LII – La pérdida



- Alexis Davis, caucásico, 22 años, conducía la camioneta negra que fue impactada por otro auto, presenta fractura e incrustación de metales en el fémur derecho – decía una doctora a toda velocidad que caminaba detrás de la camilla en donde Alex fue transportado en ambulancia – la chica que viajaba con él no ha sido identificada, caucásica, muestra una contusión en el cuello y espalda baja, fractura del brazo derecho y nariz, al igual que el conductor – detrás de ella, la camilla que transportaba a la chica iba seguida por muchas más, todas entrando a los cubículos de emergencia para atender hemorragias, contusiones y fracturas. 

- Necesito un quirófano – dijo la enfermera al jefe del área de emergencias – tengo un paciente que puede perder la pierna si no se le extraen los restos de metal. 

- Estamos llenos, doctora Shapiro, tendrá que intervenir a su paciente rápido antes de que pierda más que una pierna – el doctor en jefe se retiró para recibir a dos ambulancias más. Alrededor de la sala de emergencias se respiraba el pesado ambiente de pánico y tragedia. Un aparatoso accidente con más de 7 autos involucrados era lo que la lluvia y la imprudencia se habían encargado de ocasionar al fusionarse. 

- ¡Morgan! Necesito anestesia, material quirúrgico y dos manos esterilizadas. ¡Muévete! – gritó, al ver que el residente al que se dirigía lo miraba con los ojos bien abiertos. Cuando Morgan llegó, la doctora Shapiro había rasgado el pantalón de Alex y desinfectado el área, la anestesia local surgió efectos de inmediato, a lo cual procedieron a extraer hasta el más mínimo rastro de metal de la pierna. 

- Todo ese maldito ruido me desconcentra – dijo la doctora, notando pequeñas punzadas de dolor en la sien por debajo de la patilla de sus gafas; las sirenas de la ambulancia, el tráfico de gente por el pasillo, doctores que pedían ayuda y pacientes que pedían auxilio mezclados en el pánico de una catástrofe – y gracias a Dios, éste es el último – con unas delicadas pinzas extrajo un pequeño pedazo de metal del tamaño de un clip, dejándolo caer en la bandeja de los residuos. – La anestesia dejará de hacer efecto en una hora. Termina de suturar la herida y ve a hacer algo útil con los demás pacientes. 

El enfermero obedeció. Comenzó a cerrar la herida cuando un movimiento del brazo derecho de Alex lo tomó por sorpresa. Poco a poco todo el cuerpo comenzó a responder: los dedos de las manos y de los pies se movían como adivinando que tanto podían estirarse y contraerse. Alex abrió los ojos, y al verse húmedo, manchado de barro, con el pantalón roto y la luz fría que emitía la lámpara, pensó que había muerto, pero el dolor en la pierna derecha lo hizo volver a la vida de una manera dolorosa. 

- Oye, necesitas descansar – dijo el enfermero tomando a Alex por los hombros y volviéndolo a acostar en la cama – fue un duro golpe, pudimos salvarte la pierna y además… 

- ¿Dónde está Charlotte? – preguntó, cerrando los ojos fuertemente ante el dolor de la pierna y las suturas. 

- ¿Quién? – preguntó el enfermero, temiendo por que su paciente tuviera demencia. 

- Charlotte, una chica rubia… Quiero verla – Alex escuchó que su voz se había convertido en un ruido nasal, debido al vendaje que cubría la fractura en su nariz - ¡¿Dónde está?! 

- La buscaré, ¿entendido? – El enfermero salió del cubículo corriendo, más que ayudar a Alex, sus planes eran alejarse de él – Sólo quédese aquí - Caminó apresuradamente entre camillas vacías, familiares que pedían información y personas que salían de la sala de urgencias con vendajes, collarines o en silla de ruedas. 

- ¡Barkley, Barkley! – gritaba Morgan a uno de los encargados del área de información, quiénes se veían presionados entre el jefe de urgencias y el teléfono que no dejaba de sonar. 

- ¿Qué demonios te pasa Will? – Preguntó él – ¡Media maldita ciudad está llamando al hospital! 

- Necesito informes sobre una chica rubia, viajaba en una camioneta que fue impactaba por otro vehículo… acompañaba a un chico castaño y alto… Se llama Charlotte. 

- Necesito más que eso Will –contestó el telefonista detrás de su escritorio - ¿Sabes la cantidad de gente que ha ingresado por esa puerta? 

Will negó con la cabeza, intentaba recordar si había visto a una rubia entrar por la sala de urgencias, pero un fuerte ruido metálico llamó la atención de todos los presentes, médicos y pacientes. Alex caminaba con paso entrecortado y con la pierna derecha aún con suturas, a su paso había derribado una bandeja de bisturíes al sostenerse para no perder el equilibrio. 

- ¡Morgan! ¡¿Por qué diablos tu paciente está fuera de la cama?! – exclamó la voz de la doctora Shapiro, quién se deshacía de sus guantes de látex y el cubre bocas. 

- ¿Dónde está Charlotte? – preguntó Alex, ignorando el dolor de su pierna y caminando apoyándose en las camillas y sillas de ruedas que encontraba a su paso. 

- Una chica rubia – intervino Will, dirigiéndose a su jefa inmediata en busca de ayuda – caucásica, venía con él en el auto cuando fueron impactados. 

- Acaba de salir de cirugía – dijo la doctora Shapiro, quitándose la cofia que le recogía su ondulado cabello – está fuera de peligro, pero es recomendable que… 

- Quiero verla, ahora… - Alex trató de dar un paso más, pero el dolor en la pierna se intensificó y cayó al piso. El jefe de urgencias y Will corrieron a levantarlo y lo sentaron en una silla de ruedas – por favor, quiero verla, estar con ella, saber que está bien. 

- Llévalo a la sala 16 Will – dijo la doctora, lista para atender a un paciente más que arribaba en la ambulancia que recién llegaba - ¡Ahora muévete! 

Al entrar a la habitación 16, no pudo contener las lágrimas. El cuerpo de Charlotte reposaba con una respiración lenta sobre la camilla entre los aparatos que parpadeaban y emitían sonidos uniformes, demostrando que estaba viva. 

- Cherry, querida, soy yo… Alex, estoy aquí, junto a ti – tomó la mano de la chica y la besó por encima de los delgados cables y mangueras que la conectaban con una máquina que emitía ligeros pitidos, sintió el contacto frío de sus dedos en sus labios, se le notaba terriblemente pálida y cansada - ¿Cómo está? – preguntó a los doctores que estaban en la habitación antes de que el llegara - ¿Se pondrá bien? 

- Sufrió una contusión en el cuello, afortunadamente no necesitará terapia… 

- La fractura de su brazo no es nada de consideración, tendrá que evitar cargar cosas pesadas y hacer mucho esfuerzo – intervino una doctora, que usaba un gafete color azul con un pequeño elefante hecho con tela azul, sin duda era pediatra o trabajaba con niños. 

- ¿Y el bebé está bien? – Preguntó sin mirar a los doctores, se había empeñado en retirarle el cabello de la cara a la chica, evitando así que luciera como un cadáver fantasmagóricamente pálido que respiraba con lentitud - ¿Doctor? - giró su cabeza en dirección de los médicos, Charlotte abría los ojos lentamente y presionaba con fuerza la mano de Alex en la suya – Cherry, querida, dime que estás bien – murmuraba Alex, como si tuviera en frente a un cuerpo en el lecho de muerte - ¿Doctor? ¿El bebé está bien? – Al mirar a los médicos de nuevo, notó como intercambiaban una mirada seria. 

- El impacto del auto fue muy fuerte – dijo la doctora, metiendo sus manos a la bata blanca y mirando a todos lados excepto a Alex – en la cuarta semana de embarazo el feto aún está en formación. La presión del cinturón de seguridad y la fuerza de la bolsa de aire golpearon su vientre… - la doctora tomó aire, como preparándose para sumergirse en el océano – cuando ella llegó aquí, no había nada más que hacer. Lo sentimos mucho. 

Alex no asimilada las palabras de la doctora, si oídos se ensordecieron y la sangre se le enfrío en todo el cuerpo, las extremidades no le respondían y el dolor de la pierna cesó. Su cabeza se giró hacia Charlotte, quién se llevó las manos al vientre y rompió a llorar, notó la ausencia de los doctores y recargó su cabeza contra el regazo de la chica. La cabeza le daba vueltas, de la nada, el momento del accidente volvió frente a sus ojos: de cómo un automóvil blanco se volcaba en dirección a ellos, de cómo giró la camioneta para evitar un impacto mayor del lado de Charlotte, la cara de la chica impactándose en la bolsa de aire y después salir despedida violentamente contra el asiento. 

- Todo va a estar bien – dijo Alex, aferrándose a la mano helada de la chica – todo estará bien. No sabía cómo pero aquellas palabras acudieron a su boca, estaba seguro de que Charlotte sólo asentía con los ojos cerrados empapados en lágrimas por hacer algo. Estaba tan débil que Alex temía dejara de respirar por falta de fuerzas, por lo cual pidió quedarse junto a ella durante toda su estancia del hospital. Cuando descartaron una infección en su pierna y alguna fractura más en Charlotte, un taxi los llevó a casa. La ausencia de fotógrafos se respaldaba en el hecho de que el país entero no hablaba de otra cosa. El calor de su hogar al cruzar el umbral de la puerta les produjo una sensación inexplicable, a pesar de ser pequeña en comparación con la que se empeñaron en amueblar durante semanas, sentían un afecto especial hacia esas paredes y cada centímetro de la construcción. Con gran esfuerzo, Alex ayudó a la chica a subir hacia la habitación, antes de entrar miró la puerta entreabierta del ático: la ventana dejaba entrar rayos de luz que se reflejaban en las paredes color beige, ambos abandonaron esa habitación para enfocarse en su nueva casa. 

Cuando entraron en la habitación, Charlotte se dejó caer al lado de la cama, apoyando su cabeza contra el colchón y llorando desconsoladamente. Era tanto su dolor por expresar, que gritó hasta que la garganta se le cerró, Alex se acercó tan rápido como su pierna se lo permitía y se arrodilló frente a ella. 

- Cherry, linda mírame – tomó su rostro entre sus manos, el azul de sus ojos se fusionaba con el rojo de la sangre inyectada en la retina. El cabello revuelto se entrelazó en sus dedos, humedeciéndose con las lágrimas que caían por sus mejillas – vamos a estar bien, te juro que estaremos bien, créeme que hubiera elegido morir a que… - Alex se detuvo, no se atrevía a mencionar la pérdida de un hijo que anhelaba, un hijo que sin tenerlo entre sus brazos amaron desde el vientre de Charlotte – te prometo que todo estará bien. Prométeme que estarás bien – buscaba los ojos de la chica tras sus párpados, pero ella se aferra a sumirse en su oscuridad, como deseando que todo fuera una pesadilla terrible – Dime que estarás bien – Charlotte sólo se limitó a asentir, la garganta se negaba a emitir sonido alguno después de ser explotada en un arranque de tristeza – Vamos a estar bien – le susurró al oído, tomándola entre sus brazos – te juro que todo estará bien. 

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Bien, no me odien por llegar a esto. Es algo que yo ya había planeado desde que decidí embarazarla (¿?) digamos que no me gusta hacer felices a las personas así como así, y siendo sinceros: ¿No les gustó que no tuvieran el hijo? (De una u otra forma)