- ¿Después de tanto tiempo? – preguntó, leyendo una y otra vez la carta que tenía entre sus manos. Por la ventana miraba sin observar el panorama de la ciudad – Supongo que quieres que te deje ir – dijo, girando su silla para quedar frente a Rose, que evitaba la mirada de su ahora exjefe – Entiendo que oportunidades como ésta no se presentan diario – comentó, tomando del bolsillo interno del blazer un bolígrafo Montblanc para plasmar su firma en la carta de recomendación – y ahora la Vogue femenina ha ganado una excelente editora de belleza – dijo, después de firmar y ponerse en pie – y si Alexandra Schulman no te trata como lo mereces sólo llámame – añadió, antes de abrazar a la asistente que durante años fue su cómplice en el trabajo – espero que hayas capacitado a Brenda los suficientemente bien.
- No te preocupes, es tan buena como yo.
- Suerte Rose – dijo Alex desde su escritorio, evitando mirar a la puerta para no ver partir a la mujer.
- Cuídala como tu vida – dijo Rose, entregándole a Brenda la agenda encuadernada en piel que plasmaba los números telefónicos (y direcciones postales y electrónicas) de estilistas, modelos, fotógrafos, editores, escritores, agencias, diseñadores y demás personal que colaboraba en la revista cada mes.
- Lo haré – contestó ella, abrazando a Rose en señal de despedida.
- Lo que más extrañaré será ver hombres guapos por los pasillos todo el día – comentó, tras despedirse de Ben, Xavier, Jeff y Richard.
- No hay problema, sabes que puedes venir a visitarnos cuando quieras – dijo Xavier – y por primera vez en tu vida podrás dar órdenes, ¡Qué emoción!
Rose se dirigió al ascensor para abandonar para siempre el edificio Condé Nast, hasta que el silencio del momento fue roto por la voz de Alex:
- Brenda, espero que encuentres a una segunda asistente dentro del programa de verano. Como verás fuiste ascendida a primera asistente. No esperes que te abrace por eso – añadió, al ver que la chica seguía parada frente a él.
- Sí Alex... Lo... Lo haré.
Y sin más que decir salió de la oficina de su ahora jefe inmediato. Aproximadamente una hora después en la que nadie se acostumbraba aún a ver el escritorio de Rose vacío, Alex salió hacia su casa tras un día agotador. Al entrar por la puerta, Charlotte salió a su encuentro desde la sala, donde después de darle un beso de bienvenida lo miró con un gesto serio y le dijo:
- Encontré esto en la habitación de Chris – dijo, poniendo en manos de su esposo una revista de contenido erótico, cuya portada era una chica cubriéndose los senos hincada en una cama rodeada de sábanas blancas.
- ¿Y supongo que quieres que suba y hable con él? – preguntó, viendo a los ojos a su esposa a través de sus anteojos de montura cuadrada.
- Es lo menos que puedes hacer con tu autoridad como padre – dijo furiosa, antes de subir las escaleras hacia su habitación.
Alex respiró profundo y subió las escaleras con el maletín en mano. En la planta alta, notó que la puerta de la habitación de su hijo estaba entreabierta, al asomarse por la misma escuchó que Christopher tocaba la guitarra sentado en su cama.
- Eso suena bien – comentó, entrando sigilosamente a la habitación de Christopher, sentándose en una silla que había frente a un escritorio que parecía un híbrido de editor de sonido de estudio de grabación y el área de trabajo de un arquitecto – soy mitad texano, toca una canción country mis botas sacuden el polvo – dijo, en un tono humorístico.
- Gracias, yo... Oh... – Chris había visto que su padre tenía en sus manos la revista que su madre le confiscó y su semblante cambió por completo. Christopher había crecido demasiado para tener 17 años, casi llegaba a la estatura de su padre, aunque éste dijera que no fuera así. El cabello alborotado de Chris lo hacía recordarse a sí mismo antes de adoptar el estilo corto que mantenía desde hace años.
- En realidad, temía que llegara este momento en el que hablo de cosas como ésta y acerca de los peligros de la juventud y cosas con las que los viejos aburrimos a los jóvenes... y creo que uno de 17 años pudo elegir el menos peligroso de todos... Yo a tu edad fumaba – confesó en un tono estrictamente confidencial para que sólo Christopher lo escuchara – Sabes perfectamente que por mí no hay problema... Pero sabes que tu madre es la que en verdad manda aquí – comentó, como si le diera vergüenza admitir que su esposa era más estricta que él.
- ¿No me van a sacar del equipo de basketball, cierto? – preguntó Chris.
- No...
- ¿Tampoco me quitarán la música, o sí?
- Tampoco... Si fuera por mí sólo tendrás que lavar el auto... aunque tendrás que hacerlo de todos modos, tendrás que olvidarte del campamento en Canadá y formarás parte del programa de empleo temporal de Vogue para el verano...
Alex notó que Chris adoptó un semblante de tristeza en su rostro, sabía que ese año no volvería a tocar en una fogata a unos cuantos kilómetros de las cataratas del Niágara y mucho menos ver a sus amigos de todo el mundo que se reunían en el verano para tocar rock en medio del bosque.
- ... Pero eso no significa que no puedas ir al baile de primavera con Ashlee – agregó en un tono burlón, golpeándolo ligeramente con el puño en el hombro como si fuera un amigo más de la universidad.
- Aún no la he invitado – contestó tímidamente.
-¿A menos de una semana y no lo has hecho aún? – Preguntó Alex - ¿lo harás cierto? Es una linda chica.
- ¿Pero que hay con mamá? – Preguntó Chris, denotando en sus ojos el mismo miedo que expresaba cuando comía galletas antes de cenar a la edad de cinco años
- Yo me encargaré de ella, y si fuera tú, leería ésta, que es más interesante – contestó, dándole a su hijo una edición de Esquire donde una entrevista con Alex y una serie de fotografías eran parte del contenido, Christopher la abrió y vio la cara de su padre, debajo había una frase que decía: “Los americanos somos tan educados como los ingleses... Siempre y cuando no se metan con nuestras cervezas” - y si no te importa, me desharé de esto – dijo, señalando la revista obscena – Ehh... Verás... le prometí a tu madre que haría valer mi autoridad como padre y... – exhaló un suspiro de resignación y añadió: - ¿me ayudarías a que sonara convincente?
- Por supuesto – Christopher dejó su guitarra sobre la cama y salió al pasillo, donde su padre se dio la vuelta y exclamó con voz fuerte.
- ¡Ésta no es la educación que te hemos dado jovencito! – gritó, lo suficiente como para que Charlotte escuchara en la habitación contigua que toaba las riendas de la situación.
- ¡No se metan en mi vida! – contestó Chris, en un tono de voz igualmente mayor.
- Cierra la puerta con fuerza, eso le da más dramatismo – susurró Alex.
- Gracias viejo – contestó Chris, dando un portazo que resonó en toda la casa.
Al entrar en su habitación, Alex encontró a Charlotte recostada sobre la cama, pero aún despierta. Cuando se puso el pijama y se metió entre las sábanas tomó la revista para verla bajo la tenue luz de la lámpara.
- ¿No has recibido propuestas de éstas o sí? – preguntó al bulto que se movía a su lado en la cama, después de ajustarse los anteojos para ver mejor – Charlotte se incorporó y le quitó a Alex los lentes para ponérselos y poder ver bien - ¿Porqué no compras tus propios anteojos? – preguntó.
- ¿Para qué? Tengo los tuyos – contestó, echándole un vistazo a la revista – Y sí, he recibido propuestas, pero siempre digo que no.
- Que bien... – contestó distraídamente, leyendo un reportaje sobre posiciones sexuales - ¿Qué opinas de ésta? – preguntó, señalando una posición acrobática de gran dificultad.
- Si bailara en un tubo toda la noche no estaría tan mal – contestó, arrebatándole la revista y arrojándola al piso
- Christopher tiene 17 años, es normal que...
- No Alex, no es normal que vea a chicas desnudas, es normal que llegue tarde a casa o incluso ebrio, pero que practique la promiscuidad...
- Christopher no es promiscuo – dijo Alex, abrazando a Charlotte por la cintura
- ¿Vas a cuidar bien de él cuando no esté, cierto? – preguntó ella.
- Como a mi propia vida – contestó, besándole la mejilla y recostándose del lado contario de la cama.
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Christopher creció, oh sí. Cuando Emily me dijo: “¿por qué no experimentar otra faceta de Alex como padre?” Se enojó porque la mandé al diablo, pero después lo pensé mejor y comencé a escribir. Siempre me imaginé a Christopher como un niño, al crecer lo visualicé como una versión más pálida y delgada de Zac Efron (con cabello un poco más claro)
Rose había recibido la propuesta de integrarse a la versión femenina de Vogue UK desde antes, pero sentía cierto temor de desprenderse de la estabilidad de la versión masculina.