XIX - Regreso a la realidad





El cuerpo que Alex protegía con su brazo derecho contra su cuerpo se acercaba más a él, sentía el roce del cabello de la chica en su cara y el compás de su respiración. La chica se dio la vuelta contemplando el rostro del chico, el cual no denotaba ninguna expresión: no había la sonrisa que a veces se dibujaba en sueños y tampoco rastro de lágrimas en sus mejillas, y de no ser por la respiración lenta, Charlotte hubiese pensado que estaba muerto. 

El chico abría los ojos lentamente y la primera visión que tuvo, lo hizo esbozar una sonrisa: el rostro de Charlote a contraluz.

- Buen día - saludó él, acariciando la espalda de la chica.


- Buen día - contestó ella, sonriendo con nostalgia - vendrán por el equipaje dentro de unas unas horas, así que será mejor vestirnos para viajar - dijo ella, mirando el rostro del chico, iluminado por la luz que no era de día, aunque la noche aún no se iba por completo - aunque me gusta verte vestido así - le abotonaba la camisa sin apartar la mirada de su rostro - un príncipe de negro es mucho más sexy que uno azul.

- ¿Gracias? - contestó, sin saber si sentirse halagado - de la nada se me ocurrió la loca idea de correr con un juez y jurarte amor eterno plasmando mi firma en un documento escrito en francés. Pero sabemos que Newhouse es más poderoso que la muerte, así que no tiene caso anudarme la corbata de nuevo - besó a la chica en la mejilla y se puso de pie - además, eso irrumpe mis planes de casarme ebrio en una iglesia de Elvis Presley y escribir mis votos en una bolsa de vómito - descalzo se incorporó de la cama buscando sus zapatos y levantando su saco del piso - ¿Te veo abajo para desayunar? - preguntó - tengo ropa de lujo que empacar.

- ¿Me estás corriendo de tu habitación? - preguntó la chica, poniéndose de pie.

- Si quieres que me desnude frente a ti no tengo proble...

- Te veo abajo - interrumpió, llevándose sus zapatos y su pequeño bolso de lentejuelas.

Después de una ducha, mocasines cómodos y una camisa de mana corta, Alex bajó al pequeño restaurante adjunto del hotel, a los pocos minutos Charlotte bajó vestida con su inconfundible falda tipo lápiz y un blazer negro.

- Y para variar: hoy hay  frutas - dijo Alex, mostrando un plato con frutas picadas y rayadas.

- Cuando mire una cereza - dijo ella, tomando fruta del plato del chico - me acordaré de París, de lo buen besador que eres y de tus pervertidas fiestas en la universidad.

- ¿Es un halago?

- Como no tienes idea - pidió a un mesero el mismo plato que Alex y la mañana transcurrió con total normalidad, con la presión de los desfiles fuera, Alex cercioraba la tarea de mandar el equipaje al aeropuerto y Charlotte la de los boletos de avión.

En la sala de abordar el teléfono de Alex timbraba dentro del bolsillo de su pantalón, y saliendo de la fila donde estaba con Charlotte se apartó para contestar:

- ¿Sí? - preguntó.

- Señor Davis, - habló una voz femenina - disculpe por molestarlo, pero el señor Newhouse quiere verlo en cuanto llegue a Londres.

- ¿Es una manera de decirme que regrese cuanto antes? - preguntó él.

- Conociendo a Newhouse supongo que sí - dijo ella, con un tono de compasión en la voz, como si diera una noticia dolorosa.

- Gracias Charlotte - dijo Alex - Por favor manda unos autos al aeropuerto para el equipaje y para mi asistente y yo; en cuanto a la revista: toda la publicidad, complementos, artículos, investigaciones y demás alístalos para llevármelos a casa.

- Entendido - contestó ella - hasta luego señor Davis, que tenga un buen viaje.

- Gracias - Alex regresó al lado de Charlotte, en donde estaban por ingresar al avión. Dentro del mismo, en los asientos contrarios a los suyos, había una pareja con un niño pequeño en brazos, el cuál estiraba su pequeña manita hacia Charlotte (próxima al pasillo del avión) y ella la tomaba para jugar con él. Alex ignoraba los hechos sacando su iPod que había dejado en el olvido durante varios días y subiendo el volumen, cerró los ojos y tarareaba las canciones en silencio. Después del despegue  el chico sintió un ligero jalón en su manga derecha: abrió los ojos y vio al niño sentado en las piernas de Charlotte con su mano aún agarrada a su manga.

- ¿Que haces? - le preguntó a la chica - Devuélvelo, ¿Y si vomita... o necesita otro pañal?

- No seas tonto - susurró ella discretamente, al ver que los padres del niño los miraban - ¿No es hermoso? Cuando me case quiero cien como éstos - dijo ella, jugando  con la nariz del niño.

- ¿Cientos? - preguntó él - Pues suerte con tu marido.

- ¿No te gustan los bebés?

- No, primero no dejan dormir, después ensucian cuanto pañal les pones, luego hacen preguntas acerca de todo lo que los rodea y cuando crecen creen que eres su verdugo más que su padre. No gracias, estoy firme en la decisión de criar gatos en mi vejez.

- Eres nefasto Alex - la chica le dirigió una mirada de odio y le habló al niño: - no le hagas caso a ese señor amargado, sólo piensa en él y no quiere tener hijos porque no se casará nunca.

Alex ignoró el comentario de la chica, se puso los audífonos de nuevo y subió todo el volumen. Había cerrado los ojos de nuevo cuando sintió un peso sobre sus piernas: el niño estaba sentado sobre ellas y se aferraba de la manga de su camisa.

- ¿Que haces? - preguntó a la chica en un susurro, para que los padres del niño no escucharan nada.

- Cuídalo - dijo ella, acariciando la cabeza del menor - así aprenderás a ser padre.

- ¡Está babeando! - exclamó él, tratando de que la saliva del chico no llegara a su pantalón.

- No exageres, sólo es saliva - dijo ella, limpiando al niño pequeño con un pañuelo que Alex reconoció como de los regalos de Hermès.

- No se lo quites  - dijo él, abrazando al niño para que ambos estuvieran más cómodos - y llegando a Londres lavarás mi pantalón.

El resto del vuelo Charlotte se enternecía con la visión de Alex abrazando al niño, los padres charlaban con ella y se esforzaba con decir con naturalidad de que el chico no era su novio, explicó que era editor de una revista internacional y los padres se sorprendieron al saber que su hijo estaba en brazos de un editor famoso.

Al aterrizar el avión, Alex entregó a los padres al niño aún dormido, y con el brazo algo cansado bajó del avión y a lo lejos encontró los autos de la compañía que había pedido. Una ligera llovizna caía cuando descendieron del avión, los choferes se aproximaron a ellos y esperaron dentro mientras reclamaban el equipaje de ambos. En el trayecto, Alex se alegró de ver los edificios y calles de siempre en su camino a la oficina. Extrañaba las escaleras de piedra que tenía que subir diariamente y entrar por las puertas de cristal para escuchar el barullo de teléfonos pidiendo ser atendidos y voces de los empleados confirmando entrevistas para la revista y contratos con fotógrafos.

Sin embargo ese día fue diferente: el barullo se había esfumado casi por completo, los teléfonos sonaban con distante lapso entre ellos, los empleados permanecían sentados en sus cubículos personales sin ir de un lado para otro con montañas de hojas en los brazos. Al entrar se dio cuenta de que lo miraban como a un desconocido, y supuso que era por la barba y por los lentes oscuros que llevaba puestos.

Cruzó la estancia en el silencio incómodo de aquella ocasión que se rompía con los pasos de ambos y un teléfono sonando ocasionalmente, en el último piso Charlotte salió antes que Alex y Rose como siempre resguardaba la oficina del editor en jefe. Alex se acercó a ella, y la saludó con naturalidad.

- Hola Rose - dijo él. La reacción de la secretaria primero fue de duda, y después de reconocerlo sin los lentes oscuros se puso en pie emocionada.

- ¡Hola señor Davis! Es un gusto tenerlo de vuelta, espero que haya disfrutado su tiempo fuera de Londres.

- Digamos que fue inolvidable - respondió él - ¿Está todo listo?

- Sí, señor - respondió ella - esas cajas contienen el primer equipaje que mandó desde Milán, y las llevarán junto con las del auto que trajo de París, por cierto, Newhouse dijo que una caja adicional iba por su parte - Alex no sabía que esperar de esa caja, así que dejó la incógnita para después - El equipaje de su acompañante será llevado al auto que la llevará a casa al igual que usted. ¡Por cierto! El señor Newhouse lo quiere ver cuanto antes.

- Bien, iré a su oficina - dijo Alex, emprendiendo su camino hacia el pasillo.

- Es en la sala de juntas - dijo ella, con un gesto de pena en la cara, como si le doliera darle la noticia - tomo el consejo directivo está reunido allí dentro - Alex tragó saliva, el consejo directivo con Newhouse, era como enfrentarse al apocalipsis.

- ¿Todos? - preguntó con la voz seca.

- Sí, de hecho desde hace casi una hora están allí, le sugiero no hacerlos esperar más - Alex cruzó corriendo el pasillo hacia la sala de juntas, se detuvo delante de la puerta de cristal y respiró hondo antes de entrar, dibujó una sonrisa natural y a su entrada todas las caras se volvieron hacia él.

- ¡Bienvenido, Davis! - saludó Newhouse, poniéndose de pie para estrecharle la mano fuertemente - espero que estos días no hayan sido tan ajetreados a como se leían en tu twitter.

- Al contrario señor. fue una grata experiencia - mintió él, tomando asiento en una silla entre dos señores calvos con trajes impecables.

- Como verás, todo el consejo directivo y general se reunió hoy para aclarar algunos puntos - Newhouse dirigió una mirada general a los presentes, como un maestro universitario estudiando a sus alumnos - dinero solamente, que es lo que importa aquí - en una pantalla plana gigante se proyectaba una gráfica con números y una barra que iba en ascenso, Alex no notó cuando Rose le había dejado un sobre con papeles a cada uno de los presentes, porque se había perdido en la portada donde estaba con Rupert y George, sobre la barra que ascendía hasta el punto máximo de la gráfica.

- Como verán - dijo Newhouse, atenuando la luz de la estancia - tenemos entre nosotros una mina de oro - señalo a Alex, quién se congeló en segundos al oír su nombre - el primer ejemplar de Vogue, aunque no haya sido editado por él, ha sido el más vendido solamente en Reino Unido, superando publicaciones masculinas como GQ y Esquire, y empatando con revistas especializadas como Rolling Stone y Discovery Channel en distintos ámbitos. A lo que voy es a lo siguiente: podemos ir más allá de lo que el papel nos brinda, podemos romper esquemas en cuanto a publicidad se refiere, podemos hacer que los números de esa gráfica vayan más allá de la pantalla de este monitor gigante - Alex notó que todos los presentes lo miraban como si tocara un flauta y los encantara con la melodía - generaremos empleos, y daremos un gran paso como revista emergente que es Vogue Men International. Estoy hablando de los medios digitales: las tabletas.

Un murmullo general se extendía por la mesa rectangular, la mayoría de aprobación y de entusiasmo ante la iniciativa.

- Innovaremos el curso de la publicidad digital, abriremos el camino para nuevos mercados y marcaremos tendencia en cuanto a medio de comunicación. Como método publicitario el primer ejemplar de la revista se regalará a las personas que se suscriban anualmente - Newhouse tocó con un dedo la pantalla plana y la gráfica se difuminó para darle paso al boceto de la portada de Tom Felton, sólo que a diferencia de una portada normal, no tenía titulares de texto y el rostro de Tom estaba animado: cerraba los ojos y una suave ventisca le revolvía un poco el cabello y el en fondo se veían hojas secas volar. - El señor Felton fue el primero en posar para una portada digital enteramente, los señores Craig y Grint junto con Davis aquí presente se unirán a la iniciativa de ser portada animada para tabletas electrónicas y demás dispositivos móviles - hubo un silencio, y Alex adivinó que era para que quién tuviera un pregunta la formulara ahora.

- En la versión impresa se ofrecen muestras de productos como fragancias o diversos productos cosméticos para caballero ¿Que ofrecerá la versión digital además de portada y publicidad animada?

- Una excelente pregunta señor Robins - dijo Newhouse, al parecer esperando esa cuestión - más allá de la publicidad animada se ofrecerá la interactividad de la misma - presionó de nuevo la pantalla y se esfumó la portada de Tom para que apareciera una camioneta negra - como verá los anuncios impresos tienen que tener un impacto mediático visual inmediato y a eso nos referimos a que se necesita más que a Scarlett Johansson en una cama, en este caso, las tabletas electrónicas y demás dispositivos táctiles podrán ofrecer la interacción con la publicidad - Newhouse  tocó la puerta de la camioneta, se abrió la pantalla se deslizó al interior del vehículo - como verán habrá puntos estratégicos para que el cliente y espectador pueda saber que producto le mostramos y vaya más allá de una imagen estática.

- En cuanto a la experiencia de compra ¿Que se le ofrecerá al cliente?

- Al final de la revista se ofrece una lista de lugares, teléfonos y sitios de internet para la información de las marcas, firmas y diseñadores que mostramos en cada página - Newhouse tocó la pantalla de nuevo y apareció la hoja de una revista común, en donde había varias prendas, texto y un look completo - el usuario o cliente podrá seleccionar cualquier prenda que guste - Newhouse tocó una camisa a cuadros de Dockers que se mostraba en la primer edición de Vogue al instante la hoja se desvaneció y apareció en pantalla la página de internet de Dockers mostrando detalles de la prenda - una verdadera experiencia de compras desde la misma revista.

Otro murmullo de aceptación se extendió por la estancia, a Alex le parecían ideas innovadoras que en realidad podrían hacer que los números subieran aún más alto.

- Y el motivo principal de esta junta es para reconocer el excelente trabajo que Davis, aquí presente - Alex sintió un peso en el estómago al ver que todos le dirigían la mirada - realizó en la semana de la moda de Milán y de París - una corta sesión de aplausos se hizo notar en la sala, Rose aplaudió con más fuerza y énfasis que los demás - y decirte Davis, que el consejo aquí presente ha deliberado de manera unánime que tu sueldo ascienda a los 3'500,000 de euros anuales, con prestaciones y todo eso que marca la ley.

Newhouse hizo un ademán a Rose para que encendiera las luces y todos se pusieron de pie, la mayoría de ellos para felicitar a Alex y los demás para salir cuanto antes.

- Davis, quisiera hablarte en privado un momento - dijo Newhouse - Rose, prepara todo para que Davis regrese a casa y se tome el resto del fin de semana libre -  la secretaria salió para cumplir la orden cuando el jefe tomó la palabra: - ¿Sabes? Seré sincero, contratarte fue una decisión muy arriesgada, pero con excelentes resultados...

- Gracias señor... por lo del sueldo.

- No es nada, no es nada - dijo Newhouse - ahora te tomarás todo el fin de semana libre y quiero verte fresco para el próximo lunes.

- Señor... ¿Rupert y George saben de la portada digital? - preguntó

- No, pero gracias por recordarlo, ¿Podrías avisarles? - agregó - ¿Que te parece si mañana hacemos la portada digital? La terminamos y eres libre por varios días.

- Como guste señor - dijo él, dejando ir sus planes de fin de semana.

- Por cierto... - espetó desde la silla - esa barba te queda bien.

En el pasillo frente a su oficina se encontró a Charlotte que tomaba una caja entre sus brazos para salir al auto que la llevaría a casa. Alex se apresuró a ayudarla tras saber que su auto también estaba fuera esperándolo.

- Rose, consigue folletos de agencias de autos y mándalos en cuanto los tengas a mi casa.

- Entendido señor - dijo ella, sentándose en su escritorio y tecleando a toda velocidad y marcando números de teléfono.

- ¿Y no eres mandón, eh? - preguntó Charlotte sarcásticamente

- Se toma muy en serio su trabajo - respondió él, cargando las cajas pesadas.

- ¿Y tú no?

- Si no fuera así, hubiera entrado a la fiesta de Mugler y dejarte en la calle.

- Tienes razón - dijo ella, subiendo su bolsa al auto y ayudando a Alex con la caja - Supongo que aquí termina todo.

- Por ahora - dijo él - ¿Podemos vernos más adelante? En un futuro, faltan seis meses para las propuestas de primavera.

- La verdad no creo esperar seis meses, señor Davis

- Háblame de tú - dijo él, abriendo la puerta del auto para que la chica subiera.

- Entonces.. Hasta luego Alex - el chofer arrancó dejando a Alex con la sensación que que había perdido a alguien más que a su abuela en París. Subió a su auto y partió hacia su casa, el chofer lo ayudó a dejar sus cajas en la sala de estar sobre los sillones, en ellas encontró el maletín de piel y la sombrilla de Burberry que le obsequiaron en los desfiles. Miró la fotografía que enmarcaba la pared y recordó llamar a George y a Rupert. Tomó su teléfono celular y marcó a Rupert, y con el teléfono de casa marcó a George, poniendo el altavoz en ambos teléfonos.

- ¿Sí?

- ¿Bueno? - contestaron ambos, casi al mismo tiempo.

- Hola idiotas, soy Alex, de regreso en la mancha gris bajo la lluvia eterna llamada Londres.

- ¡Hey, que hay! - exclamó George

-  ¡Hola! - Saludó Rupert.

- Verán, los llamo porque Newhouse quiere que repitamos la portada mañana - aclaró de una vez sentándose en el sillón de su sala - pero ahora será digital, para tabletas electrónicas, ya saben: iPads y cosas así.

- ¿Mañana? preguntaron al unísono.

- Si nenas, así que los veo a primera hora en las oficinas de Vogue, y lávense la cara cerdos.

Colgó en ambos teléfonos y comenzó a abrir las cajas del equipaje, haciendo a un lado la tarea de formar una revista.

Sacó todos los accesorios que había recibido de regalo y recordó la caja misteriosa de Newhouse, iba a abrirla frenéticamente cuando llamaron a su puerta: era un mensajero de Vogue que le tenía folletos de agencias de autos que le había pedido a Rose antes de regresar a casa.

Volviendo a la sala destapó la caja y descubrió que eran fotografías enmarcadas de él junto con los diseñadores y algunas fotografías de los front row de los desfiles, todas ellas con el logotipo de Vogue, como si fueran la portada una revista pequeña. Y notó que había dos álbumes (uno por París y otro por Milán) en donde se reunían las fotos de todos los eventos, los hojeó y descubrió al final que había una de él y Charlotte bailando en la Mansión Chanel, ella lucía hermosa y él no le quitaba los ojos de los suyos.

Comenzó a sacar las fotografías enmarcadas mientras derramaba unas lágrimas de impotencia al saber que su familia sufría una pérdida de un ser querido y a él le aumentaban el sueldo.

- Tres millones y medio de euros al año - susurró, tomando una fotografía enmarcada de la fiesta de Prada, donde aparecía él, Miuccia Prada, Anna Wintour y Franca Sozzani - en tu cara, perra. - dijo, arrojando la fotografía a un sillón lejano y pensando como combinar esas corbatas que recibió en los desfiles.