XCVIII - El reconocimiento




- ¡Vamos, levántate! – decía Ben, golpeando con la almohada al bulto bajo las sábanas en la cama aledaña a la suya - ¡Arriba!


- ¿Qué diablos te pasa? – preguntó Chris apartándose el cabello de la cara


- Tu padre va a recibir un premio de última hora – dijo Ben, arrojando el instrumento con que había despertado a Chris a su cama - Como si no fuera suficiente pérdida de tiempo llevar a tu madre y abuelos al aeropuerto... ¡Odia los planes de última hora!


- ¿Qué tiene eso de malo? – Christopher buscaba a tientas las prendas adecuadas dentro de su maleta para comenzar el día dos horas antes de lo previsto.


- Tu padre detesta este tipo de eventos, ahora toma lápiz y papel o lo que sea para escribir y toma nota...


Christopher obedeció sin chistar, tomó un bolígrafo y una hoja en blanco de la agenda de Ben para plasmar lo mejor que pudo el discurso de agradecimiento en francés que Ben le dictaba con rapidez.


- ¿Cómo diablos se escribe eso?


- ¡Sólo anótalo! – exclamó Ben, esperando que la inspiración no dejara de fluir para terminar el discurso.


Al auto que los llevaba al aeropuerto los esperaba fuera del hotel, Charlotte, Alex y Christopher comandaban la primera unidad mientras que Ashlee, Alana y Patrick iban en el segundo. Christopher pensó en lo afortunado que era al acompañar a sus padres y no quedarse con Ben para reprogramar un desfile, confirmar una cena o cancelar una fiesta.


- Te esperaré en Londres – murmuraba Charlotte, en el momento de la despedida – cuídalo bien ¿Entendido?


- Como a mi propia vida – contestó Alex.


- Hasta pronto mademoiselle – dijo Chris a Ashlee - ¿Te divertiste estos días? – preguntó, esperando que el tiempo que su novia haya pasado junto a su madre no fuera tan malo como el pensaba


- ¿Bromeas? Llegamos a una tienda y la cerraron para que ella pudiera elegir un simple par de zapatos, tus padre son increíbles. Recuerda que te estaré esperando en mi ventana a que llegues con Amy...


- ¿Me das una razón para volver? – preguntó éste, buscando los labios de la chica. Ashlee no podía resistirse a la mirada dulce de Chris cuando éste se decidía a besarla una vez más.


- Bien es hora de irnos, ¡Suéltala! Tengo que entregarla a sus padres en una sola pieza – decía Charlotte, apartando a Chris de la chica – Cuídalo ¿De acuerdo? Si algo le pasa juro que te dolerá más a ti.


- No te preocupes, estará bien. De eso me encargaré personalmente.


Los desfiles de Maison Martin Margiela, Kenzo, Dior Homme, Miharayasuhiro, Hermès, Raf Simons y Ann Demeulemeester transcurrieron con cierto nerviosismo por parte de Chris y Ben, el hecho de que un acto sorpresivo se presentara ante ellos era una verdadera prueba de fuego para verificar que tan comprometidos estaban con su trabajo fuera de un edificio administrativo.


- Tu padre canceló la fiesta de Dior para recoger el premio – comentó Ben, camino a la recepción para recoger los encargos que Alex exigió el día anterior – tú irás con él, y yo iré a verificar que no haya más sorpresas en lo que nos resta de estancia – Ben lo dejó en medio del corredor con el temblor en las piernas que se había apoderado de él desde que comenzó el día, sin embargo pensó que al lado de su padre nada podría salir mal.


- ¿Nos vamos? – preguntó la voz de su padre detrás de él, al parecer sonaba tan disgustado con el cambio de planes como Christopher pensó que estaría, pero... ¿Porqué no sólo mandaba a Ben en su lugar para recogerlo? ¿Acaso no podía hacer que una ceremonia de esta índole se retrasara a que terminaran los desfiles? Al parecer su padre no tenía tanto poder como él pensaba.


Para sorpresa de Chris, la fabulosa fiesta de la que hablaba Ben se celebraría en ese mismo hotel, en donde las mesas circulares se vieron engalanadas con manteles blancos y arreglos florales, un pequeño escenario con un estrado y el logotipo de Vogue detrás en una cortina de seda eran los únicos elementos para adornar la tarima de madera. La luz tenue de la noche era un marco perfecto para una gala improvisada, algunos reflectores de luces de colores estampaban su destello contra las paredes y los cristales de las ventanas, aumentando su intensidad. A su llegada, identificó a varios de los editores de Vogue en mesas esparcidas por aquí y por allá, algunos acompañados por asistentes y unos más por familiares de los mismos, los cuáles Chris identificaba por su parecido con algunos de los directores de revista.


Frente a él, había platos vacíos de porcelana y copas llenas de aire, sólo una pequeña canasta con galletas era el recipiente con contenido comestible en toda la mesa. Christopher moría de hambre debido al jugo de naranja y ensalada de frutas que Ben “se tomó la libertad de pedir para él” que comió, sin embargo temía tomar una galleta por temor a ser juzgado por todos aquellos hombres con dietas rigurosas y rutinas de ejercicios ante la tentación de comer azúcar.


- Buenas tardes – anunció un hombre con traje impecable, acompañado de una chica que al parecer su único cometido era presumir su dentadura – el día de hoy, el equipo de Condé Nast se tomó la libertad de organizar una pequeña reunión antes de volver a sus países. La semana de la moda comenzó como una presentación de las creaciones que se realizaban en los talleres de confección de los diseñadores emergentes que...


Christopher adivinaba porque su padre odiaba ese tipo de eventos: el efecto soporífero de una clase de historia era el mismo que reinaba en ese lugar, donde todos fingían poner atención y dibujar una sonrisa a cambio de que no les preguntaran un nombre histórico o una fecha. Sentía cómo sus párpados iban cayendo poco a poco cuando el nombre de su padre resonó en su cerebro y lo hizo abrir los ojos más que nunca:


- Alexis Davis ha demostrado que la moda ha sido asunto de hombres desde hace casi 18 años – comentó el presentador, señalando a Alex en una de las mesas finales, junto a la salida. Alex se puso de pie e hizo una reverencia acompañada de una sonrisa que dibujó de último minuto – pero antes, veamos el paso de la moda masculina por la historia – dijo, extendiéndole una mano a la chica sonriente para ayudarla a bajar la tarima sin que tropezara con esos zapatos altísimos que Charlotte dominaba a la perfección. En seguida, una proyección de imágenes en sepia y videos de siglos atrás se hicieron presentes en la manta que simulaba una pantalla de cine improvisada.


- No tengo tiempo para éstas estupideces, yo me largo...


Sin nada que agregar Alex se levantó de la mesa sin que nadie reparara en su acto.


- ¿Pero y el premio?


- ¿Crees que me importa? Sube y recógelo tú – y sin darle tiempo a Christopher para responder, se fue.


- ...es un honor para nosotros, entregar este reconocimiento a Alexis Davis por su entrega y dedicación a una revista que desde sus inicios se ha consolidado como una de las mejores en el sector de la moda masculina. Por favor, recibamos en este estrado a su director, al ícono de la moda y célebre editor en jefe Alexis Davis.


La sala estalló en aplausos justo en el momento en que notó que el corazón dejaba de latirle. No tenía tiempo de pensar, de maldecir a su padre por haberse largado con el discurso que escribió rápidamente para él, no tuvo tiempo de maldecir a Ben por dejarlo allí sólo. Sus piernas avanzaron solas, derecha-izquierda, derecha-izquierda, y subieron los tres peldaños del estrado sin incidentes. Si no hubiera estado tan desconcertado, quizá habría notado que los aplausos habían dado paso a un silencio sepulcral mientras la gente trataba de deducir quién era el chico sobre el estrado. Fue entonces cuando una luz intensa se reflejó en su cara y todo mundo quedó perplejo. Una fuerza que salió de ningún lugar lo hizo extender los brazos y recibir el galardón que la chica y notó que cientos de miradas desconcertadas e intrigantes se clavaban en su rostro, teniendo la certeza de que iba a morir ahí mismo debido a un paro cardiaco.


- Hola – saludó Chris, su voz amplificada decenas de veces le erizó la piel, siempre se había imaginado en un escenario, pero tocando la guitarra con los ojos cerrados y gritando al micrófono – me llamo Christopher Davis y soy el... bueno... a nombre de mi padre quiero agradecer este bonito premio – dijo, notando en lo horrible y retorcido que parecía el galardón de cristal – todos los que conformamos Vogue estamos orgullosos de nuestro trabajo.


Sin pronunciar otra palabra bajó de la manera más digna con la que pudo haber salido de la habitación, al darse cuenta de que estaba en el corredor del hotel, corrió hacia el elevador, en donde cerró los ojos con fuerza tratando de borrar el recuerdo de los últimos minutos, las piernas aún le temblaban cuando caminó por el pasillo del último piso, con débil fuerza tocó a la puerta de su padre.


- Si querida, está bien – decía éste al teléfono, sin duda hablando con Charlotte sobre Chris. Alex tomó el galardón de cristal y le hizo una seña a Christopher para que entrara a su habitación – te llamo después linda – dijo, colgando el teléfono – Necesito las muestras de las fragancias “Bang” de Marc Jacobs, Hugo Boss Orange, Dior Fahrenheit, The One Gentleman y Agua de Sándalo; necesito que llames a Patrick y que cambie el orden de los modelos en esta fotografía – le extendió a Chris una imagen de tres chicos en la costa de Turquía mostrando trajes de baño – quiero que sean Thomas, Seb y Anthon de izquierda a derecha en ese orden, mañana revisaré las imágenes de los accesorios para el hogar... Ahora ve a dormir – dijo. Chris estaba asombrado de cómo su padre podía cambiar el tono de voz profesional a sonar un padre que le da las buenas noches a su hijo.


El chico se puso su pijama y aún con ese cosquilleo de nerviosismo sobre su cuerpo se adentró entre las sábanas.


- Oye Ben... ¿Papá alguna vez te ha dado las gracias por hacer algo bien?


- Digamos que lo hace a su manera – contestó éste de inmediato, despejando la idea de Chris de que dormía ya - Para ser sincero, nadie pensaba que el chico americano ocuparía el lugar que tanto deseamos aquella tarde – dijo – todos soñamos con ser el número uno, pero en aquel pasillo de Condé Nast Alexis Davis llegó para dejarnos en el número dos... y como verás, ser el número dos en este mundo no es tan malo después de todo.


Chris no había pensado las cosas de esa manera. Siempre había pensado que su padre llegó a las puertas de Newhouse y éste lo había puesto en donde está ahora, sin embargo, la realidad acerca de su vida glamorosa era otra.