XX - La trinidad regresa





El resto de la tarde anterior la pasó organizando  lo que sería el nuevo número de la revista: la portada estática de Tom Felton estaba frente a él rodeada de notas adhesivas, acerca de los titulares que aparecerían en la edición. En su cama se extendían fotografías y artículos que el chico tomada al azar, los leía rápidamente y agregaba al libro final o lanzaba al piso según era el caso.
El sonido del despertador lo había hecho ponerse en pie, ducharse y bajar a desayunar cereal en ropa interior, en el sillón de la sala (que estaba mayoritariamente ocupada por las cajas del equipaje aún) vio el folleto de la agencia de autos, y lo hojeó un momento:

- Un auto - murmuró - teniendo cientos de pares de zapatos para lucir por las calles y tener que comprar un auto, que estupidez.

Se vistió y salió a la calle en busca de un taxi, al llegar a las oficinas, la misma tranquilidad que la del día anterior era parte de la estancia. Subió a su oficina y saludó a Rose como de costumbre.


- Buen día Rose

- Buen día señor Davis - contestó poniéndose en pie - el señor Newhouse y el consejo técnico lo están esperando en la sala de juntas.

- ¿De nuevo? - preguntó él, sorprendido -

- Si, señor. Me hizo mandar autos por el señor Grint y el señor Craig.

- Gracias, Rose - y sin esperar respuesta, salió corriendo por el interminable pasillo hasta la sala de juntas, las fotografías gigantes en la pared se difuminaban como una ráfaga de lo rápido que corría. Antes de entrar triunfalmente (porque conocía a Newhouse muy bien) recuperó el aliento y atravesó la puerta de cristal, estaban los miembros del consejo directivo y Rupert y George sentados, separados por una silla vacía que adivinó como un lugar para él. Al entrar notó el gesto burlón de George hacia su barba y la señal de aprobación con el pulgar de Rupert.

- ¡Buen día Davis! Nuestro tercer hombre del futuro ha llegado - dijo Newhouse ceremoniosamente - toma asiento por favor - señaló el lugar que Alex predijo como suyo y recibió en susurros comentarios de los chicos:

- ¿Que barba, eh?

- ¿Nuevo look Davis?

- Estos tres chicos representan el futuro de las artes - comenzó Newhouse a decir - El futuro de la música, de la moda y del séptimo arte, entre nosotros está el dictador de la moda de los tiempos modernos, el futuro ganador del Oscar (aquí Alex dejó escapar una sonrisa de sarcasmo que sólo Rupert a su derecha pudo visualizar) y el músico que con su banda romperá récords y ganará premios al rededor del mundo - hizo una pausa en el lapso que Rose entregaba unas carpetas a casa uno de los presentes - lo que tienen ante ustedes es algo más que números, es el futuro como personas y como profesionistas de cada uno de nosotros.

Alex abrió la carpeta y notó que era información más detallada de la gráfica del día anterior: ganancias globales, por país, ingresos por publicidad, visitas a la página de internet y demás información que Alex estudiaba minuciosamente, George leía superficialmente y Rupert no entendía para nada.

- ... Y es por eso - prosiguió Newhouse - que hemos llamado a éstos tres jóvenes para que en la próxima portada digital la trinidad salga al mundo para conquistar todas las artes. Y esta vez si hay un contrato de por medio. - Newhouse puso sobre la mesa de cristal pulido tres documentos oficiales con la tipografía de Vogue, donde se leía los derechos de las fotografías y el contenido exclusivo para la publicación en turno. Los tres firmaron de conformidad y Newhouse recogió los contratos entregándoselos a Rose - Señores, es todo por hoy, estos chicos tienen que cumplir sus funciones como lo estipula el contrato, así que irán ahora al salón de fotografía para acaparar el mercado digital, mientras nosotros hablaremos de dinero.

Los tres chicos salieron hacia el tercer piso, donde se tomaban las fotografías, fueron recibidos por un grupo de estilistas y los fotógrafos y equipo técnico que participó en la sesión de Tom Felton.

- A Davis tenemos que borrarle la barba del rostro - dijo una chica, que tenía en sus manos una edición pasada de la revista impresa - a Craig sólo cortarle el cabello un poco.

- ¿Que hay de mí? - preguntó Rupert entusiasta

- Cierto - dijo ella, mirándolo de cerca - tenemos que eliminar todo ese brillo de su cara.

Alex rió con una carcajada y George se burlaba de él.

- ¡Apaguen los reflectores!

- No seas tonto - decía Alex - es la cara de Rupert que brilla más que la plata.

Rupert contestó desde la silla donde lo maquillaban con un gesto grosero con la mano. A George le cortaban un poco el cabello y a Alex le afeitaban la barba, mientras trataba de hablar por teléfono. Estuvieron listos cuando en frente a una pantalla verde colocaron tres bancos y del techo descendía lo que parecía el motor de un avión: tenía el color del metal fusionado con negro, sobresalía un lente de cámara gigantesco y un pequeño foco color verde parpadeaba.

- Bien - dijo el fotógrafo, acomodándose las gafas - lo único que tienen que hacer es mirar al lente fijamente y ser ustedes mismos durante cinco minutos, en ese lapso de tiempo habrá material suficiente como para conseguir la animación para la edición digital.

Tras ponerse la misma ropa que utilizaron para la portada convencional se sentaron en el mismo orden, Alex entre los otros dos y abrazados por los hombros, mantener la vista fija era algo complicado debido al  ventilador que accionaban para dar un efecto de vuelo al cabello. Tras varias tomas y el ventilador retirado, que daba un último intento, en donde el silencio de la sala era tan pesado que los hombros de los chicos comenzaban a entumecerse. Los tres fijaban su mirada en el lente y sólo parpadeaban con un ligero gesto de arrogancia o una facción natural, de la nada Rupert dibujó una sonrisa en su cara que se convirtió en carcajada, Alex siguió la reacción y George terminó uniéndose a ambos.

 - Lo siento - dijo Rupert entre risas - ¿Podemos repetir?

- Es todo - dijo el fotógrafo, algo disgustado - tenemos material suficiente para la portada.

Se cambiaron de ropa de nuevo y salieron hacía el pasillo

- ¿Están libres esta noche? - preguntó George, alborotándose el cabello - Tocaremos en el club lad a partir de hoy toda la semana.

- Lo siento - dijo Alex - a diferencia de ustedes tengo una revista que dirigir, no me mato en el gimnasio o como pizza todo el día.

- Lástima - dijo Rupert - te veías bien con la barba, incluso parecías hombre.

- ¿Dijo algo el cara de reflector?

- Señor Davis, el señor Ford lo está esperando en su oficina - dijo Rose, acercándose a ellos con algo de temor y vergüenza al mismo tiempo.

- ¿Ford? ¿Que señor Ford? - preguntó.

- Tom... el diseñador, señor.

- ¡Ford! - murmuró Alex, caminando con resolución y coraje hacia su oficina, ante la mirada de sorpresa de sus amigos. Abrió las puertas de su oficina de par en par y se encontró con Tom Ford sentado en su silla mirando por la ventana.

- Ésta vista nunca me gustó, dijo él, cruzando la pierna como alguien de autoridad - el edifico de enfrente es muy anti-estético.

- Es una lástima que no estés en mi lugar - respondió Alex - así podrías quejarte todo el tiempo, cosa que no he hecho hasta ahora.

- Tienes mucha suerte ¿sabes? - dijo Tom, mirándolo a la cara con maldad.

- Gracias... Supongo - dijo Alex, que no pensaba en doblegarse ante el diseñador, se sentó frente a él ¿A qué debo tu inesperada visita?

- Tu prueba máxima está por venir  - dijo él, acariciando el escritorio de caoba que tenía delante - las semanas de la moda no fueron nada comparado con lo que vendrá.

- ¿A que te refieres?

- A que el estrés y los reflectores del mundo entero por fin estarán sobre ti - dijo - ¿Sabes que esto no durará para siempre cierto? - señaló unas fotografías colgadas en la pared, y Alex notó que alguien había colocado una copia de las que había recibido en casa - algún día Vogue Men International terminará, y cada país tendrá su publicación propia, y tendrás que dejar el imperio para poder decidir por una opción.

- Tienes razón - contestó el chico con naturalidad - y tú estarás rogándole a Newhouse el puesto en Vogue París como lo hiciste con esta revista, en la cual estoy yo, y a mí me ofrecerán cualquiera en donde ponga la mira: puedo ser la competencia de Anna Wintour o el dictador de la moda londinense si lo deseo. Y por supuesto, nada de mi contrato, hablando de dinero claro, cambiará en lo absoluto.

Tom se puso de pie, y Alex hizo lo miso, el chico se acercó a la puerta abriéndola tras cerrarla bruscamente.

- ¿Ya te vas? - preguntó Tom con una sonrisa.

- No - contestó él - por lo general cuando abro una puerta es para indicarle gentilmente a la visita que puede largarse.

- Algún día estarás hasta el cuello de trabajo y te rendirás a la vida pidiendo un respiro - concluyó Tom antes de salir de la oficina.

- Algún día, pero no hoy - contestó - por cierto, bájale el tono a tus campañas, esto es Vogue, no Playboy - el diseñador le dirigió una mirada asesina antes de tomar el ascensor y colocarse sus lentes de sol.

- ¿Todo bien? - preguntó George, al ver a Alex algo irritado.

- Sí, excelente - en ese instante sonó su teléfono celular y contestó - ¿Sí? - Alex escuchaba con atención la voz desde el otro lado de la línea - ¿El auto está afuera? - preguntó, dirigiendo la mirada a Rose, quién le entregó más papales, sobres sellados y una pequeña caja negra - Gracias - dijo finalmente, cerrando su teléfono - Me tengo que ir amigos, ustedes sigan con sus vidas de excesos, me espera la podadora y mi jardín.

- ¡Oh, vamos! - dijo Rupert - Solo esta noche, podrás hacer el trabajo después, supimos que Newhouse te dio el fin de semana libre.

Salieron hacia la calle principal de las oficinas, en donde los estaban esperando varios autos de la compañía para llevarlos a sus casas.

- ¿Solo hoy sí? - suplicaba Rupert, casi poniéndose de rodillas

- Mañana ¿Que les parece? - les dijo a ambos.

- Disculpe... ¿Y ese auto? - preguntó George, dejando de lado su invitación.

- No tengo idea señor - contestó uno de los choferes - estaba aquí antes de que llegara

- ¡Es fantástico! - Exclamó Rupert - ¡Es increíble! - el chico se acercó al auto para deslizar sus dedos por el capote.

- ¿Te gusta? - preguntó Alex a Rupert, buscando algo entre los papeles que había arrojado al asiento trasero.

- ¡Es genial! ¡Una gran máquina! - respondió excitado

- Bien - dijo Alex, sacando de la pequeña caja negra unas llaves -  quédatelo - las arrojó al pelirrojo quién torpemente las tomó en el aire, él y George pusieron una cara de estupefacción que Alex nunca había visto.

- ¿Pero qúe?... - preguntó Rupert con la boca abierta, mirando las llaves y luego a Alex que estaba ya dentro del vehículo.

- Perdiste el fiat por mi culpa, es mi forma de pedirte perdón por ello. Además de ahorrarte la vergüenza de conducir algo anticuado. Alex le ordenó al chofer que emprendiera la marcha, y dejó a George y a Rupert en la acera frente a las oficinas y pensó que había hecho lo correcto por un gran amigo.

Si me permite señor, fue un gran gesto de su parte - dijo el chofer, en un alto de una transitada avenida - eso habla muy bien de usted.

- Gracias - contestó él - ojalá en New York pensaran lo mismo que usted.


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Un acto de bondad hacia Rupert, lo que representa que la amistad entre ellos dos es muy afectiva. ¿Por qué ese auto? Simplemente porque lo vi en una revista y de los cuatro que había pensé que era el más adecuado, sin embargo me hubiese gustado que fuera azul.