¿No ha llamado papá? – preguntó Chris con impaciencia, como las veces anteriores

- No Christopher – contestó su madre sumamente alterada, el hecho de tener su jardín y patio repleto de adolescentes gritando y bailando por todos lados la estresaba demasiado – y por favor deja de preguntar.

- Pero prometió que llegaría temprano

- ¡Ya lo sé! – Exclamó Charlotte, golpeando con el cuchillo que tenía en las manos un pequeño trozo de salchicha - ¡Dios! Yo que soy su esposa debería preocuparme más que tú, está en el trabajo ¿Entendido? Por lo del verano pasado debes saber de sobra que el ritmo de trabajo de tu padre es muy pesado.

Christopher lo sabía de sobra: El término del verano era como salir de una prisión donde el sol y la libertad que siempre habían estado allí relucieran más que nunca al volver a clases.

- No tardará demasiado – comentó Cara, que le pasaba a Karen un tazón de fresas – Sal y diviértete un rato, después vuelves y me dices cómo se llama ese chico – dijo, señalando a través de las puertas de cristal un musculoso joven que Chris identificó como compañero del equipo de Basketball.

Sus abuelos miraban a la juventud enloquecida por la música desde el pasillo, donde Eloise no dejaba de criticar a las compañeras del curso de Chris y Patrick se deleitaba con las mismas. Christopher caminaba de aquí a allá recibiendo felicitaciones de los invitados y uno que otro regalo mal envuelto comprado de última hora. A un lado de la piscina Ashlee y algunas de sus amigas charlaban animadamente con vasos de soda en mano, cuando la mirada de Chris y su novia se conectaron, ésta le hizo una señal para que tuviera calma.

Casi una hora después si madre le anunció que su padre había llegado, lo encontró dejando el maletín sobre un sillón y quitándose el blazer para estar más cómodo, detrás de él, Rupert y George caminaban distantes.

- Que buen ambiente - comentó Alex cuando se asomó al jardín trasero, ignorando el gesto de completo desagrado de su esposa.

- Hola Charlotte, hola Karen, hola Darla – saludó Rupert conforme iba a encontrando a las rubios en su camino

- Es Cara – lo corrigió la chica, con una de sus más fatales miradas en su rostro

- No me importa – aclaró éste, tomando una cerveza del refrigerador.

- ¡Felicidades sobrino! – dijo George, acercándose al cumpleañero para felicitarlo – no siempre se cumplen 18...

- Cierto – dijo Alex – deberías preocuparte cuando tengas 40 y sigas soltero

- ¡Vete al diablo Davis! – Dijo Rupert – Antes de partirle la cara a tu padre, ten, tu regalo – el pelirrojo le puso en sus manos un paquete consideradamente pesado y de complexión cuadrada – cuídalo mucho, me costó demasiado y en realidad no tengo idea de lo que sea.

- A un lado gnomo de jardín – dijo George, golpeando a Rupert con su hombro, en manos traía un gran paquete rectangular envuelto en periódico, en algunas partes rasgado ya. Por las partes rotas del papel se podía ver un color negro uniforme, como si fuera una maleta para guardar sólo calcetines – Sé que te gustará, cualquiera con buenos gustos no puede resistirse a una de éstas – comentó, dejando el bulto sobre los brazos del chico.

- Sé que cumpliste 18 – comentó Alex, tomando a su hijo por los hombros y caminando lejos del bullicio con lentitud – ya eres casi un hombre... legalmente hablando claro – dijo, quitándole el regalo de George y dejándolo en un sillón de la sala – aún recuerdo cuando tenías cuatro... Salías a orinar en las plantas del jardín porque el baño te daba miedo – Alex dibujó una sonrisa al dibujar en su mente a Chris con los pantalones abajo junto al muro del jardín trasero – Como sea, creo que ya es hora de que comiences a ser independiente... No significa que te vayas de casa todavía... Lo harás a los 21, obviamente, sólo pretendo que disfrutes la vida a tu manera, a mil por hora diría yo – Alex abrió la puerta de la casa, donde un auto azul estacionado frente al suyo esperaba reluciente en la acera – Feliz cumpleaños – añadió arrojándole las llaves del vehículo, Christopher las tomó en el aire aún estupefacto, sin darse cuenta de que Rupert y George lo acompañaban en el patio.

- ¡Genial! Ahora podrás hacer viajes en carretera – dijo George

- Y tener sexo en la carretera, que es mejor – comentó Rupert

Los tres chicos admiraban el auto por dentro y por fuera mientras que Alex sentía como su cuello era rodeado por unos brazos tersos.

- ¿Por qué le compraste un auto? –preguntó Charlotte en un tono meloso

- ¿Por qué le compraste sólo un reloj? – preguntó éste

- Es una tradición irlandesa

- En Estados Unidos se utiliza regalar autos a los 18

- Eso es mentira – dijo ella, rosando con sus manos el rostro de su esposo – en Estados Unidos no existe tal cosa.

- Tampoco en Irlanda regalan relojes – dijo éste a su defensa, mirando como su hijo no dejaba de exclamar “wow” a cada milímetro de su nuevo auto.