LXXI - Tattoo




- ¿Porqué no puedo quedarme con mamá?  - preguntó Chris en el asiento trasero del auto 

- Porque mami va a estar ocupada todo el día – contestó Alex, esperando el semáforo en verde para llegar a su trabajo. 

- ¿Y con los abuelos? 

- Tienen que trabajar también – miró a su hijo a través del retrovisor y notó que su mirada se tornaba triste - ¿Qué te pasa? ¿Acaso no te gusta venir al trabajo conmigo? 

Chris sólo se encogió de hombros sin contestar. La verdad, lo contrario a lo que  Alex pensaba su hijo se aburría demasiado últimamente en la oficina. 

- No pongas esa cara Chris – dijo Alex – saliendo de allí iremos a comprar una malteada ¿Entendido campeón? – El pequeño sólo asintió con pesar, sabiendo que faltaría mucho para que eso pasara - ¿recuerdas las tres reglas, cierto? – Chris asintió de nuevo – Bien, entonces vamos – tomó a su hijo de la mano y caminó hasta el ascensor que los llevaría a su oficina. Como siempre, ignoraba el bullicio exterior que se originaba ante su llegada: gente corriendo de un lado a otro ordenando papeles, tirando comida chatarra y retocándose el maquillaje del otro lado de las puertas del ascensor. 

- Buen día Alex 

- Buen día Rose 

- ¡Hola pequeñín! – saludó Rose a Chris, quién aún no ocultaba su gesto de berrinche - ¿Extrañas la escuela, no? 

Chris negó enérgicamente con la cabeza, corriendo a la oficina de su padre para sumergirse en uno de los libros de Assouline que contenían más imágenes que palabras. 

- Creo que eso contesta tu pregunta – dijo Alex, dejando su abrigo y maletín en el escritorio vacío de Brenda – ¡Recuerda las tres reglas! –exclamó, para que Chris lo escuchara antes de encerrarse en su oficina - Necesito el lookbook de Salvatore Ferragamo para la siguiente edición, llama a Demarchellier y dile que me llame personalmente, que la entrevista a Gary Oldman esté editada dentro de dos horas en mi escritorio, quiero ver las fotografías de David Beckham antes de que sean editadas y consigue un chocolate para Chris – Alex dejó a Rose de pie haciendo notas mentales acerca de lo que le pidió que hiciera, mientras Alex se dirigía al área de redacción con Jeff. 

- Hola – Saludó el jefe de redacción, estrechando la mano de Alex – es bueno tenerte de vuelta ¿Qué tal las vacaciones? – preguntó; él como Ben (del departamento de moda), Xavier (de Grooming)  y Richard (de Arte) eran las únicas personas que tenían el derecho de preguntar y saber sobre la vida privada de Alex en el trabajo, los únicos que les inspiraba confianza. 

- Bora Bora... Mucho calor – contestó, compartiendo una mirada de complicidad - ¿Qué tenemos para hoy Jeff? 

- La mayoría de las páginas de tendencias está lista para tu aprobación – Jeff dio un ligero toque a la mesa raramente despejada al centro de la habitación llena con papeles, al principio hubiese parecido una mesa con cubierta de cristal negro, pero al toque de sus dedos se encendió una pantalla cuadrada de un metro de largo por cada lado – la mayoría de ellas sólo necesitan algunos toques – el logo de Vogue apareció sobre la pulcra superficie para darle paso a lo que parecían hojas extraídas de una revista recortada, a excepción de los elementos (imágenes y pequeños cuadros de texto) que parecían flotar sobre aguas calmadas. 

- Bien... – Alex extendió las manos y comenzó a mover imágenes y texto. En esa pantalla táctil se hacía un adelanto del libro página por página, mismo que era un previo a la revista impresa ya con la publicidad añadida - ¿Cómo han estado las cosas? – preguntó. Su ausencia era la excusa perfecta para que todos los trabajadores del edificio no ejercieran sus labores al cien por ciento. 

- Normales – contestó, encogiéndose de hombros y tomando de su vaso de café – Hacemos lo que podemos cuando no estás, esperando que sea suficiente. 

Alex no comentó nada. Seguía concentrado en encontrar la forma y lugar adecuados de cada look, prenda, comentario, acotación y párrafo en su lugar preciso, como si armara un rompecabezas sin una imagen fija como referencia. 

- Richard tomó tu palabra de formar un reportaje sobre “músicos con estilo” – dijo Jeff, dejando su vaso de café sobre una precaria pila de papeles, buscando algo en las estanterías más altas – Morrissey, Man Hurd, Matt Gilmour... George Craig... 

El comentario de Jeff logró el resultado que se esperaba: Una mirada recriminatoria por el hecho de cumplir sus órdenes, pero sin consultar detalles con él. 

- George Craig... ¿Vendrá? 

- Ese es el punto – contestó tímidamente – Ayer Morrissey terminó su sesión y hoy... Sí vendrá. 

- Dios... – Alex dejó la tarea de conformar las páginas de su revista para llevarse las manos a la sien y sentarse en una silla afligido por un dolor de cabeza imaginario - ¿No pensaron en alguien más? ¿Elton John? ¿Paul McCartney? 

- Ellos ya hicieron lo suyo – dijo Jeff – llegan, posan y se van, es así de simple. 

- No pedí a George Craig – exclamó Alex. 

- Pensamos que al ser tu amigo estaría dispuesto a... 

- Esto no se trata de amistades – dijo Alex poniéndose en pie y dando vueltas por la estancia – se trata de lectores que quieren historias nuevas  y no una cara de siempre. 

- ¿Insinúas que hay que vetar a George de la revista? 

- Digo que no hay que llamar a George cuando tengamos que recurrir a alguien como él, eso es muy distinto – Alex hizo una pausa, ni siquiera él sabía por qué estaba enfurecido con la decisión de sus coordinadores, era una decisión que no podía echar para atrás – Cuando llegue, dile que no estoy – comentó, apagando la pantalla sobre la mesa, que mostró el logotipo de la revista antes de difuminarse por completo –invéntale cualquier cosa – Alex se dirigía hacia la puerta de cristal de espaldas, buscando la manija para abrirla – dile que salí de emergencia y que no podré estar con él... 

- ¿Quién no se merece tu presencia Davis? – preguntó una voz detrás de él. Al girarse, se encontró cara a cara con George en el pasillo, la sangre se le heló y sus ojos se abrieron como nunca antes. 

- Eh... Yo... Era un... Diseñador que... Quería desayunar conmigo pero, ¡Bah! No es nada – agregó un ademán con la mano para restarle importancia a un acontecimiento ficticio que avalaba su mentira – Que gusto que hayas llegado, vamos a mi oficina – Alex no tuvo más remedio que resignarse a charlar con George antes de que estuviera lista la sala de fotografía. – Chris, tienes visitas. 

- ¡Tío George! – el niño corrió desde el sillón hasta el cantante, el cual lo recibió con los brazos abiertos al ver que saltó hacia él como si fuera un koala – 

- ¿Te aburres galán? 

- Mucho, me quiero ir a casa – dijo el niño, volviendo al sillón de la oficina 

- Créeme, a mí no me hacía ninguna gracia venir – comentó George - ¿Qué tal tus vacaciones? –preguntó, dirigiéndose más a Alex que al pequeño Chris. 

- De maravilla – contestó, recordando que después de aquél escándalo aislarse en una isla privada de Bora Bora fue la mejor opción. 

- ¿No salieron de la cama cierto? 

- Sólo para tomar el avión de regreso – contestó Alex, enfrascándose en una plática que él mismo se convencía minutos antes debía evitar. 

- Alex, traigo las prendas para la sesión del señor Craig – George dibujó una pequeña sonrisa en su rostro, era satisfactorio tener a gente a su servicio al entrar al edificio de Condé Nast, y mucho más placentero que se refirieran a él con respeto – chaquetas, abrigos, skinnys y botas; todo lo necesario. 

- Gracias Ben – contestó Alex, al ver el perchero móvil al lado de su escritorio. Era sabido de sobra que si la ropa no iba a Alex, ella iba a él – Bien... – se puso de pie y comenzó a hurgar en los ganchos de madera y bolsas de plástico que había en el tubo de metal – toma esto... – le extendió a George una capa negra, junto con unos pantalones a cuadros, zapatos ingleses y una camisa color cemento. 

- ¿Una capa? ¿Estás bromeando, no? 

- Tomarás lo que te dé y te gustará – dijo Alex, recriminándolo como a Chris cuando no gusta de comer verduras. 

- ¿Así es de enojón siempre? – Preguntó George a Chris en un susurro, el niño sólo asintió en silencio, dirigiendo una mirada a los ojos azules idénticos a los suyos - ¿Qué pasó con el antiguo Alex que se divertía en el trabajo? ¿El que salía con nosotros los fines de semana a tomar una copa? ¿Dónde quedó el chico que disfrutaba de su sueño hecho realidad? 

- Un trabajo así merece una responsabilidad mayor, George – contestó – sabes que desde que la revista se dividió significa competencia entre países, más que dinero para Condé Nast 

- Lo sé, pero puedes divertirte en tu trabajo. 

- Yo sólo vivo para trabajar – lo miró a los ojos a George y notó que en ellos brillaba la luz de la aventura - ¿Qué estás pensando? 

- Le hace falta un giro a tu vida, algo de acción. 

- ¿Qué sugieres? ¿Qué viaje por la India en motocicleta o que alimente cocodrilos? 

- Nada de eso... Es sólo que el Alex que conocía no se detenía por una versión miniatura de mí – ambos miraron a Chris, el cuál seguía mirando su libro de Assouline con las piernas cruzadas, tal y como las cruzaba George. 

- Él no quiere ser como tú – exclamó a la defensiva – Quiere ser pintor, le gusta dibujar. 

- Chris, ¿Ya sabes tocar la batería? 

- ¡Sí! Cuando sea grande quiero tocar contigo tío George – contestó el niño cerrando el libro intempestivamente 

- ¿Ves? Sabe lo que hace – dijo George, haciendo ademán de salir por la puerta. 

- Nos ha dejado sordos con el sonido de la batería y con el auto que Rupert le regaló destrozó  todos los floreros de Baccarat, así que no me puedes decir que mi propio hijo tiene talento para algo que no quiere hacer, y que de paso nos está destruyendo los oídos y la decoración. Ahora sal y termina esas fotografías para volver a mi aburrida vida – 

Alex volvió a su escritorio a echarle un vistazo al lookbook de Salvatore Ferragamo sin dirigirle la mirada a George a su salida. 

- ¿Tú no quieres tocar en una banda, cierto? – preguntó a Chris, que se acostó en el sillón para seguir viendo el libro ilustrado. Su hijo sólo asentía enérgicamente sin voltearlo a ver. 

- Dios no... – Dejó caer su cabeza entre sus brazos sobre el escritorio, el sonido del teléfono de su escritorio hizo que reaccionara tan rápido que sintió un leve mareo al levantar la cabeza - ¿Sí? 

- Hola amor – contestó Charlotte - ¿Cómo está mi galán? 

- Muy bien, gracias. 

- Me refería a Chris 

- Aburrido, quiere irse a casa pero aún tengo que esperar las fotografías de George... 

- ¿George está ahí? 

- Sí, lo sé... Ordené claramente que hicieran un reportaje con músicos y fue de los primeros en la lista, ¿A qué debo tú llamada, preciosa? 

- Estoy con Cara en el evento de Macy’s – explicó – no me dará tiempo de ir al supermercado por las compras de la casa. 

- ¿Y el punto es...? 

- ¿Podrías ir tú? – preguntó en un tono suplicante, como si pidiera milagros a una imagen religiosa. 

- Está bien – contestó, después de exhalar un respiro de resignación - ¿Qué necesitas? – preguntó, viendo que Chris se acercaba al escritorio para escuchar. 

- Frutas frescas: manzanas, plátanos, uvas; el cereal de Chris, ése que siempre me pide para desayu... 

- ¡No, no hagas eso! – exclamó Alex en voz baja a Chris, que se llevaba post-it de color verde a la boca. 

- ¿Hacer qué? – Preguntó Charlotte - ¿Está Chris allí? 

- Si, todo bien... Sólo... Un atasco de papel en la impresora – contestó, quitándole a Chris en papel verde y sentando al niño en sus piernas - ¿En serio necesitas toallas sanitarias? Sí... bien... Lo tengo, hasta luego linda. 

- ¿Ya nos vamos? – preguntó Chris, dispuesto a salir corriendo si escuchaba un  “Sí”. 

- Así es, mami necesita que le compremos unas cosas y nos iremos a la casa. 

Chris salió corriendo de la oficina por su abrigo colgado en la silla de Brenda, brincaba para alcanzar el botón del elevador hasta que su padre llegó. 

- Brenda, dile a Jeff y Ben que se encarguen de las fotografías de George, espero la llamada de Demarchellier mañana por la mañana, al igual que la entrevista de Gary Oldman ya editada, verifica que se guarden los cambios en la sección de tendencias que hice hoy en la sala de redacción y que las piezas marcadas de Salvatore Ferragamo en el lookbook de mi escritorio estén a más tardar mañana por la tarde. 

- Entendido – finalizó Brenda, tras escribir a velocidad vertiginosa las órdenes de Alex en una pequeña libreta de notas. 

- Hasta mañana – dijo Alex, tomando de la mano a su hijo al subir al ascensor el cual se despedía agitando su mano con la señal de amor y paz. 

Camino al supermercado dentro del centro comercial, Chris dibujaba diversas figuras en la ventana debido al vaho que le salía de la boca por el clima frío de afuera. Dentro del carrito, Chris compartía espacio con redecillas de fruta fresca, carnes frías, paquetes de pan y su cereal favorito. 

- ¿A qué sabe esta cosa? – preguntó Alex, tomando el cereal de Chris que mostraba un duende en la caja, mientras caminaba por el pasillo de las bebidas y los congelados. 

- Son de frutas – contestó – dentro viene el anillo mágico del duende Gohildorth 

- Ehh... Deberías comer más frutas. 

En la fila de la caja registradora, Alex bajó a Chris del carrito. De lado derecho había cajas de cerveza apiladas que mostraban un precio de oferta, sin pensarlo dos veces colocó una en el carrito. 

- ¿No se va a enojar mami? – preguntó Chris, al ver como la banda trasportaba la caja para ser cobrada. 

- No tiene porqué enojarse si no se entera – dijo Alex, dándole a su hijo un chocolate a manera de soborno que Chris aceptó encantado. 

Después de cargar todo en el auto y regresar el carrito a la entrada del supermercado, Alex reparó en una tienda que estaba en el otro extremo de la planta: luces de neón oscuras y decoración gótica llamaron su atención. 

- Vamos Chris – tomó de la mano a su hijo y caminó por entre la gente que hacía las últimas compras del día. 

- ¿A dónde vamos? 

- Le haremos caso a tío George por esta vez – contestó, internándose por entre una cortina de cuentas al local. Había dibujos y fotografías de cuerpos enteramente tatuados y perforados en el lugar. Al centro del mismo una silla más tétrica que la de un dentista ocupaba la mayoría del espacio. 

- ¿Podemos ayudarlo? – preguntó una chica, acercándosele. Alex notó que tenía una perforación en labio, nariz y ceja, además de una estrella tatuada en la parte derecha de su cuello- 

- Eh sí... Es la primera vez que hago esto y... no estoy seguro de... 

- Cumplimos con las normas de sanidad, si es lo que le preocupa – dijo ella, señalando en la pared un marco con un documento probatorio de que aquel lugar estaba fuera de peligro ante cualquier enfermedad transmitida mediante agujas. 

- De eso no tengo ninguna duda... Sólo que... – Alex notó que era demasiado educado ante la situación, como si una monja se pusiera a rapear en un hospital de niños – Un tatuaje es para toda la vida, así que... quiero algo que sea de mi agrado, y de mi hijo también – señaló al menor, que miraba sorprendido los dibujos en la piel de las personas que fueron fotografiadas. 

- El niño no puede estar aquí – dijo un hombre joven, con la cabeza totalmente rapada y aún más perforaciones que la chica – 

- No tengo con quién dejarlo y... Quiero hacer esto de una vez. ¿Pueden hacerlo rápido? 

- Elija un modelo, un área y lo haremos en el menor tiempo posible 

- Gracias – contestó Alex, tomando el catálogo de diseños que el tatuador le extendía. Una carpeta con más páginas que un libro de la previsualización de Vogue era lo que conformaba aquel recopilatorio. Cuando terminó de escuchar las opiniones de Chris y pensar que parte de su cuerpo marcar para siempre, se sentó en la silla quitándose la camisa y dijo: 

- Chris, sea lo que sea que pase, no grites, no llores y no salgas sin mí ¿Entendido? – Al ver que el niño asentía, sentado desde una silla de madera, dejó que ambos hicieran su trabajo. Alex evitó mostrar su dolor ante su hijo, no es que la punta de la máquina penetrara tan profundo en su piel, sino que sentirlo en dos lugares distintos del cuerpo al mismo tiempo era una experiencia dolorosa. 

- ¿Te duele papi? – Preguntó Chris – Al ver que después de terminada la tarea la piel le quedó enrojecida. 

- No, para nada – contestó, sintiendo un ligero ardor en las zonas tatuadas. Al llegar al garaje de la casa, Chris se abalanzó sobre el volante para tocar el claxon como siempre lo hacía para anunciar su llegada. Tras meter las bolsas de compras a la casa (Chris con su caja de cereal y Alex con todo lo demás) el pequeño buscó a su madre por toda la planta baja, encontrándola con Cara en la terraza  que conectaba con la piscina. 

- ¡Hola amor! – Saludó su madre, abrazándolo cuando llegó a sus brazos corriendo - ¿Te divertiste? 

- ¡Sí! ¡Papi, papi enséñale! – exclamó Chris, ignorando por completo a Cara al ver que su padre se acercaba por el corredor. 

- Hola Cara – saludó Alex a la amiga de su esposa, que lo miraba con los ojos de escrutinio de siempre – Hola querida – dijo Alex, besando a su esposa en los labios como gesto de bienvenida 

- ¡Enséñale papi! ¡Enséñale! – Chris comenzó a sacarle la camisa de los pantalones de su padre. 

- ¿Qué es lo que tienes que mostrarme? – preguntó Charlotte, esperando ver salir del bolsillo de su marido un collar de perlas o pendientes de diamantes 

- Ok, espera – Alex se desabrochó la camisa hasta (para gusto de Cara) despojarse de ella por completo, Charlotte no entendía el concepto de todo aquello hasta que el chico le mostró el bíceps de su brazo izquierdo: había un tatuaje que rodeaba el músculo por completo. 

- ¿Alex qué..? – Charlotte se había quedado con la boca abierta al ver la piel de su esposo, Cara había hecho lo mismo pero por otra razón. 

- ¡Muéstrale el otro papi! 

- ¿OTRO? – Charlotte estaba al borde del desmayo, presionaba tanto el brazo de Cara que casi se lo mutilaba por completo. 

Alex se desabrochó el pantalón y se dio la vuelta, en la parte baja de la espalda había un tatuaje tribal que contrastaba enormemente con su piel clara. 

- ¡Oh por Dios! – exclamaron Cara y Charlotte. La primera al apreciar el trasero del chico, y la segunda por un asombro total al ver la piel enrojecida aún. 

- ¿No es genial? – preguntó Alex, al ver que su hijo le tocaba el tatuaje con sus pequeños deditos. 

- Chris, ve con Cara al jardín 

- Pero... 

- Ve con él al jardín – repitió, ésta vez dirigiéndose a Cara y no a su hijo. La chica abrazó a Chris y cruzó las puertas corredizas que dividían la terraza de la piscina con el corredor. - ¿En qué demonios estabas pensando? 

- Pensé que te gustaría – dijo – incluso fue Chris quién eligió... 

- Ése es el problema... ¿Cómo diablos se te ocurre llevara nuestro hijo a un lugar así? 

- No podía dejarlo afuera mientras yo estaba... 

- ¿Dejarlo afuera? ¿Es lo único que se te ocurre como excusa? – Charlotte se mostraba verdaderamente molesta – Nuestro hijo vio como te marcaban la piel. 

- ¡Pero no tiene nada de malo! 

- ¡¿Qué no tiene nada de malo?! ¡Eres el héroe de Chris, siempre dice que su padre es fuerte, increíble y todo eso! ¡No puedes ir así como así a un lugar y pintarte el trasero frente a él! 

- Lo siento... Sé que debería haberte llamado... – Alex intentó acercarse para abrazarla, pero ella lo rechazó como si fuera portador de un virus contagioso. 

- Te amo... Pero lo amo más a él... – dijo ella, mirando a la luz de la luna y la iluminación exterior a Chris arrojándole una pelota de béisbol a Cara en el jardín – Eres la figura paterna que se supone tiene que tener un comportamiento ejemplar para él, pero nunca estás en casa para... 

- ¡¿Qué nunca estoy en casa?! ¿Quién es la que viaja todo el tiempo de un lado para otro? 

- ¡Es parte de mi trabajo y lo sabes! 

- ¡Mi trabajo está aquí! – Exclamó Alex – Por eso decidí quedarme, ¿Acaso pensaste que era sólo por mí y no por ustedes? 

- ¡Siempre tienes que hablar del trabajo para salirte con la tuya! 

- ¡Christopher está bien, tú estás bien y yo estoy bien! No veo ningún problema en esto... 

- El problema es... Que no me hayas consultado antes de ir a... - Charlotte señaló el tatuaje del brazo con repugnancia – Debiste haberme dicho antes, por lo menos. 

- Quería hacer algo diferente – dijo, poniéndose la camisa de nuevo al ver que su torso permanecía desnudo desde que llegó a casa 

- Eso no involucra llevar a tu hijo a lugares que... hacen eso. 

- Lo sé, y lo siento mucho, en verdad... Pero hablando con George me di cuenta de que... – Alex hizo una pausa, notó que la mirada de Charlotte se convertía en aquella que usaba cuando descubría a Chris mintiendo gravemente o cortando una de las corbatas de su padre. 

- ¿George? – Susurró - ¿Fue el idiota de George el que te metió esta idea en el cerebro? ¡Claro, era de esperarse! Si el imbécil te dice que te tires de un puente, seguramente dejas que te empuje al vacío ¿No? 

- ¡Nadie tiene que ver con esto! ¡Ni Chris, ni George, ni siquiera tú! – Exclamó, elevando la voz, tanto que por el cristal de la puerta notó como su hijo volteó a mirarlos desde el columpio con Cara. 

- ¿Están peleando? – preguntó el pequeño, sentado en las piernas de la mejor amiga de su madre. 

- No, para nada – contestó ella, en un tono de voz tranquilizador, esperando a que tuviera razón – Tu padre está cansado y tu madre también, eso es todo. 

- Chris no tiene nada que ver con esto. – Dijo Alex, dando por terminada la incómoda charla con su esposa. 

- Tienes razón. Y yo no tengo nada que ver contigo, espero que encuentres cómodo el sillón de la sala. 

Sin esperar réplica de su esposo salió al jardín por Chris, Cara se despidió de ambos marchándose en su auto deportivo dejando a la familia con la tensión a flor de piel. 

- ¿Mamá y tú se van a separar? – preguntó Chris entre las sábanas de su cama, listo para dormir. 

- No campeón – respondió Alex, esperando que fuera más un deseo que una respuesta - ¿te gusta eh? – preguntó, enseñando su brazo y el tatuaje que lo acompañaría para siempre. 

- ¡Se ve súper! No sé porqué a mamá no le gustó. 

- Yo tampoco lo sé – comentó Alex - ¿No hay problema si me quedo contigo esta noche? Tu madre se enfureció en verdad – dijo en voz baja, temiendo que Charlotte pudiera escucharlo a través de la puerta - ¿Qué quieres ser de grande galán? 

- Quiero ser como tío George – contestó, mirando a su padre a los ojos – toca la guitarra y gana mucho dinero. 

- Pensé que querías ser pintor – comentó, recordando su viaje a Milán - ¿Te gustaría ser como tío Rupert? 

- No, él dice que le pagan por mentir frente a una cámara, y no me gusta decir mentiras 

- Eso es bueno – razonó Alex, pesando en la sinceridad e inocencia de su hijo – Y... ¿No te gustaría... ser como yo? 

- No – contestó Chris, dándose la vuelta quedando de espaldas d su padre – 

- ¿Por qué no? – preguntó decepcionado 

- Porque casi no estás en casa – respondió 

- Tu madre tampoco está en casa muy seguido... – dijo, más que quererlo convencer de que era el trabajo de ambos lo que los separaba por intervalos de tiempo indefinidos, quiso hacerle saber que su madre tampoco pasaba mucho tiempo con él. 

- Cuando está en casa jugamos juntos, y tú llegas cansado siempre del trabajo... 

- Me gustaría pasar más tiempo contigo pero... Los adultos tenemos que trabajar para comprar las cosas que te gustan... – Alex miró la espalda de su hijo, como esperando a que se girara y le diera la razón, pero no fue así – Cuando seas grande puedes hacer lo que tú quieras – dijo – si quieres cantar ante mucha gente... o mentir frente a una cámara... o escalar una montaña siempre estaré junto a ti... Aunque tengas que empujar mi silla de ruedas, pero te apoyaré, ahora duerme, mañana estarás con mami todo el día. 

Alex no pudo dormir esa noche, el hecho de que su hijo dijera que no tenía tiempo para él le había dolido más que las agujas en la piel de aquella tarde. “Casi no estás en casa” repetía constantemente en sus oídos la voz de Christopher “llegas siempre cansado del trabajo”, era verdad, las pocas veces que llegaba temprano era porque decidía llevar el trabajo a casa, Alex giró del lado de la cama para apreciarlo a la luz tenue de la lámpara en su cabecera cuando notó que algo no estaba bien: en su frente brillaban pequeñas gotas de sudor y sus labios estaban resecos. 

- Chris... – Alex se levantó de prisa y encendió la luz, notó que su hijo ardía en fiebre, lo envolvió en las sábanas y salió al pasillo - ¡Charlotte, Charlotte despierta! – gritaba a todo pulmón, esperado sacar a su esposa de la cama. 

- ¿Qué pasa? – preguntó, poniéndose la bata de dormir sobre la pijama y unas botas afelpadas de piso. 

- ¡Chris está ardiendo en calentura, hay que llevarlo al hospital!

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George como siempre, metiendo la pata, okey no. Pero un consejo así lo puede tomar cualquier persona con un significado diferente, aunque en verdad creo también que Chris no debió estar allí, y comprendo lo furiosa que se puso Charlotte cuando vio los tatuajes, pero más cuando Alex admitió que Chris estuvo presente. En este capítulo, se denota el interés de Cara con Alex, pero éste no decide decirle nada a su esposa para que no afecte la relación entre las rubias, aunque Cara no se atrevería a seducir al esposo de su amiga, tampoco oculta lo atractivo que le resulta, en pocas palabras: sólo juega un juego de seducción con él en donde nadie gana, y tampoco nadie pierde.