
A pesar de la copiosa lluvia que caía sobre el aeropuerto, a lo lejos, se podía observar el alboroto de personas que luchaban por entrar a la pista de aterrizaje con sus cámaras y micrófonos.
- Chris... Está lloviendo afuera – comentó Alex, adivinando a lo que enfrentaría al salir del avión – cúbrete con esto – Alex le echó a su hijo el trench color negro sobre los hombros, aunque el bajo de la prenda arrastrara por el piso - ¿lista? – preguntó a Charlotte, vaticinando lo que a continuación vendría para ellos al pisar suelo londinense. La chica asintió y tomó lo que pareciera el último suspiro antes de caminar hacia la orca.
Charlotte fue la primera en ingresar a la sala de abordar, en donde dos agentes de seguridad la rodearon para impedir la llegada de los micrófonos hasta ella.
- ¿Tienes algo que decir sobre el hijo que Alexis tuvo fuera del matrimonio?
- ¿Has visto a esta chica que demanda a Alexis por paternidad?
- ¿Entrarán en un proceso de divorcio tras éste escándalo?
Charlotte sólo se limitaba a caminar tras los elementos de seguridad que no podían mantener alejados los micrófonos que se colaban por encima de sus cabezas o debajo de sus brazos, detrás de ella Alex cargaba con Chris protegido por la prenda hasta la cabeza. Caminaban apresuradamente, pero no lo suficientemente rápido para arribar el auto que los llevaría a casa.
- Listo campeón – Alex entró con velocidad y cuidado al auto cargando a su hijo aún, mientras que Charlotte dejaba su bolsa de mano junto a sus piernas para asegurar el cinturón de seguridad de su hijo – Has que manden el equipaje a casa, revisaré la correspondencia cuando llegue a la oficina, las llamadas y recados pendientes deberán estar en orden en mi escritorio cuando antes...
- Entendido – contestó Rose desde el asiento delantero, memorizando cada una de las órdenes inmediatas – Newhouse... Él... Se enteró de lo sucedido y uno de sus abogados estará con usted – estaba claro que Rose no quería hondar en el tema con Chris ante ellos, por lo cual tuvieron que esperar a llegar a casa para enterarse de lo sucedido.
Cuando Chris se encontró de nuevo ante su casa, salió del auto para correr a los brazos de su abuela, Eloise le dio la bienvenida con una sonrisa sombría en la que ocultaba la consternación y el dolor de lo sucedido.
- ¡Hola pequeño! – Eloise cargó entre sus brazos a su nieto para llevarlo dentro de la casa, mientras Alana y Patrick, seguidos de Michael daban la bienvenida a sus hijos.
- Es un gusto verlos de nuevo – dijo Alana, tomando entre sus manos el rostro de su hija – Hay unos hombres esperando dentro... Creo que es acerca de... tu asunto... – comentó, evitando la mirada de Alex y enfocándose en su hija.
- Gracias – contestó Alex con la garganta seca, abriéndose paso hasta su casa, encontrándose a Newhouse y un hombre desconocido en su casa.
- Buen día señor – saludó Alex, como lo hacía cada que tenía una junta en común o se lo topaba en los pasillos del edificio de Condé Nast –
- Buen día Davis... Me hubiese gustado que tu viaje terminara de otra forma – lamentó, ya que su mina de oro se veía enfrascada en un escándalo a nivel mundial – Te presento a Clark Mueller, uno de los mejores abogados de la empresa – Alex saludó al aludido, quién con un gesto cordial acompañado de una sonrisa se ganó su confianza al momento
- ¿Condé Nast cuenta con abogados? – preguntó, en los pocos años que llevaba trabajando para el imperio de publicaciones impresas, descubría cosas nuevas durante su estadía en el edificio, como cuando se enteró de que las zanahorias estaban prohibidas en el menú del comedor debido a la alegría de Newhouse hacia el vegetal.
- Nunca falta quién quiera pasarse de listo sobre una fotografía o un reportaje publicados sin autorización – comentó, en ese tono de voz que le daba a las cosas que mantenía bajo control.
- Señor Davis, su caso es algo delicado... – dijo el abogado, que al parecer no pretendía perder tiempo en su trabajo – una mujer lo acusa de desconocimiento legal de un menor de seis años, supuesto fruto de una relación entre los dos.
- ¡Yo nunca había visto a esa mujer en mi vida! – Exclamó susurrando, cerrando las puertas de la sala para que Charlotte o Christopher escucharan lo sucedido – No tengo idea de quién pueda ser.
- Está su versión, la de ella, y el veredicto final del juzgado...
- ¿No pueden hacer una prueba de ADN de una vez? – preguntó, dispuesto a cortarse las venas y mostrar su sangre con tal de terminar con todo aquello de una vez.
- No funciona así, no en este tipo de casos, el niño tiene edad suficiente como para proceder de manera distinta a cuando son bebés o recién nacidos, en el caso de un abandono de menor, pero nunca de un desconocimiento legal.
- Lo que el juzgado quiere es saber tu parte de la historia – dijo Newhouse, poniéndose cómodo en uno de los sillones frente a la ventana – Mucho antes mejor.
- ¡Pero ella está mintiendo! ¿Acaso nadie trata de creerme?
- Nosotros le creemos señor Davis – dijo Clark, tratando de calmar a Alex – y lo demostraremos frente al juez en un estrado.
- ¿Cuándo? – preguntó Alex.
- Justo ahora – contestó el abogado – sabrán que está dispuesto a declarar y que no tiene nada que temer, porque no hay nada que ocultar.
Alex asintió. Mientras más pronto terminara aquello, mucho mejor para él. Salió de la sala a buscar a Charlotte, pero lo primero que encontró fue a su hijo con un balón de fútbol.
- ¡Papi! ¿Quieres jugar en el jardín?
- No puedo Chris, tengo que salir de emergencia – dejó al niño y buscó por las demás habitaciones a Charlotte, no estaba en la biblioteca, ni en el bar, ni en la sala de juegos de Chris, la encontró en la cocina junto con su madre y Eloise – linda, tengo que salir con Newhouse y Mueller a... – Alex se interrumpió en su frase de despedida, notó que Charlotte lloraba en silencio al igual que su madre, Eloise lo miró como esperando a que le diera una explicación, pero Alex tomó la mano de su esposa, y después de besarla le dijo – tengo que ir al juzgado a declarar, todo saldrá bien, te lo prometo...
Ella sólo asintió, deslizando entre sus dedos la mano de Alex que se alejaba a cumplir la promesa de un futuro mejor.
En el trayecto hacia la corte, Alex no podía controlar las pulsaciones de su corazón, sus manos sudaban y por las piernas le recorría un cosquilleo constante.
- Por aquí, por favor – señaló el abogado, conduciéndolos por entre puertas de madera labrada y pinturas con temática de la justicia y la equidad. Se detuvieron frente a una sala donde se llevaría a cabo el proceso de demanda, uno de los custodios abrió la puerta y entraron, las sillas, así como los escritorios y el estrado eran de madera pura, la habitación lucía enteramente vacía, excepto por un hombre sentado en el escritorio frontal del lado izquierdo frente al juez. A la par que Alex asimilaba lo que acontecería, un murmullo de voces expectantes llegó desde el corredor: una docena de hombre y mujeres vestidos con pulcros trajes y faldas lisas hicieron acto de aparición y tomaron asiento en el lugar correspondiente al jurado.
Fueron minutos de asfixiantes silencio en los que Alex se preguntó qué pasaría con Charlotte y su hijo después del escándalo en el que estaba metido.
- ¡De pie para recibir al señor juez! – anunció una voz, inmediatamente todos reaccionaron ante la llegada de un hombre mayor y calvo con lentes redondos color plata y cristales delicados.
- La demandante Katherine Taylor exige una pensión alimenticia a Alexis Davis, el cuál niega el título del padre del menor llamado Alan ¿Es eso cierto? – preguntó el juez, dirigiendo la mirada al hombre que llegó a la sala antes que ellos.
- En efecto, su señoría – contestó el abogado, poniéndose en pie cuando los demás tomaban asiento – mi cliente no pudo asistir por cuestiones legales que se vinculan con el menor de edad involucrado en el caso.
- Bien, adelante – el juez hizo un ademán de libertad con las manos, dando rienda suelta a que el juicio comenzara por parte de uno de los abogados.
- Llamo a Alexis Davis al estrado – anunció el abogado defensor de la demandante, Clark le hizo una seña para que caminara y subiera a la silla que estaba junto al juez, un lugar intimidante ante los ojos de los presentes.
- ¿Conoce usted a Katherine Taylor?
- No sé quién es esa mujer – contestó Alex
- Ella afirma que lo conoció en un bar, ¿Qué tiene que decir al respecto?
- Que miente, yo no conozco a esa tal Katherine y nunca...
- ¿Ha tenido contacto con el pequeño Alan de seis años?
- No – contestó, hacía uso de toda su paciencia para soportar aquellas preguntas tan estúpidas
- Mi cliente asegura que usted junto con otros dos acompañantes asistieron a un bar en donde ella la conoció ¿Podría darnos el nombre de aquellas personas? –
- No sé de qué diablos está hablando – contestó con toda serenidad – Tengo un hijo en casa y desde que nació he compartido sus mamilas en el mismo refrigerador que mis cervezas, en resumen: no he salido a un bar en los últimos cinco años
- Le recuerdo que el hijo de la demandante tiene seis años
- Para ese entonces yo no trabajaba en Vogue – afirmó - estudiaba y trabajaba medio día de sol a sol, y como supondrá, no tenía tiempo para matar neuronas con alcohol.
- ¿Cómo conoció a su actual esposa?
- ¡Objeción señoría! – Intervino Clark, poniéndose de pie con los puños cerrados – La actual vida privada y sentimental de mi cliente no es fundamental en el transcurso de este caso.
- Por favor, absténgase de hacer preguntas de terceras personas que no tienen vínculo al caso – advirtió el juez al defensor de Katherine - ¿Alguna otra pregunta?
- Ninguna por ahora – dijo el abogado defensor – esperaremos a mañana para la audiencia de mi cliente.
- ¿Mañana? – preguntó Alex hundiendo la cara en sus brazos sobre el pulcro escritorio
- El jurado necesita escuchar las dos versiones antes de su veredicto, pero todo irá bien – dijo su abogado, palmeándolo en el hombro en señal de apoyo.
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¿Porqué la audiencia fue de inmediato y no días después? Porque Newhouse aceleró el proceso en la corte de juicios penales, así como en temporadas anteriores pudo manejar a la prensa (ya sea para ocultar contenido o publicitar eventos) ordenó que el asunto se zanjara de inmediato.