NOTA: Aprendí de capítulos anteriores que cualquier advertencia de contenido no apto para chicas devotas o de la vela chorreada (que son inocentes y puras, pues) se pone al principio de la entrada, y este capítulo tiene (poco) contenido erótico, sin embargo, ésta vez Alexis Davis le pasa la estafeta a su hijo para tal ocasión.
Christopher no había deseado que llegara el lunes tan pronto como aquel día, en donde en el auto pudo notar que su padre aún conservaba la mirada de odio que había adoptado cuando llegó a casa y descubrió la fiesta improvisada en su piscina. Desde entonces a Chris no le importaba que lo mandaran por una corbata al otro lado de la ciudad con tal de estar lejos de su padre.
- Necesitamos la portada del disco de The Gaslight Anthem... – ordenó Alex a Chris en su oficina, como siempre no le prestaba atención a la persona que tenía en frente y prefería darle más importancia a las fotografías de Pekín - ...para hoy.
- Pero... ese disco sale en seis meses – dijo Chris, sabiendo que por haber pronunciado palabra tendría una reprimenda horrible.
- ¡Oh disculpa! Es que después de lo de ayer me quedó muy claro que te encanta la música y pensé que podrías hacer algo... bien – comentó su padre, haciendo un remarcado y sarcástico énfasis en la última palabra – sólo consíguela – añadió, dirigiéndole una mirada fría que podría congelar un volcán en erupción.
- ¡Diablos! – susurró. Sabía que el comportamiento de su padre se debía a lo sucedido el día pasado, y aunque no hubiese sido un escándalo mayor tendría que pagar por eso.
- ¿A dónde vas? – preguntó Ben, al ver que el chico caminaba con pesar hacia el ascensor.
- Tengo que conseguir la portada de un disco que ni siquiera sé si han grabado – contestó – The Gaslight Anthem, ¿Los has escuchado? Son sólo ruido, no sé porque los quieren para la revista.
- “Los pasos del punk rock” – contestó Ben – un artículo de botas y zapatos relacionados con estrellas de rock, así que corre a Mercury Records y habla con los que tu padre conoce allí y más te vale que regreses con una portada bajo el brazo.
A Christopher no lo quedó otra opción más que intentar conseguir una simple imagen que en seis meses rodaría en internet libremente, pero como su padre ordenaba quela quería para ese día, seguramente todo Mercury Records se pondría a trabajar para obtener una fotografía que complaciera las órdenes de Alexis Davis, pero... ¿Y si no la conseguía? Su padre no aceptaría un: “Lo siento, la portada aún no está disponible”, porque nada era imposible para Alexis Davis.
- ¿Un día pesado? – preguntó el chofer, el cuál era uno de los más jóvenes que Christopher haya visto.
- Me sorprendería que no fuera así – contestó.
- Esperaré en el estacionamiento – dijo el hombre tras el volante - ¡Suerte!
Vaya que la necesitaría, al entrar a la recepción, la chica levantó una perfilada ceja al escuchar que Chris venía por parte de un hombre cuyo nombre no había escuchado nunca.
- ¿Alexis Davis? – preguntó la chica que lo conducía hasta el piso donde los estudios de grabación se encontraban.
- Sí, es editor de una revista importante
- ¿Rolling Stone? Porque si es así me encantaría que le dijeras que...
- No es una revista de música – comentó Chris, no sabía por qué, pero las perforaciones de la chica en nariz y labios le llamaban la atención – es una revista para caballeros.
- ¿Playboy entonces? No sé qué es lo que busca aquí, no hay nada de interés para alguien que dirige chicas desnudas – dijo ésta, dejando sólo a Chris en uno de los últimos pisos antes de regresar al ascensor.
El chico se sentía extraviado en un país extraño, como si un niño de primaria entrara a un pasillo universitario. Acostumbrado al aroma de fragancias amaderadas y orientales en los pasillos de Condé Nast, la visión de hombres fumando en los pasillos y llevando chaquetas de piel a juego con peinados estrafalarios contrastaba con el almidón de los puños y cuellos de los hombres Vogue.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó una voz detrás de él, George salía del baño secándose las manos en sus pantalones.
- Mi padre me mandó por una portada – contestó, sintiéndose seguro con el cantante entre tanto hombre con cara de asesino – The Gaslight Anthem, no sé si...
- ¿Cómo te fue el domingo? – preguntó George caminando por los pasillos, donde a ambos lados se veían puertas pidiendo silencio para los cantantes y bandas que había tras ellas.
- Pues... digamos que tardará mucho tiempo en olvidarlo – comentó Christopher – al menos mi cabeza sigue pegada a mi cuello.
- Escucha... Tu padre es genial y para ser sinceros creo que te pasaste un poco de la raya.
- ¡Lo sé! Pero en verdad no sé de donde salió toda esa gente – dijo, cerrando la puerta que George dejó abierta al entrar a un cubículo con pósters de diversas bandas, entre ellas la de George, justo detrás de un tipo gordo que permanecía sentado frente a una computadora.
- Te salvaré la vida – comentó George, acercándose a unos casilleros donde buscaba entre los cajones de metal – veremos a tu padre hoy por la noche, y lo convenceremos de que te levante el castigo... Cualquiera que haya sido.
- ¿Qué crees que haces? – preguntó el hombre obeso, sentado en la silla y girándose hacia George, el cuál seguía revolviendo el contenido del casillero central sin inmutarse un poco.
- ¡Oh gordo Dewey! – exclamó George, como si apenas hubiera reparado en su presencia e ignorado su obesa humanidad al entrar – verás... Necesitamos un encargo urgente para el director de una revista...
- ¿Es ese tal Davis del que me hablaste? – preguntó el hombre, mirando alternadamente a George que seguía buscando y a Chris, que permanecía de pie sin saber que hacer - ¡Bien! ¡Haz lo que tengas que hacer y lárgate! – exclamó, volviendo al monitor de la computadora de donde al parecer nada lo podría separar del teclado.
- Más vale que te des prisa – comentó George, entregándole a Christopher un recuadro de cartón donde aparecía la portada del álbum que Alex pidió – así habrás hecho algo bien – añadió, abriéndole la puerta para que saliera corriendo.
- ¿No te meterás en problemas? – preguntó el chico, esperando que a la salida no lo detuvieran por robar material con derechos de autor, y todo gracias a George.
- ¡Para nada! Hace dos semanas Mark tapó un retrete con una botella de Coca-Cola, y aún así podemos entrar sin problemas.
- Bien... Gracias – Christopher nunca había agradecido nada a nadie de una manera tan sincera como aquella. De una forma inexplicable, había hecho algo bien sin que arriesgara su vida en un semáforo en rojo o le costara dolor en las costillas al correr.
El chofer lo miraba con desconfianza a través del retrovisor, ningún chico Vogue sonreía a la nada a no ser que fuera un fotógrafo acreditado que estuviera en frente. Sobre sus rodillas, Christopher notó el tacto del cartón, es como si acariciara un “gracias” o un “bien hecho” impreso en tinta.
- Si querida... – decía Alex al teléfono, y al ver que su hijo entraba a su oficina comentó: - Sí, Christopher disfruta de su verano como nunca – la mirada fría de su padre sobre su cara sólo significaba una cosa: “más vale que lo hayas hecho bien, o tu madre sabrá todo” – no creo que pueda, está muy ocupado trabajando – al notar que su hijo tenía entre las manos la portada que le exigió su semblante cambió – tengo que colgar, linda... Bien... También te amo... Prometo que cuando llegues lo haremos toda la noche – susurró al teléfono. Christopher no sabía que era peor: imaginarse a sus padres teniendo sexo o que Alex le dibujara esas imágenes en la mente a propósito - ¿La trajiste? – preguntó, esperando una razón por la cual siguiera de pie frente a su escritorio
Christopher alargó el brazo para entregarle la portada, pero su padre no se inmutó.
- Llévasela a Jeff, que la digitalice y la añada al libro de esta noche... Por cierto, espera el libro y llévalo a casa.
Christopher sintió que la garganta se le convertía en un nudo. Por lo general, cuando su padre exigía el libro (o en el mínimo de los casos lo esperaba personalmente) era un sinónimo de esperar hasta las nueve o diez de la noche para llevarlo a casa.
- Pe... Pero el libro está listo hasta la noche.
- Es lo que acabo de decir – comentó su padre con autoridad y frialdad mezcladas en su voz – un auto te esperará abajo y te llevará a casa ¿Acaso tenías planes? Lo siento, eso no lo tenía contemplado.
Christopher salió de la oficina de su padre con el globo de optimismo pinchado con la punta de la autoridad paterna.
- Hasta luego Chris – murmuraron las gemelas que se lo encontraron en el pasillo camino a su escritorio.
- ¿Miraste su trasero? – preguntó Cassidy en un susurro
- ¡Dios, es increíble! – contestó Caroline
- ¿Crees que se fije en mí?
- Claro que no, soy más bonita que tú
Ambas dejaron la plática de manera tajante al ver que Brenda las esperaba en su escritorio con cara de madre furiosa.
- Lo único en lo que se va a fijar es en cuando les pateen el trasero para echarlas fuera del edificio ¡A los teléfonos ahora!
Las chicas no tuvieron más que corren tras el escritorio, haciendo que sus zapatos resonaran contra el mármol más de lo normal.
- Jeff, ¿A qué hora estará el libro esta noche? – preguntó Chris, dejando sobre una mesa la portada del disco que George le consiguió y recargándose sobre sus codos en la imagen que el coordinador tenía frente a él.
- Si no tengo más interrupciones como ésta, quizá salga a las nueve treinta – respondió.
- ¡¿Nueve treinta?!
- A las diez si es que sigues con esa actitud, ¿Sabes? Deberías sentirte honrado de tener frente a ti lo que será una edición más de esta revista.
- ¿Para qué? Puedo comprarla en un supermercado cualquier otro día.
- Esto no es sólo una revista – comentó Jeff, subiéndose las gafas al cabello para apreciar mejor al chico – Esto es un esfuerzo en conjunto que muchas personas realizamos, no tienes idea de todas las leyendas y mitos que rodean cada página de cada edición – comentó Jeff, tomando un ejemplar de los cientos que había en el estante, todos ellos de notaban el trabajo terminado de cada mes, desde los asistentes hasta Alex en su decisión final en la edición de cierre.
- Es una revista – afirmó Chris, comentario con el cual se ganó un golpe en la frente con el lomo de la misma.
- El último número de Septiembre... Tu padre reunió a todos los editores del mundo en una sola edición, Elle Fanning como la chica Vogue y una entrevista con Jean Paul Gaultier en su mansión en Arcueil, no es sólo una revista... Y espero que hayas traído algo que leer, será una larga tarde en espera de la noche.
Christopher miraba su reloj con impaciencia, aquella tarde ver el sol caer sentado en el escritorio de Brenda y no en el jardín con guitarra en mano era el peor castigo que se le pudo haber impuesto. Constantemente se paseaba por el área de redacción esperando a que Jeff se dirigiera a él y le gritara: “¡El libro está listo! ¡Aleluya!” para poder salir corriendo a casa, sin embargo, la realidad era otra, al ver que Christopher se acercaba a la puerta, uno de los asistentes atrancaba la misma con varias reglas de metal para que no pudiera entrar.
Resignado a dormir a su trasero en una silla, Christopher dormitaba sentado en el escritorio de Brenda con los pies en alto, cuando el sonido de una campanilla le hizo abrir los ojos. A través del ascensor, una silueta femenina salió de las puertas deslizantes hasta él.
- Hola – saludó Ashlee – veo que te aburres de lo lindo aquí – comentó, al ver en varias hojas con el membrete de Vogue unos dibujos de guitarras eléctricas explotando.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó Chris sin darle crédito a sus ojos al ver a su novia por primera vez en el trabajo de su padre.
- Fui a tu casa y tu padre me dijo que estabas aquí, mi madre me dejó de paso cuando iba a la secundaria y... Aquí estoy.
- ¿Cómo pudiste entrar?
- El nombre de tu padre pesa mucho – contestó – así que tuve que inventar que traía un paquete importante para Davis... – dijo la chica, sentándose en el escritorio junto a los pies de su novio.
- ¿Y ese paquete importante es...?
- Soy yo tontito – dijo la chica, acercándose a Chris para besarlo en los labios suavemente - ¿Me muestras el lugar? Quiero conocer el edificio donde se hace la revista más importante del planeta.
- Por supuesto señorita – Christopher se puso rápidamente en pie y le ofreció su brazo izquierdo con exagerada caballerosidad hasta el ascensor – como habrás notado, ésta es el área de recepción – comentó Chris, al observar el área de teléfonos que raramente permanecían en silencio – casi nunca transito por aquí – añadió – por lo general siempre uso el ascensor al estacionamiento para salir.
- Debe ser un caos por las mañanas – observó la chica
- Ni lo dudes – dijo éste, entrando al ascensor de nuevo – ésta es el área de redacción - dijo – aquí Jeff y los asistentes trabajan en el libro, que es un previo de la revista terminada, justamente eso es lo que me tiene aquí.
- No puede ser tan malo – dijo la chica, tomando la mano de su novio – al menos puedes decir que en el trabajo tienes un momento de paz.
- Si tú lo dices – comentó Chris, evitando pasar frente a la puerta de Jeff, por temor a que lo atacara con lápices afilados – Ésta es el área de Grooming – comentó, al ver paredes forradas de espejos y pequeñas sillas como un salón de belleza.
- ¡Es increíble! – Exclamó la chica, tomando una de las cientos de brochas para maquillaje que había en el sitio – es como un camerino gigante.
- Aún no has visto lo mejor – comentó Chris – mi piso favorito en todo el edificio – añadió, dejando pasar a la chica al abrirse las puertas del ascensor.
- ¿La cafetería? – preguntó extrañada.
- Un trabajo importante involucra tener mucha hambre – comentó Chris, acercándose a un refrigerador y tomando dos latas de soda de naranja baja en azúcares – aunque claro... nada de aquí tiene más de cien calorías.
- Esto es mil veces mejor que lo que sirven en la escuela - dijo Ashlee, al notar que en el refrigerador de donde Chris tomó la soda había varios tipos de bebidas diferentes: con y sin gas, agua natural, agua mineralizada, tés e incluso jugos de frutas de alrededor del mundo.
- Y por último... El armario – Chris abrió la puerta de donde las prendas eran almacenadas hasta su uso para una fotografía, la chica no pudo evitar una exclamación de asombro en conjunto con un gesto de perplejidad.
- Es... enorme – comentó, al ver como algunos pilares mostraban espejos de cuerpo entero, en las paredes observó cientos (miles, imaginó) pares de zapatos de todos los tipos: desde sandalias para la playa hasta botas de piel, todo aquello le ofrecía la sensación de estar dentro de una gran tienda en un centro comercial, pero en verdad todo aquello estaba en un último piso de un edificio corporativo.
- Sí... La verdad es... grande – comentó, caminando distraído y dejando su soda sobre la mesa para apreciar mejor el lugar sin estar sometido a prisas y órdenes. En verdad el lugar era inmenso, cada pasillo era marcado por un color de prenda o por un tipo de tela, Christopher pensó que era el único lugar del mundo en donde el burgundy y el algodón peinado tenían su sección especial.
- Debiste haber usado esta para el baile – dijo Ashlee, acercándose con una corbata anudada que puso alrededor del cuello de Chris.
- ¿En serio? En verdad nunca pensé que... – Christopher caminaba hacia un espejo para contemplar la prenda que su novia le propuso usar, sin embargo, algo le impidió acercarse ya que había sentido un tirón en el cuello - ¿Ashlee... qué...? – preguntó Christopher, al notar que la mirada de la chica había cambiado por completo: sus ojos ya no expresaban sencillez y calor, sino que ahora denotaban pasión desbordada.
- Creo que... Es hora de que demos el siguiente paso – dijo ésta, sentada en la mesa y manteniendo a Chris contra su pecho, cara a cara. Para sorpresa del chico, ella enredó sus piernas en su cadera y lo atrajo hasta así, quedando sobre ella en la mesa.
- No creo que... esté listo – decía él, sólo hablaba a la mínima oportunidad cuando los labios de su novia y los suyos no estaban juntos – No sé si... Alguien pueda vernos y... Mi padre trabaja aquí y... Al parecer se me terminaron las excusas – Christopher se quitó la camiseta arrojándola al piso, besaba frenéticamente a Ashlee, la cual respiraba aceleradamente debido al momento. La chica comenzaba a desabotonarse la camisa a la par que Christopher le besaba el cuello, dejando ver unos senos sujetos por un brasiere blanco, la tersa piel de la chica hizo que Christopher se desabrochara los pantalones y buscara algo en la cartera con presteza. Cuando encontró el preservativo que guardaba, abrió el empaque con cuidado y se lo puso en el pene con manos temblorosas.
- Veo que estabas preparado – comentó la chica, recorriendo el abdomen y espalda de Chris con sus mano.
- Mi padre dice que toda estrella de Rock necesita uno – dijo éste – y al parecer no se equivocaba – Christopher volvió a la tarea de recorrer cada centímetro del pecho de Ashlee son sus labios, sus senos eran tan pulcros y perfectos que no resistió la tentación de lamerlos y succionar sus pezones con delicadeza, la chica (que se había quitado el pantalón con astucia) aferraba sus piernas a la cintura de Christopher, la cual se acercaba a la pelvis de Ashlee para el momento del primer contacto sexual de ambos. Cuando Chris comenzaba a penetrar a la chica, notó que ésta dibujaba en su rostro una ligera mueca de dolor, que después de varios segundos dio paso a gemidos de placer. Las caderas de Christopher se fusionaban en el vaivén dentro de la vagina de la chica y el contacto de su pie desnuda con sus labios, sus pies quedaban fijos al piso y sus codos sobre la mesa, lo único que marcaba el compás del placer de ambos era el ritmo de las penetraciones de Chris, el cuál notó sus mejillas enrojecidas y un calor tenue por todo el cuerpo.
- ¡Christopher! ¡Christopher! – exclamaba la chica llegando al orgasmo, siendo anunciado por las uñas que se clavaban en los brazos del chico.
- ¡Aaah! – exclamó Christopher después de besar a la chica por un periodo prolongado, justo antes de que sintiera humedecerse el látex dentro de la intimidad de la chica.
- ¿No crees que has sido muy duro con Chris? – preguntó George, pensando en donde meter la bola número tres cuando fuera su turno.
- Es lo menos que se merecer por haber desobedecido – respondió Alex, logrando meter una bola en la tronera de la esquina izquierda.
- Todos tuvimos esa edad, es en donde cometes errores que no te importa repetir en un futuro – comentó Rupert, tirando a la bola cuatro y metiéndola al centro.
- Después de esto, espero que pueda comportarse, sabe perfectamente que es mejor que esté conmigo que con su madre.
A través de la ventana, George notó como un auto de la compañía dejaba a Christopher frente a casa, el cuál rápidamente se dirigió a la puerta principal.
- Es Chris... – anunció, por lo cual todos tomaron un semblante serio, el que siempre adoptaban cuando se acercaba alguien de quien hablaban segundos atrás.
La puerta principal se cerró e instantes después apareció Chris frente a ellos, su mirada se denotaba distraída, pero los tres presentes lo pasaron por alto.
- ¿Trajiste el libro? – preguntó su padre, con el tono frío y distante que usaba en la oficina, el cual sorprendió a Rupert y George por su cambio drástico.
Christopher mostró el engargolado que cargaba en su mano, pero en vez de dárselo en manos de su padre, lo dejó caer en la mesa de billar, tras salir corriendo a su habitación.
- Pobre – murmuró Rupert – debió haberla pasado terrible.
