IV - Los Manhattan de nadie





Había comenzado la mañana del sábado limpiando la alfombra con la aspiradora debido al polvo y el lodo seco que dejaron Rupert y él tras llegar en medio de una tormenta. Algo de música de Radio Hits en volumen alto y una botella de agua fría eran los acompañantes perfectos para un fin de semana de asueto. 

Con el ejemplar terminado de un nuevo número la carga se aligeraba bastante, prácticamente tenía que asistir a la oficina los días siguientes para desechar reportajes que ese mismo día iban llegando a su oficina. Estaba tarareando una canción de Primal Scream cuando sonó el teléfono de la sala, tomó el inalámbrico y contestó: 

- ¿Sí? – corrió a bajar el volumen del estéreo para poder apreciar la charla. 

- Señor Davis, soy Charlotte – dijo una voz femenina del otro lado de la línea. – Su secretaria Rose me dio su número telefónico para ponerme en contacto con usted para coordinar horarios en la Semana de la Moda de Milán. ¿Qué le parece si nos vemos en el London Pavillion? Una cafetería-bar cerca del Piccadilly. 

- Bien – se sorprendió Alex, su voz parecía la de las espías que acuerdan un lugar y una clave para tener acceso a información clasificada – que te parece si nos vemos allí – dijo volteando a ver el reloj de pared – en una hora ¿Te parece? 

- De acuerdo – dijo Charlotte – hasta luego señor Davis. 

Alex colgó el teléfono y lo puso en su lugar, al parecer sus planes se habían frustrado un poco de lo que él pensaba. 

- Lo siento amigos – dijo dirigiéndose a la mesa central de la sala, tomando una caja y devolviéndola al librero – pero tendrán que esperar – los capítulos de la última temporada de Friends aún permanecían empacados desde que los recibió de la tienda. 

Subió a ducharse y a recoger la ropa que habían usado él y Rupert en la ceremonia de los BAFTA. Vio los zapatos deshechos y los botó a la basura, prácticamente horribles en apariencia. Vio los billetes junto al post-it con la letra apresurada de Rupert y los metió a un cajón de un tocador de esa misma habitación. 

30 minutos más tarde sonó el claxon del taxi que lo llevaría al London Pavillion, en el trayecto se sintió nervioso, mucho más que en su entrevista para Vogue o que en un primer día de clases. Nunca había tenido un asistente personal, y mucho menos había sido uno. En su mente resonaban las palabras que le dijo Charlotte: “Haré todo lo posible por usted”. Y eso le dio miedo, temor, pánico. El hecho de que le ofrecieran un puesto o mando de autoridad era una tentación terrible de asirse de él y no soltarlo nunca. Temía que si le ofrecieran diversas comodidades se acostumbrara a una vida que él mismo no soportaría vivir. 

El taxi se detuvo con la señal de llegada del conductor, Alex le pagó y bajó del auto dirigiéndose a un grupo de sillas mesas al aire libre protegidas por sombrillas que resguardaban del sol que rara vez se asomaba por Londres. Sólo tuvo que esperar 10 minutos porque a lo lejos vio a Charlotte acercarse. Llevaba puesto una chaqueta negra y una falda tipo lápiz que definía mucho más sus piernas delgadas, su cabello lo llevaba recogido hacia atrás en una coleta suelta, lo que hacía que sus ojos azules se hicieran más llamativos. 

- Buenas tardes señor Davis – dijo Charlotte, extendiéndole una mano, que Alex tomó poniéndose de pie para recibirla. 

- Buenas tardes Charlotte – contestó Alex. 

- Su secretaria me dijo que ha confirmado su presencia para todos los desfiles a los que fue invitado – dijo la chica en un tono meramente educado y profesional – me ha mandado el horario oficial de la Semana de la Moda y los horarios y lugares de cada uno. 

- Genial – es lo único que precisó decir. 

- Yo me encargaré de hacer la reservación en un hotel ubicado estratégicamente cerca de los puntos donde se llevarán a cabo las pasarelas – añadió – también me haré cargo del transporte terrestre en Milán, el vuelo desde el aeropuerto de Londres está programado para el próximo Viernes por la tarde. Sólo tiene que dejar su equipaje en su oficina y mandaré a alguien del aeropuerto por él. 

- Woow – se sorprendió al ver la organización de la chica – eres muy eficiente. 

- Gracias señor, es mi trabajo – dijo la chica encogiéndose de hombros – Por cierto – apuntó Charlotte, buscando en un bolsillo interior dentro de su chaqueta – el señor Newhouse me pidió que le entregara esto – le extendió a Alex unos gafetes con la fotografía de ambos, en el de Alex se leía: “Acceso total, cortesía de Vogue” y en el de Charlotte por detrás se podía leer: “Acceso moderado, cortesía de Vogue”. Los dos contenían la firma, cargos y datos administrativos y de trabajo. 

- ¿Por qué me tengo que quedar con el tuyo? – le preguntó. 

- No lo sé. Fue una orden directa de Newhouse. 

- ¿Por qué el tuyo dice Acceso moderado? – preguntó extrañado detenidamente, se contuvo de preguntar donde habían obtenido su firma pero la respuesta fue inmediata: su firma digital estaba al alcance de los editores para agregarla a la carta editorial de la revista. 

- Eso quiere decir que yo no entro si usted no entra – explicó Charlotte – en pocas palabras necesito permiso para entrar a cualquier lado sea con usted o no. 

- Trataré de resolver eso con Newhouse – dijo guardándose los gafetes en el bolsillo delantero del pantalón, a falta de una bolsa de mano - ¿Quieres beber algo? – preguntó al ver que un mesero de la cafetería pasaba con unas bebidas. 

- No, gracias. – dijo poniéndose de pie e instintivamente Alex hizo lo mismo – tengo que ir a reservar las habitaciones del hotel. Fue un placer señor Davis. 

- Por favor, llámame Alex – dijo éste, tomando la mano que Charlotte le extendía para despedirse. Más que mero formalismo o educación era una súplica personal. 

- Como guste – dijo Charlotte acercándose y besándole una mejilla, de nuevo muy cerca de la comisura de los labios – hasta luego Alex. 

Alex esperó a que se alejara para poder salir en búsqueda de un taxi y regresar a casa. Al entrar en su sala se tiró en el sillón extendiendo sus pies abiertos sobre la mesa. Se sacó los gafetes del bolsillo y los colgó en un porta llaves que compró pero que nunca usaba. Así sería fácil tenerlos a la vista. Estaba listo para reanudar su tarea de limpieza semanal cuando sonó su teléfono celular. 

- ¿Sí? – Contestó. 

- Hola Alex, soy Rupert – contestaron al otro lado de la línea. 

- Hola ¿Qué tal? ¿Todo bien? - dijo Alex sosteniendo su celular con el hombro y limpiando la mesa del comedor. 

- Sí, ¿Tienes planes para hoy? – preguntó 

- Pues entre ellos están: comprar más cereal – contestó sacudiendo una caja vacía – ver una temporada de Friends y redescubrir los discos de Ashlee Simpson. 

- ¿Eso es vida? – preguntó Rupert burlándose - ¡Por Dios! Es sábado, paso por ti a las 9 para ir por unos tragos ¿Qué te parece? 

- ¿Sabes? No tomo alcohol – le contestó Alex en tono despreocupado. 

- ¡Vamos! Siempre hay una primera vez – trató de convencerlo Rupert – además yo invito. 

- Que generosidad de tu parte – dijo Alex, dejando el teléfono en la mesa y activando el altavoz – Quizá una copa de vez en cuando no me haga mal. 

- ¿Entonces paso por ti a las nueve? – preguntó Rupert. 

- Te espero a las nueve – dijo Alex tomando el teléfono de nuevo pero sin quitar el altavoz. 

- Bien ¡Hasta luego! – se despidió Rupert cortando él la llamada. 

Cerró el teléfono y aprecio la cocina limpia: Todo en su lugar y sin mancha alguna, el desayunador con una lámina de acero en la mesa y todos los electrodomésticos de la cocina en color plata destellaban de limpios. Eran las 3 de la tarde en el reloj digital de pared. 

- He vuelto amigos – dijo Alex sacando la caja de los DVDs de Friends y sentándose en el sillón – veamos si los 750,000 dólares que le pagaron por capítulo a Jennifer Aniston valen la pena. 

Así pasaron alrededor de cuatro horas: No sabía porque había comprado la temporada completa, pero como no le gustaba dejar nada inconcluso la había adquirido. Miró el reloj: eran las 7:25 de la noche y salió al patio trasero a limpiar los muebles del jardín. Cuatro sillas y una mesa de metal no era tarea difícil. La pequeña piscina estaba protegida con una malla de plástico que impedía que el polvo, las hojas o el césped la ensuciaran. Siempre quiso tener alguna área verde, en Nueva York, siempre estaba rodeado de fábricas y el único contacto con la naturaleza el Madison Square Garden al que asistía con unos cuantos amigos el fin de semana. 

Entró a la casa y puso música de nuevo, el silencio sepulcral lo atormentaba en cualquiera de los aspectos. Subió a ducharse de nuevo (el olor a limpiador se había impregnado) y al cambiarse para esperar a Rupert y cualquiera que fuese su plan para esa noche miró que faltaban 20 minutos para las nueve. 



Mientras veía la retransmisión de Top of the Pops en la televisión, sonó el timbre de la puerta. Corrió descalzo a abrir y se encontró a Rupert en la puerta con una bolsa de plástico negra. 

- ¿Listo para salir a vivir una vida? – preguntó Rupert enérgicamente bailando al ritmo de la música de la televisión. 

- ¿Llamas vida a embriagarte? – preguntó Alex, subiendo las escaleras para ponerse unos zapatos. 

- No nos embriagaremos – contestó Rupert sentándose en el sillón frente a la televisión – No si tu quieres. 

- Para empezar no quería salir, pero ya qué – contestó bajando las escaleras - ¿A dónde iremos? ¿Pido un taxi? 

- Iremos a un bar algo lejano de aquí – Rupert aprovechó que Alex subía para dejar la bolsa de plástico en la cocina – E iremos en mi auto. 

- ¿Seguro? Es más seguro viajar arrastrado de una ambulancia que lo que está estacionado afuera. Pero como quieras. 

- ¿Nos vamos? – preguntó Rupert ignorando ese comentario. 

- Vámonos – dijo Alex apagando todas las luces de la casa y saliendo a la calle. 

Subieron al auto y emprendieron la marcha. Londres de noche era un espectáculo sensacional, Alex no había notado esa sensación. Las pocas veces que salía de noche era para asistir a alguna cena, y debido al acontecimiento de los BAFTA decidió no salir más cuando el sol no estuviera en su máximo punto. Después de más de media hora de trayecto y música country del radio que Rupert tarareaba llegaron a un bar donde se accedía por la puerta principal ubicada en la esquina del edificio, donde había una escalera para subir a la planta alta, donde había una terraza al aire libre. Un ballet parking del lugar se acercó y ambos bajaron del auto. 

Alex siguió a Rupert hacia la entrada y subieron las escaleras. Era un lugar con mesas alrededor de una pista de baile que se iluminaba mediante lámparas y luces que colgaban desde el techo. Alrededor de las paredes se apreciaban pantallas de televisión con videos musicales que no correspondían a la canción. Igual Alex pudo notar que la música se mezclaba en cuanto a géneros y tiempos. Bette David Eyes de Kim Carnes terminaba de sonar y Electro Man de Calvin Harris apenas comenzaba. 

- ¿Buen ambiente eh? – dijo Rupert acercándose al oído de Alex para hacerse oír - ¿Quieres quedarte aquí o subir a la terraza? Allá es más tranquilo. 

- Aquí está bien – dijo Alex mirando alrededor del lugar – Mira – apuntó hacia una esquina – una mesa desocupada – caminó con Rupert tras él y se instalaron en la mesa, tenía una buena vista del lugar: las escaleras de entrada, la pista de baile, la barra y las escaleras hacia la terraza. 

Estaban sentados en silencio mirando alrededor cuando una mesera se les acercó y les dijo: 

- Las chicas de la barra le mandan estos tragos – dijo la mesera, posando en la mesa unas copas con unos tragos Manhattan – Diviértanse – dijo la chica guiñándole un ojo a Alex. 

- ¡Woow! – exclamó Rupert - ¡Genial! 

- ¿A esto te referías cuando dijiste que serían gratis? – preguntó Alex. 

- La verdad no – respondió mirando hacia la barra y buscando quiénes pudieron haber mandado los tragos gratis – me refería a que iba a pagar yo por las molestias que te ocasione la vez pasada. 

- Mira – dijo Alex mirando a los ojos a Rupert, algo molesto pero calmado a la vez – Lo que hice por ti ya pasó, ya fue. Ya está pagado, no me debes nada ¿Entendido? Eres la primera persona en quién confío después de vivir dos años aquí y con el simple hecho de que tenga alguien con quien hablar de algo más que mi trabajo es suficiente paga para mí – tomó la copa que le había dejado la mesera y lo tomó de un solo trago. 

- ¡Está bien, está bien! – dijo Rupert tratando de tranquilizar a Alex – Relajémonos ¿Quieres? Es sábado por la noche y venimos aquí a disfrutar la noche. 

- Tú me trajiste, eso es muy diferente – 

- Bien – se rindió Rupert, y al ver que no podía sacar a Alex de su enfado le preguntó - ¿Qué te parece esa chica de allá? – preguntó señalando con la cabeza unas cuantas mesas más a su izquierda. 

- He visto a hombres que visten mejor una falda que ella – respondió mirando a la chica directamente. 

- ¿Vez? ¡A eso me refiero! No puedes dejar de lado tu trabajo un momento, olvídate de su falda. ¿Cómo se vería sin ella? 

- ¡Eres un asco Grint! – dijo Alex mirando sorprendido a Rupert – 

- ¡Vamos! Somos hombres, tenemos veintitantos años y esto es una plática normal – dijo Rupert. 

- Es linda ¿Sí? Me gusta su cabello, y su piel. Parece ser muy tersa. 

- ¡Es eso lo que quería escuchar! ¿Y qué tal de ella? – señaló hacia el otro lado donde una chica rubia de cabello corto bailaba con una amiga. 

- Es muy guapa – dijo Alex, dejando de lado la crítica – bonitos ojos. 

- ¿Vez? – dijo Rupert golpeando la mesa ligeramente con el puño – es lo que te hacía falta, salir de la rutina para mirar gente fuera de una pasarela o un estudio fotográfico. ¿Quieres otro trago? – Dijo Rupert poniéndose en pie señalando hacia la barra. 

- Un Vodka Tonic – contestó Alex – con hielo triturado. 

- ¡A la orden! 

Rupert cruzó la pista de baile y en la barra hacía la seña de pedir dos tragos. 

- ¿Qué es eso? – preguntó Alex extrañado cuando Rupert volvió. 

- Es el comienzo de una buena noche amigo – dijo Rupert dándole su trago y haciendo un ademán de brindis. 

- Rupert, no creo que sea buena idea – dijo Alex dando un pequeño sorbo a su copa – no estoy acostumbrado al alcohol y… 

- ¡Vamos! – dijo éste sin siquiera sentarse en su lugar – Mañana es domingo, tienes 24 horas antes del lunes para volver a tu aburrido mundo. 

- Pero es que yo no… - comenzó a apelar Alex cuando Rupert le jaló el brazo y lo puso de pie. 

- Mira, esa chica que dijiste que te gustaba viene con una amiga – dijo Rupert al oído para hacerse escuchar – así que le preguntarás que si quiere bailar contigo y si tiene una amiga para tu amigo, el cuál soy yo. 

- ¡Estás mal del cerebro! – dijo Alex, pero las piernas parecían no querer salir de la pista de baile. 

- ¡Anda! Ella es la chica por esta noche para ti – dijo Rupert empujándolo a donde estaban las chicas. Las cuáles voltearon a verlo conteniendo una carcajada. 

- Hola – dijo éste dirigiéndose a la rubia, con los nervios a flor de piel pero con una mirada decidida – quería saber si quieres bailar conmigo – preguntó. 

- ¿Por qué no? – contestó la chica, tomándolo de la mano y guiándolo al centro de la pista. 

- Espera – dijo Alex – ¿Crees que tu amiga quiera bailar con mi amigo? – preguntó señalando detrás de él, pero Rupert no estaba allí, había vuelto a la mesa y miraba tímidamente hacia Alex y la chica. 

- Le preguntaré - dijo la chica, aún tomando de la mano a Alex, que no lo había notado – ve con tu amigo convéncelo y haré lo mismo con Delilah. 

Alex se acercó a Rupert y le preguntó: 

- ¿Qué demonios hiciste? ¿Por qué me dejaste allí sólo? 

- Quería otro trago – dijo encogiéndose de hombros y sorbiendo el resto del contenido de su copa - ¿Qué te dijo? 

- Vienen para acá – respondió al ver que la amiga de la chica que le tomó la mano se ponía de pie y se acercaban a ellos – no sé cómo diablos me metí en esto. 

- No importa, amigo – dijo Rupert poniéndose de pie y golpeando el hombro de Alex – me lo agradecerás después. 

- Hola chicos, me llamo Delilah – saludó – y ella es Helena – dijo presentando a la rubia con la que habló Alex. 

- Hola – dijo Alex – me llamo Alexis y él es Rupert Grint. 

- Te hemos visto en algún lado – dijo Helena dirigiéndose a Rupert – ¿No sales en la tele dirigiendo un canal de videos? 

- ¡Sí! ¡Exacto! – dijo Rupert al quedarse de piedra ante la comparación. 

- ¿Podemos sentarnos con ustedes? – preguntó Delilah 

- Sí, claro – dijo Alex, recorriendo una silla para que las chicas se sentaran. 

- No los habíamos visto por aquí ¿Es la primera vez que vienen? – preguntó Helena 

- Sí – dijo Alex antes que Rupert – es la primera vez que venimos. Y la verdad es un buen lugar. 

- ¿Son estudiantes? – preguntó Delilah, recorriéndose un poco para que pudiera estar más cerca de Rupert. 

- No – respondió Alex, agradeciendo a la mesera por otra ronda de tragos. 

- Veo que les gustaron los Manhattan que les hicimos llegar. 

- ¿Fueron ustedes? – preguntó Rupert, con la copa casi rosándole los labios. 

- Pues sí – contestó Helena – un trago que hemos decidido reinventar, ya que casi ha caído en el olvido. 

- Pues estamos obligados a devolverles el favor – dijo Rupert, mirando a Delilah a los ojos. 

- Después de bailar no me vendría mal hidratarme de nuevo – se puso de pie y jaló por el brazo a Rupert al centro de la pista, en donde comenzaron a bailar una canción electrónica interminable. 

- ¿Quieres acompañar a tu amigo? – preguntó Helena. 

- Sólo si tú quieres – respondió, más por cortesía que por coquetería. Y Helena había hecho lo mismo con Alex y lo llevó hasta el centro de la pista, poniéndolo de espaldas contra Rupert. 

Comenzaron a bailar una set de canciones que fusionaban la electrónica con la samba. Los ritmos fluidos de la música y el calor del alcohol incitaron a Alex a mover su cuerpo y dejarse llevar, pudo observar que Delilah jugaba con la corbata de Rupert y Helena le rodeaba el cuello con los brazos. El set de canciones continuaba y no se había dado cuenta cuando pasaron de la electrónica a canciones con batería y guitarras eléctricas. Sólo sabía que disfrutaba el momento, no sabía si era por el alcohol en su sangre, la compañía de Rupert o la rutina que se había visto corrompida con una noche de copas. Al aprovechar los escasos segundos de silencio entre canciones regresaron a la mesa y las chicas reanimaron la charla: 

- Si no eres estudiante, Alex ¿En que trabajas? – preguntó Helena, haciéndose aire con la mano debido al bochorno que le producía el calor. 

- Soy editor en jefe de una revista – contestó el sinceramente y lleno de orgullo. 

- ¿Una revista? – preguntó Delilah, con un Bloody Mary en la mano - ¿De música, espectáculos o deportes? 

- De moda – dijo él, sin importancia – Vogue Man International. ¿La conocen? 

- ¡Oh por Dios! – Exclamó Helena - ¿En serio eres el editor en jefe? 

- Sí – dijo Alex tomando un trago de un Vodka Tonic – soy yo. 

- ¡No lo puedo creer! – dijo ella mirando a su amiga sorprendida – las fotos de la edición pasada con Gerard Piqué fueron estupendas. ¡En serio! Simplemente magníficas. 

- Gracias. Pero de eso se encargan los fotógrafos, es a Demarchelier al que debes agradecer. 

- Como sea – dijo ella haciendo un ademán con la mano para olvidar la declaración. ¿Cómo es que alguien tan joven puede tener un cargo así? Digo. ¿Legalmente eres mayor de edad, no? – al ver que Alex sólo asentía tras su vaso de Vodka dijo: - Woow. ¿Sabes cuantos estudiantes de periodismo quisieras estar en tu lugar? 

- La verdad me siento agradecido con mi trabajo, y lo valoro día con día. 

- ¿Cuáles son tus próximos proyectos? – preguntó Delilah – ignorando a Rupert por completo. 

- Pues la semana próxima salgo a la Semana de la Moda de Milán. Por cuatro días. 

- ¡Fantástico! – exclamó Helena - ¡Eres impresionante! Y dinos: ¿Tienes novia? 

- Pues no – dijo sinceramente clavando sus ojos en el fondo del vaso vacío – estoy casado con mi trabajo, es el único que no me reclama las llegadas tardes a casa. 

- ¡Bien, señoritas! – dijo Rupert interrumpiendo la pregunta que Delilah iba a formular – Tenemos que retirarnos por hoy – dijo poniéndose de pie – ya escucharon al hombre de negocios, mañana tiene que elegir los reportajes de la revista, y sin o lo hace el número prácticamente no ve la luz para este mes. 

Avanzaron ante el barullo de la pista de baile que estaba más abarrotada que antes y despidiéndose de las chicas con un rápido adiós bajaron las escaleras y Rupert pidió su auto. 

- ¿Estás bien? – preguntó Alex temeroso. 

- La pregunta es si tú estás bien – replicó Rupert enojado – se supone que no querías venir y tomas todo el protagonismo con las chicas – al ver que el empleado del lugar le extendía las llaves éste se las arrebató con brusquedad y abrió el auto, Alex le dio la propina al chico que se había quedado con la mano extendida y subió por la puerta del copiloto. 

- ¿Disculpa? ¿Todavía que me usas como una carnada para atraer a las chicas debería pedirte perdón? – discutió Alex enojado, poniéndose el cinturón de seguridad - ¿Debería pedirte perdón por dejarme en medio de la pista de baile con una chica que no conocía, tomado de la mano? 

- Por favor… – dijo Rupert poniendo en marcha el vehículo – disfrutaste tanto como yo desconectarte de tu mundo. 

- ¿Qué? – preguntó Alex. No sabía si el alcohol le afectaría más el oído que la vista. 

- No eres el único que por cualquier razón eres figura pública – explicó Rupert – yo también estoy anclado a un mundo en donde tengo que esforzarme por mostrar un sonrisa falsa aunque no lo desee. 

- Pero… 

- Quise darte las gracias tomando una válvula de escape que no es tan común para nosotros – continuó Rupert sin dejar que Alex lo interrumpiera – quise experimentar junto a ti que se sentiría salir de un mundo en donde los ojos de todos están sobre tus pasos, pero me equivoqué. 

- Pero yo no sabía que… 

- Obvio que no lo sabías – interrumpió de nuevo – porque la última parte de una excelente noche de fin de semana se vio teñida de “Alex, moda, Alex, revista, Alex, Vogue”. ¿Sabes por qué no desmentí cuando me confundieron con un presentador de canal de videos? Porque quería que me trataran como un ser normal, como un mortal que puede salir a divertirse las noches que tiene libres y que desea pasar tiempo con un verdadero amigo. Pero veo que cometí un error terrible – Rupert había conducido frenéticamente y había llegado en sólo diez minutos a la casa de Alex – Ahora baja. 

- Rupert, lo siento mucho – comenzó a decir Alex bajándose del auto y buscando sus llaves – yo no sabía que tratabas de disfrutar esta noche de esa manera – cuando abrió la puerta de su casa Rupert entró, se dirigió a la cocina y con la bolsa negra de plástico volvió a la sala - ¿Qué haces? 

- Lo haremos a nuestra manera – dijo, sacando de la bolsa una botella de Vodka y unos vasos de plástico – entre nosotros, sin nadie más. 

- Pero Rupert – dijo Alex, tomando el vaso vacío que le ofrecía Rupert - ¿No crees que hemos tomado demasiado? 

Rupert sin embargo no le hizo caso, deslizó la puerta transparente que daba paso al jardín y se sentó en una silla junto a la piscina. 

- ¿Vienes? – gritó desde el exterior. 

Alex salió muy a su pesar y encontró a Rupert descalzo mirando hacia el cielo, había dejado sus zapatos, corbata y saco en el piso junto con la botella de Vodka. 

- Superestrellas - murmuró él, aunque Alex pudo escuchar perfectamente cuando se acercaba cautelosamente - ¿Sabes que tan estúpido se escucha eso? – le preguntó a Alex, que había llevado la otra silla del jardín a donde estaba Rupert, que vio se desabrochaba los primero botones de la camisa. 

- Sé a qué te refieres – dio Alex sentándose en silencio y extendiendo su vaso vacio para que lo llenara Rupert – no hay nada más estúpido que eso. 

- Se supone que las estrellas son inalcanzables para los mortales - razonó Rupert. 

- Tienes razón - dijo Alex – y deberían vernos ahora: tomando Vodka Rupert Grint y Alexis Davis descalzos junto a una piscina. Dijo quitándose el saco y arrojándolo a un lado. 

- Todos afuera creen que tenemos una vida turbulenta – dijo Rupert llenado su vaso de nuevo – creen que habrá Top Models esperando en nuestra cama todas las noches para cuando lleguemos de un set… 

- Esperan que las embaracemos y nos casemos meses después… 

- Quieren que salgamos al público mostrando la verdadera vida de una persona normal… 

- Tiempo después nos divorciamos debido a una infidelidad que era más secreta que la sede que la reserva federal… 

- Y lloverán demandas de pensión alimenticia… 

- Caeremos en depresión y crisis… - dijo acercándole el vaso a Rupert para que lo llenara de nuevo. 

- Nos volveremos adictos a un tipo de sustancia que te carcome el cerebro… 

- Y moriremos con la prensa alrededor de nosotros deseando que retomáramos el buen camino pero hambrientos de una foto del funeral privado. 

- Ése es nuestro futuro - concluyó Rupert – brindo porque no sea así – dijo alzando su vaso a la noche oscura – Salud amigo. 

- Salud amigo – dijo Alex chocando su vaso con el de Rupert y bebiéndolo de un trago. 

La botella se fue consumiendo poco a poco, la noche caía con la misma lentitud y la oscuridad los envolvía. Decidieron terminar su fiesta privada dentro de la sala, en donde la botella vacía rodaba de los dedos de Alex para chocar en el pie desnudo de Rupert que yacía dormido en la sala de su mejor amigo. 

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Bien, aunque algunas personas no concuerden conmigo, tuve que representar a ambos con cierta dependencia del alcohol (que de alguna u otra forma está siempre en el mundo de la moda), así que en lugar de enfocarnos en un lugar exterior (como lo fue el bar a donde fueron) sería más personal el momento en la casa de Alex. 

El Manhattan es uno de mis tragos favoritos que últimamente ha caído en el olvido. 

La sencillez de Rupert la retraté como tal, al ver que en Alex encontraba la confianza que en ninguna otra persona había podido depositar, así que para Rupert, Alex es un amigo incondicional.