LXXV - El plan de Alex



- ¿Por qué no me puedo quedar con el abuelo Pat? 

- Porque Patrick está con Alana – contestó Alex – ellos no pudieron cuidarte hoy. 

- ¿Y el abuelo Mike? – preguntó Chris, negándose a pasar el último día de vacaciones en la oficina de su padre. 

- Trabajando en Battersea – dijo su padre, ajustándose el nudo de la corbata en el espejo retrovisor – Hoy es el último día que vendrás conmigo al trabajo, mañana entrarás a clases y ya no verás a Rose, ni a Brenda, ni a Xavier... 

- Brenda me aburre, nadie quiere jugar conmigo 

- Están muy ocupados Chris, por eso se llama trabajo... 

- Yo no quiero trabajar... 

- ¿Y por eso tocas la batería? – preguntó Alex, sabía que Chris entendía el concepto del trabajo de George como diversión, y no como un trabajo en sí. Al ver que su hijo asentía, cerró los ojos con fuerza, se lo imagino diez años más grande, tocando bajo un puente rodeado de ratas y vagabundos – Espero que pronto cambies de idea – comentó, tomándolo de la mano para subir al ascensor. 

- Buen día Alex – saludó Rose, tomando el maletín y abrigo de su jefe. 

- Buen día Rose – contestó éste, tomando el café que siempre lo esperaba en el escritorio de Brenda cada mañana que llegaba al trabajo – llama en su casa de Biarritz a Karl Lagerfeld y pídele la fecha de la fiesta del modelo del año, contacta con Simone para que decida con Testino las fechas de las fotos en Suiza y que me consulte cuando confirme para elegir la ropa, pon a Mark Terrence en el teléfono de inmediato y confirma una reservación en el Tom Aikens para esta noche. ¿Está actualizado el boletín? 

- Sí, claro... – Contestó Rose, saliendo de su concentración al tratar de recordar la lista de números telefónicos que debía marcar. Caminó hasta su escritorio y tomó una hoja con el membrete de Vogue que aún estaba recién salida de la impresora. 

- Gracias Rose – dijo, sin siquiera mirarla y entrando a su oficina, donde Chris ya estaba acostado en el sillón con un libro ilustrado. 

El boletín era una actualización constante de las llamadas que Alex no contestaba (prácticamente la mayoría de ellas) y los recados que recibía por teléfono. Cada llamada era acompañada del nombre de la persona que lo quiso contactar, en los números de teléfono no estaban permitidos los puntos, solo los guiones. Las horas debían llevar dos puntos en lugar de uno, y se redondeaban a los diez minutos más cercanos. Los números de teléfono aparecían en una línea aparte para que se vieran mejor. Las “notas” eran información que Rose (y muchas veces Brenda como segunda asistente) tenían que decirle antes de que él les preguntara primero, y los “recordatorios” eran algo que Alex les pedía por teléfono (o en persona de una forma no muy directa) que le recordaran al llegar a la oficina:



7:30
David Sacristán de Vogue España llamó para
felicitarte por el número de Enero, dice que “la portada así como el
contenido, es espectacular, como siempre” y quiere saber el número del
escritor del artículo “hombres en la cima” de dicha edición. Por favor,
llámalo.
34-914-262-815
NOTA
Brenda le ha proporcionado a David Sacristán el
número de Michael Holden, por favor, llama a David por lo de la portada.

7:40
Christian Louboutin llamó para pedir la
autorización de usar tu apellido en un par de zapatos de su próxima colección
de invierno. Por favor llámalo, al parecer quiere acordar una cita.
011-33-1-55-22-06-78: casa
011-33-1-55-22-58-29: estudio
011-33-1-55-22-92-69: chófer
011-33-1-55-66-76-33: número de su ayudante en París, por si no lo
encuentras.

7:50
Kaziuko Yamazira llamó para disculparse por no entregar
el arreglo floral a Kazuhiro Saito por su cumpleaños, esperaron fuera de su
casa durante tres horas, lo intentarán hoy de nuevo.

8:00
Christopher Bailey llamó, estará al pendiente de
la persona que mandes para recoger los accesorios para el próximo número, y
agradece utilizar un abrigo de su nueva colección para la portada de enero.

8:10
Giorgio Armani ha
llamado. Dice que todo está listo para el aniversario del Hotel Armani en
Dubai. ¿Necesitarás a alguien más además de un chófer, un cocinero, un estilista,
un ayudante personal, dos sirvientas y un capitán de yate? De ser así,
comunícaselo, por favor, antes de que parta hacia Dubai. También facilitará
móviles, pero no podrá reunirse contigo porque se estará preparando para la
fiesta.
011-3901-55-27-55-61

- Chris, baja los pies de la mesa baja los pies de la mesa – dijo Alex, tomando asiento en su escritorio, dispuesto a llamar hasta España para escuchar en un inglés recortado lo bien que hacía su trabajo. 

Cuando su hijo obedeció, la puerta de cristal se abrió. George entraba con paso despreocupado a la oficina de Alex sin siquiera prestarle atención a Rose o Brenda. 

- ¡Hola amigo! – dijo George, abrazando a Chris, que había saltado a su regazo como un gato – Hola Alex... 

- ¿Qué haces aquí? 

- Espero para la cita de esta noche... 

- ¿11 horas antes? – Preguntó, consultando su reloj de pulsera - ¿En serio no tienes nada más que hacer más que desperdiciar toda la mañana aquí? 

- ¿Y por qué no? – George se sentó en el sillón y posó sus pies sobre la mesa tal como lo hizo Chris segundos antes - ¿O qué sugieres que haga? 

- Que me pagues un favor por el que te haré esta noche, ve a Burberry en la tienda de Horseferry Street y recoge los accesorios que pedimos para el siguiente número y tráelos cuanto antes. 

- ¿Puedo ir con tío George? – preguntó Chris, arrojando el libro a un lado y mostrándose emocionado por salir. 

- Está bien... Pero dense prisa, y cuida bien de él. 

- No te preocupes, lo... 

- Le dije a Chris – dijo Alex, volviendo a su escritorio para llamar a España – Un auto los espera listos para salir. 

- ¿Podría encender el radio? – preguntó George al chofer, como si fuera un encargado de taxi en Nueva York. Sin embargo, éste no chistó y encendió música pop en el estéreo. 

- Mi papá dijo que quieres ser novio de Cara otra vez ¿Es cierto? – preguntó Chris, mirando a George a los ojos, idénticos a los suyos. 

- Sí, así es – dijo, evitando la mirada del menor, fingiendo encontrar interesante la fachada de un banco. 

- Papá dice que hiciste algo malo, ¿Es cierto? – preguntó de nuevo, moviendo los pies que no tocaban el piso del auto. 

- Tu papá te cuenta muchas cosas, por lo que veo. 

- Sí, dice que hiciste algo muy malo y que quieres remediarlo esta noche, y mamá dice que Cara debe darse otra oportunidad, aunque eso involucre que te lleven en una ambulancia. 

George quedó perplejo, sabía que Charlotte y Alex eran buenos amigos de Cara, pero nunca pensó que lo serían tanto como para predecir lo que él pensaba que podría pasarle esa noche. 

- Buen día señor ¿Puedo ayudarle en algo? – preguntó una chica sonriente dentro de la tienda en Horseferry. 

- Me mandó Alex por unas sombrillas – contestó, con la misma naturalidad con la que se pide una cerveza en la barra de una taberna. 

- ¿Disculpe? – preguntó confundida, tratando de memorizar que Alex querría cuáles sombrillas. 

- Yo me encargo Kate – dijo una voz detrás de ella, Christopher Bailey salió de detrás de un mostrador de zapatos donde en la parte superior había una pantalla de plasma que mostraba el último spot publicitario de la campaña más reciente. - ¡Vaya! ¿Hubo algún proceso de clonación o embarazo del cual no me haya enterado?- preguntó, al ver el parecido del pequeño Chris con el cantante. 

- ¿Qué? ¡Oh! Para nada, es el hijo de Davis, Christopher – dijo, señalando al pequeño que miraba con desconfianza y miedo a los maniquíes. 

- Hola amigo – saludó Bailey – bonito nombre – el pequeño sólo se limitó a sonreír y llevarse la mano a la boca, como cada vez que se sonrojaba - ¿Y tú ahora trabajas para Davis? Te dije que la música no era un buen negocio. 

- ¡Claro que no! Es un favor que me devolverá más tarde 

- ¿Se puede saber qué clase de favor te trae aquí? – preguntó Bailey, recorriendo la tienda y tomando bolsos, clutches y sombrillas que ponía en manos de sus trabajadores para ser empacados y subidos al auto de Vogue que esperaba fuera. 

- Una cuestión personal – contestó, tras ver el spot de Cara en una pantalla frente a él por segunda vez desde que llegó. 

- Tener un amigo en el mundo de la moda es estupendo – dijo Bailey, poniendo en los brazos de George la última bolsa de piel empacada – pero en la vida real, esto se llama chantaje, hasta luego pequeño – dijo, dirigiéndose al pequeño Chris. 

- ¿Qué es chantaje? – preguntó Chris, jugando con el teléfono de George en el auto regreso al edificio. 

- Es cuando una persona utiliza a otra para que haga algo. 

- ¿Papá le hace chantaje a Rose? 

- No lo dudo – contestó George – no lo dudo. 

El resto de la mañana George realizó actividades de oficina que nunca había hecho antes, como utilizar una copiadora por primera vez e identificar un contrato laboral de una carta de agradecimiento. Las horas pasaron en un aburrimiento total para George y su versión miniatura mientras que Alex iba y venía de la oficina, ordenando que trajeran una fedora o que plancharan una corbata. 

- ¿Listos? – preguntó Alex, tomando su maletín y el abrigo que Rose sacó del pequeño armario detrás de su escritorio - ¿No pensarás ir así? ¿Cierto? – Señaló los jeans y la chaqueta a juego de su amigo – Es el Tom Aikens, hacen casting incluso para poder caminar por la acera. 

- ¿Crees que me quede esto? – preguntó, tomando un traje de un perchero móvil que Ben transportaba por el pasillo. 

- Con dos metros más de tela, aceite industrial y una pistola de grapas quizá pueda hacer algo, además de intentar hacer algo con tu cabello. Ben, por favor lleva a George con Xavier y que se esfuerce lo mejor que pueda. 

Después de que los tres estuvieron vestidos para la noche (Chris con el mismo traje que usó en Nueva York, Alex con un traje nuevo y George con el traje en el que si pudo entrar) salieron en el auto de Alex rumbo al hotel, George movía sus piernas con insistencia en el asiento del copiloto. 

- ¿Quieres calmarte? – preguntó Alex, ya que su amigo lo distraía demasiado. 

- Estoy nervioso... ¿Me veo bien, cierto? – Preguntó - ¿Y mi aliento? ¿Está bien mi aliento? ¿Quieres olerlo y decirme si...? 

- ¡Dios George, no! – exclamó Alex, alejando su cara al ver que George quería exhalarle en la nariz – Solamente se educado con ella, ya que ser tú mismo traerá problemas. ¿Entendido? 

- Buenas noches señor Davis – saludó la chica en la entrada del restaurante - ¿Mesa para cinco? Por aquí por favor – dijo, conduciéndolos a una mesa en el fondo del local, donde había una ventana con vista al jardín iluminado por farolas 

- Estamos esperando a mi esposa y otra acompañante – dijo Alex – por favor, hágalas llegar a la mesa en cuanto lleguen. 

- Por supuesto señor – contestó la chica, dirigiendo una especial sonrisa al pequeño Chris, el cual estuvo largo tiempo viendo como meseros llevaban charolas y carritos con comida a las demás mesas excepto en donde estaban ellos. 

- ¿Porqué tardan tanto? – preguntó George, golpeando la mesa con el tenedor insistentemente mientras que miraba a la entrada una y otra vez. 

- Calma George, un elegante retraso no vendrá mal – dijo Alex, aunque en realidad estaba tan nervioso como él, buscó su teléfono y tenía planeado marcar a Charlotte cuando la vio aparecer por la entrada, su vestido negro remarcada su silueta, al igual que sus estilizadas piernas; Cara y su vestido con transparencias eran una fuerte competencia por ver cual rubia lucía mejor aquella noche. 

Cuando Cara notó que la mesa a la que se dirigía era compartida por George, dio la vuelta sin detenerse y redobló el paso para salir de allí enseguida. 

- ¡Hey, espera! – Dijo Charlotte, tomándola del brazo para que evitara correr hacia la acera 

- ¿Qué hace ese idiota aquí? – preguntó, mirando de reojo a George, que se había puesto de pie para recibirla, y a Chris que la saludaba con la mano desde lejos. 

- Necesitas darle una oportunidad – dijo Charlotte – sólo esta noche, si en verdad no te merece, te dejaré ir, te lo juro. 

Sin un argumento en su defensa, Cara se dejó arrastrar por Charlotte hasta la mesa, en donde Alex y George estaban de pie para recibir a las chicas. 

- Hola Cara – saludó Alex, después de recibir a su esposa con un beso. 

- Hola Alex – dijo ésta, ignorando la mano que George le extendía, tomando al chico como un cubierto más sobre la mesa. Cara tomó asiento rápidamente y se perdió detrás de la carta del menú. 

Alex miró a George y después a Cara, indicándole a éste con la mirada que hiciera algo por llamar su atención. 

- Cara... este... – pronunció el chico, después de un sonoro carraspeo para aclararse la garganta – te ves muy linda esta no... 

- Lo sé – dijo ésta, dirigiéndole al músico una mirada de ira por encima de la lista de los postres – y para tu información, no eres el único que piensa así – comentó, viendo como Chris prestaba atención a las transparencias de su vestido. 

Charlotte y Alex no sabían qué hacer, George arrugaba nervioso su servilleta y movía sus pies con insistencia mientras que Chris miraba a los adultos con curiosidad. 

- Disculpen, ¿Gustan ordenar? – preguntó un mesero que se había acercado a la mesa sigilosamente 

- Quiero whisky... ¿Ustedes no? – Comentó Cara, leyendo la lista de bebidas 

- Sí – dijo George – es una buena elección, me encanta el... 

- Entonces traiga vodka – dijo la chica, ignorando una vez más a George – y una ensalada con mousse de espárragos, pierna de jamón y salsa de pasa de uva. ¿Y ustedes? – preguntó, mirando a todos menos al cantante. 

- A mí tráigame asado de cordero con tarta fina, un filete de pez de San Pedro y jugo de romero – dijo Charlotte. 

- Asado de cerdo con salsa de crema de romero y ensalada de hinojo. – dijo Alex, al ver que el mesero se dirigía a él. 

- Pan frito y emulsión de langostinos, pierna asada y ensalada de aderezo de aceite de oliva negro, por favor – ordenó George. 

- Yo quiero una hamburguesa – dijo Chris, al saber que nada de lo que comerían los adultos sería de su agrado – con papas, por favor – agregó, al notar que el mesero le prestaba una especial atención. 

- En seguida – contestó el joven del delantal que les tomó la orden, poniendo un dramático punto final en la libreta de órdenes. 

- ¿y qué tal te ha ido? – preguntó Alex a Cara, ya que ésta no podía ocultar su rostro en ningún lado al retirarle la carta del menú. 

- Increíble, la semana de la moda en Nueva York es fantástica... 

- Apuesto que sí – dijo George, en un intento por integrarse a la charla. 

- Como digas – dijo Cara tajante, contemplando su reflejo en una cuchara, mientras que Chris volteaba a todos lados esperando su hamburguesa. 

El mesero llegó varios minutos después con un carrito cubierto por un mantel con las iniciales bordadas del restaurante. Repartió los platillos entre los comensales y cuando comenzaba a llenar los pequeños vasos de vodka, Cara le ordenó que dejara la botella en la mesa. Chris se apresuró a comer de su hamburguesa en cuanto la tuvo enfrente, Alex y Charlotte tomaban los cuchillos y tenedores esperando que Cara no hiciera de ellos un arma homicida. 

- ¿Qué? – Preguntó Cara en un tono defensivo, al ver que George no dejaba de mirarla cuando disfrutaba de su postre (pastel de frutas y queso con crema de manzana verde) – ¿Rezas antes de comer o qué? – Cara entornaba la mirada para poder apreciar a George mejor ante los efectos del alcohol en su organismo. 

- No... Sólo que... Tienes algo en tu... – George acercó su mano a la cara de la chica, con su dedo pulgar retiró delicadamente restos del merengue del pastel que había en la comisura de sus labios. Charlotte y Alex estaban a la expectativa de cómo reaccionaría Cara y si sería necesario llamar a los paramédicos o los forenses, para su sorpresa, el tenedor no salió volando a la garganta de George, sino que Cara mantuvo un gesto inexpresivo – Te vez más linda sin esto en tu cara – dijo él, limpiándose en una servilleta, al igual que Chris, sólo que éste se deshacía de una mancha de cátsup en su saco. 

- Gracias – dijo ésta, bajando la mirada y llevándose un trozo de fresa a los labios. 

- En verdad te vez linda esta noche – dijo George, alargando su mano para tomar el azucarero, pero de último momento posó su mano sobre la de la chica. 

- Tú también... Te vez bien – dijo ella, esbozando una sonrisa en su rostro. Alex respiró de alivio, la batalla estaba ganada a su favor. 

- Y entonces Cara tomó el estuche para el cabello de Jourdan... y... y... y... la pobre tuvo que desfilar sin gota de maquillaje encima – dijo George, sumándose a las risas de Charlotte, Alex y Cara. 

- ¡Vaya! Se ha hecho tarde – comentó Alex al ver la hora en su reloj – será mejor que nos vayamos, mañana Chris regresa a la escuela. 

Durante el viaje de regreso a casa, Chris miraba sucesivamente a Cara y a George, uno a cada lado de él, esperando a que como en las películas de que veía su madre, George sacara un anillo de su bolsa y Cara llorara de felicidad diciendo: “acepto” 

- Arriba campeón – Alex cargó a su hijo hasta su habitación, donde lo vistió con su pijama para que fuera a la cama. 

- ¿Tío George y Cara ya son novios? – preguntó, abrazando su osito de peluche de Lagerfeld. 

- Creo que sí – contestó Alex, arropando a su hijo bajo las sábanas de Carolina Herrera - ¿Es bueno, no crees? 

- ¿Se van a casar? 

No lo creo - respondió, viendo como a su hijo se le cerraban los ojos de sueño – Hasta mañana Chris – besó la frente de su hijo y salió al pasillo, donde al bajar a la sala se encontró a Charlotte sirviendo cuatro copas en la mesa de cristal. 

- ¿No crees que has bebido demasiado? – preguntó a su esposa, al ver que bebía copiosamente de la copa que acababa de llenar. 

- ¿Lo ven? Mi novio se preocupa por mí – dijo Charlotte, sentándose en las piernas de Alex cuando éste tomo asiento en el sillón - ¿No es lindo? 

- Soy tu esposo – aclaró él, dejando en la mesa la copa llena. 

- ¿Es cierto que le dijiste a Alex que se tatuara? – preguntó Cara, en los brazos de George, con las piernas sobre las de él. 

- Necesitaba un nuevo giro a su vida, y él hizo lo demás – contestó éste, llenando su copa de nuevo. 

- Eso es sexy – dijo Cara, mostrando un gesto de perversión en su rostro – es como hacer el amor todas las noches con un prófugo de la justicia. 

- Alex es un Dios en la cama – dijo Charlotte – tengo suerte de poder levantarme al día siguiente. 

- Bien, creo que sí has bebido demasiado – dijo Alex, quitándole la copa de la mano y levantándola del sillón. 

- No seas aguafiestas – dijo ésta, en un estado de embriaguez tan avanzado como el de Cara – porqué no les muestras tu... 

- Disculpen – dijo Alex, echándose a Charlotte al hombro como si fuera un costal de papas que tenía que subir por las escaleras para depositar en la cama 

- Le sostendrá el cabello mientras vomita – dijo Cara – deberías aprender de él, poco hombre – añadió, golpeando con el codo a George en las costillas. 

- Mañana desearás morir a comparación de lo que te espera – decía Alex, quitándole a Charlotte los zapatos y abriendo el cierre lateral de su vestido para que durmiera en ropa interior – eso si no mueres ahogada en tu propio vómito. 

- Ven conmigo cielo – susurraba la chica, invitando a Alex a un claro encuentro sexual. 

- Ni lo pienses – dijo éste, dejando el vestido y los zapatos sobre el baúl a los pies de la cama – Nunca pensé que lo diría, pero me voy a dormir a otro lado. 

Antes de que tomara alguna habitación de huéspedes como cuarto para una noche, Alex bajó para decirle sutilmente a Alex y Cara que ya podían marcharse de su casa, al bajar las escaleras, un silencio anormal había en la planta baja. Las copas vacías y la botella medio llena eran restos de la celebración del regreso de Cara con George, al buscar a los chicos, un ruido llegó por una habitación detrás de él. Al girarse, encontró a Cara sobre George en su propia mesa de billar, ella luchaba por arrancarle todos y cada uno de los botones de la camisa al cantante mientras lo besaba con locura. 

- ¡OH POR DIOS! – Exclamó, al ver como George despojaba a Cara de su vestido con una habilidad sorprendente, por los ruidos que se escuchaban desde el otro lado de la puerta aquella sería una larga noche - ¿¡George, te importaría venir un momento!? – no obtuvo respuesta, más que lo frenéticos gemidos de Cara y George en su bar personal, al echar un vistazo rápido por el resquicio de la puerta, vio los zapatos de Cara sobre la chaqueta de George en el piso. No había nada más que hacer, su plan había funcionado.



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El boletín es una parte que me encantó escribir, en la película “The devil wears Prada” se ve como Emily le presume a Andrea que está a cargo del itinerario, agenda y gastos de Miranda, justo cuando le dice que ella viajará a París, toma una hoja de papel de la impresora y la coloca en una tabla justo a la entrada de la oficina, eso es el boletín, lo que Alex le pidió a Rose que le entregara. Lo de los teléfonos separados por guiones es un gusto personal, ya que prefiero los guiones a los puntos, la hora es redondeada a los diez minutos más cercanos para que Alex no tenga problema al calcular la hora de la llamada (por ejemplo: sumar o restar horas para cuando llame a Japón o España)