XVI - París Fashion Week, Día 2





Sentía un ligero movimiento a su lado, las yemas de sus dedos sentían el contacto de otra piel que se estremecía de frío, al entornar su mirada notó que su mano y la de Charlotte se entrelazaron al quedarse dormidos, apartó el cabello de la cara de la chica y besó su mejilla, la abrazó contra él y le susurró al oído:

- Despierta perezosa - Alex se puso en pie quitándose la pijama para ducharse - hoy tendremos uno de los días más ajetreados - se acercó a ella gateando en la cama,  apoyándose en los brazos quedó ligeramente sobre ella, besándola en los labios, el cuello y acariciando su cabello - ¿O no quieres vivir más este romance parisino?

Como respuesta la chica se agarró de su cuello y Alex la cargó desde la cama hasta la mesa de la cocina.

- Me gustan tus calzoncillos - dijo ella - te quedan ajustados y tu trasero se ve más grande

- ¿Quiere decir que sólo te gusta mi trasero? - preguntó el, sintiéndose ofendido - O será que estás descubriendo mis secretos mejor guardados - dijo él, llevando los brazos de Charlotte a su espalda desnuda y al ver que la chica se sorprendía, le puso un dedo en los labios para que guardara silencio - Son las siete de la mañana, tenemos el primer desfile a las nueve treinta, y se me ocurren muchas cosas por hacer en dos horas - le susurró al oído - Y si te gusta mi lado salvaje te sugiero quedarte a descubrirlo.

Alex la cargó de vuelta hasta la cama, la acostó con delicadeza y él se colocó sobre ella besándole el cuello y los hombros desnudos mientras sólo escuchaba la respiración entrecortada de la chica. Acariciaba sus piernas con frenesí y ella recorría con sus manos la espalda del chico. Sentía como el abdomen de Alex se fusionaba con el suyo en una sola piel y de cómo sus piernas temblorosas se enredaban en la cintura del chico.

La noción del tiempo se perdió, intercambio de caricias y miradas de pasión se vieron interrumpidas por el timbre insistente de un teléfono.  Ambos se quedaron petrificados y con los ojos abiertos a la expectativa, el sonido seguía insistentemente cuando Alex notó que provenía de un bolsillo del pantalón que se usó la noche anterior.

- Disculpa, tengo que contestar - le dijo a Charlotte, besándola en los labios fugazmente y volviendo a la sala para charlar - ¿Sí? - Preguntó Alex, contestando al teléfono.

- Buen día señor Davis - habló una voz familiar - soy Rose, lamento llamarlo con la carga de trabajo que tiene ahora, le hablo para decirle que el señor Newhouse quiere que consiga a la chica Vogue de esta edición.

- ¿Aún no consiguen un fotógrafo permanente? - preguntó, con el ligero tono autoritario que usaba cuando quería hacerse notar

- Contratamos a los chicos que hicieron las fotografías con el señor Tom Felton - contestó ella - pero es orden directa de Newhouse que usted decida.

Alex se sentó en el sillón de la sala, era otra decisión que tomar de manera precipitada que tendría que arreglar en segundos, sus neuronas se pusieron a trabajar, miró por la ventana: observó la punta de la Torre Eiffel y juntó ideas.

- Consigan a Alizee, la cantante francesa, tomen la fotografía cuanto antes para darle placer a Newhouse y que me deje en paz.

- Entendido señor - dijo ella, y añadió: - ¿Todo bien en París? - preguntó.

- Excelente - contestó él - es domingo, así que hoy olvídate de la revista y regresa a casa. ¿Cómo está todo sin mí por allá?

- Más tranquilo - respondió ella - Y la verdad extraño el caos. Por cierto, ya tengo los complementos, artículos, reportajes, campañas , publicidad y demás suplementos para la revista, las fotografías del señor Felton acaban de llegar y la portada está lista, por orden de Newhouse se liberará a internet en cuanto usted llegue. 

- Gracias Rose - dijo él para finalizar la llamada - cualquier otra cosa llámame.

- Disfrute su estancia en París, señor.

- Eso trataré, Rose, gracias - cerró el teléfono y volvió a la cama acostándose junto a Charlotte.

- ¿Trabajo? - preguntó ella

- Demasiado, prácticamente tendré que conformar el siguiente número en cuanto ponga un pie en Londres - contestó, girándose y quedando frente a Charlotte - ¿Tenemos tiempo para seguir o tengo que ducharme?

- Si yo fuera tú me ducharía - contestó ella - Viktor & Rolf te esperan en menos de una hora.

- Bien - dijo él poniéndose en pie - te doy diez segundos para que salgas, antes de que me desnude frente a ti para entrar a la ducha

- No hablarás en serio... - dijo ella sentándose el borde de la cama.

- Diez... Nueve... Ocho... - Alex se dirigía hacia la regadera preparando todo para la ducha.

- Por favor, ¿Eres capaz de hacerlo?

- ¿Me crees incapaz? - dijo él, reanudando la cuenta regresiva - Siete... Seis... Cinco...

- Ok, me iré... - dijo ella poniéndose en pie - sólo tomaré mis cosas y...

- Cuatro... Tres... -

- ¡Está bien, ya salgo de aquí!

- Dos... Uno...

Un silencio se apoderó del lugar. Charlotte no se movía de su lugar y el movimiento en el baño había cesado. Charlotte recorrió el lugar con la mirada y Alex salió del baño tapándose adelante con una toalla y arrojando su ropa interior a la chica.

- ¡Por Dios! - exclamó ella dándole la espalda a Alex.

- Tengo las manos ocupadas, como podrás haber visto, así que disculpa que no te abra la puerta... A menos claro que deje caer la toalla.

- ¡Olvídalo... yo... nos vemos luego...! - la chica buscó la puerta a tientas sin mirar atrás para salir lo más rápido posible.

- Exagera demasiado - murmuró él, echándose la toalla al hombro y encendiendo la televisión.

Tiempo después ambos estuvieron listos, y tras convencer a Charlotte a través de la puerta de que estaba vestido totalmente bajaron a la recepción y emprendieron la marcha a los desfiles de ese día.

- ¿Vas a quedarte callada todo el día? - preguntó él, en el taxi.

- ¿Que quieres que diga? ¿Que casi veo tu... tus partes?

- Debiste hacerme caso desde el principio.

- Si claro, ¿Acaso andas desnudo por tu casa todo el tiempo?

- Es mi casa, si lo hago es mi problema.

- ¡Eres increíble! - exclamó ella, fulminándolo con la mirada.

- Si es un halago entonces: Gracias - y al ver que llegaron al lugar del evento, Alex se bajó para abrirle la puerta del lado opuesto - hemos llegado, hermosa dama.

Charlotte tomó la mano que Alex le ofrecía y bajó del auto, él desfiló por la alfombra púrpura del evento y ella se mantuvo alejada de las cámaras, dentro del lugar donde se llevaría a cabo la pasarela se encontraban asientos reservados como en todas las anteriores, con una caja metálica de regalos en cada silla del front row.

El desfile comenzó con normalidad, al finalizar, los diseñadores salieron a pasarela como era su costumbre: vestidos de pies a cabeza y peinados igual, haciendo de uno el reflejo exacto del otro. Como era de esperarse, arribaron a Alex antes de hablar con la prensa en general:

- Hola Davis... - dijo Viktor

- Hemos seguido tu trabajo desde el principio... - completó Rolf

- Eres un impresionante maestro de la estética literaria...

- Las imágenes en conjunto con las palabras hacen que página a página tengan una armonía y un ritmo bastante estable...

- Queremos felicitarte por tu excelente trabajo...

- Y también invitarte a la fiesta de esta noche...

- Puedes traer a tu chica contigo, si quieres claro...

- Se divertirán a lo grande...

- Gracias - fue lo único que pensó decir después de tanta palabrería y mareo al tener que mirar a uno y a otro cuando hablaban - Su trabajo es fantástico chicos. No puedo esperar para mostrarlo en la revista.

Y tras muchos halagos de ambas partes, Alex salió corriendo de la mano de Charlotte para tomar un taxi hacia el siguiente desfile.

- Dan miedo - dijo Charlotte, que había escuchado la conversación perfectamente - visten igual, se peinan igual, terminan las frases del otro... ¿Así son siempre?

- Sí, si no fuera porque están separados juraría que son siameses.

En el desfile del diseñador japonés Issey Miyake, le dijo (con una mezcla entre japonés e inglés) que Vogue  Japan para mujeres, fue un impulso en su carrera, y que contaba con su apoyo inminente para lo que fuese, trabajara o no en Vogue Men International.

El diseñador Rick Owens, aseguuraba que el trabajo y estilo de Alex en el vestir era fuente de inspiración para el hombre moderno "El hombre nómada que sale en busca de nuevos horizontes" y le sugirió ser la imagen de su próxima campaña.

Marc Jacobs, diseñador de Louis Vuitton, dijo que en New York, su trabajo era más que admirado: era una referencia en el mundo de la moda ya que el estilo británico es un concepto que está más familiarizado en ser único que en ser comercial. Y dentro de la bolsa de regalos encontró carteras y clutches con el logo de la firma. 

- Diseñados sólo para los VIP - dijo Marc, al ver la sorpresa de Alex - No habrá existencias en tiendas con estos modelos.

- ¿Y George es el niño mimado de Burberry, no? - preguntó Charlotte en modo burlón cuando subían al auto.

- ¿Ahora si me diriges la palabra?

- Aún no, contestó ella, golpeándolo con su bolsa de mano en el brazo.

En el desfile de Alexis Mabille, el diseñador se encargó de cambiar varios nombres él mismo para que Alex tuviera una mejor visión de la colección, y después del desfile se tomó una fotografía con él y le pidió su firma para la página oficial del diseñador.

- Si claro - dijo Charlotte sarcásticamente dentro del auto, camino al siguiente desfile - me quedó más que claro que el consentido en el mundo de la moda es Kortajarena y Craig y demás celebridades, pero claro, nunca en mi vida había visto que alguien le pida un autógrafo a un diseñador, y mucho menos que un diseñador le pidiera uno a un jefe editorial.

- Me gustas más cuando estás callada - dijo él, antes de acercarse a su cuello y morderlo con suavidad.

- ¿No me abrirás la puerta?

- Los celebrities no hacemos eso - dijo él, poniéndose unas gafas de sol.

En la alfombra roja de Jean Paul Gaultier la mayoría de los medios acaparaban la presencia de Madonna (conocida amiga del diseñador) que buscaban unas palabras de la diva, así que Alex pasó directamente al recinto de exposiciones donde se llevaría a cabo el desfile.

- ¿Que se siente ser opacado por la diva del pop? - le preguntó la chica al oído.

- Lo mismo que sentirás ver todo desde arriba - dijo él, con una sonrisa burlona al ver que la prensa tendría que subir unas escaleras a la parte alta del lugar.

- Te odio maldito sexy - susurró la chica subiendo las escaleras hasta su lugar correspondiente. Después de varios minutos elementos de seguridad sacaron a miembros de la prensa que no estaban autorizados para entrar y que querían una fotografía de Madonna. Después de un pequeño disturbio y un ligero retraso el desfile comenzó y continuó con normalidad. Al terminar, Alex esperó a Charlotte en la puerta de salida.

- Huyamos, quizá Gaulier me ponga a cantar con Madonna e incluso eso para mí es demasiado.

- ¿Y eso no lo hacen los socialités?

- Ellos sí - dijo él abriendo la puerta del auto - pero yo soy un simple director de revista.

- Pues el editor de revista es libre hasta las seis de la tarde para el desfile próximo ¿Gusta volver al hotel o desea comer algo?

- Me gustaría tumbarme en la cama todo el día - dijo él abrazándola con su brazo derecho - pero el plan de salir a comer no está mal.

Au restaurant Elysée Dragon, s'il vous plaît. - dijo Charlotte con un acento francés muy exagerado.

- ¿Estuviste practicando eh? 

- Digamos que aprendí del mejor - le quitó la corbata guardándola en su bolsa de mano y desabrochándole unos botones de la camisa - moi sauvage sexy. - dijo ella dándole una ligera palmada en la mejilla.


- A donde me llevarás ¿Eh? - preguntó

- Comida China, ¿Te gusta?

- ¿Es de esos lugares donde una chica desnuda se acuesta sobre la mesa y tienes que tomar la comida de su cuerpo?

- ¡Eres un maldito...! - exclamó ella, pero Alex la agarró por los brazos para que ella no lo golpeara.


Al llegar al restaurante Alex se sorprendió al ver el lugar: debajo de las mesas había estanques por donde nadaban peces de todos colores y la iluminación del lugar parecía que se habían internado en un arrecife.

- Estás demente - dijo él - ¿Tenemos que pescar nuestra propia comida?

- No seas tonto - ella lo tomó de la mano llevándolo a una mesa sobre el estanque protegido con cristal.

- ¿Puedo ordenar por ti? - preguntó ella, tomando el menú.

- Como quieras, tengo tanta hambre que me comería una corbata de Gaultier.

- Exageras... - murmuró ella.


Alex la imitó con un gesto grotesco que la chica no alcanzó a notar. Ante la insistencia de Charlotte, Alex no quiso nada más que arroz y una cuchara.

- Te ves vulgar comiendo arroz chino, en un restaurante chino, sin palillos chinos ¿Lo sabías?

- ¿Y? - preguntó él con la boca llena

- ¡No hagas eso! - le reclamó - Si eres un editor en jefe de una revista internacional compórtate como tal.

- Tú no eres mi madre - dijo él.

- No lo soy, lo sé. Pero podría acusarte con Newhouse de que no asististe a la fiesta de Mugler ayer.

- ¿Ah sí? - Alex mostró una mirada retadora - ¿Y se enterará de que la asistente que contrató está teniendo una aventura con su jefe en París?

- No serías capaz - dijo ella, tomando un pequeño rollo de sushi con los palillos - A nadie le conviene, ni a tí, ni a mí, ni a la revista.

- Tienes razón - dijo él - no hay amor, así que no hay buena razón por la cual perderlo todo.

- ¿Lo darías todo por amor? - preguntó la chica muerta de curiosidad

- No - respondió él - pero no negarás, que soné convincente.

- Maldito... - la chica lo fulminó con una mirada de desprecio.

- ¿Nos vamos ya? Quiero afeitarme, la barba comienza a incomodarme - dijo él, mirándose en el reflejo del florero de la mesa.

- La barba te queda bien - dijo ella - en verdad te ves más elegante, como un hombre de negocios, más enigmático y salvaje.

- ¿Eso crees?

- Sí - contestó ella alejando su plato.

- Bien... conseguiré espuma para afeitar entonces. - la chica lo golpeó con su sobre antes de que pagara la cuenta -

- ¿Que nunca respetas mi opinión?

- Si no te tomara en cuenta, aun estuviera ebrio por la fiesta de Mugler, y tú estuvieras en el hotel.

- Que considerado eres - dijo ella con sarcasmo.

- Lo hago lo mejor que puedo - le abrió con caballerosidad la puerta del taxi que los llevaría al hotel y en el auto preguntó - ¿Que nos queda el resto del día?

Dries Van Noten y Adam Kimmel - contestó ella, consultando horarios - Después la fiesta de Viktor & Rolf y podemos volver a la cama.

- Me gusta la idea, pero prefiero dormir. Un hombre de negocios no puede amanecer con ojeras.

- Si claro, porque la imagen lo es todo - dijo ella con sarcasmo nuevamente - como una espalda recta, una cara inexpresiva en los desfiles y masticar con la boca abierta en un restaurante de París. Eso si es glamour.

- Deberá haber una cláusula en donde especifique que las asistentes no deban hablar demasiado.

- Disculpe señor Davis, pero si le molesta no abriré los labios para nada más... - dijo ella, molesta - Y para que lo sepa, usted no firmó un contrato.

- Por desgracia, así es... - dijo él - así que te ordeno no decir ni una sola palabra camino al hotel.

- Pero...

- Cállate - dijo él, besándola el resto del trayecto hacía el hotel.

Al llegar a la recepción tomados de la mano, el teléfono de Alex sonó de nuevo.

- ¿Sí? - contestó

- ¿Alex? ¿Como estás? - preguntó una voz conocida.

- ¡Rupert! ¡Estoy en París! ¿Qué tan mal puedo vivir ahora?

- Suenas optimista y eso no es normal - dijo Rupert desde el otro lado de la línea - ¿Te drogas ahora?

- No seas idiota - dijo él, susurrando para que Charlotte no escuchara - simplemente esto no es tan difícil como lo pensé en un principio.

- Sí claro... Eso o me estás ocultando algo - especuló Rupert - como sea... ¿Recuerdas el accidente de auto?

Alex se quedó petrificado, había olvidado por completo que el auto de Rupert quedó destrozado y además habían evadido la justicia.

- ¿Nos descubrieron? - preguntó él, en un tono de voz casi inaudible

- ¡Para nada! - contestó - Verás... decidí venderlo como chatarra y comprarme un auto nuevo. Así podemos salir de fiesta en algo más decente ¿No crees?

- Rupert, en verdad lo siento - dijo Alex, siguiendo a Charlotte a una distancia considerable para que no escuchara nada - te prometo que pagaré la mitad en cuanto llegue.

- ¡Olvídalo! - dijo el chico - pero cuando vengas tendrás que pagar los tragos.

- Está bien - dio Alex con una sonrisa - por cierto... Me encontré con tu chica... Karen Anne...

- ¿Y? - preguntó Rupert frenéticamente - ¿Le hablaste de mí? ¿Qué dijo?

- George me ayudó mucho - dijo Alex - el me la presentó y quizá se fije en ti si volvieras a nacer.

- Ajá... ¿Y tú eres un Don Juan, no?

- Tengo que irme, mi romance parisino me espera - dijo él, cerrando el teléfono y cortando la llamada, ignorando los gritos de Rupert.

- ¿Más trabajo? - preguntó Charlotte, tomando a Alex por la cintura.

- Sí - mintió él, añadiendo un suspiro nostálgico convincente - al parecer llegaré a Londres a conformar la revista en un día, lo que por lo general me toma semanas.

- Vaya... - dijo ella tratando de encontrar un comentario que lo hiciera sentir bien - debe ser estresante.

- No mucho... tengo París dos veces al año y eso cuenta como vacaciones, además de las vacaciones.

- Te veo luego - dijo ella, poniéndose de puntillas par besarlo en la frente -descansa, dúchate y vuelvo después... antes de entrar a la habitación contigua agregó: - y por favor, vístete.

- No prometo nada - dijo él, cerrando la puerta.

Se tiró en la cama con las extremidades abiertas, el sabor del arroz aún le quedaba en la boca y sentía las piernas adoloridas. Tenía la tentación de quedarse dormido allí mismo pero supo que el día debía continuar. Se duchó por segunda vez en el día y espero a que Charlotte tocara a su puerta.

- He estado pensando... - dijo ella, mientras arreglaba el cuello y corbata del chico - ...que en verdad estás sometido a mucha presión. Y no creo estar ayudando demasiado, portándome como lo hice en el restaurante.

- No... no tienes que pedir disculpas - dijo él, poniéndose las mancuernillas en los puños de la camisa - siento reaccionar así.

- No hay problema - lo besó en los labios y añadió: - no quería decirte esto pero... Newhouse también mandó fotógrafos a todos los desfiles - ante la cara de conmoción y sorpresa de Alex agregó: - sólo para las colecciones, piensa hacer un suplemento especial acerca de las próximas tendencias, así que sabe que no estuviste en la fiesta de Mugler y en cuales desfiles has aparecido.

- Demonios - susurró él.

- No te preocupes, saldrás adelante como hasta ahora.

- ¿Sabe lo nuestro? - preguntó él, sintiendo que se le helaba la sangre.

- No lo sé, si no se ha manifestado hasta ahora quiere decir que no.

- Y supongo que en París terminará todo.

- Sí - dijo ella, apoyando la cabeza en el pecho de Alex - Al parecer pueden más los medios y el peso de tu fama que un amor que no sentimos.

- ¿Sabes? Me gusta estar a tu lado, pero no creo sentir nada más por ti que lo que siento ahora - dijo Alex, acariciando el cabello de la chica

- Yo también pensé que... - dijo la chica, tratando de contener unas silenciosas lágrimas - que aquí terminaría todo, que la tonta chica universitaria que consigue un empleo temporal se enamorara de su jefe en París, y que sería feliz por siempre a su lado. Pero claro, el color rosa no siempre aparece de la nada en la vida, a menos que luches contra la negra realidad.

- Y la negra realidad de hoy es que tenemos que darnos prisa para llegar al desfile de Dries Van Noten - dijo él, apartando a Charlotte suavemente de su regazo, como si fuera tan frágil como el cristal  y temiera que se quebrara - ¿Nos vamos Mademouiselle?

-Bien sûr, mon amour. - Contestó Charlotte, tomando el brazo que Alex le ofrecía al salir de la habitación.

En el desfile de Dries Van Noten el diseñador remarcó la importancia del trabajo de Alex a nivel mundial, y le profesó su respeto por la decisión de absorber Vogue Japan para tener una revista de cobertura global. Y Adam Kimmel no podía ocultar su sorpresa y admiración por el chico.

- Es fantástico que hayas venido - decía - el gran Alexis Davis en mi desfile de París. Supongo que los demás diseñadores te habrán ofrecido colaborar con ellos, ¿Cierto? - y al ver que Alex asentía tímidamente, Adal dijo - ¡Bah!Tú no lo necesitas! Simplemente puedes pedir cualquier cosa y obtenerla en un parpadeo. Recuerda la fiesta de esta noche, ¡Nos Vemos!

- Hasta luego - se despidió Alex, que era lo único que había dicho.

- ¿A que fiesta quieres que te confirme? - preguntó Charlotte, sacando su teléfono, lista para hacer llamadas y mover medio mundo por Alex.

- A la de Viktor & Rolf - dijo él, recostándose en el asiento del auto, apoyando su cabeza en las rodillas de Charlotte, mientras llamaba para confirmar su asistencia - ¿Tenemos tiempo de sobra?

- Dos horas - contestó ella - ¿Quieres salir? 

- ¿Tú quieres salir?

- Sólo si tú quieres salir.

- Entonces salgamos - dijo él, acariciando su mentón y esbozando una sonrisa.

Aller à la Tour Eiffel, s'il vous plaît. - ordenó la chica al taxista.

- Progresas rápido - dijo él, mirando los ojos de la chica con una mirada soñadora.

- Digamos que me gusta el francés ¿Te sorprende?

- Non, ce qui me surprend, c'est vraiment la grande habileté que je doishcer perdu dans le bleu de tes yeux. - dijo él, con un acento francés bastante convincente. - ¿Te sorprende?

- Demasiado - dijo ella, inclinándose para besarlo - Arriba, llegamos perezoso.

La luz naranja de la tarde bañaba los árboles cercanos y la omnipotencia de la Torre Eiffel se congregaba frente a ellos.

- ¿Subimos?

- ¿Tenemos tiempo? - preguntó ella.

- Viktor & Rolf pueden esperar - Alex la tomó de la mano y la llevó corriendo hasta la Torre Eiffel, llamaban la atención de la gente porque parecían dos niños jugando en una tarde de verano vestidos para trabajar en una oficina aburrida.

Vers le haut - Dijo Alex, poniendo en el mostrador un puño de billetes arrugados y acercándose al ascensor.

- ¿No sería más romántico caminar?

- Sí podríamos - dijo él, presionando el botón del lugar más alto del documento - pero son esos zapatos que traes puestos prefiero pagar a darte un masaje después.

- ¿Vas a empezar a usar el sarcasmo?

- Soy realista linda, y si te fijas preferimos discutir a besarnos apasionadamente en un ascensor de París. Somos un asco de pareja.

- Somos diferentes, sólo eso - dijo ella - pero si gustas cuando bajemos puedo dejar que toques mis senos.

- Pierde todo el encanto si lo planeas - dijo él - estas cosas tienen que ser espontáneas.

- Como quieras dijo la chica - saliendo primero que Alex del ascensor y recargándose en un barandal de metal - es increíble - murmuró ella, apartándose el cabello que el viento le revolvía.

- Lo es - dijo Alex abrazándola por la cintura y colocando su cara sobre el hombro de la chica. Podia sentir el cosquilleo de sus cabellos en su cara y su aroma hipnotizante.

- Me gustaría que esto durara por siempre - dijo ella, acurrucándose en el regazo del chico.

- A mi también, pero sabemos de sobra que no puede ser, simplemente piensa en Newhouse y con eso nuestro pequeño mundo en París se viene abajo.

- Está Newhouse, tu trabajo, mis estudios, todo un abismo nos separa.


- Y siendo sinceros ninguno de nosotros está dispuesto a renunciar a todo.

- Exacto - dijo ella, acariciando la mejilla de Alex - Tres días más y esto nunca existió - susurró ella con un dejo de nostalgia.

- ¿Nos vamos? - preguntó Alex - Quiero descansar antes de magullarme los pies en la fiesta de Viktor & Rolf con mi pareja de baile.

- Quisiera quedarme aquí para siempre - murmuró ella - envejecer, dar de comer a las palomas, disfrutar el dinamismo de la gente...

- Cuando eso pase - dijo Alex hablándole al oído - me mandas una postal al acilo en donde pasaré mi decrepita vejez.

- Si no es que mueres primero - dijo ella, dirigiéndose al elevador.

- ¿Puedo tocar tus senos? - preguntó el chico, en un tono serio y divertido a la vez.

- Ni se te ocurra - contestó ella, moviendo su bolso de manera amenazante.

En el hotel Adagio, Alex estaba entrando a su habitación cuando Charlotte lo tomó de la mano.

- ¿Quieres compartir mi cama? - preguntó ella, pidiéndole que estuviera con ella como si le temiera a la oscuridad.

En la habitación se podía ver todo lo contrario que en la habitación contigua: todo en su lugar, en su espacio y su tiempo. Alex reconoció que comparado con la de Charlotte, un huracán había pasado por el número de  al lado. Y mediante la ventana pequeña (comparada con la de Alex) se podían apreciar unas gotas de lluvia que comenzaban a caer.

- ¿Que es más romántico que estar en París viendo llover? - preguntó ella, dejándose abrazar por el chico en la cama.

- Lo sería si en realidad esto fuera más allá, si traspasara estas cuatro paredes y estuviéramos dispuestos a aceptarlo.

Estuvieron en silencio un largo tiempo, el ruido de la lluvia era el único sonido que amenazaba con romper la atmósfera perfecta.

- Tengo que tomar una ducha - dijo ella - no querrás que tu pareja de baile huela mal ¿O sí?

- Para nada - contestó él - y por eso supervisaré esa tarea.

- ¿A qué te refieres? - preguntó la chica.

- ¿Qué te parece si tomamos una ducha juntos? - propuso él, abrazándola más fuerte para evitar que escapara de sus brazos.

- Estás demente - dijo ella, besándolo en los labios.

- ¿Eso crees? - Alex se puso en pie y se dirigió a la puerta - volveré en un minuto, y quiero verte en ropa interior para entonces - salió de la habitación y Charlotte no lo tomó en serio y comenzó a desvestirse para entrar en la ducha. Tocaron a la puerta y Charlotte al abrir notó que Alex estaba envuelto en la bata de baño del hotel, el chico la abrazó por la cintura y la llevó hasta el baño.

- ¿Dudas de mí aún? - preguntó él, dejando caer su bata antes de entrar a la ducha, tratando de apartar las manos de Charlotte con las cuales se tapaba los ojos - y si te preocupa, en realidad no estoy desnudo - dijo él, apartando los brazos de la chica y entrelazando sus manos.

- Alex no creo que esto sea lo correcto - dijo ella, con una voz nerviosa, dejándose llevar por el chico dentro de la tina, y despojándola de su bata.

- No habrá sexo, si eso te preocupa  - dijo él, besándole el cuello - prometo no despojarme de mi ropa interior.

- ¿Es un trato? - preguntó ella, alborotando su melena.

- Tenemos un trato - dijo él, abriendo la llave de la regadera y sintiendo el agua fría recorrer sus cuerpos, disfrutaba la sensación de fricción de sus cuerpos y la cara de Charlotte al sentir el agua helada. Alex la abrazó y la besó profundamente. La chica recorría la espalda de Alex con las manos y el chico enredaba sus dedos en el cabello de la chica.

Entre espuma y burbujas el tiempo parecía no transcurrir, ninguna palabra de amor se hizo presente, pero las caricias y una mirada de complicidad dejaban en claro que tipo de relación se llevaba a cabo en ese cuarto de baño.

- Disculpa que no haya pétalos de rosas, ni vino blanco, ni velas aromáticas - dijo él - pero eso es para los recién casados y tú y yo dentro de varios días nos borraremos de nuestras memorias.

- No hay problema - dijo ella, acercándose al pecho desnudo de Alex, que estaba sentado y recargado en la tina - Pierde todo el encanto si lo planeas.

- ¿Salimos? Estoy comenzando a arrugarme y quiero aparentar que tengo 22 todavía.

Alex ayudó a Charlotte a salir de la bañera, el chico tuvo que darse la vuelta para no mirar mientras ella se cambiaba de ropa interior y ella tuvo que salir para no ver a Alex desnudarse sin tapujos.

- ¿Me ayudas con el vestido? - preguntó Charlotte apartándose el cabello de la espalda para que Alex le subiera el cierre.

- Tienes una espalda muy... linda - dijo él, ajustando el cierre y acomodando el cabello de la chica.

- Gracias - dijo ella, ayudando a Alex con los puños de la camisa - tu abdomen es... liso.

- El gimnasio y yo no congeniamos - dijo - soy talla 28 y vivo feliz - le ofreció un brazo al salir de la habitación - ¿Nos vamos?

La chica lo tomó de la mano y bajaron a la recepción, donde como siempre estaba un taxi esperándolos.

- La fiesta de Viktor & Rolf - murmuró Alex, en el auto - será la fiesta más loca a la que irás, a menos que ya hayas visto como sacan a un caballo de una piscina con una grúa.

- ¿En serio?

- Sí, además te sugiero que te alejes de Rolf... Baila horrible - apuntó, bajando del auto para abrirle la puerta a la chica, el lugar de la fiesta era un edificio de una sola planta, el cual estaba cubierto de color violeta y una gama de colores morados (gracias a efectos de iluminación) que hacían alusión a la inspiración de la colección. La alfombra púrpura estaba presente en la entrada al recinto y los medios pedían una fotografía de los que desfilaban.

Al entrar en el interior, Charlotte se sorprendió al ver acróbatas que colgaban de cortinas suspendidas desde el techo, en jaulas había bailarines con body-paint que se movían al ritmo de la música. Alex tomó de la mano a Charlotte y la condujo hasta una esquina, en donde había sillones color morado con cojines que llevaban estampado el logo de la firma.

- ¡Esto está de locos! - dijo la chica, moviendo los pies al compás de la canción en turno - ¡Vamos a bailar!

La chica lo jaló del brazo hasta el centro de la pista, comenzaron a moverse de manera natural, una canción tras otra cuando un par de chicos los arribaron:

- Al perecer se la están pasando genial - dijo Viktor

- Deberían beber algo - dijo Rolf, tomando dos copas de la charola de un mesero - todo baile es mejor con la vista un poco cansada.

- ¿Quién es la chica? - preguntó Viktor - Es linda, si yo fuera tú no la dejaría sola ni en el baño - dijo, con una carcajada que todos imitaron.

- Es Charlotte, mi asistente en las semanas de la moda - dijo, y Charlotte le extendió una mano a ambos, que correspondieron con un beso en la mejilla.

- En verdad eres linda - dijo Rolf, mirándola de pies a cabeza - tus zapatos son maravillosos.

- Por supuesto, los hicieron ustedes - y otra carcajada se hizo sonar.

- Los dejamos solos - dijo Viktor.

- No la dejes ir amigo - le susurro Rolf a Alex al pasar a su lado.

- ¡Y disfruten la fiesta! - exclamaron ambos alzando sus copas, de nuevo pareciendo un espejo andante: uno el reflejo exacto del otro.

- Aún me dan miedo - dijo Charlotte, bebiendo de la copa, que tenía un líquido de color lila.

- Nunca los entendí - dijo él, vaciando la copa de un sólo trago - pero admito que hacen lindos trajes.

La fiesta transcurría al compás de música pop, dance y electrónica, los bailarines dentro de las jaulas bailaban  con los invitados y los acróbatas se lucían con piruetas en el aire. Alex y Charlotte caminaban a todos lados tomados de la mano, bailaban junto a una fuente que caía desde el techo. El tiempo pasaba y nadie era consciente de él.

- Ya es tarde ¿Lo sabías? - le susurró Charlotte a Alex en el oído - Vámonos, son nuestros últimos días en París - el chico se puso en pie difícilmente debido al consumo del alcohol.

- ¡Adiós amigos! - Se despidió Alex de Viktor & Rolf que estaban sentados en una mesa lejana junto con los VIP -  Excelente colección, francamente impresionante, excelente fiesta, la mejor de las fashion weeks.

- Gracias - dijo Rolf.

- Es un honor que nos hayas acompañado - dijo Viktor

- El mejor editor en jefe -

- Que Vogue verá en muchos años -

- Gracias chicos - dijo Alex - tenemos que retirarnos, mañana terminan las fashion weeks y quiero despedirme a lo grande.

Después de varios halagos hacía Alex que el juraba no merecer, salieron a la calle en busca de un taxi. Era la una de la mañana y Charlotte presentía que Alex no estaba bien.

- Linda - dijo él, abrazándola por la cintura - ¿Llegando al hotel puedo dormir contigo? Le tengo miedo a la oscuridad - Charlotte sentía un cosquilleo en el estómago al escuchar esas palabras, pero sabía perfectamente que Alex estaba ebrio, pero aún así no sabía si las decía de manera sincera.

- Alex, iremos al hotel y descasarás.

- Quiero estar contigo - dijo él, notando un tremendo olor a alcohol - quiero dormir contigo, tocar tu piel, alborotar tu cabello.

Charlotte había conseguido un taxi finalmente. El chofer miraba insistentemente por el espejo retrovisor que Alex trataba de besar a Charlotte y ella se negaba. "Una prostituta" pensó. Al llegar al hotel, ella lo condujo lo más rápido posible a su habitación, lo tiró en la cama y le quitó los zapatos.

- Charlotte, ven conmigo, quédate a mi lado - murmuraba con los ojos cerrados mientras la chica le quitaba la ropa. - Te amo Cherry.

La chica se había quedado de piedra, la sangre se le congeló y las extremidades no le respondían, esperaba oír esas palabras en otro lugar, en otro ambiente, de otra forma. La chica terminó de desvestirlo y se dirigió a su habitación, en la cama imaginó lo que sería borrar los días más maravillosos de su vida, y se estremeció. Daba vueltas en la cama sin poder dormir, insegura de lo que sería el futuro, mientras a kilómetros de distancia, alguien se convulsionaba en la cama de un hospital, luchando por su vida.


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¿Tenía que decir “te amo” de todos modos no? Y esa fue la mejor manera que encontré.