LXXVIII - El rescate




- Charlotte está arriba – comentó Cara en un susurro, tomando la mano de George en la sala de la casa de su amiga – Karen está con ella, está realmente devastada. Es como si su historia fuera escrita para que no fueran felices. 

- Él no deja de culparse – comentó Rupert a Rose y Cara, como si su mirada les expresara la pregunta que quisieran formular – no ha comido ni dormido en éstos dos días... Es terrible. 

Alex permanecía sentado en la sala, con la cara hundida entre sus manos, los ojos hinchados debido al insomnio de un padre con la impotencia de no saber nada de su hijo. Patrcik y Alana presenciaban su dolor en silencio en un rincón de la estancia junto a Michael y Eloise, que tenían sus manos entrelazadas, esperando un milagro cuando el teléfono de la sala timbró. Alex corrió hasta el sin importarle golpear con su brazo a Jules Callaghan, agente de inteligencia que colaboraba en el caso del secuestro de Chris. 

- Señor Davis – dijo Sam Braddock, agente del cuerpo antisecuestros, evitando que Alex contestara el teléfono inmediatamente, medio por el que la persona que se llevó a Chris se contactaba con él – es importante que no haga ningún pacto con él secuestrador, no tome decisiones precipitadas – quitó la mano del teléfono y Alex al fin pudo contestar. 

- ¿Sí? – preguntó temeroso, al saber que escucharía la voz distorsionada de quién le arrebató a su hijo. 

- han pasado ya dos días – dijo la voz, al otro lado de la línea – dos días en los que su pequeño llora a sus padres cada noche... 

- Por favor... no le haga daño... – suplicaba Alex al auricular de su teléfono – pídame lo que sea... cualquier cosa... 

- Me alegra que hable así – comentó el secuestrador – al parecer comenzamos a entendernos – Ales miró al comandante, quién le hacía una seña para que extendiera la llamada lo más posible. 

- ¿Qué es lo que quiere? – preguntó, decidido a dar lo que fuese para recuperar a su hijo. 

- Nada que no pueda tener... Tres millones de libras en billetes de baja denominación para esta misma tarde, si quiere volver a ver a su hijo con vida salga de su casa a las cuatro en punto, conduzca hacia Birmingham y nos comunicaremos con usted cuando sea necesario. No llame a la policía, no lleve dispositivos de rastreo. Si lo hace, lo sabremos. 

- ¡Espere! Quiero hablar con mi hijo... 

- Lo hará... Cuando tenga listo el dinero – dijo la voz, antes de dar por terminada la llamada. 

- ¿Tenemos algo Jules? – preguntó Braddock a la jefa de inteligencia, que consultaba mapas virtuales en una de las computadoras instaladas en la sala. 

- Nada jefe – contestó con desilusión – un teléfono desechable, no hay rastro. 

- ¿Cuánto tenemos? - preguntó Alex a Clark, el abogado que Vogue había puesto a su disposición para las circunstancias 

- Podemos conseguir el dinero, pero... 

- Hágalo, consígalo – dijo Alex, paseándose por la sala como un león enjaulado – voy a rescatar a mi hijo a cualquier precio. 

- Bien... Haré lo que pueda – dijo Clark, saliendo de la sala, dejando a la familia Davis con su dolor. El tiempo transcurría muy lentamente, cada segundo que pasada era un momento de angustia. 

- Iré por Chris – dijo Alex, recargado en el marco de la puerta, mirando a contraluz la silueta de Charlotte, que, sentada en el alféizar de la ventana miraba la casa de madera en el jardín, el refugio personal de su hijo en toda la casa – quieren tres millones de libras por su rescate, Clark ya hizo el retiro de mi cuenta y... 

- Es increíble cómo le pueden poner precio a una vida – susurró Charlotte, sin moverse un centímetro de su lugar. 

- Daré eso y más si es necesario – dijo Alex acariciando su hombro con suavidad – te lo prometo. 

- Por favor cuídate – la chica se dio la vuelta y se abalanzó a su pecho. 

- Lo haré – contestó él, abrazándola con fuerza en señal de que lo haría – tus ojos se ven preciosos cuando lloras – comentó él – gracias a Dios eso no es muy frecuente – besó sus labios y salió de la habitación para ir en búsqueda de su hijo. 

- Alertamos a oficiales vestidos de civiles para que pierdan de vista su auto – dijo la agente Callaghan – recuerde cerrar el trato cuando esté completamente seguro de que su hijo está bien – le ofreció un chaleco antibalas que se puso debajo de la camisa y la chamarra – tenemos su número de teléfono celular, cualquier actividad de conexión será rastreada al instante para poder ofrecer apoyo. 

Clark le entregó una maleta con el dinero, al abrir el cierre de la misma se topó con cientos de pacas de billetes de distinta denominación unidos por ligas que se amontonaban en el interior. Alex dirigió una mirada a su padre, quería decirle algo, pero no sabía qué, Michael sólo asintió, Alex adivinó que su padre hubiera hecho lo mismo por él si hubieran pasado las mismas circunstancias. Justo cuando iba a abordar su vehículo, el teléfono celular anunció una llamada entrante desde su bolsillo. 

- ¿Sí? – preguntó, mirando como el agente Braddock estaba atento a sus palabras, mientras Callaghan entraba a la casa para poder obtener alguna señal de la llamada. 

- Recuerde: el sur de Birmingham, durante el trayecto recibirá más órdenes – y sin más, colgaron. 

- Señor Davis, es importante esté en alerta ante cualquier sospecha de... 

- Es mi hijo – dijo Alex, interrumpiendo el discurso táctico del agente – Le tiene miedo a los relámpagos y no puede dormir sin Karl a su lado. Si usted es padre seguramente entenderá, que todo el dinero que hay aquí, no es nada comparado con lo que podemos ofrecer por ellos. 

Al instante corrió a su auto y se puso en marcha, cada cruce de calles y semáforo rojo en la zona concurrida de Londres le hacía perder tiempo valioso para recuperar a Christopher. El sur de Brimingham era un paisaje semi-rural, donde el camino de tierra entre las casas de ladrillos bien le daban la sensación de entrara a una parte del Londres que fue crucial para la revolución industrial. Cada segundo del trayecto ere una punzada de dolor en el pecho, un sobresalto producido por el timbre de su teléfono lo hizo quedarse sin aliento. 

- ¿Sí? – preguntó, deseando por primera vez escuchar aquella voz que le daría señales del paradero de su hijo. 

- Avance hasta el fondo del camino de terracería – dijo el hombre – entre a la fábrica abandonada que está a cinco kilómetros y baje sin apagar el auto – y sin más indicación que la anterior, colgó. 

Alex aceleró su marcha y en un escenario rural, se encontró con una fábrica que desencajaba por completo con el entorno verde, las chimeneas de la misma edificación permanecían calladas, el ruido industrial desapareció para darle paso a un silencio mucho más inquietante. Del lado izquierdo del camino se encontró con una bifurcación, misma que iba a dar a la entrada principal del edificio abandonado. Cuando entró a la fábrica amurallada por cuatro muros de sólido concreto, un vuelco en el corazón se hizo presente cuando vio a Chris junto a un hombre obeso que le apuntaba con un arma. 

- ¡Papá! - gritaba el pequeño al ver el auto de su padre aproximarse, Alex notó que el hombre había dejado de apuntar a Chris para poner el arma en contra de él. 

- ¡Baje rápido! – ordenó el hombre, manteniendo a Chris sujeto firmemente del cuello del suéter del colegio. 

Alex obedeció, dejó el auto encendido y tomó la maleta con el dinero que compraría la libertad de su hijo. 

- ¡Arroje su celular! – ordenó el hombre, haciendo caso omiso a los gritos y llantos del pequeño. Alex tardó en reaccionar debido a la distancia que había marcado debido al arma que lo apuntaba al pecho, Alex arrojó el celular a los pies del secuestrador, el cual lo hizo añicos con su pesada bota. 

- Perdimos señal –dijo la agente Callaghan, visualizando el pequeño punto rojo en la pantalla de un ordenador portátil – el último cuadrante rastreado fue el condado de West Midlands. 

- Necesitaremos refuerzos, llamen al escuadrón de rescate, que esté listo para reunirse con nosotros en West Midlands – ordenó Braddock, dirigiéndose al menos libres que el equipo táctico de secuestros e inteligencia usaban para comunicarse entre sí y a la base principal. 

- ¡Muéstreme el dinero! – gritó el hombre, con la pistola fijamente puesta sobre el pecho de Alex, el cuál sacó uno de los fajos de billetes y lo arrojó al suelo, el hombre tomó el dinero con la mano que sujetaba a Chris, por lo cual aprovechó para correr hasta los brazos de su padre, donde encontró el refugio que durante dos días anhelaba. Notó que sus ojos estaban hinchados y enrojecidos de tanto llorar, además mostraba manchas de acetite industrial en todo su uniforme del colegio. 

- ¡Aquí está todo el dinero! – exclamó Alex, arrojando la maleta a los pies del hombre. 

- No hay forma de rastrearlos y saber donde están – dijo Callaghan, viendo como su equipo de inteligencia guardaba y subía a la camioneta de la agencia el equipo de rastreo y búsqueda satelital. 

- ¿no hay forma de seguir su auto? ¿Algún dispositivo de rastreo? – preguntó Braddock, negándose a darse por vencido en ese caso, cuando sabías que había tenido situaciones más arriesgadas. 

- El auto de Alex – murmuró Rose desde el fondo de la sala donde pasaba desapercibida, su voz sonaba apagada, como la de un niño temeroso de participar en clase – el auto de Alex tiene un GPS – comentó, recordando que esa era una de las manutenciones extra al vehículo de su jefe después del incidente en el colegio de Chris. 

- ¿Eso nos sirve Jules? – preguntó Braddock, sin dejar de mirar a la mujer que les había dado una alternativa. 

- Puede ser de gran ayuda – contestó - ¿podría darnos informes acerca del auto? 

- ¡El dinero está completo! – dijo Alex, protegiendo a Chris con su cuerpo - ¡por favor déjennos ir! 

- ¡De ninguna manera! – exclamó el hombro, blandiendo el arma peligrosamente ante Alex y su hijo – somos nosotros los que nos vamos – detrás de él, otras dos personas con capucha y pasamontañas salieron de la planta baja también armados, Alex abrazó a su hijo para protegerlo, algo que los secuestradores ignoraron por completo cuando tomaron la maleta y subieron al auto. 

El silencio del lugar poco a poco le fue cediendo paso a las sirenas de las patrullas de policía, que cada vez se escuchaban más cerca. 

- ¡Diablos Arnold! ¡Viene la policía! ¿Qué hacemos ahora? – preguntó el hombre obeso que había mantenido a Chris amenazado con un arma. 

- ¡Vuelvan adentro! ¡De prisa! – gritó el aludido, cargando la maleta con el dinero - ¡Quedamos en que llamarías a la policía! – gritó el hombre volviéndose a Alex y apuntándole con el arma – 

- ¡No los llamé! ¡Se lo juro! 

- ¡Al diablo con usted señor Davis! – exclamó, y justo cuando las patrullas entraban al lugar, le disparó al pecho. 

Alex perdió el equilibrio y cayó a los pies de su hijo, el cuál lloraba amargamente abrazando a su padre en el suelo, los elementos de refuerzo se dispersaban por todo el edificio y los muros con ayuda de arneses, cuando Callaghan y Charlotte llegaron a donde estaba Chris. 

- ¡Papi! ¡Papi! – gritaba a todo pulmón, sin separarse de su padre. 

- Chris... – susurraba Alex, incorporándose lentamente sobre sus brazos, mirando como Charlotte abrazada a su hijo con fuerza para que nadie más lo arrebatara de su lado – estoy bien – decía Alex, para calmar a su esposa e hijo – estás bien campeón. 

Unos disparos se escucharon dentro del edificio, algunos cristales rotos de lo que antes era un sector de oficinas cayeron desde lo alto de la segunda planta impactándose en el piso, minutos más tarde cuando los disparos cesaron y los uniformados bajaban escoltando a los tres secuestradores hasta las patrullas, detrás del cerco de seguridad Braddock daba instrucciones a su manos libres y equipo táctico. 

- Atrapamos a Arnold Huntington – dijo Callaghan, al ver como los capturados eran conducidos hasta los vehículos oficiales – está detrás de varios secuestros exprés en los últimos tres meses. 

Uno de los uniformados despojó a un hombre de su capucha y éste dejó ver un rostro joven, un hombre de piel negra que le dirigió a Alex una mirada de odio y desprecio que había percibido antes. 

“... Soy Arnold Huntington, periodista independiente” 

Había recordado su rostro: era uno de los tantos escritores que eran rechazados directamente por Alex y al parecer, él sabía que lo había identificado. 

- ¡Fuiste tú maldito imbécil! – Exclamó Alex, caminando hacia el muro de contención humano que habían formado los refuerzos de West Midlands. 

- ¡Destruiste mi carrera! ¡Me hundiste! – vociferó el capturado. 

La furia de Alex se extendió por todo su cuerpo, a tal grado de querer romperle la cara a golpes con sus propias manos sin importarle que lo fuera a hacer frente a su hijo, pero un policía se lo impidió. 

- ¡No puede pasar señor! – Decía éste - ¡Es área restringida! 

Pero Alex no escuchaba, tomó el arma que el oficial portaba en su funda y disparó una... dos... tres veces en contra de Arnold, quién cayó al piso, sin poder tocarse la herida sangrante de su pecho debido a las esposas que mantenían sus manos en su espalda, Alex sintió que caía al piso por segunda vez, ahora sometido por un agente de la policía. 

Chris estaba seguro, sano y salvo. Nada importaba ya.


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Jules Callaghan y Sam Braddock en realidad son personajes de la serie televisiva Flashpoint, aunque ambos son subordinados de un jefe en común, quise separarlos y proporcionarle a cada uno su puesto ficticio. 

La actuación de Rose en verdad no fue gran cosa, sólo llamó a la agencia de autos donde se le instaló el GPS y brindó una ubicación exacta: la planta industrial Longbridge en Brimingham, este sitio fue elegido en Londres con el nombre de “La fábrica del mundo” por ser parte importante de la Revolución Industrial ¿Les suena conocida una fábrica abandonada? Bien, fue el mismo sitio donde Alex tomó las fotografías con Tom Felton en un capítulo de la primera temporada (VII y VIII)