LVIII – Los preparativos


- No Cherry – comentaba Cara sosteniendo firmemente el volante del auto – si te vas a casar, lo último que quieres en la vida es que sea algo “sencillo” – dijo, dibujando unas comillas en el aire e imitando el tono de voz que Alex usó días anteriores. 

- Creo que Cara tiene razón – comentó Karen desde el asiento trasero – si lo harás una sola vez en tu vida, tendrá que ser especial... mágico – la chica miraba por la ventana, esperando a que se dibujara un arcoíris por su comentario. 

- ¡Claro! Alex puede llegar en un unicornio con crines azules y unas palomas posarán sobre nosotras coronas de guirnaldas – dijo Cara con un tono sarcástico insuperable. 

- Necesitaré más ayuda de la que creí – dijo Charlotte, pensando en el evento que cubriera con todas sus expectativas y estuviera a la altura de las circunstancias, cuando Cara dio vuelta en la cuadra donde vivía Charlotte, notó que un camión de mudanzas estaba estacionado frente a la casa y bajaba mesas rectangulares al jardín. Al entrar a casa, la sala, el salón de juegos y la biblioteca estaban ocupados por mesas rectangulares vacías y sillas de plástico. 

- ¿Qué es todo esto? – preguntó Cara a George, antes de que Charlotte formulara la cuestión. 

- Alex pensó mejor las cosas y traerá el trabajo a casa – contestó a su chica, abrazándola por la cintura y besándole la frente – o al menos eso es lo que me dijo Rupert. 

Los encargados de la transportación de las mesas terminaron su tarea, dejando las áreas despejadas, ocupadas por sillas y plásticos inservibles. 

- ¿A qué te refieres con que traerá el trabajo a casa? – preguntó Charlotte, pero su duda quedó resuelta al ver por lo menos diez autos de la compañía desfilar por la calle, uno tras otro transportaban por lo menos a 3 personas que bajaban a la acera y esperaban en el jardín. Del último auto, salió Alex y Rupert (vestido de acuerdo a sus días de oficinista en Vogue: camisa de Thomas Pink, pantalón de Lanvin y zapatos de Louis Vuitton) quienes encabezaban la marcha hacia la casa. 

- Hola amor – saludó a Charlotte, besándola, ignorando a sus padres que se asomaban curiosos desde lo alto de la escalera – verás, como Tom Ford dejó las cosas peor que antes, tenemos mucho trabajo en la oficina (Rupert asintió detrás de él) así que decidí traer los preparativos de la boda a casa. 

- Me parece bien pero... Aún no tenemos nada listo... Ni siquiera... – 

- No tienes nada de qué preocuparte – la interrumpió el chico - desde que la prensa supo lo de nuestro compromiso medio mundo de la moda comenzó a especular sobre todo tipo de detalles, así que sólo tendrás que sentarte y decidir. 

- Pero... – Antes de que dijera otra palabra, Alex le puso un dedo en los labios delicadamente y dirigiéndose a las personas que miraban la escena consternados, dijo: - Consigan la colección Otoño/Invierno de Carlo Pignatelli – Richard, encargado de moda, sacó al instante su teléfono, seguido de tres asistentes que estaban a su cargo – Llamen a Rita Hazan y Teddy Chrales, no creo que digan que no cuando se trate de nosotros – Xavier comenzó a llamar por teléfono, al igual que otros tres subordinados – en cuanto a los vestidos de novia... cuatro son muy pocas opciones, necesitamos más propuestas ¿Acaso es difícil conseguir un vestido de novia digno? – Sin esperar respuesta, Alex subió las escaleras, y en el piso inferior, el pandemónium comenzó al instante. Todos ocuparon las mesas y sillas para poder organizar la boda del año, computadoras portátiles que eran tecleadas con brusquedad, teléfonos celulares que no dejaban de sonar y tazas de café que se rellenaban con velocidad impresionante. 

- Xavier – llamó Alex desde el bar unas horas más tarde, era la única estancia personal en donde el silencio y la tranquilidad reinaban en aquella casa - ¿Cómo va todo? – preguntó, metiendo al trabajador en aprietos, no sabía si se refería a la planeación de la boda o a su colaboración con Rupert, quién había salido con Karen al jardín trasero. 

- Los bocetos de Carlo Pignatelli están impresos – contestó – Rita Hazan viene desde New York y pudimos confirmar a Teddy Charles, en cuanto a los vestidos de novia Vera Wang mandó bocetos de su colección de primavera del próximo año, comprometiéndose a confeccionar uno en seguida cuando reciba su orden. 

- ¿Cómo vez a Rupert? – preguntó Alex, bebiendo de su vaso de agua fría. 

- La verdad señor... Es un completo desastre – respondió, a la par que Cara sonreía complacida, como si estuviera esperando a que dijera eso – cuando le pregunté por la crema de Sheiseido, me contestó que: “no había estado en esa parte de Japón” ¿Puede creerlo? 

- Es normal, todos comenzamos como él: ignorando lo que tenemos enfrente y vendemos nuestra alma cuando nos vemos en el espejo con un traje de Lanvin. Nada del otro mundo. Necesitamos un servicio de meseros, copas de Baccarat y música clásica para la fiesta – dijo, con la rapidez de sus ideas que siempre lo caracterizaban – llama a Philip Treacy y convéncelo de crear algunos tocados para las damas de la ceremonia, necesito que localices a una chica llamada Stella Bott y la traigas enseguida. ¿Entendido? 

Sin responder verbalmente pero con un asentimiento de cabeza, salió de la estancia a perderse en el bullicio de papeles salidos de ningún lugar. 

- ¡Amor! – Llamó Charlotte, bajando las escaleras con una bandeja en manos - ¿Podrías decirle a mi futura suegra de que todo esto que hacemos es por nuestra boda, y no para un club de lectura? 

- ¿De qué... 

- Esos pastelillos son muy dulces – dijo Eloise, siguiendo a Charlotte tras las escaleras – me he cuidado mucho como para hacerme diabética de un día para otro. 

- Mamá, basta, no te metas – exclamó Alex, vaticinando la discusión que se veía venir. 

- ¡Es en serio! Toda esta crema color azul... me da mala espina – tomó uno de los bizcochos con corazones de menta y le dio a probar a Alex - ¿Ves? El principal ingrediente de esas cosas son las estrías. 

- ¡Mamá! – exclamó Alex apenado, viendo como Cara y George contenían una risa burlona - ¿Porqué no vas al patio a ver las plantas, rezar o algo así? 

- Como gustes, pero si después te quejas de que los pantalones no te quedan, no vengas conmigo a llorar. 

- Señor – Jeff se asomó por la puerta, y lamentó interrumpir el momento en el que Charlotte le daba de comer a Alex un bizcocho sentada sobre sus piernas – tenemos miembros de la Orquesta Sinfónica de Londres, y esperamos una lista de canciones para el repertorio de la fiesta, Carlo Pignatelli mandó todos sus diseños, necesitamos tomar medidas cuanto antes, un estilista se encargará de los hombres y Rita y Teddy se comprometieron con todas las chicas ¿Quiere que confirme a The Merry Cupcakes para los postres? 

Alex miró a la chica, esperando su respuesta, la cual sólo asintió como gesto de aprobación. 

- Sí, hazlo. ¿Qué hay del pastel? 

- Ana Paz nos contestó desde su oficina en Venezuela, pero estamos en espera de sus muestras de parte de la tienda de Miami. Por cierto, la señorita Stella acaba de llegar... 

Un torbellino de cabellos rizados entró a la habitación a toda prisa, empujando a Jeff contra la puerta. 

- ¡NO LO PUEDO CREER, TE VAS CASAR! – Gritó emocionada, abrazándola y dando saltitos de alegría - ¡Déjame ver tu anillo! – Al ver el dedo anular de la chica, volvió a gritar, destrozando tímpanos y provocando jaqueca – Es más hermoso de lo que pude soñarlo, en todos lados no se habla de otra cosa. 

- Señor, necesitamos que las damas se tomen medidas para el vestido de Cavalli. 

- ¡Ya era hora! – Exclamó Cara, su semblante aburrido y desinteresado cambió radicalmente – Yo soy talla cero, pero podrían hacer algo por Karen, creo que no sabe la diferencia entre ser bonita y ser talla dos. Ven George – tomó al chico de la mano – vayamos a que te hagan algo por tu cabello y sólo Dios sabe cuánto tardemos. 

En un salón de belleza improvisado, Alex, George y Rupert estaban sentados esperando su turno para que los estilistas de la revista hicieran algo por ellos, George y Rupert se negaban a deshacerse de su cabellera, mientras que Alex regresaba al look del cabello corto. 

- Señor – Ben se asomaba por la puerta con el teléfono móvil presionado contra su pecho, obviamente atendiendo una llamada – confirmamos el evento en la abadía de Westminster, y estoy en pláticas con el Oriental Hyde Park para la recepción. 

- Muy bien Ben, encárgate de que haya centros florales con floreros de Baccarat. Sería lindo que hubiera estatuas de hielo en cada mesa ¿No crees? – Preguntó Alex a Charlotte, quién sólo asintió frente al espejo en donde su delicado cabello sería transformado – un cisne de hielo en cada mesa rodeado de rosas rojas y algo llamativo al centro de la pista de baile. Una fuente quizá, no sé, usa tu imaginación. 

- ¿La abadía de Westminster? – Preguntó Cara – Vaya, esto sí que será en grande, y tú que querías algo sencillo. 

- ¿Qué tiene de especial la abadía esa? 

- ¡¿Qué qué tiene de especial?! – Exclamó Karen, leyendo una revista que había en una mesa, esperando su turno para ser transformada – Linda, la realeza sólo tiene a su disposición esa abadía para acontecimientos como ese. 

- En resumen, tendrás una boda de cuento, sin las hermanas feas, claro está – comentó George, recordando el tocado en forma de pretzel de la hija de Camila Parker, en la boda del príncipe William. 

- ¡Señor! – Una chica que contestaba los teléfonos corrió hacia donde estaban y tomando aire se preparó para dar un comunicado – confirmó Lagerfeld y Bailey su presencia a la boda, la lista de invitados está completa, a menos que quieran hacer una corrección... 

- ¡Christian Louboutin llamó por cuarta vez pidiendo una muestra de la tela del vestido para forrar los zapatos! – gritó uno de los telefonistas, quién mantenía el aparato entre su cuello y hombro izquierdo mientras tecleaba en la computadora con una velocidad alarmante. 

- El problema es que aún no hay un vestido – contestó otro encargado de los teléfonos, unas mesas más allá, tomó un sobre con fotografías y se lo entregó a Alex – son todos hasta ahora, desde Carolina Herrera hasta Dior. 

- Gracias - contestó Alex, tomando el sobre entre sus manos y sacando las fotografías. 

- ¡Oye, no hagas eso! – exclamó Charlotte 

- ¿Qué? ¿Ver el vestido de novia antes de la boda? – Alex volvió a meter las fotografías en el sobre, donde una de ellas mostraba un bordado de pedrería a lo largo del corsé – Cherry, querida, sobrevivimos a un accidente de auto, soy amigo de estos dos – señaló a Rupert y a George, que comentaban una foto en el móvil del cantante – y aún sigo vivo. Lo único malo que podría pasar, es que una paloma me ensucie antes de llegar al altar. Y eso no será nada comparado con lo que hemos vivido. Ahora deja que tu príncipe se encargue de todo.


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Esto lo escribió Mayra, así que no hay mucho que decir.