L - El hombre del año





-  Vayan al armario y traigan esos zapatos de Louis Vuitton que enviaron para la sesión en Tokio, consigan una corbata a rayas y hagamos que ese tal señor Lloyd deje de molestar de una vez – Alex no separaba su vista del traje que tenía frente a él, cualquier hombre (alto, bajo, delgado o con aspecto de gárgola) tendría un aspecto decente en cualquiera que sea ese evento especial del que tanto había insistido el señor Lloyd (mediante un asistente) para que el mismísimo editor en jefe de Vogue Men eligiera su atuendo. - ¿Alguien sabe si ese tal Lloyd es amigo de Newhouse o algún conocido mío? – Como siempre, Alex formulaba las preguntas al aire, esperando a que más de uno contestara, al no recibir respuesta alzó la vista y más de uno de los asistentes de moda presentes que negaba con la cabeza se apresuró a decir que no conocía al dueño de tan especial encargo. – Debe ser un millonario idiota. Xavier ¿Tenemos lista la sección de grooming?

- El producto del mes elegido para esta edición es Liftactiv Eyes de Vichy, un producto para reducir las bolsas de los ojos e hidratante de la zona ocular – contestó Xavier, coordinador de belleza y grooming.

- ¿Qué hay acerca del reportaje de ese hotel en Perú, Jeff? – preguntó Alex a un encargado de redacción, quién recargaba su cadera en la mesa blanca donde Richard (el editor de moda) envolvía el traje en una bolsa de terciopelo para ser entregada en su destino.

- Ha llegado apenas esta mañana, estoy trabajando en la redacción y la selección de imágenes, lo tendrá listo mañana a primera hora.

- Eso espero, Richard, ¿Alguna novedad de esa sesión de fotos en Malasia?

- Mariano Vivanco está trabajando con Chris Garavaglia sin problema alguno, recibió todos los looks y uno de los asistentes en moda viajó con él para trabajar junto con una maquillista de Vogue Japón.

- Perfecto. Avísenme cuando llegue el catálogo publicitario para el siguiente número, suban con los percheros cuando llegue la nueva colección de Balmain, consigan las fragancias faltantes para el especial de belleza, y llamen a una agencia de Ferrari para el reportaje de los autos del futuro. Eso es todo caballeros.

Alex y los presentes salieron enfilados hacia el pasillo, los trabajadores que se encontraban a su paso se agolpaban contra la pared para dejarlos pasar sin que ellos se inmutaran de ese hecho. Todos sabían que después del rango más alto de Vogue que ocupaba Alex, los cuadro hombres que lo seguían ocupan el escalón inmediato en la escala de poder dentro de la revista: editor, redactor, coordinador y director. Las cuatro bases que sostenían la corona del emporio de la moda.

- Rose, en una tienda de Portobello Road hay una mueblería donde vi una mesa de granito que es perfecta para el jardín, por favor cómprala y mándala a casa, hazme llegar los bocetos de Karim Rashid para el armario principal y verifica que las instalaciones eléctricas funciones a la perfección  – Rose estaba acostumbrada a que al menos una vez al día Alex le dijera que adquiriera algún artículo para su nuevo hogar. Además de un par de grandes libreros, sillones para exteriores y la contratación de una cuadrilla de hombres que remodelarían el piso superior (el que en peores condiciones estaba) Rose se encargaba de llamar a varias agencias para conseguir jardineros, electricistas y decoradores de interiores que no movían un dedo sin la presencia de Alex en el lugar o consultar su opinión primero.

- Entendido, señor – respondió Rose, anotando todo rápidamente en una libreta de notas con el membrete de Vogue en cada una de las hojas – por cierto, ha llegado su invitación para los premios del hombre del año por parte de GQ – Rose le entregó un sobre color azul cobalto que tenía resaltadas las iniciales de la revista en color dorado.

- Gracias Rose – Alex tomó el sobre entre sus manos y leyó el contenido de la invitación.

- ¿Puedo confirmar su asistencia?

- Si, adelante – Metió la carta al llamativo sobre y se dispuso a entrar a su oficina cuando Rose se puso de pie para darle un último recado.

- Marc Jacobs llamó para agradecer la portada del número anterior, y espera que le regrese la llamada, Oscar de la Renta le ofreció su villa privada en República Dominicana para las vacaciones del próximo verano y en la empresa termoeléctrica de Battersea han visto el currículum de su padre y están interesados en una entrevista de trabajo, la tuve que retrasar debido a que sus padres llegarán en Diciembre, ellos entendieron y están esperando que haya un operador de área tan capacitado como él, pedí referencias de la universidad de Baylor en Texas y las mandé directamente a Battersea.

- Gracias Rose – dijo una vez más, la capacidad de su secretaria para poder arreglar todo lo mantenía con la boca abierta – Son casi las tres – consultaba su reloj de Calvin Klein, que mostraba veinte minutos antes de la hora – creo que Balmain y Ferrari nos harán esperar hasta mañana, así que puedes irte.

- Gracias señor – Rose tomó asiento al ver que Alex se perdía en el pasillo rumbo al ascensor, esa era la señal del término de una jornada de ocho horas sobre zapatos de 10 centímetros.

Alex condujo desde el trabajo hasta la casa que estaba siendo remodelada por completo, un trayecto de 20 minutos más (40 si el tráfico estaba pesado) y al llegar un camión de mudanzas estacionado frente a la casa llamó su atención, lo mismo que un auto convertible color rojo que ocupaba un espacio de los dos que había en la cochera en el jardín frontal.

Al bajar de la camioneta varios trabajadores cargaban mesas, pequeños sillones y lámparas envueltas en plástico con sumo cuidado.

- ¡Tengan cuidado idiotas! ¡Eso es un tocador de inspiración Luis XIV! – Escuchó Alex a lo lejos, del otro lado de la cerca que dividía la cochera del jardín pudo observar a una rubia que no era Charlotte, al cruzar la valla de madera notó que Cara estaba dictando órdenes a los encargados que bajaban los muebles con cara de pocos amigos hacia la modelo – Suban ese par de mesas a la planta de arriba, del lado izquierdo del pasillo. ¡Oh! Hola paliducho – Cara reparó en que Alex la miraba desde unos cuantos metros de distancia.

- ¿Qué haces aquí? – preguntó el chico, mirando a Cara, dejando que posara su huesuda mejilla contra la de él en lo que pareció un saludo obligado.

- Tu chica me llamó, me dijo que estaba muy sola en casa así que salimos para que se distrajera un poco, en ese paseo de distracción pasamos por una mueblería y al parecer dejo vacío hasta el más pequeño anticuario.

Alex dejó a Cara en el patio y entró a la casa. Varios muebles (libreros, mesas de cristal, sillones, mesas de exterior e incluso una pantalla plana dentro de su caja) esperaban en la primera planta para darle la bienvenida a un hogar que esperaba verse como nuevo una vez más.

- Hola amor – Charlotte estaba sentada en un sillón color blanco cubierto con una manta para evitar que el polvo lo manchara - ¿Te sorprende? Bueno, estaba tan aburrida que llamé a Cara y…

- Sí, me explicó todo – Alex miraba a su alrededor, es como si de la nada fueran a amueblar un hotel de cinco estrellas en el mejor destino turístico del mundo - ¿No crees que es algo… exagerado?

- Arriba hay cinco habitaciones y en esta planta hay cuatro estancias de estar ¿Crees que con sólo una mesa y cuatro sillas eso parecería un lugar habitable?

- Obviamente no, pero creo que nos estamos apresurando demasiado – contestó Alex, quién vio desde una de las ventanas restauradas otro camión que se estacionaba frente a la casa, justo detrás del anterior, bloqueando la cochera - ¿Otro camión? – preguntó a la chica, quién sólo se limitó a hacer un ademán de indiferencia y beber de su botella de agua.

- Tengo una entrega para el Señor Davis – dijo el chofer del camión que había arribado, desde la puerta del mismo.

- Sí, soy yo – contestó el chico, antes de que Cara interviniera y terminara todo aquello en una disputa o golpes debido al carácter de la chica y el mal genio del conductor.

- Una mesa de jardín de granito – murmuró, viendo la factura que Rose cargó a la tarjeta de crédito de Alex - ¿Dónde la quiere? – preguntó el chofer de mala gana, bajándose del camión dejando ver unos pantalones llenos de grasa que se le caían por la parte de atrás.

- En el patio de atrás, por favor.

- ¡Ya oyeron chicos! ¡Muevan sus traseros si quieren tener una cena decente hoy!

Del camión bajaron otros tres trabajadores más, todos preparados para transportar una mesa de piedra de más de 600 kilos de peso que tardaron alrededor de una hora en colocar en el jardín (ya podado y con la cascada artificial funcionando por completo) junto a la terraza que conectaba con la piscina.

- Bien señor Davis – el chofer del camión de entrega se incorporaba quejándose de la espalda y secándose en sudor de la frente con su camiseta raída, dejando ver su prominente estómago lleno de vello, una visión que Cara no pudo soportar, y  haciendo un brusco gesto de asco entró a la casa corriendo – Necesito que firme de recibido y se muestre generoso con mis chicos.

- Aquí tiene – Alex le entregó la copia de la factura donde expedía su firma con la mercancía entregada y dos billetes de 50 libras – gracias por todo – se dirigió a los demás trabajadores de la mueblería que mostraban perlas de sudor en su frente, pero aún así, ante tanto cansancio dibujaron una sonrisa al despedirse.

- Ya pueden irse, tenemos muchas burbujas de plástico que reventar, muchas gracias, buenas tardes, bye. – Cara salía de la puerta principal, siguiendo a los demás empleados que habían llevado los muebles antes de que él llegara – Alex, no seas tacaño, subieron una cama de caoba sin hacerle un rasguño. Eso es de admirarse. – Ambos vieron como los dos camiones se perdían calle abajo (con otras 200 libras que Alex dio como propina) para dar por terminada la tarea de la adquisición de muebles nuevos.

- Esta noche iré a los premios del hombre del año por parte de GQ… - dijo Alex, sentándose en el sillón cubierto por una manta.

- Algo irónico, por ser la competencia de Vogue – dijo Cara, sentándose con sus ajustados jeans sobre una mesa cubierta de plástico.

- Y me preguntaba si quizá quisieras venir conmigo – el chico ignoró la interrupción de la modelo, quién miraba todos los muebles como si hiciera un inventario mental de toda la mercancía en existencia.

- No lo sé. Me siento algo cansada, además sigo sintiéndome mareada y con algunas náuseas. Creo que será mejor que vayas solo.

Alex esperaba esa respuesta, sólo la había invitado para no hacerla sentir menos, pero en realidad sabía que Charlotte no saldría con los síntomas con los que ahora lidiaba. Puesto que regularmente se sentía mareada al caminar o subir escaleras y náuseas con algunos olores mientras cocinaba.

- Entonces será mejor que nos vayamos, mañana podemos pasar todo el domingo desgarrando burbujas de plástico, pero por lo pronto, tenemos que volver a nuestra casa.

Como Cara sabía que querían un momento de privacidad decidió despedirse.

- Gracias por todo Cara, te debo una.

- No es nada linda – contestó, llevándose un cigarrillo nuevo a la boca y buscando en su bolso el encendedor – puedes ponerle mi nombre a la criatura que llevas dentro y con eso es suficiente – cuando por fin encendió su cigarrillo salió al jardín y de un salto subió a su auto, puso en marcha el motor – es en serio, mi nombre quedaría perfecto en una castaña de ojos azules – dijo antes de salir disparada a toda velocidad en su bólido rojo.

- ¿Nos vamos? – preguntó Alex, tras echar un vistazo a las habitaciones superiores. Cuatro de ellas contaban con una cama y mesas de noche, todas pintadas en colores neutros (y quitando el horrible papel tapiz) la habitación que sería la biblioteca en la planta baja contaba ya con unos altos libreros que se mandaron a construir a la medida de la pared. La sala estaba conformada por tres sillones grandes (envueltos en plástico) sobre una alfombra color burgundy, era una de las habitaciones más iluminadas de todas, ya que contaba con ventanas laterales y frontales.

- Creo que es lo mejor – contestó ella, dejándose llevar por el chico hasta la puerta de la camioneta – Esa mesa para el jardín es bonita – dijo, mirando la casa bañada por el atardecer, la pintura desconchada le dio paso a un tono que Charlotte consideraba como “blanco celestial”, la verja de metal mantenía su uniforme color negro y la valla que separaba la cochera del jardín se había convertido de blanco a un color café terracota.

- Sí, la vi en una tienda de Portobello Road, combinará con la cascada artificial en el patio trasero y el camino de baldosas hacia la piscina.

 Al llegar a casa ambos se sentían fatigados, el dolor de cabeza más que el físico los agobiaba bastante, aunque para Alex era totalmente un logro que Charlotte no se quejara de nada (principalmente de sus síntomas) en el transcurso del día.

- Debe ser muy importante esa premiación – dijo Charlotte, acostada en la cama leyendo por centésima vez la revista de marie claire donde apareció, miraba como Alex se arreglaba con especial esmero la corbata y miraba su cabello muy continuamente.

- Los hombres más destacados de Reino Unido estarán allí, así que debo estar a la altura para el evento.

- Tu siempre estás por encima de esos eventos, no sé porqué tienes que ir cuando te puedes quedar aquí conmigo.

- Me gustaría linda, y lo sabes, pero ya estoy vestido.

- Ese no es problema – ella lo miraba por encima de su revista, Alex notaba la misma mirada seductora de Charlotte que Angelina Jolie mostraba en la portada.

- Hagamos un trato – Alex se acercó a ella, tirándose al lado sobre la cama – cuando vuelva traeré una gigantesca y grasosa hamburguesa con soda de naranja para cenarla juntos ¿De acuerdo?

- ¿Lo prometes? – preguntó ella, dejando caer la revista al suelo y tomando el rostro del chico entre sus manos.

- Lo prometo – Alex la besó en los labios y la miró a los ojos – Mientras más pronto me vaya, más rápido estaré de vuelta. – La besó en la frente y salió de la habitación – Espero que estés despierta cuando el hombre del año llegue.

Alex condujo hasta el lugar del evento, la ceremonia se llevaría a cabo en el Oriental Hyde Park London Hotel, reconocido por ser de los primeros en obtener la calificación de siete estrellas en todo Reino Unido, al llegar al estacionamiento un ballet-parking le indicó que los invitados VIP (a los que les hicieron llegar la invitación color azul cobalto) tendrían una alfombra roja, y los demás (con invitaciones en tonos pastel) pasarían directamente a donde se llevaría a cabo la ceremonia de premiación y la cena.

En la alfombra roja se encontró con medios como The Daily Mail y Mirror, que no dejaban escapar ningún pormenor del momento con sus cámaras, reporteros para internet y programas de televisión estiraban sus micrófonos hasta donde su brazo pudiera para obtener unas palabras de quién tuvieran enfrente. Tras su paso ante los flashes y una luz marcada en la retina Alex llegó al final de la alfombra, en donde una chica elegantemente vestida recibía a los caballeros y a sus acompañantes (en caso de llevarlas) y les indicaba el camino a su sitio correspondiente.

- Añadan otra silla a la mesa seis, Beckham ha traído a la estúpida de Victoria a la ceremonia – murmuraba la chica a un pequeño micrófono que le prendía del cuello de su vestido, mientras se ajustaba un auricular al oído para obtener una respuesta, al reparar en la presencia de Alex la chica cambió su semblante de disgusto a uno de cordialidad – Buenas noches señor Davis, ¿Puedo ver su invitación? – Alex sacó del bolsillo interno de su saco el sobre color cobalto y se lo extendió a la chica - ¿Viene solo? – Alex asintió, además de no querer hablar con nadie el hecho de no dirigirle la palabra lo hacía sentir importante – Entiendo, su mesa es la número siete, de lado derecho de la entrada.

- Gracias – contestó él, emprendiendo un paso seguro mientras la chica le pedía la invitación a Morrissey, tras su paso en la alfombra roja.

Al llegar a su mesa con espacio para 6 comensales, notó que a pesar de ser suficientemente espaciosa había una persona sentada, misma que debido a la iluminación del lugar no podía identificar muy bien. Al tomar asiento, notó que el rostro en penumbras lo escudriñaba, fue entonces cuando aquel hombre se acercó al rostro de Alex, haciendo que casi se atragantara con el Martini que había tomado de la charola de un mesero.

- ¡¿Qué diablos haces aquí?! – preguntó Rupert desde el otro lado de la mesa, donde una parte de su cara y su inconfundible cabello anaranjado quedaban al descubierto por la escasa iluminación.

- ¡¿Por qué demonios traes eso puesto?! – Exclamó Alex, al ver el traje y camisa que él mismo eligió para un  encargo especial de alguien de quién nunca había escuchado hablar.

- ¡Esto tú mismo lo mandaste para mí! – dijo Rupert, mirándose la corbata a rayas que combinada con la camisa azul.

- ¡Claro que no! Fue un pedido especial para un tal Roy…

- Lloyd… Rupert Alexander Lloyd… - contestó Rupert, con humor de querer partirle la cara.

- ¿Te llamas Alexander? – preguntó Alex, completamente sorprendido.

- Mi tercer nombre es Lloyd – dijo Rupert, como si confesara un secreto vergonzoso - ¡Además no me has dicho que haces aquí!

- Me invitaron par ser un hombre del año ¿Qué demonios haces aquí?

- Por la misma razón ¿Me vas a decir que por combinar calcetines con suéteres serás un hombre del año? ¡Por favor!

- ¿Y qué haces tú? Solamente mentir frente a una cámara, te pagan por ser quién no eres Eso sí que es estupendo – dijo Alex, remarcando el sarcasmo en la última frase.

- ¡Por Dios! ¡Tú no sabes nada de actuación!

- ¡Y tú no sabes nada de moda! – Respondió Alex – Eres tan imbécil que prefieres usar un pseudónimo a ir a mi oficina personalmente, eres tan tonto que ni siquiera te das cuenta de que esos zapatos no están a la venta aún.

- No quería ir porque… bueno… en cierto modo me siento apenado por haberte dicho eso sobre tu relación con Charlotte – Alex miraba como Rupert lo mirada con un verdadero sentimiento de perdón “no te confíes” se dijo para sí mismo “recuerda que es actor y le pagan por mentir”.

- Hablando de eso, el otro imbécil de George no estará por aquí ¿Cierto? – Rupert se encogió de hombros y vació de un trago su copa.

- ¿Cómo está… tu… pues – Rupert quería preguntar por el avance de Charlotte, pero al no poder pronunciar la palabra clave, dibujaba con sus manos un abultado vientre sobre su abdomen.

- Está bien – lo interrumpió Alex, mirándolo con disgusto – los cambios normales: náuseas, mareos…

- Me enteré de que compraron una casa, ¿Qué tal?

- ¿Quién te lo dijo? – preguntó Alex, pues apenas una semana atrás había cerrado un contrato con la agencia de bienes raíces.

- Cara le contó a George, quién le dijo a Karen quién me lo dijo a mí – contestó, como si comentara el clima de una tarde de verano.

- Oh, vaya, tengo que presumir que tengo los amigos más discretos del mundo – comentó, aún con más sarcasmo que anteriormente.

- No lo tomes así – dijo Rupert, dándole las gracias al mesero que le llenó la copa de champagne – digamos que estamos dispuestos a ayudarlos en cualquier cosa.

- Digamos que no necesito su ayuda, por ahora – Rupert hizo un ademán de contestar, pero las luces se extinguieron para darle paso a la apertura del evento con el show de sombras pilobolus, haciendo imposible que ambos pudieran mediar palabra.

- El momento más esperado de la noche ha llegado – anunciaba Lily Allen, conductora del evento junto con Eddie Redmayne

- Es momento de saber quién, de entre tanto distinguido caballero ha sido reconocido por GQ como hombre del año, en ésta, la décimo cuarta edición de la entrega de este galardón.

- El premio de hombre del año es para… - Lily procedió a abrir el sobre, el manto del nerviosismo cayó sobre los presentes y las ansias de escuchar su nombre en voz alta se hacían más que notorias - ¡David Beckham!

El recinto explotó en aplausos educados, un reflector buscaba a David entre la multitud, Victoria besó a su esposo antes de que subiera al estrado a recibir su premio. Saludaba a demás asistentes a su paso y al llegar al pódium, Alex se aproximó a Rupert:

- ¿Nos vamos?

Rupert no contestó y se puso de pie, siguiendo a Alex hasta la entrada del estacionamiento para pedir sus vehículos.

- ¿Te crees ahora el hombre del año? – preguntó Alex burlonamente, esperando a que el chico del ballet trajea su camioneta.

- Cállate, puedo jurar que estabas rezando por obtener ese premio.

- Si claro, como si necesitara de promoción.

- ¿Qué estás tratando de decir?

- Nada maldito presumido – Alex tomó abordó a su vehículo y gritó a Rupert desde el interior – ¡Y sí! ¡Lloyd suena ridículo como tercer nombre!