- En verdad no sé cómo puedes comer eso – dijo Alex a Christopher, mirando la hamburguesa que el chico eligió comer en la cafetería de Condé Nast – en verdad no sé qué hago aquí – comentó – pudiendo comer en el Tom Aikens o cualquier otro lugar excepto aquí – alrededor de su mesa, todos los chicos que estaban en el programa de empleo temporal de Vogue los miraban como si fueran desechos radioactivos, nadie mantenía una mirada sobre ellos más de dos segundos sin que sus ojos se salieran de sus órbitas.
- No es tan malo – contestó Chris – al menos la carne no se come las papas.
- Estaba pensando en... Si tu y yo pues... Pasamos más tiempo juntos.
Christopher miraba a su padre como si se hubiera vuelto un demente, ¿Quería pasar más tiempo con él? ¿Acaso que le ordenara correr por una corbata no era concepto de una buena relación de padre e hijo? Obvio que no lo era, se convenció de eso a los tres segundos de plantear esa idea.
- ¿Tiempo juntos? – preguntó, aún más incrédulo que antes.
- Sí... Ya sabes... tú y yo, cosas de chicos.
- ¿Qué tipo de... cosas? –preguntó. Después de que su padre le confesara que había tenido sexo con una fruta, no se imaginaba junto a él con un melón entre las piernas.
- Salir... recorrer el mundo... charlar, cosas así.
- ¿Hablas en serio? Porque... podemos charlar ahora, no veo por qué tenemos que tomar un avión para eso.
- No entiendes... Antes de que viajemos a París quiero que... Nos divirtamos un poco - Christopher trataba de encontrarle un significado a las palabras de su padre: No sabía si se refería al concepto retorcido de la diversión con alcohol y frutas con semillas o que en verdad viviría un infierno en las semanas de la moda - ¿Qué dices?
- No lo sé... – contestó Chris, fingiendo en realidad pensarlo demasiado y sufrir en no poder darle un “si” inmediato – Tendría que ver con mamá lo de...
- Oye, manda al diablo a tu madre - susurró Alex, para que Dominique que pasaba frente a ellos no escuchara – Yo te di permiso, es todo lo que necesitas.
- Bien... Entonces... ¡Es genial! – exclamó, esperando sonar convincente en su falso optimismo.
- ¡Genial! Te espero a las cinco para salir a casa - dijo Alex, tirando a la basura los restos de su ensalada y cubiertos de plástico – pero antes ve a Calvin Klein y recoge la ropa interior para la sesión de esta tarde.
- Si tu padre dice que quiere pasar más tiempo contigo, ¿Crees que está bien? – preguntó Christopher a Oliver, en el auto que los llevaba a Calvin Klein.
- El concepto de diversión de mi padre es ver “Quién quiere ser millonario” por las noches – contestó Oliver, mirando su agenda para ver si la boutique contaba con algún número de teléfono – así que supongo que tu padre debe ser algo más... Original.
- Dijo algo sobre recorrer el mundo – comentó Chris
- Tu padre ha viajado más que todos los papas juntos, ¿Por qué salir a un país que seguramente ya conoce?
- Ni idea...
- De cualquier forma, debe ser genial. Digo... ¡Es tu padre! – exclamó, como si además de combinar corbatas, Alex garantizara diversión a cada paso.
- No lo sé... Lo único que hemos hecho juntos es venir al trabajo y salir a casa... Sin contar que antes de que mamá regresara cenamos pizzas congeladas en la sala.
- Dale una oportunidad – comentó Oliver – nunca sabes con qué podría sorprenderte
No sabía por qué se planteaba el consejo de Oliver, pero en su mente se dibujaba la posibilidad de poder hacer con su padre lo que su madre no le perdonaría nunca. Mucho menos se había puesto a pensar el origen del repentino interés de su padre hacia él, lo cual lo consterno más. En la tienda de Calvin Klein, Alex no supuso que sería problema pedir ropa interior, pero al ver los cientos de modelos, materiales, colores, y cortes que el chico con cabello platino le mostraba, se dio cuenta del embrollo en el que estaba, hasta que Oliver lo resolvió con “uno de cada uno”.
- ¿Listo campeón? – preguntó Alex, entrando al elevador tomando su maletín del escritorio de Brenda.
- Hasta mañana Chris – dijeron las gemelas a coro, al verlo entrar al ascensor.
- Hasta mañana chicas – comentó Alex, tomando a las asistentes de Brenda por sorpresa, era prácticamente imposible que su jefe se dirigiera directamente a ellas y mucho menos agregando el sensual guiño del ojo que les dirigió antes de cerrarse las puertas del elevador – Creo que Caroline tiene sueños húmedos contigo – comentó en tono burlón.
- ¡Claro que no! ¿Cómo sabes eso?
- Se le nota en la mirada, no te despega los ojos del trasero.
- Eso no tiene nada que ver... – contestó sonrojado – además yo no digo nada cuando le ves los senos a Brenda.
- ¡Hey! ¡Eso no es cierto! Yo no tengo la culpa de que ella se enamore de su jefe.
- Si claro, ahora resulta que eres todo un Don Juan en todos lados
- Soy un Davis, tú también eres un Davis... ¿Aún no entiendes? – Alex le arrojó las llaves del auto a Chris, el cuál subió del lado del volante para conducir - ¿Tienes planes al llegar a casa?
- Seguiré escribiendo – contestó – quizá algo fluya y logre componer algo ¿Y tú?
- Sexo jabonoso – contestó Alex, quitándose los lentes y guardándoselos en el bolsillo – deberías hacer algo más productivo.
- Una relación no solo se basa en el sexo – comentó Chris, deteniéndose ante un semáforo en rojo – una relación está fundamentada en un respeto mutuo que...
- Suenas tan idiota hablando así, si a Dios no le gustaran las curvas el mundo sería plano y las mujeres no tendrían senos – dijo Alex – tienes diecisiete, eso ni tú te lo crees, ¿Porqué no vas con Ashlee y haces que te clave las uñas en la espalda? Sabes a qué me refiero – Alex estiró su brazo derecho y abrió la guantera del vehículo, dejando ver entre pastillas de menta y papeles viejos unos preservativos en perfecto estado.
- ¿Qué sólo mamá y tú piensan en sexo todo el tiempo? – preguntó Chris, cerrando la guantera al ver que una chica en motocicleta esta fuera de su ventana del auto.
- ¿Y qué crees que hacemos en las noches? ¿Rezar antes de dormir? ¡Ja! Mete el auto a la cochera y sube el volumen en tu habitación, quizá no quieras escuchar lo que ocurre en el baño.
Christopher trató de borrar de su mente a sus padres desnudos bajo la regadera dándose golpes en la frente con el volante antes de bajar del auto. Cuando subía las escaleras, escuchó como el agua salpicaba contra el piso y una risa de su madre que le hizo correr a su habitación y cerrar la puerta lo antes posible.
- Estuve charlando con Chris en la oficina – comentó Alex, tratando de recuperar el ritmo normal de su respiración tras un acuático orgasmo – le dije que quería pasar más tiempo con él...
- ¿El trabajo no es suficiente? – preguntó Charlotte recorriendo con sus pies el pecho y abdomen de su esposo, en un intento de volver a tener acción.
- Ese es el problema, tiene diecisiete años – dijo, besando los pies de su esposa y masajeándolos suavemente – no debería estar trabajando, debería disfrutar del verano como todos a su edad.
- Al menos arreglaste la situación – dijo Charlotte, acercándose a Alex y hundiéndose en su pecho, sentir la espalda desnuda de la chica lo hizo excitarse de nueva cuenta
- Era sólo una revista Charlotte, si fuma a escondidas o hay botellas de ron bajo su cama es normal
- Si puedo evitar que mi hijo se convierta en un criminal o adicto lo haré – comentó ella, en un tono de represión, aún cuando acariciaba las piernas desnudas de su esposo que se habían separado para darle más comodidad a la chica.
- Creo que fuiste muy severa con él
- ¡Oh claro! Ahora resulta que soy el ogro de la familia ¿No?
- Sólo digo que podrías ser más flexible...
- ¿Liberal? ¿Quieres que lo deje andar por el mundo tomando decisiones que pueden poner en riesgo su vida? ¡Cierto! Tú no estuviste tres horas en labor de parto en ese maldito quirófano.
- ¡Yo corté ese cordón umbilical! – exclamó Alex.
- ¿Y eso te hace tener más autoridad que yo? – preguntó Charlotte molesta, saliendo de la bañera y envolviéndose con la bata de baño de Alex.
- ¡Pues sí, eso creo! – dijo el chico, saliendo de la bañera y enredándose una toalla en la cintura
- Si quieres que Christopher sea un delincuente, ¡Adelante! Pero espero que no olvides todo lo que he hecho por él
- ¿Lo que has hecho por él? – Preguntó incrédulo – lo dice la mujer que siempre viaja de un lado a otro del mundo y ahora se preocupa por su hijo... Si claro, cuéntale a otro imbécil esa historia
- ¿Y qué hay de ti? Todo el maldito día en la oficina sin recordar que un hijo te espera en casa
- ¡Vaya! La chica que ignoraba el mundo en el que ahora trabaja, en el cual está gracias a que se metió en la cama de su jefe ahora me pide que regrese a casa todas las noches.
- ¡Eres el maldito egoísta que dejó a su familia del otro lado del mundo para alcanzar una fama vacía, el que me suplicó de rodillas que me casara con él...! Del que me enamoré y ahora no sé en donde quedó...
- ¡Sin mí tú no serías nada! ¡TODO LO QUE ERES, LO QUE TENEMOS Y LO QUE SOMOS ES GRACIAS A MÍ! – Alex no sabía por qué había alzado la voz, la mirada perpleja de Charlotte frente a él lo hizo darse cuenta de que había cruzado la línea – Charlotte yo...
Alex quiso acercarse a la chica, pero ésta dio un paso rápidamente hacia atrás, como si su esposo la hubiera amenazado con golpearla
- No quería hacerte daño, yo sólo...
- ¿Vas a quitarme lo que más amo? – preguntó ella, de pie, ignorando el frío en sus extremidades - ¿Te irás de casa, dejándome sola para que por fin puedas librarte de la chica que se metió con su jefe?
- Cherry querida, yo no quería decir eso...
- Pero lo hiciste – dijo ella, caminando hacia la puerta – Y si quieres que me arrodille y te pida perdón por lo que hice estás muy equivocado, y si vas a largarte, hazlo, pero quiero a mi hijo cerca.
Charlotte salió del cuarto de baño directo a la habitación, sin notar que su hijo miraba desde la puerta del lado opuesto del pasillo. Alex salió tras ella, pero sólo alcanzó un portazo a centímetros de su nariz.
Al notar que Christopher estaba en su habitación, Alex se ajustó la toalla a la cintura y cruzó la planta alta.
- ¿Se puede? - preguntó, tocando la puerta pero a la vez abriéndola, ya que no estaba cerrada por completo. Christopher se quitó los audífonos que se colocó rápidamente para que sus padres pensaran que no había escuchado nada.
- Si claro... Adelante...
Alex se sentó en la silla que había frente al escritorio de Chris y subió los pies a la cama del chico, sus ojos se mostraban enrojecidos y agradecía infinitamente salir de la ducha para que las lágrimas se mezclaran con las gotas de agua que le rodaba por la cara
- Tu y mamá...
- Estamos bien – dijo Alex – al parecer ese champú si irrita los ojos, voy a matar a Xavier – comentó, tratando de esbozar una sonrisa que se tornó triste – Y... ¿Ya pensaste a dónde iremos? – Preguntó, tomando un globo terráqueo que había sobre el escritorio - ¿Quieres cruzar la India en motocicleta? ¿Montar en camello en Egipto? ¿Escalar en México?
- México parece bien – contestó Chris, notando como su padre evitaba mirarlo a los ojos - ¿Tu y mamá... estarán bien?
- Sí, claro – contestó Alex, haciendo un ademán con la mano para restarle importancia – Volveré después de algunas horas a pedir perdón como siempre ha sido... ¿México entonces?
Christopher asintió, esperando que el viaje no causara más estragos en su padre que ese shampoo.
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