XCIV - El reencuentro



- ¿No es genial? Unos cuantos desfiles más hoy y nos largamos a París 

- ¡No grites! La cabeza me explotará – dijo Ben, sentado frente a Chris – Y sí ¡Es increíble! - Exclamó Ben, dejando a medio camino el trozo de manzana prensado en el tenedor que planeaba masticar - ¡Todos los diseñadores de alta costura! ¡Lagerfeld, Galliano, Gaultier! 

- ¡Al diablo con ellos! – Dijo Chris, bebiendo de su soda de naranja - ¡4 días más y regresamos a Londres! 

- Bien... Ahora repite conmigo: “Trabajo para el editor de la revista más importante del mundo y no dejaré que nadie note que tengo resaca” 

- Pero yo no tengo resaca 

- Genial, entiendes el concepto 

Camino al desfile de Dsquared2 nunca se sintió tan optimista al saber que permanecería sentado viendo desfilar cuerpos perfectos. Algo en su interior le daba la sensación de que esos cuatro días eran como salir de una clase de química: un pequeño descanso para ingresar a una clase más aburrida que la anterior. 

- ¿Los veré esta noche? – preguntó Giorgio al terminar su desfile 

- Por supuesto, será un placer – comentó Alex 

- ¿Te gustó la colección? 

- Es magnífica, lo mejor que he visto últimamente. Te veo en la noche – dijo a señal de despedida, después de que Ben le indicara que el auto estaba fuera. 

En el desfile de Diesel Black Gold, Christopher puso atención por primera vez a una presentación. Los chicos con jeans desgastados, camisetas de algodón y sandalias con correas de piel hacían que los sofisticados trenchs de Burberry, los mocasines impecables de Gucci y los estampados geométricos de Versace vistos días atrás fueran prendas imposibles para él. Los modelos no eran modelos, sino chicos comunes y corrientes que parecían haber entrado allí por error, no había narices perfectas, ni cabello estilizado ni músculos perfectamente esculpidos, sólo chicos normales llevando la ropa de la calle. Al terminar el desfile por primera vez en Milán aplaudió de manera consciente, sin que Ben tuviera que golpearle las costillas para sacarlo de su letargo. 

- Los desfiles de Ports 1961 y Enrico Coveri serán en el Pitti Uomo, los últimos de Milán – añadió, para gusto de Chris. 

De regreso al hotel Ben se despojó de los lentes oscuros que ocultaban las ojeras que la fiesta de Versace le había provocado, se tiró en la cama y sugirió a Chris que hiciera lo mismo, ya que por delante tenía algunas horas libres hasta la fiesta de Armani. Sin embargo, Christopher trató de comunicarse con su celular con Ashlee, sin éxito alguno. Tras varios intentos en los que la vista del balcón a la piscina del hotel lo acompañaba escuchó llamar a la puerta; Ben yacía dormido como un tronco así que tuvo que abrir para encontrarse a su padre en la puerta con una pequeña maleta deportiva. 

- ¿Todo bien? – preguntó, al ver a su hijo con gesto de sorpresa, quizá por ser la primera vez que su padre llamaba a su habitación y no al revés. 

- Eh, sí... intentaba llamar por teléfono, pero... 

- ¿Quieres relajarte un poco? Ha sido mucha presión para todos – comentó – Abajo hay un spa, tomemos un masaje y liberemos presiones ¿Te parece? 

Christopher sabía que su padre no era como los demás: su idea de pasar tiempo-de-calidad-padre-hijo era salir de compras y bañarse en aguas termales mientras los demás padres veían lucha libre con sus hijos o salían de pesca. 

- Si claro... te veo abajo – dijo, pensando que en un grado de relajación total podría charlar con él sobre la audición de Mercury Records. 

Bajó al segundo piso del hotel y se encontró con la mayoría de los editores de Vogue, que al igual que su padre aprovechaban las horas libres hasta su vuelo a París y la oportunidad de tomar un costoso masaje por cuenta de Condé Nast. Por los pasillos escuchaba hablar en mandarín, español, portugués y egipcio, mezclados con la música tenue y sonidos de naturaleza en el ambiente. Una de las trabajadoras del spa le indicó a Chris que su padre estaba al final del pasillo, en un apartado VIP. Cuando entró, su padre yací tumbado boca abajo en una cama blanca con solo una toalla sobre el trasero. 

- Me encanta el spa de este hotel – comentó, al percibir la llegada de su hijo – es la única forma en la que una chica te pude tocar el trasero sin que tu madre se moleste. 

Christopher no pudo evitar sonreír, el buen humor de su padre contrastaba con la imagen de jefe que se apreciaba desde su llegaba a Milán. 

- Esto... Papá... ¿Puedo hablar contigo? 

- Supongo que no tiene caso que diga que no – Dijo Alex, sintiendo unas suaves manos sobre su espalda. 

- Eh, el caso es que... Jimmy me llamó ayer. Me dijo que Mercury Records está buscando bandas nuevas para que abran los conciertos de varios artistas en los siguientes conciertos y... me pregunté si... podría volver a Londres antes – Christopher agradecía que la mirada de su padre no se encontrara con la suya. Imaginaba a Alex con ese gesto de escrutinio que amenazaba con leer mentes y descubrir verdades que su madre usaba sobre él, sin embargo la respuesta de su padre fue muy diferente: 

- Lo pensaré ¿Seguro que quieres volver a Londres? 

- Es una excelente oportunidad, tenemos algo grabado que podemos mandar antes de... 

- ¿Has pensado en lo que tu madre diría? 

La verdad no, nunca pensó en su madre como ese implacable muro que lo separaba de sus sueños. Dudó que su madre entendiera lo que en realidad él quería, pero estaba suficientemente concentrado en no reírse cuando comenzaron a masajearle los pies. 

- ¿Tú no puedes hacer nada al respecto? 

- ¿Y qué nos mate a los dos? No gracias, prefiero que vendas periódicos a que nuestra vida peligre. 

Christopher también lo había pensado así: Que su madre saltaría histérica sobre ellos para cortarles el cuello ante cualquier decisión que se haya tomado sin su consulta. 

- Lo pensaré, ¿De acuerdo? Y usa algo más elegante para hoy, al parecer a Allegra le encantó tu look preppy. 

Al regresar a su habitación, Chris encontró a Ben más repuesto que antes: salía de la ducha con una toalla envuelta a la cadera tarareando una canción. 

- ¿Nunca has pensado en dejarte la barba? – preguntó a Chris, en el momento en que se tiró al sillón par ver la televisión. 

- Nunca – respondió – y si me saliera algo de vello en la cara, para eso existen los rastrillos ¿no? 

- Eres raro – comentó Ben, sacando de su neceser de viaje (mismo que cada hombre Vogue tenía en su cuarto de baño) espuma para afeitar y una navaja – No me sorprendería si me dijeran que no eres hijo de tu padre. 

- Vete al diablo Ben – dijo Chris, mirando una nota acerca del turismo en las playas italianas con chicas en bikini. 

En punto de las 7:00 de la tarde un auto esperaba por ellos en la calle. El clásico desfile de editores y asistentes se llevaba a cabo una vez más encabezado por Alex hacia la salida, quién era el primero en abordar un vehículo en camino a la fiesta en turno. 

- ¿Hoy no tengo que cuidar a nadie, cierto? 

- No tienes tanta suerte, sólo diviértanse... y si beben lo sabré – añadió, antes de salir ante las cámaras que esperaban a los invitados. 

El interior del bar en donde se llevaba a cabo la fiesta era totalmente Amani: las paredes fueron revestidas de los colores blanco y negro, incluso los floreros y algunos manteles mostraban iniciales entrelazadas. Ben se había acercado a la barra y Chris lo siguió para no sentirse solo en aquel lugar ni para que alguien lo arribara. 

- Oye... – dijo Ben, tras permanecer varios minutos en silencio – aquella Fanning no te ha quitado los ojos de encima desde que llegamos – señaló discretamente a la chica rubia detrás de Chris, mientras bebía de su Martini. 

- ¿Estás bromeando? – comentó Chris, sin siquiera mirara sus espaldas 

- Si fuera broma no vendría hacia acá – dijo Ben, poniéndose de pie y retirándose con disimulo. 

- Hola – saludó la rubia ocupando el lugar que Ben dejó hacia poco. Chris no contestó, se limitó a dirigirle una mirada y un asentimiento de cabeza a la par que tomaba de su margarita – Otra igual por favor – indicó al mesero, señalando la bebida de Christopher – no te miré en los desfiles hoy ¿Eres emergente? - Christopher no tenía ni idea de lo que eso significaba, y en verdad le importaba muy poco, así que no contestó – Creo que te he visto antes. 

- Yo creo que no – dijo Chris, bebiendo el resto de su bebida sin mirar a la chica directamente a los ojos. 

- Estoy segura de haberte visto en algún show antes. 

- Lo dudo, no soy modelo – respondió Chris echándole un vistazo fugaz a la melena rubia, escota y piernas de la chica en ese orden. 

- El mundo no sabe lo que se pierde – comentó ella, llevando sus labios de un color rojo intenso a la copa - ¿Entonces eres músico? ¿Un actor? ¿O un socialité desempleado? 

- Soy hijo de él – contestó, señalando a su padre en un extremo de la pista mientras charlaba con Giorgio Armani. 

- ¡Oh por Dios! – exclamó Elle, limpiándose con una servilleta las pequeñas gotas de margarita que cayeron sobre su vestido - ¿Eres hijo de Alexis Davis? 

- Así es – dijo Chris sin alterarse, pidiendo otra bebida 

-Wow, eso te hace mejor que un socialité desempleado 

- nada del otro mundo – comentó éste - ¿Y tú quién eres? 

- Elle Fanning – se apresuró a decir - actriz, modelo, imagen y musa de Marc Jacobs. 

Chris había escuchado como la chica comentaba con orgullo ser la inspiración de alguien, aunque lo hubiese dicho como si hubiera curado el cólera o alimentado a África ella sola. 

- Ahh... Qué bien – comentó, restándole importancia, a lo lejos, notaba como su padre era arribado por una mujer castaña para charlar con él, una de las cuántas que fingían admiración por su trabajo aunque sus dientes estuvieran llenos de envidia. 

- ¿Quieres bailar? – preguntó la chica, poniéndose de pie y dejando la copa e medias sobre la barra 

- Oh, no gracias. Soy pésimo bailando 

- Entonces será más divertido – Elle lo jaló por la muñeca hasta quedar en medio de la pista de baile, una canción parecida a la fusión de rock y ritmos electrónicos se escuchó en el lugar y ella aprovechó para rodear con sus brazos el cuello de Christopher, el cual sólo se movía los pies para no verse tan imbécil de pie. 

- Hola – saludó una mujer castaña al lado de Alex, tomando una de las copas que ofrecían los meseros – has cambiado demasiado. 

- ¿Disculpa? 

- Te veías bien con el cabello largo, pero el corto te sienta mejor. 

- Lo siento, yo no sé quién.... 

- Soy Marie Williams, ¿Me recuerdas? – comentó la mujer extendiéndole una mano a Alex. Él se había quedado petrificado, los ojos que había visto en los pasillos de la universidad innumerables veces ahora estaban frente a él, sus labios pintados de rosa le recordaron el sabor del primer beso, y su cabello le hizo volver en el tiempo cuando ambos pasaban la tarde recostados en el pasto de Central Park y la cabellera de su entonces novia le rosaba el rostro. 

- Marie... 

- Williams, sí. La misma, aunque con más arrugas – comentó, Alex no daba crédito a sus ojos: la ex novia que hasta años creyó estaba en New York haciendo algo de su vida se presentaba ante él como si fuera la vecina de enfrente. 

- No... Es que no... No puede ser... 

- Soy la editora de moda de Elle en Estados Unidos – comentó, buscando una excusa fiable para poder estar ante él – no es nada comparado con lo que haces tú, pero... Al menos es el mismo mundo. 

- Dios – susurró Alex – debe ser un mundo muy pequeño, ¿Qué has hecho últimamente? 

- Trabajar, sólo eso. Mi jefa es una maldita narcisista que no me da tiempo para poder vivir una vida. Es un milagro que me haya mandado aquí, en verdad no sé porqué Elle se empeña en lanzar especiales de hombres, si Vogue Men acapara todo el mercado. 

Alex no pudo evitar notar que Marie tenía la costumbre de hablar sin hacer demasiadas pausas. Es como si aquel trago hubiese retrocedido decenas de años. 

- Supongo que no tiene caso que pregunte por tu vida, cada persona de esta habitación lo sabe todo sobre ti. 

- Bueno, creo que no saben que prefiero un Manhattan a un Vodka Tonic – comentó entre risas, tomando otro trago de la bandeja de un mesero – entre el tumulto de gente en la pista de baile, Alex observó a Chris acercarse hacia él con paso apresurado. 

- Papá ¿Podemos irnos? 

- Supongo que tu eres Christopher – dijo Marie, admirando al hijo de Alex: tan alto y casi tan corpulento como él. 

- Perdón, ella es Marie Williams... Es... 

- Un vieja conocida de tu padre – añadió ella – una amiga de hace muchos años. 

- Mucho gusto señora – contestó Chris, estrechando la mano de la mujer. 

- Discúlpanos, tenemos que irnos. Mañana volamos a París y la presión de los desfiles... 

- Me encantó verte de nuevo – comentó ella antes de despedirse - ¿Te volveré a ver? 

- No lo sé, quizá en París... 

Sin mirar atrás Alex salía de la fiesta detrás de su hijo y seguido por Ben. Como hace años lo había hecho, dejó a Marie sin la promesa concisa de que volvería a verla. 

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¿Qué puedo decir de Marie Williams? Al principio Chris no identificó a la mujer, ya que Alex se refería a su exnovia de la universidad sólo como “su primera relación sexual” entonces él no pudo atar bien los cabos para darse cuenta de que frente a él estaba la exnovia de su padre, y si a eso le sumamos la presión de Elle, creo que no se habría dado cuenta nunca.