El día comenzaba con un color gris, ese tono que no se distingue de la contaminación de la gran manzana y el cielo nublado en día de tormenta, un clima casi tan parecido al de Londres que no tuvieron inconveniente en vestirse con sus trenchs sin que la gente los mirara tan raro como en Rio de Janeiro al bajar del avión.
- ¿A dónde iremos? - preguntó la chica, tomando el brazo que Alex le ofrecía al salir a caminar a la calle.
- A Central Park - contestó - era uno de mis sitios favoritos.
- Cuéntame... ¿Cómo era tu vida cuando vivías aquí?
- Normal - contestó - no tenía amigos y me gustaba la soledad.
- Eso no es normal - dijo ella
- Lo sé, pero ninguno de mis compañeros de clase soportaba tanto tiempo frente a los aparadores de la quinta avenida como yo, solo se preocupaban por vestir bien y nada más.
Caminaban pacíficamente bajo el cielo nublado sin amenaza de lluvia, las palomas en el parque volaban alrededor y huían de ellos con ese instinto natural de siempre. Al pasar debajo de unos árboles unas risas se escucharon muy cerca de ellos: era un grupo de jóvenes de su edad que fumaban y paseaban en patinetas alrededor de un puesto de revistas y sobre las bancas del parque.
- ¡Vean quién ha vuelto a la ciudad que lo vio nacer! - Exclamó una voz detrás de ellos, y al darse la vuelta se toparon con un chico de la misma altura que Alex pero más robusto, como sus demás amigos él vestía ropa holgada para moverse libremente en la tabla con ruedas. - ¿Vas a decir ahora que te olvidaste de mí? - preguntó el chico.
- Hola Matt - dijo Alex, recordando el nombre de un compañero de sus primeros años en la universidad - ¿Cómo estás?
- Al parecer no tan bien acompañado como tú - respondió, al ver a Charlotte tomado de su brazo - ¿Qué haces ahora? ¿Sigues en el periódico escolar? ¿O ya conseguiste ese puesto en el NY Times? - preguntó una vez más, en un tono burlón.
- Soy editor en jefe de una revista - contestó Alex, con toda serenidad y una sonrisa de orgullo en su cara - ¿Tú sigues vendiendo discos en Generation Records?
- Fui el empleado del mes - dijo Matt, con un gran orgullo - ¿No me vas a presentar a tu amiga? - preguntó, mirando a Charlotte de pies a cabeza, admirando sus piernas estilizadas por los zapatos altos y un trench que contrastaba con su blanca piel.
- Ella es Charlotte, mí...
- Su novia - se apresuró a decir la chica, extendiendo la mano para que el chico la estrechara con su burda extremidad cubierta por un guante sin dedos sucio.
- ¿Tu novia? Veo que no has perdido el tiempo - dijo él - ¿Aún vives con tus padres en la zona industrial? Es un sitio decadente...
- No - se apresuró a aclarar - vivo en Londres, a unas cuantas cuadras del Picadilly - añadió.
- ¡Vamos! No tienes que mentir conmigo para quedar bien en frente de tu chica - Alex se acercó al puesto de revistas y tomó una última edición de Vogue, la pagó al anciano tendero y volvió a donde había dejado a los dos chicos. - ¿Que haces? Veo que nunca se te ha quitado ese sueño de ser alguien en el mundo de la moda.
- Tienes razón - dijo Alex, sacando una pluma del bolsillo interior de su bolsillo y abriendo la revista buscando una página en especial - Ese sueño se esfumó desde que se convirtió en realidad - Alex garabateaba unas palabras en la revista y al terminar se la dio a Matt - Ten, quizá algún día valga más de lo que traes puesto - dijo él - y esa parte de "por el trasero" que viene escrita debajo de mi firma es opcional.
Matt tomó la revista y notó que en la página en donde estaba abierta, había una fotografía de Alex en la carta editorial del editor en jefe, con la boca abierta se quedó con los pies plantados sin notar que su compañero de universidad se había alejado lo suficiente como para tomar un taxi.
- Creo que fue lo mejor - dijo Alex, entrando al taxi después de la chica.
- ¿Fueron amigos en la universidad? - preguntó la chica
- Compañeros, nunca amigos - aclaró él - compraba discos en la tienda donde trabajaba y nada más, por favor, diríjase a la zona industrial del Bronx - dijo Alex al taxista, quién dio vuelta rápidamente para evitar un semáforo en rojo.
- ¿La zona industrial? - preguntó la chica algo perpleja - ¿Irás a... visitar a tus padres?
- Si... Creo que les debo una explicación de por qué no estuve en el funeral de mi abuela, es lo menos que puedo hacer.
El taxi se detuvo al pie de una fábrica metalúrgica, ambos bajaron y tuvieron que caminar por callejones abandonados en donde los cubos de basura y algunos gatos hacían su aparición de vez en cuando, caminaron alrededor de 15 minutos hasta que llegaron a una calle que cobraba vida de entre el mar de óxido de la zona, había niños jugando en las calles con sus mascotas y señoras mayores reunidas en el balcón de una planta baja tejiendo y bordando, Alex recordó a la perfección cada rostro y detalle de su antiguo lugar de residencia.
- Aquella anciana de allá es la señora Montgomery - le susurró Alex a Charlotte - siempre horneaba galletas horribles para navidad, y aquella más joven a su lado es su hija, siempre ha sentido adoración por los gatos.
Siguieron avanzando hasta el final de la calle y Alex se detuvo ante una pequeña casa de dos pisos, arriba se veía la ventana cerrada de su habitación y unas cortinas blancas que siempre prefirió negras, la minúscula proporción de jardín del patio delantero estaba tan verde y rebosante como los demás jardines, habían pintado la fachada de la casa: la última vez que la había visto era de color azul cerúleo y no verde como la contemplaba.
- Adelante - dijo Charlotte, abriendo la verja oxidada del jardín con un leve chirrido. Alex se aventuró a entrar con un paso vacilante y recordó la infinidad de veces que había hecho lo mismo en sus días de escuela. Se acercó a la puerta y tocó el timbre,ya que hubiese parecido extremadamente raro que entrara a la casa de sus padres sin llamar antes y aparecerse de la nada.
Tras las cortinas que estaban detrás de los cristales de la puerta de madera una figura borrosa se hacía más grande al acercarse al llamado de la puerta, cuando abrieron la puerta una señora de 45 años, alta y delgada los miraba fijamente desde detrás de unos anteojos de montura cuadrada que encuadraban unos ojos color avellana idénticos a los de Alex, la mujer permaneció un momento en silencio y cuando escudriñó su rostro con detenimiento no pudo contener llevarse una mano a la boca debido al asombro.
- ¿Mamá? - preguntó Alex, con una voz quebrada, totalmente distinta a la de él.
- ¿Alex? - preguntó su madre, desde el marco de la puerta - ¿Alexis?
Alex se acercó a los brazos que su madre abrió para recibirlo y se abrazaron en un gesto maternal que no tenía precedentes para ambos.
- Pensé que nunca vendrías a visitarnos - dijo su madre, librándose de los brazos de su hijo para apreciarlo mejor.
- Me mandaron a New York por motivos de trabajo - dijo él, conteniendo las lágrimas olímpicamente - así que decidí venir a verlos.
- Mírate... - susurró ella, mirando por enésima vez a su hijo de pies a cabeza - Todo un hombre de negocios, ¿No me vas a presentar a la chica? - su madre emocionada olvidó por completo que estaba acompañado de Charlotte.
- Si... Verás ella es Charlotte, mí...
- Su asistente - interrumpió la chica, extendiendo su mano y besando en ambas mejillas a la madre de su novio - es un verdadero placer conocerla.
- ¿Tu asistente? - preguntó asombrada - ¡Nunca hubiera pensado que alguien te asistiría! Eso demuestra lo importante que eres en tu trabajo, yo soy Eloise Carter, madre orgullosa de Alex - dijo - ¡Pero que tonta! Por favor, pasen, pasen; querida, debes pensar que soy una maleducada por no invitarlos a pasar a la sala, espero y no juzgues a todos los norteamericanos por mi comportamiento.
- No hay problema - dijo Charlotte, esbozando una sonrisa y siguiendo a la madre de Alex hasta una pequeña sala en donde había una televisión encendida y un librero con diversas fotografías.
- ¿Quieren tomar algo? - dijo la señora desde la sala - Seguramente deben estar aburridos de ése insípido té inglés, así que les ofrezco una limonada y soda ¿Que prefieren?
- Limonada está bien - dijo Alex, tras cerrar la puerta de la casa y acercarse a observar las fotografías que él había dejado caer en el olvido. Charlotte miró alrededor y notó una fotografía de una mujer mayor enmarcada sobre una mesa de la esquina, adivinó que era la abuela de Alex debido a que aparecía en la misma su madre, el padre de Alex y su novio unos años más joven.
- Señora, tengo que pedirle perdón - dijo Charlotte, dejando su vaso de limonada en la mesa del centro de la sala, sus palabras hicieron que Alex y su madre giraran rápidamente su mirada hacia ella, como si fuera a confesar un asesinato o declarar su última voluntad - yo acompañé a Alex a la semana de la moda de París y estuve con él cuando recibió su llamada - a Alex se le heló la sangre de golpe y el poco color de su cara desapareció - cuando me contó que su abuela había fallecido hice todo lo posible por traerlo hasta acá: llamé a aerolíneas, traté de conseguir un vuelo privado o algún jet, pero todo fue en vano.
- No te preocupes linda - Eloise se acercó a Charlotte y posó una mano sobre la suya, Alex continuaba sin comprender porque la chica se hacía culpable ante sus narices de una decisión que el tomó de manera tajante - Entiendo que estaba del otro lado del mundo y era imposible, aunque consiguieras mover a la CIA - Eloise dirigió su mirada a Alex que seguía de pie frente al librero - tu padre entendió que sería imposible que vinieras.
Alex desvió la mirada de los ojos de su madre, nunca pensó que Charlotte llegaría a tal grado de culparse por algo que decidió él, pero ya todo estaba hecho, tendría que seguir el juego de la chica y hacerle creer a sus padres que su asistente no era tan profesional y eficiente después de todo, al no conseguir un vuelo que lo hiciera cruzar medio mundo.
- Disculpe ¿Puedo utilizar su baño? - preguntó Charlotte poniéndose de pie.
- Sí claro... sólo que tendrás que usar el de arriba, tu padre aún no ha reparado la tubería del lavado de abajo, y cada que tratas de lavarte las manos terminas duchándote de pie - dijo Eloise dirigiéndose a Alex - Querido, acompaña a Charlotte al baño del segundo piso mientras preparo la comida.
Ambos subieron las escaleras de madera hacia la segunda planta, a cada paso los escalones crujían y Alex recordaba diversos momentos de su vida mirando las fotografías esparcidas por la pared: su fiesta de cumpleaños número 6, la visita a su abuelo paterno en Texas y su última excursión a la feria.
- Es aquí - dijo Alex, abriéndole a Charlotte una puerta azul, que estaba frente a una idéntica de color negro.
- Gracias, bajaré en un momento.
- Te esperaré - dijo él - entraré a mi habitación a... veré que... encuentro.
El chico dejó a Charlotte en la puerta del cuarto de baño y entró a su habitación, que estaba justo como la recordaba: había pósters de bandas musicales en las paredes y fotografías de él y unos cuantos amigos en el espejo del tocador, se sorprendió al notar que nada estaba cubierto de polvo, era como si su madre estuviera preparando aquella habitación para que durmiera entre sus sábanas de nuevo. Notó que en la repisa sus libros de Harry Potter permanecían intactos y su cama seguía lo más cercana a la pared posible. Alex abrió su armario y encontró justo lo que temía encontrar: un frasco vacío de Burberry Beat, revistas viejas y recortadas, etiquetas de prendas y algunos suéteres de punto que no llevó a Londres cuando se marchó.
- ¿Alex? - preguntó la chica desde el pasillo.
- Estoy aquí - respondió él, recordó una cosa más y la chica lo encontró en cuclillas quitando una tabla del fondo del armario y sacando una pequeña caja de metal.
- ¿Qué es todo esto? - preguntó la chica al entrar a la habitación sumamente pequeña.
- Ésta fue mi primera fragancia - dijo él, mostrándole el frasco vacío de Burberry - y los discos que mis padres no saben que compré - de la caja de metal sacó varias cajas de discos de distintas bandas que Charlotte no conocía, y debajo de todas ellas encontró una cajetilla con sólo 2 cigarrillos en estado deplorable - Ehh... Me gustaría que esto no se lo dijeras a mi madre.
- ¿Fumabas? - preguntó la chica en voz baja, totalmente sorprendida
- Verás... cada adolescente con vida universitaria tenía su válvula de escape: algunos usaban drogas, otros el alcohol... yo preferí el que no deja los ojos rojos ni botellas vacías bajo la cama.
- Entonces me siento halagada de ser tu única adicción - la chica se acercó y le besó la mejilla - ahora bajemos, que quiero probar la comida que por años tu madre te preparó.
Bajaban por las escaleras cuando Eloise les dijo que podían pasar al comedor: una estancia pequeña con mesa para seis personas, la señora Carter les sirvió un platillo con pasta y albóndigas de carne con salsa de tomate. Al terminar de comer se sumergieron en una charla acerca del trabajo del chico y Charlotte sólo decía que hacía un excelente trabajo. Su madre le preguntaba lo que deseaba saber de su vida en Londres como si fuera un día común de escuela y le preguntase como le había ido. De repente llamaron a la puerta y Eloise se puso de pie enseguida para atender.
- Debe ser tu padre - dijo, camino al pasillo - estará feliz de verte.
Alex sentía un escalofrío en todo su cuerpo, sentía como si estuviera a punto de entrar al dentista por primera vez.
- Tenemos visitas Michael - dijo Eloise desde el corredor - una visita muy agradable.
Cuando su padre se hizo presente en la entrada de la cocina instintivamente se puso de pie, como si al igual que su madre, su padre corriera a abrazarlo, pero no fue así: Michel miró a la chica sentada en la mesa junto a su hijo que bastantes ocasiones anteriores decían se parecía exageradamente a él.
- Llegas tarde - dijo, con una voz ronca que parecía no salir de la garganta de su dueño desde hace años, el padre de Alex regresó a la sala y Eloise lo siguió.
- ¡Dos años sin verlo! ¿Es lo único que le dirás a tu hijo? - le recriminó en voz alta, mirando como se sentaba en el sofá principal y buscaba el control remoto de la televisión.
- Falleció mi madre, falleció su abuela y no tuvo la dignidad de presentarse al funeral - dijo él, con una voz retumbante que estremecía a todos los presentes.
- Señor... creo que eso fue mi culpa - intervino Charlotte, dando pasos indecisos hasta la sala, donde notó que el señor Davis se quitó una gorra para dejar ver el cabello castaño que Alex heredó, se despojó también de su chaqueta llena de grasa y notó que los brazos eran fornidos debido al trabajo en la fábrica metalúrgica - no pude encontrar un vuelo para Alex en ese momento, lo siento...
- No te culpes, rubia - dijo el señor Davis. mirándola con unos ojos idénticos a los de su novio, pero éstos irradiaban fuerza y determinación, mientras que los de Alex denotaban dulzura y confianza - tiene la sangre de los Davis en las venas, es tan arrogante y narcisista como todos los hombres de la familia.
- Estaba del otro lado del mundo - dijo él, que se había acercado sigilosamente a la sala, sorprendiendo a Charlotte y a su madre que no lo vieron aproximarse - Estaba en otro continente, prácticamente nos separan más de 9 horas de vuelo y no podía aparecerme en un lugar así de la nada. ¿Qué querías que hiciera? ¿Que abusara de un poder que no tengo?
- ¿Quién es ella? ¿Tu novia? - preguntó el señor Davis, poniéndose de pie, dejando en claro que era un poco más alto que Alex pero obviamente más robusto.
- Es mi asistente, se llama Charlotte y la contrató la revista para la gira por América.
- ¿Entonces vienes por trabajo? ¡Vaya! No puedes abrirte tiempo entre tus fabulosas actividades para visitar a tu familia y debemos estar agradecidos porque vienes a la pasarela de un diseñador y tuviste 10 minutos libres par venir a cerciorarte de que seguimos vivos.
- No puedo cruzar el mundo un día sí y el otro también para comer pasta - dijo Alex, defendiéndose.
Todos guardaron silencio al mismo tiempo mirando la pantalla de la televisión, y es que había aparecido el spot promocional de Chanel en donde Alex colabora con Lagerfeld diseñando gafas, al final del spot aparece Charlotte en el sillón negro, dejando tras el comercial un hermetismo sepulcral en el ambiente.
- ¿Tu asistente es una super modelo? - preguntó furioso el padre del chico - ¿Diseñaste unas malditas gafas? ¿Cuando pensabas decírnoslo? ¿Que otra cosa nos escondes? ¿Se casaron? ¿Está embarazada?
- ¡Claro que no! - gritó Alex para hacerse notar - ¡Ella es mi asistente y ese spot es una historia que no piensa contar, no he estado ocultando nada! Si no he podido venir a visitarlos es por mi trabajo, no saben lo absorbente que es ser un editor en jefe: respiras, vives y transpiras tu trabajo, y si es porque a diferencia de ti no gano dinero exponiéndome a químicos peligrosos o altas temperaturas, seguramente sabrás que hay muchas formas de ganarse la vida. - Alex subió corriendo las escaleras a su habitación, como lo hacía cuando lo regañaban injustamente a los 10 años.
- Alex - Charlotte fue tras él y cerró la puerta tras ella, el chico se sentó en la cama y se llevó las manos al rostro, presionaba las palmas de sus manos con sus ojos, convenciéndose de que las lágrimas lo hacían más débil - se que fue difícil y duro que sucediera esto, pero no ver a tus padres por dos años es demasiado - dijo la chica, acariciando la coronilla de Alex con su mano - Si mi opinión te sirve de algo, le explicaría a tu padre en que consiste tu trabajo, estoy aquí para apoyarte.
- El no entiende de razones, ya lo viste en la sala. no me permitió explicarle lo del spot y mucho menos me dejará rendirle cuentas de dos años atrás. Creo que será mejor que nos vayamos.
- Inténtalo - dijo ella, poniéndose entre la puerta y el chico - no puedes perder nada más y quizá tu padre entre en razón.
Alex salió de su habitación y se dirigió al garage en donde sabía de sobra su padre pasaba el tiempo cuando se disgustaba o caía en depresión.
- Sé que ninguna excusa que te de tendrá mucho peso - dijo el chico, plantándose de pie ante su padre, que reparaba el motor de la camioneta familiar - no venía porque temía lo que pensarías de mí: tenía miedo de sentir tu rechazo hacia alguien que se gana la vida combinando cuadros con rayas o tomando fotos de gente bonita, pensé que no sería el hijo que no querías y por eso trataba de evitar un acercamiento...
- Siempre fuiste el hijo que quise - respondió su padre, limpiándose las manos del aceite con que se ensució - Tenías 9 años y te dije que podías hacer de tu vida cualquier cosa: un astronauta o un reportero de televisión, pero nunca que te separaras de nosotros - hizo una pausa para mirar a su hijo de pies a cabeza como su esposa lo hizo en el umbral de la puerta - ya eres todo un hombre, y tus elecciones son las mejores, aunque eso involucre el sacrificio de no verte tan seguido - Su padre cambió su semblante y mostró unos ojos tan dulces como los de su hijo - Te daría un abrazo fraternal pero... - se señaló la camisa llena de grasa y corrosión de metal - creo que vale más eso que traes puesto que la hojalata que reparé.
- Vengan conmigo - dijo Alex de manera intempestiva - hay una planta metalúrgica unos kilómetros al sur de donde vivo, puedes conseguir un trabajo y podrán conocer Londres... serán como vacaciones permanentes.
- Es una oferta generosa - respondió su padre, al ver que Alex hablaba con sinceridad, soñando una vida junto con su familia de nuevo - pero creo que es mejor que vivas tu vida a tu manera, además nuestra vida está aquí, nuestros familiares... mi trabajo... todo... Promete que vendrás para navidad - dijo su padre.
- Vendré por ustedes - dijo Alex - quisiera que conocieran lo que aún desconozco de Londres junto conmigo.
Entraron juntos a la casa por la puerta trasera, en donde la nerviosa madre de Alex sonrió al ver a su esposo abrazando por el hombro a su hijo. Charlaron un momento más hasta que llegó el momento de la despedida:
- ¿Tienes algún compromiso hoy? - preguntó su padre, adentrándose por primera vez más allá de "la simple revista" que su hijo editaba.
- La Fashion Night Out - contestó - un evento para promocionar el trabajo de los diseñadores, previo a sus presentaciones en las semanas de la moda.
- Bien, creo que preferiría no haber preguntado - dijo su padre en tono cómico, provocando las risas de los demás.
- Tengo que irme - dijo Alex - prometo que los veré de nuevo - abrazó a su madre y después a su padre, quién le susurró al oído:
- Tu novia es muy bonita - y ante la mirada atónita de su hijo le guiñó un ojo en señal de complicidad.
- ¡Recuerda comer soya! ¡Es buena para tu digestión!
Charlotte subió primero al taxi mientras Alex mantenía la puerta abierta del vehículo, y despidiéndose con un último gesto de su mano izquierda subió al vehículo, notando como los vecinos se aproximaban a sus padres, quizá para preguntar acerca de ese hijo del que siempre hablaban pero que nunca habían visto.
- Hiciste lo correcto - dijo la chica, entrelazando los dedos de su mano derecha con la mano izquierda del chico - ahora tienes que lucir mejor de lo que ahora estás.
- Gracias - respondió, sintiendo un gran peso aligerarse en él.
Aquella noche no importó que Daniel Radcliffe se robara todos los flashes en la alfombra roja, ni que Anna Wintour no lo nombrara cuando se refirió a los editores de moda invitados alrededor del mundo, y mucho menos la plática aburrida de Marc Jacobs y las bromas acerca de su esposo durante la cena. Le importó que cuando volvería a Londres, lo haría en una circunstancia muy diferente: había reforzado los lazos con su familia en lugar de romperlos huyendo de casa.
- Quédate conmigo - dijo Alex, al llegar al pasillo que separaba las habitaciones de ambos - hoy pasé por tantas emociones que no tengo ganas de hacer nada más.
- ¿Eso fue una propuesta indecorosa?
- Eso fue justamente lo contrario - dijo él, acercándose y besándola.
Acostados en la cama, Alex abrazó a la chica contra su pecho, sintiendo la suavidad de su cabello en su cara y la suavidad de sus brazos entre los suyos.
- ¿Porqué le mentiste a mis padres? Cuando dijiste que no conseguiste un vuelo desde París - preguntó él, con los ojos cerrados de cansancio.
- Porque te amo, y eso ayudó mucho en tu relación con tus padres.
- Gracias - dijo él - Mañana volveremos a Londres y me preocuparé por encontrar un día libre para pasar navidad con ellos.
- Lo harás - dijo ella, cerrando los ojos y dándose la vuelta para quedar frente al chico - Eres Alexis Davis, eso lo dice todo.
Poco a poco se fueron quedando dormidos, con la calma que la tenue lluvia de New York les ofrecía, mientras que en el otro lado del mundo, se había desatado la furia de un titán que ponía en riesgo el imperio en el mundo de la moda.
Michael es un nombre muy popular en los Estados Unidos, así que para eso no pensé mucho, en cuanto a Eloise “agringué” el nombre de una tía llamada Eloisa, la cual me cae mal.
Sé que algunas lectoras (porque todas son mujeres, deah) esperaban a Daniel Radclife (por la lógica de que trabaja en NY y todo el show) pero el capítulo se fue tan arriba en las emociones que escribir una charla entre ambos se sentiría como que el impacto de ver a su familia de nuevo no fuera tan fuerte como en realidad se esperaba.
