XVIII - La última noche en París





El día para Alex comenzó con un renovado optimismo: el último día en París significaba la vuelta a la rutina de Londres en unas pocas horas. Se duchó y vistió tarareando una canción de Edith Piaf que había escuchado en la televisión local. 

- Buen día perezosa  - dijo él, tocando a la puerta de Charlotte - ¿Lista para vivir el final de un romance parisino? - preguntó, cargándola a la cama y acostándose a su lado - ¿Que tenemos hoy? 

- Maison Martin Margiela, Kenzo, Lanvin, Paul Smith y Dior Homme - contestó ella, volviéndose a cubrir con las sábanas - ahora déjame dormir.

- ¿Bromeas? Me debes una comida en el Mandala Ray - dijo él, picándole las costillas a la chica para que le hiciera caso - ¡Arriba! - comenzó a hacerle cosquillas y la chica se retorcía de risa bajo las sábanas. 

- ¿Permites que me duche? - preguntó la chica, zafándose de los brazos del chico y poniéndose en pie - Estaré en el baño - dijo ella - y no se te ocurra seguirme - puntualizó, al ver que Alex caminaba cautelosamente tras ella.

Después de una larga espera la chica salió vestida con un look ejecutivo con su clásica falda lápiz y un cárdigan de botones, se sentó frente al tocador de la habitación para maquillarse y Alex se sentó junto a él.

- Que te parece si después de ir al Mandala Ray vamos a la boutique de Chanel a comprarnos algo decente para la fiesta de esta noche - sugirió el chico.

- Me parece perfecto - dijo ella, subiendo uno de sus pies a las rodillas de Alex - ¿Quieres ayudarme con los zapatos? Los rojos de la maleta - la chica señaló un par de stilettos que había junto con varios zapatos más.

- No me gustan - dijo él - no con lo que traes puesto - se agachó y sacó la maleta, escogiendo unos zapatos distintos - usa éstos, - tomó sus pies y colocó sus zapatos con delicadeza - de tu homónima Charlotte Olympia.

- Nunca me gustaron, pero en fin - terminó de maquillarse y tomó su bolsa - para darte gusto cualquier cosa - lo besó, lo tomó del brazo y lo llevó hasta la puerta. En la recepción la chica pedía un taxi mientras Alex tarareaba la misma canción de Edith Piaf.

En el desfile de Maison Martin Margiela, todo parecía diferente: había alfombra roja pero muy pocos fotógrafos, al entrar al centro de exposiciones todos los invitados estaban en su lugar reservado, en vez de charlar previo al desfile o saludarse, el desfile comenzó con una luz tenue, al terminar, todos los presentes aplaudieron pero el diseñador no salió al desfile.

- Eso fue raro - dijo Charlotte, saliendo de la pasarela - es un poco egoísta, según yo.

- Es un genio que nunca ve la luz, en internet no hay ninguna fotografía de él. Diseña en secreto, publica sus creaciones y es todo. - contestó - Considera que su trabajo es reconocido, pero el no tiene fama.

- Pues que idiota, si fuera él acapararía cada reflector que me pusieran adelante.

Antonio Marras, diseñador de Kenzo, afirmó el compromiso que tenía con la revista y dijo que era un gran impulso para la marca verse publicitada en un ejemplar que le daba la vuelta al mundo, y de su misma mano le regaló un par de botas que se mostraron en el desfile.

En el Front Row de Lanvin, el diseñador Alber Elbaz, hizo que Charlotte se sentara junto con Alex, haciendo de éste desfile el primero en primera fila para la chica, al terminar en show, Alber le regaló una colección limitada de corbatas de moño dentro de un estuche de piel.

- ¿Que tal tu primer front row? - preguntó el chico en el auto.

- ¡Espectacular! Aunque esos moños que te regaló son horribles.

- Lo sé, pero el estuche servirá para algo.

Paul Smith Jr. le dio la bienvenida en la alfombra roja como a todos los presentes, y dijo que su padre estaría orgullo de ver que un ícono mundial de la moda use sus creaciones día a día. Tras el desfile recibió un kit Haute Couture con corbatas, moños y pañuelos; a Charlotte sólo le tocó una pequeña bolsa de mano.

- Tu bolsa es bonita - dijo él - así te caben menos cosas y los golpes que me dan duelen menos - y como respuesta recibió un golpe de los dos bolsos.

En el desfile de Dior Homme, el diseñador Kris Van Assche, lo recibió como en su desfile: de una manera calurosa y muy respetuosa. Tras el desfile monocromático y muy parisino, reiteró su respeto a su trabajo y mucha palabrería a la cuál Alex estaba acostumbrado.

- ¿Seguro que quieres ir a la fiesta de Chanel? - preguntó Charlotte - Al parecer estas otras se pondrán bien.

- No lo sé - contestó él, mirando por la ventana del auto - La fiesta de Chanel será algo diferente, algo clásico, no me la quiero perder por nada. y por cierto, tengo hambre. Au restaurant Mandala Ray, s'il vous plaît. - dijo, dirigiéndose al chofer, el cuál con un gesto de afirmación giró a la derecha en la esquina próxima.

- ¿En serio tienes hambre? ¿O sólo lo haces por molestar?

- Ambas cosas linda - dijo él, tomando la mano de la chica entrelazando sus dedo con los suyos - Une table pour deux, s'il vous plaît. - dijo el chico en la recepción del restaurante, el lugar por dentro era muy moderno: había sillones en lugar de sillas y mesas cuadradas, una iluminación tenue para ser de día y Alex pensó que por la noche luces de neón inundaban cada rincón del sitio. Un candelabro antiguo era la decoración del centro de la pista que colgaba a varios metros de altura. Pantallas planas en todos lados del sitio mostraban videos musicales correspondientes a la canción en turno - es... muy... impresionante. ¿Y querías cambiar esto por comer en un barco? Naah.

Se aproximaron a su mesa donde estaba un mesero que parecía salido de una pasarela de alta costura.

- ¿Es guapo eh? - dijo ella, mirándolo cuando se alejaba después de dejarles el menú.

- Se operó los muslos - dijo él, leyendo el menú - huelo el silicón a distancia.

- Tienes envidia.

- Si claro, moriría por dejar la ropa de lujo y fragancias gratis por servir cervezas al doble de su precio.

- Porque... ¡Claro! no puedes dejar de lado tu aburrida vida de editor en jefe.

- Exacto, pisaré Londres y la montaña de papeles y fotografías estarán en mi escritorio esperando a ser devueltas o quemadas en una chimenea, y supongo que tú seguirás en la universidad con empleos de medio tiempo y animarás al equipo de fútbol con una falda de colores.

- Nunca fui porrista - dijo ella, ordenando la comida por Alex - era la bastonera de la segunda fila.

- ¡En serio? - preguntó Alex sorprendido imaginándose a Charlotte con un bastón golpeando a todos alrededor accidentalmente.

- Si, y supongo que tú fuiste el galán de laboratorio que mezclaba todo tipo de sustancias y estaba rodeado de tontas que no sabían la fórmula del agua.

- Estaba en el periódico escolar - dijo él , conteniendo una sonrisa, en donde guardaba la pena de admitirlo - era uno de los que recibía cartas de quejas por las noticias publicadas y de los más odiados en los bailes por criticar lo que los demás usaban. Era terrible.

- ¿Entonces eso del periodismo siempre te llamó la atención?

- Por decirlo así - dijo él, tomando de la limonada que le sirvió el mesero de gran trasero - Si es operado - murmuró, mirando a Charlotte a los ojos - ¿Tienes alguna idea de lo que usarás esta noche?

- Será algo lindo, costoso, y espero que de color negro - respondió, probando el espagueti que pidió para ambos - ¿Y tú?

- Lo primero que encuentre en la tienda - dijo despreocupadamente, tomando de su limonada - y también espero que sea negro.

Al terminar de comer Charlotte se encargó de describirle a Alex lo que era su programa de estudios en la universidad y su deseo de encontrar un empleo permanente. Hizo bromas acerca de los hijos que Alex tendría y de cómo tendría que cambiar las camisas de Thomas Pink por un delantal para preparar biberones.

Camino a la tienda de Chanel, Alex se defendió diciendo que ella engordaría tras tener a su primer hijo, que la flacidez se apoderaría de su cuerpo y su esposo se rascaría el trasero todo el día viendo el fútbol.

- El 31 de la Rue Cambon - dijo Alex, ofreciéndole un brazo a la chica para entrar en la tienda - el blanco y el negro nunca fueron tan perfectos.

Dentro de la tienda un joven los atendió al instante, dirigiéndose primero a la chica:

- ¿Puedo ayudarle en algo Mademoiselle? - dijo, haciendo una leve reverencia de respeto.

- Verá - dijo Alex, interviniendo - tenemos hoy la fiesta de Chanel en la Maison y queremos.. ambos - recalcó - lucir espectaculares, que la maldita de Keira Knightleyy Baptiste Giabiconi se mueran de envidia.

- Entendido Monsieur. - El encargado llamó a otra empleada para que condujera a Charlotte a la sección de alta costura para damas y quién lo atendió lo llevó a la sección de caballeros.

- Te veo después - dijo Alex, siguiendo al empleado por unas escaleras a la segunda planta, mientras Charlotte asentía e iba con la chica a un pasillo lateral de la tienda.

Después de más de media hora y distintas exigencias (más por parte de Alex que de Charlotte) la chica lo estaba esperando con una caja negra con el logotipo, nombre de la firma y un moño de listón en color blanco que metía en una bolsa grande de compras. Alex bajaba las escaleras con una bolsa de color blanco con el logotipo en color negro y la dirección de la boutique.

- ¿Nos vamos? - dijo él - ofreciéndole su brazo para salir a la calle a caminar un rato y tomar un taxi.

- París es muy bella, - dijo Charlotte - es muy poco apreciable dentro de un auto y con el estrés de un desfile.

- Tienes razón, pocas veces ves a las parejas besarse en el café con vista a la Torre Eiffel, la musiquita con el acordeón y el artista callejero de gran bigote - dijo él, abrazando a la chica por la cintura, cambiando la caja que cargaba ella en una gran bolsa por la suya para que Charlotte no cargara tanto peso.

- Tu barba - Charlotte le acariciaba el mentón mientras caminaban - mi genio salvaje.

- Pienso quitármela pronto - dijo él, tocándose la mejilla y sintiendo una textura rasposa, comparado con la suavidad de su piel - me hace ver viejo.

- Te hacer ver mejor

- Pero con años de más.

- Pero más atractivo

- Me convenciste dijo él - besándola en los labios y tomando un taxi de regreso al hotel. ¿Me dirás que te compraste? - preguntó él, bajando del auto con las bolsas antes que la chica.

- No, es una sorpresa Haute Couture - contestó, pidiendo las llaves en la recepción, subieron a sus habitaciones y Alex dejó la caja del vestido en la cama de la chica - No se te ocurra verlo - amenazó ella - la fiesta es a las ocho, lo que nos da tiempo de regresar temprano y preparar el equipaje y los regalos de los desfiles para enviarlos antes al aeropuerto. - Charlotte veía que Alex no despegaba los ojos de la caja pensando que contenía.

- Sí, está bien - dijo él, saliendo de sus pensamientos - y sea lo que sea que haya dentro te verás espectacular.

- Es un Chanel, hasta un vagabundo se vería espectacular con uno - salieron de nuevo y se dirigieron a la recepción, a tomar un taxi que los llevaría a los desfiles restantes.

- Te encantará el desfile de Chanel - dijo Alex en el auto, al ver que por la ventana el Gran Palais se asomaba tras un paisaje lleno de árboles que lo rodeaban - con Lagerfeld siempre esto es una experiencia única.

Al llegar a la alfombra negra del evento, los invitados entraban a lo que parecía una arena de lucha libre: un estadio circular en donde las gradas eran los asientos reservados más cercanos a la pasarela de plataforma circular, la cual estaba cubierta con una enorme cortina negra que colgaba desde varios andamios que la sostenían para la ocasión. Charlotte trataba de encontrar el lugar para la prensa cuando Alex la tomó del brazo.

- Aquí no se distingue la prensa de los VIP - dijo él - así que éste será tu segundo front row en París - la sentó junto  él, del lado izquierdo, donde compartían sitio con Andrej Pejic,Blake Libely, Audrey Tautou y para disgusto de Alex: Alexa Chung.

En lo alto del recinto se podía ver como los músicos de una orquesta tomaban sus lugares para armonizar el evento. La mayoría de los asientos ya estaban ocupados, el lugar abarrotado y todo mundo a la expectativa.

- Recuerda esto: - dijo Alex - en un front row tienes que ser indiferente, muestra una cara fría, cruza la pierna derecha siempre, has un gesto como de análisis de la prenda y frunce los labios cada 7 looks.

- ¿Porqué? - preguntó sorprendida, procesando lo que Alex le había dicho - 

- Sólo hazlo y ya - dijo él - y lo más importante: nunca hagas un gesto de "Woow" o de sorpresa ante algo que te gustó, es como de mal gusto.

- Trataré - dijo ella, cruzando la pierna e irguiendo su espalda. Al instante el murmullo de los presentes se convirtió en silencio. Las cortinas negras se movían como por una onda de aire que salía de ningún lugar, cuando notaron que se contraían y enrollaban en la parte superior del palacio francés. Poco a poco las presentes obtuvieron la mirada de un gigantesco león dorado que tenía una pata delantera sobre una esfera de piedra. Cuando las cortinas negras dejaron al descubierto la totalidad del monumento, se oyó un murmullo de admiración general, la orquesta comenzó a sonar y de la esfera de piedra comenzaban a salir los modelos ante la plataforma circular.

Charlotte se había perdido ante la majestuosidad de la estatua y volvió la mirada al desfile: la alta costura estaba delante de ella, una oportunidad que sólo podía vivir junto a Alexis Davis y los frutos de su trabajo. Notó que el chico tenía la mirada fría que le pidió tener, y una ceja levantada, como su lo que viera no fuera de su gusto. Los modelos iban y venían perdiéndose en la majestuosidad del desfile y del palacio francés.

Al terminar, Lagerfeld salió a agradecer a los presentes con todos los modelos principales y de soporte siguiéndolo desde la esfera de piedra. Le dirigió una sonrisa a Alex y a Charlotte mientras las cortinas volvían a caer, cubriendo la escultura y a los modelos que eran acaparados por tanto flash había en la estancia.

- ¡Fue increíble! - dijo ella, en el auto camino al desfile de Thom Browne - Simplemente espectacular, aunque no sé porque Lagerfeld me miró, pero no importa, ¡Podría ser su próxima chica Chanel! Si me diera a elegir quisiera modelar bolsos, las fragancias no me llaman la atención mucho...

- Cálmate ¿Quieres? - dijo Alex, ante la palabrería de la chica - te dije que París cerraría con una carta fuerte.

- ¡Lo sé! Fantástico - murmuró, recostándose en el hombro del chico.

- Hermès no será lo mismo obviamente - dijo él - pero algo bueno tendrá.

Christophe Lemaire , le dio la bienvenida a su desfile, como a todos en la alfombra roja, le indicó su lugar en la primera fila y colocó a Charlotte en un asiento inmediato detrás de Alex; y del mismo diseñador recibió una bolsa con carteras, clutches y cinturones de piel (que es la especialidad de la firma). Al terminar el desfile no faltó la foto con el káiser.

- Ánimo - dijo ella - sólo nos falta el último desfile y seremos libres y todo será felicidad desde entonces.

El chico se incorporó para salir a la última alfombra roja de París: el diseñador Thomrecibía a la entrada del recinto a los invitados y sus acompañantes, se dirigió a Alex especialmente y dijo que los zapatos de Charlotte eran magníficos "te lo dije" susurró Alex a la chica buscando su lugar en primera fila. El desfile transcurrió sin ninguna novedad y ambos pensaron que después de Chanel nada sería tan impresionante como lo ocurrido en el Gran Palais. Al terminar Alex fingió una sonrisa para las cámaras y salieron rumbo al hotel como muchas veces antes.

- Tenemos fiesta en Chanel... Tenemos fiesta en Chanel - decía Alex como un niño al que le compraban un algodón de azúcar - y será genial, no habrá alcohol, pero me peinaré decentemente.

- Eso ya es algo, era hora de que le pusieras un alto a tu cabello - dijo ella, tomando un mechón de su frente y extendiéndolo hacia la parte trasera de su cabeza - te verías bien.

- Gracias, y si te raparas y o te tiñeras de rosa te verías espectacular. Ok, es mentira, lo siento. - dijo él ante la mirada amenazante de la chica.

- Son las 5:45 - dijo Charlotte, dejando de lado la tarea de golpear a Alex - descansemos y te veré a las 7:30 para la última noche en París - la chica se despidió del chico y entró a su habitación, Alex decidió ducharse de una vez alistándose para la fiesta. Saliendo de la ducha miraba televisión en ropa interior cuando alguien tocó a su puerta.

- ¿Alex? - preguntó la voz de la chica desde el otro lado de la puerta.

- ¿Sí? - preguntó él, sin abrir la puerta para que la chica no saliera corriendo el verlo en paños menores.

- Recibí una llamada del grupo de relaciones públicas de la firma Chanel, quieren que asistas a una sesión de fotos con Lagerfeld antes de la fiesta... No sé porqué, pero mencionaron unas escaleras o algo así.

- ¿¡Escaleras!? - preguntó frenético, abriendo la puerta y dejando pasar a la chica - ¿Segura que mencionaron unas escaleras? - hizo caso omiso que la chica se cubría los ojos para no mirarlo semi-desnudo.

- Sí, algo así. -contestó ella - ¿Quieres que te pida un taxi?

- No, lo haré yo cuando baje - frenéticamente buscó el traje que compró en la Rue Cambon - ¿Podrías salir un momento? Necesito vestirme.

- ¿Ahora ya sientes pudor?

- No, quiero mantener la sorpresa de que usaré hoy.

- Como sea, te veo allá.

La chica salió cerrando la puerta tras de sí y Alex se vistió lo más rápidamente posible, salió corriendo al ascensor y bajó a la recepción como un rayo, tomó uno de los taxis que estaban bajando gente en las puertas del hotel y respiró profundo. Las escaleras Chanel, la mítica parte de la mansión por la que miles de personas (ya sean modelos, estilistas, fotógrafos o hasta mismísimos diseñadores) querían pasar. Alex tenía la posibilidad de estar presente en una velada histórica para su carrera. 

Al entrar a la mansión el blanco y negro se hizo presente de nuevo como en la boutique horas antes: el color blanco reinaba y los toques en negro remarcaban la fuerza del lujo. Un encargado de seguridad le pidió el nombre y lo dejó subir a la segunda planta.

Al subir las escaleras encontró los baños para damas y caballeros de lado izquierdo, y frente a él las escaleras con los espejos donde había ya unos fotógrafos esperando a las demás celebridades y tomando indicaciones de Lagerfeld. Subía las escaleras hacia el equipo técnico cuando su teléfono timbró, supuso que era Charlotte, por lo que se detuvo a contestar mientras Florence Welch era fotografiada.

- ¿Sí? - contestó el chico.

-¿Alex? - preguntó una voz femenina desde el otro lado de la línea.

- ¿Madre? - Alex estaba sorprendido totalmente - ¿Cómo estás? - preguntó con optimismo después de escuchar esa voz tras la última llamada.

- ¿Cómo estás tú? - preguntó, con una voz amortiguada y seca.

- Estoy en la Mansión Chanel - respondió - me tomaré unas fotos para Lagerfeld en las escaleras ¿Puedes creerlo?

- Me alegra - dijo ella, esforzándose por mantener un tono de voz adecuado - la verdad no... - aclaró, después de pensar varios segundos en silencio y darle vueltas a la noticia en su cabeza - te llamo porque tu abuela falleció hoy - Alex se sostuvo del pilar de mármol más cercano - sufrió un paro cardíaco que se complicó, fue intervenida quirúrgicamente - explicó - falleció ayer en la noche.

Alex no sabía que decir, con su mano libre se aferraba del pilar como si enterrar las uñas en el mármol arreglara todo, su mirada se mantenía estática en la fuente que en el piso de abajo adornaba la pista de baile.

- Yo... - dijo el chico con una garganta cerrada, sin en realidad saber que pronunciar - no...

- Tu padre quiere que estés presente - dijo su madre - por lo menos en el funeral, junto con toda la familia.

- No puedo - contestó - son muchas horas de vuelo, mañana regreso a Londres y tengo que conformar el número próximo para la revista.

- Entiendo - exclamó su madre, exhalando un suspiro acompañado de sollozos  - entiendo que ni siquiera la muerte de alguien hace que te esfuerces por tu familia.

- Mamá, estoy a miles de kilómetros de distancia, 7 horas nos separan y todo un océano se cierne entre nosotros - dijo, tratando de contener las lágrimas - no puedo rentar un jet privado ahora, no puedo movilizar a la Interpol y mucho menos al pentágono en los Estados Unidos, tengo muchísimo menos poder del que todo mundo cree.

- ¿Podrías intentarlo, por lo menos?

- Lo intentaré - dijo él, derramando unas lágrimas silenciosas - haré todo lo que pueda, pero en verdad no prometo nada.

- Suerte hijo - dijo ella, pronunciando las últimas palabras que ella dijo antes que Alex se mudara a otro continente para comenzar una vida totalmente nueva.

El chico se dirigió hacia los baños por los que había pasado anteriormente, se recargó en el lavabo y el reflejo del joven le tenía otra decisión importante en frente: abandonar el sueño de París y tomar un vuelo imposible de conseguir a New York esa misma noche. Estalló en llanto, sus ojos se llenaron de lágrimas que se fusionaban con el agua que salía del grifo que tenía delante de él. una mueca de dolor que reflejaba la lejanía de su familia estaba frente a él, pidiéndole una decisión rápida.

Tomó papel para las manos y se secó las lágrimas, se irguió cuan alto era y salió a la sesión de fotos con Karl, en ese lapso de tiempo mientras saludaba al káiser y charlaba con él:

- Tu trabajo como siempre: Espectacular - dijo Alex, con la mayor sinceridad del mundo. Evitando romper en llanto ahí mismo.

- El tuyo lo es más - dijo Karl - con sólo 22 años haces lo que muchos de los viejos soñamos.

- Gracias Karl, tu desfile simplemente me fascinó, mi asistente quedó impactada con la presentación.

- ¿Tu asistente? - preguntó Karl, arreglando la corbata del chico - Es linda, su cabello es hermoso y tiene lindas piernas.

- ¿No me digas que quieres que sea una chica Chanel?

- No la descarto - contestó - pero tampoco la tengo muy en cuenta.

Alex y Lagerfeld posaron para los lentes en las escaleras de la mansión, buscaban un ángulo por el que la cámara no se reflejara en los espejos y la iluminación quedara perfecta. La primera fotografía con Lagerfeld salió a la primera toma y la de Alex en solitario la querían algo más "arrogante" así que el chico tenía que bajar las escaleras tomando las solapas de su saco y un gesto de "chico malo".

- Eso es todo Davis - dijo Lagerfeld recibiendo a Blake que lucía un vestido del diseñador. - Te veo en la cena.

Alex se despidió de Karl y lentamente bajaba las escaleras a la pista de baile rodeada de pequeñas mesas con manteles blancos, pensaba en que lo sufría su familia en ese momento y él a miles de metros de distancia en una fiesta de alta costura. Se instaló en una mesa apartada de la pista y se tapó la cara con las manos. Presionó fuertemente sus ojos con sus palmas, lo que le hizo ver colores en los párpados por unos segundos.

- ¿Se encuentra bien Monsieur? - preguntó un mesero que se acercó a él.

- Sí, estoy bien - dijo él, incorporándose y dibujando una sonrisa maltrecha en su rostro.

- ¿Gusta algo? - el mesero extendía una charola con copas llenas.

- Gracias - dijo él, tomando una copa y mirándola fijamente. Sabía que su padre se enfurecería con él, era de los hombres que pensaban que los que salían en revistas podían mover medio mundo con sólo ordenarlo. Pero Alex no estaba dispuesto a hacerlo. No obligaría a Charlotte a conseguirle un avión privado para él y asistir al funeral de una persona que nunca lo apoyó, de alguien que siempre lo hacía menos por seguir por un camino diferente al de los hombres de la familia.

Absorto en sus pensamientos ignoró por completo que el salón se estaba llenando lentamente de gente y que el murmullo de sus charlas inundaba el lugar poco a poco. Bebió de su copa y notó que alguien le hablaba, tocándole el hombro: Era Charlotte, que lucía un largo vestido negro que resaltaba su silueta, y su cabello recogido con un tocado de plumas negras y blancas.


- ¿Todo bien hasta ahora? - preguntó ella, y al ver que el chico la miraba de pies a cabeza dijo - Si lo sé, es algo ajustado, pero los demás eran más cortos y estoy harta de enseñar las piernas...

- Es precioso - interrumpió él, poniéndose de pie para contemplarla mejor, iba a decir unas cuantas cosas más pero la música de la orquesta comenzó a sonar...



...cuando todos los presentes se pusieron en pie aplaudiendo al ver que Lagerfeld bajaba acompañado de Blake Libely, Audrey Tautou y los modelos del desfile, presentando una pasarela más en la pista de baile, los modelos después de pasar por delante de los asistentes subieron de nuevo las escaleras y los aplausos se volvieron a escuchar en el recinto. Lagerfeld sonreía a todo mundo y hacía reverencias en todas direcciones.

- Impresionante - murmuró Charlotte, tomando asiento en la pequeña mesa - ¡Vaya! Te arreglaste la barba - dijo ella, al ver que el chico lucía un barba más recortada - y hacer tu cabello hacía atrás fue buena idea, tu cara resalta más - añadió, contemplando al chico - Tu vez muy guapo esta noche - Alex vestía un traje de tres piezas color negro con acabado satinado y pequeños detalles de pedrería en el pisacorbatas y las mancuernillas de la camisa mientras la orquesta tocaba otra canción.


- Gracias - es lo único que pudo pronunciar, al parecer la chica tenía el efecto sobre él de olvidar sus problemas y preocupaciones, aunque por dentro se desmoronaba a pedazos.

Varios meseros comenzaban a servir la cena, pequeños bocados de pasta y panecillos acompañados con frutas y postres de azúcar iban y venían entre las mesas, Charlotte y Alex permanecían la mayor parte del tiempo en silencio. La chica notó que Alex tenía un semblante serio y reprimido a diferencia que las horas pasadas dijo:

- Lo sé, debe ser difícil volver a la rutina normal después de algo tan fabuloso como esto - bebió de su copa y tomó la mano que el chico tenía sobre la mesa - volverás a ser el mismo mandón de oficina que eras hasta pisar Milán.

El chico sonrió ante la idea de imaginarse dando órdenes imposibles. El sentido del humor de la chica era lo que más le gustaba de ella, pero tenían que convencerse ambos que lo suyo no podía ir más allá aunque quisieran, ni aunque pudieran.

- ¿Quieres bailar? - preguntó él, poniéndose de pie, ofreciéndole una mano a la chica.

- ¿En serio? Es música clásica, no he hecho esto antes - dijo ella, sin pararse de su asiento.

- Yo tampoco, pero al parecer es fácil - dijo, al ver que en la pista varias parejas sólo daban vueltas tomados de la cintura y de las manos - ¿Me concede esta pieza Belle Mademoiselle?

- Por su puesto beau monsieur - respondió ella, tomando la mano del chico y dirigiéndose hacía la pista de baile, en donde los vestidos largos y pomposos  se lucían a cada paso del compás de la música.

Alex tomó a la chica por la cintura y ella posó su mano en su hombro, sintió como el fuerte brazo de Alex la tomaba con seguridad y delicadeza al mismo tiempo. Entrelazó sus dedos con los de ella y bailaron al unísono la melodía que terminó al instante de comenzar una nueva.
La mirada de Alex buscaba la de Charlotte, sus ojos azules se perdían en los avellana del chico. Ella se aferraba de su mano como temiendo caer, él la tomaba por la cintura como si sintiera de la nada un  miedo irracional a perderla para siempre. El contacto tan cercano de ambos se sentía tan bien, Charlotte se sentía protegida y Alex más fuerte. El chico notó que los ojos de la chica se enrojecían poco a poco y desviaba la mirada. De la nada soltó su mano y muy despacio fue alejándose de él, corriendo a través de la pista de baile hacia un balcón exterior.

- ¡Charlotte! - el chico la llamó, pero ella siguió su trayecto firmemente hasta perderse en tras las cortinas blancas y negras que daban a los balcones.

El chico se abría paso entre parejas que bailaban sin prestar atención a la chica que lloraba y cruzaba la pista de baile alzándose el vestido.

El chico la encontró recargada en la cerca de piedra, frente a unos jardines donde se erigía el monumento a Coco Chanel: tres pilares de piedra coronados con leones en la cima que brillaban a la luz de la luna. Charlotte miraba perdidamente la espesura de la noche cuando escuchó unos pasos vacilantes hacia ella.

- Quisiera que esto no terminara nunca - dijo ella, entre sollozos - desde que te vi en la oficina de Newhouse nunca pensé que serías tan atractivo como lo eres en realidad. Me imaginaba al magnate obeso con bigote, pero me equivoqué, era el chico de ojos dulces y piernas delgadas que medio millón de chicas quieren tener a su lado. Milán era un sueño realizado, era una fantasía vivida.  - dijo ella, evitando la mirada de Alex, que se había recargado junto a ella, mirando la negrura del paisaje - y fue bueno que tú dieras el primer paso, yo en realidad nunca me atrevería, pero sabía que esto no podía ir más allá de las sábanas del Londra o del baño del Adagio. Nuestro trabajo: el único al que no abandonamos por otra persona.

- Mi abuela falleció hoy - dijo él - mi madre me llamó desde New York para pedirme que estuviera presente en el funeral, pero es imposible.

- ¿Puedo hacer algo? ¿Cualquier cosa? - preguntó ella, limpiando sus lágrimas y buscando un teléfono cerca para hacer un imposible, ignorando las lágrimas silenciosas del chico.

- Nada . respondió - sólo has tu trabajo y manda el exceso de equipaje de los regalos a Londres, consigue un vuelo mañana por la mañana para regresar a oficina de Vogue... - El chico silenció automáticamente, Charlotte lo abrazaba por la espalda acariciando su pecho.

- Sonará algo estúpido, y muy fuera de lugar en este momento y bajo estas circunstancias, pero... me siento la misma Gabrielle Chanel ahora - dijo, acercándose al oído de Alex- tú eres mi Boy Capel que sé que perderé de alguna forma - el chico notó que Charlotte volvía a derramar lágrimas perladas por sus mejillas - yo soy la chica humilde que se enamora de un imposible, luchando contra la venda que cubre mis ojos impidiéndome ver la realidad de esto no irá más allá de las paredes de esta mansión.

Hubo minutos de silencio y varios sollozos prolongados, las lágrimas de ambos se fusionaban en un sólo dolor por no querer seguir adelante.

- No soy un mal hijo - dijo de repente - me superé, alcancé mis metas y es por eso que estoy aquí - el chico notó que Charlotte lo mirada con compasión y nostalgia añadió - Mi abuela quiso que yo fuera abogado, como el hermano de mi padre, pero mis padres querían lo mejor para mí, y eso es lo que conseguí: abandoné la universidad por un empleo de medio tiempo que me abrió las puertas al emporio en el que estoy - explicó, perdiendo la mirada una vez más en los leones de mármol - gano dinero detrás de un escritorio rechazando trabajos y fotografías grandiosas; mi padre expone su vida a temperaturas extremas cada día en una empresa metalúrgica, y eso es lo que mi abuela me echaba en cara siempre: que el dinero que ganaba no lo obtenía con el sudor de mi frente o con callosidades en mis manos. Rechazaron venir a Londres conmigo y comenzar una vida nueva, pero no podían dejar a mi abuela sola. Así que en mi futuro me veía sólo a mí, sin nadie.

Hizo una pausa para limpiarse las lágrimas con el pañuelo que había en la solapa de su traje.

- Y lo que te diré tómalo como una orden de jefe a asistente: ni una palabra de esto a nadie. Ni a Newhouse, ni a Rose, ni a nadie... Por favor - añadió, acariciando la mejilla de la chica - Ahora disfrutemos nuestra última noche en París.

Alex dibujó una sonrisa, que a Charlotte derritió por completo: La luz de la luna sobre él, sus ojos bañados en lágrimas y su corazón abierto le hicieron tomar el impulso de besarlo, y sonreír ante la adversidad de un amor que no puede ser.


__________________________________________________________


Bien, en éste capítulo las personas más allegadas a mí y que también leen el blog, pudieron notar que la similitud de las circunstancias de la abuela de Alex y la mía sean idénticas, sin embargo yo no llego a tal grado de desearle la muerte (no por ahora) a la madre de mi padre, este capítulo es el que más trabajo me costó escribir en cuanto al despliegue de emociones y a la vez demostrar que para Alex solamente existe su trabajo.