El
resto de la tarde anterior la pasó organizando lo que sería el nuevo
número de la revista: la portada estática de Tom Felton estaba frente a él
rodeada de notas adhesivas, acerca de los titulares que aparecerían en la
edición. En su cama se extendían fotografías y artículos que el chico tomada al
azar, los leía rápidamente y agregaba al libro final o lanzaba al piso según
era el caso.
El sonido del despertador lo había hecho ponerse en
pie, ducharse y bajar a desayunar cereal en ropa interior, en el sillón de la
sala (que estaba mayoritariamente ocupada por las cajas del equipaje aún) vio
el folleto de la agencia de autos, y lo hojeó un momento:
-
Un auto - murmuró - teniendo cientos de pares de zapatos para lucir por las
calles y tener que comprar un auto, que estupidez.
Se
vistió y salió a la calle en busca de un taxi, al llegar a las oficinas, la
misma tranquilidad que la del día anterior era parte de la estancia. Subió a su
oficina y saludó a Rose como de costumbre.
- Buen día Rose
- Buen día señor Davis - contestó poniéndose en pie - el señor Newhouse y el
consejo técnico lo están esperando en la sala de juntas.
- ¿De nuevo? - preguntó él, sorprendido -
- Si, señor. Me hizo mandar autos por el señor Grint y el señor Craig.
- Gracias, Rose - y sin esperar respuesta, salió corriendo por el interminable
pasillo hasta la sala de juntas, las fotografías gigantes en la pared se
difuminaban como una ráfaga de lo rápido que corría. Antes de entrar
triunfalmente (porque conocía a Newhouse muy bien) recuperó el aliento y
atravesó la puerta de cristal, estaban los miembros del consejo directivo y
Rupert y George sentados, separados por una silla vacía que adivinó como un
lugar para él. Al entrar notó el gesto burlón de George hacia su barba y la
señal de aprobación con el pulgar de Rupert.
- ¡Buen día Davis! Nuestro tercer hombre del futuro ha llegado - dijo Newhouse
ceremoniosamente - toma asiento por favor - señaló el lugar que Alex predijo
como suyo y recibió en susurros comentarios de los chicos:
- ¿Que barba, eh?
- ¿Nuevo look Davis?
- Estos tres chicos representan el futuro de las artes - comenzó Newhouse a
decir - El futuro de la música, de la moda y del séptimo arte, entre nosotros
está el dictador de la moda de los tiempos modernos, el futuro ganador del
Oscar (aquí Alex dejó escapar una sonrisa de sarcasmo que sólo Rupert a su
derecha pudo visualizar) y el músico que con su banda romperá récords y ganará
premios al rededor del mundo - hizo una pausa en el lapso que Rose entregaba
unas carpetas a casa uno de los presentes - lo que tienen ante ustedes es algo
más que números, es el futuro como personas y como profesionistas de cada uno
de nosotros.
Alex abrió la carpeta y notó que era información más detallada de la gráfica
del día anterior: ganancias globales, por país, ingresos por publicidad,
visitas a la página de internet y demás información que Alex estudiaba minuciosamente,
George leía superficialmente y Rupert no entendía para nada.
- ... Y es por eso - prosiguió Newhouse - que hemos llamado a éstos tres
jóvenes para que en la próxima portada digital la trinidad salga al mundo
para conquistar todas las artes. Y esta vez si hay un contrato de por
medio. - Newhouse puso sobre la mesa de cristal pulido tres documentos
oficiales con la tipografía de Vogue, donde se leía los derechos de las
fotografías y el contenido exclusivo para la publicación en turno. Los tres
firmaron de conformidad y Newhouse recogió los contratos entregándoselos a Rose
- Señores, es todo por hoy, estos chicos tienen que cumplir sus funciones como
lo estipula el contrato, así que irán ahora al salón de fotografía para
acaparar el mercado digital, mientras nosotros hablaremos de dinero.
Los tres chicos salieron hacia el tercer piso, donde se tomaban las
fotografías, fueron recibidos por un grupo de estilistas y los fotógrafos y
equipo técnico que participó en la sesión de Tom Felton.
- A Davis tenemos que borrarle la barba del rostro - dijo una chica, que tenía
en sus manos una edición pasada de la revista impresa - a Craig sólo cortarle
el cabello un poco.
- ¿Que hay de mí? - preguntó Rupert entusiasta
- Cierto - dijo ella, mirándolo de cerca - tenemos que eliminar todo ese brillo
de su cara.
Alex rió con una carcajada y George se burlaba de él.
- ¡Apaguen los reflectores!
- No seas tonto - decía Alex - es la cara de Rupert que brilla más que la
plata.
Rupert contestó desde la silla donde lo maquillaban con un gesto grosero con la
mano. A George le cortaban un poco el cabello y a Alex le afeitaban la barba,
mientras trataba de hablar por teléfono. Estuvieron listos cuando en frente a
una pantalla verde colocaron tres bancos y del techo descendía lo que parecía
el motor de un avión: tenía el color del metal fusionado con negro, sobresalía
un lente de cámara gigantesco y un pequeño foco color verde parpadeaba.
- Bien - dijo el fotógrafo, acomodándose las gafas - lo único que tienen que
hacer es mirar al lente fijamente y ser ustedes mismos durante cinco minutos,
en ese lapso de tiempo habrá material suficiente como para conseguir la
animación para la edición digital.
Tras ponerse la misma ropa que utilizaron para la portada convencional se
sentaron en el mismo orden, Alex entre los otros dos y abrazados por los
hombros, mantener la vista fija era algo complicado debido al ventilador
que accionaban para dar un efecto de vuelo al cabello. Tras varias tomas y el
ventilador retirado, que daba un último intento, en donde el silencio de la
sala era tan pesado que los hombros de los chicos comenzaban a entumecerse. Los
tres fijaban su mirada en el lente y sólo parpadeaban con un ligero gesto de
arrogancia o una facción natural, de la nada Rupert dibujó una sonrisa en su
cara que se convirtió en carcajada, Alex siguió la reacción y George
terminó uniéndose a ambos.
- Lo siento - dijo Rupert entre risas - ¿Podemos repetir?
- Es todo - dijo el fotógrafo, algo disgustado - tenemos material suficiente
para la portada.
Se cambiaron de ropa de nuevo y salieron hacía el pasillo
- ¿Están libres esta noche? - preguntó George, alborotándose el cabello -
Tocaremos en el club lad a partir de hoy toda la semana.
- Lo siento - dijo Alex - a diferencia de ustedes tengo una revista que
dirigir, no me mato en el gimnasio o como pizza todo el día.
- Lástima - dijo Rupert - te veías bien con la barba, incluso parecías hombre.
- ¿Dijo algo el cara de reflector?
- Señor Davis, el señor Ford lo está esperando en su oficina - dijo Rose,
acercándose a ellos con algo de temor y vergüenza al mismo tiempo.
- ¿Ford? ¿Que señor Ford? - preguntó.
- Tom... el diseñador, señor.
- ¡Ford! - murmuró Alex, caminando con resolución y coraje hacia su oficina,
ante la mirada de sorpresa de sus amigos. Abrió las puertas de su oficina de
par en par y se encontró con Tom Ford sentado
en su silla mirando por la ventana.
- Ésta vista nunca me gustó, dijo él, cruzando la pierna como alguien de
autoridad - el edifico de enfrente es muy anti-estético.
- Es una lástima que no estés en mi lugar - respondió Alex - así podrías
quejarte todo el tiempo, cosa que no he hecho hasta ahora.
- Tienes mucha suerte ¿sabes? - dijo Tom, mirándolo a la cara con maldad.
- Gracias... Supongo - dijo Alex, que no pensaba en doblegarse ante el
diseñador, se sentó frente a él ¿A qué debo tu inesperada visita?
- Tu prueba máxima está por venir - dijo él, acariciando el escritorio de
caoba que tenía delante - las semanas de la moda no fueron nada comparado con
lo que vendrá.
- ¿A que te refieres?
- A que el estrés y los reflectores del mundo entero por fin estarán sobre ti -
dijo - ¿Sabes que esto no durará para siempre cierto? - señaló unas fotografías
colgadas en la pared, y Alex notó que alguien había colocado una copia de las
que había recibido en casa - algún día Vogue Men International terminará, y
cada país tendrá su publicación propia, y tendrás que dejar el imperio para
poder decidir por una opción.
- Tienes razón - contestó el chico con naturalidad - y tú estarás rogándole a
Newhouse el puesto en Vogue París como lo hiciste con esta revista, en la cual
estoy yo, y a mí me ofrecerán cualquiera en donde ponga la mira: puedo ser la
competencia de Anna Wintour o el dictador de la moda londinense si lo deseo. Y
por supuesto, nada de mi contrato, hablando de dinero claro, cambiará en lo
absoluto.
Tom se puso de pie, y Alex hizo lo miso, el chico se acercó a la puerta
abriéndola tras cerrarla bruscamente.
- ¿Ya te vas? - preguntó Tom con una sonrisa.
- No - contestó él - por lo general cuando abro una puerta es para indicarle
gentilmente a la visita que puede largarse.
- Algún día estarás hasta el cuello de trabajo y te rendirás a la vida pidiendo
un respiro - concluyó Tom antes de salir de la oficina.
- Algún día, pero no hoy - contestó - por cierto, bájale el tono a tus campañas, esto es Vogue, no Playboy - el diseñador le
dirigió una mirada asesina antes de tomar el ascensor y colocarse sus lentes de
sol.
- ¿Todo bien? - preguntó George, al ver a Alex algo irritado.
- Sí, excelente - en ese instante sonó su teléfono celular y contestó - ¿Sí? -
Alex escuchaba con atención la voz desde el otro lado de la línea - ¿El auto
está afuera? - preguntó, dirigiendo la mirada a Rose, quién le entregó más
papales, sobres sellados y una pequeña caja negra - Gracias - dijo finalmente,
cerrando su teléfono - Me tengo que ir amigos, ustedes sigan con sus vidas de
excesos, me espera la podadora y mi jardín.
- ¡Oh, vamos! - dijo Rupert - Solo esta noche, podrás hacer el trabajo después,
supimos que Newhouse te dio el fin de semana libre.
Salieron hacia la calle principal de las oficinas, en donde los estaban
esperando varios autos de la compañía para llevarlos a sus casas.
- ¿Solo hoy sí? - suplicaba Rupert, casi poniéndose de rodillas
- Mañana ¿Que les parece? - les dijo a ambos.
- Disculpe... ¿Y ese auto? - preguntó George, dejando de lado su invitación.
- No tengo idea señor - contestó uno de los choferes - estaba aquí antes de que
llegara
- ¡Es fantástico! - Exclamó Rupert - ¡Es increíble! - el chico se acercó al
auto para deslizar sus dedos por el capote.
- ¿Te gusta? - preguntó Alex a Rupert, buscando algo entre los papeles que
había arrojado al asiento trasero.
- ¡Es genial! ¡Una gran máquina! - respondió excitado
- Bien - dijo Alex, sacando de la pequeña caja negra unas llaves - quédatelo
- las arrojó al pelirrojo quién torpemente las tomó en el aire, él y George
pusieron una cara de estupefacción que Alex nunca había visto.
- ¿Pero qúe?... - preguntó Rupert con la boca abierta, mirando las llaves y
luego a Alex que estaba ya dentro del vehículo.
- Perdiste el fiat por mi culpa, es mi forma de pedirte perdón por ello. Además
de ahorrarte la vergüenza de conducir algo anticuado. Alex le ordenó al chofer
que emprendiera la marcha, y dejó a George y a Rupert en la acera frente a las
oficinas y pensó que había hecho lo correcto por un gran amigo.
Si me permite señor, fue un gran gesto de su parte - dijo el chofer, en un alto
de una transitada avenida - eso habla muy bien de usted.
- Gracias - contestó él - ojalá en New York pensaran lo mismo que usted.
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Un acto de bondad hacia Rupert, lo que representa que la amistad entre
ellos dos es muy afectiva. ¿Por qué ese auto? Simplemente porque lo vi en una
revista y de los cuatro que había pensé que era el más adecuado, sin embargo me
hubiese gustado que fuera azul.
