
- ¿Le crees, cierto? – preguntó Cara, sentada en el alféizar de la ventana de la habitación de Charlotte mirando hacia el jardín.
- No sé qué creer – contestó ella, sentada en la cama de espaldas a su amiga – No sé qué pasó antes de que lo conociera, de que fuera su novia o... su esposa.
- ¿El no haría algo así – dijo Cara, acercándose a Charlotte y sentándose a su lado.
- Cara tiene razón – dijo Karen, quién estaba de pie recargada en la puerta – Es un buen hombre, tienen un hijo precioso y no se expondría a algo así, tu felicidad es la de él.
- Lo sé pero... hay algo dentro de mí que me trata de convencer de lo contrario.
- Él te ama, estuvo contigo antes y después del embarazo, necesita saber que estás con él, que lo apoyas.
- ¿Sabes? Cara y yo estamos celosas de ti - Karen se arrodilló ante Charlotte para mirarla al rostro – tenemos envidia de cómo alguien como puede amarte tanto él lo hace por ti. Si Rupert y yo siguiéramos juntos creo que tendríamos mucho que aprender de ustedes... Y Cara y Geo...
- ¡No te atrevas a mencionar a ése imbécil! – Exclamó Cara, era tanto su disgusto que sin saberlo se había puesto de pie – George es un estúpido, no tiene nada que ver con el hombre que tienes por marido, él te ama, y hace todo esto para probarte que desde siempre te ha amado...
- Charlotte, querida – su madre abrió la puerta temerosamente, asomándose a la estancia – Alex está a punto de irse y...
- Ya voy mamá – interrumpió la chica con una sonrisa melancólica en su rostro - ¿Vamos? – preguntó a las chicas, esperando que la acompañaran por las escaleras para que no cayera en la tentación de llorar.
En la planta baja de la casa estaba Newhouse, Clark y Alex listos para salir en un auto de la compañía hacia la última audición.
- Me voy – dijo Alex, esperando alguna palabra de apoyo de parte de su esposa, la cual sólo se limitó a asentir y abrazarlo con fuerza – todo irá bien linda, volveré para vivir una vida normal, te llevaré a Bora Bora y te compraré flores – le susurró al oído – Viviremos un romance tan apasionado que a todo el hotel le dará fiebre – la chica sonrió y dijo:
- Quiero ir contigo – las palabras de la chica cayeron sobre todos como agua gélida. Alex esperaba que se quedara en casa, explicándole a Chris que su padre tenía mucho trabajo – quiero estar allí.
- Pero... – Alex buscó con la mirada a su abogado, el cuál asintió levemente, como si fuera una verdadera ayuda a la hora de declarar cuando estuviese conectado al polígrafo.
- Chris se quedará con mis padres y con las chicas... con George y Rupert... – objetó Charlotte, mirándolo suplicante – quiero apoyarte, quiero que salgamos de esto juntos.
- ¿Nos vamos? – preguntó el abogado, consultando su reloj y mirando a los presentes con insistencia
Alex no tuvo más remedio que dejar que la chica fuera con él, entrelazaron sus dedos en el trayecto de la casa hasta la corte, en donde ella se separó de él para que ocupara su lugar al frente de la sala.
- ¡De pie! – anunció un custodio ante la llegada del juez, mismo que tomó asiento en su respectivo lugar para dar por terminado ese caso de una vez por todas. Alex miró fugazmente hacía atrás y notó que Charlotte no le quitaba la vista de encima a la mujer que lo demandaba. Trató de recordar vagamente si se había cruzado a esa mujer en alguna fiesta, reunión o desfile al que asistía comúnmente, pero los esfuerzos fueron en vano.
- Llamo a Katherine al estrado – dijo Clark, tomando la palabra antes de que el abogado de la demandante hiciera lo mismo. En lugar de subir a la silla anexa al estrado del juez, una silla metálica la esperaba junto a una mesa con un monitor, cables de colores y lo que parecía una tornamesa desarmada, el encargado del polígrafo colocó unos cables alrededor del estómago y por encima del busto de Katherine, al igual que un brazalete en el antebrazo por encima del codo.
- Adelante – dijo el chico que colocó la indumentaria electrónica sobre la mujer, indicando que estaba lista para someterse al polígrafo.
- ¿Su nombre es Katherine Hayton? – preguntó Clark. Alex no entendía que relevancia tenía esa pregunta, pero al ver una línea verde en el monitor ante la respuesta afirmativa de la mujer, supuso que era para comprobar la fiabilidad de la máquina.
- ¿Conoció a Alexis Davis en un bar?
- Sí – Afirmativo. La mirada de la mujer postrada sobre Alex irradiaba seguridad y confianza en sí misma. Alex estuvo tentado a mira hacia atrás y poderle dirigir alguna señal de apoyo a Charlotte, pero supuso que el juez le llamaría la atención.
- ¿Usted afirma que mi cliente se le acercó a usted aquella noche?
- Así es – Verde. Katherine no mentía, Alex cerró los ojos con fuerza tratando de recordar un bar, una barra o una chica con la cuál haya charlado, pero era imposible.
- ¿Se presentó a usted como Alexis Davis?
- No. Usó otro nombre aquella noche – En efecto, ella decía la verdad, el polígrafo le daba la razón y el encargado de la máquina sólo se ocupaba en decir “afirmativo” a cada una de sus preguntas para que quedaran plasmadas en el registro.
- ¿Recuerda que nombre era?
- Rupert Craig – contestó. Alex levantó la mirada tan rápidamente que sintió un mareo momentáneo... “nunca lo dije, pero si nos volvemos a ver de nuevo, puedes llamarme Rupert Craig”. Todo llegó tan rápido a su cabeza que sintió que le había caído a la velocidad de un rayo desde el cielo.
- Asegura que él le pidió su número de teléfono ¿Es cierto?
- Correcto – Afirmativo. La línea verde en crecimiento indicaba que de sus labios sólo la verdad se hacía presente. Recordó como Charlotte comenzaba su carrera como modelo y salía del país constantemente.
- ¿Hubo un contacto, ya sea telefónico o personal después de aquella noche?
- Sí
- Falso – anunció el personal del polígrafo, una gradiente línea roja apareció en el monitor frente al jurado y los presentes.
- ¿Mantuvo encuentros sexuales con Alexis Davis?
- Si
- Falso – apareció de nuevo una línea roja, aún más gruesa y alta que la anterior.
- ¿Es Alan Hayton de seis años, hijo de Alexis Davis?
- Si – contestó, tragando saliva; esperando que la máquina fallara a su favor.
- Falso – exclamó el chico junto al monitor, que registraba el proceso de las preguntas y sus respectivas respuestas.
- ¿Ha venido aquí para buscar el apellido e imagen paterna a su hijo Alan?
- ¡Por supuesto! – Exclamó indignada, poniéndose de pie bruscamente.
- Falso – dijo el chico, retirando tímidamente los cables del torso y brazo de Katherine.
- Creo que hasta ahora sabemos la mitad de la verdad – dijo Clark, al ver que la mujer volvía a su lugar junto al abogado defensor – si cree que puede hacer algo por ella, adelante – dijo Clark al hombre que representaba a la demandante.
- Llamo a Alexis Davis al polígrafo – anunció. Alex se levantó de su incómoda silla de madera y caminó con movimientos monótonos hasta la silla aún más incómoda de metal, le colocaron los cables alrededor del pecho y del estómago, al igual que el brazalete que medía sus pulsaciones en el brazo. A lo lejos, en el último asiento de la estancia el rostro de Charlotte lo miraba con ternura, trataba de dibujar una sonrisa en su rostro pero le era imposible, y él lo comprendió.
- ¿Corresponde usted al nombre de Alexis Davis?
- Si – positivo, la línea verde se hizo presente en el monitor ante la audiencia.
- ¿Había visto a Katherine Taylor antes de encontrársela en los juzgados? – Alex miró el rostro de Charlotte, cerró los ojos y respondió:
- Sí – Verde, la había conocido en una visita a un bar junto con George y Rupert.
- ¿Seis años aproximadamente?
- Así es – miró a Charlotte por entre la gente que presenciaba el juicio y notó que lloraba en silencio – perdón linda – susurró para sí.
- Afirmativo – anunció el chico encargado del polígrafo, monitoreando las pulsaciones de Alex y su ritmo cardiaco.
- ¿Usted pidió el número telefónico de la demandante aquella noche?
“Si consigues el número de la chica nos vamos, de lo contrario podemos esperar. La noche es larga.”
- No – contestó con firmeza – ella me lo ofreció – una línea verde muy pronunciada
- ¿Usted le dijo que trabajaba para una revista?
- Así es – cierto. Le proporcionó un nombre falso para cubrir su verdadera identidad.
- ¿Es usted el editor en jefe de Vogue Man international?
- Si... y no. La revista se escindió hace algunos meses y me quedé a cargo de la edición de Reino Unido.
- ¿Puede alguien dar testigo de eso, señor Davis?
- El señor Samuel Irving Newhouse aquí presente puede constatar lo declarado – el aludido se puso de pie para constatar que estaba dispuesto a declarar a favor de Alex si se le pidiera.
- Volviendo al interrogatorio... ¿Usted mantuvo relaciones sexuales con Katherine Taylor?
- Nunca – contestó, mirando a Charlotte a los ojos, la chica aún derramaba lágrimas silenciosas desde el fondo de la estancia.
- Cierto – declaró el chico que no se despegaba del monitor.
- ¿Conoce usted a Alan Taylor de seis años?
- No – su voz sonaba segura, misma fuerza que le daba el saber que todo aquello saldría bien.
- Cierto – anunció de nuevo el chico, mirando los registros impresos del polígrafo en las hojas membretadas.
- Eso es todo su señoría – dijo el abogado, volviendo al lugar que le correspondía junto a Katherine.
Alex volvió a la mesa junto a Clark, al parecer el jurado veía la reacción de las respuestas ante cada una de las preguntas formuladas, un torrente de murmullos se esparció en el tribunal como la pólvora, augurando el veredicto.
- El jurado decide posponer su veredicto hasta que se presencie la prueba de ADN correspondiente al caso, misma que estará lista en unos minutos – anunció una chica con rasgos orientales que formaba parte del cuerpo de personas que tomarían la decisión final.
Alex contenía sus inmensas ganas de correr hacia Charlotte y decirle que todo estaría bien, que regresarían a casa para vivir una vida normal sin que nada ni nadie se interfiriera en su vida, pero un cosquilleo en las piernas y un latido punzante en el corazón lo mantenían en su lugar.
- Todo está a nuestro favor – dijo Clark en voz baja – no pueden hacer nada apelar lo contrario – La esperanza surgía de entre la niebla abrumadora del momento, Alex sabía que no había nada que temer. La única mujer a la que pertenecía estaba a metros de distancia llorando y suplicando porque todo terminara de una vez.
Por una de las puertas de madera encontró una mujer joven de aspecto serio, llevaba una bata blanca con el sello de alguna institución médica bordado en el pecho. El sonido de sus zapatos era el eco de la tensión de los presentes. Extendió un sobre de papel color blanco hacia la miembro del jurado que habló anteriormente y salió con el mismo misterio y silencio que la envolvía desde que entró al tribunal.
- La prueba realizada por los laboratorios DNA Solutions con acreditaciones de ISO17025, AABB Y CAP – dijo la mujer de rasgos orientales, poniéndose de pie y exclamando en voz alta – Analizó 16 marcadores genéticos. El proceso de la prueba constó en la amplificación de ADN realizada por medio del sistema PowerPlex, con detección a través del analizador genético ABI PRISM 3130xl, y el análisis mediante programa GeneMapper ID – hizo una pausa dramática para que el transcriptor del caso hubiera captado todo detalle de lo leído en el resultado de las pruebas, al cabo de unos segundos, continuó: - De acuerdo con el análisis de ADN, el presunto padre, Alexis Davis es excluido como padre biológico del menor, Alan Hayton, porque no coinciden los suficientes marcadores genéticos requeridos. La probabilidad de paternidad es del 0%, por lo cual el jurado determina que Alexis Davis está libre del cargo de paternidad que la demandante le reclama.
- Bien... Caso cerrado – el juez golpeó el escritorio con su pequeño mazo de madera, dando por terminada la audiencia – Se retira la demanda de paternidad y manutención al acusado, ahora vayan a tomar un café.
- ¡De pie! – anunció un custodio, el ruido chirriante de la madera contra el piso al arrastrar los bancos para ponerse de pie inundó el lugar, al igual que un respiro de alivio para Alex. Su abogado le estrechó la mano en señal triunfante al igual que Newhouse. Giró a sus espaldas y vio a Charlotte, de pie con los ojos aún húmedos. Alex caminó hacia ella, todo el peso que sentía en su estómago se esfumó cuando escuchó el veredicto final del jurado.
- ¿Estás bien? – preguntó él, al tenerla cara a cara frente a ella. Sólo asintió y lo abrazó con fuerza, sentir que él era su esposo la hizo sentir protegida y segura - Prometo que te explicaré todo - dijo él, esperando no echarse a llorar de vergüenza ante ella - juro que lo haré.
- ¿Nos vamos? Ya no quiero estar aquí – dijo ella, dejándose rodear por el brazo de Alex al salir del tribunal - Ya nada importa, quiero irme...
- Mis vacaciones terminan en cuatro días... Tiempo suficiente para ir a Bora Bora y olvidar todo esto... – le susurró el chico al oído - ¿Quieres volver a ser mi novia de nuevo?
La chica asintió con una sonrisa, después de aquello pensó que ya nada podría perturbar su relación.
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Obviamente las cosas le favorecían a Alex; sin embargo, Charlotte demuestra ese complejo de duda en la conversación con Cara y Karen, ya que ella siente que le debe todo a él: su carrera, su trabajo y su vida actual, ella pensaba que el mundo del espectáculo y los reflectores estaba lleno de mentiras y secretos, pero por suerte encontró a alguien que no tiene nada que ocultar.