XXXIII - Final de Temporada





Los restos de la tenue lluvia seguían sobre las aceras New York, el avión saldría en cuestión de minutos y Alex exhaló un suspiro de nostalgia recordando como un par de años atrás las ocho horas de vuelo se convencía bañado en lágrimas de que hacía lo correcto. Charlotte decidió no interrumpir en sus pensamientos y se recostó en su asiento, las ocho horas de vuelo desde el aeropuerto Kennedy al de Heatrow en Londres, donde un auto de Vogue los esperaba para transportarlos a las oficinas. Durante el trayecto Alex olvidó los tres días llenos de emociones tan distintas entre sí y recordó que trabajaba para una revista que le exigía cada uno de sus días.


- Llegamos - dijo la chica, viendo como los empleados salían y entraban a través de la puerta de cristal que no se cerraba debido al movimiento de tantas personas.

Alex bajó del auto y ayudó a Charlotte con su equipaje, subieron hasta la oficina del chico en donde Rose los recibió calurosamente y le señaló a su jefe que lo esperaba el consejo directivo en la sala de juntas.

- ¡Bienvenido Davis! - saludó Newhouse poniéndose de pie al igual que el consejo directivo ante su llegada - sé que es algo tarde y que quisieras descansar, pero quisiéramos felicitarte por tu labor en América antes de que el día termine - Newhouse explicó las actividades del chico en representación de la revista: Su aparición en el front row de la Rio Fashion Week, el discurso sobre el panorama del lujo en México y la Fashion Night Out en New York. Consultaron la gráfica de ventas comparándola con GQ y Esquire, quienes caían estrepitosamente en cuanto a números, todos miraron a Alex como la gallina de los huevos de oro y éste se despidió con un apretón de manos de cada miembro del consejo. - Davis, si no te importa quisiera verte en mi oficina, ahora... - Dijo el dueño de Condé Nast, quién entró a la mencionada habitación dejando la puerta abierta para que el chico pasara.

Cuando Alex estuvo dentro cerró la puerta como Newhouse le ordenó y éste tomó un aspecto frenético, como sí un ser maligno y destructivo se hubiese poseído de su cuerpo.

- ¿Me quieres explicar que es esto? - Newhouse golpeó con un puño en el escritorio donde había una serie de fotografías grandes, del tamaño de una revista, en una de ellas se mostraba a Alex y Rupert huyendo de la escena en donde chocaron el fiat del pelirrojo, otra más era de George, Rupert y él entrando al Club Lad y una más en la playa donde Charlotte y Alex se mostraban acostados en Acapulco y una más tomados de la mano, todas las fotografías tomadas desde un ángulo oculto. Paparazzis, sin duda alguna - ¿Sabes lo que le has costado a Vogue para callar a la prensa? - preguntó, gritando en un tono de voz muy elevado.

- Yo... Pues...

- ¡El consejo te mandó para que representaras a la revista, no para que te enamoraras de tu asistente! ¡Todos estos medios! ¡TMZ, The Mirror y TVAzteca en México! ¿Sabes lo que hemos tenido que hacer para que estas fotografías no hayan llegado a publicarse?

- ¿Va a despedirme? - preguntó Alex, mirando directamente a los ojos a aquella bestia eufórica que había reconocido minutos antes como a su jefe.

- Aunque quisiera no puedo hacerlo, y mucho menos con el número de septiembre en proceso - contestó, dejando caer su pesada humanidad en la silla tras el escritorio - Es un consejo el que toma las decisiones y sólo soy yo quién las representa, si por mi fuera no hubieras ni siquiera pisado tierra londinense, pero debido a que eres una mina de oro para los accionistas, pasarán todo esto por alto - Newhouse se dio la vuelta en su silla, dándole la espalda a Alex - No niego que puedas vivir una vida... Pero trata de vivirla lo más alejada posible de un lente indiscreto.

- Gracias - Es lo único que el chico supo decir, retirándose  alargando un brazo para abrir la puerta se contuvo y añadió - puede despedirme, pero para poner a Tom Ford en mi lugar puede mandarme a matar - y sin esperar respuesta salió hacia su oficina.

- Charlotte, entra conmigo - dijo Alex, sin mirar a nadie más que su escritorio y caminando hacia la ventana en círculos.

- ¿Qué pasa? - preguntó la chica alarmada, cerrando la puerta tras de sí para asegurar privacidad.

- Newhouse lo sabe - le dijo, tomándola por los hombros firmemente - Newhouse sabe lo nuestro... Sabe que tú y yo tenemos una relación.

- Pero... ¿Cómo es posible? - la chica se zafó de las manos de Alex y caminaba nerviosa al igual que el chico - ¿Tu secretaria sabe algo? - preguntó.

- Sí, pero me prometió no decir nada a nadie y le creo.

- ¿Le crees? ¿En serio le crees a alguien que puede repetir en una charla tomando el té todo lo que escucha en su trabajo?

- ¡Es Rose y sé que nunca rompería una promesa! - Exclamó en un susurro, debido a que el pasillo exterior era más transitado que la oficina de Newhouse - Fueron unos fotógrafos de una revista mexicana, paparazzis.

- ¿Y que haremos ahora? - preguntó ella, como si Alex decidiera terminar su relación para entregarse de lleno a un trabajo que era su sueño desde hace años.

- Seremos más discretos - dijo él - somos jóvenes y será lo mejor para los dos, tanto para ti y tu trabajo en la embajada como para mi y la revista. Y si tienes una opinión mejor, estoy dispuesto a escucharte - el chico se sentó sobre su escritorio, esperando a que Charlotte pronunciara la solución a su problema.

- Tienes razón - dijo ella, tras pensarlo varios minutos de espalda al chico y perdiendo la vista sin mirar una fotografía de él con Miuccia Prada que colgaba en la pared - Estoy algo cansada y quiero descansar, perderme entre las sábanas y usar una cama para dormir.

- Bien... hasta luego... - Alex se despidió de ella con un beso en los labios - todo estará bien - añadió, antes de dirigirse a Rose - Rose me voy a casa, ha sido un viaje largo y descansaré un poco, mañana vendré para entregarme por completo al September Issue.

- Nunca entendí esa guerra sin cuartel que las revistas hacen en Septiembre, pero en fin... Lo veo mañana señor Davis, que descanse.

- Hasta mañana Rose - Alex se despidió arrastrando su maleta escaleras abajo y tomando el vehículo que lo llevaría a su casa, al entrar notó aquella sensación de hogar que sintió en casa de sus padres, y su mirada se fijó en la fotografía de los tres integrantes de su familia, recordaba su cabello cubriéndole la frente y la sonrisa de su padre que le mostró en el último momento antes de regresar a Londres.

Subió con las maletas a su habitación y recordó las palabras de Newhouse: sin duda alguna era bueno en su trabajo, de lo contrario lo hubieran echado a la calle en la misma sala de juntas. Al día siguiente se presentó en las oficinas de Vogue a trabajar normalmente, se dirigió al equipo de redacción y demás empleados como "pilares fundamentales del editor en jefe" y dijo que cualquier decisión o petición de su parte debería ser cumplida para "el mejor September Issue de la historia".

Trabajó durante tres semanas arduamente siendo el primero en llegar a las oficinas de redacción y siendo de los últimos en retirarse, cada prenda para el número era minuciosamente estudiada y combinada a la perfección para una edición tan especial. Trabajó de la mano con Patrick Demarchellier y Mario Testino, dos grandes de la fotografía en el mundo de la moda, Andrej Pejic como modelo en las sesiones principales, David Beckahm en portada, Kate Moss como la chica Vogue y una entrevista con el príncipe Harry de Inglaterra como un "ícono de estilo del siglo XXI".

- ¿Y se han visto muy poco desde entonces? - preguntó Rupert, sentado en la sala de Alex mientras él le daba el toque final al libro de la revista.

- Prácticamente para nada, sólo algunas salidas a centros comerciales y... nada más.

- ¿Quieres decirme que pasó exactamente el día del accidente? - preguntó George, dejando de lado su guitarras y pidiendo una explicación.

- Rupert manejaba ebrio...

- Y tú hiciste que perdiera el control del auto...

- Nos estampamos con un árbol que estaba podado...

- Y huimos de la justicia...

- Porque Rupert no quería esperar a la prensa y explicar lo que sucedió - dijo Alex, cerrando el pesado volumen que tenía entre las manos y lo arrojó a la mesa del centro, junto a los pies de Rupert.

- ¡No es tan malo! Además mi Audi de afuera es mejor que esa hojalata oxidada.

- Dilo por ti, si no fuera porque genero millones de dólares para Condé Nast estuviera peleándome con un vagabundo por un cartón para dormir en la calle.

- ¿Así que su jefe se enteró de lo de ustedes? - preguntó Cara, tomando asiento en una cafetería al aire libre.

- Nos captaron unos paparazzis en México, y Newhouse compró las fotografías para que no vieran la luz -respondió Charlotte, sentándose a un lado.

- Entonces esas fotografías debieron ser muuuy comprometedoras - comentó Karen

- Estábamos en una playa, así que obviamente era una situación comprometedora.

- No les molesta que fume, ¿Verdad? - preguntó Cara, sacando una cajetilla de cigarrillos y un encendedor color plata con el logo de Burberry.

- Lo que me molesta es que nunca me hayas dicho que fumas - dijo Karen algo molesta.

- Todas las modelos tenemos un vicio que funciona como válvula de escape - dijo - yo fumo, algunas se drogan, la mayoría se matan en el gimnasio... así que es algo normal.

- Y... ¿Cómo les fue? - preguntó Rupert, acostándose en el sillón de la sala frente a los otros dos chicos.

- Muy bien, la gente de México es muy amigable...

- Sabemos a lo que nos referimos - apuntó George - Sexo o amor - dijo él, simulando una balanza con los brazos y pesando ambas palabras.

- Sexo - respondió la chica a la pregunta de Karen - no sé porque se me venía a la cabeza la idea de estar en la cama con Alex, pero era algo que no podía controlar.

- Confieso que es atractivo - dijo Cara, exhalando el humo del cigarro - y Rupert es algo tonto...

- Rupert no es tonto - aclaró Karen - es... adorable y... espontáneo.

- Signos de estupidez - dijo Cara - los conozco de sobra.

- ¡El no es estúpido! - exclamó - supongo que dices eso sólo porque George toca la guitarra y... hace giras por todo el mundo y...

- Sólo digo que es perfecto para ti - dijo Cara, exhalando una bucanada más de humo con la que Charlotte hizo una cara de asco al percibir el olor.

- ¿Estás bien? - preguntó Karen

- Sí... Es sólo que... me mareé un poco

- ¿Te sientes mareada? - preguntó Cara - Vamos a mi departamento - dijo ella poniéndose en pie y entregando al mesero unos billetes arrugados sacados de su bolsa apresuradamente para pagar la cuenta - al parecer que tu válvula de escape no controló la presión.

- Tuvieron sexo dos días seguidos en las playas del Caribe... ¿Y aún así te preguntas si la amas? - cuestionó Rupert.

- Creo que esto va más allá - comentó George - si le presentaste a tu familia supongo que es algo serio.

- La conocieron como mi asistente - aclaró Alex - ella se presentó como mi asistente cuando iba a decir que es mi novia.

- ¡Woow! La chica es de carácter fuerte - dijo Rupert

- ¿Estás segura? - preguntó Karen desde el pasillo del baño en el departamento de Cara, que no daba crédito a sus oídos.

- Completamente - respondió la modelo - A estas alturas supongo que no hay ninguna duda.

- ¿Y que harán ahora? - preguntó George, volviendo al origen de la conversación.

- Haremos esto lo más discreto posible - contestó Alex, mirando el techo fijamente con los ojos abiertos - nada de salir a divertirnos, ni tomarnos de la mano y mucho menos asistir a eventos públicos.

- Que mal amigo - dijo Rupert. El teléfono celular de Alex sonó y como su costumbre le dictó contestó sin mirar quién llamaba:

- ¿Sí? - preguntó

- ¿Alex? - preguntó Charlotte, con una voz frenética, emocionada y asustada el mismo tiempo.

- ¿Charlotte, estás bien? - preguntó él, incorporándose del sillón tan deprisa que los demás pensaron que tenía un resorte en el trasero.

- Sí... estoy bien... yo tengo que... te llame para... creo que... bueno, no creo... si no que... Estoy embarazada.