III - Charlotte McDonald





A Rupert le habían llegado ruidos desde el piso de abajo, recordó la noche anterior y se vistió lo más rápidamente que pudo con la ropa que tenía puesta cuando llegó a la casa de Alex. Bajó las escaleras y lo vio sentado en un sillón de la sala con montones de papeles extendidos en la mesa central y en el sillón del lado izquierdo.

- Buen día – dijo Rupert tímidamente.

- Hola – contestó Alex sin devolverle la mirada - ¿Quieres desayunar algo?

- No gracias, no quiero ser una molestia.

- Si sigues diciendo eso terminaré creyéndomelo - dijo él, y sin esperar una réplica le comentó: - acaban de llegarme los complementos para la revista, y no sé que elegir para el número de hoy.

- ¿Complementos? – preguntó Rupert.

- En cada número se agregan muestras de fragancias, tratamientos para el cabello o cremas para el cuerpo. Ten – le dijo Alex extendiendo el brazo y ofreciéndole una caja pequeña – No me gusta el Hugo Boss, es muy cítrico y me marea. ¿Podrías ayudarme con esto? – dijo pasándole un sobre – no sé qué portada elegir. Rupert tomó el sobre y se sentó en la esquina de la mesa.

- ¿Y cómo es que me pides ayuda a mí? – dijo, sacando el perfume y oliendo el tapón.

- Sólo elige una – dijo quitándole el sobre de las manos y sacando tres portadas impresas en cartón solamente con la fotografía, no había ni la tipografía de Vogue ni titulares de reportajes. – Tú eliges: Zac Efron o Rafael Nadal - y al ver que había una portada más la tomó y la rasgó en dos partes – excepto ésta, estoy harto de Kortajarena.

- ¿Cómo decides quién se queda y quién no? – preguntó sorprendido.

- No te preocupes, todos hacen una sesión de fotografías para Vogue, firman un acuerdo en que serán usadas solamente para la revista pero no se especifica si para una portada que dará la vuelta al mundo o si será solamente para un reportaje interno. – explicó – justo lo que pasó con nosotros, firmamos un contrato que no leímos y ahora nos tachan de inmortales.

- Sabes, tengo que irme… - dijo Rupert mirando a Alex a los ojos – aprecio mucho lo hiciste por mí, eres un gran amigo.

Alex se quedó contemplando el rostro de Rupert durante un tiempo considerable. Nadie le había dicho lo había juzgado como un amigo en los dos años que llevaba viviendo en otro país que no fuese el suyo.

- ¿Estás bien? – preguntó Rupert extrañado.

- Sí… - dijo Alex recuperando la cordura y volviendo al libro de la revista añadiendo la portada de Zac Efron que Rupert eligió. – Es sólo que… Olvídalo, seguramente tienes cosas que hacer y yo te entretengo con mi trabajo, Lo siento.

- No hay problema – respondió Rupert tomando la maleta deportiva del día anterior que había arrastrado tras de sí al bajar las escaleras. – Y gracias de nuevo.

Salieron a la calle donde estaba el auto de Rupert, arrojó la maleta al asiento trasero y poniendo en marcha el vehículo.

- Hasta luego amigo – dijo Rupert sacando una mano por la ventana y golpeando a Alex en el estómago - Y gracias de nuevo.

- Ya lárgate sí. Tantas gracias me marean.

Rupert sonrió y emprendió la marcha doblando en una esquina.

Alex regresó a la sala de su casa y viendo que tenía una hora más se sentó a terminar el número siguiente de la revista, agregando una muestra de la reinvención de un nuevo perfume de Perry Ellis y un tratamiento facial de Vichy Homme. Había terminado de formar lo que sería la revista cuando sonó el teléfono de su casa, cruzó la sala y contestó:

- ¿Sí?

- Señor Davis, soy Rose. – le habló una voz de mujer desde el otro lado de la línea – le hablo para decirle que el Sr. Newhouse quiero verlo cuanto antes en su oficina.

- ¿Pasó algo? – preguntó, sabía que las veces que lo citaban en la oficina era para recibir noticias no muy agradables, como el despido de Galliano por sus declaraciones racistas.

- No sé nada señor – contestó Rose – sólo me pidió que le informara lo que acabo de decirle.

- Voy para allá. Gracias. – Colgó el teléfono, tomó el número de la revista, las invitaciones a los desfiles de moda, y salió. Durante el trayecto en el taxi no pudo imaginarse lo que podía esperar: si una lamentable noticia o algo que haría de Vogue un imperio más grande.

Al llegar al edificio se dirigió hacia el ascensor ignorando los saludos y bienvenidas de los trabajadores de la planta baja. En el cuarto piso prácticamente corrió hasta el escritorio de Rose, le dejó el ejemplar próximo y le dijo:

- Aquí está el próximo número, listo para la impresión. Hasta luego. – Dijo, dejando su bolsa, el número listo para la impresión en masa y la caja con las invitaciones.

Luego corrió hacia el otro lado del corredor en donde estaba la oficina del señor Newhouse. Al llegar frente a la puerta se detuvo de golpe, respiró hondo y llamó.

- Adelante Alex – contestaron desde el otro lado.

- Buen día señor – saludó tímidamente, pero entrando con paso decidido y sentándose en la silla frente al director de Condé Nast.

- Directo al grano: ¿Puedes explicarme que es esto? – sobre el escritorio puso una fotografía donde aparecían Alex, Rupert y George Craig. Alex tragó saliva para explicarlo pero el señor Newhouse se adelantó: - ¿Qué parte de la trinidad te corresponde a ti? ¿El espíritu santo?

- Todo fue un mal entendido, los tres coincidimos en el mismo evento, no era mi intención llegar a esto…

- Pero lo hiciste – interrumpió Newhouse postrando sus ojos verdes sobre los avellana de Alex.

- Fue una coincidencia, ni siquiera quería ir, lo hice para quedar bien con los organizadores – trató de defenderse, pero el señor Newhouse levantó una mano para detener la avalancha de declaraciones y palabrería.

- Lo hiciste bien, los tres lo hicieron bien.

- ¿Qué? No entiendo.

- No fue una coincidencia, el departamento de relaciones públicas de la revista fue co-organizador de los BAFTA, así que hicimos un pequeño complot para que la banda de George tocara en la fiesta después de la ceremonia, Rupert presentara un premio y tu asistieras como un socialité y editor en jefe.

- ¿Así que fue usted quién mandó a ellos a derretirnos la pupila con los flashes?

- Yo no, la revista.

- ¿Y con qué fin?

- Todos son buenos en lo que hacen, así que fue buena publicidad para todos, la revista se venderá más, a Rupert le lloverán proyectos y a George se le abrirán más fechas. Así de simple – Antes de que Alex replicara o dijera algo a su favor el sr Newhouse agregó: - Pero eso no es todo, queremos que te des un tiempo fuera de la revista y asistas a todos esos desfiles a los que te han invitado en Milán. Las colecciones de invierno se presentarán y queremos que representes a Vogue en el Front Row de cada desfile.

- ¿Cuatro días en Italia viendo ropa? Eso puede remendar el daño hecho hasta ahora.

- Sabía que aceptarías – dijo poniéndose de pie – y ahora te presento a tu asistente personal que te acompañará a Milán por cuatro días – señaló hacia un sillón que estaba detrás de la puerta y Alex vio a una chica de la cual no había notado su presencia por su llegada intempestiva. – Ella es Charlotte McDonald, estudiante de relaciones públicas y becada por su desempeño académico.

- Mucho gusto Alex – dijo Charlotte extendiéndole una mano, pero cuando éste se la tendió la chica se acercó a besarle la mejilla junto a la comisura de los labios.

- Espero que se lleven bien, por al menos cuatro días – dijo el Sr. Newhouse volviendo a su escritorio y firmando unos papeles membretados – Ella se encargará de tu agenda en Milán, cualquier cosa que necesites, sólo pídelo y ella moverá montañas por conseguirlo.

- Haré hasta lo imposible por usted señor Davis. – dijo la chica mirándolo a los ojos. – Linda pajarita, por cierto.

- Ehh… Gracias – contestó Alex –

- Bien, ahora pueden retirarse, se pondrán de acuerdo para ver la hora y fecha de su salida a Milán, Charlotte se encargará de todo: boletos de avión, hospedaje, y transporte local. – dijo poniéndose de pie y acercándose a la puerta – Tengas los dos lindo día. – concluyó, haciendo una invitación a que salieran de su oficina.

- Le pediré a su secretaria su número telefónico para estar en contacto – dijo Charlotte adelantándose a salir de la oficina –

- Claro, hasta luego – contesto sin siquiera mirarla.

- Señor… - dijo Rose poniéndose de pie a su llegada – su bolsa y las invitaciones están sobre su escritorio, el ejemplar ya está en la imprenta y Vichy y Perry Ellis están enterados para abastecer sus suplementos, llegarán esta tarde a la imprenta para ser añadidos – dijo de un solo golpe, y recuperando el aire ante la mirada de Alex añadió – Si asistirá a la semana de la moda Milán puedo ponerme en contacto con las casas y diseñadores para confirmar su presencia. Dado que falta una semana será mejor confirmar desde ahora.

- Sí, confirme la presencia del desfile a todos los que mandaron invitación, Charlotte se hará cargo de decir que no a las fiestas. Gracias Rose.

Pasó el resto de su día laboral escribiendo en el blog de la página de internet de la revista, acerca de lo que se esperaba para la semana de la moda de Milán y las propuestas ahí mostradas. Al ver que tenía tiempo de sobra ayudó a su recepcionista a confirmar su asistencia en representación de Vogue.

- Buenas tardes, está llamando a la oficina de representación y relaciones públicas de Nicole Farhi – contestó una voz amable desde el altavoz en la oficina de Alex - ¿Puedo ayudarle en algo?

- Soy Alexis Davis, jefe editorial de Vogue Man International y llamo para confirmar mi presencia en el desfile del día 19 de Junio en la semana de la moda de Milán.

- Bien, tengo su recado, el evento se llevará a cabo en el Pitti Uomo a la hora y fecha establecida en la tarjeta. En el lugar del evento encontrará su lugar apartado en primera fila con una bolsa de regalos. Fue un placer tomar su llamada señor Davis.

- Gracias. Hasta luego. – presionó el botón del altavoz y la llamada se cortó. Miró el calendario de la semana de la moda y notó que faltaban 5 firmas a las cuáles confirmar, así que dejó que Rose se encargara de ellas.

Tomó su bolsa con un considerable peso menos y salió cerrando la puerta tras él.

- Rose – dijo dirigiéndose a la recepcionista - ¿Puedes confirmar los desfiles que quedan?

- Por supuesto señor – dijo la secretaria poniéndose de pie.

- Gracias, y lo que te digo ahora es una orden: En cuanto termines, sal de esta prisión de lujo y tómate el día libre.

- Gracias señor – dijo Rose, emocionada.

- Y deja de llamarme señor… - dijo Alex volviéndose a ella, ya que había emprendido su marcha hacia la salida – me haces sentir viejo.

Y con una sonrisa de complicidad bajó hasta la planta inferior, salió a la calle y tomó un taxi. Para salir de la monotonía pidió que se desviara a un centro comercial. Pisó la húmeda acera de la calle y se dirigió hacia el interior. Compró el café frío y recorrió el centro comercial de arriba a abajo. Tantas tiendas maravillosas, con escaparates luminosos, la moda británica que tanto le fascinaba por su espíritu libre y su falta de presunción en ser comercial. Compró dos abrigos y una bolsa de mano. Salió pidiendo un taxi (porque siempre pensaba que manejar un auto en Londres sería un caos) hacia su casa. Al llegar notó que en la contestadora había un mensaje, presionó el botón del altavoz y se escuchó una voz familiar pero desconocida a la vez debido a la interferencia:

- Hola Alex, soy George – la voz de George Craig le llegada amortiguada debido a la calidad de la grabación – me enteré de que asistirás al desfile de Burberry en Milán, espero vernos ahí. ¿Te quedarás a la fiesta por la noche, no? Como sea, te veo en el Front Row de Milán. ¡Hasta luego, dude!

Escuchar la voz dinámica de George le hizo pensar que en Milán se sentiría como en una expedición o en una escuela nueva: sería el extraño que quizá esté allí por error y debería andar con cuidado de no tocar ni romper nada. George tenía experiencia en ello: modelaba, cantaba y asistía a desfiles de la casa británica desde hace años.

Alex sintió las ganas de hacer del baño (una acción de su rápida digestión) y subió las escaleras, al terminar de orinar vio que la puerta del dormitorio para visitas estaba entreabierta. Entró y pudo notar que estaba impecable como siempre, como si Rupert no hubiese estado allí. Excepto por un detalle: Sobre la cama estaba la ropa que Alex le había prestado y a un lado los zapatos de gamuza manchados de lodo, y encima de ellos un post-it de color verde que decía “Lo siento” y un puñado de billetes arrugados, incluso algunos húmedos todavía.

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¿Por qué Charlotte? Da la casualidad de que estaba viendo la colección de zapatos de Charlotte Olympia y escuchaba a Amy Macdonald al mismo tiempo

¿Por qué Rubia? Porque no me parecía que ella también fuera castaña y el cabello negro con unos ojos azules (que en realidad quería que fueran azules) no combinada a la perfección.

Cabe recalcar que ella sintió atracción desde el primer momento en el que entró a la oficina: lo miró como todo un hombre de negocios que toma decisiones importantes y que a la vez denota masculinidad cuando dirige una revista de moda.