- ¿Tiene algo para el señor Davis? – preguntó Christopher a la chica de la recepción, esperando que no viera que aún moría de sueño a pesar de estar en pie frente a ella vestido en pijama y descalzo, ya que la noche pasada suplicó a Brenda que enviara cuanto antes las fotografías que su padre le había exigido y las fragancias de las cuáles la mayoría desconocía el nombre.
- En efecto – dijo la chica, buscando bajo el mostrador lo que fuese que había llegado – acaba de llegag hace unos minutos – comentó, extendiéndole un sobre sellado y un pequeño maletín – que tenga buen día, Monsieur.
- Merci – contestó Christopher – tomando el paquete y maletín y regresando al ascensor con paso desganado donde uno de los asistentes de Hamis Bowles lo miró de arriba abajo antes de salir del elevador y subir por las escaleras.
Caminando por el alfombrado pasillo suprimió un bostezo y tocó a la puerta de su padre, el cual se abotonaba la camisa al momento de abrir.
- ¿Aún no estás listo? – preguntó. Era más que obvio que ni siquiera Christopher estaba despierto por completo – Date prisa, no tengo tiempo para revisar esto, lo haré en cuanto volvamos – dijo, dejando el maletín y el sobre en la mesa de la sala - llama a Paul Smith y cancela la fiesta, iremos a la de Lanvin esta noche, que el auto esté fuera a las 9 en punto, que nos deje en la fiesta a las 9:15 y que vuelva por nosotros a las 11:30 ¿Entendiste? - Christopher asintió. “9. 9:15. 11:30. Auto. Fiesta. Hotel.” era lo único que necesitaba recordar en ése orden, ya que todos los horarios de la fiesta estaban perfectamente cronometrados para cuando Alex quería salir de un evento en una hora determinada, caso contrario era cuando llamaba a su hijo o a Ben para que pidiera un auto para regresar al hotel cuanto antes.
Christopher salió de la habitación de su padre como si caminara hacia la horca. La poca motivación que había despertado con él falleció al vestirse para los últimos desfiles de París.
Alber Elbaz (diseñador de Lanvin) le obsequió en persona una docena de corbatas de moño a Christopher diseñadas por él mismo, argumentando que era “un accesorio más juvenil y fresco que las corbatas que usa su padre”. Agnès Andrée Marguerite atendió a cada uno de los editores de Vogue que asistieron a su desfile, al término del show, éste agradeció el apoyo de Macario Jiménez y de Alex como máximos publicadores de su trabajo. Paul Smith por su parte, no dejó de intentar persuadir a Christopher de ser su imagen de campaña, con lo que sólo logró un “debería pensarlo” como respuesta de parte del chico.
- Deberías llamar a los organizadores de la fiesta de Paul Smith – dijo Ben en la habitación – cancelar y confirmar a Lanvin.
Christopher no contestó, se acercó al teléfono y marcó el número que había bajo la invitación de Paul Smith para dejar en claro que su padre no iría como parte de una decisión anticipada de última hora, como siempre.
- ¿Hola? Sí, llamo de parte de Alexis Davis de Vogue Men UK, al parecer no podrá asistir a su fiesta por motivos de trabajo – dijo, y es que si algo aprendió de Ben, es que su padre tenía que sonar muy ajetreado para no asistir a una fiesta por la cual miles de chicos matarían por ir – Bien, gracias.
Rebuscó en la agenda de Ben y marcó el teléfono de Lanvin, sabía que las fiestas más asediadas por el sector de la moda eran las últimas de la Fashion Week, así que sabía que no sería fácil confirmar una asistencia de último minuto.
- ¿Sí? Llamo de parte de Alexis Davis de Vogue Men UK para confirmar su asistencia a la fiesta del señor Elbaz... Sí, espero... – Si hubiera sido Ben el que hubiese llamado, estaría rastreando la llamada para golpear al tipo del otro lado de la línea que “verificaba” si Alex estaba en la lista de invitados – Si, esta noche... ¿Junto a Linda Evangelista? – preguntó en voz alta para que Ben o escuchara, el cuál asintió afirmativamente, peor que no confirmar la asistencia a una fiesta estaba el hecho de que compartiera mesa con alguien que detestaba – si claro, quiere que el auto pase por él a las 9 en punto... Gracias – Chris colgó el teléfono con triunfo y se tiró en la cama - ¿Sabes qué es lo mejor de todo esto? – preguntó al techo, esperando que Ben respondiera por él – Que mañana regresamos a Londres y no tendré que vivir esto jamás...
- Error – dijo Ben – mañana son los showrooms de la semana de la moda de París, es mi día más importante: es el día en donde todos los asistentes acompañan a los editores a mirar las prendas de la pasarela cara a cara. Elegimos lo que se mostrará en la revista y que después terminará en nuestro armario.
- ¿Qué? ¡Debe ser una broma! ¡No soporto un día más aquí!
- ¿Pensabas que tu padre se conformaba con ver prendas sobre una pasarela? Tienes mucho que aprender de esto, ahora ve y dile que confirmaste la fiesta de Lanvin.
Christopher sentía ganas de arrojarle a Ben cualquier cosa que tuviera a la mano, sin embargo en su camino a la puerta no se encontró con ningún objeto punzocortante.
- Adelante – la voz de Alex sonaba diferente, como si fuera a anunciar el deceso de alguien – Ah, eres tú...
- ¿Esperabas a alguien más?
- A Ben, para arreglar algunas cosas para mañana... ¿Tienes algo que decir, o...?
- Sí, confirmé la fiesta de Lanvin, el auto pasará por nosotros a las 9:00 como lo pediste...
- Correcto... Alístate para los desfiles, salimos en 20 minutos – comentó Alex mirando su reloj.
Los últimos shows fueron los que transcurrieron con más lentitud. Pensar que tenía que pasar un día más en aquella ciudad, rodeado de hombres con una vida vacía cuyo existir se basaba en prendas de algodón y autos de lujo.
Qasimi, al igual que Thom Browne y Jonny Johansson arribaron a Christopher para hacerle propuestas que ése apenas entendía:
- Sólo imagínalo – decía Jonny, tomando a Chris por los hombros – tú... en un traje de baño color-block y una tabla de surf en Hawaii... ¿No es fantástico?
- Suena increíble... pero no creo que ser modelo sea mi profesión – contestaba Chris a cada oferta espontánea que le ofrecían, el hecho de imaginarse rodeado de mujeres semi-desnudas, en una playa exótica o con un traje de miles de libras lo hacían convencerse cada vez más de que la música era lo suyo.
- La última fiesta en París – susurró Ben con nostalgia, tras anudarse el moño de los tantos que Alber le obsequió a Chris.
- ¿No vas a comenzar a llorar o sí?
- Es la última fiesta de tu padre, así que debe de ser perfecta, debemos estar a su lado siempre, como perros guardianes, ¿Entiendes? Si pide un auto, lo consigues, si dice que cantes, lo haces, si quiere que le llenes la copa de champaña tienes que tener una botella cerca siempre, ¿de acuerdo?
- ¡Si, ya entendí! Diablos, ¿tanto por una maldita fiesta? Una vez en casa de Jimmy pintamos a su perro con aerosol, ésa fiesta sí que fue buena.
- Déjame adivinar: Jimmy vive en el cobertizo de sus padres, compra sus camisetas en un botadero, sólo tiene dos pares de zapatos y uno de ellos es para retirar la nieve en invierno ¿Cierto?
Christopher no contestó, el hecho de que Jimmy usara los mismos zapatos de siempre y durmiera sobre la habitación de sus padres no era motivo para considerarlo una escoria de la sociedad.
En la fiesta de Lanvin, los detalles del color rosa y rojo se esparcían por todo el lugar: tanto en los manteles como en el color de las flores que adornaban las paredes y las mesas con arreglos llenos de listones y delgados tubos de LED que cambiaban de color.
- Ven Chris, quiero presentarte a alguien – dijo su padre, ofreciéndole una de las dos copas que tomó de la charola de un mesero que ocasionalmente pasaba por allí – James, él es Christopher, mi hijo. Chirs, és es James Spanfoller, presidente de la revista Forbes – el aludido extendió una mano la cuál fue estrechada por el chico.
- No sé porqué veo ante mí a un chico con un futuro brillante – dijo éste, como hiciera una predicción más que un comentario adulador – Dime... ¿Te interesan los negocios?
- El de la música llama mucho mi atención – contestó Chris, dando un elegante sorbo a su bebida – no creo que haya otro más que me guste tanto.
- Permíteme presentarte a un amigo: Él es Karl-Johan Persson, el presidente ejecutivo de H&M – dijo, presentando al hombre que estaba a su costado.
- ¡Vaya! Después de todo creo que ya tenemos rostro para nuestra campaña...
- Lo siento señor... No me llama la atención posar frente a una cámara.
- ¿Es en serio? Digo, tus padres están en esto – comentó, y para su desgracia Christopher notó que su padre había desaparecido de su lado – ¿Qué dice tu madre al respecto?
Una sencilla pregunta que presagiaba una noche larga, en donde Ben se interesaba demasiado por Linda Evangelista mientras que su padre charlaba animadamente con Alber en la mesa del diseñador. Todo mundo (incluidos fotógrafos, socialités, actores, cantantes, e incluso modelos) se empeñaron en no dejarlo sólo toda la fiesta, es como si de la nada tuviera un imán en el cuerpo que atrajera a gente indeseable con la que le disgustaba conversar.
- Mariano es un asiduo colaborador de la revista - dijo Alex al subir al ascensor, de regreso al hotel, Chris recordó como Vivanco lo arribó cuando iba por otra bebida y le comentó que le gustaría trabajar con él en una editorial “diferente” – fue el fotógrafo de nuestra boda. James hace un excelente trabajo, queda perfecto con lo que estás estudiando en la universidad... A pesar de ser una línea lowcost H&M ha sabido mantenerse en el mercado – decía Alex justo delante de su habitación, donde Ben anunciaba que se iba a la cama – Oye... hablé con tu madre – comentó Alex en un tono de confidencialidad, abrió la puerta de su habitación y Christopher lo siguió con interés.
- ¿En serio? – Christopher había olvidado el compromiso de su padre
- Sí, me comentó que Lagerfeld podría elegirte como imagen de su colección deportiva ¿No es genial? Además John Galliano le propuso que hicieran unas fotografías juntos para su nueva tienda en Shanghái ¿qué dices?
- No lo sé papá – dijo éste, el alcohol que circulaba por su cuerpo y la palabrería de su padre hacía que la cabeza le diera vueltas.
- Deberías pensarlo seriamente, es una oportunidad única que...
- Igual que la de Mercury Records – comentó, estaba tan poco acostumbrado a interrumpir a su padre que él mismo se sorprendió.
- Lo de Mercury es sólo algo pasajero, un capricho que...
- Es un sueño...Uno de tantos de personas como yo que esperan que suceda
- ¿Me vas a decir que no prefieres esto? – preguntó Alex extendiendo los brazos, la habitación de lujo que Condé Nast había facilitado para ellos era sólo una pequeña muestra de la opulencia de cuanta persona se involucraba en la moda – la ropa gratis, las grandes fiestas, zapatos de diseñador y todo aquello que te ha dado esta vida glamorosa?
- Yo no quiero una vida glamorosa papá – comentó Chris mirando a su padre a los ojos
- ¿Bromeas? Todo mundo quiere ser como nosotros
- ¡No papá! ¡Tú quieres que viva una vida exactamente igual a la tuya! ¡Una vida vacía llena de ego! ¡¿No tienes idea de cuántas personas hay allá afuera cuya vida depende de una estúpida publicación mensual?! ¿¡Personas como Ben y Charlie!? ¡Si es ese tu concepto de la vida perfecto no pienso vivir ni un segundo más!
- ¡NO VUELVAS A DECIR ESO!
La sangre que hervía dentro de Christopher se había heló por completo, nunca había escuchado a su padre gritarle de esa manera, su única reacción fue quedarse inmóvil con su mano izquierda sobre la manija de la puerta.
- Por favor... No vuelvas a repetirlo – Christopher se giró sobre sí mismo y vio a su padre sentado al borde del sillón, su rostro no era el de la bestia furiosa que Chris visualizaba apenas segundos atrás, sino que, con las manos cobre la cara daba el aspecto de un hombre cansado, frágil y débil – Antes de... Antes de casarnos, tu madre estaba embarazada – la voz de Alex sonaba apagada y distante, como si no la hubiera usado en años, fue entonces cuando Chris notó que su padre derramaba lágrimas – un día lluvioso íbamos en el auto y... tuvimos un accidente donde... ella perdió al bebé – Alex hizo una pausa para poder recuperar el habla, un pequeño momento en el que Chris trataba de asimilar las cosas – tiempo después nos casamos y... naciste tú – dijo, mirando aquellos ojos azules enrojecidos por las lágrimas repentinas – cuando tenías apenas un año, recuerdo que mi barba te hacía cosquillas en tus pequeños pies – dijo Alex – recuerdo que cada noche tu llanto me recordaba que estabas vivo, con nosotros, cuando no llorabas corría a ver si seguías conmigo... y me pasaba la noche en vela viéndote dormir – Chris había dibujado en su mente la escena de manera inconsciente: una cuna en medio de la oscuridad y su padre vigilando el sueño de un bebé que dormía plácidamente sin preocupaciones. Nunca le había pasado por la mente que pudo haber sido un hermano menor, uno que se quejaba del hermano mayor, egoísta, aprovechado y manipulador – cuando... te separaron de nosotros, quería morirme, yo mataría por ti... maté por ti – dijo, acercándose a Chris de manera suplicante, como un muerto de hambre implora las migas de pan – por favor... no vuelvas a decir eso.
Alex se arrojó a los brazos de su hijo, sin temor de que sus lágrimas y muecas de dolor delataran de sensible al hombre más poderoso en la industria de la moda.
- Sé que quieres vivir una vida, pero tu madre y yo nos empeñamos en que sea lo más fácil posible – Alex se separó de Christopher y fingió no ver sus ojos color zafiro hinchados – ahora ve a dormir... mañana tendremos un día muy largo.
Con la garganta seca, Christopher salió al pasillo y entró a la habitación, donde Ben yacía en la cama dentro de un profundo sueño. Se sentó al borde del colchón y de talló los ojos con fuerza, el acontecimiento de aquella noche le hacía ver la vida de manera diferente: pudo haber tenido un hermano, alguien a quién culpar cuando ocurría algún destrozo en la casa, alguien con quien compartir su primea cerveza, fue entonces cuando se dio cuenta de que su padre cumplía con ese rol también... La verdad de aquella situación es que ninguno de los Davis pudo dormir aquella noche.
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Tenía que
saberlo tarde o temprano, y siendo sinceros creo que Charlotte nunca se lo
diría. Siempre pensé que Alex iba a ser así cuando Chris fuese un bebé: lo
imaginaba a un lado de su cuna mirándolo dormir, de hecho ambos padres son
sobreprotectores de alguna manera, pero de formas distintas.
