V - Confesiones en la piscina


Su cabeza daba vueltas, sentía un terrible ardor en el estómago y su boca estaba reseca. Sentía que cada movimiento de algún músculo de su cuerpo era una punzada de dolor en su cráneo. Los ojos no le respondían, todo a su alrededor era borroso y las piernas no le respondían al tratar de incorporarse, lo cuál le provocó una caída del sillón golpeándose el hombro con la mesa central de la sala.

El dolor del hombro se vio anestesiado un momento por una punzada que iba y venía dentro de su cabeza. Sentía que no podía moverse por más que lo intentara, sentía el contacto de su espalda desnuda con la alfombra, trató de abrir los ojos pero los rayos de luz que entraban por las ventanas y puertas corredizas le impidieron la tarea. Sentía que sus ojos se quemaban al mínimo intento de poder visualizar algo a su alrededor. Moviendo un pie pudo sentir el contacto de algo que parecía moverse, hizo un esfuerzo sobrehumano y logró girarse por completo, evitando las patas de la mesa de las cuáles adivinaba su posición mediante el tacto del brazo derecho.

Sus dedos encontraron una textura similar a la de cabello y comenzó a tocar todo lo que tenía a su alcance. Sintió una cara, una nariz y una boca abierta que inhalaba y exhalaba aire.

- Rupert - dijo él con la voz seca y la garganta rasposa - Rupert....

El chico no contestaba, aunque respiraba entrecortadamente, Alex notó que su tórax subía y bajaba. Con todas sus fuerzas irguió su espalda hasta quedar de rodillas junto a la cabeza de Rupert, acostumbrándose a la luz que le llegaba desde las puertas transparentes abrió los ojos y notó que ni él ni Rupert tenían la camisa puesta, las buscó alrededor de la sala y las encontró en el sillón del lado opuesto de la habitación.

De rodillas trató de incorporar a Rupert apoyándolo en su espalda en el sillón. Tomó fuerzas y aunque las piernas le temblaban terriblemente pudo sentarse en el sillón y subir el tronco del cuerpo de su amigo, que se inclinó hacia un lado recostándose y dejando los pies en el suelo. Alex se acercó a su cara y comenzó a palmearle las mejillas.

- Rupert despierta - dijo, moviéndole la cabeza, y al ver que Rupert comenzaba a reaccionar con gestos y moviendo los labios, Alex insistió - Rupert, soy Alex. Despierta.

Al ver que reaccionaba y respiraba normalmente miró al rededor de la sala: vio las camisas de ambos en un sillón lejano a él y tres botellas vacías que no se supo explicar de donde salieron. Trató de incorporarse y lentamente con pasos entrecortados se acercó a la cocina. Tomó una camisa que no sabía si era de él, se la puso sin abotonarla y avanzó unos pasos, cerró todas las persianas de la estancia y se acercó al fregadero a mojarse la cara. Al entrar en contacto el agua fría con su piel sintió que todos los sentidos le funcionaban: los poros de la piel despertaban al sentir la humedad gélida, sus oídos se abrían a cada sonido por más tenue que fuera, su vista comenzó a disipar la niebla que antes le impedía apreciar bien las imágenes y por la nariz inhaló vida.

Al mirarse en el reflejo de la puerta del micro-ondas notó que unas pronunciadas ojeras y bolsas en los ojos habían aparecido en su cara, que a juego con algunos vellos en la barba de varios días atrás le daban una apariencia de vagabundo. Escuchó ruido en la sala y corrió hacia allá, encontró a Rupert tumbado en el piso de nuevo y lo incorporó de nuevo al sillón acostándolo por completo para que no volviera a caer. Volvió a la cocina y comenzó a preparar un jugo de frutas.

No recordaba nada de la noche anterior, pareciese que su mente le ocultaba lo sucedido entre el último trago de Vodka fuera en la piscina y el misterio de las demás botellas vacías, las cuáles arrojó a la basura en cuanto entró a la cocina de nuevo. Aún se sentía mareado y fuera de lugar. Sus pasos eran vacilantes todavía y sus movimientos temblorosos, salió al patio a recoger la ropa y zapatos que se quitaron por la noche y la arrojó en un sillón desocupado. Al ver que Rupert se incorporaba y abría un poco los ojos, él se sentó a su lado y notó que tenía un aspecto fatal debido a las ojeras en contraste con su piel blanca.

- ¿Que pasó? - preguntó, haciendo una mueca de dolor debido a su cabeza que amenazaba con explotar, sus ojos hinchados, su garganta seca y su estómago ardiendo.

- La factura de la vida, amigo - Alex lo ayudó a Rupert a incorporarse en el sillón.

- ¿Dónde estamos? - preguntó de nuevo.

- En mi casa, ¿Dónde más quisieras estar? - le recriminó Alex.

- ¿Tu casa? - preguntó Rupert de nuevo, y al enfocar bien el rostro de su amigo comentó - ¡Vaya! ¿Estuvo bueno el ambiente ayer, no?

- Para encontrar botellas vacías que no recuerdo de donde salieron, al parecer sí, cruzamos la primera barrera para ser considerados superestrellas - dijo Alex - ¿Esto nos convierte en alcohólicos?

- Para nada - dijo Rupert cerrando los ojos fuertemente - No si en este momento tienes ganas de más.

- No gracias - dijo Alex poniéndose de pie y yendo a la cocina con pasos lentos - ¿Quieres jugo? Eso calmará el ardor del estómago.

- Por favor - contestó desde la sala - ¿Recuerdas algo de anoche?

- Para ser sincero no - dijo Alex sirviendo jugo de naranja en un vaso dándoselo a Rupert - y por mi aspecto no quisiera saberlo.

- Bien, entonces hagamos esto ahora - dijo Rupert tomando su camisa y poniéndosela sin abotonar - Cuéntame de tu vida, quiero saber que hace un chico de 22 años con un poder tan grande entre las manos. - preguntó sorbiendo un poco del vaso que tenía entre sus manos.

- Pues verás - dijo Alex sentándose en el sillón de un lado y subiendo las piernas a la mesa - llegué a Londres gracias a un programa de Becas de la universidad de New York en donde estudiaba, llegué aquí y no conocía a nadie, conseguí un empleo de medio tiempo en una revista semanal de espectáculos y así permanecí varios meses. Después me ofrecieron un trabajo permanente para otra publicación y dejé la universidad, las letras siempre me han gustado, pero dejé los estudios por un trabajo que en realidad me gustaba - explicó Alex haciendo una pausa para tomar jugo - fue un día en el que en las oficinas de Condé Nast entregué un artículo de investigación acerca de los diseñadores y firmas que se comprometen con el medio ambiente para la Vogue femenina de UK, les gustó mi trabajo, comenzaron a pedir mi colaboración y cuando anunciaron que el nuevo proyecto de Vogue sería una edición para hombres, todos volteaban a ver al chico nuevo en la sala de juntas - recordó con un tono nostálgico - aquel chico que no tenía posibilidades junto al gran Tom Ford, ni mucho menos junto a Lagerfeld. Fue la decisión de Newhouse de ponerme al cargo de la revista - hizo una pausa como para pensar si decir lo que pensaba o no, y al fin dijo: Y con un salario de 2 millones de dólares al año y $50,000 para ropa al mes, aquí estoy - dijo abriendo los brazos - dirigiendo Vogue Man International.

- Woow - dijo Rupert, quién escuchó atento sin quitarle los ojos de encima - ¿Pero que hay de tu familia? - preguntó recostándose en el sillón y estirando sus piernas descalzas.

- Mi madre era secretaria en un taller de Jimmy Choo, después lo dejó todo por amor y se casó - explicó  - mi padre es jefe de planta de una empresa metalúrgica de Nueva York, mi abuela nunca estuvo de acuerdo en las decisiones que he tomado, y ella influye en mi padre. Mi abuelo murió hace tres años - dijo, y su semblante se puso melancólico - tenía peritonitis y no pudimos encontrar un donador a tiempo.

- Lo siento - expresó Rupert, bajando la mirada a la alfombra -

- Gracias, pero creo que la muerte fue lo mejor que le ha pasado, después de sufrir con las tratamientos de diálisis cuatro veces al día - razonó Alex - Como sea. Aunque no creo en Dios, ni en un cielo, supongo que ahora el está mejor donde quiera que esté que como estuvo aquí.

- ¿Y dime, tienes novia? - preguntó Rupert, tratando de desviar la conversación por el bien de los dos.

- No, me escuchaste en el bar - respondió Alex sirviéndose más jugo - Estoy casado con mi trabajo.

- ¿Entonces si irás a Milán? - preguntó Rupert de nuevo, alegre de desviar el tema - ¿O era para impresionar?

- Si iré, cuatro días, me acompañará Charlotte... -

- ¡Ajá! ¿Y no tienes novia, eh? ¿Quieres que la prensa no se entere? - dijo Rupert burlonamente.

- Es mi asistente para ir a la Semana de la Moda - se justificó Alex, caminando hacia el lado opuesto y mostrándole a Rupert los gafetes del día anterior -es Charlotte McDonald, muy eficiente.

- Y muy atractiva - apuntó Rupert enfocando la pequeña fotografía de Charlotte frente a él - Eres un tonto si por lo menos no la besas una sola vez.

- No todo es conquistar chicas, querido amigo - dijo Alex - El amor de mi vida está hecho de algodón peinado.

- No todo es ropa, querido amigo - le corrigió Rupert - ¿No quieres a alguien que todas las noches te haga sentir que el día a día vale la pena vivirlo sólo por estar con ella?

- Hablas como si en verdad sintieras algo por alguien - dijo Alex en un tono misterioso - ¿O es que hay alguien a quién mi gran amigo Rupert Grint no me ha presentado? - preguntó burlándose.

-  Y tú hablas como si no tuvieras un corazón - respondió.

- Lo tengo, pero por ahora es sólo mío. Tengo miedo del rechazo, de que me digan que no. El día que entregué mi primer reportaje para Vogue vomité de nervios al salir de la oficina.

- Eres muy inseguro -  puntualizó Rupert - te hace falta creer en tí, y aún así no sé cómo demonios tienes a tanta gente a tus pies.

- ¿Y que hay de tí? - preguntó Alex tomando la defensiva - ¿Acaso esas revistas y páginas de internet de bajo mundo tienen razón de que te ves a escondidas con Emma?

Rupert se atragantó con el jugo y antes de responder respiró profundamente.

- Emma y yo sólo somos amigos - respondió - muy buenos amigos. Eso es todo.

- ¿En serio? - lo miró Alex incrédulo - porque desde siempre se vio algo más que amistad.

- Es sólo eso, ¿Sí? - argumentó Rupert - No niego que es muy atractiva y bella...

- Y encantadora, seductora, guapísima e inteligente - puntualizó - si claro. Todos dicen eso, no sólo nosotros.

- ¿Y qué quieres que te diga? - preguntó Rupert un poco molesto.

- La verdad, si eres tan amable -

- Bien, el día en que me tomaron las fotos para la portada que nunca compartimos, entró una chica al set, no sé cómo se llama, sabía que iba a hacer una sesión como la Chica Vogue de la misma edición y me flechó desde que la vi. ¿Contento?

- Ay... Por... Dios... - Dijo Alex asombrado - al menos en algo no tienes mal gusto, esa chica es Karen Anne, vocalista de la banda Ramona, fue la chica Vogue en nuestra misma edición, y si tengo suerte la veré en el Front Row o en la fiesta de Burberry. Donde estará George, por cierto - agregó.

- ¡No inventes! ¿En serio? -

- Sí - respondió con naturalidad - así que más te vale portarte bien conmigo si quieres que le hable bien de ti.

- ¿Me estás chantajeando? - preguntó Rupert.

- ¿Puede ser más obvio?

- Maldito  - susurró Rupert antes de sorber el último trago de su jugo.

- Me halagas - dijo Alex tomando a jarra vacía y caminando hacia la cocina - ¿Tienes planes para hoy? - preguntó, depositando la jarra en el fregadero.

- Pienso quedarme aquí y recuperarme de lo de ayer - contestó

- Eso es más acorde conmigo - comentó Alex - ¿Oye? - preguntó en cuanto la idea cruzó por su cabeza - ¿Y si vienes conmigo a Milán?

- ¿A qué? ¿Estás loco? -

- Cierto - comentó Alex - Lo tuyo no es la ropa, ni el glamour, ni los diseñadores, ni la elegancia -se burló - así que espero verte sobrio cuando regrese de Italia.

- Aquí estaré, listo para otra aventura - contestó Rupert - ¿Puedo usar tu baño y algo de tu ropa interior? Apesto a Vodka.

- Ya qué... - dijo Alex - pero por favor, los calzoncillos quédatelos.

- Será la primera vez que use ropa interior de diseñador - confesó Rupert subiendo las escaleras - Me siento importante.

Después de media hora Rupert bajó con unas bermudas que Alex la reconoció como un kit de regalo que Dockers le había obsequiado.

- ¿Y eso? - preguntó Alex extrañado, terminando de aspirar la alfombra de nuevo.

- No sé tú, pero no dejaré que esa alberca se desperdicie por completo -dijo corriendo al patio, en donde apresuradamente quitó la lona de protección y se sumergió totalmente.

- ¿No vienes? - preguntó quitándose el cabello húmedo de la cara.

- Está bien - dijo, entrando a la casa de nuevo para cambiarse - no te ahogues mientras no estoy cerca.

Minutos después ambos estaban en la piscina disfrutando de un día de verano londinense entre amigos. Antes de retomar una rutina absorbente que les exigía prisa cuando ellos se tomaban la vida con toda la calma del mundo.

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Otro serial de confesiones, y es aquí en donde ambos se abren más ante una amistad estrecha, s puede ver cómo pueden hablar de temas delicados como la muerte de un familiar y bromear de ello a la vez.