El
día apenas comenzaba cuando, acostado en la cama sentía un movimiento brusco en
su hombro. Al notar la insistencia de quién llamaba, abrió los ojos lentamente
y se encontró con Charlotte que iba y venía por la habitación con la camisa del
chico puesta.
-
¿Que pasa? - preguntó él, incorporándose en la cama.
-
Pasa que dentro de media hora salimos a París - dijo ella, poniéndose un
pantalón tratando de no perder el equilibrio en una sola pierna.
-
París - murmuró Alex - ¡Demonios! - se levantó corriendo de la cama, abrió el
armario y se vistió con lo primero que encontró.
- di
Hotel Londra un taxi a Milano il più rapidamente possibile, per favore! - Pidió Charlotte por teléfono - el equipaje de sobra
ya han venido por él, estará en Londres antes que nosotros, el taxi pasará por
nosotros para salir al aeropuerto internacional, el vuelo ya está reservado,
aunque el primer desfile sea a las cinco de la tarde tenemos algo de tiempo
para descansar después del vuelo.
-
Eres impresionante - dijo Alex abrochándose la camisa - no sé que haría sin tí.
-
Para empezar seguirías dormido - contestó ella, poniéndose los
zapatos, el taxi estará aquí en 10 minutos. Así que date prisa.
Ambos
salieron corriendo de la habitación arrastrando las maletas, llegaron a la
recepción entregando las llaves de las habitaciones mientras ayudaban a subir
el equipaje.
- l'aeroporto internazionale, rapido! - ordenó Rose y el chofer piso el
acelerador, internándose en el caos del tráfico hacia la autopista que
comunicaba el aeropuerto con la zona turística de Milán.
Al
llegar al aeropuerto (con 5 minutos de antelación) dejaron su equipaje y ambos
subieron al avión, exhaustos por atravesar corriendo la sala de abordar. En el
avión dieron un último vistazo a tierra italiana antes de un vuelo de 90
minutos. Durante el trayecto comentaron los pormenores de la fiesta, de cómo
Charlotte escuchó en el baño que Cara y Edie Campbell criticaban a Alexa Chung, y Alex le contó de como
Seb Brice hacía chistes todo el tiempo acerca del cabello de Thomas Penfound.
La mayor parte del vuelo la pasaron en silencio, ese silencio incómodo que a
veces ellos aprovechaban para comerse a besos, muestra de un amor que no
existía. A Alex le costó trabajo despertar a Charlotte, se había quedado
dormida en su regazo y el chico sentía el brazo entumido.
-
Cherry... - decía él, en un susurro - llegamos a París, deberás tener los
ojos abiertos si quieres verme en la Torre Eiffel - la chica poco a poco abría los
ojos y se dio cuenta de que el avión estaba detenido, se puso de
pie precipitadamente para bajar del avión - ¿Eres de sueño pesado eh? -
dijo, subiendo al taxi que los llevaría al hotel después de reclamar su
equipaje.
-
Lo siento - dijo ella, apoyándose de nuevo en el brazo de Alex - sigo algo
cansada por la fiesta de ayer - consultó su reloj y afirmó : son las 12:15, es
la misma hora que Milán, así que en Londres es una hora menos que aquí.
-
¿En donde nos hospedaremos? - preguntó Alex, admirando los edificios de las
calles adornadas con jardineras y árboles en las aceras.
-
¿Es una zona estratégica? - preguntó Alex suplicando no tener que explicar el
término.
-
Sí, - Charlotte consultó su iPod donde Alex notó tenía agendados los horarios y
en la pantalla aparecía un pequeño mapa - está en la zona céntrica de lo que
serán los 37 desfiles de los próximos cinco días. La mayoría de ellos en el Nord Villepinte y el Porte de Versalles. Excepto el de Chanel, que será en el Grand Palais.
Con
todo aquello que Charlotte le soltó de repente comenzaba a dolerle la cabeza.
-
¿Sabes? La próxima vez omite detalles técnicos para convencerme de que no soy
un esclavo de revista.
-
Lo siento, pero es lo que hay - dijo ella besándolo en la mejilla - por cierto,
me gusta tu barba - dijo ella, acariciándole la cara a Alex - te da
un aire "salvaje" - y al ver que el chico la miraba con gesto de
incredulidad desvió la mirada, pero lo que no esperó es que él hiciera un
sonido como de lobo y le mordiera el cuello, besándolo después.
-
Me raspa tu barba Alex - dijo ella quejándose con una sonrisa en los labios -
vas a dejar a tu aventura amorosa irritada por toda la cara.
-
Estamos en París - dijo él, pasando un brazo por detrás para abrazar a
Charlotte - puedes comprar tratamientos de belleza a precios estrafalarios y tu
piel seguirá siendo tan linda como siempre.
-
¿Tienes planeado salir cuando estés libre? - dijo ella fingiendo un puchero -
Quería quedarme en el hotel sin salir de la cama.
-
Entonces el 31 de la Rue Cambon tendrá que esperar - comenzó a besarla en los
labios con frenesí, tanto que el chofer tuvo que casi gritar para hacerse
escuchar:
- Messieurs,
nous sommes arrivés à votre destination.
- Désolé,
nous vivons la passion qui se déchaîne après avoir quitté Paris - contestó Alex, para sorpresa de Charlotte.
- Je
comprends, ne vous inquiétez pas, monsieur. - dijo
el chofer, ante una atónita Charlotte que bajaba del auto
- Merci,
mon pote - dijo Alex, poniendo
un billete de 20 euros en la solapa del traje del conductor.
-
¿Que se decían? - preguntó Charlotte contrariada.
-
Ehh... Nos deseo una feliz estancia en París - mintió, poniendo las maletas a
un carrito para que las subieran a las habitaciones - ¿Que tenemos hoy?
-
A las cinco el desfile de John Lawrence Sullivan, después Mugler, Edhud y por
último Christian Lacroix Homme. a partir de las ocho estás libre.
-
Genial - murmuró él - un día ligero que nos dará tiempo para recorrer París.
-
¿No te confirmo a ninguna fiesta? - preguntó la chica, abriendo la puerta de su
habitación.
-
Confirma a la de Mugler, quizá nos encontremos a Lady Gaga desnuda por allí.
-
Que gracioso ¿Eh? - dijo Charlotte golpeándole el trasero a Alex con la maleta.
-
Nos vemos después - dijo él, y al entrar a su habitación se sorprendió al
encontrarse con un ventanal que tenía las cortinas abiertas y en el exterior se
apreciaba la Torre Eifel, cientos o quizá miles de turistas se congregaban
alrededor del monumento para subir a la cima y admirar a la ciudad luz desde la
cúspide. Admirando la vista que le ofrecía el majestuoso hotel, notó que la
decoración del interior era muy minimalista: sillas de colores, muebles
sencillos, formas cúbicas y amplios espacios vacíos.
Vació
las maletas y colgó su ropa en el armario junto a la cama. Se sentó al borde de
la cama cuando alguien llamó a la puerta. Al abrir encontró a Charlotte con el
cabello suelto y descalza.
-
Te envidio maldito - dijo ella sentándose en la cama - tienes la mejor vista
del hotel, en cambio yo tengo un edificio frente a mi ventana - Alex se acercó
a ella y la abrazó por detrás, sentándose en la cama con las piernas abiertas.
-
¿Quiere salir a comer a algún lado belle dame? - preguntó él, besando su
cuello y susurrando al oído.
-
Sólo si me contestas donde aprendiste francés - dijo ella, mirando por la
ventana y acurrucándose en el regazo del chico.
-
Tomé un curso en la universidad - contestó - poco menos de dos semestres de
lengua extranjera y aprendí lo básico mon amour.
-
Tú sí que sabes como conquistar a una chica.
-
Me gradué con honores - dijo él, acostándose en la cama y abrazando a Charlotte
por la espalda.
-
En el avión... - dijo ella, con cierto tono de timidez en su voz - me llamaste
Cherry. ¿Comienzas a sentir algo por mí?
-
O quizá tu nombre es muy largo cada vez que lo digo - dijo él, besando el
cabello de ella - así que Cherry, tenemos un romance parisino que vivir, y
prefiero que sea ahora, que en la fiesta de Mugler me halagarán como si en
verdad hiciera falta.
En
la recepción les entregaron un volante con información turística y sitios de
interés con atracciones como museos, galerías, centros nocturnos y demás.
-
El La Tour d´Argent no parece mal - dijo Charlotte
leyendo el folleto - ¿Te parece? - le extendió a Alex una fotografía del lugar,
donde se apreciaba un entorno elegante de alta sociedad.
-
Como gustes - dijo él - es ahora cuando comienzo a extrañar la pizza de Italia.
Al
llegar al lugar. Alex notó que Charlotte traía en un bolsillo delantero los
gafetes que Newhouse le entregó.
-
¿Para que necesitamos los gafetes?
-
Éste es un restaurante muy exclusivo - dijo ella - así que trataremos de entrar
sin hacer reservación, usando la excusa de que tú eres tú.
-
Entiendo... ¿Segura que no prefieres pizza?
Al
notar la mirada asesina de Charlotte Alex prefirió no decir nada más, la chica
se acercó a pedir una mesa para dos y después de varios minutos en una pequeña
discusión entre inglés y francés entrecortado lograron entrar.
-
No preguntaré como lograste que nos dejaran entrar, pero espero que no haya
sido nada ilegal.
-
Claro que no - dijo Charlotte sentándose en la silla que Alex le ofrecía como
gesto de caballerosidad - en la fiesta de Burberry, noté que George y tú son
muy amigos... ¿Se conocían anteriormente?
-
Nos conocimos en la portada de la primera edición - dijo Alex mirando la carta
del menú - una portada que nunca compartimos.
Alex
le explicó como había conocido a Rupert y a George, de cómo no tenían otra
opción más que dejar que la revista circulara y de como la prensa inglesa
hablaba de "La trinidad del siglo XXI"
-
... y el encabezado de los hombres del futuro no ayudó en mucho. - concluyó.
-
¿Así que ustedes tres son algo así como el futuro en la moda, el cine y la
música? - al ver que Alex asentía tras probar una ensalada agregó: - Quizá
tengan razón, el trabajo de los tres es impresionante, no me sorprende que
Rupert pronto gane un Oscar y Geo un Billboard o algo así.
-
¿Y yo donde quedo? - preguntó Alex, fingiendo enojo - ¿Detrás de mi escritorio
trayendo modelos desde el otro lado del mundo, rechazando reportajes porque el
título no es suficiente para mí o exhortando a fotógrafos que hagan mejor lo
que hacen espectacularmente? Sí, así seré yo. Y ese será mi mejor triunfo.
-
No lo tomes así - se disculpó ella, tomando su mano - Eres bueno en tu trabajo
y docenas de diseñadores en Milán lo han dicho. Nadie más puede hacer lo que
tú.
-
Lo sé... Y gracias - añadió para no sonar tan narcisista.
El
resto de la comida transcurrió en silencio, un silencio roto por el tintineo de
copas y cubiertos.
-
Cuéntame de ti - dijo Alex - casi no se nada de tí y tú sabes más de
lo que deberías acerca de mí.
-
Si te refieres a que duermes con la boca entreabierta y te revuelves el cabello
cuando duermes, sí - contestó - ¿Que acaso con mi nombre y mi edad no basta?
-
No para mí - dijo él, sirviendo más vino en la copa de Charlotte - Cuéntame -
posó sus brazos en la mesa y colocó su cara entre sus manos, demostrando
interés en las palabras de la chica.
-
Mi nombre lo sabes, mi edad también... A diferencia de mi jefe vivo con mis
padres todavía, mi madre tiene un salón de belleza y mi padre es almacenista en
una bodega de equipos electrónicos.
-
Interesante - murmuró Alex - prosigue.
-
Estudio la universidad, aunque estoy trabajando para el mejor jefe editorial
que el mundo haya tenido la dicha de conocer. Así que después de un romance
parisino espero volver a mis estudios en relaciones públicas con una buena
referencia del señor Davis, por supuesto.
-
Y la tendrás - dijo Alex - si pagas la cuenta y consigues un taxi.
- Eso no es de caballeros -dijo Charlotte.
- Y hacer tantas preguntas no es de asistentes - dijo él.
Cuando llegaron al hotel Charlotte invitó a Alex a su habitación para ver la
televisión juntos, era un programa prácticamente malo: concursos idiotas con
gente idiota.
- Mientras más malo es el programa, más entretenido se vuelve - dijo Charlotte,
extendiendo sus pies sobre las rodillas de Alex en el sillón.
- Creo que después de esto necesitaré vacaciones - dijo Alex, cerrando los ojos
y recostándose en el sillón estirando las piernas.
- ¿Acaso París no es suficiente para ti? - preguntó Charlotte mirando el reloj
de pared.
-
Nunca es suficiente, no para mi - contestó, poniéndose de pie - fue muy ser tu
almohada para pies pero tengo que ducharme, te veo luego para aburrirnos ¿De
acuerdo?
-
De acuerdo - dijo ella con la mirada fija en la televisión.
Después
de treinta minutos, Charlotte llamó a la puerta de Alex, el cuál abrió dejando
de lado la tarea de ponerse la corbata de su traje. Al llegar a la alfombra
roja en el Nord Villepante, Alex se topó cara a cara con Arashi Yanagawa, director creativo de John Lawrence Sullivan, y
como era de esperarse le reiteró su apoyo y admiración hacía su trabajo
reiterando que "El apoyo a los diseñadores orientales que ofrece Vogue
es importante para la consolidación de grandes talentos"
En
el desfile de Mugler, estuvo en el front row a escasos lugares de distancia de
Lady Gaga, y al final del show el mismísimo Thierry Mugler bajó de un salto para saludar al ícono pop y
a Alex, los cuales posaron para los miles de flashes que inmortalizaban el
evento.
-
Esto es París - dijo Alex, al subir al auto para el próximo desfile - El gran
monstruo de la moda, comparado con esto Milán no fue nada.
Ehud Joseph habló antes del desfile: se refirió
a todos los presentes como los portadores de la antorcha que ilumina el camino
del buen gusto al vestir y la distinción, dentro de la bolsa de regalos
encontró corbatas, pañuelos y calcetines.
En
el desfile de Christian Lacroix, el diseñador Nicolas Topiol, ignoró totalmente la presencia de Alex y evitó
hablar con la prensa, argumentando que no estaba dispuesto debido al estrés de
la noche y lo que la fiesta representaba.
-
Ése último es un idiota - dijo Charlotte en el auto - ¿Cómo pudo ignorarte de
esa manera? Si yo fuera tú no mostraría sus prendas en la revista.
-
Se siente bien - dijo él - se siente bien ser ignorado y no tener que fingir
una sonrisa con alguien a quién conocías por el nombre y que físicamente no es
más que un hijo de vecino. No sabes lo que siento cuando alguien frente al
público dice mi nombre y todas las miradas se posan sobre mí, creen que a cada
paso derrocharé glamour. Ellos no saben que no cuento las calorías, que no soy
de los que viven y mueren en el gimnasio, y que me cuido del acné con pavor.
-
Te comprendo, la gente busca un sinónimo de perfección y como persona pública
estás expuesto a que exijan demasiado de ti - se disculpó la chica, apoyando su
cabeza en el brazo de Alex.
Llegando
al hotel Alex dejó su bolsa de regalos de Ehud y acompañó a Charlotte toda la
tarde mirando la televisión. El se sentó de cabeza en el sillón y miraba
alternadamente la televisión y la cara de la chica, le gustaba verla reír a
carcajadas, causa de un programa de concursos nacional. Cuando anunció que se
retiraba para ducharse Charlotte le dijo:
-
La verdad eres una persona maravillosa, y serías el mismo vistiendo ropa de
miles de euros que sin ella.
-
¿Me quieres desnudo? - preguntó él.
-
No ahora - respondió ella empujándolo a la puerta - pero si tomas un baño y
usas el Acqua Di Gio quizá lo piense dos veces - y cerró la puerta en las
narices de Alex.
Después
de varios minutos a los que a Alex le parecieron eternos en la espera de
Charlotte, salieron hacia la fiesta de Mugler que se llevaría a cabo en el VIP Room, una de las discotecas más exclusivas de
París.
Al
entrar al evento Alex tuvo un problema con el de seguridad, ya que sólo los
invitados VIP y con acceso total podían entrar a la fiesta.
-
Pues si mi chica no entra, yo tampoco - dijo Alex en un tono de autoridad - y
dile a Mugler que podrá ser muy amigo de Lady Gaga, y que siento mucho que
Vogue Japón haya sido sido absorbida pero en mi edición mundial ya no tiene
cabida.
-
Si me permite aquí, iré a preguntarle al señor Mugler...
-
¿Y crees que tengo tu tiempo? Dirijo una revista, rechazo fotógrafos, catapulto
a escritores a la fama, defino el éxito de los modelos ¿Y me pides que espere?
Olvídalo - tomó a Charlotte del brazo y salió con paso precipitado.
-
Fuiste algo rudo con él - dijo Charlotte - ¿Sabes? Vuelve a la fiesta, y yo
conseguiré un taxi hacia el hotel y...
-
No - respondió él, con el mismo tono autoritario que usó con el miembro de
seguridad - vendrás conmigo.
-
¿A donde vamos? - preguntó ella, algo temerosa por ver a Alex enfurecerse por
primera vez.
-
Viviremos un romance parisino como debe de ser - dijo él, cruzándose en la
calle para detener un taxi, y abriéndole la puerta a Charlotte para que entrara
le dijo al taxista:
- Au la
Tour Eiffel aussi rapidement que possible! - Y el
chofer sólo respondió con un gesto afirmativo.
-
Alex... - murmuró, pero al ver que el chico aún mantenía el semblante de furia
decidió no preguntar nada y lo besó en la mejilla. Alex cerró los ojos un
momento sintiendo el calor del toque de la piel de Charlotte, y el chofer del
taxi lo sacó de su ensimismamiento:
- Nous
sommes ici, monsieur - Alex abrió los ojos y vio la Torre Eiffel
iluminada hasta la punta, una vista preciosa que bañaba de luz los árboles
cercanos y que el sonido de las fuentes y el agua cayendo armonizaba el
ambiente.
- Merci
beaucoup, bon ami. - dijo Alex,
extendiéndole un puñado de billetes arrugados. Tomó a Charlotte de la mano y
caminaron entre cientos de turistas que contemplaban el monumento de metal en
su máximo esplendor. - ¿Y bien? ¿Que piensas?
-
Hermosa - murmuró Charlotte mirando hacia arriba.
-
Sí... lo es - respondió Alex, y la chica notó que él la miraba a ella. - Y
mucho - Alex tomó a Charlotte por la cintura y la besó en los labios, la chica
entrelazó sus brazos en el cuello del chico y dejándose llevar por el vaivén de
la música que emitía un local cercano.
-
No me gusta rellenar los silencios con besos - dijo Alex - pero no negaré que
me encanta.
-
¿Aquí comienza nuestro romance parisino? - preguntó ella con los ojos cerrados
y agudizando sus sentidos
-
Así es - contestó el - y a partir de hoy tenemos cuatro días para hacer que
valga la pena.
Admito que mi lado romántico salió a flote desde éste capítulo. Sin
pensar cómo o dónde debería de terminar, sin embargo creo que disfruté de
escribir de alguien enamorado, cuando yo no lo estaba.