VI - La condición

Jimador_nuevo_Banner




El día nublado y la tierra mojada eran el clima y condiciones perfectos para el riego de la hierba, el aroma de la naturaleza húmeda rodeada a aquellos hombres que empapados hasta las rodillas, cargaban a sus espaldas el peso de las bombas de agua que mezclada con el herbicida libraría al maíz en nacimiento de las malas hierbas.


David caminaba entre los surcos haciendo funcionar con brazo izquierdo la bomba y con la derecha dirigiendo la varilla hacia el maíz, sus pies y calcetines húmedos dentro de las botas de trabajo le diagnosticaban un resfriado en mitad del verano, faltaban 5 hectáreas por cubrir, así que no hubo tiempo para quejarse. 

A lo lejos un ruido de motor que nunca se había escuchado antes en el azufrado se hizo presente, por el camino de tierra una cuatrimoto conducida por una chica llamó la atención de todos los trabajadores.

Angélica detuvo su medio de transporte y todos continuaron con sus actividades ignorando el gesto de desagrado que la joven dibujó en su rostro debido al hedor del herbicida.

Horas más tarde los trabajadores dejaban las pesadas bombas en la camioneta de carga y se apearon de sus caballos para volver a la hacienda, David se había quitado la carga de la espalda para acercarse a la chica.

- Tápate la boca – dijo, arrojándole un pañuelo a la chica, ya que se veía que no estaba acostumbrada al mal olor de la sustancia que se había regado en el campo. Angélica se cubrió la nariz y la boca y subió a la motocicleta de nuevo.

- El capataz me dijo que estos días van a terminar más temprano ¿Es cierto? – preguntó la chica, su voz sonaba amortiguada debido a la tela que le cubría los labios.

-Sí – contestó David, montando su caballo - ¿llevas prisa? – preguntó, cerrándole el paso a la chica con el animal. Angélica notó en su voz el mismo noto e intención que la vez pasada.

- Hoy comienza el novenario – contestó – voy a ir a la plaza en la noche y quiero arreglarme...

- ¿Vas a ir conmigo edá? – preguntó, mirando a la chica de manera alternativa que el camino para guiar al caballo.

- No tengo porqué ir contigo – dijo ésta - además no veo como puedas obligarme – agregó andando lentamente tras el jinete, quién se encaminó hacia un empedrado camino que daba paso a un balneario casi abandonado.

- ¿Eso crees? – preguntó David, bajando del caballo – el otro día cuando me metiste tremenda cachetada dejaste tu libro de fotos ése – el chico logró lo que quería: captar la atención de Angélica, quién lo miraba con tanto escrúpulo como nunca antes -¿Ya te acordaste? Pos si lo quieres te veo en la plaza a las diez.

- ¡Oye eso no se vale!

- ¿Después del guamazo del otro día es lo menos que me merezco no crees? – dijo, quitándose la camisa y el sombrero, cuando le dio la espalda a Angélica, ésta notó que en los hombros de David se notaba un enrojecimiento debido a la correa de la bomba de agua. 

- ¿No te duele la espalda? – preguntó

- No, pero pica un chingo – contestó, andando entre las ramas de los árboles hasta un claro donde una pequeña cascada alimentaba de agua un estanque no muy hondo. Fue entonces que la chica notó que en las manos de David aparecía un enrojecimiento.

- ¿Y qué vas a hacer? 

- Pos bañarme – David se sentó en una piedra y se quitó las botas y los calcetines empapados - ¿Entonces te veo a las diez? – El chico se había quitado los pantalones y se adentró al estanque, donde el agua apenas le llegaba a la cintura.

- Que no se te olvide – dijo ella en un gruñido 

- Pos claro que no... Y te pones guapa ¿Eh? – Angélica había ignorado ese comentario dándole la espalda para regresar a la motocicleta y marcharse a casa - ¡Hasta luego chula! – gritó David desde el estanque, haciendo que la chica se enojara aún más.

En punto de las diez de la noche, el campanario de la iglesia repicó anunciando la serenata en la plaza, donde la banda del pueblo se apoderó del quiosco para amenizar la noche del primero de nueve días de fiesta en la colonia. Algunos puestos con artesanías, comida y manualidades se habían establecido en la calle principal que conectaba con la plaza para ofrecer a los habitantes del pueblo y los familiares de éstos que llegaban de Estados Unidos productos elaborados en madera, cerámica y barro.

Alrededor de la plaza principal se instalaron unas terrazas que simulaban pequeños establos, la paja en el piso las paredes de madera y los equipales le daban el aspecto de que habían salido de la hacienda. Angélica caminaba junto a una de las terrazas cuando en una mesa redonda se encontró a David rodeado de unos amigos.

- Te hablan wey – dijo uno de éstos en tono burlón al ver a la chica. David dio el último sorbo a su cerveza y se puso de pie para acercarse a la chica que al parecer no estaba dispuesta a acercarse.

- ¿Lo trajiste? – preguntó ella con desagrado

- ¿Hasta crees que no lo iba a traer? – dijo éste, sacando de entre su cinturón el cuadernillo con fotografías de la chica. David hizo ademán de entregárselo pero no lo hizo.

- ¡Oye!

- Vamos a dar una vuelta ¿Va? No pierdes nada con caminar – dijo éste, tomando de la mano a la chica para arrastrarla hasta la gente que caminaba en círculos alrededor de la plaza, sin tener escapatoria por la multitud de gente que los rodeaba, Angélica trataba de no mirar a David para no darle una bofetada allí mismo, aunque notó que éste no le quitaba la mirada de encima.

- ¿Qué tanto me vez?

- ¡Oh pues! Uno no puede deleitarse la pupila porque luego, luego se enojan...

- ¿Una flor para la novia joven? – preguntó un muchacho que entre manos cargaba con rosas rojas envueltas en plástico transparente, ofreciéndole a los varones que iban con sus parejas una flor fresca.

- Él no es mi novio – dijo Angélica, tajante

- Con una de éstas la convence patrón, ándele – decía el vendedor insistente.

- Pues no pasa de que me cachetees otra vez – dijo David, pagándole al muchacho y sacándose el cuadernillo de Angélica de detrás del pantalón - ¿O me vas a hacer el feo otra vez? – preguntó. La chica posó sus ojos en los de David y notó que las esmeraldas en sus ojos lo miraban con un gesto suplicante - ¿O quieres más de una? – El chico puso en manos de Angélica el cuaderno y la rosa con mucha delicadeza, como si sus manos maltratadas por el trabajo fueran a romper los dedos de la chica – Y pos hoy si te ves re-chula.

Sus oídos se cerraron por completo, sentía que las mejillas se le encendían y que las piernas no le respondían. Si no fuera por la gente que al pasar junto a ella le golpeaba los brazos para abrirse paso, hubiera quedado anclada al piso para siempre.

- ¿Qué traes? ¿Estás bien? – Angélica notó que en David se dibujaba el gesto de la preocupación, como si le hubiera hecho daño al pronunciar aquellas palabras.

- No nada... Gracias por... la rosa – dijo ésta, intentando encontrar un punto más interesante que no fuera los ojos del chico.

- Por nada chula ¿Quieres bailar? – preguntó éste, recobrando el optimismo en su voz grave y señalando al quiosco donde alrededor varias parejas se movían al compás de la música.

- No David, me tengo que ir...

- ¿A ‘onde vas? – Preguntó extrañado – Es bien temprano apenas – comentó, mirando el reloj del campanario y las 10: 45 que señalaban las manecillas.

- Es que no le dije a mis papás que venía y...

- Puro pretexto, si a leguas se nota que no quieres bailar conmigo...

- ¡No, no es eso! En serio tengo que irme – dijo la chica, obligando a sus piernas a caminar hacia atrás para dirigirse a su casa.

- ¿Entonces te veo mañana? 

- Sí, adiós – dijo ésta mezclándose entre la gente para desaparecer de la vista del chico. 

- ¡Te veo a la diez! – gritó David, por encima del sonido de las trompetas de la banda y los fuegos pirotécnicos, esperando que Angélica escuchara la hora de su próximo encuentro.