LXXXVIII - Pacto en la montaña




- Despierta... – decía Charlotte, moviendo con ambas manos la espalda de su hijo para que por fin se separara de la cama. 

- No quiero – contestó, con el cabello hecho un barullo y cubriéndose hasta las orejas con las sábanas. 

-¡Despierta! Tu padre te está esperando abajo - dijo Charlotte, jalando los pies de Chris el cuál se aferraba a ambos lados del colchón. 

- Ya voy... – decía éste, con una voz más adormilada que despierta 

- ¡Arriba! – exclamó su madre, jalando las sábanas para dejar a Chris sobre la cama sólo con su pijama 

- ¡Mamá! – gritó éste, haciendo un berrinche y pataleando sobre el colchón como si tuviese 10 años 

- ¡Cállate y baja para que puedan largarse de una buena vez! – Charlotte había salido de la habitación arrastrando las sábanas, dejando a Chris con cara de pocos amigos a las 7 de la mañana. 

- ¿Todo listo? – preguntó Alex, al ver a su hijo bajar con maletas en mano. Christopher no respondió, sólo se limitó a gruñir escondiendo un bostezo con su puño. 

Justo terminaban de cargar el taxi que los llevaría al aeropuerto, otro vehículo semejante se detuvo frente a su casa, del cual descendió George, con el cabello tan alborotado como el de Christopher pero con más gracia. 

- No hay espacio para ti George – dijo Alex, cerrando la cajuela del auto. 

- No vengo contigo – contestó éste tan despectivamente como Alex lo hizo con él – vengo con Chris, los chicos de Mercury Records tienen un hueco libre en su agenda y se están buscando bandas nuevas y voces frescas... 

Christopher aún tenía el cerebro apagado y los párpados a medias, palabras sueltas sólo llegaban a sus oídos, fue entonces cuando George lo tomó por los hombros para sacudirlo con fuerza y pudiera despertar por completo. 

- ... Y les hablé de ti, quieren escucharte, manda un demo en menos de un mes y quizá llegues a ser alguien como yo. 

- Pero... – Chris apenas podía asimilar lo que sucedía: George mirándolo con una sonrisa y la tarjeta con números telefónicos y correos electrónicos de personas que el cantante había mencionado antes como los responsables de encontrar talento nuevo en Londres. 

- ¡Perdón por la tardanza! – Gritó Ashlee, corriendo detrás de la verja de metal – Los expedientes médicos son un dolor de cabeza por las noches, pero ya estoy aquí – dijo. 

- Bien, ahora pueden irse – comentó Charlotte al ver que Ashlee (aún en pijama) se acercaba a Christopher para despedirse. Tomó a Chris del hombro y lo encaminó hacia el taxi, evitando que se despidiera de su novia. 

- ¿Me vas a extrañar verdad? – Preguntó Alex en un susurro a Charlotte, al separarla de Chris – Anda, di lo que mis oídos quieren escuchar: que vas a extrañarme y que esperarás a que vuelva para no salir de la cama en todo el día. 

Charlotte aún se mostraba fría y distante de su esposo, aunque acordaron olvidar lo pasado en el cuarto de baño, la chica evitaba su mirada y cruzaba los brazos, esperando no pronunciar una sola palabra. 

- ¿Dame un beso sí? Los voy a necesitar mucho cuando me vaya – La rubia miró a Alex con desconfianza, como si éste fuera a jugarle una broma arrojándole un pastel a la cara, pero cedió a despedir a su esposo con el gesto aún fruncido. 

- Uno más... Uno más...Sólo uno más... – decía Alex, besando una y otra vez los labios de la mujer – Creo que será suficiente – dijo, dándose tiempo para recordar el sabor de los labios de su esposa antes de partir. 

- Supongo que tú eres Ashlee, ¿cierto? – preguntó George de la anda, al ver que la chica no se separaba de Christopher y recordando cómo les conté su primera vez. 

- Así es... y usted es George Craig, el cantante – dijo – Christopher siempre dice que lo que sabe de música es gracias a usted. Por cierto, amo su nueva canción: “...You know i love you in many ways...” 

- “...I hope you understand what it means...” – completó George a la melodía que la chica entonaba – si, es una gran canción... Me dio cinco millones en una semana.. En fin, que se diviertan, y piénsalo muy bien – dijo dirigiéndose a Chris en especial. 

Cuando Chris subió al auto, notó que su madre miraba con desconfianza a Ashlee, no sabía si era por su pijama de estrellas holgada o porque le había mandado un beso en el aire, el cual Chris atrapó y se lo guardó en el bolsillo, como el saludo a distancia que hacían en la universidad cada vez que se encontraban en el pasillo. 

- ¿A qué parte de México iremos exactamente? – preguntó, ya que el desierto de la India, las montañas del Himalaya y las playas de Dubai se podrían encontrar en un solo país. 

- Como este año no pudiste viajar a Canadá, elegí algo... Similar. 

Al principio del viaje, Chris pensaba que era imposible que un país cercano al Ecuador tuviera similitud con uno a horas de distancia con el Polo Norte. 

- Chris despierta – decía Alex, quitándole los audífonos a su hijo con los que había escuchado música en la mayor parte del trayecto – llegamos. 

Al abrir los ojos notó como los demás pasajeros habían descendido de la nave, siendo prácticamente ellos los últimos en estar a bordo. Cuando pisaron tierra, sintieron un calor extraño, un calor abrazador pero para nada sofocante. El sol estaba en todo su esplendor comparado con el tímido astro rey de Londres oculto tras las nubes. 

- ¿A dónde vamos ahora? – Chris cargaba sus maletas y su guitarra en la espalda, esperando poder tirarse en la cama del hotel. 

- Compraremos provisiones – contestó Alex, acercándose a un Jeep estacionado junto a un auto parecido a los de Vogue y otro vehículo salido de un campo de golf – sube tus cosas, y si no te molesta, conduciré yo. Al parecer en este país todo es al revés – comentó, mirando como los autos del carril derecho conducían hacia adelante y el volante del vehículo estaba colocado en el lado opuesto. 

Saliendo del aeropuerto, tomaron la carretera rumbo a unas montañas que se veían lejanas, las cuáles enmarcaban el paisaje etéreo que fusionaba la naturaleza con el dinamismo de la ciudad. Alex se detuvo en una tienda que abría las 24 horas para comprar provisiones, mientras Chris llenaba el depósito y varios galones con gasolina. 

- ¿Tenemos comida? – preguntó a Chris, el cual se quedó en el vehículo mientras se llenaba el tanque de combustible. 

- Sí – contestó – viendo la montaña de latas de atún que su padre colocó en la parte trasera de los asientos 

- ¿Tenemos combustible para el auto? 

- Sí 

- ¿Tenemos combustible para nosotros? 

- Sí – respondió acomodando las botellas de agua junto con las cervezas. 

- Entonces sigamos, el camino nos espera – comentó, poniéndose las gafas para el sol al mismo tiempo que pisaba el acelerador a fondo. 

A través de caminos rurales y un escenario natural, Alex condujo casi por una hora, guiado por el GPS que Chris muy inteligentemente agregó a la maleta de último minuto. Se habían internado en un bosque húmedo donde el ruido del agua cayendo los hizo entrar en contacto total con la naturaleza de aquel sitio. 

- ¿Qué tal? – preguntó Alex bajando del Jeep para apreciar la cascada y el lago frente a ellos

- ¡Es genial! – Exclamó Chris asombrado, en realidad era un sitio perfecto: la sombra de los árboles sumada a la brisa del agua lo hacía un lugar perfecto para acampar. 

- Baja las cosas de la camioneta, yo iré a conseguir comida – comentó, quitándose la camisa y las botas junto con los calcetines, anteojos y reloj

- ¿Pero y las latas? 

- ¿No creerás que viviremos de atún solamente, o sí? – Alex caminaba despacio hacia el lago, hasta que sus rodillas quedaron cubiertas con el agua, mojando el bajo de sus bermudas, llevaba con él una gruesa rama. Se adentraba cada vez más despacio hasta que se quedó fijo en un punto del agua mirando hacia abajo. 

- ¿Qué se supone que haces? – preguntó Chris, dejando las maletas en el suelo junto con algunas cuerdas y los sacos de dormir. 

- Lo vi en un programa de televisión – dijo Alex, en una posición extraña, como si fuera a batear en un partido de baseball – en una aldea africana de nombre impronunciable vi como podían pescar sin cañas ni redes. 

- ¿Y en serio crees que va a funcionar? – Chris se había acercado a la orilla del lago, pasados unos segundos en los que no pasó absolutamente nada se dio la vuelta y sintió un húmedo y fuerte golpe en la espalda 

- ¡Que no regrese al agua! – gritó Alex, señalando al pez que se retorcía fuera de su medio natural. Mientras Christopher conectaba ideas de lo que había pasado, Alex caminaba despacio hacia otra dirección. 

- ¿Cómo hiciste eso? – preguntó sorprendido, al parecer había subestimado a su padre por completo. 

- Oh, es fácil... Sólo mantente alerta y no dejes que regrese al agua ¿Ok? 

Chris permanecía de pie en la orilla, evitaba parpadear para no perderse detalle de cómo su padre podía sacar peces del agua sin más artefacto que una rama. Justo cuando daba su tiempo por perdido, Alex avisó a Chris y éste vio como su padre pateaba un pez hacia la superficie del agua con el pie y prácticamente lo bateaba hacia la tierra. 

- ¡Increíble! – exclamó Christopher, tomando al pez por la cola para arrastrarlo lejos de la orilla – Pero... No hay sartén para cocinar... 

- Bien, eso complica las cosas – comentó Alex, que nunca pensó necesitar un utensilio de cocina más que cucharas – En la caja de herramientas hay un destornillador, quita la placa de la camioneta. 

- ¿Hablas en serio? – Christopher sabía que su padre consideraba utilizar medidas extremas, aunque eso quebrara normas de higiene esenciales. 

- ¡Es parte de la aventura! 

- Si claro, morir de una intoxicación o algo así suena divertido. 

Por la tarde, un campamento improvisado yacía a orillas del lago. Al pie de la cascada una improvisada casa de campaña hecha con una lona sujeta por cuerdas sobre los sacos de dormir en medio de una fogata (donde Alex cocinó su pescado con cerveza a falta de aceite, y aunque tratara de convencer a Chris de que sabía bien, no pudo hacer que dejara de abrir latas de atún con piedras) 

- ¿Es magnífico no crees? – Preguntó Alex a Chris, tumbado sobre la hierba mientras halaba de una cuerda las botellas anudadas en el lago, para que salieran frías – 

- Sí, lo es – contestó Chris, con la guitarra sobre sus piernas cruzadas y un cuaderno a su lado, escribiendo a la luz del fuego – Eh... Papá, con respecto a... 

- No – interrumpió Alex. Dándole un sorbo a su cerveza y admirando el cielo, una de cada dos botellas era para su hijo, el cuál tomaba la mitad mientras Alex ya iba por la segunda. 

- Pero no te he dicho que... 

- Es la propuesta de George, y mi respuesta es no. 

- ¿¡Por qué!? – 

- Sé que te gusta la música, pero tu madre y yo queremos que... 

- Siempre es acerca de mamá – exclamó Chris enojado, dejando la guitarra a un lado - ¿Acaso no les importa lo que yo decida? 

- Claro que nos importa – contestó Alex sin siquiera dirigirle la mirada a su hijo 

- ¿Oíste a George? Cinco millones en una semana por una canción 

- ¿Entonces es por el dinero? Porque una estrella porno gana prácticamente lo mismo 

- ¡No es el dinero! Es... hacer lo que me gusta, y... 

- ¿Vivir de ello? Creo que debí preguntarte: “¿De qué piensas vivir?” en vez de “¿Qué quieres ser de grande?” cuando tuve oportunidad. 

- Escucha, la música es lo que me llama la atención, es lo que me saca adelante cuando he caído y lo que me hace despertar cada mañana... 

- Hagamos un trato – dijo Alex, incorporándose en su brazo izquierdo y girándose hacia Christopher – nos das a tu madre y a mí lo que ningún Davis ha tenido y después puedes hacer lo que quieras ¿Entendido? – preguntó, escupiendo sobre la palma de su mano para sellar el pacto. 

- Hecho – contestó Chris, haciendo lo mismo en su mano estrechando la de su padre - ¿Y qué es eso que tanto quieres mis padres para poder comenzar a vivir mi vida? 

- Un diploma – contestó Alex, volviendo a tumbarse en el pasto para admirar las estrellas en el firmamento.


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Elegí a Monterrey porque era el primer escenario natural con cascada que se me vino a la mente, pensé en Jalisco y Mazamitla pero al ver que era un bosque seco y no húmedo como en “Cola de caballo” iba a ser más difícil escribir el capítulo.