LXXIV - World Wrestling Entertainment



En medio de una ligera capa de nieve, Charlotte, Chris y Alex regresaron a Londres. La ciudad sepultada
por un blanco impoluto los esperaba con un clima más gélido que el de New York pero con la sensación de ser bien recibidos.

- ¡No dejes la maleta en la cama! – gritó Charlotte, al ver que Chris corría a su habitación en cuanto puso un pie en casa.

- ¿Tienes planes para hoy? – preguntó Alex, dejando su maleta en la entrada, junto con la que compraron para el vestido de Charlotte y los trajes de Chris y el suyo.

- Quizá llame a Cara y vayamos a alguna cafetería a conocer chicos... ¿Y tú?

- llevaré a Chris a ver la lucha libre y veremos chicas lindas con vestuario diminuto peleando sobre el ring ¿No te agrada la idea? – preguntó, tomando a la rubia por la cintura y llevándola de espaldas hasta la sala.

- Si no piensas cambiarme por una mujer más musculosa que tú me parece perfecto – contestó, sentándose sobre las piernas de su esposo - ¿cuidarás bien de Chris, cierto?

- Como a mi propia vida – Alex se puso de pie cargándola hasta la escalera, en donde ella se despojó de sus bailarinas de Tory Burch para meterse a la cama

- ¿Puedes hacer que Chris tome un baño? Dormiré un poco...

- Descuida, lo haré...

Besó la frente de Charlotte antes de que ella se sumiera en un sueño profundo y salió de la habitación. Alex tuvo que arrancar a Chris del sillín de su batería para meterse con él a la bañera, y un esfuerzo sobrenatural para después sacarlo de allí. Justo cuando dejó a Chris en su habitación para que se vistiera sonó el timbre. Envuelto en una bata blanca y descalzo se asomó por entre las cortinas que había detrás de los cristales de la puerta, notó una silueta delgada con cabellera rubia.

- ¿Cara? – preguntó, abriendo la puerta lo suficiente para que entrara la chica, pero no demasiado como para que se le congelaran las piernas.

- ¡Hola Alex! – Dijo Cara, sacudiéndose la nieve de los hombros de su abrigo y dejando la bolsa en la mesa que había al pie de las escaleras, reparó en que el esposo de su amiga estaba cubierto sólo por una bata de baño blanca su mirada cambió - ¡Vaya! Veo que los viajes te sientan muy bien – comentó, al ver en la abertura superior de su prenda se asomaban unos abdominales bien formados.

- Ehh... ¡Chris, dile a tu madre que Cara está aquí! – gritó Alex a la planta superior, alejándose lentamente de la rubia hasta llegar a la sala y cubrirse con un cojín.

- Hola Cara – saludó Chris desde la cima de las escaleras, al ver que la mejor amiga de su madre la esperaba debajo.

- ¡Hola hermoso! – Respondió, notando como apenas Chris podía ver por encima del barandal - ¿Qué tal New York? – cuestionó a Alex tan intempestivamente que éste se sobresaltó.

- Muy... Bien, un viaje muy... placentero

- Entiendo... Con este frío no dan ganas de salir de la cama – comentó, caminando lentamente hacia Alex - ¿Tienes planes para hoy en la noche?

- Si – contestó de inmediato – iré con Rupert y Chris a un espectáculo de lucha libre.

- Vaya... Un deporte rudo... Me encanta... – Cara se acercaba tan sigilosa y sonrientemente a Alex como una hiena ante su presa acorralada sin escapatoria. Unos pasos en la escalera hicieron que la chica se detuviera y girara sobre sí.

- ¿Cara? ¿Qué haces aquí? Justamente pensaba llamarte para salir esta tarde... – comentó Charlotte, había cambiado sus bailarinas por unas botas altas para caminar en la nieve y una prenda más abrigadora que el trench que usó al bajar del avión.

- ¿Por qué tardaste? – preguntó Alex, con una sonrisa nerviosa y cubriéndose con la bata lo más que podía, como si tuviera frío a pesar de la calefacción y la chimenea encendida.

- ¿Por qué estás en bata?

- ¡Acabo de ducharme! – exclamó, notando como por su cara y piernas aún escurrían gotas de agua.

- Como sea, saldré con Cara a tomar un café, cuida a Chris y abrígalo bien, aún no termina su tratamiento de antibióticos, así que tendrá que tomar su medicamento antes de que salgan – se acercó a su esposo y lo besó de despedida, notando que sus labios estaban tan fríos como un cristal – Vámonos Cara – Su amiga la siguió hasta la puerta, no sin antes dirigirle una última mirada a Alex acompañada de una sonrisa. Justo cuando escuchó la puerta cerrarse, Alex se disponía a subir las escaleras.

- ¡Oops! Dejé mi bolso – dijo Cara – regreso enseguida – dejó a Charlotte a unos pasos de su automóvil y entró en la casa, Alex apenas se había dado cuenta de que Cara había entrado cuando se giró notó que la chica lo veía por debajo de las escaleras, en donde se deleitaba con lo que la bata no podía ocultar - ¡Wow! Ya veo que Charlotte tenía una gran razón para casarse contigo – comentó, tomó su bolso y salió. Alex quedó petrificado en las escaleras unos segundos hasta que reaccionó y subió corriendo las escaleras.

- ¿Qué quería Cara, papá? – preguntó Chris siguiéndolo hasta el armario, viendo como su padre entraba a su habitación para vestirse rápidamente.

- Salió con tu madre – contestó, poniéndose unos pantalones y la camisa que encontró primero tan rápido como pudo – Ahora ve a desempacar y baja tu ropa sucia.

- ¿Puedo tocar la batería después?

- Primero desempaca y baja la ropa sucia, después puedes dejar sordo a quién quieras

Sin esperar un segundo más Chris salió disparado a su habitación, bajando minutos después con los brazos cargados con ropa sucia del viaje y que se acumulaba bajo su cama. Tras separar la ropa por colores (después de una mala experiencia con una camisa blanca de Thomas Pink de Alex que se volvió rosa gracias a una gorra roja de Chris) no había más labores en la casa que hacer, siempre estaba tan impecable que pareciese que se limpiaba sola. En el pasillo que conectaba la planta inferior con el jardín, Chris asaba bombones en una parrilla que Alex usaba para asar carne en los días de verano que decidían comer en el jardín, mientras que su padre leía un libro de Assouline, la nieve se arremolinaba ante los cristales de las puertas corredizas cuando el timbre sonó de nuevo; con la seguridad de que ahora estaba vestido de pies a cabeza, Alex abrió la puerta para toparse cara a cara con George.

- ¿Qué hay? – preguntó éste, entrando a la casa sin esperar invitación – Rupert me contó que Chris estuvo en el hospital, ¿todo bien? – antes de que Alex contestará, sacudió su melena como un perro en una bañera.

- Sí, todo está bien, terminará su tratamiento de antibióticos pronto.

- Fue un susto de muerte para todos ¿Eh? – comentó, siguiendo a Alex hasta el pasillo donde Chris seguía comiendo masa pegajosa color rosa.

- Afortunadamente no pasó a mayores - dijo éste – ¡Chris, tienes visitas!

Cuando el niño se giró para ver quién era, corrió hasta los brazos de George y saltó a su regazo, abrazándolo como un koala en árbol de eucalipto.

- ¡Hola tío George!

- ¡Hola amigo! ¿Dónde está tu madre? – preguntó, al ver que Charlotte no aparecía por ningún lugar de la casa y nunca se despegada de su hijo cuando estaba con él.

- Salió con Cara, no sé a dónde, pero estuvo aquí hace rato – contestó, bajándose de los brazos del cantante para seguir quemando bombones.

- ¿Pasa algo? – preguntó Alex, notando en el rostro de George una actitud triste cuando mencionó a Cara.

- He querido llamarla, pero... no me contesta... – dijo, dejándose caer en el sillón del pasillo.

- Podrías dejarle un mensaje – comentó Alex, llevando el libro que leía en la mesa de mimbre frente a ellos.

- ¿Crees que sería buena idea?

- Claro, un mensaje en el buzón con algo así como “llámame” o “tienes mi número” garantiza que te llame de vuelta, o de que al menos recuerde que existes.

- Tienes razón – dijo George, pensando las palabras de su amigo – quizá un cuarto mensaje la haga recapacitar – comenzaba a marcar por teléfono cuando Alex se lo arrebató antes de que la llamada se conectara.

- ¡¿Un cuarto mensaje?! ¡Dios George! Nunca pensé que diría esto pero... Deberías seguir el ejemplo de Rupert: él no se estancó cuando terminó con Karen, y creo que ahora sale con una de esas chicas que conoció gracias a Chris.

- ¿Qué tiene de malo un cuarto mensaje?

- ¿Qué te hace pensar que responderá éste y no los anteriores?

- No lo sé... Quizá sienta lástima por mí.

- Mereces más que dar lástima – dijo Alex, poniendo fuera del alcance de la mano el celular de George – conoce gente nueva, chicas lindas, no creo que tengas problema con ello.

- No lo es, el problema es que me gustaba pasar tiempo con Cara... Ella es una chica... Divertida y extrovertida...

- Ni que lo digas – comentó Alex, recordando el incidente de las escaleras y su privacidad que pasaba a ser parte del interés de Cara – Para que ella salga con su mejor amiga y tú estés aquí no puedes decir lo contrario. Tú me dijiste que mi vida necesitaba un giro y terminé rayándome la piel, ¿Por qué no sales al mundo y les muestras a esas chicas lo que en realidad se están perdiendo?

- ¡Tío George! ¿Quieres un malvavisco? – preguntó Chris, blandiendo en el palito de la brocheta un bombón derretido por completo.

- Chris no comas eso – dijo Alex – tíralo y toma otro.

El niño se encogió de hombros y tiró la masa pegajosa a un cubo de basura

- ¿Crees que quiera volver conmigo?

- No lo sé... Besaste a su hermana y...

- ¡Ella me besó a mí!

- ¿Y crees que ella lo vio así? Tiene a su hermana de su lado, llevas las de perder.

- ¿Crees que podrías ayudarme? – preguntó George, esperando un rayo de esperanza en medio de la nieve.

- ¿Cómo demonios se supone que haga eso?

- Digamos que “por casualidad” nos llamas para la revista. Y yo...

- En mi revista no hay casualidades – dijo Alex – Y mucho menos una como esa ¿Porqué no le pides perdón y ya?

- ¿Pedirle qué?

- Si quieres volver con ella es la única opción – dijo Alex, como si dictara un ultimátum – Rupert vendrá por la noche, llevará a Chris a la lucha libre ¿Quieres ir con nosotros?

- ¡Sí tío George! ¡Ven con nosotros! – exclamó Chris desde el lado opuesto del pasillo, mostrando así que estaba atento a la plática de su padre.

- No puedo, tocaré hoy en la noche – dijo George – será en otra ocasión.

Chris no pudo ocultar su tristeza ante el hecho de que George no iría con ellos, sin embargo no insistió más.

- Haremos esto – comentó Alex, retomando su conversación con George – invitaré a Charlotte a cenar, ella llevará a Cara y tú llegarás conmigo al restaurante para que hagas lo tuyo con ella ¿está bien?

- ¿Harías eso por mí?

- Todo te corresponde a ti – aclaró Alex – No garantizo nada, pero eso es mejor que cualquier cosa que Rupert te haya podido decir.

- No sabes cuánto te agradezco esto

- Juro que si metes la pata, no sólo Cara tratará de asesinarte.

- Lo haré bien, te lo prometo – dijo éste, poniéndose de pie - ¡hasta luego Chris! Espero que sigas practicando con la batería – y sin más se despidió de ambos.

- ¡Adiós tío George! – dijo Chris, sacudiendo su mano y la brocheta con un bombón prendido en señal de despedida - ¿Tío George quiere a Cara? – preguntó, después de que su padre volviera al acompañar a su amigo a la puerta.

- Al parecer sí – contestó, esperando tener la primera plática sobre relaciones amorosas con su hijo de cinco años – pero ella no lo quiere a él.

- ¿Por qué? – preguntó, dejando de lado la bolsa de malvaviscos y sentándose junto a su padre.

- Porque George hizo algo malo que lastimo a Cara.

- ¿Le pegó?

- No Chris... Él besó a su hermana cuando era novio de Cara, lo que hizo estuvo mal, y ahora él quiere que ella la perdone.

- ¿Lo perdonará? – preguntó, jugando a juntar las puntas de sus zapatos una sobra otra.

- No lo sé – contestó su padre - ¿Crees que se verían bien juntos?

- Mamá dice que Cara puede conseguir al hombre que ella quiera – comentó, encogiéndose de hombros – pero no quiero que le pase nada a tío George...

Alex no sabía si compadecerse de los sentimientos de su hijo hacia George, o temer por la vida de éste, ya que era sabido de sobra en la familia (y los amigos, así como algunos trabajadores de Vogue) que Cara es una chica de carácter fuerte cuando se le provocaba. Horas después cuando la luz del día comenzaba a ceder a la noche, Charlotte llegó cargada con bolsas de compras a la casa, se despojó de su abrigo y de la carga de Gucci, Moncler, Prada, Missoni y Louboutin que arrastraba desde el centro comercial.

- ¡Mami! – Chris corrió desde su sala de juegos hasta los brazos de su madre – tío George vino y preguntó por ti...

La chica miró a Alex con extrañeza, nunca se había imaginado que George la buscara en su casa, cuando sólo buscaba a su marido para embriagarse en el bar de Alex.

- Vino a visitar a Chris, se enteró de que estuvo en el hospital, preguntó por ti, charlamos un rato y se fue porque hoy toca en el club.

- Oh, entiendo... – comentó, imaginando a George preguntando por ella sólo como gesto de cordialidad.

- Rupert vendrá a llevar a Chris a ver la lucha libre... – dijo Alex, antes de que un insistente claxon en la calle lo interrumpiera.

- ¡Es tío Rupert! ¡Es tío Rupert! – anunció Chris a gritos, subiéndose a un sillón que había pegado a la ventana para visualizar el auto rojo del actor.

- Bien, creo que ya nos vamos - dijo Alex, besando rápidamente a Charlotte mientras se ponía una chaqueta.

- ¿Vas a dejarme aquí sola? – preguntó, dibujando un puchero en su cara.

- ¿Quieres dejar a Chris sólo con Rupert?

- Diviértanse – dijo ella, tras pensar dos segundos que sería de su hijo con Rupert en un estadio lleno de gente, alcohol y hombres rudos.

- Chris, despídete de tu madre

- Adiós mami – dijo Chris, besándole la mejilla antes de salir corriendo hacia la calle - ¡Hola tío Rupert!

- ¡Hola galán! ¿Listo para ver golpes?

- ¡Sí! – Chris se metió por la ventanilla trasera del auto y se abrochó el cinturón de seguridad, denotando su entusiasmo.

Durante el trayecto, los tres permanecieron en silencio, los adultos sólo comentaban la inclemencia del clima, mientras que Chris miraba las luces de la ciudad de noche. En la O2 Arena, se notaba el flujo de personas que querían ser parte del espectáculo de lucha libre, el estacionamiento estaba abarrotado y las filas para la entrada atascadas de gente.

Dentro de la arena, Rupert los condujo hasta los palcos en uno de los laterales del ring, donde la gente podría ver más de cerca a los luchadores en sus combates.

- ¿Has venido antes? – Preguntó Alex – al ver como Rupert detenía a un vendedor tomándole dos vasos grandes de cerveza y un hot-dog para Chris.

- Por supuesto – contestó, pasándole un vaso a Alex por encima de la cabeza del pequeño – siempre que puedo no me pierdo para nada estos eventos.

El tiempo pasaba lentamente y el estadio se llenaba con rapidez, las pancartas y los aficionados se fusionaban en un tumulto que daban el aspecto de que la misma arena murmurara desde sus más recónditos rincones. De un momento a otro las luces se apagaron y un espectáculo de fuegos artificiales junto con el grito de la multitud dio inicio al espectáculo, una voz salida de ningún lugar presentaba el primer duelo de la noche, donde un luchador de cabello largo se enfrentaría a un corpulento hombre calvo más alto que él. Chris se sorprendió al ver que uno de ellos le dio la mano a Rupert, el cual la estiraba junto con los demás espectadores en espera de que su ídolo los saludara.

En un intermedio, Alex consultaba su teléfono mientras Rupert llamaba la atención del pequeño golpeándolo ligeramente con el codo en su hombro.

- ¡Hey galán! – dijo Rupert esperando que Alex no lo escuchara - ¿Quieres? – preguntó, mostrándole el vaso del que tomaba cerveza desde hace tiempo.

- ¿Qué es? – preguntó, viendo el color amarillento de la cerveza clara.

- Sé que te gustará – comentó.

Chris tomó entre sus pequeñas manos el gran vaso de plástico bebió un sorbo, haciendo una mueca de asco pero tragando el líquido.

- ¡Sabe feo! – exclamó, sacando la lengua y cerrando los ojos con fuerza.

- ¿Qué pasa Chris? – preguntó Alex, guardándose el teléfono en el bolsillo interno de la chaqueta


- El jugo de tío Rupert sabe feo – dijo éste, frotándose la garganta.

- ¿Qué jugo? ¿Qué hiciste pedazo de imbécil? – Miró a Rupert y el vaso que trataba de ocultar, adivinando de lo que se trataba al ver la cara que su amigo usaba al esconder inútilmente una mentira.

- ¡Oh, vamos! Es mejor que la pruebe ahora a que te enteres por las botellas vacías bajo su cama

- ¡Eres un idiota! Como se te ocurre darle alcohol ¿Estás bien Chris?

- Si, pero ya no quiero – contestó, poniendo la expresión que se dibujaba en su rostro cuando le tocaba algún medicamento.

- Está bien, yo no veo el problema...

- Su problema eres tú – dijo Alex, cambiando de lugar para que Chris estuviera lejos de Rupert.

El resto del espectáculo, Alex disfrutó tanto como Rupert las peleas en vivo, olvidando el incidente con su hijo (incluso ovacionó los movimientos sensuales de las mujeres que se debatían en el ring), apoyaba a luchadores que no conocía y abucheaba a los que parecía no valían nada en el cuadrilátero. Al término del show, las salidas de la arena estaban tan abarrotadas como a su llegada, uno por uno los vehículos desfilaban por la calle ante un tumulto de autos que buscaban salir del embotellamiento.

- Escucha, lo siento ¿Sí? – dijo Rupert, notando como Alex mantenía el mismo semblante de seriedad en el rostro desde la salida de la arena hasta que tomaron una arteria principal de la ciudad – Como tío tengo que maleducarlo, es la ley de la vida – comentó, viendo por el retrovisor a Chris que yacía dormido con su dedo de espuma como almohada – ahora dice que no le gusta, después no podrá parar de...

- Le prometí a George que no te lo diría... - lo interrumpió Alex, cerrando mucho los ojos, como si fuera a decir un pecado mortal – George quiere volver con Cara.

- ¿Bromeas? ¡Esa chica está loca! Tiene bonito cuerpo, obviamente, pero su rostro... ¿No las has visto? ¡Tiene una mirada de demente! – exclamó, golpeando el volante del auto.

- Eso es asunto de George, así que mañana tratará de hablar con ella para solucionar todo.

- ¿Qué hay de la hermana? ¿Es linda, no?

- Sería aceptar que lo hizo, cuando él afirma que no fue así

- ¿Y tú le crees? - preguntó Rupert incrédulo

- Es mi amigo, se supone que tengo que apoyarlo

- ¿Aunque no diga la verdad?

- ¿Y qué quieres? ¿Qué llore sobre tu hombro toda la vida o que viva la suya con una mujer que sólo él sabe lo que siente por ella?

- A mí no me metas en esto – dijo Rupert – si el idiota de George quiere arruinarse la vida, prefiero burlarme de ello a ser alguien que lo provocó.

Alex bajó del auto, cargando con cuidado a Chris cubriéndolo con su chaqueta por la ligera nevada que caía en medio de la noche, buscando sus llaves abrió la puerta y se giró para despedir a George.

- Gracias por la noche – comentó – a Chris le fascinó.

-  Oh, no es nada – dijo éste – si ves a George dile que no sea un idiota – caminó sobre la nieve hasta su auto para ir a casa.

- Lo haré... ¡Pero no esperes a que te invite a su boda! – exclamó, antes de cerrar la puerta tras de sí y divisar el auto de Rupert alejarse.

Por las escaleras, Charlotte bajó vestida con un pijama a cuadros al escuchar la puerta cerrarse.

- ¿Cómo les fue?

- Al parecer Chris se divirtió demasiado – comentó Alex, quitándole a su hijo la mano de espuma con la señal obscena que Rupert le compró en el estadio – lo subiré a su habitación.

- Te espero arriba – dijo ella, apagando las luces del corredor y la sala.

Cuando Chris estuvo cambiado e instalado en su cama, Alex se quitó los zapatos en el corredor y se metió en la cama con la primera pijama que encontró. Charlotte posó su cabeza sobre el hombro izquierdo de su esposo como siempre lo hacía al dormir, sentía su respiración lenta y pausada en el cuello, sabía que aún estaba despierta, porque los dedos de su frágil mano recorrían su pecho por debajo de la franela de la prenda.

- ¿Te gustaría ir mañana a cenar al Tom Aikens? – preguntó Alex, esperando una respuesta positiva por parte de Charlotte para echar a andar su plan

- ¿A qué se debe tan peculiar petición?

- Para ser sincero... no es por ti... ni por mi... es por George

- ¿George?

- Quiere volver con Cara -

- ¿Está mal del cerebro? ¿Cómo es que quiere volver con ella después de lo que le hizo?

- Él no hizo nada – comentó Alex en un susurro, no quería elevar la voz para no despertar a Chris en su habitación contigua.

- Eso dices tú...

- Eso dice él...

- ¿Y le crees?

- ¿Y tú le crees a ella?

- ¡Obvio, es mi amiga!

- George no le haría eso, y mucho menos con su hermana...

- ¿Y qué tenemos que ver nosotros con ellos?

- Estaremos esperándolas en el restaurante y ustedes llegarán a...

- No, no, no... Un restaurante es una mala escena para un crimen

- Es por eso que quiero que vayas con ella, eres la única que puede hacerla recapacitar...

- Bien, supongamos que acepto... ¿Y qué si sale mal?

- Todo será culpa de George – dijo Alex, abrazando a Charlotte por la cintura, esperando que ese ademán la hiciera ceder a su petición.

- Está bien... Pero no esperes un milagro de mi parte, buscar el Santo Grial sería pan comido comparado con lo que me pides.


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El incidente y la “insinuación” de Cara hacia Alex, en verdad eran para que éste convenciera a George de que volviera con ella y “lo dejara en paz” sin embargo, ni Charlotte ni Alex sabían de este tipo de treta por parte de Cara, así que sin saberlo los planes de ella funcionaron en el capítulo siguiente, donde Alex arregla una cena con las dos parejas para que puedan reconciliarse. No es que ella lo haya perdonado (ya que Poppy, hermana de Cara, le confesó que ella lo besó a él) sino que es una chica que no sabe estar sola. 

Charlando con Dany en Messenger le pregunté una vez: “¿A qué tipo de espectáculo llevaría Rupert a Alex en el cuál éste último no encajara por completo?” su respuesta fue: “un espectáculo de lucha libre” y aunque lo retomé incluso dos temporadas después, aparece en este capítulo. Es una idea que me rondaba desde hace tiempo, la idea original, era decirle a Rupert lo que en verdad sentía por Charlotte (cosa que le dijo a George, en un capítulo de la primera temporada) ya que el lugar no era el indicado para charlar un tema así, y mucho menos con Rupert. 

El auto de Rupert es un Jaguar XFR-S rojo, nada de especial en cuanto a la trama, sólo entré a una página de internet y fue lo primero que vi.