LXI - Marc



- No entiendo ¿Esto no es como arruinar la magia antes de la navidad? – Brenda veía ante su escritorio la inmensa montaña de regalos que año tras año los diseñadores le enviaban a Alex para navidad. Algunos eran regalos forrados en delicado papel que emulaba las telas, colores y estampados de sus prendas, y otros descaradamente enviados en bolsas de sus boutiques con un simple moño color rojo o verde.

- Por Dios Brenda, fingiré que no escuche eso y que no dijiste nada – contestó Rose desde su escritorio, perdida entre el montón de cajas y bolsas – nosotros somos el mejor filtro que puede tener Alex, es como hacerle un favor a todos aquellos que mandan estas cosas, imagina si recibe algo que no le gusta... – Rose puso cara de terror – es mejor que no reciba nada... Por ejemplo esto – de una delicada caja plana sacó el último ordenador portátil de Apple, el cual estaría en las tiendas a partir de principios del próximo año – no necesita este tipo de cosas. Si la quieres, quédatela, pero no dejes que la vea por nada del mundo.

- ¿Y qué es lo que regala él? - preguntó, muerta de curiosidad por si su jefe se tomaba la misma molestia de elegir los regalos que las personas que le enviaban presentes a él.

- Una botella de Champagne Moët & Chandon – contestó – los diseñadores, editores, fotógrafos y personas que son parte de su círculo más allegado brindan en su nombre con el mejor vino peruano en navidad.

Durante 45 minutos descartaban regalos de todo tipo (la mayoría de ellos tecnológicos, como cafeteras de última generación, teléfonos inalámbricos con el poder de hacer llamadas internacionales y podómetros que funcionaban a 10,000 metros sobre el nivel del mar) mientras que los regalos que llegarían al árbol de Alex (zapatos de edición limitada, abrigos con sus iniciales bordadas, bolsas de piel y prendas únicas) eran envueltos de nuevo y guardados en el armario (el único lugar en donde él nunca hacía aparición en el edificio, además del comedor) para aparecer el día 24 de diciembre en su sala.

- ¿Mucho trabajo duendes de la moda? – preguntó Ben, entrando al recibidor de la oficina del editor en jefe a través de las puertas de cristal, otra modificación por parte de Condé Nast – Esperamos las modificaciones de Alex en el libro para agregar la carta editorial de cada mes, y su fotografía familiar – Ben mostró una foto de Alex, Charlotte y el pequeño Chris con un árbol de navidad en el fondo, nieve artificial cayendo sobre ellos y luces de colores -¿No son adorables? – preguntó, devolviendo la fotografía al sobre amarillo membretado – necesito que apruebe la publicidad cuanto antes y elija las muestras que se añadirán a la... – Ben vio interrumpidas sus órdenes por el sonido insistente de un teléfono celular, Rose sacó el móvil de su bolsa de Fendi y lo consultó, con una cara de horror.

- No puede ser – dijo - ¡viene hacia acá!

- ¿¡Qué!? – preguntó Brenda, sumándose a la tarea de llenar los percheros móviles con las cajas y bolsas para llevarlos al armario antes de que Alex llegara.

- Pensé que tendría junta en el colegio de Chris – dijo Ben con calma, ayudando a Rose a equilibrar una pesada caja con copas de Baccarat.

- El chico del Starbucks mandó un mensaje, ¡Maldito sistema educativo! – exclamó Rose empujando con cuidado y a la máxima velocidad que podía el carrito con las cajas que valían más de lo que los presentes ganaban en 3 años.

- Jeff, viene hacía acá – decía Ben a su celular – no es una broma Jeff, así que avisa a todos.

Los zapatos altos de las chicas y las suelas de piel del calzado de los hombres se hicieron escuchar de un momento a otro contra el mármol del suelo, los pasillos quedaron despejados de todo trabajador, obstáculo y perchero móvil, pero dentro de las áreas de trabajo el caos se hizo presente. Los libros de consulta, así como las fotografías de prueba, escritos y artículos editoriales eran acomodados con gran esmero en uno de los inmensos libreros de la estancia. Algunos de los encargados de moda colgaban rápidamente prendas en ganchos de madera sobre los percheros de su área, luciendo impecables, aunque algunas fueran pisadas al recibir la noticia de la llegada del jefe. En la oficina del director editorial, los escritorios quedaron despejados de todo rastro de época navideña, las puertas de cristal dejaban saltar a la vista una oficina más moderna y contemporánea que la de hace años: En los ventanales había libros apoyados contra el cristal, una pequeña mesa en la esquina con flores artificiales le daba el toque hogareño al sitio de trabajo, las sillas de metal y detalles color plata y blanco (la computadora de escritorio, las patas del escritorio de cristal, los pomos de las puertas y algunos floreros) aportaban un aire de modernismo a la oficina, convirtiéndolo en un espacio perfecto para un artista, pintor o fotógrafo. Fue entonces cuando el ascensor se detuvo y todos contuvieron la respiración, las chicas que pudieron retocar su maquillaje salían a los corredores a simular que hacían algo útil, mientras que los hombres estilizaban su cabello una y otra vez.

- Buen día Alex – saludó Rose, saliendo a su encuentro como era costumbre.

- Buen día Rose – contestó, equilibrando su abrigo, maletín y vaso de frapé en una mano mientras que en la otra cargaba a su hijo - ¿Acaso no es molesto cuando te citan a la escuela de tu hijo y la maestra se fractura por una caída en la regadera? – preguntó Alex a Rose, despojándose del maletín, su hijo y el abrigo en el escritorio de Brenda, la cual se apresuró a colgarlo en el armario, percibiendo el aroma del Burberry Beat que siempre usaba y un ligero (incluso elegante) dejo de sudor – Como si una persona no tuviera suficientes pendientes como para perder el tiempo con una profesora con título comprado que te dice que tu hijo dibuja muy bien dentro de la línea mientras tu trasero te atormenta cuando esperas sentado en el piso del salón de clases que parece el área de descanso de un hospital pediátrico, llama a Jeff, necesito lo que tengamos en cuanto a publicidad, toma el libro y mándalo al área editorial, espero que lo tengan corregido esta misma noche y que lo envíen a casa, las muestras gratis que se incluirán en el próximo número espero verlas en mi escritorio mañana, en cuanto al reportaje de la Antártida...

- Papi – interrumpió Chris la lista de órdenes de su padre – Quiero ir al baño... – El niño se llevaba las manos a su entrepierna mientras movía sus pies con insistencia.

- Oh... Bien... – Alex no sabía si morirse de vergüenza o echarse a reír – vamos, te llevaré.

Tomó al niño de la mano y lo condujo hasta los sanitarios de los hombres.

- ¿Puedes tu solo verdad? – preguntó, la verdad pasaba tan poco tiempo con su hijo como para darse cuenta de que podía hacer cosas por su propia cuenta. Al ver que Chris asentía y entraba a uno de los baños, Alex se recargó en los lavamanos - ¿Sabes? Hoy papi tiene mucho trabajo – escuchaba que su hijo comenzaba a orinar y habló un poco más fuerte - ¿Qué te parece si vas con Newhouse y juegas golf con él? ¿Te gusta el golf cierto? – Alex recordó como Newhouse le había dicho que su hijo logró hacer un hoyo en uno en su oficina después de más de diez intentos (contando que un pequeño vaso era la meta para meter la bola) desde entonces Christopher pasaba la mayoría del día en el edificio de Vogue golpeando pelotas.

- Si, el pitching wedge es mi palo favorito – contestó, pidiendo la ayuda de su papá para lavarse las manos.

- No sé de qué hablas pero está bien – dijo su padre - ¿Recuerdas las tres reglas del trabajo de papá?

- No subir al ascensor yo solo...

- Exacto...

- No correr por las escaleras...

- Bien...

- Y no besar a las secretarias...

- Perfecto – Cuando Alex comenzó a llevar a Chris al trabajo, notó como las secretarias lo miraban como un adorable perrito de exhibición, querían tenerlo sobre el escritorio todo el día para hacerle mimos y que intentara balbucear su nombre, todo sería normal, si Charlotte no se hubiera enterado de que Chris era más afectuoso con las trabajadoras de una revista que con su propia madre – Así que no bajes a los demás pisos y quédate donde pueda verte ¿Entendido? – El niño corrió por el pasillo hasta la oficina de Newhouse, a la cuál entró sin tocar antes –

- Las fotografías de Pete Yorn han llegado esta mañana, pero creo que con ese abrigo militar parece miembro de la armada rusa con toda esa nieve alrededor – decía Ben, con las fotografías del cantante esparciéndolas en el escritorio de Alex ante su llegada – le daría un aire de belleza salvaje si digitalmente añadimos más barba y hacemos que Vivanco tome una fotografía más con su melena al viento, un estilo bohemio.

- Llama a Vivanco, necesitamos una fotografía más de Pete Yorn en la plaza roja de Moscú, Rose encárgate de eso – Alex había alzado la voz para que su asistente la escuchara hasta el recibidor, al instante, la aludida tomó el teléfono y comenzó a marcar rápidamente el número del fotógrafo – Ben, encárgate de las fotografías, espero que sus elecciones del mes se añadan al libro cuando lo envíen a casa y...

- Alex – interrumpió Brenda, con un temblor en las manos, sabía que a su jefe no le gustaba ser interrumpido en su oficina de aquella manera – el señor Marc Jacobs quiere hablar son usted.

- Sabes que tienen que dejar su mensaje y después veré...

- El señor Jacobs lo llama – interrumpió de nuevo, haciendo una señal discreta hacia su espalda, dejando en claro que el diseñador estaba afuera de su oficina.

- ¿En serio? – Preguntó Alex en un susurro, al ver que la chica asentía se levantó rápidamente a encontrarse con Marc - ¡Hola Marc! ¡Qué gran sorpresa!

- Espero que haya sido agradable – comentó el káiser, saludando a Alex con un beso en la mejilla como era costumbre del diseñador.

- ¿Qué te trae por Londres? – preguntó Alex, conduciendo a Marc y un acompañante de él hacia el interior de la oficina, que Ben y Brenda rápidamente desalojaron.

- Trabajo, nada más – contestó, poniéndose cómodo en uno de los modernos sillones de piel y dejando su bolsa de Louis Vuitton sobre la pequeña mesa de cristal del rincón – te presento a Douglas Perry, publirrelacionista de Marc Jacobs – Alex adivinó que, más que publicitar a Marc, hacía su trabajo hacia la firma homónima del diseñador.

- Es un verdadero placer señor Davis – dijo Douglas, estrechando la mano de Alex, notando en éste un pequeño gesto de disgusto: desde que se convirtió en padre, la palabra señor le hacía referencia a una persona anciana, a pesar de que él no llegaba ni siquiera a los 30 años – Un gran gusto conocerlo.

- Gracias – contestó Alex, volviendo a la silla de su escritorio y girándose hacia los invitados – Es genial que hayan venido, justamente... – Alex se vio interrumpido una vez más, pero esta vez por su propio hijo, quién entró corriendo a la oficina con un gorro de Lanvin puesto y una bufanda de Vuitton enredada al cuello.

- ¡Papi, Ben dice que si uso esto para navidad, todas las niñas de mi salón van a querer conmigo! – exclamó Chris, subiéndose a las piernas de su padre –

- Yo no lo dudaría – comentó Marc, al ver que usaba una bufanda de su última colección

– En verdad estamos aquí para que Davis sea nuestra imagen para la campaña para la primavera del próximo año – dijo Douglas, dibujando una sonrisa hacia el pequeño que desconocía a aquellas dos personas que charlaban con su padre.

- ¡Vaya! No sé qué decir, se acercan las semanas de la moda en enero y estamos trabajando en la guía de viajes... – Alex luchaba con su hijo por quitarse el sombrero que le había puesto – Aunque podría hacer un espacio en mi agenda para...

- No tú – intervino Marc – sino él – señaló al niño que tenía en las piernas, el cual se le quedó viendo, como si hubiera pedido su atención.

- ¿Chris? – Preguntó Alex, incrédulo - ¿Chris en una campaña tuya? No entiendo...

- La división infantil de Marc by Marc Jacobs – explicó Douglas – queremos al pequeño Davis para la campaña

- No lo sé... ¿Te gustaría trabajar para Marc? – preguntó Alex a Chris, el niño miró al diseñador y se encogió de hombros.

- Será divertido – dijo éste – es como jugar con una cámara delante de ti ¿Te gusta la idea?

Chris miró a su padre, como esperando a que decidiera por él, pero él no contestó.

- Debería consultarlo con mi esposa – Alex no se acostumbraba a llamar a Charlotte así, aún cuando estaban próximos a cumplir cinco años de casados.

- Serán unas cuantas fotografías en Nueva York, nada del otro mundo – aclaró Marc.

- ¿Nueva York? – Alex recordó las pocas veces que había vuelto a la gran manzana: dos veces para la Fashion Week y una más para un reconocimiento por parte de la Universidad de Cornwell por su aportación a la cultura y arte impreso –

- Estoy afincado en Nueva York – contestó Marc – No tomará mucho tiempo...

- Tengo que hablarlo con Charlotte – repitió - ¿Quieres ir a Nueva York? – le preguntó Alex a Chris, quién esta vez asintió enérgicamente.

- Llámennos para confirmar ¿De acuerdo?– dijo Douglas, poniéndose de pie para dar por terminada la reunión

- Hasta luego pequeñín – Marc se despidió de Alex y de Chris alborotándole el cabello y saliendo de la oficina.

- ¡Vas a ser modelo campeón! – exclamó Alex a su hijo, quitándole la bufanda de Vuitton del cuello.

- ¿Vamos a ir a Nueva York? – preguntó el niño

- No lo sé, tendremos que decirle a tu madre sobre la oferta – Alex bajó al niño de sus piernas, el cuál tomó uno de los libros de Assouline de la ventana y se acostó en el sillón – Ahora quédate aquí y recuerda las tres reglas ¿De acuerdo? – El niño se limitó a asentir y hojear el libro de autos con detenimiento.

Alex salió de la oficina y continuó con su trabajo habitual varias horas antes del cierre de edición: Revisar los reportajes, la composición de las secciones y las elecciones de los coordinadores para la última página.

- Vámonos Chris – anunció Alex, entrando a la oficina por su abrigo y maletín, arrojando al cesto de basura el último vaso de café del día - ¿Tienes hambre? – al ver que el niño asentía, Alex lo cargó con su brazo izquierdo, cubriéndolo con su abrigo de la fría tarde de diciembre.

- Espero el libro en mi casa esta noche Rose – anunció Alex, como un maestro que exigía un trabajo final para dar calificaciones – hasta mañana.

- Adiós Alex – contestó ella desde su escritorio.

En el estacionamiento, Alex dejó a Chris en el asiento trasero junto con su abrigo y maletín. Cuando emprendió el camino a casa, se detuvo en un expendio de comida rápida y compró una pequeña hamburguesa para el niño.

- No le digas a tu madre, ¿Entendido? – Alex sabía que le iría mal por comprarle comida chatarra, cuando Charlotte se empeñaba en alimentarlo sanamente.

- Papi ¿Puedo conducir?

- No

- ¿Porqué?

- Porque eres muy chico

- ¿Cuándo crezca puedo conducir?

- Sí

- ¿Cuánto falta?

- ¿Cuántos años tienes?

- Cuatro

- Te faltan veinte – contestó

- Pero tío Rupert dice que desde joven ha conducido

- ¿Has viajado con él? – Preguntó Alex mirando a Chris por el retrovisor, que negaba a la par que tomaba de su refresco de naranja – entonces no tienes idea de lo que es ver la muerte de cerca.

Alex aún no se había estacionado en el garage cuando Chris bajó del auto, cargaba el maletín de su padre y el abrigo arrastrándolo por el jardín hasta la puerta de la casa, en donde brincó hasta poder tocar el timbre, cuando salió su madre a su encuentro.

- ¡Hola amor! – Charlotte se agachó para abrazarlo y recoger el abrigo que tenía restos de barro y césped en las mangas - ¿Tienes hambre? – Chris miró a su padre, quién asentía con la cabeza para que dijera que sí, y él hizo lo mismo – ¡Bien! Entonces todos a la mesa.

Alex corrió hasta Chris y lo tomó por la cintura, cargándolo como si llevara un barril de cerveza a una taberna

- ¡Suéltame! – decía Chris pataleando entre risas.

- Ve a lavarte las manos – dijo su padre, y el pequeño corrió hasta la cocina – fue un buen día para todos ¿Sabes? – Alex besó a Charlotte tomándola por la cintura como era su costumbre, después de un largo día de trabajo.

- ¿En serio? – Charlotte servía ensalada de verduras en unos platos cuadrados de porcelana suiza, mientras Alex repartía los cubiertos por la mesa – Hoy firmé un contrato con Clarins para una crema que brinda elasticidad a la piel. No sé si se me vieron con la piel flácida, pero por los ceros del contrato, créeme, pueden decir que soy una momia.

- Que bien – comentó Alex - ¿Hay algo acerca de la expansión del negocio de tu madre?

- Está pensando abrir una sucursal en Yorkshire – contestó – su contador está en trámites de comprar varios locales en un centro comercial, así que es casi un hecho.

Desde que Charlotte se enfocó en aceptar campañas de productos de belleza su madre incursionó en el negocio de los tratamientos estéticos en el local que había bajo su casa en la calle de King’s Bridge, y desde hace dos años, buscaba llevar su negocio al extranjero, con ofertas en Miami, México y París.

- Ya me las lavé – dijo Chris, mostrando sus manos limpias y las mangas de su camisa aún mojadas. Tomó asiento en una de las sillas del comedor rectangular y comenzó a jugar con los pedazos de manzana.

- ¿Y qué tal tu día? – preguntó Charlotte a Alex, vigilando que Chris comiera sus fideos

- Tan ajetreado como un cierre de edición – contestó

- Mami, no me gusta esto – Chris le enseñaba una rodaja de kiwi con cara de disgusto.

- Cómetelo, es bueno para... algo. No lo sé... Si no fuera bueno para algo no existiría. Además sabe bien – Charlotte buscó en Alex ayuda para que su hijo le hiciera caso.

- Sí, sabe muy rico – dijo Alex, llevándose la rodaja de su plato a la boca - ¿Han visto la sal? – preguntó, buscando el salero a lo largo de la mesa

- Lo dejé en la cocina – contestó Charlotte, palmeándose la frente como si dejara pasar algo sumamente obvio – iré por él – y sin más se levantó de la mesa.

- ¡Rápido! – Susurró Alex, acercando su plato al de Chris, el cuál con el tenedor le pasaba todo aquello que no se quería comer (las almendras de la ensalada, la rodaja de kiwi y varios trozos de fresa) hasta que escucharon los pasos de Charlotte de regreso de la cocina, entonces Chris volvió rápidamente a su lugar y con un dedo se manchó la camisa con el aderezo de los fideos – Me debes una - le susurró Alex a Chris, antes de que Charlotte pudiera escucharlos - Gracias amor – contestó Alex, echándole sal a su plato – tengo una noticia que darte, y al parecer no te gustará del todo.

- ¿A qué te refieres?

- Que quizá podrías tener a la competencia bajo tu propio techo – Alex dio un sorbo de la copa de agua que tenía delante y prosiguió – Marc Jacobs visitó mi oficina hoy...

- ¿Marc Jacobs? ¿Qué hace en Londres? – preguntó Charlotte, haciéndose a la idea que las escalas mundiales del diseñador eran Nueva York y París únicamente.

- Trabajo, no sé a qué se refería, pero da lo mismo. La noticia es... Que quiere que Chris sea parte de su campaña de primavera para su colección infantil.

Charlotte casi se asfixiaba con su copa de vino, miraba a Chris como si hubiera roto un récord de velocidad.

- ¿En serio?

- Sí, y quiere que viajemos a Nueva York cuanto antes

- ¿Nueva York? ¡Vaya! ¿Mi pequeño hombrecito como modelo? – La chica tomó a Chris de las mejillas y las frotó como anciana cariñosa - ¿Quieres ir a Nueva York? ¿Patinar en la pista de hielo de Rockefeller Center y ver los aparadores de la quinta avenida?

- ¿Hay nieve?

- Sí, y mucha – contestó Alex, recordando sus días de infancia en Nueva York, golpeaba a los vecinos con bolas de nieve desde su ventana – ¡Será genial!

- ¡Quiero ir a Nueva York! – exclamó Chris, con el mismo tono petitorio que un niño usa para irse de una fiesta aburrida

- Bien, mañana pediré a Rose que confirme con Marc Jacobs, prepararemos todo para salir unos días del país y por lo pronto, sube a tomar una ducha muchachito – señaló Alex con un dedo acusador y falso tono de represión.

- Está bien – el pequeño se retiró de la mesa cabizbajo, esperando saltarse la hora del baño.

- ¿Crees que sea lo correcto? Me refiero a... Lo de Marc - Charlotte no podía ocultar que estaba en ligero desacuerdo en que su hijo formara parte de la vida pública a tan temprana edad.

- Sin duda... Tendrá que familiarizarse con nuestro mundo. Tarde o temprano todos caen en las redes de la moda. Y si yo fuera tú, no me preocuparía demasiado - Alex terminó su cena y llevó a la cocina los platos sucios de su hijo y el suyo - Como modelo tiene mucho que aprender de su madre - el chico besó a Charlotte en la mejilla y subió las escaleras a verificar que Chris se tallara detrás de las orejas.


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Seguramente les habrá parecido familiar la secuencia anterior, en donde Alex llega antes y el edificio cae en el terror. Miranda Priestly hace una triunfal entrada (¿Quién no la ha visto? → http://www.youtube.com/watch?v=ibMN1W2eDqI ) a Runway tal y como Alex lo hace en Vogue, los regalos de navidad, en verdad son una invención (con este fic, puedo darme el lujo de escribir sobre el lujo desmedido) ya que tanto a Alex como a mí nos molesta que nos regalen tecnología (un cargador de baterías, really?) La aparición de Marc Jacobs estaba planeada para que Alex fuera a New York y visitara la tumba de su abuela, comúnmente sólo tenía tiempo para las Fashion Night Out.