Cabalgando hacia el pozo del agua escuchó que de la camioneta de David emanaba la música que lo delataba en aquel lugar. Angélica dejó el caballo a la orilla del lienzo y caminó hacia el vehículo, donde pudo ver a David en cuclillas. Se aproximó a él en silencio para sorprenderlo, y justo cuando estuvo detrás de él le cubrió los ojos por la espalda.
- ¿Quién soy? – Preguntó, sin embargo, el chico apartó las manos de Angélica bruscamente para darse la vuelta - ¡¿Quién eres?! – Exclamó, al darse cuenta de que no era David a quién tenía enfrente
- ¡Oh pues quien te entiende! ¡¿Quieres que adivine quién eres o que te diga quién soy?! – preguntó el chico gritando, para hacerse escuchar por encima de la música
- ¡¿Qué no sabes que es propiedad privada?! –
- ¿Porqué tanto griterío pues? – preguntó una voz que parecía provenir de debajo de la camioneta, al asomarse, David mostraba la camisa manchada de tierra, al igual que las rodillas del pantalón.
- ¿Quién es él? – preguntó Angélica, señalando al chico que la miraba atónita con los ojos bien abiertos.
- Es mi primo Arturo – contestó David, limpiándose las manos con una estopa – vino unos días con nosotros.
- Oh... – Murmuró Angélica, al ver que había metido la pata. Físicamente era algo parecido a David: era igual de robusto debido al trabajo del campo y tan alto como él, sin embargo sus ojos eran de un color café claro y su piel se notaba más quemada por el sol que la de el novio de la chica – Perdón, yo no sabía que...
- No te apures güerita – contestó éste - ¿Cómo te llamas?
- Angélica – dijo la chica, extendiéndole una mano para saludarlo, lo cual hizo que se arrepintiera al verse la mano manchada en grasa
- Que bonito nombre, casi tanto como tu carita.
- Calmado primo – dijo David, interponiéndose entre los dos – que esta boquita ya tiene quién se la coma a besos.
- ¿A poco sí? ¿Y quién es el suertudote?
- Pos yo mero – dijo David, sujetando con fuerza a Angélica por la cintura, como si temiera que Arturo se la robase.
- ¡Ah primo! Si bien decía que de menso nada más tenías la acara pero pos ya vi que no.
- ¿De dónde eres? – preguntó Angélica, tratando de no hablar más sobre la suerte de David de estar con ella
- Del merito Tequila – contestó con orgullo – Mi amá es hermana de su apá y vinimos unos días pa’ la fiesta, ¿Y tú de dónde vienes?
- Nací aquí, pero me fui a estudiar a Guadalajara.
- Ella es la hija del patrón – dijo David, alejándose de Angélica para volver a la bomba de agua y solucionar el desperfecto – Échame el desarmador de cruz – dijo. Arturo buscaba en la pesada caja de herramientas el destornillador y cuando lo encontró se lo arrojó a David, quién lo atrapó en el aire para poder ajustar la rondana a la manguera.
- ¿Entonces eres hija de Don Cristóbal?
- ¿Conoces a mi papá?
- Pues es el dueño junto con mi tío ¿Cómo no lo voy a conocer? Nada más de vista y por lo que he escuchado, pero nunca he tenido trato con él.
- ¡Échala a andar primo! – gritó David, recorriendo la manguera unos surcos más arriba para que se regara la parte por donde el agua de la zanja no llegaba. Arturo encendió la bomba de agua para verificar que la fuga estuviera reparada y el agua continuara su rumbo por la tierra – Ya está – murmuró para sí, cuando daba por terminada su tarea del día.
- ¿Nos vamos primo? – preguntó Arturo, cerrando la pesada caja de herramientas y cerrando la tapa de la camioneta.
- Me voy a quedar otro rato – dijo David, arrojándole las llaves de la camioneta a Arturo – le dices a mi apá que voy a llegar tarde porque andaba recogiendo unos postes que se cayeron con el tormentón de ayer...
- Ta’ bueno – contestó, devolviéndole la mirada de complicidad a David – hasta luego güerita – dijo, despidiéndose de Angélica.
- Adiós, fue un placer – comentó, antes de que Arturo pisara el acelerador a fondo - ¿Qué le pasa a la bomba? ¿Te vas a tardar mucho?
- Pues no más lo que tú quieras – dijo David, rodeando la cintura de Angélica con los brazos y besándole la mejilla para bajar a su cuello – Porque me debes todavía el beso de anoche. Angélica sentía como la pequeña barba de David le raspaba la tersa piel, su olfato identificó el aroma a sudor que le hipnotizaba y las manos de David le revolvían el cabello tanto como sus sentimientos las ideas en su cerebro - ¿Y ónde dejaste a los presumidos esos? – preguntó, después de que Angélica se quejara de que su barba le irritaba la cara.
- no quisieron venir, creo que fueron a la plaza a la serenata de medio día.
- ¿Te voy a ver en la noche? – preguntó David, tomando a la chica de la mano y acompañándola hasta el caballo. Angélica adoraba ese tono de voz en David: era una súplica en la que no aceptaría un “no” por respuesta, sin usar el grave acento característico del muchacho.
- Si pero... Lo que pasa es que mi mamá se enteró de que me fui a bailar y los dejé solos antes de que empezara a llover, entonces me dijo que esa no era forma de tratar a las visitas y todo eso... ¿No hay problema si van con nosotros?
David quiso tragarse las ganas de gritarle que no, de atropellar a la madre de Angélica con la camioneta o de ponerle una paliza al alzado de Andrés, sin embargo, miró en los ojos de la chica un gesto de compasión al que no se podía resistir.
- Ta bueno... Es más, vamos todo al baile en la noche, llevo a mi primo, tú llevas a tus amigos y nos compramos una mesa para todos.
- ¿En serio? Muchas gracias amor, me alegra que lo entiendas.
- Si como sea... Nos vemos en la plaza como a las nueve, ya que salga de misa.
- ¿Vas a ir a misa? – preguntó Angélica sin dar crédito a lo que escuchaba
- Mi amá quiere que vaya... – dijo éste, como si le doliera admitir que su madre lo castigara aún.
- ¿Y cómo te vas a regresar?
- Nos vamos a regresar – aclaró David, ayudando a subir a Angélica al caballo - ¿O qué? ¿No quieres ir con quién te enseñó a montar?
Angélica no contestó, simplemente se dejó envolver por los brazos de David para que tomara las riendas del caballo mientras se acomodaba en las ancas del animal, dejándole la silla por entero a la chica.
- Éste se llama “Libertad” – comentó Angélica de la nada, acariciando la crin del caballo.
- ¿Cómo? ¿Les pones nombre a los caballos? – preguntó David sorprendido
- ¿Tú no?
- Mi papá dice que cuando quieres mucho algo lo nombras de una forma diferente...
- ¿Y ‘tons porqué me sigues diciendo por mi nombre?
- Porque tu nombre es muy bonito – contestó ella – me gusta llamarte así.
- Pos a mí también me gusta mucho tu nombre, pero para mí siempre serás mi chula – dijo, antes de bajar del caballo – Te veo en la noche – agregó, dándole una palmada al caballo en las ancas para que se echar a andar hacia el pueblo.
- ¡No primo! ¿Cómo me anda metiendo en esas cosas? – Exclamó Arturo con disgusto, después de fajarse la camisa en una de las habitaciones de la casa de Margarita, la abuela de David, que era donde dormían en los días de fiesta debido al tamaño de la casa y al número de visita que la señora recibía.
- Ándele primo, hágame el paro – decía David a modo de súplica, poniéndose las botas sentado en una de las camas individuales – ¿Ya ni porque tuve que ir a misa me va a hacer el favor?
- Pero pos yo ni los conozco – dijo éste – Además yo no tengo la culpa de que lo anden mandando a la iglesia tan grandote.
- Ándele... Mire, si nos acompaña yo le disparo el pisto, pero amos, hazme ese favor.
- ¡Ta’ bueno, pues ya! – Dijo Arturo – no más porque me lo pides primo, pero si me deja solo con ellos me voy y usté se las arregla...
Camino a la plaza, conforme avanzaban las calles el tumulto de gente comenzaba a hacerse más notorio, ya que la calle principal se atiborraba de personas que caminaban lentamente para apreciar los puestos de artesanías y productos varios.
- ¿A cuánto las da amigo? – preguntó David a un vendedor de rosas, que caminaba entre la gente ofreciendo las flores.
- A diez pesos patrón, recién cortadas y fresquecitas
- Deme una – dijo David, pagándole con un billete que sacó de su cartera
- ¿Y eso? No me diga que es para la güerita
- Pues que comes que adivinas, si me trae de un ala la condenada – comentó David.
En el salón de eventos, David pagó la mesa para seis personas y una botella de tequila junto con dos botellas de refrescos y varios vasos desechables. Arturo se quedó en la mesa esperando a David que regresara con Angélica y los demás mientras alrededor notaba como las luces del lugar iluminaban la pista de baile dejando semi-oscura la parte de las mesas. A su regreso y seguido de Angélica y amigos, encontró a Arturo con la pierna cruzada y sentado como si estuviese aburrido a morir.
- Mira primo, ellos son los amigos de mi novia – dijo David, sin soltar de la mano a Angélica –
- Hola Arturo – saludó Angélica con un beso en la mejilla – Él es Andrés – dijo, señalándole al chico que le dio la mano con un apretón – ella es Sofía – dijo, dándole paso a la muchacha que con zapatos de altura vertiginosa no podía caminar muy bien entre las piedras hasta el salón – y ella es Daniela, todos son amigos del colegio y vinieron por unos días.
- Mucho gusto güerita – dijo Arturo a Daniela, sosteniéndole la mano más tiempo que el que lo hizo con Sofía - ¿Nunca habías venido pa’ acá? – le preguntó, en un claro esfuerzo de mantener una charla normal.
- Es la primera vez, y por lo que veo no quiero que sea la última – comentó, admirando el parecido entre ambos chicos y sintiendo el calor de la mano de Arturo envolviendo la suya.
- ¿Gustan? – Preguntó David, ofreciéndoles de la botella de tequila para que se sirvieran, sin embargo Andrés fue el único que tomó la botella para servirse
- ¿Cómo sé que es del bueno? – preguntó Andrés, sirviéndose en un vaso de plástico junto con refresco de toronja
- Cuando lo bates no tienen que quedar muchas burbujas – contestó David, Andrés hizo la prueba: tapó la botella y la sacudió, todos vieron como la espuma y burbujas que se formaron se evaporaban con la misma rapidez.
- Orale si es cierto – dijo Sofía
- Además porque está hecho con agave que se cosecha aquí – añadió David, para sorpresa de todos, incluso de la misma Angélica.
- Eso lo dice todo – dijo Andrés, antes de ser interrumpido por la música de la banda.
- ¿Sabes bailar? – le preguntó Arturo a Daniela en el oído, para hacerse oír por encima del ruido.
- No muy bien – contestó ésta.
- No importa, aquí te enseñas – dijo, y sin esperar réplica jaló a la chica del brazo hacia la pista de baile, dejando solos a los hermanos. Sofía jugueteaba con la rosa que David le regaló a Angélica mientras que Andrés se servía un vaso de refresco tras otro.
- ¿Pos dónde te habías metido? Nunca había visto a nadie tan bonita como tú...
- ¡Cállate! – Exclamó Daniela sonrojada y con calor debido al poco tequila que había probado – seguramente eso les dices a todas...
- Nada más a las más guapas – dijo éste.
David a regañadientes había accedido a que Andrés bailara con Angélica. Al terminar cada canción esperaba a que saliera del barullo con gente sin embargo no aparecía por ningún lado. Cuando por fin Angélica llegó a la mesa, notó que Daniela platicaba muy junto a Arturo, quien usó de pretexto la música para acercarse a su oído para charlar.
- ¿No crees que es mucho? – cuando Angélica tomó asiento junto a David y éste la rodeó del brazo, vio como casi la mitad de su vaso lo ocupaba el tequila.
- Cómo crees – dijo éste, llenando el recipiente con refresco – A los que no están acostumbrados si los tumba luego, luego – dijo, señalando con una cabezada a Andrés, cuya miraba se tornaba perdida y los ojos se notaban algo rojos – pero a los hombres no nos pasa nada – dijo, besando a Angélica, y fue entonces que ésta se dio cuenta de que David tenía un aliento alcohólico muy fuerte - ¿Qué dices chula? ¿Nos echamos la última? – preguntó, invitándola a bailar por última vez.
- No puedo... Nos tenemos que ir. Le dijimos a mi mamá que no íbamos a llegar tarde...
- Uhh que tu amá... Ve y dile que estás conmigo y que ya no ande de preocupona
- Me gustaría, pero es muy estricta y si no llego a la hora que me dijo me va a castigar, y me da pena con ellos – añadió, señalando a sus amigos.
- Pos ta’ bueno, te acompaño hasta tu casa, pa’ que nadie te robe.
Angélica salió al frescor de la calle tomada de la mano de David, tras ellos Arturo abrazaba por la cintura a Daniela, mientras que Sofía trataba de hacer que Andrés no cayera al suelo debido a su paso inestable.
- ¿Te voy a ver mañana? – preguntó David, impidiendo que Angélica abriera la puerta para entrar.
- Si no me castigan, los más probable es que sí.
- Si no te dejan, vengo y te saco de aquí por mis pistolas – dijo apartándose para que los chicos pudieran entrar – Hasta mañana chula – susurró David, ya que su rasposa voz le molestaba por el tequila – ‘Amonos primo – le dijo a Arturo que se despidió de Daniela con un tímido beso en la mejilla.
- Cállate no hagas ruido... – murmuraba Arturo, caminando con sigilo en un oscuro corredor de la casa.
- Pues no estoy diciendo nada... – contestó David, guiándose por el tacto en la sala de su abuela.
Ambos habían llegado hasta un extremo del corredor cuando una luz sobre ellos se encendió. David alzó la vista y al ver la cara de su abuela sintió que la sangre que le hervía por el alcohol, se le congelaba por completo.
- ¿Dónde andaban méndigos escuincles? ¿Andan borrachos verdad? ¿Ese es el ejemplo que le dieron sus padres? – Gritaba, haciendo que las luces en el piso superior y algunas en la planta baja se encendieran - ¡Yo esperando a que llegara alguien a poner la lumbre pa’l el pozole de mañana y ustedes cayéndose de borrachos?
- Pérese abue, es que apenas... – dijo Arturo, tratando de visualizar bien a su abuela, ya que comenzaba a ver doble.
- ¡Apenas nada! – Doña Margarita agarró una cuchara grande de madera y golpeó a Arturo en la espalda, mientras David corría hacia las escaleras - ¡Vengan pa’ acá méndigos descarriados! – gritaba, pero al subir ambos al segundo piso y tras un portazo la casa quedó en silencio otra vez.
- Ahora sé porqué decías que éste era un lugar muy bonito – dijo Daniela - ¡A propósito! Te lo tenías muy guardado ¿Eh? Aunque nadie podría decirle que no a esos ojitos verdes.
- ¡Ya cállense y ayúdenme con este idiota! – exclamó Sofía, que caminaba tan ridículamente como Andrés debido a sus tacones y las piedras en la entrada de la hacienda.
- ¿Cuánto tiempo llevan juntos? – preguntó Daniela, tomando un brazo de Andrés para ayudarlo a caminar
- Apenas unos cuantos días – contestó, empujando la espalda del hermano de Sofía
- Orale, hubiera jurado que lo conocías desde años
- Pues no, cuando llegué a pasar las vacaciones lo conocí y pues... se dieron las cosas - Angélica abrió las puertas de madera y arrastraron a Andrés hasta la sala, en donde lo pudieron dejar en un sillón antes de despertar a todo mundo - ¿Sólo puedo pedirles un favor? Mis papás no saben que David es mi novio, no es que me dejen andar con él – aclaró apresuradamente, al notar la mirada de sus amigas – es sólo que no sé como reaccione al saber que ando con el hijo del administrador de mi papá...
- Yo no le veo nada de malo – dijo Daniela, cruzándose de brazos – Estás en edad de tener novio y creo que David es muy buen partido
- A mí francamente me da igual, no diré nada si es lo que quieres, pero creo que tus padres deberían saberlo – comentó Sofía – buenas noches – dijo, antes de retirarse a la habitación que compartía con Daniela.
- Méndigas viejas como nos traen – dijo Arturo, quitándose la camisa y arrojándola a una silla, mientras David se metía a la cama en bóxers
- Deja tú a las morras, la que nos espera mañana con la güela – dijo David, quitándose el reloj y dejándolo sobre un buró
- Pos sí ¿Pero apoco no valió la pena? – preguntó Arturo.
- No pos eso sí – contestó David, dibujando en su mente el rostro de Angélica, el cual no duró mucho en sus pensamientos ya que el alcohol se encargó de sumirlo en un sueño profundo.