XCV - La tentación





- París... Justo como la recuerdo – susurró Ben, en el auto que los llevaba hacia el hotel Adagio, admirando cada una de las construcciones. 


- ¿Y por qué tendría que cambiar en algo? – preguntó Chris, quitándose los audífonos ante la total descarga de su reproductor.



- Quizá tú hayas venido con tus padres todos los fines de semana a tomar un helado, pero esto es diferente para mí. París es la semana más importante de tu padre y para la revista.



Christopher no discutió más, había olvidado que aquello Condé Nast lo tomaba como viajes de negocios con masajes y desayuno a la habitación incluidos. Algo en lo que nunca había reparado antes.



- ¿No crees que todo esto es un gasto inútil? Digo... ¿Una corbata en cientos de libras? Debe ser una broma.



- Trataré de borrar esos últimos segundos acompañados por las palabras de tu boca. Por algo tu padre está al frente de una revista que lidera una industria millonaria. Esto es mucho más que corbatas de cientos de libras.



Al igual que en Milán, prácticamente todo el hotel era exclusivo para los editores de Vogue y demás enviados de Condé Nast para los desfiles más importantes de la moda, Chris pudo ver como los asistentes cargaban las maletas de sus jefes inmediatos hasta sus respectivas habitaciones mientras los editores charlaban en un inglés impregnado de acentos mundiales por todo el pasillo.



- El día de hoy será simple – comentó Ben, haciendo que Chris dudara en si serían pocos desfiles o verdaderamente aburridos – John Lawrence ofrecerá una cena de gala y Louis Vuitton una fiesta al aire libre en los Campos Elíseos – decía Ben a Alex, el cuál caminaba frente a él sin el mínimo gesto de ponerle atención – esperaré para confirmar – comentó al encontrar el número de habitación asignado - ¡No puede ser! ¿Otra vez? – al abrir la puerta con el número 36, se encontró con dos camas individuales como en el hotel Londra.



- Que Chris viniera de última hora me hizo tomar decisiones precipitadas – comentó Alex – espero que se lleven bien juntos – agregó en tono burlón.



Los desfiles comenzaron en punto de las dos de la tarde. Yohan Serfati y John Lawrence dieron prioridad en los asientos de primera fila a los editores de Reino Unido, Francia e Italia, donde cada uno de ellos estuvo junto con sus acompañantes. A Christopher no le quedó otra opción más que fingir interés en los dos shows. Gaspard Yurkievich alabó el trabajo de Alex y felicitó a Ben personalmente por su colaboración como editor de moda, éste casi lloraba de la emoción durante el trayecto hacia el desfile de Christian Lacroix.



- ¿No estarás llorando o sí? – preguntó Chris a Ben, al ver que miraba por la ventana hacia la calle por la que el chofer conducía con rapidez.



- No, para nada... Es sólo que... Nadie nunca me había dicho algo así.



Christopher no comentó nada. En el desfile de Lacroix Homme trató de asumir ese gesto que su padre y Ben dibujaban en su rostro de concentración y análisis de cada una de las prendas que desfilaban ante ellos, solamente fruncía un poco los labios y entornaba los ojos con ligereza fingiendo atención.



- Louis Vuitton será en el Musée des Arts Decoratifs – comentó Chris, mirando la agenda de Ben – Un museo... Pff... Como si no fuera lo suficientemente aburrido ¿Qué van a hacer? ¿Ponerle el monograma en la frente a la Mona Lisa?



Tanto su padre como Ben ignoraron ese comentario. Dentro del Museo de las artes se encontraron con el monograma de la firma en todas partes: desde la alfombra del recinto hasta los respaldos de las sillas, las cuales conjugaban con la decoración barroca del lugar. El desfile con iluminación tenue produjo un efecto soporífero en Christopher, el cual se empeñaba en mantener los ojos abiertos aunque se le cerraran de forma inconsciente.



- Cuatro horas libres por delante – comentó Alex al pisar el vestíbulo del hotel de regreso – sugiero que vayan por ahí y dispersen sus agitadas mentes. Las saunas de este hotel son increíbles – comentó, dirigiéndose al elevador.



Christopher se dejó caer en su cama junto a la ventana, del lado opuesto a la vista de la Torre Eiffel. Ben permanecía sentado en la sala verificando el horario de Alex y repasando la lista de invitados. Cuando pudo guardar el montón de papeles dentro de un pequeño maletín y acomodado la agenda, se puso de pie camino al refrigerador.



- Iré a probas las aguas termales ¿Vienes?



- No gracias, me quedaré aquí acostado esperando a que pasen los siguientes cuatro días. Con algo de suerte despertaré siendo un anciano.



Ben no contestó, tomó unas cuantas cosas de su maleta y salió cerrando la puerta con fuerza. Christopher divagaba en su teléfono celular cuando recordó la llamada de Jimmy, de cómo se lo comentó a su padre y éste dijo que lo pensaría, al instante en alguna remota parte de su mente la conciencia comenzaba un



- ¿Lo habrá pensado ya?

- No seas idiota, apenas tiene tiempo para fijarse en nimiedades con los desfiles como para prestarle atención a tu capricho.

- Pero papá dijo que lo pensaría.

- Sí, lo dijo, pero nunca dijo cuándo, y mucho menos que hubiera una respuesta.

- ¿Sería bueno recordarle lo de Mercury?

- Sería mejor mandarlo al diablo y regresar a Londres.

- ¿Y que mi madre me mate por ello?

- Tienes razón, mejor habla con él.


Se puso de pie en un brinco y corrió hacia la puerta, donde se encontró a su padre en mocasines, short y camisa de algodón blanca.



- Hola – saludó Alex, como si fuera su primer encuentro matinal – Vine a hablar contigo sobre...



- Sí, claro – interrumpió Chris, teniendo esa terrible (pero ahora fabulosa) sensación de que su padre podía leer la mente – de hecho quería verte para lo mismo.



- ¡Genial! Algo de yoga no te vendrá mal para liberarte del estrés.



- ¿Yoga? – preguntó Chris, el globo de expectación positiva que se infló dentro de él había sido pinchado cruelmente por su padre sin que éste lo supiera.



- Si claro, después de la cerveza es mi válvula de escape preferida ¿Qué dices?



La sonrisa de Chris se fue difuminando lentamente hasta quedar en un gesto estático que aparentaba desilusión. Sin embargo se esforzó en sus adentros por no lucir más desdichado



- Bien... te... te veo abajo – dijo, antes de cerrar la puerta y revolver en su maleta con monotonía.



El piso dedicado a las actividades deportivas estaba a rebozar por los editores que aprovechaban la cuenta infinita con la que Condé Nast pagaría todo aquello. En el aula de yoga, encontró a los presentes (la mayoría mujeres y unos cuantos hombres que Chris reconoció como asistentes) sentados sobre toallas de colores esperando a la instructora mientras observaban la vista de la piscina, en una esquina del lugar su padre llamo su atención con la mano para reunirse con él.



- Buenas tardes – saludó una mujer rubia de cabello corto haciendo una reverencia que todos respondieron, incluido Alex. Christopher ignoraba si todo aquello era parte de un ritual místico – el día de hoy realizaremos una serie de posturas de nivel intermedio para todos aquellos que apenas comienzan en esta clase – comentó, notando que había caras nuevas ante ella- Separamos los pies ligeramente y extendemos los brazos a lo alto.



- Papá – susurró Chris, imitando absurdamente lo movimientos pulcros de su padre y la instructora – Eh... respecto a lo que Jimmy.



- Lo he pensado Christopher – contestó su padre, llevando las manos al suelo manteniendo las piernas extendidas - ¿Qué crees que dirá tu madre?



¿Qué diablos tenía que ver su madre en todo aquello? Chris comenzaba a creer que las riendas de la relación de sus padres no estaban en las manos de la figura paterna.



- Pues... No lo sé... Quizá quiera lo mejor para mi...



- ¿Y por qué quieres hacerlo? – preguntó de nuevo Alex, tomando con su mano derecha su pie derecho manteniendo el equilibrio de manera perfecta, extendiendo el brazo izquierdo hacia adelante.



¿Era una pregunta capciosa? ¿Acaso que tocara la guitarra y escribiera algunas canciones no le decía nada a su padre? Si lo que quería Alex era que Chris cayera al suelo y tumbarse algunas piezas dentales por concentrarse en una respuesta lo estaba logrando.



- Pues... Porque es una oportunidad única que...



- ¿Qué te hace pensar que no se va a repetir? – preguntó. Christopher nunca se había expuesto a un interrogatorio tan profundo como aquel, pero a diferencia de Charlotte, Alex hacia preguntas antes de gritar un rotundo “No”.



- Bien, creo que Mercury es un sello muy...



- Hablaré con tu madre esta noche – comentó Alex – le plantearé la idea y haré lo que pueda ¿Entendido?



- Si claro – Christopher no tenía otra opción, sabía que la promesa de hablar con su madre era lo más cercano a tener una respuesta afirmativa, aunque no siempre hubiera sido así.



A las nueve en punto, decenas de automóviles arribaron a la calle frente al hotel Adagio para transportar a los invitados de la fiesta de Louis Vuitton. Como Christopher supuso que sería un evento sumamente elegante, usó uno de los dos varios trajes que su madre le preparó para el viaje.



La avenida de los campos elíseos estaba tan iluminada que pareciese que la navidad se había adelantado varios meses, los árboles mostraban luces blancas y en el centro del jardín el monograma había sido recreado con varios arbustos podados.



- Por lo general tu padre odia los eventos al aire libre, permanece cerca en caso de que quiera irse pronto – comentó Ben, si la decisión estuviera en Chris, hubiese corrido a media calle a pedir un taxi que lo llevara de vuelta al hotel.



- Te encuentro de nuevo – la voz femenina que Alex temía escuchar se hizo presente frente a él, más segura que antes.



- Hola... – dijo éste – ¿Sabes? En el vuelo hacia acá estuve pensando y... quisiera recordar tiempos de la universidad, tú sabes... Que ha pasado sin mí.



- El mundo no se acabó, eso es claro – Algo que Alex había olvidado de Marie era que su sentido del humor podría llegar a ser tan sarcástico como el suyo - ¿Podemos caminar? Los zapatos hacen que el talón me sangre estando de pie – Alex comenzó a caminar a paso lento por entre los arbustos perfectamente recortados, aquel lugar parecía un laberinto miniatura, en donde los muros no superaban el metro de altura.



- Ehh... Hace años que viaje a Nueva York me encontré con Matt Spencer, ¿Qué pasó con él?



- Mmm... – La mujer cerró los ojos con fuerza fingiendo concentración – compró la tienda de discos en la que trabajaba, ganó veinte mil dólares con un billete de lotería.



- Vaya, que suerte... ¿Recuerdas a Constance Fontana?



- ¿La jirafa del laboratorio? – Marie había recordado la chica altísima que nunca se desprendía de su bata blanca durante las clases de química.



- Sí, ella.



- No la he visto en años – contestó – al parecer tenías razón: murió de sida o algo así.



La noche iba transcurriendo con lentitud ante los recuerdos revividos de la universidad: desde la profesora eternamente soltera hasta el chico con acné y la secretaria obesa.



- ¿Entonces hubo reuniones anuales? – Preguntó Alex sorprendido - ¿Por qué no supe nada?



- Siendo sinceros: ¿Hubieras asistido?



Alex sabía que Marie tenía la pregunta más que resuelta: Era obvio que si el fallecimiento de su abuela no lo hizo regresar, mucho menos lo haría una simple reunión con caras que había visto por largo tiempo y que intentaba borrar de su memoria.



- Quizá nunca lo supiste, pero siempre eras tema de conversación en nuestras reuniones: todos hablábamos de aquél fotógrafo del diario escolar que viajó al otro lado del mundo, dejando a sus padres, su vida... y a su novia.



- Marie, por favor no...



Cuando Alex predijo que la mujer comenzaría a llorar, ésta se arrojó a su pecho y comenzó a besarlo de manera frenética.



- Marie... No... – Alex intentaba alejarse de ella, pero sus brazos se habían entrelazado con fuerza alrededor de su cuello. Miraba hacia ambos lados pero no veía a nadie, se habían adentrado tanto en los arbustos que sólo había oscuridad rota por la leve música del evento – Tengo una esposa... Un hijo... Hice una vida.



- ¡Tú eras mi vida! – Exclamó ella, con lágrimas en los ojos y un gesto de dolor en el rostro - Te esperé todos los días durante meses y nunca regresaste – susurró.



- Lo siento Marie, en verdad lo siento – Alex buscó la única fuente de luz del lugar y la siguió hasta salir del laberinto. Al encontrarse a Ben charlando con unas chicas lo jaló del brazo y le ordenó que consiguiera un auto de inmediato, Christopher permanecía sentado en silencio y al ver a su padre con el gesto de “sáquenme de aquí ahora” acompañó a Ben hasta donde el encargado de los autos les proporcionó un vehículo que los llevó al hotel.



La noche había inundado los pasillos del hotel, Christopher escuchaba música en su dispositivo recargado mientras Ben leía un libro realmente delgado. Ambos se sobresaltaron al escuchar golpes en la puerta y Ben verificó a través de la mirilla que era Alex el que tocaba desde el exterior.



- Necesito la lista de invitados para los próximos desfiles y fiestas – ordenó, sin desear un “buenas noches” a Ben, que se había envuelto en su pantalón de pijama en cuanto estuvo en la habitación – te la entregaré por la mañana – comentó – Christopher – llamó a su hijo, elevando la voz para que pudiera escucharlo por encima del volumen de sus audífonos, cuando éste volteó Ben le indicó que se diera prisa, más que por ser su hijo, Chris recordó que viajaba en calidad de asistente de asistente de editor – tus abuelos llegarán mañana junto con tu madre, pasarán unos días aquí.



- ¿Mi madre? – preguntó sorprendido.



- Sí, la rubia con la que me acuesto. Le hablaré de lo de Mercury y la trataré de convencer... Aunque no te prometo nada – y sin más comentario se adentró en su habitación de al lado.



- ¿Escuchaste eso? – Preguntó Chris con euforia a Ben, tanto que le provocaba saltar sobre la cama – Papá hablará con mamá sobre la propuesta de Mercury ¡Deséame suerte! – exclamó, antes de volver a perderse en su música.



- Obvio que no lo haré – dijo Ben, sin apartar la mirada de su libro.



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Para los que no se dieron cuenta, Alex pidió los horarios y la lista de invitados para no encontrarse más con Marie, con justa razón. Y para aclarar las cosas: Alex quiso contactar a Marie, pero ella se mudó a Atlanta para trabajar en la oferta académica de la universidad, y ella lo buscó a él, pero como Alex tiró el teléfono celular en el aeropuerto no había forma de que ambos pudieran encontrarse. Y siendo sinceros: ¿A poco no les gusta más el hijo de Alex y Charlotte que uno de Alex y Marie?