- ¿Estás listo Chris? – preguntaba su madre desde el otro lado de la puerta, preparados para salir a su última excursión familiar por Italia –
- ¡Ya casi! – Contestó el pequeño, minutos después salió con un suéter de cuello alto color azul y botas para la nieve – Alex, ¿Nos vamos?
- Si, un minuto... – Alex consultaba correos en su computadora portátil, aún fuera del trabajo no se daba el lujo de ausentarse de él por completo – Contestaré... a Xavier... y... ya está – concluyó, enviando un correo electrónico con varias órdenes y peticiones para su regreso – ¡Listo, vámonos! – Alex tomó de la mano a su hijo y abrazó a su esposa por la cintura al salir al corredor. Un taxi los llevaría a la fuente de Trevi para que pudieran apreciar la zona turística más concurrida de Italia.
- Aquí tu padre me besó por primera vez – Charlotte narraba su historia con Alex al niño que iba sobre los hombros de su padre – fuimos a una fiesta en un hotel muy bonito donde tu padre y yo bailamos juntos toda la noche...
A Chris le parecía importar muy poco la historia del pasado, bajó de los hombros de su padre y corrió hasta la fuente, donde los flashes de los turistas se reflejaban contra la tarde en el reluciente mármol.
- ¿Sabías que ésta fuente mágica concede todos tus deseos?
- ¿En serio? – preguntó Chris, recorvando interés en las palabras de alguno de sus progenitores.
- Cierto... ¿Cómo crees que tu madre se ve igual de bonita que hace años? – preguntó en un susurro.
- Escuché eso – dijo Charlotte, detrás de ellos.
- Ten... – Alex le puso una pequeña moneda en su mano para que la arrojara a la fuente, lo tomó por la cintura y lo alzó de nuevo a sus hombros – puedes pedir que tu madre no me mate esta noche.
- También escuché eso – dijo Charlotte, pellizcando a Alex su mejilla derecho aprovechando que no podía defenderse por mantener a Chris en alto – Anda Chris, pide lo que sea.
El pequeño se tapó los ojos con la mano izquierda y con la derecha arrojó la moneda hasta el fondo de la fuente.
- ¿Qué pediste cariño? – preguntó su madre, acomodándole el cabello sobre su frente.
- No te voy a decir...
- Anda dime... Quizá se haga realidad más pronto.
- No le digas Chris – intervino Alex – tu madre tiene mala suerte para esas cosas – ignorando el dolor en el brazo que el bolso de Charlotte le provocó segundos más tarde, decidieron tomar un paseo en góndola, donde Chris sólo se miraba en el reflejo del agua que rompía su pulcra superficie al andar pausado de su vehículo.
- No sé si haya sido buena idea traerlo – comentó Charlotte – se aburre muchísimo.
- No es para tanto... Al menos está con nosotros, sus abuelos no soportan que rompa los jarrones de la casa o los pueda dejar sordos con la batería que le regaló George, además, podrá familiarizarse con este mundo, si quiere ser modelo o cualquier otra cosa sabrá cómo se maneja éste negocio.
- ¿Quieres que tu hijo sea modelo?
- ¿Tú no?
- Obvio no... – Contestó Charlotte, mirando a su hijo, tratando de adivinar que profesión elegiría en un futuro – tiene características de ser un actor
- Por favor dime que es una broma – dijo Alex, levándose una mano a la frente como si repentinamente le diera un dolor de cabeza - ¿No te gustaría que tocara en una banda? ¿Qué viajara por el mundo en los estadios más grandes?
- No lo sé... Podría terminar siendo un corredor de bolsa, o director de un banco.
- Chris – llamó Alex a su hijo, quién giró su rostro, sacando rápidamente su mano del agua - ¿Qué te gustaría ser de grande?
- Pintor – contestó el niño despreocupadamente
- ¿Pin... pintor? – Preguntó su padre, esperando a que expresara su deseo de viajar a la luna o apagar incendios
- Chris, dibujas muy bien pero... ¿Es en serio?
El niño asintió enérgicamente desde el lado opuesto de la góndola, al ver que sus padres lo miraban perplejos volvió a meter la mano al agua gélida.
- ¿No estará hablando en serio o sí? – preguntó Charlotte en un susurro, para que Chris no los escuchara.
- Creo que sí... Al menos no ha intentado con las paredes de la casa
- No quiero que sea pintor – exclamó Charlotte – quizá fotógrafo o escritor, pero... ¿Pintor? Deberíamos inscribirlo en un curso de artes escénicas o algo así...
- Es sólo un niño – inquirió Alex – tiene cinco años y lo único que tiene que hacer es preocuparse por meter una rana a la casa o algo así.
Todo el trayecto en góndola debatieron sobre el futuro profesional de Christopher: Charlotte apostaba con un curso de actuación en Austria mientras que Alex dejaba claro que le daba lo mismo que fuera primer ministro o expendiera café en un Starbucks, caía la tarde tan lentamente como los tres que caminaban rumbo al hotel, los destellos rojos que rebotaban en la fachada de las edificaciones de mármol le daban un aspecto incendiario a la ciudad. En el hotel, Chris presionó todos los botones del ascensor al salir de él (mala costumbre que su padre le enseñó) y echó a correr hasta la habitación, donde su padre estaba sentado en uno de los sillones con las piernas de Charlotte sobre sus rodillas.
- ¿Puedo ver televisión? – preguntó Chris, quitándose con dificultad el suéter de cuello alto que se atoraba en sus mangas.
- Sólo si tomas un baño después – dijo Charlotte, dejándose mimar por Alex que le masajeaba la planta de los pies – y te duermes temprano, que mañana volvemos a Londres temprano ¿está bien?
- ¡Sí! – Chris arrojó su suéter al piso y corrió a la habitación principal de sus padres a encender el televisor, minutos después, el niño salió en calzoncillos a la sala donde sus padres habían tomado una actitud más cariñosa - ¡Papi está en la tele! – Gritó, señalando la puerta de la habitación que había dejado abierta - ¡Papi está en la tele! – Repitió, al ver que ninguno de los dos le hacía caso. Ambos se pusieron de pie y en el televisor se encontraron con imágenes de Alex en la alfombra roja de la gala del MET en New York el año pasado, recordó a la perfección el traje que Hugo Boss le hizo llegar para que lo luciera antes que en la pasarela, sin embargo no sabía a qué se debía que apareciera en la televisión italiana, pero para su infortunio, el programa se transmitía en inglés:
- Katherine Taylor afirma ser la madre del hijo de Alexis Davis, el recién nombrado editor en jefe de Vogue Man UK, el cual mantiene un matrimonio estable con la modelo y empresaria Charlote McDonald – decía la chica de la televisión.
- Christopher ve a tu habitación...
- Pero papá, prometiste que...
- Obedéceme Chris – dijo Alex, evitando la mirada confundida de su hijo que salió corriendo hacia la sala, cerrando con fuerza la puerta de su pequeña habitación anexa.
- ¿Alex que está pasando? – preguntó Charlotte, que no daba crédito a lo que sus oídos escucharon
- ...Katherine asegura que el pequeño de seis años fue fruto de diversos encuentros en secreto cuando la revista era una edición mundial...
- Alex por favor explícame – Charlotte sentía que sus pulmones se vaciaban, que algo en el estómago le pesaba lo suficiente como para no poder salir corriendo de ese lugar, sin embargo Alex se acercó a ella con gran delicadeza y rostro compungido - ¡Diablos, Alex! ¡Explícame!
- No lo sé... Nunca había visto a esa mujer en mi vida, te juro que...
- ¿Porqué dice que tiene un hijo tuyo? ¡Seis años! ¡Por Dios! – Charlotte rompió a llorar y Alex lo hizo también. El dolor de ella hacía que él sintiera el mismo sentimiento de manera inexplicable - ¿Hay alguien más que me estés ocultando?
- No te oculto nada, sólo quiero...
- ¿Qué significa eso? – Preguntó, derrumbándose al borde de la cama, incapaz de mantenerse en pie - ¿De qué habla esa mujer cuando dice que hace seis años ella y tú...
- Mírame Charlotte – Alex tomó entre sus manos el rostro de la chica, hincado frente a ella miraba los ojos bañados en lágrimas que Chris presentaba cuando se raspaba las rodillas o despertaba de una pesadilla. La chica lo miró atentamente, comúnmente no la llamaba por su nombre, para él, siempre había sido “Cherry” – esto – señaló su dedo anular y el anillo de matrimonio que siempre llevaba en él – me recuerda que tengo una razón por la cual volver a casa todas las noches, me recuerda que vivo para nosotros y no sólo por mí, me recuerda aquél juramento que te hice frente al altar hace cinco años donde dejé en claro que te protegería, amaría y respetaría el resto de mi vida hasta que la muerte me separe de tu lado – Alex hizo una pausa para apreciar su rostro, las lágrimas rodaban por sus mejillas perdiéndose en la alfombra al caer precipitadamente - ¿Me crees cierto?
La chica no contestó, se tiró a los brazos de Alex a sollozar amargamente pensando cómo proteger a su hijo de un escándalo en el que se vería envuelto sin tener nada que ver con el mundo de la fama.
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Una trama que se me ocurrió de último minuto: Como persona famosa, debe enfrentarse a éste tipo de cosas, la reacción de Charlotte me sorprendió hasta a mí: el hecho de que no confíe en su esposo para que no le permita explicar lo sucedido, sin embargo, prefiere ceder y apoyarlo.
