LXXIII - La gala del MET



- ¡Pero sabe feo! – exclamó Chris, al ver que su padre quería darle el medicamento que el doctor le transcribió.

- Sé que sabe mal, pero tienes que tomártelo – dijo Alex, acorralando a su hijo en una esquina de la sala del hotel.

- ¡Tómatelo tú! – gritó, corriendo hacia el baño y cerrando la puerta con fuerza.

- ¡Hey, más respeto jovencito! – Dijo Alex desde el otro lado de la puerta – No soy yo el que está enfermo y te tienes que tomar esto quieras o no.

- ¡No quiero!

- ¡Sal de allí!

- ¡No quiero! – gritó una vez más, atrincherado en el cuarto de baño.

- ¡No te llevaré a Rockefeller si no te...!

- ¡No me importa!

- ¡Si a la cuenta de tres no sales te voy a...!

- ¿Vas a qué? – Preguntó Charlotte detrás de él, harta de los gritos y en posición de defender a su hijo ante la actitud de Alex – Gritando no solucionarás nada.

- Entonces convéncelo – dijo éste, dándole el frasco de jarabe y la cuchara de metal con la que siguió a Chris por toda la habitación.

- Chris, cariño, sal un momento... – dijo Charlotte a la puerta de madera.

- Sabe feo... – dijo éste, acercándose a la puerta para escuchar a su madre.

- Sí... Sabe feo pero tienes que entender que es por tu bien.

- Pero no quiero...

- Quiero que estés bien, tu padre también quiere que te mejores – giró su cabeza a Alex y lo miró, como esperando degollarlo si se atrevía a decir que no.

- ¿Iremos a Rockefeller? – preguntó, abriendo la puerta despacio para ver a su madre.

- ¡Claro! Iremos a Rockefeller y a la quinta avenida, ¿Te gusta ir a las tiendas cierto? Bien, abre la boca – Chris cerró los ojos con fuerza y tragó del jarabe que Charlotte vertió sobre la cuchara - ¿No era tan difícil? ¿Eh? – preguntó a Alex con ese gesto amenazador, como el de una leona protegiendo a su cachorro.

- Sabes que tú eres mejor haciendo éstas cosas – dijo él, poniéndose el abrigo para salir a la calle - ¿Nos vamos? – todo el trayecto hasta Rockefeller Center y la quinta avenida, Chris se mantuvo alejado de su padre. Alex sabía que había hecho mal en obligar a su hijo a tomar la medicina, aunque su paciencia hubiera llegado al límite; pero no encontraba la manera de compensar lo que hizo, hasta que Charlotte entró en una tienda de Saks y Chris jaló a su papá por el brazo hasta la sección de caballeros.

- ¿Qué pasa Chris?

- ¡Quiero ese! ¡Quiero ese!

- ¿De qué hablas?

- ¡Para hoy! Mi mamá dice que debo verme guapo esta noche...

- Eso es cierto, pero...

- ¡Anda papi! ¿Sí? –

- ¿Podría mostrarme ese traje? – Preguntó Alex a una chica que se acercaba para atenderlos, bajando un maniquí infantil que mostraba un traje negro con chaleco y corbata roja - ¿Te gusta? – Alex miró a Chris esperando su reacción ante la primera vez que elegía ropa por sí mismo.

- Me gusta ese color –contestó, señalando el rojo carmesí del chaleco.

- Bien, entonces, pruébatelo y... me dices si... te gusta – Alex entregó a su hijo a la chica que los atendía para que se probara el traje, minutos después corría descalzo por la tienda buscando a su papás, encontrando a su madre probándose un vestido vaporoso mientras Alex estaba sentado leyendo la versión americana de Vogue.

- Ya – dijo Chris, poniéndose de pie y con la espalda muy recta ante su padre.

- No está mal – comentó - ¿Qué dices tú linda?

- Es bonito... Muy elegante – comentó Charlotte, quitándose el vestido negro de Oscar de la Renta – a comparación de lo que eligió tu padre.

- El traje que que usaré hoy está bien...

- Elegiste tu traje al azar...

- ¿Qué esperabas? Sólo es una noche, igual, no lo volveré a usar.

- Al menos podrías esforzarte más...

- ¿Para qué? Eso sólo nos lleva a mi respuesta anterior.

- Disculpe... – comentó la chica que ayudó a desabotonar el corsé del vestido de Charlotte - ¿No la había visto en algún lado antes?

- Si lees alguna revista como ELLE, Cosmopolitan o Numéro, quizá si...

- ¡No lo puedo creer! ¿Usted es modelo? - Preguntó la chica con asombro

- Sí – contestó Charlotte, las mejillas se le encendían cuando alguien se sorprendía al saber que aparecía en revistas y campañas de productos de belleza - y aunque no lo crea, el hombre que eligió el primer traje que vio es editor de la versión británica de la revista que está leyendo; además de ser mí esposo.

- ¡Vaya! Nunca había atendido a alguien como ustedes – comentó la trabajadora – enviaremos sus compras al hotel en donde se hospedan, en verdad es un placer atenderlos, a ustedes y a su lindo hijo.

Saliendo de la tienda, Alex compró un café (frío, como siempre) y una botella de agua natural para Charlotte, a Chris le llamaron la atención los pretzels, diciendo que nunca había comido una galleta retorcida.

- ¡Hola! Soy fotógrafo de Vogue ¿les importaría una fotografía en familia para el próximo número? – preguntó un chico con grandes anteojos y un ligero brote de acné en la frente.

- Eh... No... Adelante - Dijo Charlotte, tomando por el brazo a su esposo, que cargaba a Chris para la fotografía.

- Gracias, al señor Bowles le encantará – dijo el fotógrafo, perdiéndose en una esquina.

- En verdad no puedo creer que hayas elegido lo primero que se te puso en frente – exclamó Charlotte, entrando a la habitación del hotel con las manos vacías, tal y como habían salido, con la diferencia de que en la cama había cajas de Dolce & Gabbana, Elie Saab y una bolsa de Gucci con el pequeño traje de Chris.

- No es tan malo ¿Desde cuándo te importa lo que uso en público?

- ¿Desde cuándo no te importa a ti? – Preguntó – Bien como quieras, no te recriminaré tu decisión... Pero si por ahí vez a Adam Lambert luciendo mejor que tú, no vengas a llorar en mi hombro.

- ¿Mami se enojó? – preguntó Chris en el baño, sentado sobre el inodoro viendo como su padre se recortaba la barba frente al espejo

- Ella siempre se enoja – contestó Alex, recortándose con las tijeras algunos vellos del bigote – Las mujeres a veces se enojan porque a su edad...

- ¿Mami ya está vieja?

- ¡Claro que no! – Se apresuró a contestar, más que para desmentir, para que no estuviera en riesgo su vida si Charlotte lo escuchaba – Algunas veces las mujeres no les gusta que las contradigan o que elijas por ellas.

- Pero no hiciste nada malo...

- Eso díselo a tu madre...

- ¿No te duele? – preguntó, muerto de curiosidad al ver que su padre se pasaba una máquina con cuchillas por la cara.

- No... – contestó, rebajando el lado de la mejilla izquierda.

- ¿Porqué lo haces?

- Para verme bien esta noche y que tu madre sea feliz...

- ¿Me van a salir pelos cuando sea grande?

- No lo sé – contestó, poniéndose Chanel Bleu en las mejillas y el mentón para evitar irritarse – Dime... ¿Tienes novia?

- No – respondió después de llevarse la mano a la boca, un gesto que siempre hacia al no saber que responder o cuando miraba alguna cámara.

- Pues entonces ojalá y te salga un bigote muy grande... A las chicas les gusta – dijo, añadiendo un guiño de complicidad.

Cuando el reloj marcó las 9:45 de la noche, el teléfono sonó con una exactitud milimétrica sorprendente, avisando que abajo los esperaba la limosina que “El señor Bowles” mandó para ellos, en la alfombra roja del museo, había medios de todo el mundo, específicamente mandados por los editores de Vogue alrededor del globo.

- Hola Hamish – saludó Alex, al encontrárselo frente a los fotógrafos. El editor de Vogue USA llevaba un traje marrón y corbata a juego.

- Hola querido amigo – contestó éste – veo que vienes bien acompañado – comentó, viendo a Charlotte y su vestido rojo, así como a Chris con el traje que él mismo eligió.

- Sabes que no salgo sin ellos – comentó Alex, mirando a su alrededor diseñadores, modelos, editores y demás socialité reunida en el museo - ¿Qué hace Jon Kartajarena aquí? – preguntó, aún con la sonrisa en su rostro, aunque se había vuelto estática y forzada.

- Anna ayudó en la organización del evento – dijo Hamish, en verdad “ayudar” era “meter la nariz” en sus decisiones aún fuera de su Vogue.

- Todo irá bien – dijo Alex, en señal de apoyo a su amigo editor – siempre y cuando Lady Gaga conserve la ropa interior – comentó, más que un chascarrillo, era una advertencia.

Dentro del museo, una pista de baile era enmarcada por mesas redondas, en los muros había vitrinas que exponían vestidos de Roberto Cavalli y del lado opuesto, trajes de Ermenegildo Zegna, la mesa correspondiente a Alex (del lado de los invitados de Hamish) notó que había asientos vacíos con sus respetivos nombres sobre la mesa, donde figuraban Beyoncé y Zac Efron.

- ¡Diablos! – Susurró Alex – Chris ven... – le hizo una señal a su hijo para que se acercara - ¿Recuerdas a medicina del doctor?

- ¡No quiero! – gritó, llevándose las manos a la boca, ya que las palabras “doctor”, “medicina” o “inyección” eran sinónimo de correr en círculos.

- ¡No, no es eso! – dijo Alex, tomándolo por los brazos antes de que se escondiera bajo alguna mesa – tío Rupert me dijo que cuando llegaras a Londres te llevaría a ver la lucha libre, ¿Te gusta la lucha libre, cierto? – Chris asintió – Bien... cuando lleguemos a Londres y antes de que entres a la escuela iremos a ver la lucha libre ¿Te parece?

- ¡Sí!

- Pero necesito que antes me hagas un favor – dijo Alex, susurrándole al oído ante el barullo de la gente que comenzaba a entrar - ¿Ves ese letrero de allí? – Preguntó, señalando el pedazo de papel que decía “Madonna” en el respaldo de una silla – cámbialo por éste – le dio uno que rezaba “J. Lo” en letras púrpuras como el resto.

Sin pensarlo dos veces, Chris corrió alrededor de la mesa y cambió los letreros de lugar, mientras su padre miraba alrededor para que nadie se diera cuenta de que la planeación de Hamish había sido alterada.

- Bien hecho galán – dijo Alex, ayudando a subir a Chris a la única silla alta que había para él en todo el recinto – ahora veamos que nos depara la noche.

A medida de que la noche transcurría, los invitados comenzaron a inundar la pista de baile y sus alrededores, Charlotte entablaba una charla con Blake Libely y Tyra Banks mientras que Alex comentaba a Zac Efron y Jared Leto su trabajo en la revista, Chris tomaba fotografías con el iPad que había llevado con él a todo aquel que cruzara frente a él.

Alex invitó a Charlotte a la pista de baile y Chris los siguió, bailaban una canción electrónica y el pequeño imitaba los pasos de baile de su padre hasta que tomó un semblante serio ante la mujer que tenía enfrente.

- Hola querido – Saludó Anna Wintour en un tono tan gélido como el clima que habían dejado en Londres.

- Oh, hola Anna – contestó Alex, dándose la vuelta y encontrándose cara a cara con la directora de la versión femenina de Vogue en América – es un excelente evento – comentó – tengo que admitirlo.

- Sería mejor si Bowles no hubiera metido las narices en esto, no sé a quién diablos se le ocurrió sugerirlo como editor – dijo molesta, con el típico ademán de sus labios que mostraban disgusto.

- Todos merecemos una oportunidad – dijo Alex – así como ambos salimos de la universidad sin terminarla y viajamos a países del otro lado del golfo con un poco de dinero en nuestros bolsillos, él se ganó su lugar a pulso, y apuesto a que quién lo puso ahí, sabía lo que hacía.

Anna ignoró el comentario de Alex y notó que Chris lo miraba con un rostro serio, como si de un momento a otro la mujer lo fuera a morder.

- Hola pequeño – Anna pellizcó con sus manos huesudas las mejillas de Chris - ¿Uno de cuantos? – preguntó, haciendo énfasis en el sarcasmo de su pregunta al relucir el escándalo en el que se vio envuelto.

- El único Anna – contestó Charlotte, detrás de su esposo.

- Veo que aún siguen juntos – comentó Wintour, flanqueada por Miuccia Prada y Franca Sozzani

- No veo porqué no – dijo Alex, tomando la mano de su hijo – las dejamos, espero que disfruten de la noche tanto como nosotros... Vámonos Charlotte, aquí apesta.

Tomó a la chica por la cintura y regresaron a su mesa, donde Madonna sentó a Chris en sus piernas para poder conversar con él y su madre.

- No entiendo – comentó Alex acostado en la cama del hotel, el reloj marcaba las 2:30 am, Chris dormía en una habitación Anexa y Charlotte estaba recostada a su lado – Si Hamish organizó la gala del MET junto a Anna... ¿Porqué fue ella la que llamó y no él?

- Anna manda en Vogue, no en Condé Nast – contestó, con voz amortiguada por la almohada - ¿Qué más da? Si querían que estuvieras ahí lograron su cometido, ahora duérmete, mis pies me están matando – dijo, dándose la vuelta y recargando su cabeza en el hombro de Alex.


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Hamish Bowles en verdad es el editor de moda de Anna Wintour para Vogue USA, es por eso que Anna está en desacuerdo con que él sea el director de la versión masculina de su revista (su propio “aprendiz” subiendo al nivel de su mentor) era algo inaceptable para ella. En esta situación, quise reflejar el personaje de Nigel con Miranda: sólo que en este caso Hamish si consigue su objetivo. Franca Sozzani (editora de Vogue Italia) y Miuccia Prada (diseñadora) son sus inseparables amigas: la primera, porque le debe el puesto en la edición italiana, y la segunda, por hacer que la firma incursionara en el mercado americano. Aunque no lo parezca, ambas sienten simpatía por el trabajo de Alex, y como dato adicional, Charlotte es una chica que se puede dar el lujo de decir no a Anna.