The Glam Life - Capítulo Final





Para Dany, que confió en esta historia desde el principio.


Para Mayra, Pili y Brenda, que se enamoraron de la trama y los personajes tanto como yo.


Para Mony: Que me hizo ver los errores y gracias a eso llegué hasta aquí.


Para Cherry, Karen, Carolina, Hecknor todos esos nombres que no recuerdo, para los anónimos y los que cayeron aquí por casualidad.


Para los que estuvieron aquí desde el inicio, los que quedaron atrapados en la trama y continuaron con esto hasta el final:


Gracias





- Oye levántate... – decía Ben, agitando bruscamente a Chris sobre su cama.

- ¿Qué diablos pasa?

- Tu padre quiere hablar contigo.

- ¿No puede esperar una hora más? – preguntó, consultando su reloj

- No, y por lo visto no es nada bueno.

El chico se vistió con rapidez y salió hacia el corredor. Respiro con profundidad, como si fuese a internarse en las bravas aguas del océano, sin embargo la pacífica voz de su padre del otro lado de la puerta indicando que entrara. La primera visión que tuvo de Alex fue que la noche anterior no repercutió para nada como lo había hecho en él, las ojeras y los ojos hinchados de llorar hasta quedarse dormido pareciesen haberse esfumado de la cara de su padre.

- ¿Será que puedas hacer algo bien alguna vez en tu vida? – preguntó Alex en cuanto tuvo en frente a su hijo. Christopher se sobresaltó alarmado, el rostro de su padre era el de un león sobre su presa acorralada, nunca lo había visto tan furioso como esa vez – Pedí específicamente batidores de platino, no de plata, ¿Acaso la música que escuchas además de atrofiarte el cerebro te deja sordo?

- No papá, yo...

- Y esto – tomó una pequeña botella negra de fragancia de entre algunos que había dentro del maletín – Pedí el Hugo Boss Orange, no el Hugo Boss Night...

- Perdón papá...

- Un “perdón” no basta Christopher, me decepcionaste... ¡Diablos! Pensé que en verdad te estabas comprometiendo con lo que hacías, que dabas todo de tu parte por hacerlo bien... He notado los gestos que haces cuando Ben o yo te damos alguna orden. Llegué a pensar que disfrutabas de todo esto pero... me equivoqué – Alex hizo una pausa para tomar aire dándole la espalda a su hijo – Empaca rápido, Ben te llevará al aeropuerto para que regreses a Londres – dijo éste, sin dirigirle la mirada.

Christopher observaba a su padre sin comprender ¿Cómo es que el hombre que la noche anterior se había tocado el corazón para decirle una dura verdad a su hijo, sería tan cruel como para enviarlo de regreso a casa? Eso no era lo peor de todo, sino que en casa su madre lo estaría esperando para reprimirlo por su error, aunque no estuviera enterada por completo de lo que se trataba. Al notar que su padre no pensaba girarse para decirle adiós a su hijo éste pensó en mil cosas con las cuáles excusarse ante él, cada una más débil y estúpida que la anterior.

- ¿Sigues aquí? – preguntó Alex con la fría voz que su garganta producía para dirigirse a un trabajador que no había obedecido a sus órdenes o cuando quería imponer su lugar como editor.

Sin reprochar, salió de la habitación dando un portazo. Sobre su cama metía todas las prendas de los diseñadores le habían obsequiado, cada camiseta, camisa y par de zapatos le recordaban el tipo de hombre que era su padre: la persona ambiciosa a la cual no le importaba aplastar los sueños de chicos como Ben o ignorar a personas como Charlie para seguir en su trono.

- Oye... en verdad no sé qué hayas hecho – dijo Ben en el taxi que los dejó en el aeropuerto – pero sea lo que haya sido, debió ser grave.

- No estás ayudando Ben

- Lo siento, pero es la verdad... Quizá la moda no sea lo tuyo – comentó – un millón de chicos darían un ojo de la cara por estar en tu lugar.

Sentado en el avión, pensaba en las palabras de su padre: “Lo de Mercury es algo pasajero... Sólo un capricho nada más”. Pensó en las propuestas de los diseñadores que había recibido a lo largo de 10 días. Posar frente a una cámara no era su concepto del sueño realizado, sin embargo, había recibido más apoyo que sentándose fuera de una discográfica esperando a que lo invitaran a grabar, lo cual le hacía plantearse la idea de dejar la música como única opción.

- Buen día señor Davis – saludó uno de los choferes de Vogue al verlo llegar por la sala de abordar – esperaba a recibirlo hasta mañana ¿Hubo cambio de planes?

- Al parecer sí - dijo éste con pesar, dándole su maleta para que la arrastrara por él. El auto donde había pasado tanto tiempo del verano ahora le recordaba la nostalgia de los momentos compartidos con Oliver, el cuál imaginaba (incluso soñaba) como sería un evento como los que Christopher tanto detestaba.

Frente a él el edificio de Condé Nast se imponía con la misma fuerza que siempre supuso, la de una edificación en donde las personas que caminaban con sus mascotas o andaban en patines por las aceras no imaginaban que la mejor revista del planeta para hombres se confeccionaba hoja por hoja tras las puertas de cristal. Para su sorpresa, el chofer no entró por la entrada del estacionamiento, sino que condujo varias calles más al sur del edificio hasta perderse en una zona comercial done no había estado antes

- Disculpe... Éste no es el camino a casa – comentó Chris, más curioso que expectativo.

- Lo siento señor, pero mis órdenes son otras – contestó el chofer amablemente, tocándose la boina en señal de respeto.

El auto se detuvo frente a un local desgastado con muros llenos de grafiti y cortinas metálicas que daban el aspecto de ser un mercado de artículos robados, junto a la única puerta que parecía estar intacta por el paso de los maleantes, había tres chicos, uno de ellos le daba la espalda al auto de la compañía y los otros dos estaban sentados sobre la acera. A Chris le llamó la atención uno de ellos, la forma en que llevaba unas baquetas en la parte trasera del cinturón le resultaba familiar.

- Llegamos señor – anunció el chofer, cuando el vehículo se detuvo por completo. Christopher bajó temeroso del auto esperando que aquello no se tratara de una broma de mal gusto o una dura lección por parte de su padre. Caminando muy despacio hacia la acera, logró identificar una de las voces de los chicos en la acera

- ¿Joe? – preguntó, haciendo que el chico con las baquetas en el cinturón se girara e hiciera una mueca de sorpresa.

- ¿Chris? ¡Viejo! ¡Pensé que no vendrías!

- ¿Qué hacen aquí? – preguntó éste conmocionado, viendo a sus amigos de la banda en un callejón en donde nunca antes había estado.

- ¡No lo vas a creer! – Dijo Eddie - ¡Nos llamó un tal George preguntándonos si queríamos hacer audición!

- No teníamos nada grabado – dijo Jimmy, poniéndose de pie – porque el idiota de Eddie grabó porno sobre nuestros demos...

- Sin embargo, vinimos a hacer la audición sin ti...

- Y el George ése nos dijo viniéramos de nuevo hoy – dijo Joe

- ¡Para tocar en el concierto de Pete Yorn! ¿No es increíble? ¡Mojé mi cama ayer por la noche!

- ¡No inventes! – Christopher quería contenerse las ganas de echarse a gritar y golpear a Eddie en la cara - ¿Cuándo?

- Ahora – contestó Eddie

- ¿Hoy?

- Sí, hoy – aclaró Jimmy, como si a Chris no le quedara en claro la fecha aún

- Pero... No tenemos nada... No tengo guitarra ni...

- Todo está adentro, George consiguió instrumentos, sólo te necesitábamos a ti ¿Entramos o qué?

Joe tomó a Chris por el brazo y entraron por la puerta, donde del otro lado se escuchaba un bullicio ajeno a la pasibilidad de la calle, gente del equipo técnico corriendo de un lado para otro y elementos de seguridad mirando el entorno con suspicacia enmarcaban la imagen de un backstage ajetreado.

- Pete está del otro lado – comentó Jimmy, señalando la pared donde un espejo sucio enmarcaba el camerino improvisado – solo vamos a abrir su concierto, obviamente no nos dirigirá la palabra, aunque sería genial que por lo menos nos sacara un ojo con su guitarra por accidente.

- Dos minutos – anunció un obeso y calvo organizador del evento asomándose por la cortina que simulaba una puerta. Joe golpeaba con nerviosismo sus rodillas con sus baquetas, mientras Jimmy se concentraba para no vomitar debido a los nervios. Christopher cerró los ojos y pensó en su padre: a kilómetros de distancia rodeado de prendas sumamente caras mientras el diseñador le hablaba de su inspiración para crearlas. Pensó en su madre despreocupada en algún salón de belleza o spa, pensando que su esposo tenía todo bajo control, y por último pensó en George, que siempre se las arreglaba para frustrar los planes de su padre, trató de deducir como había conseguido que un auto lo recogiera en el aeropuerto, consiguiera una audición y pudiera abrir el concierto de Pete Yorn. Las piernas le temblaban y su cabeza no dejaba de darle vueltas, fue una mano sobre su hombro la que lo sacó de su ensimismamiento silencioso.

- ¿Listo? – Una voz rasposa y profunda tras él le hizo abrir los ojos como nunca, Pete llevaba su guitarra y le ofrecía otra idéntica al chico – Sé que tenemos que hacerlos esperar, pero no tanto – comentó – son buenos, escuché algunos demos y en verdad suenan bien, ¿Abriremos con For Nancy, de acuerdo?

- ¿Abriremos? – Preguntó conmocionado – ¿Tú yo, y nosotros?

- ¿Sería increíble no crees?

Christopher sólo se limitó a asentir con la boca abierta, fueron las piernas las que se encargaron de llevarlo hasta detrás del escenario, donde los gritos de la multitud eran tan ensordecedores como siempre los había soñado. Las luces se atenuaron envolviéndolos en la oscuridad total. Fueron las señales de Joe en la batería las que marcaban el comienzo del espectáculo, la guitarra de Pete se fusionaba con la de Eddie y Christopher, haciendo que la muchedumbre estallara en gritos de un momento a otro.

Sus dedos no dejaban de ir y venir en las cuerdas de la guitarra, sus pies iban al compás de la batería y sus ojos se perdían en la infinidad de miradas que lo observaban a él. La mejilla de Eddie se encontraba con la suya al compartir el micrófono para cantar los coros, sus ojos cerrados con fuerza y su cabello alborotado lo acompañaron canción tras canción, el público enardecía junto con ellos y disfrutaba de cada segundo sobre el escenario y los aplausos.

- Terminemos con esto – dijo Pete, con una sonrisa enmarcada por su mirada tras sus Ray-Ban - ¡Rock Crowd! – gritó en el micrófono, provocando que el público se volviera frenético una vez más. Pete dirigió una mirada a Chris y éste entendió que debía comenzar a tocar, la atmósfera del lugar cambió en conjunto con la iluminación: la oscuridad cedió paso a una luz violeta que hacía resaltar los rostros de todos los presentes, los que estaban lejos y los que podían tocar los pies de los músicos, cada uno de ellos frente a Chris para escucharlo, para verlo. Él hacía lo mismo: miraba cada una de las caras que le regresaba la mirada, hasta que reparó en una terriblemente familiar. Su padre estaba al fondo de la sala recargado en uno de los pilares de donde colgaban cortinas que le daban un toque elegante a aquel lugar lleno de adolescentes con jeans rotos, por una extraña razón sus manos no dejaban de tocar, pero su corazón amenazaba con detenerse. Fue entonces cuando su padre hizo un gesto con las manos que Chris no comprendió desde el principio suponiendo que en cuanto pusiera un pie bajo el escenario su padre lo estrangularía, sin embargo, notó que Alex lo incitaba a seguir tocando. Los golpes de la batería y los gritos del público hicieron que Christopher entrara en un éxtasis que lo hacía quedarse sin aire para corear con la gente el resto de la canción.

- ¡The Garage! – gritó Pete al micrófono, haciendo que la ovación de los fans fuera tan fuerte como su eco – Una increíble tarde – comentó, apartándose un mechón de cabello mojado en sudor de su frente – gracias a la banda y sobre todo gracias a ustedes – dijo haciendo una profunda reverencia haciendo que su cabello se alborotara más. Las luces se extinguieron y Pete seguido de los chicos abandonó el escenario para adentrarse en el pasillo que los llevaba a sus respectivas camerinos. Joe seguía golpeando las cosas con sus baquetas a su paso y Jimmy corrió sin soltar su guitarra hasta tirarse en un sillón roto de una pata.

- ¡No inventes, fue increíble! – exclamó Joe subiendo los pies al sillón para seguir golpeando sus rodillas.

- ¿Vieron eso? Gritaban con nosotros, creo que puedo acostumbrarme a la fama después de todo – dijo Eddie.

- Estuviste fantástico – dijo una voz desconocida en el momento para ellos, Alex se giró en la única silla que parecía mantener el peso de una persona sin quebrarse – fue genial.

- Qué... ¿Qué haces aquí? – preguntó Christopher, el nerviosismo a la muchedumbre y el temblor en sus piernas habían pasado de ser por el concierto al temor de ver a su frente a él padre.

- Lagerfeld me prestó su yet – comentó – cuando le dije que se trataba de ti no lo pensó dos veces.

- Pero... ¿Y París? ¿Y Ben?

- Nada es más importante que tu futuro, además creo que Ben le encantará ser el número uno – dijo éste, poniéndose de pie y llevando a su hijo fuera del alcance de las cervezas que aparecieron de la nada – verás: estaba pensando y me convencí a mí mismo: “Si Christopher va a mantenerme cuando sea anciano... ¿Por qué no que sea de algo que en verdad le gusta?” fue entonces que planeé todo esto...

- Lamento mucho mi error - comentó Chris - en verdad intenté...

- ¿Bromeas? Fui yo quién te exigí demasiado... además, necesitaba una razón para hacerte volver sin que Ben sospechara de que te daba prioridad a ti y no al trabajo

- Pero George llamó a Jimmy consiguió la audición para...

- ¿George? El idiota está en Brasil... Espero que se rompa el cuello bailando capoeira – susurró – Oye – Alex tomó a su hijo de los hombros y lo miro de frente – no dejes que nadie, nunca, ni siquiera yo te diga que no puedes hacer algo, porque puedes lograr muchas cosas.

- ¿Pero qué hay de mamá? – preguntó tímidamente, Alex recordó cuando Christopher tenía seis años y temía mortalmente mentirle a su madre.

- Nunca hablé con ella porque sabía que diría que no... Tienes diecisiete años, estás en edad de mandarnos al diablo a tu madre y a mí, así que hazlo y disfruta tu momento, si tu felicidad nos costará algunas lágrimas, estamos dispuestos a pagarlas. Ahora ve y goza a tu multitud enloquecida – Alex besó fugazmente la frente de Chris y le palmeó el hombro – iré a casa y me enfrentaré a tu madre. Hasta luego campeón – dijo, antes de emprender la marcha hacia la salida de emergencia.

Alex caminaba entre equipo técnico que corría de un lado para otro y los guardias de seguridad que se empeñaban en mantener a los fanáticos en raya, cuando a su paso Pete salió de una puerta del pasillo.

- Tiene talento – comentó, mirando a Chris cuando sus amigos le ofrecían una cerveza y éste la destapaba con los dientes.

- Sí, así es – contestó Alex – gracias por todo Pete, te debo una.

- No es nada amigo, esa portada en verdad fue fabulosa.

Cuando Pete se despidió de Alex, éste miró una última vez hacía atrás. Su hijo sonreía y se veía en su rostro la expresión de jovialidad y triunfo, caminó hacia la salida y subió al auto de Vogue que lo esperaba para llevarlo a casa. Otro de los Davis había logrado su sueño.