LXXXIX - En la cantina




- ¡No tan rápido! – exclamaba Chris algunos metros detrás de su padre con las manos en las costillas, tratando de calmar el flato que le había causado el subir por una ladera hasta el punto más alto de aquel lugar. 

- ¡Oh vamos! ¡Falta muy poco! – dijo Alex, sentándose en una roca para esperar a su hijo. Se mostraba optimista a pesar de su camiseta bañada en sudor y sus piernas cansadas de tanto escalar. 

Con ayuda de su padre, Christopher pudo llegar a la cima de un acantilado, donde a sus pies cientos de metros más abajo se veían las copas de los árboles. 

- ¿Valió la pena, eh? – comentó Alex, quitándose la camiseta para recostarse sobre ella 

Christopher no contestó, en su mente aún rondaba la propuesta de George y le daba cientos de vueltas cada noche antes de dormir. 

- ¿Sigues pensándolo eh? – Alex había adivinado el pensamiento de su hijo. Ese gesto de preocupación que adoptaba cuando no podía sacar una idea de su cerebro se había dibujado en su rostro. 

- Sabes que es mi sueño... 

- A tu edad los chicos no tienen sueños... Son sólo caprichos. Supongamos que dejamos que hagas eso que quieres hacer ¿Vas a dejar la universidad? Piensa en ello antes de sumergirte en un capricho. Sé que siempre te hemos molestado con la misma cantaleta de siempre: “los Davis siempre hemos salido en búsqueda de lo que nos fijamos” pero eres joven para hacerlo, aún. 

Christopher no sabía cómo replicar ante tal argumento, quizá su padre tenía razón: quizá no estaba preparado para lograr el sueño que ha tenido desde que tocó un acorde por primera vez, quizá su sueña era muy diferente y más ambicioso que el de su abuelo y su padre: “...tu abuelo huyó de una granja en Texas para trabajar en la industria metalúrgica y yo llegué a Londres con 400 dólares en el bolsillo y una maleta llena de ambición...” decía el interminable relato que su padre recitaba cada vez que salía a la luz el tema de sus inicios como editor en jefe. 

- ¿Por favor? – Christopher miró a su padre con la mirada que Charlotte usaba para conseguir un día de vacaciones juntos o un vestido nuevo, aunque sabía que en él tenía un efecto diferente. 

- Eso no sirve conmigo – comentó Alex, viendo como el sol caía entre montañas lejanas – Ya te lo dije: Si no hay un diploma en la pared de la sala al terminar la universidad, olvídate de la música. 

- ¿Pero y si no termino la universidad? – preguntó en tono despectivo, recargándose en una roca para admirar la puesta de sol. 

- Entonces venderás Starbucks...o conducirás uno de los autos de Vogue, no lo sé – contestó sin darle importancia, como si el futuro de su hijo no le preocupara demasiado – Créeme, me gustaría darte luz verde desde ahora, pero sabes que tu madre no te dejará vivir en paz, de hecho me hice éste – Alex bajó un poco sus bermudas para dejar ver la palabra “Charlotte” en su vientre bajo, donde se había tatuado el nombre de su esposa – por hacerme este primero – añadió, bajándose el calcetín para mostrarle el tatuaje de unas notas musicales alrededor de la palabra “Chris” en su tobillo derecho, un tatuaje que se hizo cuando su hijo cumplió 16 – podrás pensar que tu madre es la peor del mundo, pero tiene sus razones para ser así. 

- ¿En serio? – La incredulidad de Christopher nunca había sido tan notoria como con aquella pregunta – En verdad me gustaría saberlas. 

- Algún día... Quizá. 

- Esas nubes se ven muy grises, ¿Crees que haya una tormenta hoy? 

- No lo sé – Alex había notado que desde que el sol apareció, unas nubes oscuras se arremolinaban en un punto cercano al suyo - ¿Tienes fuerza para bajar o quieres una mano? – preguntó, señalando el acantilado y una cuerda. 

Tras caminar de regreso (que fue más fácil que la subida) cargaron el vehículo y regresaron a carretera, donde al entrar a la primera sección de la ciudad la lluvia torrencial cayó sobre ellos. Era prácticamente imposible seguir conduciendo debido a la poca visibilidad a través del parabrisas, así que Alex se detuvo frente a una pequeña plaza para esperar a que la lluvia pasara, pero después de unos minutos, dijo a Chris. 

- Esto irá para largo, ¿Quieres tomar algo? – preguntó, al ver frente a ellos una cantina de apariencia antigua, con puertas de madera al estilo del viejo oeste. Chris accedió sólo por bajar del auto y descansar las piernas en una posición más cómoda – Coca-cola – dijo Alex, al chico de gesto enemistado que se acercó a su mesa – dos – añadió, indicando que quería dos de las bebidas. 

El local lucía lúgubre con la iluminación de las lámparas amarillentas, los pocos hombres que había veían el fútbol en una televisión pegada a un pilar de ladrillos junto a la barra. Ninguno de ellos se inmutó en la llegada del hombre musculoso y su hijo de ojos de zafiro y piel clara a diferencia de la suya quemada por el trabajo bajo el sol. Christopher vio sus botas, sombreros y cinturones y pensó en ellos como las versiones con sobrepeso y descuidados de los cowboys que su padre mostró en su revista en la edición pasada. 

-Papá... 

- No – dijo Alex, mirando con atención un calendario del año pasado de una chica desnuda sobre maquinaria pesada. 

- ¡Pero no te he dicho...! 

- Dije que no. 

- ¡Pero no sabes...! 

- Es ese asunto de George, y por última vez digo que no – respondió su padre, con un tono autoritario que sólo llamó la atención del hombre tras la barra – Piensa en Ashlee – comentó en voz más baja. Christopher no sabía que tenía que ver con todo aquello de grabar un demo y ver su nombre entre los mejores discos según Rolling Stone, hasta que su padre habló - ¿Piensas terminar con ella por seguir tu “sueño”? – preguntó, dibujando unas comillas en el aire. 

- Es obvio que no, supongo que ella entenderá que tenemos que separarnos por algún tiempo pero... 

- ¿Y tú lo entiendes? ¿Puedes vivir sin ella? No tienes un compromiso con Ashlee, tú no tienes uno de éstos – dijo, señalando su dedo anular donde llevaba el anillo de casados con la inscripción Verus amor nullum novit habere modum - así que... nadie te obliga a quedarte junto a ella. 

- ¿Estás usando a mi novia para convencerme de no tocar? – Christopher, al igual que su madre, expresaba furia a través de sus ojos hacia Alex. 

- Sólo digo que tienes más cosas por perder que por ganar si tomas ese camino, créeme, yo estuve en tu lugar y tomé una elección que me hirió mucho. Una cicatriz que años después sanó. 

Christopher desvió la mirada de los ojos de su padre. Era increíble como incluso en vacaciones improvisadas podía arruinar la diversión con una metáfora que nunca había escuchado, y que le daba igual recordar o no. 

- Claro, eres joven, sé que me estás mandando al diablo muy en tus adentros y que querrías charlar de otra cosa, pero para tu mala suerte, nos quedan muchas horas de camino a casa. Hablar de esto es parte de crecer, como enamorarte, ir a terapia de pareja y adoptar un hijo. 

- ¿Adoptar? 

- No hablo de ti – mis espermatozoides hicieron bien mi trabajo 

- Bien... ¿De qué quieres hablar? ¿De camisas? ¿Zapatos? 

- De Ashlee, y lo que pasó en el armario. Nunca me contaste como fue... y teniendo a George y Rupert enfrente hubiera hecho lo mismo. 

- ¿Qué? ¡Estás loco si crees que...! 

- ¡Oh vamos! Tuve tu edad, en ese entonces gritaba por los pasillos que Marie Williams era más flexible que cualquier otra porrista. Sólo dime como fue – dijo Alex, incitando a su hijo a hablar de ello – no con los suficientes detalles como para que se dibujen imágenes en mi mente, pero sabes que vas a contármelo tarde o temprano. 

- Bien – Christopher estaba decidido a contarle a su padre lo sucedido para que pudiera dejarlo en paz – estábamos en el armario, ella quiso que me probara una corbata y me jaló por el cuello hacia ella, le quité la blusa, me bajó los pantalones y fue todo lo que recuerdo antes de flotar en una nube. 

- ¿Y qué? ¿Nada más? – Preguntó Alex, al escuchar el micro relato con una ceja levantada – Porque creo que entre el comienzo y una exhalación final hay mucho de por medio... ¿Fue tierno cierto? 

- ¿A qué te refieres? 

- Es la primera vez, nunca es como esperas que sea. Tienes que ir lento si quieres que se repita y guardar tus fantasías bajo llave hasta que ella dé el primer paso, siendo así, entonces estás listo para llegar a la segunda base y saber cómo reaccionar si te pide que le digas cosas sucias al oído. Tu madre me amarró con mi propia corbata a la cama cuando estábamos de vacaciones en las Bermudas, me tapó los ojos con su brasiere y recuerdo que no pude levantarme hasta el día siguiente. 

Christopher dibujó en su cara un gesto de terror. Imaginarse a su madre sometiendo a su padre en un hotel junto a la playa era demasiado para él y su concepto de “¿Por qué no sales con tus amigos?” lo entendía más que nunca como un claro sinónimo de dejarles la casa sola a sus padres. 

- ¿Piensas dejar a Ashlee entonces? ¿O el ego de los Davis no se filtró en tu ADN? 

- No lo sé – dijo Chris, mostrándose vulnerable por primera vez – En serio, no lo sé. 

- Felicidades, estás madurando – comentó Alex, acercando su Coca-cola a la de Chris en señal de brindis.