- ¿Llevas ropa interior limpia?
- Si mamá – contestó Alex
- Cariño ¿Llevas tu cepillo de dientes? – preguntó Eloise a Chris, que estaba sentado en las maletas que no tardarían en subir al auto que los llevaría al aeropuerto para su viaje a París
- Sí – contestó, con la cara sobre sus manos, al parecer en estado de aburrimiento total
- Bien, ya nos vamos – dijo Charlotte, abrazando a sus padres antes de partir – Chris, despídete de tus abuelos.
El niño abrazó y besó a cada uno de sus abuelos, Alana no quería despegarse cuando la abrazó, y Michael parecía no dejar que se fuera.
- ¡Adiós! – dijo el niño, arrastrando su pequeña maleta hacia la salida.
- Hasta luego mamá, hasta luego papá – Alex se despidió de sus padres con un fuerte abrazo – Hasta luego Patrick – Alex abrazó a su suegro, y él lo contuvo un momento entre sus brazos.
- Hazla feliz ¿Entendido? – le susurró al oído, y al mirarlo le guiñó un ojo. No entendía a qué se refería, si hacía alusión al sexo, llevaría las de perder debido a que irían con su hijo.
Después de varios minutos en los que el claxon del auto de Vogue los apresuró en su despedida, subieron al vehículo todo su equipaje y se pusieron en marcha.
- ¡Papi, olvidé el iPad! – dijo Chris, mirando por el cristal del vehículo la casa que se alejaba cada vez más, como si tuviera la posibilidad de volver y alcanzar el auto de nuevo.
- Olvídalo Chris, te conseguiré uno cuando lleguemos ¿Está bien? – Chris se sentó de nuevo en el asiento con los brazos cruzados, sin duda sería uno de los viajes más aburridos que haría – ¡Dios, Charlotte! Maldigo el día en que le enseñaste a usar sus ojos de esa manera – dijo Alex, al ver que Chris usaba la mirada que ponía para conseguir todo lo que quisiese – Y tú tampoco me mires así ¿Ok? De nada sirve que uses tu sucia táctica conmigo – Alex sacó su teléfono e ignoró los dos pares de ojos azules que lo miraban con ternura – Rose, soy yo... Sí, lamento molestarte en vacaciones pero es algo urgente... Al menos para Chris.
- ¿Qué es lo que quiere el príncipe? – preguntó Rose, bebiendo de su taza de café y esperando a que fuera una muy buena razón para que la llamara a esa hora de la mañana estando en días de descanso.
- Dejó el iPad en la casa y estamos camino al aeropuerto, por favor, has que una tableta esté en el Ritz de París con el juego que Rupert le enseñó y no deja por nada – dijo Alex, golpeando ligeramente el hombro de su hijo con el codo a modo de juego – Es todo Rose, gracias.
Sin esperar alguna réplica colgó la llamada.
- ¿Quién era? – preguntó el esposo de Rose, un hombre con tendencia a quedarse calvo prematuramente.
- Mi jefe, quiere que mande algo a París y que esté allí antes de que él llegue.
- ¿Podrás hacerlo?
- Hablas como si no conocieras lo que soy capaz de hacer – Rose tomó una agenda con cubierta negra que mostraba el logotipo de la revista en color plata, esa agenda era la que salvaba cabezas cuando Alex tenía alguna exigencia para la revista. En orden alfabético tenía registrados desde el número telefónico personal de Karl Lagerfeld en París, hasta la dirección y teléfono de la boutique de Louis Vuitton en Australia, pasando por los números personales de fotógrafos, estilistas, maquillistas editores y modelos alrededor del mundo. Si necesitaba el número de la oficina de Jean Paul Gaultier: “mira en la agenda”, si necesitaban comunicarse con Mario Testino hasta Atlanta: “Mira en la agenda”, era la biblia con todas las respuestas en el piso de los editores en el edificio de Vogue Man – Ahora verás porque no sólo soy una mujer bonita – Rose tomó su teléfono celular de nuevo y marcó un número escrito en la letra “R”, esperando respuesta dio otro sorbo a la taza de café.
- ¿Sí? – preguntó una voz desde el otro lado de la línea, una voz que mostraba su disgusto por sacarlo de su sueño.
- Buen día señor Grint, me llamó Alex para pedirle el nombre del juego que usted le mostró a Chris en una tableta electrónica – dijo, con una voz plagada de inocencia que parecía falsa – ellos salen a París ésta mañana y...
- ¿Angry Birds? – preguntó, conteniendo inútilmente un bostezo con su cabeza bajo la almohada.
- Gracias señor, que tenga buen día – contestó Rose, colgando la llamada, antes de que Rupert arrojara el teléfono al suelo y se hundiera en sus sábanas de nuevo.
- ¿Y bien? – Preguntó su esposo detrás de los titulares del periódico sentado frente a ella - ¿Llevará la armada militar esa cosa a París?
Sin hacer caso de su comentario, Rose hojeó de arriba abajo su agenda, lo más cercano que tenía a una tienda Apple era el número de un local en un centro comercial de Avon, donde se llevó a cabo la Fashion Night Out dos años atrás.
- Bonjour, Je suis l'assistant d'Alexis Davis, rédacteur en chef de Vogue Homme dans le Royaume-Uni. Il demande que l'iPad avec Andry Birds application est dans la chambre à l'Hôtel Ritz Chanel Coco avant qu'il arrive je peux compter? – Aguardó la respuesta en silencio, tanto ella como su esposo estaban a la expectativa, hasta que ella esbozó una sonrisa de triunfo - Merci beaucoup, vous êtes très gentil.
- Lo lograste - dijo su esposo - ¿Podrías hacer lo mismo al enviarle flores a mi madre? – preguntó, esquivando la revista que Rose le arrojó desde el otro lado de la mesa.
Desde que subió al avión, Chris escuchaba música en el iPod de su padre, mientras que Charlotte leía una revista Cosmopolitan para la que había hecho fotografías semanas atrás en la India.
- ¿...Cómo encontrar al hombre perfecto? – Preguntó Alex a Charlotte, leyendo uno de los titulares en mayúsculas - ¿Qué tipo de cosas pregunta esa revista? – Alex miró una foto de Charlotte con vestimenta hindú, bajo una gran estatua de buda en posición de oración.
- Es una revista para mujeres sexualmente activas – contestó ella a la defensiva, aprovechando que Chris no escuchaba nada de lo que decían debido al alto volumen de la música – era obvio que tenía que contestar algo así, y no te preocupes, en la escala universitaria eres un 9.
- ¿Un qué?
- Un nueve: eres atractivo, con buen trabajo y un buen salario, romántico y cosas así. Chicos como tú son escasos... O gays.
- ¿Entonces... cuando las chicas hacen pijamadas en la universidad es para colocarnos en un ranking y no para desnudarse en una pelea de almohadas?
- Exacto, y aquí – señaló con un dedo un párrafo en especial de la revista – es donde digo que eres el mejor hombre con el que puedo estar.
Alex tomó la revista entre sus manos y leyó: “Alexis es como uno de esos hombres de ensueño, de los que como pocos se preocupan por los detalles. Una vez me mandó flores frescas hasta Bora Bora cuando hice una sesión de fotos para el verano”
- No recuerdo haber mandado flores hasta Bora Bora – dijo Alex
- No me sorprende que no recuerdes lo que cenaste ayer – comentó Charlotte, arrebatándole la revista de las manos y golpeándolo en la frente con la misma – Y no esperes a que tenga sexo contigo esta noche.
El avión aterrizó quince minutos después de la hora marcada. Durante el trayecto Alex trató de enmendar el error sucedido en el avión de cualquier forma.
- ¿Le puedes decir a mami que me perdone? – preguntó Alex a Chris, en un tono de voz tan suplicando como falso.
- Dice papi que si lo perdonas – dijo Chris, girando su cabeza al lado izquierdo o derecho para pasar un mensaje
- Dile que si no quiere dormir en la sala que mejor se calle
- Dice que si no quieres...
- Ya escuché Chris, gracias – dijo Alex, algo molesto con su esposa, para él no había sido gran cosa mandar flores frescas hasta Bora Bora, incluso había olvidado que él mismo llamó a la florería y pidió las orquídeas que llegaron frescas al día siguiente al camerino de la chica – Lo siento ¿Sí? Recuerdo que esas orquídeas las pedí yo personalmente... por teléfono claro, pero... yo te mandé esas flores hasta una isla que no sabía que existía sólo para que no te olvidaras de mí.
Charlotte y Chris posaron sus ojos sobre él, Chris no entendía que decía y Charlotte comprendió a la perfección
- La presión del trabajo desde que la revista se escindió es más... Como tener a la competencia trabajando para el mismo jefe – argumentó – olvidaría cosas como ésas, pero nunca una fecha como ésta, feliz cumpleaños linda.
El cumpleaños de Charlotte marcaba el inicio de las vacaciones en la familia, el día 21 de Diciembre, junto con navidad y año nuevo eran fechas en las que se planeaba un viaje familiar más amplio que los que tenían cabida cuando Charlotte o Alex salían por motivos de trabajo.
- Monseur Davis – una chica alta enfundada en el uniforme del hotel se acercó a ellos – soy Maya Bonheur, su asistente me indicó que le facilitara todo lo que desee durante su estancia en el Ritz, y eso incluye esto para el pequeño Chris – la chica sacó de detrás del mostrador un iPad dentro de una funda de Chanel, el niño dejó de prestarle atención a la chica (que miraba con la boca abierta, como hipnotizado) ante su belleza y melena oscura – si gustan seguirme... – con un gesto elegante indicó el ascensor, que los llevaría hasta su suite.
- Deja de mirarla así – dijo Charlotte a Chris, que le veía el trasero con más atención de la que le dedicaba a su mochila, la cual arrastraba por el pasillo – yo soy más bonita que ella – añadió en un susurro.
- En el cajón del escritorio encontrará moneda nacional y algunos cheques de viajero, esa puerta comunica ésta, la habitación principal, con la que ocupará el pequeño Chris, cualquier cosa no dude en llamarme.
- Gracias Mayra – dijo Alex, dejando la maleta sobre la cama - ¿Qué quieren hacer primero?
- ¿Y sí vamos a allí? – Chris se subió a la cama de un salto y señaló la Torre Eiffel que enmarcaba el ventanal
- Deberías preguntarle a tu padre si recuerda la primera vez que vinimos juntos – dijo Charlotte, de nuevo con un dejo de sarcasmo y enfado en su voz, desempacando su maleta y sacando algunos zapatos.
- Dile a tu madre que recuerdo perfectamente cada detalle de esa vez, que no soy el idiota que ella cree que soy.
- Dice papi que no es idiota – dijo Chris, sentándose al borde de la cama y jugando con la tableta electrónica.
- Gracias campeón – Alex comenzó a desempacar su maleta y la pequeña mochila de Chris. Alrededor de una hora después de terminada la tarea y las maletas vacías bajo la cama, Alex preguntó: - ¿Quieren dar un paseo por la ciudad luz?
- Tengo hambre, ¿Tú no tienes hambre amor? – preguntó Charlotte a Chris, quién asintió enérgicamente llevándose una mano al estómago, como si indicara donde le dolía a falta de alimento
- Bien, entonces comamos antes de un paseo familiar – Alex llamó a Mayra para que reservara en el Mandala Ray, uno de los primeros que visitó con Charlotte cuando comenzaron a andar juntos.
- En éste restaurante tu mami se enamoró de mi – dijo Alex, sentando a Chris en uno de los sillones que conformaban el restaurante que por las noches fungía como discoteca – adivinó qué perfume usaba y dijo que era muy guapo.
Chris sólo se encogió de hombros, estaba más interesado en comer sus papas que en escuchar cosas del pasado en donde no estuvo.
- Y tu papá sentía celos de un mesero con buen trasero – Chris seguía sin decir nada, en verdad le importaba muy poco lo que pasó años atrás.
- Este lugar no ha cambiado en nada – dijo Alex, recordando el enorme candelabro al centro del lugar y la iluminación tenue
- No ha pasado mucho tiempo – comentó Charlotte - sólo cinco años
- ¿Te comentó Chris que en Nueva York una niña lo besó? – Alex quería integrar a su hijo en la plática, al menos para que Charlotte no recordara el incidente de las flores y Bora Bora.
- ¿Eso eso cierto Chris? – preguntó su madre en tono recriminatorio, no aceptaba que a sus cinco años “tuviera novia” o se acercara a una niña en un plan sentimental. Chris sólo se limitó a asentir mirando los ojos tan parecidos a los de él - ¿Tu padre besó a alguien en Nueva York? – el niño negó de nuevo, tomando limonada en su vaso de cristal.
- Una niña con la que hizo las fotografías para Marc, no fue nada, sólo un beso en la mejilla. Chris sabe que si ha de encontrar una novia, debe ser tan bonita como su madre – El niño asintió de nuevo enérgicamente, como si fuera a toparse en su colegio una versión miniatura de Charlotte - ¿Nos vamos? Tenemos mucho que recorrer – En su trayecto a pie hacia la Torre Eiffel, Alex cargó a Christopher sobre sus hombros para que apreciara la ciudad.
- ¿La recuerdas cariño? – Charlotte miraba la Torre Eiffel de arriba abajo, recordando lo que hace cinco años parecía un sueño.
- Fue aquí donde le dije a tu madre que envejeceríamos juntos para siempre.
- ¿Cómo los abuelos? – preguntó Chris, dándose cuenta de que ellos también estaban casados y sus hijos eran ahora sus padres
- Exacto – Alex bajó a Chris de sus hombros para que subieran al ascensor – Le dije que por nada del mundo me alejaría de su lado, le prometí que estaría siempre con ella.
- ¿No es romántico? – Charlotte se dejó rodear por los brazos de Alex. El roce de la barba del chico con su piel tersa le hizo recordar la primera vez que estuvieron juntos y la luz de la mañana que bañaba sus cuerpos en la habitación del hotel.
- Es aburrido – dijo Chris, con la cara sobre sus brazos cruzados, apoyado en el barandal – Ya vámonos – el pequeño amenazaba con hacer un berrinche a cientos de metros de altura.
- ¿Nos vamos? – preguntó Charlotte, deseando que ese momento perdurara para siempre
- Ven Chris – Alex le tendió la mano a su hijo para bajar por el ascensor – Creo que está cansado por el vuelo – dijo, tomando a Chris en brazos para caminar al hotel que quedaba a 4 cuadras de la edificación turística.
- En verdad pensé que lo habías olvidado – dijo Charlotte – lo del restaurante, las flores, nosotros juntos por primera vez... – la chica presionó el botón del elevador que los llevaría hasta su piso.
- Nunca olvidaría algo así – comentó Alex con voz nasal, ya que Chris jugaba con su nariz – recuerdo la mansión Chanel, tu hermoso vestido negro y la primera vez que te dije que te amaba... - Alex dejó a Chris en la cama, inmediatamente tomó su tableta electrónica y comenzó a jugar – Prepárate para tomar una ducha jovencito – dijo Alex a Chris, quitándole el iPad de las manos y haciéndole cosquillas sobre la cama.
- La primera vez que me dijiste que me amabas estabas ebrio –
- Pero lo dije de corazón...
- Con el corazón lleno de alcohol...
- Cherry, ¿no vas a molestarte por eso, cierto? No hoy.
- Me molesta que de entre todas las cosas que pasamos juntos en esta ciudad sólo recuerdes que estabas borracho y tirado en la cama con ganas de pronunciar mi nombre.
- ¡Pero te amaba! – exclamó Alex, sabiendo que eso haría alterar más a su esposa – Quiero decir... Que aún te amo, pero hace cinco años te amé... O sea que... Entiendes lo que quiero decir ¿No?
- Ni siquiera tú te entiendes – Charlotte le arrojó una toalla con el logotipo del hotel bordado en las esquinas – ducha a Chris y con algo de suerte quizá no te ahogues esta vez.
Alex se desnudó para entrar a la bañera con Chris, el cuál puso tanto jabón en el agua que la espuma casi lo cubría por completo. Al sumergirse en el agua cerró los ojos y pensó en la posibilidad de que sólo ella y él salieran esa noche a algún restaurante para enmendar su error. Le dio vueltas a la idea de su declaración etílica de amor que no supo a qué hora toda la espuma desapareció. “no podemos dejar a Chris sólo en el hotel” pensó, mirando a su hijo hacer burbujas de jabón con la boca “podría llamar a Mayra para que consiga una niñera que lo cuide, pero no se ha quedado con nadie más que no sea su madre o sus abuelos”
- ¿Mami se enojó? – preguntó Chris, los mechones de su cabello mojados sobre su frente le recordaron al intento de peinado que George usó para una sesión de fotos para Esquire.
- Verás... – Alex no encontraba palabras adecuadas para explicarle lo que en realidad tenía que decir – las mujeres a veces... Son difíciles... Lo que quiero decir es que... Mami tiene mucho trabajo...
- Tú también...
- Y a veces está cansada cuando sale de viaje, cuando los adultos estamos cansados algunas veces decimos cosas que pensamos pero que no son buenas...
- Cara dice que eres guapo – comentó Chris, interrumpiendo a su padre. Christopher se refería a Cara y Karen por su nombre y no como “tías” como lo hacía con George y Rupert, algo con lo que su madre no estaba muy de acuerdo – Cuando las amigas de mamá (Karen, Cara y Stella) van a la casa, Cara dice que eres guapo y una máquina “sepsual”
Alex se quedó perplejo, no tenía idea de lo que Charlotte decía o pensaba de él a sus espaldas y ahora era su hijo el informante de dichas reuniones.
- Eh... Bien... Tu mami está algo cansada: Ella viaja mucho y a veces se siente mal cuando...
- ¿Qué es “sepsual”? - preguntó Chris, mirando a su padre esperando una respuesta inmediata.
- Dios... Quizá ahogarme no sea mala idea – susurró para sí, cerrando los ojos con fuerza, al abrirlos, el niño lo seguía mirando con expectativa – Significa que es una persona que... trabaja mucho y...
- ¿Tú y mamá son máquinas “sepsuales”? – preguntó, sabía que sus padres trabajaban mucho y que siempre estaban ocupados con asuntos laborales.
- Tu madre es una máquina excelente – comentó Alex – ahora fuera, que estás más arrugado que tu abuelo Patrick.
Tras salir de la bañera y con el pijama de los Beatles puesta, Chris se durmió en la habitación anexa a la principal, con la idea de que sus padres “trabajaban” muy duro todos los días.
- ¿Puedo compartir la cama contigo? – preguntó Alex, internándose en las sábanas, su mano buscaba algún rastro de piel de Charlotte, pero ella se contuvo a ser acariciada.
- Sólo si estás sobrio – dijo ella, evitando que la mano de Alex se colara bajo su ropa interior.
- Ya te dije que te amaba desde antes de tomar una copa esa noche, ¿no me crees?
- Creo que deberías recordar cosas más amables sobre nosotros juntos – contestó ella, alejándose más del alcance de su esposo.
- Recuerdo tu sexy lencería negra que usaste bajo ese Chanel después de grabar para Lagerfeld – susurró Alex en el oído de la chica – recuerdo que cada poro de tu piel estallaba bajo la ducha fría y recuerdo cuando te parabas descalza sobre mis pies para besarme.
- Es un buen argumento – dijo ella, guiando la mano de Alex hasta su cintura – lástima que no podamos revivir el momento ahora, podríamos despertar a Chris y es demasiado pronto para explicarle de donde vienen los bebés.
Alex se dio la vuelta en la cama, dándole la espalda a Charlotte, ella no sabía que Alex se enteró de las pláticas explícitas de su esposa con sus amigas.
- La máquina sexual no funcionará esta noche – comentó – buenas noches linda – la besó fugazmente en la mejilla y volvió a su lado del colchón, dejando a Charlotte confundida.
