LXIII - Navidad



- ¿Ideas? – Alex permanecía sentado en la sala de juntas, en el lugar que siempre ocupaba Newhouse, excepto en las ocasiones en que los coordinadores y directivos la necesitaban para planear desde cero el nuevo número después del ya publicado. En todos los casos, Alex tenía la última palabra (y la mayoría de las veces, la primera) sobre el contenido editorial y visual de la revista. 

- El mes de enero es muy lluvioso – comentó Jeff –quizá un especial de trenchs y prendas impermeables sea... 

- No – interrumpió Alex, perdiendo la mirada en los artículos y fotografías que tenía en frente – lo hicimos para Julio del año pasado ¿Ideas... nuevas? – preguntó, mirando a cada uno de los presentes, esperando que un milagro saliera de sus labios. 

- Un especial de íconos del cine sería algo distinto – dijo Ben, rompiendo el pesado silencio abrumador – personajes cuyo estilo haya saltado de la pantalla grande a las pasarelas. 

- Suena... bien – Alex anotó en su cuaderno de Hermès empastado en piel la idea de revivir a Marlon Brando, James Dean y James Bond en las páginas de una revista - ¿Eso es todo? 

- Confirmamos a Riccardo Tisci para una entrevista por la nueva fragancia masculina de Givenchy, Karl Lagerfeld aceptó colaborar como fotógrafo en su colección homónima, Mario Testino viajó a las Bahamas para el reportaje de la colección de Versace y estamos en contacto con la oficina de Jared Leto para la portada y la sección editorial – Jeff terminó su lista de recados mirando a su jefe, esperando su aprobación o una orden para cambiar planes cuanto antes. 

- Perfecto, supongo que por hoy es todo... Gracias... Y feliz navidad a todos – Alex se levantó de su silla y se dirigió hacia la puerta de cristal, una vez que salió por ella Rose se acercó hacia él de manera apresurada. 

- Alex, llamó Charlotte, pidió que pasaras por Chris al colegio porque ella se retrasó un poco de... 

- Si, gracias Rose – Alex tomó las llaves del auto que su secretaria le ofrecía y se dirigió hacia el ascensor – Feliz navidad, espero que disfrutes con tu familia. 

- Gracias, mándale saludos al pequeño Chris por mí. 

- Lo haré – Alex presionó el botón del estacionamiento en el tablero del ascensor y las puertas se cerraron. 

- ¿Se fue? – Preguntó Brenda, saliendo de la oficina de Alex, con los zapatos altos en las manos y caminando descalza por la recepción – Serán Jimmy Choo, pero mis pies tienen cinco dedos y estos de piel y diez centímetros los atormentan demasiado. 

- ¿Tienes planes para hoy? – preguntó Rose, volviendo a su escritorio, respirando de alivio porque el jefe había desaparecido de la oficina. 

- Ben y yo pasaremos la Nochevieja juntos – confesó, sonrojándose ante el hecho de que su novio y ella progresaban en su relación - ¿Y tú? 

- En familia, como siempre: Mi hija dormirá en el sillón de la sala esperando a Santa Claus y mi esposo fingirá que la cena es de su agrado. 

- ¿Cuándo recibirá Alex los regalos? – la curiosidad de Brenda iba en aumento, pese a llevar casi cuatro años allí, había cosas que no entendía del todo, como por ejemplo: que su café debería ser tan frío como el centro de un iceberg, que era el único (además de Newhouse) que no comía en el comedor de los trabajadores (Rose se encargaba de reservar una mesa para él en el Tom Aikens) y que no le gustaba que su lugar en el estacionamiento se viera ocupado por alguien más. 

- Están en uno de sus armarios ahora – contestó Rose, mirándose en el pequeño espejo del estuche de maquillaje de Chanel – Hoy por la noche la magia de Santa Claus se hará presente y uno de los padres de Chris dejará el regalo bajo el árbol, así de simple. 

- Oye... En todos estos años que llevas trabajando para él... ¿No te has llegado a enamorar de tu jefe? – preguntó Brenda, en un tono de complicidad que usa una puberta para preguntar a su amiga que chico de revista es su preferido. 

- Es varios años menor que yo, no digas estupideces... ¿O me vas a decir que te gusta? 

- No negaré que es guapo... Debiste ver esas fotografías el verano que pasó en florida... Sus pectorales son de otro mundo. 

- Espero que estés hablando de mí – comentó Ben, aproximándose desde el pasillo con los brazos cargados en camisas envueltas en plástico con el logotipo de Versace. 

- Por supuesto amor – contestó Brenda, ignorando el bufido sarcástico de Rose - ¿Tienes trabajo? 

- Donatella mandó más camisas de última hora, así que habrá que buscarles un lugar en el armario antes de irnos. 

- Bien, te espero... – Brenda se recargó sobre la silla de su escritorio cuando el teléfono celular de Rose comenzó a sonar. 

- ¿Diga? 

- Rose, algo le pasó a mi auto... 

- ¿Alex? ¿Estás bien? – preguntó ella, que alarmada reconoció la voz de su jefe, nunca la había llamado directamente al móvil, excepto cuando sabía que no estaba en la oficina 

- Mi auto se averió frente a un Starbucks cuando iba camino a la escuela de Chris, manda una grúa que lo verifique y lo lleven a casa. 

- Está bien, yo... 

- Muchas gracias Rose, hasta luego. 

- ¿Qué pasó? – preguntó Brenda, al ver la cara de terror de Rose. 

- El auto de Alex se descompuso cuando iba por Chris al colegio – explicó, suplicando porque no le hiciera falta el aire – ahora no sé cómo demonios identificar ese auto. 

- ¿Todo bien? – Ben llegaba acompañado de Xavier, salidos del interminable armario. 

- El auto de Alex se averió y no sabemos donde 

- ¿Qué no Alex iría por su hijo al colegio? 

- Cierto, el problema es que tenemos pocos datos acerca de la ubicación exacta 

- Dijo... Dijo que había un Starbucks en donde se quedó el auto 

- Eso simplifica las cosas – comentó Xavier 

- ¿Tienes idea de cuantos locales de Starbucks existen en este país? 

- El camino más rápido entre dos puntos es la línea recta – dijo Ben, como si explicara física a alumnos de secundaria - ¿Dónde está el colegio de Chris? 

- No lo sé... Chris mencionaba que quería ir al Victoria Park que estaba cerca de su escuela... 

Rose y Xavier buscaban mapas en internet sobre los institutos educativos que estuvieran cercanos a dicho parque. En total, 9 escuelas (de diferentes grados) rodeaban la zona que habían deducido como el centro del cuál partir. 

- Cerca del Victoria Park hay cuatro locales de Starbucks... El más lejano está a unos 500 metros de una escuela... – dijo Brenda, mirando la pantalla de su computadora. 

- Bien... Tenemos nueve escuelas y cuatro Starbucks – resumió Ben – Si Alex se detuvo en un Starbucks, eso reduce las probabilidades a cuatro opciones – con la punta de un bolígrafo señaló cuatro puntos que rodeaban la mancha verde que simulaba el parque desde una vista aérea - ¿Qué sugieren? 

- Podemos mandar grúas a los cuatro puntos – sugirió Rose, dispuesta a pedir ayuda a la Interpol si fuere necesario. 

- ¿Tenemos alguna señal del auto de Alex? – Preguntó Brenda – Si identificamos cuatro locales entre miles, podemos dar con el auto. 

- Un Ford Focus de última generación – contestó Xavier, además de ser amante de los trajes de Hugo Boss, su otra pasión eran los autos – Pero con eso no conseguimos nada... 

- A menos que... – Rose había maquilado la idea más disparatada que hubiese rondado por su mente – pidamos ayuda a la policía. 

- No harán eso por nosotros – dijo Ben, dejando claro que ella pedía un imposible 

- ¿Qué tienes en mente? – Xavier no sabía que iba a contestar, pero cualquier sugerencia por cumplir las órdenes del jefe era apreciable en esos momentos. 

- Reportarlo como robado – contestó, ignorando la cara de asombro y desaprobación de sus compañeros. 

- ¿No sería mejor para todos preguntar a Alex donde exactamente está el auto? – Ben cada vez se mostraba más nervioso, conforme pasaba el tiempo, sus ideas se desvanecían. 

- ¡Nunca le he pedido detalles de sus órdenes y no lo haré ahora! – exclamó Rose, recordando cómo se las arreglaba para “comprar esa patineta de dos ruedas para Chris que vi en la juguetería esta tarde” y “conseguir ese collar de perlas que le gustó a Charlotte para su cumpleaños” - Brenda, pide al encargado del estacionamiento las placas del auto de Alex, llamaré a la policía. 

- ¿Estás segura? – preguntó la chica, antes de levantar el auricular del teléfono 

- Es la única forma – Rose, se resignó a enfrentar a la ley en caso de dar explicaciones, su semblante se mostraba como si fuera a sacrificarse por toda la humanidad 

- Tengo las placas del auto – anunció Brenda – ¿Sabes? Creo que hay otras formas de... 

- ¿Sí? ¿Estación de policía? – Rose se había comunicado antes de que Brenda sugiriera otra cosa – Quiero reportar el robo de un auto... Es un Ford Focus color negro... – Xavier asintió, al ver que Rose le suplicaba ayuda con la mirada para no meter la pata - ... las placas son AU98D0, al salir de un hotel cerca de Victoria Park no estaba... – Rose guardó silencio, al parecer escuchaba al oficial del otro lado de la línea – Gracias oficial, cualquier cosa, llame al editor en jefe en edificio de Condé Nast. 

- ¿Y bien? – Xavier moría por saber si la patraña de mentiras y planes estratégicos no se habían ido por la borda. 

- Están buscando el auto, necesito que uno de ustedes – señaló a Xavier y Ben – me acompañe a recogerlo y llevarlo a un taller para que pueda estar en la cochera de Alex esta misma tarde. 

- ¿Dónde está el auto papi? – preguntó Chris, arrastrando su mochila a la salida del colegio hasta el taxi 

- Se descompuso, pero papi ya mandó a alguien a repararlo – contestó Alex, tomando de la mano a su hijo y en la otra cargando su maletín y la mochila de Gucci de Chris – lo mandarán a casa hoy por la tarde... O eso espero. 

- ¿Lo encontraron? – Rose exhaló un suspiro de alivio al escuchar al oficial – cerca de la Rotherfield Primary School – repitió, para que Brenda anotara el nombre de la escuela de Chris – Si, vamos para allá... Muchas gracias oficial – Rose se puso de pie y salió de su escritorio - ¡Vámonos! – Jaló a Xavier por la corbata hacia el pasillo - ¡Brenda llama a un auto que nos espere y que esté listo para salir cuanto antes! 

- ¿Y tu auto? – preguntó Charlotte, al abrir la puerta de la casa sin escuchar el vehículo llegar 

- Se averió y está en el taller – contestó, en la casa se respiraba un ambiente navideño: las puertas de la sala, comedor, cocina, sala de juegos y biblioteca mostraban adornos en los marcos. En la sala el árbol de navidad con cientos de luces blancas era el centro de atención, las esferas de plástico (por seguridad) reflejaban los destellos luminosos del ornamento. 

- ¡Papi! ¿Abriremos los regalos hoy? – Preguntó Chris, quitándose el suéter con el escudo de su colegio y arrojándolo sobre un sillón - ¿Los vamos a abrir? – El pequeño corría alrededor del árbol y se internaba entre las ramas para buscar su nombre en algunos de los presentes. 

- Santa Claus llegará esta noche cuando estés dormido – contestó Alex 

- Pero Santa trabajó todo el año para hacer los regalos, no es justo que tenga que esperar hasta mañana – Chris se sentó en uno de los sillones con los brazos cruzados y el gesto fruncido. 

- Ve a la cocina y ayuda a tu madre – dijo Alex, quitándose el trench y guardándolo en uno de los armarios, donde estaban algunos de los regalos que Chris abriría la mañana del día siguiente. 

- Cariño... ¿No es ese tu auto? – Charlotte salió de la cocina con un delantal puesto y el cabello recogido en una coleta. Por la ventana una grúa seguida de una patrulla de policía remolcaba el auto de Alex hasta la cochera. 

- ¿Pero qué...? – Alex salió a la calle para tratar de creer lo que miraban sus ojos: Rose y Xavier bajaban de la patrulla de policía, seguidos de dos oficiales. 

- Encontramos su auto señor – dijo Rose, antes de que delatara el plan que había montado para cumplir su orden – lo dejaron unas calles antes de Rotherfield Primary School, rumbo al Victoria Park... 

- Entiendo... – Alex captó el porqué de tantos datos: había omitido dar la dirección exacta de donde su vehículo se había detenido. 

- Al parecer los ladrones olvidaron llenar el tanque de combustible – dijo Xavier. No importaba que Alex fuera su feje y que su cabeza peligrara por su comentario – al parecer no tienen idea de cómo se trata a un automóvil. 

- El auto está en perfecto estado y al parecer no robaron nada del interior ¿desea presentar cargos? – preguntó un oficial, listo para tomar nota de las declaraciones. 

- No... No es necesario – Alex sentía que el estómago le pesada cien toneladas – Muchas gracias oficial. 

Después de despedir a la grúa, y dejar el automóvil en la cochera (con el tanque lleno esta vez) los policías continuaron con su ronda habitual, dejando a Rose y Xavier a merced de su jefe. 

- Llamaron a la policía, movilizaron a un cuerpo de oficiales y elaboraron un plan de serie policiaca... ¿Sólo porque no me preguntaron dónde quedó el auto? ¿No se les ocurrió llamarme y pedir una ubicación exacta? ¿Acaso es muy difícil para ustedes? – Alex detuvo su reprensión y respiró hondo – Aún así gracias por todo... Eso que hicieron puede ser considerado un delito, y den gracias a Dios que todo salió bien. Rose, pasaré mi aniversario con Charlotte en París, reserva la suite Coco Chanel en el Hotel Ritz y su habitación anexa para Chris – Rose lo miró desconcertada – Si, me llevaré a Chris, asegúrate de que esté todo listo para salir en una semana. 

Desde el primer aniversario de casados era la misma rutina: Viajar a algún lugar del mundo que no hubiesen conocido antes, como Dubai (donde Charlotte quedó embarazada de Chris), la India (donde Alex montó un elefante junto con su hijo en brazos) y Moscú, en Rusia, donde el frío no los dejó salir de la cama. 

- Eso es todo Rose. Gracias. Llamaré a un auto para que venga por ustedes – Alex indicó con un brazo que los siguieran a la sala de su casa. 

- ¡Rose! – Chris corrió a recibir a la asistente de su padre con un abrazo, en sus labios mostraba manchas de chocolate, así como en sus dedos. 

- ¡Hola pequeñín! ¿Cómo estás? 

- Tengo hambre y mi mamá no me quiere dar galletas – el niño señaló con un dedo acusador a Charlotte, que entró a la sala al escuchar voces conocidas. 

- Ya te dije que son para la cena – recriminó su madre – Hola Rose, hola Xavier, ¿Gustan algo de tomar? 

- Oh, no gracias – dijo Xavier – tenemos que regresar a la oficina y dejar todo listo para el número siguiente. 

Desde la calle el sonido de un claxon les avisaba que el auto que Alex pidió los esperaba fuera. 

- Bien... Entonces nos vamos – dijo Rose – hasta luego Charlotte, y feliz navidad. 

Después de abrazos y buenos deseos Xavier y Rose se despidieron de su jefe y su familia, saliendo al jardín para tomar el auto. 

- ¿Viste sus zapatos? ¿Quién cocina galletas con unos Louboutin? 

- La esposa de tu jefe, así que cállate y sonríe – desde el auto dijeron adiós a Charlotte y Alex, que salieron al portal de su casa para despedirlos. 

Varias horas después, cuando caía la noche que anunciaba la víspera de la navidad, los padres de Charlotte y los de Alex estaban en la sala, mientras que Chris observaba insistentemente su reloj, luchando por quitarse la pajarita de Lanvin que su madre le puso junto con su traje. 

- ¿Qué tal el trabajo? – preguntó Alex a su padre, sirviéndole más Moët & Chandon, de una de las botellas que sobraron de la lista de regalos de navidad que Alex repartiría alrededor del mundo. 

- Pesado, como siempre. Aunque no negaré que me encanta dar órdenes y tener quién las cumpla. 

- No siempre es tan bueno como lo crees – dijo Alex, llenando la copa de Patrick – A veces... Es contradictorio 

- No cuando eres tu propio jefe – dijo Patrick, tomando un sorbo de su copa 

- ¿Podemos abrir los regalos ya? – Chris entró a la sala con pasos cansados y restregándose los ojos – 

- ¡Ven campeón! ¿Te conté cuando atrapé aquella trucha gigante en el Lago Lomond? – Chris se acurrucó en los brazos de su abuelo cerrando los ojos de sueño. 

- Estoy aburrido, ya quiero mis regalos – el niño mostraba claramente que moría de sueño, pero no podía tener los ojos abiertos ni un segundo más. 

- Vamos a la cama – Alex cargó con brazo a su hijo mientras en el otro conservaba la copa de vino, desde el otro lado del salón, Charlotte observó como padre e hijo desaparecían en las escaleras – si te duermes temprano Santa Claus dejará tus regalos y estarán mañana por la mañana – Alex ayudó a desvestir a Chris, quitándole la pajarita y el traje de Gucci confeccionado para él - ¿Sabes? A tu edad yo dormía en la sala y esperaba a Santa, pero nunca lograba verlo, por la mañana, los regalos estaban allí, pero no había rastro de él, es la magia de Santa – dijo, arropándolo con el edredón de Carolina Herrera, tapándolo hasta la nariz, notó que el niño cerraba sus ojos y su pequeño abdomen comenzó a mostrar respiraciones lentas y pausadas – Santa tiene que trabajar – besó a Chris y salió de la habitación con paso vacilante, pero sin derramar ni una sola gota de alcohol sobre la alfombra de Versace. 

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En verdad adoré escribir este capítulo: Más que poner a Charlotte en apuros, era para demostrar que Alex no es una persona tan difícil de tratar (como cuando le preguntó por qué no llamó para pedir la ubicación del vehículo o por qué se detuvo) además, eso demuestra el apego que la secretaria tiene hacia su jefe. Y es una situación que decidí aprovechar para el capítulo final.