Los
restos de la tenue lluvia seguían sobre las aceras New York, el avión saldría
en cuestión de minutos y Alex exhaló un suspiro de nostalgia recordando como un
par de años atrás las ocho horas de vuelo se convencía bañado en lágrimas de
que hacía lo correcto. Charlotte decidió no interrumpir en sus pensamientos y
se recostó en su asiento, las ocho horas de vuelo desde el aeropuerto Kennedy
al de Heatrow en Londres, donde un auto de Vogue los esperaba para
transportarlos a las oficinas. Durante el trayecto Alex olvidó los tres días
llenos de emociones tan distintas entre sí y recordó que trabajaba para una
revista que le exigía cada uno de sus días.
- Llegamos - dijo la chica, viendo como los empleados salían y entraban a
través de la puerta de cristal que no se cerraba debido al movimiento de tantas
personas.
Alex bajó del auto y ayudó a Charlotte con su equipaje, subieron hasta la
oficina del chico en donde Rose los recibió calurosamente y le señaló a su jefe
que lo esperaba el consejo directivo en la sala de juntas.
- ¡Bienvenido Davis! - saludó Newhouse poniéndose de pie al igual que el
consejo directivo ante su llegada - sé que es algo tarde y que quisieras
descansar, pero quisiéramos felicitarte por tu labor en América antes de que el
día termine - Newhouse explicó las actividades del chico en representación de
la revista: Su aparición en el front row de la Rio Fashion Week, el discurso
sobre el panorama del lujo en México y la Fashion Night Out en New York.
Consultaron la gráfica de ventas comparándola con GQ y Esquire, quienes caían
estrepitosamente en cuanto a números, todos miraron a Alex como la gallina de
los huevos de oro y éste se despidió con un apretón de manos de cada miembro
del consejo. - Davis, si no te importa quisiera verte en mi oficina, ahora... -
Dijo el dueño de Condé Nast, quién entró a la mencionada habitación dejando la
puerta abierta para que el chico pasara.
Cuando Alex estuvo dentro cerró la puerta como Newhouse le ordenó y éste tomó
un aspecto frenético, como sí un ser maligno y destructivo se hubiese poseído
de su cuerpo.
- ¿Me quieres explicar que es esto? - Newhouse golpeó con un puño en el
escritorio donde había una serie de fotografías grandes, del tamaño de una
revista, en una de ellas se mostraba a Alex y Rupert huyendo de la escena en
donde chocaron el fiat del pelirrojo, otra más era de George, Rupert y él
entrando al Club Lad y una más en la playa donde Charlotte y Alex se mostraban
acostados en Acapulco y una más tomados de la mano, todas las fotografías
tomadas desde un ángulo oculto. Paparazzis, sin duda alguna - ¿Sabes lo que le
has costado a Vogue para callar a la prensa? - preguntó, gritando en un tono de
voz muy elevado.
- Yo... Pues...
- ¡El consejo te mandó para que representaras a la revista, no para que te
enamoraras de tu asistente! ¡Todos estos medios! ¡TMZ, The Mirror y TVAzteca en
México! ¿Sabes lo que hemos tenido que hacer para que estas fotografías no
hayan llegado a publicarse?
- ¿Va a despedirme? - preguntó Alex, mirando directamente a los ojos a aquella
bestia eufórica que había reconocido minutos antes como a su jefe.
- Aunque quisiera no puedo hacerlo, y mucho menos con el número de septiembre
en proceso - contestó, dejando caer su pesada humanidad en la silla tras el
escritorio - Es un consejo el que toma las decisiones y sólo soy yo quién las
representa, si por mi fuera no hubieras ni siquiera pisado tierra londinense,
pero debido a que eres una mina de oro para los accionistas, pasarán todo esto
por alto - Newhouse se dio la vuelta en su silla, dándole la espalda a Alex -
No niego que puedas vivir una vida... Pero trata de vivirla lo más alejada
posible de un lente indiscreto.
- Gracias - Es lo único que el chico supo decir, retirándose alargando un
brazo para abrir la puerta se contuvo y añadió - puede despedirme, pero para
poner a Tom Ford en mi lugar puede mandarme a matar - y sin esperar respuesta
salió hacia su oficina.
- Charlotte, entra conmigo - dijo Alex, sin mirar a nadie más que su escritorio
y caminando hacia la ventana en círculos.
- ¿Qué pasa? - preguntó la chica alarmada, cerrando la puerta tras de sí para
asegurar privacidad.
- Newhouse lo sabe - le dijo, tomándola por los hombros firmemente - Newhouse
sabe lo nuestro... Sabe que tú y yo tenemos una relación.
- Pero... ¿Cómo es posible? - la chica se zafó de las manos de Alex y caminaba
nerviosa al igual que el chico - ¿Tu secretaria sabe algo? - preguntó.
- Sí, pero me prometió no decir nada a nadie y le creo.
- ¿Le crees? ¿En serio le crees a alguien que puede repetir en una charla
tomando el té todo lo que escucha en su trabajo?
- ¡Es Rose y sé que nunca rompería una promesa! - Exclamó en un susurro, debido
a que el pasillo exterior era más transitado que la oficina de Newhouse -
Fueron unos fotógrafos de una revista mexicana, paparazzis.
- ¿Y que haremos ahora? - preguntó ella, como si Alex decidiera terminar su
relación para entregarse de lleno a un trabajo que era su sueño desde hace
años.
- Seremos más discretos - dijo él - somos jóvenes y será lo mejor para los dos,
tanto para ti y tu trabajo en la embajada como para mi y la revista. Y si
tienes una opinión mejor, estoy dispuesto a escucharte - el chico se sentó
sobre su escritorio, esperando a que Charlotte pronunciara la solución a su
problema.
- Tienes razón - dijo ella, tras pensarlo varios minutos de espalda al chico y
perdiendo la vista sin mirar una fotografía de él con Miuccia Prada que colgaba en la pared - Estoy algo cansada y quiero
descansar, perderme entre las sábanas y usar una cama para dormir.
- Bien... hasta luego... - Alex se despidió de ella con un beso en los labios -
todo estará bien - añadió, antes de dirigirse a Rose - Rose me voy a casa, ha sido
un viaje largo y descansaré un poco, mañana vendré para entregarme por completo
al September Issue.
- Nunca entendí esa guerra sin cuartel que las revistas hacen en Septiembre,
pero en fin... Lo veo mañana señor Davis, que descanse.
- Hasta mañana Rose - Alex se despidió arrastrando su maleta escaleras abajo y
tomando el vehículo que lo llevaría a su casa, al entrar notó aquella sensación
de hogar que sintió en casa de sus padres, y su mirada se fijó en la fotografía
de los tres integrantes de su familia, recordaba su cabello cubriéndole la
frente y la sonrisa de su padre que le mostró en el último momento antes de
regresar a Londres.
Subió con las maletas a su habitación y recordó las palabras de Newhouse: sin
duda alguna era bueno en su trabajo, de lo contrario lo hubieran echado a la
calle en la misma sala de juntas. Al día siguiente se presentó en las oficinas
de Vogue a trabajar normalmente, se dirigió al equipo de redacción y demás
empleados como "pilares
fundamentales del editor en jefe"
y dijo que cualquier decisión o petición de su parte debería ser cumplida para
"el mejor September Issue de la historia".
Trabajó durante tres semanas arduamente siendo el primero en llegar a las
oficinas de redacción y siendo de los últimos en retirarse, cada prenda para el
número era minuciosamente estudiada y combinada a la perfección para una
edición tan especial. Trabajó de la mano con Patrick Demarchellier y Mario Testino, dos grandes de la fotografía en el mundo de la
moda, Andrej Pejic como modelo en las sesiones principales, David Beckahm
en portada, Kate Moss como la chica Vogue y una
entrevista con el príncipe Harry de Inglaterra como un "ícono de estilo del siglo XXI".
- ¿Y se han visto muy poco desde entonces? - preguntó Rupert, sentado en la
sala de Alex mientras él le daba el toque final al libro de la revista.
- Prácticamente para nada, sólo algunas salidas a centros comerciales y... nada
más.
- ¿Quieres decirme que pasó exactamente el día del accidente? - preguntó
George, dejando de lado su guitarras y pidiendo una explicación.
- Rupert manejaba ebrio...
- Y tú hiciste que perdiera el control del auto...
- Nos estampamos con un árbol que estaba podado...
- Y huimos de la justicia...
- Porque Rupert no quería esperar a la prensa y explicar lo que sucedió - dijo
Alex, cerrando el pesado volumen que tenía entre las manos y lo arrojó a la
mesa del centro, junto a los pies de Rupert.
- ¡No es tan malo! Además mi Audi de afuera es mejor que esa hojalata oxidada.
- Dilo por ti, si no fuera porque genero millones de dólares para Condé Nast
estuviera peleándome con un vagabundo por un cartón para dormir en la calle.
- ¿Así que su jefe se enteró de lo de ustedes? - preguntó Cara, tomando asiento
en una cafetería al aire libre.
- Nos captaron unos paparazzis en México, y Newhouse compró las fotografías
para que no vieran la luz -respondió Charlotte, sentándose a un lado.
- Entonces esas fotografías debieron ser muuuy comprometedoras - comentó Karen
- Estábamos en una playa, así que obviamente era una situación comprometedora.
- No les molesta que fume, ¿Verdad? - preguntó Cara, sacando una cajetilla de
cigarrillos y un encendedor color plata con el logo de Burberry.
- Lo que me molesta es que nunca me hayas dicho que fumas - dijo Karen algo
molesta.
- Todas las modelos tenemos un vicio que funciona como válvula de escape - dijo
- yo fumo, algunas se drogan, la mayoría se matan en el gimnasio... así que es
algo normal.
- Y... ¿Cómo les fue? - preguntó Rupert, acostándose en el sillón de la sala
frente a los otros dos chicos.
- Muy bien, la gente de México es muy amigable...
- Sabemos a lo que nos referimos - apuntó George - Sexo o amor - dijo él,
simulando una balanza con los brazos y pesando ambas palabras.
- Sexo - respondió la chica a la pregunta de Karen - no sé porque se me venía a
la cabeza la idea de estar en la cama con Alex, pero era algo que no podía
controlar.
- Confieso que es atractivo - dijo Cara, exhalando el humo del cigarro - y
Rupert es algo tonto...
- Rupert no es tonto - aclaró Karen - es... adorable y... espontáneo.
- Signos de estupidez - dijo Cara - los conozco de sobra.
- ¡El no es estúpido! - exclamó - supongo que dices eso sólo porque George toca
la guitarra y... hace giras por todo el mundo y...
- Sólo digo que es perfecto para ti - dijo Cara, exhalando una bucanada más de
humo con la que Charlotte hizo una cara de asco al percibir el olor.
- ¿Estás bien? - preguntó Karen
- Sí... Es sólo que... me mareé un poco
- ¿Te sientes mareada? - preguntó Cara - Vamos a mi departamento - dijo ella
poniéndose en pie y entregando al mesero unos billetes arrugados sacados de su
bolsa apresuradamente para pagar la cuenta - al parecer que tu válvula de
escape no controló la presión.
- Tuvieron sexo dos días seguidos en las playas del Caribe... ¿Y aún así te
preguntas si la amas? - cuestionó Rupert.
- Creo que esto va más allá - comentó George - si le presentaste a tu familia
supongo que es algo serio.
- La conocieron como mi asistente - aclaró Alex - ella se presentó como mi
asistente cuando iba a decir que es mi novia.
- ¡Woow! La chica es de carácter fuerte - dijo Rupert
- ¿Estás segura? - preguntó Karen desde el pasillo del baño en el departamento
de Cara, que no daba crédito a sus oídos.
- Completamente - respondió la modelo - A estas alturas supongo que no hay
ninguna duda.
- ¿Y que harán ahora? - preguntó George, volviendo al origen de la
conversación.
- Haremos esto lo más discreto posible - contestó Alex, mirando el techo
fijamente con los ojos abiertos - nada de salir a divertirnos, ni tomarnos de
la mano y mucho menos asistir a eventos públicos.
- Que mal amigo - dijo Rupert. El teléfono celular de Alex sonó y como su
costumbre le dictó contestó sin mirar quién llamaba:
- ¿Sí? - preguntó
- ¿Alex? - preguntó Charlotte, con una voz frenética, emocionada y asustada el
mismo tiempo.
- ¿Charlotte, estás bien? - preguntó él, incorporándose del sillón tan deprisa
que los demás pensaron que tenía un resorte en el trasero.
- Sí... estoy bien... yo tengo que... te llame para... creo que... bueno, no creo...
si no que... Estoy embarazada.
