LXX - Bora Bora



Las uñas de Charlotte se clavaban en la espalda de Alex como si de ello dependiera su vida. Sus ojos entreabiertos miraban a su esposo con las mejillas sonrosadas y pequeñas perlas de sudor que rodaban de su frente. El clima de las polinesias francesas era raramente exquisito y provocador. Los labios de Alex se separaron de los de Charlotte para bajar hacia su cuello y sus senos, el vaivén continuo de sus penetraciones hacía que la chica respirara entrecortadamente y exclamara gemidos de placer. 

La lengua de Alex recorría cada centímetro de sus pechos, deteniéndose en los pezones para mordisquearlos ligeramente y ser parte del escalofrío excitante que la chica experimentó, ella mantenía las piernas entrelazadas en la cintura de Alex, esperando que aquello no terminara nunca, un último y sonoro gemido indicó que Charlotte al igual que Alex llegaban al éxtasis final. Él se dejó caer al lado de su esposa sobre la cama con vista a la bahía y cerró los ojos. 

- Wooow – exclamó, limpiándose el sudor de la frente y tratando de recuperar su respiración a ritmo normal – fue... 

- Estupendo – dijo Charlotte, buscando los brazos de Alex para acurrucarse en su regazo - ¿Hace cuanto que no hacíamos algo así? – preguntó la chica. 

- Meses... en un viaje... a Taiwán... 

- Cierto – recordó como le dieron rienda suelta a su pasión en una visita relámpago a Taipéi donde Charlotte apoyaba a una causa benéfica - ¿Porqué? 

- Por Chris – contestó - no podemos pasearnos desnudos frente a él como si nada... 

- Extraño esos días... En los que podíamos ir de la cocina a la piscina desnudos sin problemas... 

- Chris crecerá, tendrá que irse de casa y volveremos a las andadas como siempre – Alex acariciaba la cintura y el trasero de su esposa acostada a su lado – Si eso no ocurre, lo enlistaremos a un colegio militar o algo así. 

- ¿Crees que cuando crezca le guste todo esto? Me refiero a... Viajar, estar frente a una cámara y esas cosas. 

- Él no lo ve como trabajo – dijo Alex – se divierte haciéndolo, es lo que cuenta. 

- Pero tendrá que salir al mundo y... 

- Estará listo cuando sea la hora – interrumpió, irguiéndose en la cama dispuesto a ponerse en pie a pesar del ligero temblor de sus piernas - ¿Vienes a la ducha? – preguntó, ofreciéndole una mano a Charlotte, ella la tomó y se levantó de entre las sábanas. Se dejó envolver por los brazos de Alex hasta la regadera, en donde el agua templada se fusionaba con sus cuerpos una vez más. 

El sonido de un teléfono celular los sacó de su sesión de caricias y besos durante un momento, el teléfono de Alex vibraba y sonaba desde el lavabo sobre una toalla color púrpura del hotel. 

- ¿Sí? – preguntó Alex, contestando con el altavoz de su móvil 

- Soy Rose – contestó desde el otro lado de la línea – Sé que estás de vacaciones, y lo siento mucho, pero Anna Wintour ha estado llamando personalmente para invitarte a su gala anual del MET en Nueva York 

- Ajá – Alex no prestaba suficiente atención a Rose, estaba dedicado en disfrutar la fricción de su cuerpo desnudo con el de Charlotte bajo la regadera... 

- Quiere saber... si puede... contar con tu asistencia... – Rose se interrumpió un momento en un silencio incómodo, al notar el sonido del agua  - ¿Estoy interrumpiendo algo importante? 

- No – contestó Chris – Sólo... 

- Si Rose – dijo Charlotte, desde el fondo de la regadera – Estamos en una isla privada de Bora Bora disfrutando de un momento que quizá no se repita en mucho tiempo. 

- ¡Oh, entiendo! Yo... entonces... ¿Confirmo tu asistencia de una vez?  - preguntó, dispuesta a colgar el auricular y no llamar por teléfono el resto del día 

- Si, Rose – dijo Alex, dejando por un momento de lado la tarea de complacer a su esposa y dirigiéndose al altavoz del teléfono – Anna sabe que asistiré siempre y cuando tenga un lugar para Chris y Lady Gaga esté dispuesta a dejarse la ropa interior cuando baile – dijo, recordando como el año pasado Chris no le quitaba los ojos de encima a la cantante que bailaba sin brasier. 

- Bien, hasta luego Alex –contestó Rose, lista para colgar el teléfono – que disfruten su... 

Antes de que pudiera terminar su frase, Charlotte cerró el teléfono y volvió a la tarea de dejarse envolver en los brazos de su esposo. 

- Ahora veo porque te gusta Bora Bora – dijo él, sacándose el cabello tras salir de la regadera - ¿Te apetece caminar a la orilla del mar? – preguntó, convenciéndose a sí mismo de tratar ser romántico el último día de vacaciones juntos. 

- Me encantaría – contestó ella, poniéndose el bikini que tenía puesto antes de que Alex se lo desabrochara con una sola mano para dar paso al sexo – 

- En verdad es muy bonito – dijo él, al salir a la arena, sentir la brisa del mar, observar el agua cristalina y las mesas y sillas que había dentro del agua. 

- Pensé que no te gustaba el clima cálido – comentó ella, tomando la mano de Alex y emprendiendo la marcha sin rumbo – Recuerdo la primera vez en Italia y de cómo casi te arrastré al mar. 

- No me agrada del todo – contestó – pero puedes presumir que tu esposo hace grandes sacrificios por ti. 

- ¿Siempre piensas en el futuro? – preguntó ella, perdiendo la vista en el horizonte. 

- Nunca – contestó, dejando que las suaves olas refrescaran sus pies a cada paso – Mi futuro es hoy, diría que siempre es contigo pero eso nos llevaría a más sexo y en realidad estoy agotado. 

- Pensé que en el mundo de la moda, siempre tendrías una mente visionaria hacia lo que vendrá... 

- No soy profeta si es a lo que te refieres. – dijo él, sentándose en una roca que era acariciada por las olas – sólo hago mi trabajo 

- ¿Y qué es tu trabajo exactamente? – preguntó Charlotte, más que su esposa había tomado el rol de una psicóloga que se sentaba en las piernas de su paciente 

- Es hacer que el país más importante de Europa vista bien cada mes – contestó él, entrecerrando los ojos para apreciar la silueta de la chica contra el sol – Elijo, leo, planifico y ordeno artículos mes tras mes, además de colecciones, campañas publicitarias, entrevistas y demás cosas que hace que tu hombre llegue cansado a casa pero aún con ánimos de besar a su bella esposa y con tiempo para su precioso hijo. 

- Me encanta que hables así – dijo ella, embriagándose del olor de la piel de Alex, impregnada de sudor - ¿Sabes? Necesitaré un vestido nuevo para la gala del MET. 

- ¿Uno nuevo? – Preguntó, como si Charlotte estuviera demente – Tienes una habitación llena de ropa en la casa ¿En serio necesitas un vestido nuevo? 

- Te di sexo, lo menos que me merezco es algo de alta costura – exclamó ella, fingiendo estar enojada pero sin borrar la sonrisa de sus labios. 

- ¿Así que cada que tengamos sexo quieres que te recompense? – La abrazó por la cintura y abrió sus piernas para que la chica estuviera más cómoda en su regazo - ¿Qué te parece si antes de regresar a Londres volvemos a la cama y me convences de comprarte un Ferrari? 

- Oh, entiendo. Ahora quieres tratarme como un objeto sexual. 

- Esta máquina no se detiene nena. 

- Me encanta que hables así – contestó ella, poniéndose de pie y caminando hacia su habitación de nuevo, donde disfrutaron del sol de Bora Bora antes de regresar a su trabajo absorbente, un mundo demandante y un hijo que los esperaba en casa ansioso por hacer que sus padres no tuvieran un encuentro sexual en semanas.



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Capítulo muy corto, elegí Bora Bora como destino ya que en una revista, un reportaje acerca de parejas del mundo de la moda hablaba sobre sus citas preferidas, una chica comentó que su novio (no recuerdo en verdad quiénes eran) le mandó flores a Bora Bora frescas por su cumpleaños, entonces decidí leer más sobre el sitio y me gustó para que tuvieran encuentros de este tipo.