XVII - París Fashion Week, Día 3





A Charlotte le había costado despertarlo a esa hora, las siete de la mañana, y el sol apenas entraba por la ventana de un día nublado en París.

- ¡Levántate! - decía ella, jalándolo de un brazo, provocando que cayera de la cama con gran estrépito - Por favor Alex, ¡arriba! - la chica lo arrastró hasta el baño y haciendo uso de todas sus fuerzas lo metió a la tina en ropa interior y abrió la llave del agua. El agua fría hizo que Alex se incorporara de inmediato abriendo unos ojos rojizos enmarcados por unas ojeras pronunciadas. - ¡Lo siento! Pero era la única forma de hacerte despertar.

Alex aún digería en el cerebro lo que pasaba a su alrededor cuando la chica se metió en la tina con él.

- Debemos darnos prisa, el desfile de Junya Watanabe es el primero del día y no podemos llegar tarde - 

Alex sólo mantenía sus ojos cerrados fuertemente mientras ella tallaba su pecho con la esponja, pensó que bajo otras circunstancias eso tendría que ser romántico, pero no lo era en ese instante.

- Lo siento mucho Alex - dijo ella, saliendo de la tina - pero si lo hago es por tu bien - la chica tomó la cabeza del chico y la sumergió en la bañera, varios segundos después el chico pataleaba por respirar y abrió los ojos ante la sorpresa de que Charlotte casi lo ahogaba.

- ¿Porqué lo hiciste? - preguntó, con una voz rasposa y cansada.

- Era la única forma, ahora sal, tenemos que vestirnos - dijo ella, jalándolo de nuevo fuera de la tina.

El chico se puso de pie difícilmente sosteniéndose del pequeño barandal de seguridad que había en el baño, y Charlotte salió a preparar la ropa, para su sorpresa, al darse la vuelta encontró a Alex desnudo frente a ella secándose el cabello con una toalla.

- ¡Aaaaah! - gritó ella, dándose la vuelta de nuevo y tapándose los ojos con las manos.

- ¡Cállate! - gritó él, tapándose los oídos con las manos y dejando caer la toalla - Mi cabeza me explota, casi me ahogas ¿Quieres reventar mi cerebro?

- Pues no sería posible si no te hubieras embriagado ayer - se defendió ella, bajando la voz y tapándose los ojos aún.

- Era una fiesta ¿Que esperabas? ¿Que llegara a rezar o algo así?

- Mejor cállate y vístete, tenemos que cumplir con los desfiles de hoy.

- Aún estoy desnudo - dijo él, haciendo la toalla a un lado, y acercándose a la chica - y no puedes escapar - la abrazó por la cintura, besándola en el cuello, a lo cuál la chica intentó apartarse chocando con un sillón de la sala - y para huir necesitas mirar por donde caminas y quitarte las manos de los ojos - dijo él, burlándose y caminando tras ella con un mareo mucho menor - vamos, no es tan difícil.

- ¡Alex, aléjate! - dijo ella, caminando entre muebles sin perder el equilibrio. 

- Te lo pierdes - dijo él, regresando a la cama y poniéndose unos calzoncillos.

- Eres un degenerado - dijo ella, mirando entre sus dedos que Alex comenzaba a vestirse.

- No negarás que soy lindo aún.

- Tus ojeras, tu barba desarreglada y tu cabello... Pareces un vagabundo - le espetó, poniéndose la falda tubo.

- ¿Podrías ayudarme? - Alex estiró sus brazos para que la chica le pusiera las mancuernillas en la camisa

- De verdad que eres increíble - dijo ella, con un dejo de fastidio - te embriagas, te desnudas frente a mí y tienes el descaro de pedirme que te ayude...

- Lo siento - dijo él, con una risa en los labios - Me gusta verte enojada.

- Imbécil... - murmuró ella, ajustándole la corbata - Ven -  lo tomó del brazo y lo sentó en la cama.

- ¿Que vas a hacer? - preguntó él, mirando a la chica con una mirada de lujuría

- Te voy a quitar una borrachera de encima - sacó de su bolsa su maquillaje y tomó el mentón de Alex firmemente - no te muevas - con una brocha comenzó a maquillar el párpado y bolsas del chico.


- La verdad no sé como agradecer lo que haces por mí - dijo Alex, inmóvil

- En parte es mi trabajo, lo demás es personal - dijo ella - levántate y vámonos - lo jaló por el brazo y le puso unas gafas de sol - así te verás más decente.

En el desfile de Junya Watanabe desfiló por la alfombra roja, y ante el total hermetismo del diseñador, Alex aprovechó para salir lo antes posible. Yves Saint Laurent reconoció su trabajo y posó para unas fotografías de la prensa especializada. En el desfile de la firma emergente Julius, ni siquiera los diseñadores le dirigieron la palabra, a lo cuál Alex correspondió con un: "Se lo pierden, las puertas de Vogue se les han cerrado en las narices". El diseñador brasileño Gustavo Lins, de la emoción lo abrazó y lo beso en la mejilla, y dijo que tenía el derecho de asistir a cualquier tienda del mundo y tomar lo que gustara sin pagar un centavo.


Walter van Beirendonck dijo que seguía su trabajo desde el principio y que lo admiraba "como al hijo que nunca quiso", y en el último desfile de Kris Van Assche, el diseñador dijo que planeaba lanzar una fragancia cuya inspiración era Alex: el hombre moderno que decide recorrer el mundo hasta el final para enfrentarse a su destino.



- Eso que dijo es taaaan absurdo - dijo Charlotte en el auto, acariciando la barba tupida de Alex en el asiento trasero.

- Quiero dormir - dijo él, acurrucándose en el regazo de la chica - no quiero ver la luz, ni oír ruido alguno hasta el próximo año.

- ¿O quizá quieras brindar por los últimos días en París? - preguntó ella burlona, encargándose de pagarle al taxista.

- Tu sentido del humor es muy malo, ¿Lo sabes?

- Créeme, por hacerte sufrir me vestiría de bufón si fuese necesario.

En el piso del hotel, Alex estaba recargado a la pared del ascensor, Charlotte lo jaló del brazo y lo llevó a su habitación, el chico entró pero se detuvo unos pasos dentro.

- ¿Quieres quedarte conmigo? - preguntó tímidamente - si algo pasara quiero que alguien por lo menos descubra mi cuerpo cuando me ahogue con mi propio vómito.

 La chica sonriente tomó la mano que el chico le ofrecía, y mientras ella llamaba a servicio a cuartos, Alex se despojó de su saco y de corbata.

- Siento mucho cualquier ridículo que te haya hecho pasar en la fiesta del día de ayer y cualquier estupidez que dije en ese lapso espero que lo borres de tu mente.

La chica fingió una sonrisa, desmoronándose por dentro, sabía que todo era efecto del alcohol, pero aún así le encantó escuchar esa frase pronunciada por sus labios.

- Ayer... - dijo ella, tímidamente - hablabas... cosas y decías algo...

- ¿Como qué? - preguntó Alex quitándose los zapatos.

- Decías... - la chica se detuvo un momento, no se sentía capaz de decirle que él dijo que la amaba cuando estaba inconsciente por alcohol - Que George es un estúpido niño mimado.

- Y eso es verdad - dijo él, rodeando los hombros de la chica con un brazo - y después de la fiesta de Burberry no podrás negarlo, es increíble que haya terminado con Diana Vickers... lástima, era linda, aunque claro, si es cierto que regresa como imagen para la campaña - dijo él, poniéndose de pie para atender a la puerta y regresando con el carrito de comida - y Emma Watson estará con él no tengo inconveniente en morirme de envidia.

- Emma es linda - dijo Charlotte, sin evitar una mirada de celos en su cara - debería ser tu chica Vogue.

- Lo tendré en cuenta - dijo él, destapando varias charolas del carrito - ¿Que aquí sólo sirven frutas? - preguntó algo molesto - Que más da, pido la manzana - se acostó junto a la chica y le daba de comer uvas en la boca. - ¿Que desfiles tenemos después?


- Comme des Garcons, Givenchy y John Galliano - respondió ella, tomando una cereza del plato.

- ¿Sabes el truco del tallo de la cereza? - al ver que la chica se llevaba a la boca la pequeña fruta, Alex tomó una y le quitó el tallo, se lo mostró y le explicó: - Las leyendas urbanas dicen que la prueba máxima de besar bien, no es si consigues llevar a la chica a la cama - y ante la mirada de incredulidad de Charlotte, el corrigió -  está bien, está bien, si puedes hacerle un nudo al tallo de la cereza, eres bueno con la lengua para todo.

- ¡Estás bromeando! - dijo ella - nunca había escuchado eso, pero acepto el reto - la chica tomó una cereza quitándole el tallo - si pierdes, mañana pagas la comida en el restaurante Bateaux Mouches y si tú ganas, te llevo al Mandala Ray ¿Trato?

- Hecho - dijo él - pero espero que alcances a pagar un restaurante como ése, no pienso prestarte dinero.

La chica golpeó a Alex en el pecho y se llevó el tallo a la boca rápidamente, Alex de manera calmada lo posó en su lengua y la introdujo a su boca. Después de ver la cara de esfuerzo de Charlotte Alex sacó la lengua con el nudo perfectamente hecho.

- ¿Como pudiste? - preguntó sorprendida

- Es lo bueno de asistir a buenas fiestas a la universidad - dijo él, tomando entre sus dedos el tallo anudado - ¿Dudas? - preguntó con una mirada seductora.

- Ninguna - dijo ella, algo enojada, tirando su tallo sin anudar a un plato vacío.

- Tengo que ducharme gentil señorita - dijo él, cargándola en sus brazos hasta la puerta - y no quiero que sea espectadora de un espectáculo tan fascinante como verme desnudo de nuevo.

- Exhibicionista - murmuró ella, dándole una suave bofetada Alex antes de dirigirse a su habitación - te veo después... y por favor, vístete antes de que yo entre.

Después de tomar una ducha, Alex se vistió para esperar a Charlotte, él mismo llamó a un taxi que esperaba en las afueras del hotel. El chico le ofreció a la chica su brazo para bajar las escaleras, pero ella lo tomó de la mano.

- El penúltimo día en París - murmuró ella - fue increíble.

- Y lo será - dijo Alex - mañana iremos a la fiesta Chanel y el allure parisino estará en el aire.

- Eso espero, tendré que salir de compras, no tengo nada que ponerme y venir a París sin comprar ropa de lujo es un sacrilegio.

- Quizá mañana también yo salga de compras, no sé que me pasa que he preferido perder el tiempo contigo - la chica se molestó con el comentario, pero con un beso del chico olvidó su coraje. 

- Llegamos niño mimado - dijo ella - y ponte las gafas de sol, aún luces horrible.

En el desfile de Comme Des Garcons, la misma Rei Kawakubo, le dio la bienvenida en la alfombra roja y lo llevó hasta su asiento, demostrando mucho afecto hacia Alex y admiración por su trabajo, (aunque las creaciones de la diseñadora oriental no fuesen del agrado del chico).

Riccardo Tisci, diseñador de Givenchy, remarcó la importancia de la cobertura global del trabajo de Alex, una revista que fuera más allá de los límites de la moda local y demás palabrería que mareaba al chico más que una botella de vodka entera.

Bill Gaytten, en sustitución de John Galliano ante su propia firma, afirmó que el trabajo de Galliano era libre de toda declaración que le valiera su despido de Dior, y la destitución de su propia firma, y declaró que Galiano volvería en cuanto saliera de recuperación.

- Fue lamentable lo de Galliano - dijo Charlotte en el auto regreso al hotel - todo lo que perdió por exceso de alcohol: su propia firma, el trono de Dior y pasar tiempo en la cárcel. Eso es lo malo del alcohol. - dijo la chica, mirando a Alex fríamente.

- ¿Estás tratando de decirme algo? - preguntó él.

- No nada, sólo digo que el alcohol destruye vidas.

- ¿Puedes tomar ésto como una orden? Cállate - dijo él, con una sonrisa de autosuficiencia - a menos que quieras que me convierta en un clon masculino de Miranda Priestly, aunque me dejes tirado en un desfile tan importante como lo es Chanel.

- ¿Por qué los desfiles de Chanel son tan esperados? - preguntó la chica.

- Es lo mejor de la semana de la moda de París, nunca sabes que esperar de Lagerfeld, como cuando hizo desfilar a sus modelos en un gigantesco bloque de hielo, haciendo alusión al cambio climático, y nunca olvidaré el tiovivo gigante que construyó y el laberintoque los modelos tuvieron que cruzar sin saber la salida.

- Al parecer Lagerfeld está loco - dijo ella.

- Es un genio - replicó Alex - de los pocos de hoy.

- Sí como digas... ¿Subimos y nos alistamos para la fiesta de Galliano?

- Galliano sin Galliano, no es Galliano  - dijo Alex, abriendo la puerta de la chica - habrá poco alcohol y música aburrida. Eso te lo aseguro.

- Tienes la opción de quebrarte un pie, o hacerte pasar por mi novio de nuevo para entrar a cualquier otra fiesta a la que no te invitaron. Puedes decidir.

- Pueeees... - Alex fingió concentrarse demasiado - ¿Dolerá mucho quebrarse un pie? - la chica lo golpeó con el bolso en el hombro en la recepción, lo cual llamó la atención de una pareja de ancianos vestidos para salir a la ópera.

- Nos vamos cuando quieras... - dijo Alex doliéndose del hombro - no me cambiaré, tengo tanta pereza que me quedaría tirado en la cama lo que resta de la noche. Por cierto... ¿Cargas piedras en tu bolso? - y al ver que la chica amenazaba por golpearlo de nuevo, entró corriendo a su habitación.

Alex se había tirado en el sillón frente a la TV, pasaron dos horas lentamente mirando un noticiero local hasta que tocaron  a su puerta. Encontró a Charlotte vestida con una pijama y una caja entre las manos.

- ¿Puedo pasar? - preguntó ella, metiéndose a la habitación sin esperar respuesta.

- ¿Porqué estás vestida así? - Alex estaba confundido, el vestía un traje de alta costura con ojales cocidos a mano y su asistente unos shorts de algodón y camiseta de Bob Esponja. - ¿No irás a la fiesta de Galliano?

- No, no iremos - contestó, destapando la caja circular de galletas - llamé a los representantes de la firma de John Galliano y expliqué que sufriste una pequeña intoxicación por la comida local.

- Genial - dijo él, algo molesto, sentándose en el piso junto a ella - ¿Entonces tengo que fingir que me dio diarrea?

- Sólo algo de vómito, se supone que mañana "saldrías del hospital" recuperado - 

- Es un alivio para mí - dijo, tratando de tomar una galleta y recibiendo un golpe en la mano de parte de la chica - ¡Hey!

- Si quieres una tienes que ganártela - dijo ella - A menos que quieras salir tu sólo a cenar a algún lado.

- ¿Y que tengo que hacer? ¿Desnudarme? - preguntó, al ver que la chica alejaba sus galletas y tomaba una - ¿Me dejas las de coco?

- No - dijo ella, comiéndose una y disfrutando su sabor -  Ya sé, por cada respuesta, te daré una galleta, ¿es un trato?

- ¿Es venganza por lo de la cereza?

- Sí.

- Acepto

- Bien... - la chica estaba pensando en que preguntar... cuidando su caja a la cuál Alex se acercaba más y más. - ¿Tienes problemas de alcohol? Sé sincero.

- No - contestó él, decidido - es el elixir que me quita la etiqueta que todo el mundo me coloca, me vuelvo mortal por un momento olvidando que tengo el futuro de la moda en mis manos y que la gente siempre espera de mí que vista perfectamente, como si alguien quisiera lamer el piso por donde camino.

- Pedí sinceridad, no dramatismo - dijo ella - te la ganaste - le ofreció una galleta que Alex tomó con la mano que tenía libre al recargarse en el sillón de la sala. - ahora... dime: ¿Como te ves en un futuro?

- Tan apuesto como ahora - respondió, entrecerrando los ojos, admirando la luz que se filtraba por la ventana y se reflejaba en las piernas de la chica.

- Eso no lo dudo - dijo ella, ofreciéndole una galleta más en la boca - dime: ¿Te ves como papá de un maravilloso y apuesto hijo más adelante?

- No lo sé - contestó, tras un periodo considerable de silencio - quizá cuando una chica con la que ande no pueda mantener las piernas cerradas o yo me deje llevar por el momento, meses después nazca un pedazo de carne a la cual llamaré "campeón" o "princesa". No me veo despertándome en la madrugada para cambiar pañales, limpiar vómito, callar llantos y contar cuentos. A los seis años llevarlo a la primaria, a los diez asistir a sus obras de teatro, y encontrar en su habitación cigarrillos y películas pornográficas a los 16. Y quiero evitar todo eso, a menos que encuentre una chica que me brinde su apoyo.

- Sonó romántico, cursi, realista e increíble a la vez - dijo ella, dándole una galleta en la boca una vez más - y por último, antes de irme: ¿Te has arrepentido de alguna elección desde que pisaste Londres?

- Nada - dijo él, inmediatamente - todo lo que hago es por una causa, cada elección que tomo sé que es porque me a futuro vendrá algo mejor.

El chico miró a Charlotte con unos ojos diferentes, la mirada divertida se esfumó y la de ira se desvaneció por completo. La chica comprendió que debía dejarlo sólo, que se había equivocado de pregunta y que Alex quisiera estar solo un momento.

- Me voy - dijo ella - descansaré para mañana disfrutar la última noche en París, salir de compras y demás. Hasta mañana Alex - la chica se puso de puntillas y le besó la mejilla, antes de que él abriera la puerta para que saliera.


- ¿Cherry? - escuchó la chica, al salir al pasillo, Alex estaba en el marco de la puerta, descalzo y vestido con camisa y pantalón de alta costura, una imagen que ella no pudo resistir - Gracias por todo, y perdón una vez más.

- No te preocupes - dijo ella - fue un honor salvarte la vida.

- Gracias - dijo él tímidamente, mirándose los pies y evitando la mirada de la chica - Hasta mañana.

Entró a su habitación, cerrando la puerta tras él, dejando a la chica en el pasillo, estrujando la caja de galletas y resistiendo las ganas de tirarse a llorar ahí mismo por el simple hecho de pensar que el día siguiente sería el último de un romance perfecto en París.


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- ¿Hora de la muerte? - preguntó el doctor, quitándose los guantes de látex con los que había intervenido quirúrgicamente.

- 9:47 pm - contestó una de las enfermeras auxiliares, despojándose de la cofia que le protegía el cabello. Desconectando el electrocardiógrafo ante el sonido fulminante de la muerte.

- Perkins, dele la noticia a la familia - dijo el encargado de quirófano - no había mucho por hacer.


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Hasta aquí se torna interesante, siento mucho haber “matado” a alguien tan repentinamente como éste personaje pero… no puedo estar contento si en lo que imagino hay algo de sangre.