Capítulo IX - Letizia


No sonrías
Parpadea lo menos posible
Mirada siempre al frente
Hombros atrás
Camina firmemente, pero no con pasos demasiado largos o apresurados


Una hoja de papel garabateada a mano a toda prisa dejaba ver las indicaciones de los modelos minutos antes de la pasarela. Un montón de chicos se amontonaron frente a ella como si se tratara de las calificaciones finales de la universidad, entre esos chicos Christopher, que aún con los ojos que denotaban cansancio y sueño, se esforzó por leer las líneas escritas por el diseñador.

  • Bien chicos, por favor pasen a maquillaje - anunció un hombre joven que llevaba en sus brazos algunas prendas colgadas en sus respectivos ganchos.
En el área de maquillaje se podían a preciar a modelos que de forma despreocupaba dejaban que los expertos en cabello transformaran su cabellera, aunque aquel desfile no apostaba por el drama ni por elementos llamativos, era bien sabido que el equivalente a los cortes y peinado en los desfiles de hombres es tan importante como el maquillaje en las mujeres.

  • Hola Christopher - saludó una voz detrás del chico que lo obligó a quitarse los audífonos.
  • Hola Christopher - respondió éste tendiendo la mano al diseñador - ¿nervioso como siempre?
  • Más que nunca - contestó Bailey con una sonrisa y enlazando sus manos frente a su torso - bien, hubo un cambio de planes y queremos que abras el desfile - comentó Bailey.
  • Oh... si claro no hay problema - masculló Christopher con naturalidad.
  • Sé que es de última hora, y con lo del formato de ventas instantáneo y muchas cosas por planear no pudimos avisarte antes...
  • No te preocupes, si lo piensas bien no es gran cosa.
Ambos sabían que sí lo era: el formato de ventas de Burberry ofreciendo prendas de la pasarela prácticamente en tiempo real en su web harían que el primer look, la primera foto subida a Instagram y sus primeros pasos fueran vistos por todo el mundo en cuestión de segundos.

30 minutos de backstage en donde los medios capturaban a modelos descalzos, tumbados en el suelo, vestidos para salir a pasarela o aún con pinzas en el cabello era la parte más tediosa de cada desfile: tener que esperar a que los invitados más importantes llegaran (y por importantes, Christopher sabía que sólo era por su padre) y revisar que la transmisión en línea funcionara a la perfección para poder dar comienzo a una pasarela que duraría apenas 15 minutos pero que tardaba meses en planearse.

  • ¡Un minuto! - Anunció una voz por encima del barullo de susurros. Todos los modelos tomaron su posición para el desfile formando una fila india que rodeaba las sillas y los espejos que funcionaron como improvisados camerinos.
Christopher esperaba a que le dieran la indicación de salida con desgana, prácticamente con aburrimiento. Aquello por lo que cientos de chicos matarían no era fabuloso del todo: caminar con cientos de luces iluminando su rostro llegaba a ser desagradable, y aunque le dijeran que tenía nu talento natural para caminar interpretaba todo aquello como un circo sin gracia.

La música orquestal venida del otro lado del muro le indicaba que el desfile había comenzado, sólo era cuestión de esperar la señal del coreógrafo, que esperaba la señal de uno de los organizadores del evento para que todo fluyera de forma cronométrica. 

Un gesto parecido a un disparo hecho por el miembro del staff le indicó a Christopher que podía abrir el desfile. Con la espalda lo más erguida que pudo salió de la oscuridad del pasillo que dividía la pasarela del backstage para internarse en la completa luminosidad de luces que venían del techo, de los teléfonos de los asistentes y fotógrafos postrados en cada ángulo de la estancia.

Sus pasos se sentían amortiguados sobre la espesa alfombra, pero aún así podían retumbar en lo más profundo de su cabeza debido al nerviosismo. A pesar de las cegadoras luces, Christopher mantenía los ojos abiertos con una mirada inexpresiva siempre hacia adelante, girando rápida y elegantemente hacia la derecha recordando la dirección de las flechas dibujadas sobre un plano improvisado que indicaban la dirección en la que los modelos tenían que caminar. De regreso al backstage, al menos cuatro manos se posaron sobre él para rápidamente quitarle la ropa, secarle el sudor, arreglar su cabello y retocar el maquillaje para que saliera de nueva cuenta a pasarela. 

Fue cuestión de minutos para que luciera un look totalmente diferente y apareciera de nueva cuenta en el desfile. Allá afuera había visto a su padre, que no le quitó la mirada de encima por más que éste quisiera disimular, y a su lado también identificó a Ben que escudriñaba de arriba a abajo cada pieza que llevaba puesta.

De regreso al backstage, Christopher Bailey denotaba cierto nerviosismo al balancearse sobre las puntas y los talones de los pies, además de dirigir miradas inquietas a los modelos, buscando algún detalle que pudiera corregir para mantener sus nerviosas manos ocupadas.


  • Todo listo Chris - comentó una de las asistentes del diseñador.
El aludido respiró hondo y esperó a que la música clásica en vivo de la orquesta se amortiguara por completo para cerrar el desfile. Tras tres segundos de silencio, una armonía jovial inundó el ambiente de nueva cuenta, los modelos esperaban la indicación de salida para caminar después de Chris, quien al momento de recibir una leve señal, emprendió el paso más apresurado que antes para recorrer los pasillos del cuartel general de Burberry, donde la marca había presentado desde hace un año sus colecciones. 

A su alrededor, los flashes de la cámara se fusionaban con aplausos y algunas cuantas ovaciones de pie. Pudo ver a su padre aplaudir con una imperceptible sonrisa en su rostro, a Ben hacer lo mismo antes de capturar el momento con su iPhone y a un chico más que llevaba un sombrero de ala ancha sentado justo al lado de su padre. 

Cuando los modelos regresaron tras bambalinas, Bailey salió corriendo a agradecer a los invitados. En los dos pasillos que se desbordaban de aplausos hizo una profunda reverencia con las manos en la espalda e hizo un gentil gesto con la mano a los fotógrafos al final de la pasarela.

  • Increíble, como siempre - le decía Ben al diseñador en backstage mientras un fotógrafo de la revista hacía algunas tomas - la camisería reinventada sin duda es lo mejor que he visto que hagas.
  • Muchas gracias - contestó Bailey sonrojándose aún después de 15 años de escuchar halagos por su trabajo - ¿disfrutaste del desfile? - le preguntó a Charlie, que permanecía inmóvil en aquel ajetreo post-desfile.
  • Fue increíble - comentó el chico - sus presentaciones siempre son espectaculares.
  • Bien, espero que hayas escrito algo de eso.
  • No pierde detalle de nada, Christopher - intervino Alex - la reseña de este desfile es, sin duda lo mejor que leerás hoy.
  • La verdad me sorprende que te vea sentado viendo una pasarela y no desfilando en una.
  • Gracias por todo Bailey - interrumpió Ben, empujando ligeramente a Charlie hacia la salida - en verdad todo estuvo genial, pero tenemos un horario que cumplir.
  • De verdad gracias Christopher - agregó Alex dándole un caluroso apretón de manos antes de desaparecer por una salida alterna a la principal.

A la salida de las oficinas de Burberry, los fotógrafos aún estaban agazapados en los accesos al desfile para conseguir el mejor ángulo con sus cámaras de los invitados al desfile. Para Charlie era un alivio ser prácticamente la sombra de Alex, ya que ir con su jefe le garantizaba que nadie se fijaría en él ni de broma.

Las calles repletas de gente curiosa, fotógrafos e invitados que salían de una oscura atmósfera para regresar a la luz del sol daban la impresión de ser un conjunto de hormigas saliendo a toda prisa de su refugio.


  • Te veré en la fiesta, ¿cierto? - preguntó una amable voz detrás de Christopher, que presuroso regresó una cajetilla de cigarros al bolsillo de su chaqueta.
  • Si, nos vemos - fue lo único que alcanzó a contestar a su padre, quien rodeado de un séquito de uniformados trabajadores de Vogue con camisa planchada a la perfección y pantalones ajustados de corte impoluto, subía a una hilera de autos estacionados al lado de la acera.

De regreso a su oficina, Alex perdía la mirada a través del cristal siguiendo los interminables edificios tras el vaho de su aliento que opacaba la ventanilla.

  • Hoy es tu último día Charlie - comentó Ben rompiendo aquel silencio, en el que de repente todos sintieron la incomodidad de compartir entre tres el asiento trasero del auto de Vogue - puedes irte a casa si quieres y regresar mañana para...
  • No - interrumpió Alex abrupta pero pacíficamente. Por una extraña razón, su voz siempre sonaba amable, tersa y amigable aún cuando dictara órdenes directas - François lo quiere en la fiesta de hoy en la noche.
  • Pensé que sólo los editores asistirían - apuntó Ben, ignorando al chico sentado entre ellos que intentaba no hacer ruido conteniendo la respiración y mirando al frente sin parpadear esperando volverse invisible.
  • Sabes que después de lo que hizo para Joshua, François no le ha quitado la mirada de encima.
  • Tienes suerte - le susurró Ben al oído, haciendo que Charlie moviera apenas unos milímetros sus labios dibujando una sonrisa imperceptible.
Con el término de la semana de la moda, las fiestas ofrecidas por varios de los conglomerados de lujo y firmas más grandes Inglaterra hacían que por la noche, asistentes, personalidades, editores y modelos se encontraran de nuevo con una copa en mano charlando más animados que nunca sobre cualquier cosa, excepto los desfiles que habían acabado apenas hace unas horas. 

Una fastuosa decoración en el Palacio de Kensington fue el punto de encuentro de todas las personas más influyentes de la moda en Inglaterra, con motivo de la adquisición de Christopher Kane por el grupo Kering, François-Henri Pinault hizo un llamado a medio mundo de la industria para presumir ante todos un nuevo logro para su empresa.

  • Es solo una cena con un montón de gente linda e importante - le dijo Ben a Charlie antes de bajar del auto ante el cancel que marcaba la entrada al palacio - te vas a encontrar con muchas linduras y espero que puedas mantener la boca cerrada - comentó éste, añadiendo un ligero golpe con el codo al ver que el chico seguía a Gigi Hadid que comenzaba el largo camino hacia la entrada del recinto.

Aquel espectáculo simulaba una pasarela interminable al aire libre: celebridades en camino a la entrada del palacio y fotógrafos a ambos de su andar, hicieron que Charlie se sintiera observado por todos al verse cubierto de flashes de pies a cabeza.

En la entrada del recinto, el acogedor ambiente de la casa contrastaba con la música moderna que sonaba en altavoces e iluminación suspendidos con andamios metálicos. En los pasillos, una alfombra negra marcaba el camino al salón donde sería la cena, flanqueada por estatuas de mármol, obras de arte de los grandes maestros y altas ventanas que dejaban filtrar la oscuridad de la noche.

Establecidos en sus mesas, los asistentes pudieron ver cómo los últimos invitados de la noche llegaban a la fiesta, entre ellos el Príncipe William y Kate Middleton, quien vestía un vaporoso vestido con transparencias, una capa y flores bordadas en la parte del pecho, mientras que el Príncipe lucía un simple look de smoking en color negro.

Saludando a algunos de los presentes y como anfitriones de la fiesta, aguardaron y dispusieron de sus asientos al lado de otra pareja que había robado las miradas de todas las personas del lugar: Charlotte, que con un luminoso vestido blanco sin mangas con detalle de pedrería en los hombros y la cintura exaltaba su silueta y Alex que, por su lado, apostó por un atuendo en color verde botella y complementos en color café que armonizaban a la perfección con una pintura barroca que enmarcaba la pared detrás de ellos.

La velada dio comienzo con la música suave de una orquesta que transportaba a todos los invitados en el tiempo, entre los músicos se disponía de un piano vacío iluminado por una tenue luz que venía desde el techo, un detalle que a todos les causaba una gran expectativa. Tras una pausa después de la cena, la estancia quedó a oscuras y la única luz encendida provenía de las alturas, iluminando una sombra que se aproximaba con gracia sobre el piano, del que comenzaron a salir unas tímidas notas.

I fell in love with you
Long time before I knew
What it meant to give everything up
I was a rolling stone
Rolling my way along
Till you came
And made sense out of everything

Cuando las luces comenzaron a hacerse presentes en la estancia, los aplausos sepultaron un suspiro de sorpresa por parte de Alex y Charlotte al ver a Christopher con los ojos cerrados, deslizando sus dedos por las teclas del piano y cantar con una aterciopelada voz que conducía a un letargo inexplicable, pero placentero.


But you couldn't wait
I couldn't promise you anything
If it was all a mistake
Then I guess it was my blame


Fueron tan sólo unos segundos en los que la mirada de Christopher se conectó con la de sus padres, dejando ver unos ojos ligeramente enmarcados por las ojeras y enrojecidos a la vez.


I could've been
Cutting my wings
But it would never be enough for you
I was the one
You counted on
But I was never the one for you
Now I know
I lost you a long time ago

Después de las suaves notas del piano acompañadas de un violonchelo, unos momentos de silencio bastaron para que el estruendo de los aplausos se hiciera escuchar en cada uno de los resquicios del palacio acompañados de la ovación de pie de algunos de los asistentes a la fiesta. Christopher realizó una rápida reverencia ante la mesa de los duques y salió por un pasillo oculto tras las cortinas del escenario. Acto seguido la música comenzó a sonar de nuevo con piezas clásicas que los más elegantes hombres bailaron al compás de los flagrantes vestidos de sus acompañantes.

  • Disculpa, pensé que estaba solo - dijo Chris, al ver a una chica recargada en los pilares de piedra que dejaban ver una magnífica vista del patio trasero del palacio, aún de noche.
  • ¿También quieres desaparecer? - preguntó ella sin dirigirle la mirada, mostrando el perfil de su rostro por encima de un exagerado volumen en las mangas de su vestido rematado de pies a cabeza en lentejuelas rosas.
  • No será mala idea - contestó él, dando pasos vacilantes hasta el balcón recargándose sobre sus codos mientras encendía un cigarrillo.
  • Fumar te mata, ¿sabes? - dijo la chica, dejando ver su rostro iluminado por la luna, alejando de sus ojos un mechón de su cabello cobrizo que la tenue brisa había movido de su lugar.
  • Si, es cierto... - comentó Chris, mirando el cigarrillo en sus dedos con gesto dudoso - ¿gustas uno? - preguntó a la chica, que sonrió al ver el gesto divertido del chico.
  • Estás loco...
  • Perdón por no presentarme - dijo Chris, alizándole las mangas de su blazer y acomodando el desabrochado cuello de su camisa
  • No hace falta - comentó ella, regresando a su cómodo lugar junto al pilar de piedra, un movimiento en el que Chris notó la chica se había quitado los zapatos, dejando ver unos blancos pies con desgastado esmalte color azul en sus uñas - cualquiera en este palacio, hasta la fuente, sabe quién eres.
  • Eso simplifica mucho las cosas - dijo él - pero es mejor si sé cómo te llamas.
  • Letizia - se apresuró a responder.
  • ¿y tú...?
  • ¿Qué soy? - preguntó Letizia, ensombreciendo una mirada en su rostro - aspiro a ser diseñadora. Estudio en Central Saint Martins.
  • Suena bien, es increíble que puedas hacer arte.
  • Por cierto, me gustó lo que cantaste hoy, ¿quién te enseñó a tocar? 
  • Aprendí solo - contestó Chris, dando pasos vacilantes para acercarse a la chica - aunque mucha gente cree que es parte de nacer ganando la lotería genética.
  • Te doy un punto extra porque tu apellido no es Beckham.
Christopher no pudo evitar reír con quel comentario. Letizia era una chica que, a diferencia de las muchas que se topaba en su vida diaria, no suplicaba una fotografía con él a pesar de saber quién era, los minutos fluyeron tan de prisa como el agua que tintineaba en la noche desde la fuente, que Christopher no se dio cuenta de que tenía que volver al escenario para cerrar la fiesta.

  • Oye, tengo que volver a la fiesta, ¿te puedo ver después?
  • Quizá, si es que sabes leer...
  • No entiendo, yo...
  • Tranquilo, después sabrás de sobra dónde buscarme

Christopher no pudo decir nada más a Letizia, escuchaba el silencio en el Palacio y sabía que tenía que regresar al escenario cuanto antes, dejando a la chica en su soledad acompañada de la oscuridad.