- ¿Llamaste a Richmond? – preguntó Alex una vez más, con menos paciencia que en la ocasión anterior.
- Eso intento pero no entra la llamada – dijo Chris, caminando detrás de su padre y Ben hacia el ascensor para que un auto los llevara a los desfiles. Intentaba marcar desde su celular al número personal del diseñador pero sus intentos habían sido fallidos.
- ¡Dame eso! – susurró Ben, arrebatándole el aparato a Chris de las manos para marcar, segundos después en los que se escuchó un tono de llamada Ben le puso el teléfono a Christopher en el oído para que pudiera escuchar la voz del diseñador.
- Señor Richmond, Alexis Davis quiere hablar con usted – dijo, imitando la seriedad que cualquier telefonista de Vogue usaba en su voz al contestar una llamada. Rápidamente le pasó el teléfono a su padre, el cual lo tomó antes de que las puertas del ascensor se abrieran de par en par.
- Hola John, lamento no llamarte antes, los celulares son un dolor de cabeza cuando viajas – comentó Alex, al encontrarse con el diseñador en la planta baja del hotel, le regresó el teléfono a su hijo y caminó junto con Richmond olvidándose de que bajó del elevador acompañado.
- ¿Me estuvo presionando para llamar a una persona que estaba en este mismo hotel? – preguntó a Ben sin darle crédito a lo que había sucedido.
- Richmond siempre ha sido un maldito adulador - comentó Ben, subiendo al auto que estaba detrás del que Alex arribó junto con John – ha venido a recogerlo en persona porque sabe que eso hincharía las pústulas de los demás diseñadores. Pero claro, tu padre vale más que un chofer.
Y al parecer Chris pareció entender a lo que Ben se refería: A su llegada al desfile, el mismo diseñador lo condujo a su lugar, donde la bolsa de regalos de Alex era más voluminosa que la de los demás asientos en primera fila. Christopher pudo notar de reojo que a su padre le había obsequiado una fedora, la fragancia para caballeros, cinturones, bufandas y un par de zapatos. Mientras que Ben y él veían sólo corbatas y calcetines.
- En verdad es fabuloso, no puedo esperar a mostrarlo en la revista. Tu trabajo es increíble. Lo mejor que he visto – decía Alex a John, lo cual era una señal clara de que tenían que llamar el auto para asistir al desfile siguiente.
Frida Gianini (diseñadora de Gucci) no reparó en la presencia de Christopher y mucho menos en la de Ben. Etro, Z Zegna, Canali y Gazzarrini fueron los desfiles que Chris predijo como los más aburridos, música de orquesta, un espectáculo casi a oscuras y canciones de los ochentas hicieron que Christopher sintiera el mismo efecto que la anestesia general.
- Moschino y Versace se llevarán a cabo en el Pitti Uomo - comentó Ben, presionando el botón del ascensor que los llevaría a sus habitaciones – si se confirma la fiesta de Versace, el auto pasará a las 8:30, Frida Gianini mandará un vehículo a las 8:45 si asistes a la fiesta de Gucci y John Richmond vendrá personalmente otra vez a las 9:00 si quieres que lo llame – recitó Ben, haciendo en remarcado y gruñón énfasis en el “otra vez” que involucraba a John Richmond.
- Christopher, confirma la fiesta de Versace, has que mi lugar esté en la misma mesa de Donatella, que el auto pase a las 8:45 y quiero que estén listos 20 minutos antes... Y si su hija asiste, necesito que cuides de ella-
Dejándolos en el ascensor con esas órdenes, Alex salió hacia su habitación, ignorando a los demás asistentes que susurraban a su paso.
- ¿Cuidar de ella? – Preguntó incrédulo - ¿Qué acaso la tipa esa no puede pagar una niñera? Pff. Ya oíste Ben... – dijo Chris – llama, confirma y todo eso...
- ¿Por qué tengo que hacerlo yo?
- Porque de lo contrario tendré una amena charla con Brenda acerca de lo sucedido – contestó, entrando a la habitación que compartían.
- Maldito engendro – susurró Ben
- ¡Escuché eso! – gritó Chris desde la cocina - ¡Le diré a papá! – agregó, como un hermano menor atrapa al mayor haciendo una travesura.
En punto de las 8:45 una limosina esperaba frente al hotel, Donatella se había tomado la molestia de enviar vehículos parecidos para todos los editores de Vogue, por lo cual Alex, Chris y Ben compartieron el auto con Paulo Toreto de Brasil y Hamish Bowles de Estados Unidos.
Cuando Christopher bajó de la limosina se encontró con un club nocturno de máxima exclusividad. Los hombres que imaginaba musculosos y rudos en las entradas del lugar fueron sustituidos por modelos de cuerpo atlético y sonrisa cincelada a mano.
- La hija de Donatella siempre encuentra estas reuniones aburridas – comentó Ben, haciendo que Chris respingara por pensar que había leído su mente – No sabes la suerte que tienes – comentó, antes de entregar su invitación para que Alex se adentrara en la fiesta. Dentro del lugar, la música electrónica apenas dejaba lugar al sonido de sus pensamientos, las luces eran tan brillantes que daba la apariencia de cerrar los ojos y abrirlos frente a un faro en la bahía.
Una de las chicas organizadoras del evento los condujo hasta la mesa que la diseñadora compartía con sus invitados especiales. Se podía ver a Rihanna y Patrick Dempsey a su lado.
- Bienvenido querido – Donatella se había puesto de pie para recibir a Alex, besándolo en ambas mejillas – es un placer que vinieras, en verdad estoy halagada.
- El placer es mío Donatella, él es Ben, mi coordinador de moda – Alex le presentó a su asistente, al cual la diseñador sólo saludo con un apretón de manos – y mi hijo Christopher – señaló a su hijo y el gesto de Donatella cambió radicalmente
- Dio mio! Quel bellissimo ragazzo! – Exclamó en italiano con su voz chillona, abrazando a Chris y besándolo en ambas mejillas como a su padre, Chris no pudo evitar mirar a la mujer: Llevaba tanto maquillaje en la cara y la ropa tan sorprendentemente ceñida que parecía una caricatura de sí misma - ¿Dónde lo escondiste todo este tiempo? – preguntó Donatella a Alex.
- Es su primera vez en las semanas de la moda – contestó orgulloso – está ansioso por conocer a tu hija.
- ¡Por supuesto! – sin agregar palabra tomó la mano de Chris y lo condujo por un camino serpenteante ante algunas mesas, hasta que llegó a una ocupada por chicas con vestidos suntuosos y elegantes.
- ¡Allegra! ¡Veti, saluta questo signore! – exclamó, llamando con la mano libre a una de las chicas, la del vestido rojo y flagrante se puso de pie con cara de aburrimiento total y se acercó a su madre.
- Es Christopher Davis – comentó – hijo de Alexis.
- Mucho gusto Christopher – saludó la chica con acento italiano y más presteza de la que podía aparentar, Christopher no podía creer que por un momento pensó en alimentar a un bebé con mamila o jugar con sonajas – Finalmente cosa buona nel suo partito – dijo a su madre – ven Christopher, te presentaré a mis amigas – la chica lo jaló hasta su mesa y al instante se vio rodeado de las chicas con peinados sofisticados y joyería radiante – Ella es Bianca, Grazia y Dorea – cada una de las aludidas se identificó con un gesto de cabeza, una sensual sonrisa o un guiño de ojo enmarcado en fabuloso maquillaje. Ninguna de ellas superaba los cincuenta kilos de peso, pero su piel y uñas valían más que la delgadez de sus brazos.
- Es un placer chicas – contestó Chris en shock, nunca se había visto rodeado de mujeres tan impotentes y sumamente sofisticadas – Si me disculpan, tengo que...
- Ven conmigo un momento – dijo Allegra, conduciendo a Chris por entre las mesas con suntuosa habilidad. La chica no le quitaba la mirada de encima, Christopher no sabía si era por su ropa que había elegido para la noche o tenía algo entre los dientes, aunque en sus adentros trataba de convencerse que no fuera lo que él pensaba.
- ¿A dónde vamos? – preguntó éste, esperando que su padre no lo llamara en ese momento
- Vamos a pedir una copa para ti, y una más para mí. Después te enseñaré a bailar.
- ¿Qué te hace pensar que no sé bailar? – Preguntó ofendido, dejando su copa vacía en una mesa – Para tu información, soy un bailarín con dotes naturales.
- Bien, entonces demuéstramelo – Allegra lo había conducido a la mitad de la pista de baile, en donde la música pareció estar del lado de la chica, porque el ritmo se tornó más lento y pausado.
La chica se abrazó al cuerpo de Chris, ella olía la colonia masculina del chico, un clásico como Polo Sport. Sus caderas se movían con naturalidad al son de la música. Se deslizaban por la pista de baile mientras ella le cantaba al oído. El resto del lugar se tornó borros, apenas era consciente de la presencia de otros bailarines y alguien estaba proponiendo un brindis por algo, pero en ese momento lo único nítido era Christopher y Allegra.
En algún lugar remoto de la mente de Christopher, algo le recordaba con insistencia que el cuerpo junto al suyo no era el de Ashlee.
- Lo siento... Me siento algo mareado, voy a tomar aire fresco – Christopher se alejó de la pista sin importar que las demás parejas le reclamaran a su paso los empujones que provocó.
En el jardín las luces del interior eran prácticamente nulas, sólo la luna y unas farolas eran la fuente de iluminación del campo abierto. Respiraba profundamente tratando de olvidar el sabor de champán de sus labios cuando su teléfono timbró dentro de su blazer.
- ¿Hola?
- ¡Chris! ¿Qué hay viejo?
- ¡Jimmy! ¡Hola amigo! – Christopher se alegró de escuchar una voz diferente que no fuera la de su padre, Ben o Ashlee – Estoy en la fiesta de Versace ¿Nada mal, eh?
- Si como digas. Oye viejo, no vas a creer esto, Mercury Records está buscando a nuevas bandas para que abran los conciertos de las próximas semanas.
- ¿En serio? ¡Es increíble!
- Lo sé amigo, pero necesitamos mandar un demo en unos cuantos días.
- Bien, tenemos algo grabado... No sé, Mike tiene algunas...
- Nos quieren escuchar en vivo amigo – interrumpió Jimmy – es parte de la audición ¿Crees estar aquí en tres días?
- ¿¡Tres días!? – Christopher veía como la oportunidad de su vida se le escapaba de las manos como un pájaro al viento, le faltaba la semana de la moda de París, y aunque hablara con su padre sabía que llevaba las de perder.
- No lo sé... Oye conozco a George Craig, es amigo de papá. Podemos hacer que nos pase la audición en vivo.
- Al menos inténtalo dude, ¡Es Mercury Records!
Christopher sabía de sobra lo que significaba Mercury Records, lo que ignoraba era si su padre lo entendería.
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El
acercamiento anterior de George y Christopher en Mercury no fue por casualidad.
Alex siempre tuvo en cuenta el gusto por la música de su hijo y buscó la forma
(indirecta) de ayudarlo. Fue así como contactó a George, quién contactó a Jimmy
quien contactó a Chris.
