LX - La decisión



El nerviosismo del primer día de trabajo se hacía presente. El ligero temblor en las piernas que sentía en su entrevista de trabajo, lo atrapó de nuevo al subir al ascensor. En su cerebro, las palabras que hace tiempo escuchó resonaban más fuertes que nunca: “Nada dura para siempre... y tendrás que decidir”. Y entonces ese día había llegado. 

- ¿Están todos ahí dentro, cierto? – preguntó Alex a Rose, dejando su abrigo, maletín y llaves del auto en el escritorio como era costumbre, y tomando el vaso de frapé que lo recibía cada mañana, incluso aquella tarde, que tuvo que regresar a la oficina. 

- Así es Alex – contestó, llevándose los recados, papeles y sobres hacia el pecho – suerte. 

- Gracias – murmuró, sin dirigirle la mirada y enfocándose en el pasillo que recorrería hasta la sala de juntas. 

Con paso tembloroso pero decidido caminó hacia su irremediable destino. En la sala de juntas los accionistas de Condé Nast junto con el consejo técnico de Vogue aguardaban a su llegada. 

- Hola Davis – saludó Newhouse – supongo que no tenemos que informarte el motivo de esta reunión. 

- No hace falta – contestó Alex, sentándose entre los presentes, ante la fría mesa de cristal pulido – así que comencemos de una vez – como era costumbre, el común movimiento de papeles y humanos cuando el pronunciaba una orden se producía al momento – Comencemos con Vogue Japón – comentó, poniéndose los lentes de montura cuadrada que guardaba en el bolsillo de su blazer – creo que no tengo que sugerirles a Kazuhiro Saito para que lleve a cabo ese trabajo. Se desempeñó muy bien cuando la revista no fue absorbida. 

- Alex tiene razón – terció uno de los presente – tiene experiencia en el ramo – 

- Bien – Newhouse garabateaba en unas hojas los nombres que salían a discusión, o los tachaba, según la decisión de la mayoría - ¿Qué tenemos para Vogue México y Latinoamérica? 

- Un diseñador emergente llamado Macario Jiménez – intervino Alex una vez más, sin esperar a que alguien de los que rodeaban la mesa lo contradijera – Eva Hughes hace un buen trabajo, pero sus complementos para hombre cada seis meses en verdad son malos. 

Vogue Rusia, China, Australia, Canadá, Brasil, Italia y Turquía tenían asignados editores en jefe, en una junta que se prolongó durante horas. 

- ¿Alguna opción para París? – preguntó Newhouse, esperando a que de los labios de alguien de los presentes saliera alguna sugerencia razonable. 

- He estado pensando en que... – Alex sentía un ligero nudo en la garganta, pero no se rebajaría al nivel del miedo – Tom Ford podría ser editor en jefe de Vogue París. 

- ¿Estás seguro de lo que dices? – preguntó uno de los presentes. Nadie podía creerlo, Alex sugería a Tom Ford para marcar la competencia entre las revistas de moda masculinas más importantes y prestigiadas del mundo, incluso en la misma casa editorial. 

- Es amigo de Carine Roitfeld, así que sabrá por lo menos como se contesta un correo electrónico, además, si pensaban en Marc Jacobs les recuerdo que está a cargo de la creatividad de tres firmas, así que estarán de acuerdo conmigo en que hace mejores bolsas y trajes con Vuitton que contenido editorial. 

- ¿Y qué hay de ti? – preguntó Newhouse, mirándolo a los ojos – puedes decidir entre Vogue UK y USA. 

- ¿Y estar con Anna Wintour en el mismo edificio? Prefiero ahogarme en el Támesis con una roca al cuello. Mi trabajo está aquí. Mi vida está aquí – sentía que la cara se le enrojecía, y sintió el estúpido sentimiento de querer llorar de nostalgia – así que preferiría a Hamish Bowles en Vogue USA, dejaría de ser el lame-botas de Wintour y hacer algo de provecho por primera vez en su vida. 

- Entonces eso es todo – concluyó Newhouse, cerrando la carpeta de los apuntes y poniéndose en pie – Muy buenas noches a todos – uno a uno los miembros del consejo y accionistas se despedían de Alex y Newhouse, cuando quedaron completamente solos, notaron que la oscuridad de la noche inundaba hasta el último rincón – sigo sin entender porque sugeriste a Ford para la revista en Francia. 

- Newhouse – replicó Alex, con una sonrisa en su rostro, mientras tomaba su maletín, abrigo, las llaves del auto y el libro (el boceto general de lo que sería la siguiente edición, la última como Vogue Man International) del escritorio vacío de Brenda - ¿Qué sería de la vida sin algo de sana competencia? 

Ambos cruzaron una sonrisa de complicidad, las puertas del elevador se cerraron tras Alex y bajó hasta el estacionamiento. El edificio había sido remodelado para las nuevas decisiones. Cuatro plantas más se anexaron a la construcción, dándole un piso completo a redacción, moda, grooming y un comedor para los trabajadores. En el estacionamiento subió a su auto y arrojó todo al asiento trasero, condujo hasta casa con un deseo inmenso de tirarse a la cama y esperar al día siguiente con la luz del día. 

Estacionó su auto junto con el de Charlotte en el garaje. Cargando en sus brazos el barullo de prendas y papeles abrió la cerca del jardín de una patada, y con la única mano libre logró abrir la puerta. En la sala, dejó caer el libro, su maletín y abrigo a un sillón cercano, y él se sentó agotado en el más pequeño. 

- Un día difícil ¿no? – preguntó una voz tras él, Charlotte aún estaba vestida con su blazer y falda que había usado para comer, se acercó a él, se sentó sobre sus piernas y le quitó los lentes con delicadeza - ¿Y bien? – Charlotte lo miró a los ojos, los pocos años que llevaban juntos nunca había visto su mirada tan apagada como en ese momento. 

- Me quedo – contestó, mostrando el cansancio y estrés que le produjo esa tarde – Mi vida está aquí. Todo lo que amo está aquí. 

- Fue lo mejor para todos – concluyó ella, poniéndose de pie y recostándose en el sillón frente a Alex. 

- ¿Sabes? Estaba pensando en que si tú y yo... Podríamos desvelarnos esta noche. 

- ¿En serio? – Charlotte había adivinado sus intenciones, los encuentros sexuales entre ellos debido al trabajo eran pocos, pero muy placenteros. Cuando la chica estaba maquilando un plan para esa noche, unos pasos apresurados se escucharon en la escalera, como si la planta alta ardiera en llamas y alguien tratara de escapar del fuego. 

- ¡Papi, papi! – Un niño con una mata de cabello castaño irrumpió en la sala corriendo, llevaba puesta una pijama de los Beatles y sus ojos azules mostraban la ausencia total del sueño 

- ¡Hola campeón! – Alex abrazó a su hijo, quién hábilmente se sentó en sus piernas - ¿Por qué no te has dormido aún? 

- No tenía sueño 

- Dile a tu padre que hoy no to bañaste – dijo Charlotte, enojada – y no pude hacerlo meter en la regadera. Corrió por todo el jardín en calzoncillos. 

- ¿Es eso cierto? – Preguntó su padre, y el pequeño Chris sólo asintió con la cabeza - ¡Con razón apestas! – Dijo Alex, haciendo un gesto de desagrado, como si su hijo fuera un zorrillo - ¿Qué te parece si subes, preparas el baño y defendemos el tesoro del malvado capitán O’connor? – Alex hacía una invitación a jugar en la bañera a Christopher, ya que sólo así haría que el chico tocara el agua. 

- ¡Defenderemos el motín que robamos a la Reina! – gritó el pequeño, subiendo las escaleras a buscar sus barcos de juguete. 

- Eres un genio – declaró Charlotte, mirando como su esposo consiguió en cinco minutos lo que ella intentó toda la tarde - ¿Sigue en pie la oferta? 

- Soy un hombre de negocios – contestó, desabotonándose la camisa, mostrando lo que un gimnasio en casa y dos horas de rutina podían hacer en su abdomen y bíceps – un trato es un trato. Te espero arriba – añadió en un susurró al oído, tras besarla prolongadamente. 

Después de una fiera batalla en la tina de baño (en donde el motín de la reina yacía seguro en el barco Cherry Gold), Alex cargaba a Chris envuelto en una toalla hasta su habitación: la estancia era un híbrido de diversos gustos. En las paredes había posters de bandas de rock y autos deportivos, a la par que las almohadas en forma de llanta de fórmula uno y las lámparas que simulaban iluminación de un escenario musical completaban tan raro cuadro. Pero Alex no se había negado a que “tío Rupert” y “tío George” consintieran a Chris como el hijo que ellos no tenían. 

- Buenas noches campeón – Alex terminó de secarle el cabello y se echó la toalla al hombro, él usaba una bata de baño atada por la cintura color blanco, de la línea de baño de Versace. 

- ¿Por qué llegaste tarde? – Preguntó Chris – Quería que me ayudaras a poner la estrella en el árbol hoy. 

Alex recordó el árbol de navidad semi-adornado que había en la sala: las esferas estaban colocadas en la parte inferior de las ramas y las luces blancas anudadas en su caja. 

- Mañana lo haremos ¿Está bien? – los ojos de Chris se cerraban de sueño, sin embargo, asintió, perdiéndose entre las sábanas de Tommy Hilfiger. 

- Descansa galán – Alex le besó la frente y le palmeó suavemente el trasero como era su costumbre todas las noches antes de dormir. Salió de la habitación con cuidado y recorrió el pasillo para encontrarse con Charlotte, en la habitación más grande de la segunda planta. 

- ¿Y bien? 

- El motín está a salvo – contestó, dejando caer su bata de baño y buscando su pijama entre los cajones. 

- Sabes a que me refiero – Charlotte salió de las sábanas y mostró su lencería color negro, un brasiere con transparencias y detalles de lentejuelas. 

- Estaba pensando en que quizá... Este pirata necesita una recompensa por defender el barco – Alex abrazó a la chica por la cintura y se abalanzó a la cama con ella. Aquella noche, Chris soñaba con historias de piratas, mientras que sus padres se fundían en la pasión y el vaivén de un barco en altamar. 


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Como lo habrán notado, los años (no muchos) ya pasaron, ¿Por qué? Porque quería mostrar una faceta distinta a la de Alex a lo que fue la anterior. Ahora lo vemos como padre, siendo sinceros, como lo dije en la temporada pasada, no debía nacer ese niño (¿?) aunque en verdad suene muy cruel le faltaba algo de sabor a la historia, y ahora con Chris (se llama así por un nombre que ambos eligieron, aunque tarde me di cuenta de que el diseñador de Burberry se llama así) No quería a dos Alex (acá entre nos, el nombre de Alexis no me gusta, pero ya qué, había optado por un “Alexander” pero al notar que había un Alexander McQueen [del cuál no hablé mucho en el fic] lo descarté) escribí esta temporada para que los lectores no se hicieran la idea de que los personajes quedarían si hijos o con una familia incompleta. Charlotte quedó embarazada en la luna de miel en Dubai, justo un mes después de la boda, el daño en el accidente de auto no fue problema para que pudiera tener un hijo después. Todo lindo (¯v¯)