- ¿Estás lista querida? – preguntó Alex desde el piso inferior, donde Chris escuchaba música en su iPod sentado sobre una maleta de Louis Vuitton que viajaría con Charlotte a Dubai.
- ¡Ya voy! – contestó ella, bajando por las escaleras tras ajustarse una mascada al cuello.
- Chris, ayúdame con una maleta – dijo su padre, quién cargaba una bolsa de mano y una maleta más grande que la que llevaba su hijo, todas ellas con el monograma de la firma francesa.
Durante el trayecto, Christopher evitó la mirada de su madre, ya que sabía que no olvidaría el incidente del día anterior tan fácilmente, y con él sólo hecho de imaginar el castigo que le impondría su madre se le erizaba la piel.
- Cuídate linda - Alex besó prolongadamente a su esposa al momento de despedirse en la sala de abordar.
- Lo haré cariño – contestó Charlotte – y tú, espero que sepas comportarte – exclamó, dirigiéndose a Chris, abrazándolo y besándolo en la mejilla, de repente lo tomó del cabello por la parte de la nuca y le susurró – juro que si cuando regrese me topo con la sorpresa de que seré abuela por una idiotez que hayas hecho, te mato. Yo te traje a este mundo y te puedo sacar de él.
- ¡Charlotte cálmate! – dijo Alex, separando a madre e hijo – Estará bien, te lo prometo.
Después de que Alex pudo convencer a su esposa de que Christopher se comportaría, Charlotte abordó el avión y ellos el auto hacia el edificio de Condé Nast. Desde el estacionamiento hasta la planta alta se podía notar un murmullo de expectación del otro lado del ascensor, el cual se detuvo en la cafetería donde un tumulto de jóvenes se fusionaba con los trabajadores de la revista. Frente a los presentes, Jeff, Ben, Xavier, Richard y Dominique pedían silencio absoluto, los coordinadores daban un aspecto increíble con sus prendas pulcramente combinadas y sus músculos perfectamente torneados que parecía más una final de Míster Universo y no el comedor de un edificio corporativo.
- Tú bajas aquí – dijo Alex a Chris – yo subiré a la oficina.
Sin objeción Chris se adentró en la cafetería, donde los demás adolescentes admiraban a los coordinadores, su ropa exquisitamente combinada y sus músculos perfectamente formados.
- Como sabrán – dijo Jeff – están aquí porque sus universidades creen que son buenos y pueden trabajar para la mejor revista del planeta, cada uno de nosotros elegiremos a cinco personas que serán nuestras asistentes durante el verano, aprenderán el trabajo de una revista y quizá lleguen al final del programa con una carta de recomendación.
Cada uno de los coordinadores leyó los cinco nombres de los asistentes que tratarían de complacer las órdenes indirectas de Alex. En el turno de Ben, éste no podía dar crédito a sus ojos:
- ¿Christopher Davis? – preguntó, buscando entre los chicos que habían sido seleccionados y los que faltaban por elegir al hijo de su jefe, el cuál levantó la mano entre la multitud - ¿Qué demonios haces aquí?
- Ehh... Digamos que leí la revista equivocada... – contestó
- Bien, creo que a tu padre le hará gracia que esté a tu mando – comentó Ben, y al instante un murmullo se extendió alrededor del chico. El mismísimo hijo de la leyenda viviente a cargo de la mejor revista de moda sobre el planeta trabajaría codo a codo con los mortales que llegaron allí con ayuda de una beca.
- No hablarán con él, no tropezarán con él, no se cruzarán en su camino y no se dirigirán a él a menos que Alexis Davis así lo pida – dijo Xavier – desde hoy vivirán, respirarán, y transpirarán Vogue si es necesario...
- Y eso es todo, los esperamos mañana a primera hora... La única razón por la que pueden faltar es la que muestre su acta de defunción – aclaró Richard, dando por terminada la improvisada reunión en la cafetería.
- Tendrán piedad de nosotros... ¿cierto? – preguntó Chris temeroso, en el departamento de moda, recargándose en uno de los archiveros donde se almacenaban los lookbooks de las colecciones completas desde hace diez años.
- Nosotros sí... Tu padre nunca la ha tenido.
- ¡Vamos! No puede ser tan malo
- Si yo fuera tú, guardaría esa sonrisa – comentó Jeff – desde mañana nosotros les asignaremos sus actividades, si tu padre tiene alguna otra petición debes arreglártelas para complacerla al instante... Bienvenido al mundo de la moda amigo – añadió, antes de salir por las puertas de cristal.
Después de horas de aburrimiento total, Alex bajó al estacionamiento acompañado de su hijo, donde volvió a perderse en el ritmo de su música al ponerse los audífonos durante el trayecto a casa.
- ¿Papá, puedo ir a ver a Ash...?
- El auto no se lavará sólo – dijo Alex, cerrando la puerta del vehículo después de salir de él.
- ¡Pero papá!
- Podrás verla más tarde – comentó – y limpia bien las llantas – agregó, adentrándose en la cocina.
Unos minutos más tarde Christopher bajó vestido con unas bermudas y sandalias para lavar el auto de su padre, el cual descansaba en el pasillo de la casa mientras lo observaba tomando una cerveza y relajando sus pies descalzos sobre la mesa de cristal.
La suave brisa de la tarde le revolvía el cabello mientras que el sudor le recorría la espalda y el pecho, fusionándose con el agua de la manguera con la que limpiaba el automóvil. Sus pies quedaron empapados después de terminar su labor, cuando los últimos rayos de sol se reflejaban en la piscina contra el techo, dándole un aspecto rojizo al mármol de las columnas y las cortinas de algodón egipcio que colgaban de las mismas se tumbó en un camastro del jardín.
- Tienes visita – anunció su padre, que conducía a Ashlee la novia de Christopher al jardín donde Chris estaba descansando.
- Hola – saludó Christopher tímidamente, más que una sorpresa al recibir una visita de su novia, era más penoso que lo viera sin camiseta.
- Hola Christopher – contestó la chica en un tono de voz muy dulce para sonar cariñosa, sin caer en lo sumiso - ¿Cómo estás?
- Apesto a sudor... Pero bien – respondió.
- ¿Gustan algo de tomar? – preguntó Alex, al ver que Ashlee miraba a padre e hijo continuamente, como si fuera a decidirse por cuál Davis en bermudas sin camiseta elegir.
- Gracias, señor Davis, estoy bien – comentó Ashlee, sentándose al lado de Christopher en la cama, después de que este se hubo incorporado – Mi padre vio sus fotografías en la Esquire de este mes, son muy buenas.
- Gracias, -contestó este - esas fotos pagarán el auto de Chris.
- ¿Voy a tener mi propio auto? – preguntó su hijo emocionado
- Obvio que no... Yo iré por otra de éstas – señaló la botella de cerveza vacía – se agotan rápido.
Alex le dirigió una mirada fugaz a su hijo, dejándole en claro que aprovechara el tiempo que lo dejaría a solas con su chica.
- Y... ¿Tienes planes para el verano? – preguntó él. Tratando de quitar de su mente el hecho de que estaba semi-desnudo frente a su novia por culpa de su padre.
- Ayudaré a mi papá en el consultorio dental ¿Y tú? – preguntó la chica con desgana, como si pedirle al paciente que escupiera fuera causa de aburrimiento mortal.
- trabajaré para mi padre – contestó
- ¡Vaya! Eso suena bien – dijo la chica, poniéndose de pie y tomando la mano de Christopher, el cual la siguió hasta el sillón colgante que reemplazó la casa de madera de Chris en su infancia.
Cuando caminaban hacia la orilla del jardín, Chris giró su cabeza y notó que su padre estaba en el pasillo, fingiendo bailar con alguien invisible, y captó el mensaje enseguida.
- ¿Irás con alguien al baile de primavera? – preguntó Chris, tímidamente. Esa era una de las cosas que le gustaba a Ashlee de él: su sencillez sumada a la expresión de sus ojos era irresistible para ella.
- Esperara a que me invitaras tú – contestó ella, enredando entre sus dedos el cabello castaño de Chris, y acariciando sus pies descalzos con los suyos.
- ¿Quieres ir al baile de primavera conmigo? – preguntó él, cerrando los ojos y dejándose llevar por el movimiento del sillón y el roce de los dedos de su chica en su cuero cabelludo.
- Me encantaría – contestó acostándose al lado de Christopher para admirar mejor sus ojos y verse reflejada en ellos.
- ¿Quieres un corcel, un ramillete de flores y que pase por ti a las ocho? – Christopher apartaba distraídamente el cabello de la cara de Ashlee, entrecerrando los ojos para ver su silueta borrosa.
- Con que estés en mi puerta a las ocho me conformo – dijo ella, besando sus labios suavemente y acariciando con sus delicadas manos el pecho desnudo de Christopher – Te veré el jueves – comentó, al ver que comenzaba a oscurecer y la luz natural le cedía el paso a la artificial de las farolas tenues.
- Hasta luego – contestó él, poniéndose de pie y contemplando la silueta de su chica alejarse entre la semi-oscuridad.
- ¿Y bien? – preguntó Alex, aún descalzo con los pies sobre la mesa de la sala, tomando una cerveza más de la hielera que había junto al sillón.
- Iré con ella al baile – contestó, dejándose hipnotizar por las luchadoras de la WWE del evento que veía su padre en la pantalla gigante de alta definición
- Genial – comentó Alex. Tomando una cerveza de la hielera, se la llevó a la boca y le quitó el corcho con los dientes. Acto seguido se la ofreció a Chris.
- ¿Estás bromeando? – preguntó éste, mirando con desconfianza la botella que su padre tenía en la mano.
- Tienes diecisiete – comentó, escupiendo el corcho al hielo con las demás botellas – sé exactamente lo que haces cuando “tocas con la banda” en el garaje de Jimmy sin que tenga que estar allí.
- ¿Por las chicas lindas? - preguntó Chris, alzando la botella de Heineken, en señal de un brindis improvisado.
- Por las chicas lindas – contestó su padre – y no esperes que te dé otra.
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Muchos me preguntan: “¿Por qué Charlotte trata así a su hijo?” Pues bien, ella en verdad lo quiere, y mucho, pero no por eso significa que todos sus caprichos deben ser cumplidos, en pocas palabras no es una madre que mime y sobreproteja a su hijo (caso contrario con Patrick y Eloise) sino que quiere hacerle entender que la vida es dura (tanto como los golpes con sus bolsos). Sólo imaginen a Charlotte como la madre neurótica de Malcolm el de en medio.
El nombre de Ashlee se me vino a la mente de repente, al principio pensé en dar una nacionalidad diferente a la inglesa, incluso a que fuera hija de alguien importante (¿Se imaginan si fuera hija de Victoria Beckham? No, yo tampoco) Pero al final me arriesgué porque fuera una chica con una vida normal.
