XCI - La fiesta de Burberry



- ¿Estás vivo, cierto? – preguntó Ben al lado de la cama de Chris, notando como el cuerpo de su compañero de habitación permanecía inmóvil. Al mínimo movimiento de Christopher, Ben tomó el colchón por un lado y lo volcó, haciendo que éste cayera al suelo. 

- ¿¡Qué diablos te pasa!? – Preguntó furioso - ¿Quieres matarme o qué? 

- Si no lo hago yo lo hará tu padre, los desfiles comienzan en treinta minutos y por lo que veo tu cabello necesitará siglos para encontrar su forma. 

Tras refunfuñar y vestirse en el baño con lo que Ben encontró “adecuado” en la maleta de Chris. Ambos salieron al pasillo, esperando a que Alex saliera para comenzar una jornada que pareciera interminable. 

- El auto está abajo – dijo Ben, sin dar los buenos días a Alex cuando éste salió de su habitación – nos llevará a los desfiles de Corneliani, Ermenegildo Zegna y Costume National Homme. Después del almuerzo una limosina nos trasladará al Pitti Uomo, para las presentaciones de Gabbana, Jil Sander, Frankie Morello, Burberry, John Varvatos, Neil Barrett y Roberto Cavalli. 

Mientras Ben leía la lista de desfiles que tenían para ese día, Alex parecía no escucharlo. La intensidad de su mirada parecía multiplicarse por diez tras los anteojos cuadrados que sacó del bolso de su blazer. Chris no entendía porque Ben seguía con su discurso de los horarios si su padre no le prestaba atención, pero durante su estancia en Vogue comprendió que los empleados de su padre no conocían el significado de “exageración” en el trabajo. 

Mientras caminaban por el pasillo, Chris como Ben se dieron cuenta de que los demás editores y sus asistentes cedían el paso al salir de sus puertas, un gesto que Alex no se inmutó en distinguir. 

Fuera del hotel, varios autos idénticos esperaban a que fueran abordados para transportar a los hombres más influyentes del mundo de la moda masculina. Christopher tomó asiento en la parte trasera del primer auto que Ben abordó junto con su padre. Las calles de Milán reflejaban el sol en sus blancos muros y sus estrellas calles parecían salidas de una historia de la edad media. Para Chris, aquello no era más que un recorrido dominical. Para Ben, era la razón de trabajar en Vogue. 

En la alfombra roja de Corneliani, fotógrafos de medios locales e internacionales llamaban la atención de los presentes para capturar una imagen de ellos. Fueron pocos los que se fijaron en la llegada de Ben, quién mantenía una sonrisa casi natural a la llegada al evento. Dentro del recinto donde se llevaría a cabo el desfile, Alex tomó asiento en primera fila junto a Scarlett Johansson y David Gandy, justo delante de Ben y Chris, cuyos asientos reservados para los asistentes estaban detrás de los editores e invitados. 

- Oye Ben... – Susurró Chris, para llamar la atención de éste - ¿Quién es él? – preguntó, al ver a un hombre cuyo rostro no conocía. El aludido charlaba junto a Amir Pamuk y Narel Clements, por lo cual Christopher supuso que sería una persona importante. 

- Es Francois Ledupiere – contestó Ben en un murmullo – el editor que Vogue París que suplió a Tom Ford hace dos meses... hace lo mismo que Ford, pero con menos dinero. 

Durante el desfile, Chris no pudo ocultar mostrarse aburrido. A pesar de la música a todo volumen y el juego de luces de la pasarela, aquello le parecía ser un centro nocturno en donde estaba prohibido divertirse. 

Entre el lapso de descanso de los desfiles de Ermenegildo Zegna y Costume National intentó comunicarse con Ashlee, pero al parecer su teléfono se empeñaba en sumarse a hacer de su día un completo desastre. 

Durante los desfiles restantes, Domenico Dolce le habló a Alex acerca de hacer una campaña junto con Christopher, el cuál negó pertenecer a una agencia de modelos. Jil Sander le entregó en sus propias manos prendas de la colección que vieron en pasarela y Frankie Morello insinuó que sería un rostro perfecto para su nueva colección de gafas de sol. 

- ¡Déjame ver eso! – exclamó Ben, arrebatándole la bolsa de las manos a Chris al llegar a su habitación. En el interior había corbatas de moño, algunas bufandas de primavera y pulseras de piel con remaches de acero - ¿No las quieres verdad? 

- Al parecer tú sí – comentó, al ver como Ben revolvía la bolsa de arriba abajo – quédatelas. Creo que se verán mejor en ti – sin pensarlo dos veces, Ben sacó una corbata de moño para apreciar más el color. Christopher sabía que en la mente de ben se habían creado cientos de combinaciones de camisas con esa corbata, pero en verdad poco le importaba – Oye ¿No vas a comer algo? – Preguntó – tenemos una hora libre antes del próximo desfile, ¿Quieres que pida que te suban algo? 

- Eh, si... Iré con tu padre a mostrarle el avance de las fotografías en Alaska, también necesita elegir a una chica Vogue para la siguiente edición y que apruebe la elección de los coordinadores. 

- Si como sea – dijo Chris, tirándose en la cama para tomar el teléfono - ¿Sí? Hablo de la habitación 104 del último piso... por favor suba una hamburguesa con carne y tocino... Una soda de naranja... Si, grande... Papas fritas unos sobres de kétchup y un helado de chocolate, de esos que tienen nueces enteras... ¡Ah! Y una ensalada de frutas con agua natural – añadió, recordando a Ben – Gracias – tras colgar el teléfono el asistente de su padre entró a la habitación, deshaciéndose de sus mocasines en el piso para recostarse en el sillón. 

- Tu padre irá a la fiesta de Roberto Cavalli – comentó, boca abajo en el sofá de la sala. 

- ¿Y? – preguntó Chris, tratando de marcar desde su celular a Ashlee, pero sin éxito 

- iremos con él ¿no es fabuloso? 

- Si tú lo dices 

- Oye, cambia de actitud ¿Quieres? Un millón de chicos matarían por estar en tu lugar. ¿Tienes idea de a cuanta luminaria vamos a ver en esa fiesta? 

- Ajá... – contestó vagamente, mirando en su teléfono como la llamada no se podía conectar. 

Minutos después llamaron a la puerta, fue Chris el que se encargó de abrir al chico tras el carrito de comida. Al abrir la charola con la ensalada de Ben, Christopher se preguntó cómo alguien podía vivir comiendo lechuga y manzana toda la vida. 

- Me sorprende que quepas en esos pantalones comiendo eso – comentó Ben, viendo como Chris devoraba su hamburguesa como un perro sobre un hueso - ¿Estás seguro de que tu madre te alimenta bien? 

- Pog supuegto – contestó éste con la boca llena – eg pog ejo que apovejo ahoga que no ejta ¿Quiegues? – Christopher le ofrecía papas fritas con demasiada cátsup, las cuales Ben miró con desconfianza. 

- No gracias, aún quiero que mis arterias tengan un buen tránsito – después de ingerir su comida de conejo, Ben veía la televisión mientras Chris saboreaba su helado de chocolate. 

- ¿Qué más hay hoy? – preguntó Chris, como si quisiera sacarse de la manga un plan para ejecutar un aburrido domingo por la tarde. 

- El desfile de Burberry, que por lo general siempre es el mejor de Milán, John Varvatos, Neil Barrett y Roberto Cavalli – recito Ben de memoria. 

- ¿Y dónde es la fiesta? ¿Ah? – preguntó de nuevo, tratando de alcanzar con la lengua un pedazo de nuez en el fondo de la copa 

- En el salón de un hotel a unos kilómetros de aquí - y si yo fuera tú, me cambiaría de camisa para no demostrar que soy adicto al azúcar – comentó, señalando una mancha de chocolate en el cuello de la camisa del chico. 

- ¡Diablos! – Chris dejó la copa vacía sobre la mesa y corrió a cambiarse de prenda. Más que hacerlo por verse bien para un evento a la altura de las más grandes pasarelas del mundo, lo hacía para que su padre no lo mandara a lapidar en cuanto viera aquel desastre. 

- ¿Confirmaste la fiesta de Cavalli? – preguntó Alex a Ben en el auto, camino a los últimos desfiles del día. 

- Si Alex... 

- Bien, mañana a primera hora hazme llegar el boletín con los recados de la oficina, necesito las fotografías de Sean O’Pry con Richardson y los accesorios para ese especial de hogar. Llama a Lagerfeld y hazle la propuesta de una editorial fotografiada por él, por último dile a Adidas que cambie a su modelo para la sección de asociación... Ese chico canadiense es... obeso, les especifiqué que quería a un atlético saltador de ski, no a un pingüino resbalando por una montaña. 

Alex salió del auto alisándose el trench color azul tras pronunciar las órdenes a Ben, el cuál anotaba con velocidad vertiginosa en una libreta cubierta en piel que siempre cargaba con él. Dentro del desfile de Burberry, Christopher notó como las cámaras captaban cada momento y espacio del lugar, sin que comenzara el desfile aún. 

- No me sorprende que tengan cámaras en el baño – comentó a Ben, el cuál sonreía de manera natural ante cualquier cámara que transmitía para internet. En una de las paredes del lugar estaba proyectado un reloj que caminaba hacia atrás, indicando que faltaban 10 minutos para el comienzo del desfile. 

- No veo a George – dijo Ben, ya sentado en su respectivo lugar 

- Debió estar ocupado – comentó Chris – haciendo algo más interesante que esto – el chico agradeció que Ben no notara el sarcasmo en su voz. Ben clavaba la mirada en unos lugares frente a ellos, del otro lado de la pasarela, donde Cara Delevingne y Eddie Redmayne se tomaban de las manos y se mostraban afecto sin pensar que aquello era un desfile de moda y no una plaza pública. 

- ¿Qué no era ella pareja de George? 

- Oh sí... Hace mucho, es amiga de mamá. Dejó a George por Eddie cuando George se veía a escondidas con Diana. 

- ¿Por qué sabes todo eso? – preguntó Ben asombrado. 

- Es amiga de mamá – repitió, como si aquello respaldara todo. 

Al terminar el desfile, tanto Cara como Eddie y Christopher Bailey saludaron a Alex, el cuál le dirigió las mismas palabras que Chris notó, su padre le decía a todos los diseñadores por su trabajo: 

- En verdad es increíble, muero por mostrarlo en la revista cuando antes. Tu trabajo es impresionante. Lo mejor que he visto en años. 

En los tres últimos desfiles del día, Christopher estaba cansado de la música mezclada en su cabeza: la instrumental de Burberry y la presentación en vivo de The Sunshine Underground en el desfile de John Varvatos era un golpe incesante dentro de sus tímpanos. En el baño del cuarto del hotel disfrutaba del silencio cuando Ben irrumpió en la puerta, haciendo que el chico se sobresaltara y mojara la tapa del baño. 

- ¡Diablos Ben! ¿Acaso en Vogue no conocen el significado de la privacidad? – preguntó furioso, subiéndose el cierre del pantalón y lavándose las manos. 

- Tu padre canceló la fiesta de Roberto Cavalli – comentó, como si el cometa Halley se saliera de su órbita y viniera hacia la tierra – quiere confirmar la fiesta de Burberry, Bailey le regaló el trench que llevó hoy al desfile, ¡Dios! ¡Todo mundo sabe que Alex odia eso! 

- ¿Odiar qué? 

- Que prendas de la colección apenas presentada sean vistas en personas horas después de la pasarela. Es como si el concepto de exclusividad no importara demasiado. Y créeme: A tu padre le importa demasiado – comentó Ben, sacando de una pequeña bolsa de viaje un peine y unas pequeñas tijeras, las cuáles usó para cortar de manera milimétrica algunos vellos de su barba y bigote – toma mi agenda, llama a Burberry y confirma a Alex, yo llamaré a Cavalli y cancelaré la fiesta. 

Christopher tomó la libreta en piel que Ben no soltaba desde que llegaron de Londres y escuchó como en el cuarto de baño Ben parecía hablar con nadie. 

- Hablo de parte de Alexis Davis, hubo un pequeño contratiempo y al parecer no podrá asistir a la fiesta del señor Cavalli... Bien, gracias. - y sin más que decir terminó la llamada. 

- ¿Sí? Hablo de parte de Alexis Davis... Sí, al parecer asistirá a la fiesta que el señor Bailey ofrecerá... ¿Quién más irá? Bueno, somos yo y Ben... ¿Qué quién soy yo? Su hijo... No, no su hijo, el hijo de Alexis... Christopher... ¡Váyase al diablo! ¡Sólo ponga dos sillas más! – exclamó, al notar que la voz femenina había hecho que perdiera los estribos por completo. 

- ¿Qué fue eso? – preguntó Ben, saliendo del baño 

- Oh nada... Confirmé la fiesta, eso es todo. 

- Bien... ¿no irás vestido así cierto? Harás que a Bailey le dé un infarto. 

- ¿Qué tiene de malo? – preguntó, notando que sus tenis estaban limpios y en su camisa no había chocolate. 

- Dime... ¿Qué tiene de bueno? Vas a una fiesta con el mejor diseñador de Inglaterra, no a un concierto de The Kills, ahora trata de buscar en tu maleta algo decente en menos de quince minutos. 

Maldiciendo en voz baja, Christopher no tuvo otra opción más que usar la ropa que su madre le preparó para el viaje: Unos trajes que lo hacían entrar en competencia con los de su padre, aunque supiera que la batalla estaba perdida. 

- Te ves más... fuerte – dijo Chris en el ascensor, en verdad había notado que los brazos de Ben estaban más fornidos que antes. 

- ¿En serio? Es la rutina de ejercicios de tu padre. Es mortal, pero con resultados envidiables – Ben mostraba su bícep derecho y de cómo a la mínima flexión amenazaba con romper las costuras de su blazer. En el lobby del hotel, encontraron a Alex charlando con Macario Jiménez de Vogue México, el cuál escuchaba del relato que Alex le contaba y sonreía de oreja a oreja. 

- ... Es en serio, México es un lugar increíble, no dudaré en elegirlo como destino para la guía de viajes en Diciembre... Oh, mira, éste es mi hijo Christopher. 

- Mucho gusto Christopher – saludó Macario, con un inglés con remarcado acento latino – veo que comienzas a interesarte en este mundo. 

- Bien, creo que estoy evaluando las opciones – contestó, tras estrechar la mano del editor. 

- Iré con Macario, los veo en la fiesta – dijo Alex, dejando a Ben y a Christopher parados en el lobby, mientras tomaba a Macario por los hombros y caminaba hacia la entrada del hotel. 

- Alex necesita a uno de nosotros siempre junto a él por si se le ofrece cualquier cosa – comentó Ben en el auto camino a la fiesta – por lo general tu padre no está más de dos horas en uno de éstos eventos, así que tomaré la primera guardia de treinta minutos, tendrás sexo con alguien y me cubrirás, ¿Entendido? – El plan de Ben parecía muy adecuado, excepto la parte de tener relaciones con alguien. 

En la fiesta, Chris pudo notar que los presentes eran los mismos que habían asistido al desfile aquella tarde. Cara y Eddie se demostraban cariño más que antes en una mesa lejana mientras que Alexa Chung charlaba con el diseñador junto a una pantalla que transmitía la pasarela una y otra vez. 

- Ven Chris, quiero presentarte a alguien... – dijo su padre, tomando al chico del brazo haciendo que su martini (tomado a escondidas) se balanceara peligrosamente – Chris, él es John Caplan, el presidente de la agencia de modelos Ford. 

- Mucho gusto señor – saludó Chris, ocultando la copa en su otra mano. 

- Es un placer conocer en persona a Christopher Davis – comentó John – hijo de una leyenda. No me sorprendería si fueses inmortal – agregó con una carcajada - ¿Sabes? Tu padre me habló de ti y me contó que podrías tener aptitudes para el modelaje, si te interesa, sólo llama – dijo, metiendo en la bolsa del blazer de Chris una tarjeta – disfruten la velada. 

- ¿Qué tan importante es Ford Models? - Preguntó Chris a Ben, al momento de cambiar de turno 

- Es la primera agencia a la que Alex recurre cuando necesita un modelo. Es la prioritaria en el catálogo de caras frescas. 

- ¿Y quién es él? – preguntó de nuevo, ahora señalando a un hombre bajo y ligeramente bajo que charlaba con su padre. 

- Él es Bernard Arnault – comentó - ¿Por qué? 

- Hablaba de negocios con mi padre... Mencionó algo acerca de ser accionista minoritario. 

Esas simples palabras hicieron que Ben casi se atragantara con su bebida. Sus ojos casi se salían de sus cuencas y su garganta parecía cerrarse herméticamente. 

- ¡Debe de ser una broma! ¡Bernard es el rey del lujo! 

- ¿El qué? 

- ¡Él es el presidente del grupo LVMH! Es dueño de marcas como Louis Vuitton, Dior, Givenchy... ¡Es el cuarto hombre más rico del mundo! 

A Chris no le parecía que aquel hombre encorvado y con canas le diera aspecto de ser tan millonario y poderoso. Parecía más un viejo que se queja de los titulares del periódico que un inversionista afamado. 

De regreso al hotel, Ben trataba de ocultar su aliento alcohólico asintiendo a todo lo que Alex le comentaba. En el último piso, Alex pidió hablar con Chris antes de que entrara a su habitación. 

- Sé que me dijiste que quieres hacer eso que te propuso George, pero deberías ver más opciones acerca de tu futuro... No te estoy obligando a nada – comentó – al ver que su hijo trataba de replicar – sólo quiero que abras los ojos a más de una elección. Hasta mañana – se despidió, buscando la llave de su habitación, al notar que Chris aún no entraba a su cuarto, se dirigió a él de nueva cuenta - ¿Quieres que te cuente un cuento? ¿O...? 

- No gracias, ya estoy grande para esas cosas... 

- Si, lo noté... Y si yo fuera tú, no me escondería para tomar un martini.


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En sí, todos los capítulos de la semana de la moda demuestran el poder y respeto que Alex impone ante los demás editores y asistentes del mundo, sin que Chris lo notara, por supuesto. Como habrán leído Tom Ford fue sustituido años después de que Vogue se escindiera, ya que el reemplazo era más económico que las publicaciones del diseñador.