- Christopher... ¡Christopher! – Llamaba Alex con insistencia desde su oficina, al saber que había subido en el ascensor junto con los asistentes de Ben – Necesito la nueva colección de relojes Omega para el especial de joyería – dijo, una vez que su hijo estaba presente ante él – un auto te llevará a donde tengas que ir.
Sin dedicarle una palabra, Chris salió de nuevo hacia el ascensor, dispuesto a bajar hacia el estacionamiento y volver a la rutina de siempre.
- Hasta luego Chris – dijeron a coro las gemelas desde su escritorio, antes de que el chico se perdiera tras las puertas automáticas.
- ¿Relojes Omega? – Preguntó un chofer, al ver que Chris se acercaba dudoso; cuando éste asintió abrió la puerta del auto para que subiera - ¿Sabe? Su padre es una leyenda dentro de la industria – comentó, sin siquiera mirar al chico en el asiento trasero – todas las personas a las que he transportado solo hablan de su trabajo y de cómo es el mejor dentro del ramo.
Christopher no sabía que decir, le molestaba mucho que lo identificaran como el hijo de una leyenda viviente, así que sólo fingió estar interesado en el árbol de la acera de al lado cuando el auto se detuvo en un semáforo en rojo.
- Apuesto a que dicen lo mismo de los demás editores – comentó Christopher, recordando que su padre no era el único que hacía ese trabajo alrededor del mundo – está Tom... Y Macario...
- Ellos no hacen lo que tu padre puede lograr, lleva años dentro de esto, un millón de chicos darían un ojo de la cara por estar en tu lugar.
Christopher no sabía si se refería a ser su hijo o que tuviera que pasar el tiempo libre del verano en su trabajo, el cuál era mucho más que servirle un café a su padre. Al llegar a la tienda de Omega, el chico que lo atendió le hizo saber cada uno de los detalles de las piezas que había en el maletín forrado en seda que llevaría al edificio.
- Tallado con polvo de diamante y sumergible hasta 300 metros – decía el chico para finalizar.
- Gracias – dijo Christopher, tomando el maletín con pesar y dirigiéndose hacia la salida, iba a subir al auto de Vogue cuando su teléfono celular reclamó su atención desde el bolsillo de sus pantalones.
- ¿Sí? – preguntó
- Tu padre necesita las fotografías de Cadillac, Mercedes Benz, Ford y Chevrolet para el reportaje de los autos híbridos, todas las concesionarias están a tres calles de la boutique de Omega hacia el sur – reclamó Brenda, antes de terminar la llamada de manera intempestiva.
- Necesito ir a las agencias de autos a tres calles – dijo Chris al chofer.
- Tienes suerte, todas están en la misma calle, así que esperaré fuera de Cadillac que está más cerca – el auto se detuvo frente a la concesionaria de Cadillac, donde la recepcionista estaba esperando al chico Vogue para entregarle un sobre con las fotografías que Alex necesitaba para la revista, Christopher regresó corriendo al auto y arrojó por la ventana el sobre para cruzar la calle (cuando el semáforo aún estaba en luz amarilla) para recoger los sobres de Ford, Chevrolet y Mercedes Benz.
- En verdad es un día tranquilo para ser sábado – comentó el chofer de regreso a Condé Nast – disfruta lo que resta de él – dijo, viendo como Christopher corría hacia el ascensor para subir a la oficina de su padre.
- Entrega las fotografías a Jeff y los relojes a Ben, prepárate para irnos a casa en 20 minutos – ordenó su padre, entrando a la oficina.
- ¿Te vas pronto eh? – preguntó Ben, al recibir los relojes y poner la caja cerca del montón de ramas y hojas secas que había en la mesa de fotografía, donde eran capturados cada prendas y par de zapatos para las páginas de la revista – Creo que será mejor terminar con esto cuanto antes, Brenda está ansiosa por comenzar el fin de semana juntos – comentó - ¿Qué? Yo no tengo la culpa que la única mujer que los espera en casa sean sus madres – añadió, al ver que sus asistentes lo miraban con curiosidad – Ustedes también váyanse, espero verlos el lunes igual de sobrios a como están ahora.
Mientras conducía a casa (porque su padre se aferraba en enseñarle a conducir) Christopher pensó en todo el tiempo libre que tenía por delante: toda una tarde con su guitarra y un domingo junto a Ashlee.
- No lo haces tan mal – observó Alex, al notar que el auto quedó a escasos centímetros de la puerta del garaje - George y Rupert vendrán para salir a tomar algo, ¿no vienes? – preguntó, pensando que su hijo quería olvidarse también del trabajo con unos tragos, al menos de soda.
- No, gracias... Estaré en el jardín y...
- Bien, invita a Ashlee si quieres – sugirió Alex, subiendo la escalera pesadamente.
- ¿Puedo invitar a la banda? No hemos ensayado desde que salimos de clases.
- Hazlo, pero no quiero disturbios ¿Entendido? – Señaló Alex con un dedo amenazador desde la planta alta – Todo lo que rompan lo pagaras tú.
- ¡Gracias! – Chris corrió a la sala a llamar por teléfono a sus amigos, los cuáles confirmaron su presencia sin pensarlo dos veces. Aproximadamente una hora después, un claxon sonó desde la calle y un timbre en la puerta de la casa, al abrir, Christopher se topó con George, que había bajado del auto antes que Rupert.
- ¿Qué hay cara de moco? – preguntó el cantante como lo hacía desde que el joven tenía cuatro años, entrando a la sala sin esperar invitación.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó Rupert, cerrando la puerta tras de sí - ¿porqué no estás teniendo sexo o fumando a escondidas?
- Salí del trabajo, mi papá bajará en un insta...
- ¿Trabajo? – Preguntó George, subiendo los pies a la mesa de cristal – Que palabra tan fea para un verano.
- ¿Eres un esclavo más de tu padre?
- Es temporal – añadió Chris sentándose en un sillón individual – sólo durante el verano.
- Que horror – murmuró Rupert – si crees que abusa de ti o te carga mucho la mano sólo llámanos.
- Hemos visto muchas series policiacas... Podemos hacer que parezca un accidente – agregó George.
- No es un jefe asesino ¿Entienden? Todo está bien – dijo, antes de que su padre bajara las escaleras vestido para salir.
- ¿Porqué no vienes con nosotros? – Preguntó George – Sería divertido.
- No vendrá porque ensayará con sus fracasados amigos y su banda – comentó Alex – Nada de disturbios, ya lo sabes. Eso incluye chicas desnudas corriendo por la casa y cigarros de procedencia ilícita.
- ¿Y si mejor nos quedamos? – sugirió Rupert, al ver que sería más divertido escuchar una banda en vivo que las palabras de sus amigos liberando el estrés de la semana.
- Vámonos... Rupert... – Alex se había acercado lo suficiente al pelirrojo para notar en su rostro algo que no había identificado antes - ¿Qué es eso que tienes en la cara?
- ¿Esto? – preguntó, acariciándose unos delgados vellos que tenía alrededor de los labios y parte del cuello en la parte de la nuez – Es mi nuevo look ¿no es genial?
- Es horrible – comentó, tomando del brazo a su amigo para ponerlo de pie.
- Hasta luego gasparín – dijo George en señal de despedida, siendo el último en salir de la casa.
- ¿Así que tu hijo trabaja para ti? – preguntó Rupert tras el volante.
- Su madre lo castigó y quería que lo vigilara de cerca, eso es todo.
- ¡Ah claro! Y tú como cobarde accediste a las órdenes de tu esposa – dijo George con sarcasmo
- Mi autoridad como padre era exigir una responsabilidad – dijo Alex para defenderse – Además, ustedes no entienden nada, su única responsabilidad en la vida es no ahogarse en su propio vómito por las mañanas.
- ¡Es verano! Debería dormir desnudo y levantarse hasta tarde todos los días – comentó Rupert
- Yo también tuve 17 años...
- Todos los tuvimos – añadió George
- Lo que quiero decir es que... bueno... olvídenlo. No venimos para hablar de Christopher.
- No puedes juzgarlo, es un adolescente con hormonas atrapadas a presión, algún día estallarán – dijo George, añadiendo un efecto de colisión con sus manos – y saldrá del nido de su padre.
- Y de su sensual madre... Una hermosa, candente y sensual madre – agregó Rupert, ignorando la mirada asesina de Alex en el asiento del copiloto.
- Tres cervezas por favor – dijo George a la mesera que mascaba chicle sonoramente, la cual no preguntó que iban a tomar aún - ¿Supieron que Cara anda ahora con Eddie? – Comentó George.
- ¡Y a quién diablos le importa! – Exclamó Rupert – Esa chica ya fue... Es linda, pero muy celosa, ¡Tenía una mirada de maniática!
- Lo sé, sólo comenté que sale con Eddie, eso es todo.
- ¿Estás saliendo con alguien? – preguntó Alex, tomando un trago de la cerveza que la mesera puso frente a él
- No – contestó el cantante
- Ése es tu problema – dijo Rupert – deberías buscar a alguien, no lo sé...
A la par que iban llegando las cervezas, las sugerencias a George iban creciendo: Alex le hablaba de modelos solteras unos cuantos años menor que él, mientras que Rupert prometía hablar bien del cantante con las actrices sin compromisos sentimentales que conocía.
- ...y Diana no era tan linda – concluyó Rupert, al estacionarse frente a la acera de la casa de Alex donde había varios vehículos estacionados, bicicletas y motocicletas en el jardín. Música amortiguada llegaba a sus oídos desde detrás de la edificación.
Alex bajó rápidamente del auto y al pisar el jardín se encontró con una horda de jóvenes que bailaban al compás de la canción que Chris junto con la banda tocaban al lado de la piscina, donde varios chicos y chicas disfrutaban del agua en un día soleado. Cuando fue alcanzado por Rupert y George, ambos miraron con estupefacción la escena, no por lo que veían, si no por cómo reaccionaría Alex ante tal hecho...
- Oh, oh... – murmuró Chris al micrófono, mirando entre la improvisada multitud a su padre. Junto con él, otro chico dejó de tocar la guitarra y la batería puso fin a la canción para darle paso al silencio abrumador.
- ¡Lárguense de mi casa! – Gritó Alex, con un tono de furia que su hijo nunca había conocido - ¡Lárguense ahora mismo! – No hizo falta que lo exclamara una vez más. Los chicos que estaban dentro de la piscina salían tan de prisa como les era posible para correr junto con los que estaban en tierra firme. Rupert notó que era tanto el enfado de Alex que dejó la cerveza con cautela en la misma mesa de donde la tomó.
- Papá yo...
- Cállate... – susurró, mirando el desorden de los muebles del jardín y botellas vacías que había alrededor – sólo... ordena esto y sube a tu habitación – comentó, entrando por la puerta corrediza de cristal a la biblioteca, donde encontró a Ashlee sentada en un sillón; denotaba un aspecto tímido y tembloroso, como si Alex le fuera a gritar a ella también de un momento a otro.
Cuando los chicos de la banda recogieron sus instrumentos, Christopher entró a la casa, donde su padre lo esperaba de pie y Rupert, George y Ashlee perdían la mirada en cualquier punto ajeno a los Davis.
- ¡Me voy de la casa por unas horas y haces del patio un festival!
- ¡No sé de donde salió tanta gente! – argumentó Christopher en su defensa.
- ¡Quedamos en que solamente sería la banda y nada más!
- ¡Te juro que...!
- ¡¡Sube a tu habitación y más te vale que esta vez no salgas de allí!!
Christopher se resignó a obedecer a su padre. En su rostro se le encendían las mejillas de vergüenza, no porque haya desobedecido una orden, si no porque George, Rupert y Ashlee fueron partícipes de cómo Alex hacía valer su autoridad como figura paterna.
- Adiós – dijo Chris en señal de despedida a su novia, pero antes de poder acercarse a ella Alex lo tomó de la camiseta y lo empujó hasta las escaleras.
- ¡Deberías agradecer de que tu madre no esté en casa! ¡Ahora sube! – Alex miró a su hijo subir las escaleras con guitarra en mano y cerrar su habitación con fuerza tras de sí – disculpa Ashlee yo... Te llevaré a casa
- No hace falta – dijo la chica fríamente – Puedo ir yo sola, con permiso – sin esperar respuesta Ashlee salió por la puerta principal.
- Fuiste muy duro con él – observó Rupert
- Soy su padre, tiene que entender de alguna manera que tiene responsabilidades – contestó Alex - ¡Y ustedes dos también lárguense de mi casa!
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Como
siempre debe de haber un detonante, Chris “se portó mal” y el peor castigo
(después de acusarlo con su madre) fue privarlo de su verano en una forma que
detesta: Llevándolo a las semanas de la moda, en donde en verdad Alex quería hacer
entender a Chris que era un mejor mundo que el de la música, pero sin obligarlo
a entrar en él.
