- ¿Entonces vino ayer por la noche? – preguntó Dany al bajar las escaleras para desayunar - ¡Y porqué no me dijiste! Debió haber sido muy romántico – comentó, al imaginarse a David en la sala de aquella casa pidiendo permiso para andar con su amiga.
- Se veía muy nervioso... pero yo lo estaba más – dijo Angélica – pero mi papá dijo que no había problema que él anduviera conmigo, siempre y cuando “me cuidara como a su vida” – agregó, imitando la ronca voz de su padre.
- ¿Y Andrés ya sabe que estás pedida y dada?
- No sé, ¿Tú crees que lo sepa?
La pregunta de Angélica quedó respondida cuando ambas entraron a la cocina, y encontraron a Andrés con un gesto de desagrado, junto a don Cristóbal y Sofía que desayunaban en la rústica mesa de madera, mientras Paz removía ollas y sartenes con una habilidad prodigiosa para su edad.
- Buenos días – saludó Angélica dibujándole una sonrisa a su padre
- Buen día niña... ¿Porqué tan contenta? – preguntó la cocinera, al mirarla de fugazmente y notar que en sus ojos había un brillo especial.
- ¿Por qué será? – Dijo Dany – si ya desde ayer Angy ya tiene novio
- ¿Cómo? ¿Y quién es? – preguntó Paz con curiosidad, limpiándose las manos en el delantal
- Se llama David – dijo Angélica, sirviéndose leche en un vaso
- Es el hijo de don David - dijo don Cristóbal, tomando otra tortilla – es un muchacho trabajador, humilde...
- Y guapo – apuntó Dany, mirando fijamente a Andrés, el cual no cambiaba la expresión de su rostro bajo el cabello desordenado
- Ay niña... te dije que a ese muchacho le falta mucho para ser como su señor padre... – dijo Paz, como si en verdad lamentara la decisión de Angélica
- Es que no lo conoces Paz – dijo la chica – es muy tierno y detallista, todas las noches en la plaza me regala una rosa, me llevó a cenar dos veces...
- Y la invita a los bailes... – interrumpió Daniela de nuevo
- ¿Entonces desde hace tiempo ya te andaba pretendiendo? – preguntó Don Cristóbal, cuando vio los ojos de su hija notó que la respuesta estaba muy clara – Bueno, pues me retiro – dijo, poniéndose de pie y tomando su sombrero – andamos viendo lo del ganado pa’ la charreada del domingo. Con permiso.
- Adiós papi – dijo Angélica, despidiendo a su padre que salió por la puerta hacia el patio principal - ¿Paz, no has visto a mi mamá?
- Salió a caminar niña – contestó – ya sabes que le gusta eso de andar al aire libre, y no la juzgo, con tanto humo en la ciudad le ha de caer de perlas venirse para acá unos días. Y con su permiso, voy a ver si alcanzo misa de once. Con permiso.
Cuando paz salió de la cocina el silencio que le daba paso al tintineo de los cubiertos era algo abrumador, al menos para Angélica.
- ¿Entonces es cierto que andas con el güero de rancho ese? – preguntó Andrés con desagrado
- Sí – contestó Angélica, devolviéndole la mirada desafiante. A ella no le importaba que Andrés fuera dos años mayor que ella, o que fuera hermano de su mejor amiga - ¿Aún no te cabe en la cabeza?
- ¡Lo que no me cabe en la cabeza es porqué a él le dijiste que sí cuando yo me fijé en ti desde que estábamos en la escuela! – exclamó
- Eso es fácil – dijo Dany, sin inmutarse ni elevar la voz – es porque a Angélica le gustan los hombres, no piltrafas.
- Para que lo sepas soy tan hombre como él.
- ¿Ah sí? ¿Y porqué con dos tragos ya estabas arrastrándote? – cuestionó Dany. Angélica temía que la cuchara con la que su amiga comía sus chilaquiles terminara en los ojos de Andrés.
- ¿Y ser borracho me hace más hombre?
- No lo sé. Pero emborráchate así de pronto te hace un pende...
- Ya Dany déjalo – intervino Sofía por primera vez – Angy es muy libre de andar con quien quiera, todos lo somos... Así que cállense y déjenme desayunar en paz.
- Arturo me invitó a un balneario en la tarde ¿Quieren ir? – Preguntó Dany – No tengo idea de donde sea, pero suena bien con el calor que hace...
- No gracias – dijo Andrés, parándose bruscamente de la mesa – El día pinta muy bueno como para desperdiciarlo así, y menos con esos mugrosos
- Como quieras, sólo una cosa: trata de conseguirte una vida, así no estorbas en la de los demás – dijo Dany, antes de que Andrés saliera de la cocina.
El chico no contestó, a Daniela poco le importaba lo que pensara o dijera Sofía o Angélica, y ellas sabían que Daniela era la única de entre las tres que podía mantener a Andrés al margen (aunque siempre era de una mala manera)
- ¿Entonces vamos? – preguntó Dany, como si la pelea entre ella y Andrés nunca hubiese sucedido
- A mí David no me dijo nada, y me sorprende, él y Arturo con muy unidos, de hecho no lo he visto desde ayer en la noche – la rutina de Angélica al despertar por las mañanas no tenían ninguna variación desde que conoció a David: Todas las mañanas bajo su ventana lo veía cargando la camioneta con palas y machetes, sacando a los caballos o enredando las soguillas para lazar. Al bajar a desayunar, lo veía todos los días por la ventana de la cocina cuando salía a caballo hacía el azufrado, donde la mayoría de las veces lo alcanzaba antes de mediodía, justo cuando terminaba su labor.
- Yo no sé – dijo Sofía – si voy, sólo voy a ser el mal tercio con ustedes.
- Pues te buscamos a alguien – dijo Daniela, como si fuera lo más lógico del mundo - ¡Cómo si aquí no hubiera de donde escoger!
- ¡Oh claro! Como me encanta andar tras los hombres como a ti
- Yo no busqué a nadie, fue Arturo el que solito cayó... deberías salir a conocer chavos, si andas siempre atrás de tu hermano vas a quedar solterona
- ¡Cállate!- gritó Sofía, dándole una patada a Dany bajo la mesa.
- Vamos Sofí – dijo Angélica, tras dejar que ambas charlaran mientras ella desayunaba tranquilamente – No tienes nada que perder... Podría ir Andrés también
- ¿Y que se arme la pelea en público? No gracias, prefiero quedarme encerrada rezando a pasar vergüenzas.
- No sabes de lo que te pierdes – dijo Dany, levantándose de la mesa y dejando los trastos en el fregadero – Yo pensé que al llegar aquí me encontraría con puras vacas, y ya viste que buena carne hay.
- Voy a buscar a David ¿Nadie quiere ir conmigo? – después de la negativa de sus amigas, Angélica tomó las llaves de la motocicleta y salió camino al azufrado.
En la parcela donde estaba el pozo del agua, la camioneta de David estaba bajo la sombra de un árbol junto al lienzo, pero no se veía el chico por ningún lado. No se veía aparecer a lo lejos, ni que tampoco saliera de entre la caña. Angélica pensaba ir al pozo del agua cuando detrás de la camioneta un sonido llamó su atención. Al asomarse a la caja del vehículo encontró a David acostado con las manos bajo la cabeza, sus piernas cruzadas y el sombrero en una rodilla. Su boca entreabierta dejaba en evidencia que su estado de sueño era profundo como para que el sonido del motor de la motocicleta no lo hubiera despertado.
Angélica sacudió levemente un pie del chico, haciendo que éste despertara sobresaltado.
- Buenos días – saludó la chica, recargándose en uno de los lados de la camioneta - ¿Trabajas muy duro eh? – dijo ésta, sentándose junto a él en la tapa de atrás.
- Quiubo chula... ¿Pos qué hora es? – preguntó David, tallándose los ojos para acostumbrarse a la luz
- Casi la una – contestó - ¿La pasaste bien ayer eh?
- Pos como no, si estuvimos baile y baile – dijo David, recordando el día de ayer
- Oye... me comentó Dany que Arturo la había invitado a un balneario, no sé si quieras ir...
- ¿Tú quieres ir? – Preguntó David, quitándose la camiseta para sacudirla de la tierra de la camioneta – porque si tu quieres yo quiero – David rodeó la cintura de Angélica con sus brazos y se acostó en la camioneta con la chica sobre él. El cabello de Angélica le cosquilleaba la cara y el pecho mientras ella besaba los labios de David con la misma delicadeza con la que él le acariciaba la espalda.
- ¿Entonces sí? – preguntó Angélica, mirando su reflejo en los ojos de David
- Pos sí, ¿Nos vamos ahorita ya?
- No, en la tarde, no sabes cuánto tarda Dany en arreglarse, y si convencemos a Sofí de ir con su hermano pues...
- ¿Va a ir aquel? – preguntó David, separándose de Angélica, ante la sola mención de Andrés o de su hermana la sangre le hervía en las venas.
- No sé, espero que no – dijo la chica - ¿Entonces te veo en la tarde?
- Ya dijiste chula, ahí te llego en la tarde pa’ irnos – dijo David
- ¿Sabes si está lejos? – Preguntó Angélica – Es que nunca he ido y la verdad no sé en donde quede
- Está yendo pa’ la carretera de Atotonilco, a unos veinte minutos antes de entrar al pueblo. Todo derechito, no hay pierde.
- Bueno, nos vemos al rato – Angélica montó la motocicleta y desapareció tras una nube de polvo.
Por la tarde, Angélica esperaba impaciente en su habitación junto con las otras chicas, Sofía se veía las puntas del cabello mientras que Dany esperaba a que su celular cargara por completo. Del otro lado de la casa en el patio principal, se escuchaba el sonido insistente de un claxon en la calle.
- No primo, va a tener que ir a su casa por ella
- ¿Y tú qué? ¿Aquí bien campante mientras yo te traigo a tu morra? No ni madres, ‘amos los dos – David empujó a Arturo hasta la casa, donde Paz abrió la puerta – Buenas tardes ¿Está Angélica?
- ¿Pa’ qué la quieres? – preguntó Paz de mal modo, mirando de arriba abajo al chico y a su primo, como si fuera un filtro de control de calidad
- Usté’ nomás háblele, no tengo que andarle dando explicaciones
- Méndigo chamaco grosero ¿Crees que puedes venir a esta casa a gritar así como así?
- ¿Qué pasa Paz? – preguntó Angélica desde las escaleras, al ver a David bajó corriendo para encontrarse con él en la puerta.
- Nada niña, aquí el joven llegó a buscarte.
- ¡Dany! ¡Sofi! ¡Ya llegaron! – gritó la chica, los pasos entusiasmados de Daniela y los perezosos de Sofía hicieron aparición en la escalera.
- ¿A dónde van hija? – preguntó Paz, al ver a las chicas cargando bolsas de mano.
- Vamos a ir a nadar un rato – dijo Dany – con tanto calor es una buena idea darse un chapuzón.
- Anden pues, con cuidado niña – dijo Paz, en especial a Angélica.
- A ver güerita, pásame tus petacas pa’ acá atrás – dijo Arturo a Sofi
- ¡¿Qué?!
- Tus bolsas hombre, ni que se fueran a mudar ¡Mira no más! Bien dicen que cuando más grande la bolsa más cosas le quieren meter – dijo Arturo, quién abría las puertas de la doble cabina de la camioneta para que las chicas ocuparan el asiento trasero.
Arturo condujo por una carretera en donde a ambos lados se podía ver solamente sembradíos de caña, la única construcción que anunciaba el comienzo de una zona habitable, lo ocupaba el balneario, cuyas verjas de metal daban la bienvenida a los bañistas. Después de pagar y estacionarse (lo cual no fue difícil, debido a la poca gente que había) los chicos bajaron de la camioneta para buscar un lugar en cual quedarse a pasar la tarde.
- Hey chula ven, hazme el paro – dijo David. Angélica se acercó extrañada a él debido a su tono de voz – nos las trajimos frías, pero no sabemos si nos dejen tomar aquí adentro – dijo, sacando de debajo del asiento trasero un six de cervezas. Angélica no tuvo más remedio de abrir su bolsa para que el chico las metiera allí, y éste llevara las toallas de Angélica en la mano.
- ¿Y cómo que dónde nos cambiamos? – preguntó Sofía, sentada en unas bancas de cemento que había en la cima de una pequeña colina, donde justo al pie de ésta estaba la piscina principal
- Allá están los baños – contestó David, señalando unos cuantos metros a su derecha.
- ¿No van a ir a cambiarse? – preguntó Dany, dejando sus cosas sobre la mesa de piedra.
- ¿Y pa’ qué ir hasta allá? – David y Arturo se quitaron la camisa y los tenis, quedando listos para la piscina. Angélica notó que la piel de David no era de un tono del todo uniforme, sus brazos eran más morenos que su pecho y piernas, debido al trabajo bajo el sol.
- Bueno, como nosotras si tenemos vergüenza, vamos a ir a...
- ¡A que te gano primo!- gritó David, corriendo con Arturo tras la colina abajo para lanzarse a la alberca.
- ¿Y quieren que me busque uno igual? – preguntó Sofi a sus amigas, viendo cómo David saltaba a la piscina antes que Arturo – están locas.
Mientras Dany y Angélica se cambiaban, Sofía cuidaba las bolsas en donde se quedarían a pasar la tarde, junto a ellos había otra mesa con tres chicos que hablaban cosas que Sofía no llegaba a escuchar debido a los audífonos en sus oídos. Cuando las tres estuvieron cambiadas y listas para nadar se acercaron a la alberca (Sofía de mala gana) para mitigar el calor.
- ¡Vente flaquita! – gritó Arturo chapoteando para mojar a David a propósito.
Angélica y Sofía entraron a la piscina con cuidado por las escaleras, mientras que Dany simplemente se había dejado caer en los brazos de Arturo sobre el agua.
- ¿Es fácil aprender a nadar? – preguntó Angélica a David
- ¡Cómo! ¿No sabes?
- No – contestó ésta con pena – he intentado pero siento que me ahogo...
- A ver abre los brazos – David alzó las piernas de Angélica para cargarla – te voy a soltar ¿Eh?
- ¿Qué?
- No más no te muevas, y estira los brazos – A Angélica no le quedó más que obedecer, sintió como David retiro los brazos de su espalda y percibió la sensación de flotar por unos segundos, pero sus nervios hicieron que sus pies tocaran el suelo de nuevo.
- ¿Unas luchitas primo? – Arturo se sumergió en el agua. Segundos después Dany vio que sus rodillas estaban por encima del límite del agua cuando Arturo la cargó sobre sus hombros, David hizo lo mismo con Angélica, metiéndose entre sus piernas bajo el agua para estar en igualdad de condiciones.
- ‘Ora sí chula, enséñales quién manda...
- Osh, que infantiles – dijo Sofí, recargándose en el borde de la piscina para tomar los rayos del sol.
Tras la derrota de Dany y Arturo los cinco salieron de la piscina para sentarse bajo la sombra del árbol en las bancas de cemento, las chicas abrían bolsas de papas mientras que David y su primo envolvían las latas de cerveza en servilletas de papel para que nadie notara que eran bebidas alcohólicas.
- ¿Y tu hermano? – preguntó Arturo a Sofía para no sonar tan maleducado con ella, la chica leía una revista a través de sus gafas oscuras y alzó la mirada para responder.
- Iba a ir a la unidad deportiva, no sé, le gusta jugar basketball.
- El papá de Angy dijo algo de una charreada, ¿Saben cuándo va a ser? – preguntó Dany, poniéndole limón a sus papas.
- El mero día de la fiesta – contestó Arturo, después de un largo trago a su cerveza camuflada – Don Cristóbal y su familia siempre agarran el mero domingo de la fiesta, hacen charreada, baile, la misa de los ranchos...
- ¿Entonces si se pone en grande? – preguntó Sofí
- Tanto que no sabes ni de dónde sale tanta gente – dijo Arturo – la plaza está retacada el mero día, si te mueves de tu lugar, te lo ganan aunque estés parado.
- El mero día es cuando se junta más gente, Don Cristóbal manda a poner pólvora alrededor de la plaza, a la medianoche después del castillo no sabes ni pa’ donde voltear de tan bonito que se pone.
- Órale, habrá que esperar – dijo Sofí, sumergiéndose en su revista de nuevo.
- ¿Cómo es una charreada? – preguntó Dany
- Pues en un lienzo charro hay dos equipos de dos haciendas, y conforme van haciendo las suertes les van dando o quitando puntos – dijo Arturo
- ¿Qué son las suertes? ¿Es esa cosa que hacen con la soga?
- No es una soga, es una reata, una soguilla más dura que las normales...
- Las suertes son la cala, los piales, la cola, el jineteo – decía David, enumerando con ayuda de sus dedos – la terna, las manganas y el paso de la muerte.
- ¿Y cuál es la otra hacienda? – preguntó Angélica, quién incluso para ella todo aquello era nuevo.
- Se me hace que la de Zacoalco, pero pos no sé – contestó David.
- A medida que avanzaba la tarde, David se fue acercando más a Angélica, ésta se había tirado en el pasto detrás de la banca leyendo la revista de Sofía (quién moría de aburrimiento al mismo tiempo que la batería de su teléfono) cuando despacio David se acorrucó en su regazo.
- Oye amor...
- ¿Mmm?
- Tú deberías salir junto a ellos – dijo Angélica, mostrándole una foto de la revista – David abrió los ojos y miró la imagen fugazmente
- Son jotos – dijo, volviendo a cerrar los párpados.
- No todos los que salen en las revistas son gays – dijo Angélica – nada más los guapos como tú salen – Angélica se giró para quedar frente a David, puso la revista abierta sobre sus rostros y besó al chico suavemente.
- ¿Porqué te tapas? – Preguntó David, atrayendo más a la chica hacía él - ¿Te cala el sol o te da pena que te vean conmigo?
- No quiero que te vean, podrían ponerse celosas – susurró ella
- Déjalas, ya sabes que eres la única potranquita que se anda en mi corral – dijo éste, los pies delicados de Angélica jugueteaban con los suyos haciendo que la piel se le erizara por completo - ¿Voy a llegar por ti en la noche?
- ¿Qué banda va a estar?
- No sé... Total, eso es lo de menos, vamos a cenar, a bailar y después a donde tú quieras.
- Disculpa, ¿Está ocupada esta silla? – una sombra alargada le ocultó la luz del sol a Sofía, recostada sobre un camastro. A través de las gafas oscuras se percató de que los rayos del sol estaban siendo bloqueados por alguien.
- ¿Qué? – preguntó, quitándose los audífonos
- Que si esta silla está ocupada – repitió el chico y fue entonces que Sofí se dio cuenta de que hablaba con un tono americano.
- No... no, llévatela – dijo ésta, poniéndose los audífonos de nuevo
- Hey dude, come on! Beers are here! – escuchó Sofía que llamaban al chico frente a ella.
- What’s your name? ¿Cómo te llamas? – preguntó él, poniéndose en cuclillas para estar más cerca de ella, que seguía acostada.
- Sofía – contestó con indiferencia
- ¿Puedo llamarte Sophie?
- No, no puedes. ¡Angélica, Daniela ya vámonos! - exclamó, dejando perplejo al chico e interrumpiendo a las demás parejas en un momento de intimidad.
- ¿Qué pasó? – Preguntó Dany, mirando a Sofía recostada y al chico casi de rodillas frente a ella.
- Ya me quiero ir, él no deja de molestarme
- What? – dijo éste, poniéndose en pie, dejando ver sus delgadas piernas y huesudas rodillas bajo unas bermudas muy holgadas.
- Sofi por favor, no empieces...
- ¿A qué? Éste tipo se me acercó así de la nada.
- Por favor perdónala, es algo neurótica – dijo Dany, metiendo sus cosas a las bolsas, siendo ayudada por Angélica - ¡Dios Sofí que vergüenza con él!
- Vergüenza es lo que le falta a ése – dijo Sofí, echándose su bolsa al brazo y caminando hacia el estacionamiento.
- En verdad lo siento – le dijo Dany al chico – no suele comportarse así.
- A veces está más loca – dijo David.
- ¡Tú cállate güero de rancho! – gritó Sofía, llamando la atención de algunos bañistas.
Dentro de la camioneta, se veía a Sofía todavía molesta, a David, Arturo y Angélica desconcertados y a Dany realmente furiosa con su amiga.
- ¿Qué pasó? ¿Te manoseo? ¿Te tocó? ¿Te hizo propuestas indecorosas? Porque si no es así, no veo porque ese pobre gringo se merecía la gritiza que le diste, y tú baja el volumen – dijo Dany a Arturo, que las miraba de reojo por el retrovisor.
- No me pareció que se me acercara así... tan cerca.
- ¡Ay sofí, sofí! Si no te das una oportunidad con nadie no vas a ser feliz.
- ¿Crees que necesito un hombre para ser feliz?
- ¿En verdad quieres que te responda?
Un silencio incómodo se cernió hasta llegar a la casa de Angélica, donde Sofía bajó y subió a la habitación donde dormía sin mirar atrás.
- No pos sí que tus amigas son medio especialitas ¿Eh? – Dijo David – mejor te veo en la noche... No se me vaya a pegar lo loco...
- No seas payaso David, en verdad no sé qué pasó, pero el pobre chavo se moría de la pena
- Pobre vato, un día del año que alguien pela a esa morra y le hace el feo. Pa’ mi que se va a quedar cotorra.
- Bueno, te veo en la noche... Dijo ésta, entrando por el portón que Sofí dejó abierto a su rabioso paso.
- En la noche vengo por ti a tu casa como debe de ser
- Bueno... Entonces adiós...
Angélica se despidió con un fugaz beso en la mejilla, sabía que lo vería horas más tarde, pero aquel contacto con él la hacía sentir con vida, misma que necesitaba para no morir en la lucha campal entre Dany y Sofí.