X - Bella Venezia



A la mañana siguiente, como en días anteriores el despertador sonó sin que fuera necesario, la cabeza le dolía pero no tanto como en la resaca anterior, recordó todo lo que había pasado y se le erizó la piel. Todo estaría bien, habían hecho los correcto para ambos. Entró a ducharse para salir cuando antes del país y dejar que las cosas se calmaran.

Salió de la regadera, al ver que fuera llovía ligeramente se vistió con un trench negro y sin probar el desayuno esperó al taxi fuera de su casa para que lo llevara a las oficinas centrales de Vogue.

Traspasando las puertas de cristal y el barullo de los teléfonos y gente corriendo llegó hasta su oficina, donde encontró a Rose bebiendo café en su escritorio de la recepción.

- Buen día Rose - saludó - ¿No ha llegado Charlotte? - preguntó con un tono nervioso, esperando que no le dijera que Newhouse lo esperaba en su oficina.

- No señor - dijo ella poniéndose en pie - sin embargo su equipaje está aquí - señaló a una esquina en donde había dos maletas color negro junto a las que el envió el día anterior - y ayer por la tarde llamó para decir que saldrían juntos en cuando ella llegara.

- Gracias - dijo Alex esquivando la mirada - estaré en mi oficina.

- ¿Se encuentra bien señor? - preguntó Rose extrañaba.

- Sí... - dijo él - es mi primera semana de la moda y creo que será algo diferente,

- Lo entiendo - comentó ella - los nuevos pasos siempre son difíciles - y sin más que decir volvió al escritorio.

Alex entró a su oficina e instintivamente tomó el teléfono. Marcó al teléfono de Rupert e impaciente esperó a que el teléfono timbrara.

- ¿Sí?.

- Soy Alex ¿Cómo estás?

- Bien - contestó Rupert - Sólo fue un golpe, me recupero pronto, ¿Y tú?

- Estoy esperando a Charlotte para irnos a Milán - dijo Alex - ¿La prensa no ha dicho nada?

- Nada hasta ahora - dijo Rupert - le dije a mi asistente que no presentaría cargos y que afortunadamente no hubo víctimas que lamentar - hubo una pausa incómoda, como esperando a que alguno de ellos estallara en gritos culpando al otro - ¿Cómo supiste el modelo de mi auto? - preguntó Rupert.

- ¿Recuerdas la primera vez que me llevaste a mi casa? Pues mentí, no tienes mal gusto, ese auto fue diseñado por Frida Giannini, la directora creativa de Gucci. Lo reconocí por las líneas verdes y rojas en el interior.

- ¿Sabes? Lamento haberte gritado de esa manera.

- No Rupert - dijo Alex - lamento haber reaccionado así, lo siento tanto. Juro que te pagaré el auto en cuanto llegue de París.

- Olvídate del auto, al menos estamos vivos.

- No lo digas así - dijo Alex lamentándose - Casi mato a dos personas esta semana y espero que en el avión no pase nada por mi culpa.

- Todo saldrá bien amigo - comentó Rupert - tengo que irme. Hasta luego.

- Adiós, amigo. - Alex colgó el teléfono y se llevó las manos a la cara, notó que los ojos le dolían y que sentía un ligero mareo. Escuchó que llamaban a la puerta, Rose entró y dijo:

- Acaba de llegar su asistente, pueden salir en cuanto usted lo ordene - 

- Gracias Rose - Alex tomó su bolsa de mano y salió, se encontró a Charlotte dando órdenes de que llevaran el equipaje al auto que los llevaría al aeropuerto.

- Buen día señor Davis - saludó a Alex besándolo en la mejilla - nuestro vuelo sale a las 8:30 - Alex consultó su reloj y notó que faltaba más de media hora - llegaremos a Milán a las  10 de la mañana para poder hospedarnos en el hotel y pueda conocer los puntos donde serán las pasarelas y las fiestas.

- Excelente, ¿Nos vamos ya?

- Cuando guste - dijo Charlotte tomando su bolsa de mano y poniéndose un trench color azul marino que cubría su minifalda estilizando sus piernas debido a los zapatos altos que usaba desde que Alex la conoció.

- Entonces vámonos - dijo Alex tomando su bolsa y dirigiéndose a Rose le dijo: - todos los artículos y reportajes manténlos aquí hasta que regrese - abrochándose el trench de doble botonadura agregó: - Espero que estos días puedas descansar de mí - se acercó y la abrazó - hasta dentro de 10 días.

- Hasta luego señor Davis - dijo Rose con una sonrisa en su rostro - ¡Que tengan un excelente viaje!

Ambos bajaron por las escaleras hacia el exterior del edificio, donde un auto los esperaba bajo la ligera lluvia que se cernía desde la madrugada. Alex se adelantó al acercarse al auto y le abrió la puerta a Charlotte, recorriéndose en el asiento para que Alex entrara por la misma puerta.

- Al aeropuerto internacional - ordenó Charlotte al chofer y dirigiéndose a Alex dijo - Como recordará, el señor Newhouse le pidió una cobertura completa de las fashion weeks, al saber que su teléfono es un smartphone, Newhouse me ha pedido que lo modifique para tener cobertura global de Internet, pide que restablezca su cuenta en twitter y que mantenga al tanto a sus seguidores - al escuchar eso Alex sacó su teléfono, abrió Internet y entró a su cuenta que dejó inactiva desde tres meses. Se llevó una sorpresa al notar que aparecía un cuadro de diálogo donde decía que su cuenta estaba verificada y sus seguidores superaban alrededor de 600,000 cuentas.



- ¿Verificaron mi cuenta? - preguntó emocionado - 

- Sí, y como verá a partir de hoy Newhouse estará detrás de usted: leyéndolo y viéndolo a cualquier parte que vaya.

- Woow - exclamó y escribió:


Llegaron al aeropuerto y el chofer los ayudó a bajar el equipaje y se despidió deseándoles buen viaje. Charlotte condujo a Alex a donde tomarían el avión quince minutos más tarde. En una fila donde había gente para tomar el mismo vuelo, esperaron su turno. Delante de ellos había una señora joven con un bebé en brazos que miraba a Alex y reía agitando su sonaja, Charlotte le tomó la pequeña mano y comenzó a Jugar con él.

- Su hijo es muy lindo - dijo Charlotte recogiendo la sonaja que el bebé tiró.

- Gracias, ¿Oíste Chris? la chica dijo que eras muy lindo - dijo la señora que cargaba al bebé y le hablaba en voz melosa. sin embargo Alex se mantenía alejado de la plática - ¿Y ustedes no están planeando tener uno? - preguntó la señora - Por lo que veo son jóvenes y van de vacaciones - dijo, mirando las maletas que tenían ante ellos - serían magníficos padres, tus ojos - le dijo a Charlotte - con una cara tan linda como la del padre - dijo, señalando a Alex con la cabeza - sería una criatura hermosa.

- Ehhh... ¿Gracias? - dijo Charlotte, dejando de jugar con el niño y dando un paso hacia atrás, al ver que la señora era la siguiente en ser atendida.

- Al menos tiene razón en que tus ojos son bonitos - dijo Alex - tratando de romper el silencio incómodo.

- Gracias - dijo Charlotte apenada, dando un paso al frente para hablar con la chica que atendía la fila correspondiente, después de varios minutos Charlotte avanzó con sus maletas y Alex siguiéndole el paso llegaron a una sala para esperar el vuelo.

- ¿Es la primera vez que viajas por negocios? - preguntó Alex fijándose en los cristales empañados debido por la lluvia.

- Sí, había visitado Italia, más no París - dijo - Será emocionante - exclamó, tomando asiento en la sala de espera.

- Y muy ajetreado - dijo Alex sentándose junto a ella al lado del equipaje, y al ver que Charlotte sacaba de su bolsa de mano un libro donde había ilustraciones de desfiles de moda, fotografías de diseñadores y demás datos biográficos, no puedo contener la pregunta - disculpa ¿Que estás leyendo?.

- ¡Oh! ¿Esto? - cerró el libro y en la portada estaba una pasarela vacía con el logotipo de Chanel en el fondo - es que no sé mucho de esto de los desfiles, no sé mucho de moda en general y no quiero pasar la vergüenza de mi vida ante usted.

- Estás usando unos Louboutin y un trench de Burberry - dijo Alex - lograste combinar el glamour francés con la simplicidad londinense con sólo un prenda y unos pares de zapatos, y sí así dices que no sabes de moda no quiero saber que usarás para la fiesta de Burberry el próximo lunes.

- ¿Es eso un halago? - dijo Charlotte poniéndose de pie y tomando sus maletas para subirlas al carrito que estaba esperando por ellas.

- El mejor que hecho - contestó, subiendo sus maletas sobre las de Charlotte.

- Pues gracias - dijo la chica sonrojada, tomando de nuevo su libro y sentándose del lado del pasillo, dentro del avión.

- Por nada - dijo Alex sacando de su bolsa el iPod y los audífonos. Miraba por la ventana que la lluvia cedía poco a poco pero que permanecería nublado todo el día.

- Creo que mejor lo leeré cuando lleguemos - dijo Charlotte, metiendo el libro y sacando su iPod al igual que Alex - llegaremos en una hora y media aproximadamente, en Italia será una hora más tarde por el uso horario, así que puede cambiar la hora del reloj si lo desea.

Alex miró su reloj y lo adelantó una hora, igual que con el del teléfono antes de apagarlo. La azafata explicaba las medidas de seguridad pero Alex ni Charlotte no escuchaban nada, el avión emprendió el vuelo y en silencio sólo Charlotte veía que Alex murmuraba la letra de las canciones que escuchaba con los ojos cerrados. Ella reposó su cabeza en el hombro de él y Alex se dio cuenta de que habían dormido una hora hasta que la azafata les indicó que el avión había aterrizado y eran los últimos en bajar.

Ignorando el hecho vergonzoso de quedarse dormida con la cabeza en el hombro de su jefe, Charlotte fue la primera en bajar del avión seguida de Alex, que encendía el teléfono y se ponía unas gafas de sol que nunca utilizaba. Escribió el siguiente tweet y lo publicó:


- ¿A donde vamos ahora? - preguntó Alex

- Al Hotel Londra - contestó Charlotte, entrando a la sala de espera para recibir el equipaje - está cerca del Pitti Immagine Uomo, donde se llevarán a cabo la mayoría de presentaciones de los próximos días.

- Excelente - dijo Alex guardándose el teléfono y quitándose el trench debido al sol y el calor del lugar - Manda el equipaje al hotel - dijo Alex metiendo el trench doblado en una de sus maletas - y, ¿Que te parece si vamos a comer algo? A partir de mañana no tendremos tiempo para nosotros.

- Como guste señor -  y Charlotte dio la orden de llevar las maletas al hotel y Alex detuvo un taxi detrás del que se había marchado, mantuvo la puerta abierta para que Charlotte entrara y con los dos dentro Alex se dirigió al chofer:

Potrebbe portare a un posto per mangiare la pizza, per favore? - dijo con un acento inglés remarcado.


- Capito, signore. - contestó el chofer emprendiendo la marcha.


- ¿Sabe italiano? - le preguntó Rose sorprendida.


- No, lo traduje en mi teléfono - contestó guardando el teléfono en su bolsa - Como habrás entendido pedí que nos llevara a comer pizza, ¿No hay problema o sí?


- Ninguno señor - contestó Charlotte, mirando el paisaje de monumentos de piedra blanca y el reflejo del sol en los cristales de edificios públicos.


El taxi avanzó entre calles estrechas de un sólo sentido, rodeando plazas con fuentes majestuosas y se detuvo frente a una plaza pública, que estaba rodeada por restaurantes internacionales. Bajaron del auto y Alex pagándole al chofer se despidió de él:


- Grazie - y dirigiéndose a Charlotte añadió - Eso todo mundo lo sabe - a lo cual Charlotte sólo pudo reír abiertamente. Y mirando alrededor Alex sugirió: - ¿Que tal ese restaurante de allá? - apuntó al lado opuesto de la plaza, Charlotte asintió y cruzaron la plaza. Esquivando a niños que corrían y viendo el vuelo de las palomas a su paso siendo alimentadas por personas de la tercera edad, llegaron a un local que era restaurante  en la planta baja y cafetería en el segundo piso.


Se instalaron en una mesa en el centro del lugar cuando un mesero se les acercó extendiéndoles una carta con el menú. Como todo estaba escrito en italiano Alex preguntó a Charlotte que le apetecía comer, a lo cuál contestó:


- Cualquiera está bien, excepto los champiñones, me dan alergia - y al escuchar la sugerencia Alex pidió una pizza mediana con queso parmesano, cerezas y tocino, junto con sodas de cola.


- ¿Es la primera vez que viene a Milán? - preguntó Rose, antes de servirse una rebanada.


- Sí - contestó Alex antes de morder la ración que tenía en la mano - y llámame Alex, decirme "señor" me hace pensar que soy viejo, y con lo que dijo la señora del aeropuerto en Londes comienzo a creer que mi vida pasa rápido.


Charlotte disimulaba una sonrisa.


- ¡Anda, ríete! - dijo Alex sarcásticamente - 


- Lo siento señor - dijo Charlotte, y al ver la falsa mirada de enojo de Alex corrigió - lo siento Alex.


- Bien, me has devuelto el vigor de la juventud - dijo Alex tomando un trago de soda - Cuéntame de ti, pasaremos nueve días y sólo sé tu nombre.


- Nací en Londres, en Manchester. Mi padre tiene una tienda de electrodomésticos y mi madre un salón de belleza. Estudio la carrera de relaciones públicas y presiento que tengo el empleo que miles de personas desearían tener justo en este momento.

- Quizá tengas razón - dijo Alex sirviéndose una rebanada de pizza - vienes a Milán con todo pagado, verás colecciones de grandes diseñadores, hoteles cinco estrellas y representas la biblia de la moda para su edición masculina... - después de unos segundos añadió - eso es bueno.

- Dicen que trabajar para Vogue abre muchas puertas - comentó Charlotte - así que por eso estoy aquí - dijo tomando un pedazo más de pizza - obteniendo una recomendación que me haga subir a cualquier lugar que yo quiera con sólo mostrar su firma.

- Me sonrojas, de verdad - dijo Alex sarcásticamente - la verdad no soy tan influyente como me retratan - confesó - soy tan normal que tengo que sacar la basura todos los días y lidiar con el pago de la energía eléctrica de mi casa. No soy una deidad que mueve masas con un dedo.

- Me sorprendió la sencillez con las que tratas a los empleados - dijo Charlotte en confianza, ya que Alex le había permitido hablarle de "tú" - Eso habla bien de un jefe.

- Gracias - dijo Alex, sonrojándose de verdad - ¿Nos vamos? Quiero llegar al hotel a ducharme y salir de compras.

- Pensé que los diseñadores les regalaban ropa en los desfiles - comentó Charlotte poniéndose en pie.

- Error - corrigió Alex - lo hacen en las tiendas, pero como aquí no soy nadie tendré que utilizar mi tarjeta de crédito por primera vez - Alex sacó de su bolsa la cartera y extendió la tarjeta de crédito al mesero para que cobrara la comida. Después salieron a la calle y tomaron el taxi hacia el Hotel londra, cuyas habitaciones estaban de Alex y Charlotte estaban en el último piso.

En la recepción les entregaron las llaves de dos habitaciones separadas. Al llegar a su piso notaron que al fondo del pasillo estaban sus habitaciones una frente a la otra.

- ¿Quieres acompañarme? - dijo Alex abriendo la puerta de su habitación - Me refiero a... Ir de compras - se apresuró a aclarar.

- Me gustaría dijo Charlotte - abriendo la puerta de su habitación - pero tengo que planear el programa de mañana: horarios, transporte y necesito que me diga a que fiesta asistirá mañana por la noche - dijo, buscando en su bolsa unas hojas dobladas con el programa de los cuatro días de Milán, los desfiles a los que fue invitado y las fiestas en las que se le envió invitación -

- Ok, te confirmo después - dijo Alex tomando las hojas dobladas y entrando a su habitación.

- Alex... dijo Charlotte desde el marco de su puerta - y gracias por la comida de hoy.

- De nada - contestó Alex desde su habitación, cerró la puerta y escuchó que la de Charlotte se cerraba al mismo tiempo. Dejó los papeles sobre una mesa junto a la puerta y comenzó a desabotonarse la camisa, abrió la maleta en la que había doblado un poco de ropa cuando escuchó su teléfono.

- ¿Sí? - contestó.

- Soy Rupert -

- ¿Está todo bien? - preguntó, después de aquella mañana olvidó por completo el percance, olvidó que había escapado de la justicia y que le debía un auto a Rupert.

- Sí, todo bien. No presenté cargos y no especulará más del asunto, envié un comunicado de prensa y lo mejor de todo es que mi auto puede repararse, al parecer no fue tanto el daño como lo vimos esa noche.

- Lo siento tanto Rupert - dijo Alex despojándose de su camisa - manda la factura a la oficina, en cuanto regrese te pagaré los daños.

- Estuvimos justos en esto amigo - dijo Rupert - así que sólo págame la mitad y todo arreglado.

- Está bien, manda la factura y te pagaré. Me tengo que ir, saldré de compras antes de esclavizarme en un front row.

- Sí, como digas - contestó Rupert - hasta luego.

- Bye - Alex colgó el teléfono, se desnudó y se metió a la ducha. Saliendo del baño notó que la decoración de la habitación era minimalista, muebles blancos son pequeños detalles de color, había lirios en los floreros y los cojines, sábanas y demás elementos decorativos eran de color café o negro.

Se visitó con unos jeans, unos mocasines negros y una camisa de manga corta, tomó su cartera teléfono y salió.


Mientras tomaba el taxi y le explicaba al chofer el destino tomó su teléfono y escribió:


Veinte minutos después llegó a un centro comercial de varios pisos de altura, el lugar estaba rodeado de jardineras y una iluminación fría en el interior estaba presente aunque fuese de día. Dentro del centro comercial encontró marcas como Pal Zileri, Burberry, Alexander McQueen, Roberto Cavalli y Ermenegildo Zegna. En cada una de ellas compró un traje completo para cada día de la semana de la moda de Milán y algunos complementos, como una fedora de McQueen, corbatas de Cavalli y un trench color blanco de Burberry.

 
Cargado de bolsas en los dos brazos y con dificultad para beber su café frío tomó un taxi para que lo llevara al Hotel Londra de regreso y revisar el horario de mañana.

Al salir por el ascensor son dificultad por sus bolsas vio a Charlotte saliendo de su habitación.

      -          Veo que encontró todo lo que quería – comentó Rose

      -          Eso y más – Alex dejó caer las bolsas al suelo para buscar la llave que le dieron en la recepción.

     -          El primer desfile de mañana es de Corneliani a las 9:30 en el Pitti Uomo – dijo Charlotte – el taxi nos esperará mañana media hora antes para llevarnos al lugar.

      -          ¿Vas a salir? – preguntó Alex

     -          Bajaré a la recepción – dijo dirigiéndose al elevador – mandarán las invitaciones a algunas fiestas que venían por separado con las invitaciones al desfile y aprovecharé para conocer el hotel.

      -          Bien – dijo Alex – abriendo la puerta por fin – hasta luego.

Entrando a su habitación colgó los trajes en el armario, dobló las bolsas de compras y las metió en la maleta vacía. Se despojó de los zapatos y andando descalzo tomó las hojas de papel con los horarios del resto de la semana. El primer día de la semana de la moda tendría libre a las once treinta de la mañana, entre los desfiles de Ermenegildo Zegna y Costume National Homme. Lo que les daría tiempo a ambos de tiempo de ducharse o por lo menos desayunar en un día tan ajetreado.



Porque el día siguiente sabía no tendría tiempo ni de respirar.


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En este capítulo exageré demasiado (de hecho en todos los referentes a la semana de la Moda) ya que los editores en jefe SI son invitados a desfiles y fiestas, pero no a tantos como en el caso de Davis, me sentí atraído a que fuera a todos y cada uno de ellos por el hecho de ser un personaje emergente en el mundo de la moda masculina.
¿Por qué Venecia? Porque las semanas de la mda están perfectamente cronometradas, y después de ésta seguiría la de París.