El
día comenzaba con el sol filtrándose por la ventana y traspasando las blancas
cortinas hasta iluminar su rostro, movió su cuerpo unos centímetros y se brazo
quedó colgando de la cama como un péndulo. Había olvidado por completo que se
había quedado dormido con la ropa que traía al llegar de la fiesta, se desnudó
y tomó una ducha, al salir envuelto en la bata de baño del hotel tomó el
horario que Charlotte le había facilitado días antes, se puso unos lentes de
armazón cuadrado (debido a una pequeña debilidad visual) y notó que ese día
sería el más pesado de todo el horario en Milán.
Estuvo sentado un momento en la cama cuando escuchó que llamaban a su puerta,
abrió y entró Charlotte con un carrito de comida exactamente como él lo había
hecho el día anterior.
- Buenos días - saludó, y se sentó en la cama al lado de Alex - No sabía que
utilizabas lentes.
- Yo tampoco, hasta que los vi en mi maleta y supe donde tenían que estar -
dijo Alex quitándoselos y dejándolos en la mesa junto a la cama.
- ¿Fruta? - preguntó, extendiéndole un tenedor con trozos de manzana bañados en
crema. Alex asintió, abrió la boca y lo devoró de un bocado.
- Veo que hoy es el día más pesado - comentó Alex, dejando las hojas de lado -
Y mañana seremos libres el resto del día hasta la fiesta de Burberry - Alex
estiró sus piernas desnudas en la cama, cruzó sus brazos debajo de su cabeza,
cerró los ojos y preguntó: - ¿Que fiesta tenemos hoy?
- Ninguna - contestó la chica sin preocupación aparente.
- ¿¡QUÉ!? - Alex se incorporó deprisa, tomando las hojas de nuevo - ¿Ni
Versace, ni Gucci, ni McQueen?
- A ninguna fuiste invitado - dijo ella, acostándose en la cama comiendo uvas
de un pequeño racimo - Supongo que es un alivio para ti.
- ¿Cómo es posible? ¡Las fiestas más importantes del lujo italiano y ninguna me
invita! - Alex arrojó las hojas al suelo enfadado y se acostó en la cama de
nuevo - Maldita Donatella hija de... - susurró, pero Charlotte le puso una mano
en la boca para que dejara de hablar.
- Velo por el lado bueno: Tenemos tiempo para descubrir Milán, hasta ahora sólo
conocemos de sobra el Pitti Uomo - razonó, dándole a Alex un trozo de naranja
en la boca.
- Tienes razón - dijo - después del desfile de Raf Simons somos libres. Ahora
si te molesta me pondré algo de ropa, al menos interior - comentó, dirigiéndose
al armario.
Charlotte salió conteniendo una sonrisa y llevándose el carrito de la comida
tras de sí. Media hora después ambos estaban listos para salir al primer desfile
del día, la chica notó que Alex mantenía una sonrisa de entusiasmo peri sabía
que se difuminaría conforme el día avanzara.
Al llegar a la alfombra roja del desfile de Iceberg, el mismo Paolo Gerani (director creativo) posó con él
para los medios y lo acompañó hasta su lugar reservado, al terminar el desfile
se dirigieron a los talleres de costura de John Richmond donde se llevaría a cabo
su desfile, Gucci como siempre presentó un desfile impecable, Etro y D&G
fueron unas grandes sorpresas para los presentes, Canali, Z Zegna y Alexander
McQueen mostraron desfiles cortos pero con muchas novedades, tras el desfile de Nicole Farhi, la misma diseñadora le ofreció colaborar con ella
en la siguiente colección primavera-verano, después de llenar a Alex de
cumplidos y alabanzas.
Tras el desfile de Versace, Donatella agradeció a los presentes y Alex le
dirigió una mirada fría cuando se la diseñadora se refirió despectivamente a él
como "el muchacho con suerte en la moda". A lo cuál Alex
respondió con un comentario acerca de que "... Gianni era mil veces más
Versace, después de la muerte de los grandes ni la sombra del apellido ni el
legado se comparan..."
- Ese comentario que le hiciste a Donatella... fue muy fuerte - comentó
Charlotte en el auto.
. ¿En serio? - preguntó Alex al comentario de Charlotte, cuando se dirigían al
último desfile del día - Bien, pues lo que dije hoy es verdad: Versace
está en medio de la cuerda floja y sólo sale adelante para no
ser absorbido por marcas como Hermès o Lanvin, Donatella sólo
mantiene a flote un barco que desde que el capitán dejó, amenaza con hundirse.
- Éste es el último desfile del día - comentó Charlotte - un momento más y el
día se termina.
- Eso espero - dijo Alex llevándose las manos a la cara, Charlotte le acomodó
el cabello y lo animó a bajar del auto.
En la pasarela de Raf Simons, el diseñador una vez más mostró su admiración por
el trabajo de Alex haciéndoselo saber a toda persona que se encontraba a su
paso. Al salir del desfile y con menos bolsas de regalos que antes se
dirigieron al hotel, Alex entró en su habitación y arrojó las bolsas a los
sillones donde se habían acumulado las demás. Decidió compactar todo para
cuando salieran de viaje, terminada la tarea se dirigió a la habitación de
Charlotte y tocó, la chica se había despojado de su conjunto ejecutivo de trabajo
y vestía una camiseta de Mickey Mouse con unos shorts azules.
- Hola - dijo Alex, como si fuera la primera hora de la mañana después de
recoger el periódico y no las diez de la noche - Sabes que nunca te he pedido
ninguna exigencia - Charlotte negó con la cabeza, no hablaba porque sostenía
una barra de chocolate con los dientes - así que quería saber si podías hacer
el favor de mandar todos los regalos de las pasarelas a Londres.
- Sí, lo haré. Conseguiré algún medio, marítimo o aéreo para que se lleve todo
el sobre-equipaje con el que no contábamos - Charlotte notó que Alex
contenía una sonrisa en sus labios y preguntó - ¿Que pasa?
- Tienes chocolate en... - Alex dudaba en si tocar la piel de Charlotte o
hacerle una seña con su propia cara - chocolate en tu cara - Alex extendió un
dedo y le quitó el chocolate de la comisura de los labios - Listo ¿A donde
quieres ir esta noche?
- Si no te importa quiero caminar un rato - comentó, tocándose con la palma de
la mano donde Alex le había quitado el chocolate.
- ¡Bien!, podemos ir a la fuente de Trevi, al Duomo de Milán,
la torre de Pisa queda algo lejos, pero quizá mañana podamos escaparnos un
rato.
- ¿Como es que conoces tantos lugares?
- El Internet en el móvil es fantástico - dijo Alex mostrando su celular - En
cuanto estés lista nos vamos.
Alex esperó a Charlotte mirando la televisión acostado en el sillón, llamaron a
su puerta y Charlotte anunció que estaba lista para salir, subieron a un taxi
que los llevó hasta la plaza donde la fuente más famosa de Italia se iluminaba
con bellas luces de colores que bailoteaban mientras el agua fluía y el sonido
armonizaba el ambiente. Charlotte caminaba tomada del brazo de Alex y él se
perdía en el destello de las luces en el cabello de la chica.
- ¿Sabes? El día de ayer la verdad me quería morir de vergüenza - dijo ella,
tras un silencio que se rompía por músicos callejeros que encontraban a lo
largo de la plaza - No puedo entender como soportas ser el centro de atención
donde quiera que estés.
- Bienvenida a mi mundo, el mundo de la moda - respondió Alex - así es esto: te
expones a envidias, críticas y demás comentarios que al final del día no
importan para nada.
- Ahora entiendo que es muy pesado para ti ser tú.
- Es pesado para cualquiera ser editor en jefe, nadie cree que alguien con mis
22 años puede llegar tan alto si se lo propone, nadie tiene en cuenta
sacrificios como la familia y demás decisiones que parecen no ser correctas,
pero que son las mejores.
- Háblame de tu familia - dijo ella, apoyando su cabeza en el hombro del chico
mientras caminaban entre edificios blancos.
- Hijo de Eloise Carter y Michael Davis - dijo Alex, con una voz como si
narrara un documental - Nació el 29 de noviembre de 1989, en la ciudad de New
York, zona industrial, un barrio duro. Ingresó a la universidad de Columbia,
aprovechó una beca para estudiar en la Brunel University, sus padres se
negaron, el chico insistió y como ultimátum sus padres le dijeron: "O tus
estudios o tu familia". Y ahora estoy aquí acompañado de la mejor asistente
que Newhouse pudo conseguir para caminar de noche por Milán.
- ¿Dejaste a tu familia por tus estudios? - preguntó Charlotte sorprendida, y
al ver que Alex sólo asentía, hizo una pregunta más: - ¿Y los extrañas, a tus
padres?
- No - contestó, con un semblante serio - Ellos saben que decidí lo mejor para
mí aunque para ellos no fuera lo adecuado, mi madre a veces llama por teléfono
en navidad o en mi cumpleaños... Pero para mi padre prácticamente no existo. Me
borré de su memoria.
- Lo siento mucho - dijo Charlotte, con la garganta seca ante oír esa
declaración.
- No tienes por qué, si yo no siento nada tú menos. Cada mes deposito dinero en
su cuenta bancaria, para que al menos mi padre no diga que soy un inútil que
sólo leía revistas femeninas.
- Espero que algún día todo pueda arreglarse entre ustedes.
- Lo dudo, pero gracias - dijo Alex fríamente - ¿Quieres tomar algo? - preguntó
señalando una cafetería tradicional.
Salieron del local con unos cafés (el de Alex frío) y caminaban entre calles
estrechas donde la atmósfera se tornaba romántica a cada paso.
- ¿Sabes? - preguntó Charlotte bebiendo de su café y caminando abrazando la
cintura de Alex - No eras un total desconocido para mí antes de verte en la
oficina de Newhouse.
-¿En serio?.
- ¡Por Dios! - Alex la interrumpió con una carcajada - ¿No lo dirás en serio?
Lookbook fue la parte más vergonzosa de mi vida.
- ¡Eras genial! Tus looks eran de los favoritos, eras un top-model anónimo y
admirado en el mundo amateur de la moda...
- Era un chico normal, me tomaba fotos de pies a cabeza en Central Park y las
subía a internet, la gente hacía el resto.
- Desde antes de Vogue eras genial - dijo ella, volviendo a pasar su brazo por
el de Alex - Me sorprende la sencillez de tu persona, y al parecer no soy la
única que lo aprecia.
En un momento de silencio sonó el celular de Alex, un número desconocido para
él, contestó el teléfono y una voz familiar se hizo escuchar.
- ¿Sí?
- Hola Alex, soy George ¿Donde estás?
- ¡Hola George! - comentó Alex alegre, al parecer por tener contacto con
alguien externo a Milán - ¿Cómo conseguiste mi teléfono?
- Se lo pedí a tu secretaria, es muy atenta.
- Rose... - murmuró Alex, recordando a la recepcionista - Estoy en Milán,
ningún maldito diseñador me invitó a una fiesta hoy y vinimos a conocer la
fuente de Trevi.
- ¿Vinimos? ¿Con quién estás?
- Con Charlotte, mi asistente - contestó entusiasta.
- Tu asistente, si claro - dijo George con sarcasmo - y yo estoy sobrio ahora.
Oye... ¿Irás mañana al desfile de Burberry?
- ¡Por supuesto! Burberry es por lo que vale la pena vivir el día de mañana -
contestó.
- Bien, te presentaré a Bailey en el desfile, aunque supongo que el sabrá de
sobra quién eres y que haces.
- Si, gracias. Sería un gran halago para mí - contestó Alex devolviéndole el
sarcasmo - Nos vemos mañana maldito consentido - y sin esperar respuesta cerró
el teléfono cortando la llamada.
- Al parecer te llevas bien con Craig - dijo Charlotte - me volví loca cuando
lo vi en vivo en Glasgow.
- Es buen músico, pero yo dirijo Vogue - dijo Alex, tirando su vaso vacío a un
cubo de basura y haciendo ademán de falsa autosuficiencia - ¿Eso no es
suficiente para ti?
- Oh sí que lo es señor - dijo Charlotte fingiendo parecer apenada.
- ¿Acaso he hecho algo para merecer su rechazo Bella donna - Dijo Alex, acercándose a ella.
- Para nada cavaliere
raffinato - contestó ella - pero
usted tiene una vida con la que yo solo puedo soñar.
- Pues hagamos de mi sueño nuestra vida - dijo Alex acercándose a ella y
abrazándola con fuerza.
En ese momento olvidaron el falso dramatismo y la comedia para mirarse a los
ojos, el reflejo de los castaños de Alex y los azules de Charlotte se fundían
en uno solo para demostrar lo que nadie decía mediante palabras. Alex tenía a
Charlotte abrazada por la cintura unos centímetros por encima del suelo cuando
ella abrió sus labios.
- Sabes que esto no puede ser...
- Sabes que podemos intentar...
- Sabes que soy tu asistente...
- Sabes que no me importa - dijo él, escudriñando el rostro de Charlotte y
deseando devorar cada centímetro de piel.
Charlotte se apartó lentamente de él hasta que sus pies tocaron el suelo, evitó
la mirada del chico y se sentó en una banca de cemento oculta entre los
arbustos para evitar las miradas de los que habían visto la escena.
- ¿Que pasará después? - preguntó al aire, mirando al frente y sintiendo la
presencia de Alex que tomaba asiento a su lado.
- Pasará lo tu quieras - contestó él - no te estoy obligando a enamorarte de
mí...
- Eso no hacía falta - intervino ella - eres atractivo, tienes un trabajo
envidiable y un sueldo de millones de euros al año. Eres casi perfecto si no
fuera porque al parecer tienes principios ligeros de alcoholismo.
- ¿Crees que soy alcohólico? - preguntó molesto
- No, es sólo que he visto que tomas alcohol para evadir la realidad, o
simplemente por hacerlo...
- Me embriagué con Rupert en mi casa - dijo él - amanecimos medio desnudos
y tirados en mi sala, no recordamos nada del día anterior y después de eso mi
acercamiento al alcohol fue el primer día que llegamos aquí.
- No estoy diciendo que tengas un problema - se excusó ella - pero se puede
convertir en uno.
- Y si no soy alcohólico puedes asumir que soy perfecto... pecando de falsa
modestia, claro. - dijo él apoyándose en el hombro de la chica.
- No lo sé, - dijo ella - eres mi jefe y no soy de las que se relacionan con
sus superiores. La verdad me gustas desde que te vi en la oficina de
Newhouse, pero creo que mientras trabaje para ti no espero dar un paso tan
grande.
- Quizá tengas razón - dijo él sentándose al borde de la banca con su espalda
erguida - La prensa hablará, paparazzis por doquier y los tabloides pisando nuestros
talones - Alex cerró los ojos un momento y suspiró - ¿Caminamos?
Charlotte tomó la mano que Alex le ofrecía, y no la soltó hasta llegar frente a
la fuente mayor: estatuas de mármol resguardadas tras una pequeña verja en
donde la iluminación verde y el reflejo del agua hacía que la piel de Alex se
notara pálida.
- ¿Un deseo? - preguntó Alex, ofreciéndole unas moneda a Charlotte. Tomó una y
cerró los ojos, permaneció en silencio unos segundos y murmurando unas palabras
arrojó la moneda a la fuente que se hundió hasta perderse de vista.
- ¿Que hay de ti? ¿No pedirás nada? - Alex se dio la vuelta, y arrojó la moneda
al instante, golpeando con fuerza una estatua de mármol. - Eso
fue decepcionante, ¿Que pediste?
- ¿Tú que crees? - preguntó tomándola de la mano.
- No lo sé... Que bajes de peso o que mañana Christopher Bailey te ofrezca ser
imagen de su campaña.
- Estás muy lejos - dijo Alex con una sonrisa - Aunque Christopher Bailey
es de los pocos a los que nunca les digo que no.
- Lo noté - dijo Charlotte - tu trench, tu fragancia en la oficina de Newhouse
- la chica se acercó al cuello de Alex y notó que su aroma era diferente a la
fragancia a la que ella conocía - Y si no me equivoco estás usando el Burberry Beat, lo cual demuestra que eres una persona dinámica y
que no te gusta permanecer igual, deduzco por tu lenguaje corporal que siempre
sigues adelante ante la adversidad y mantienes la cabeza fría ante situaciones
que parecen fuera de control, teniendo en cuenta que a pesar de ser
norteamericano tienes madera de un verdadero caballero inglés.
- ¡Wow! - exclamó Alex - ¿Sabes todo eso de mí con solo mirarme?
- Sí - dijo la chica con tono de complicidad - eso, y además leo a varios
fashion bloggers que te siguen la pista - se acercó más al cuerpo de Alex para
abrazarlo por la cintura. Me gustas, pero no estoy segura de sentir amor -
exclamó de la nada - eres atractivo, joven, exitoso... Pero tienes un no sé
qué... Que me encanta - Se acercó a Alex y rodeó con sus brazos su
cuello, su puso de puntillas y lo besó en los labios.
La chica sintió el contacto de los delgados pero carnosos labios de Alex,
sentía la respiración del chico junto a la suya, podía ver como cada músculo se
tensaba y relajaba al mismo tiempo por no saber como reaccionar. La cabeza de
Alex daba vueltas y al sentir los labios de Charlotte la abrazó fuertemente por
la cintura, notaba el aroma de su piel y sentía una mano que acariciaba su
cabello, el tiempo se detuvo un instante en el que no sabía si contestar algo o
salir corriendo del lugar.
- Esto no es amor - dijo Alex con los ojos cerrados, sintiendo el rose de su
nariz con la de Charlotte - pero me encanta.
Camino al hotel Londra, evitaron mirarse directamente, al llegar a la recepción
del hotel cada uno pidió sus llaves por separado y al encontrarse frente a
frente sintieron un peso extra sobre sus hombros, remordimiento, culpa, placer,
egoísmo...
- ¿Sabes? - preguntó Charlotte mirando sus pies recargada en el marco de la
puerta - eres bueno besando ¿Nunca te lo habían dicho?
- Nunca - dijo él, quitándose la chaqueta que llevaba puesta - ¿Segura que no
es amor? - preguntó él, acercándose a ella y tomándola por la cintura - porque
creo que puedo comenzar a sentir algo más por alguien que no soy yo.
- No lo sé - dijo ella, acercándose a él - ¿Que es lo que pretendes? -
preguntó, sintiendo como Alex le besaba el cuello suavemente.
- No lo sé - contestó él, mirándola a los ojos - ¿Tú que quieres que pase hoy?
- No lo sé - contestó ella - ¿Podemos pasar la noche juntos? Nada de sexo
claro. Sería un escándalo que embarazaras a tu asistente
- Trataremos de que eso no pase - tomó a la chica por la cintura y la cargó
hasta el sillón de la pequeña sala, en donde Alex y Charlotte se entregaban a
un amor tan envolvente, olvidando por completo que el deseo de uno de los dos
fue cumplido por la fuente de Trevi esa misma noche.
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¿Quién pidió el deseo? Obviamente Charlotte, fue ella la que de alguna
manera quisiera que Alex abriera los ojos para que se fijara en ella más que
para hacer llamadas, Alex no cree en la suerte, sino en el trabajo duro y las
recompensas por el mismo.
