Alex leía un artículo dedicado a los productos para el cuidado de la piel en los hombres, antes, durante y después del rasurado. Ingería con cuidado su desayuno para no manchar su traje color marrón, miraba de reojo a Charlotte que sólo jugaba con los alimentos de su plato, moviendo los guisantes de un lado a otro con el tenedor.
- ¿Todo bien? - preguntó el chico.
- Cuando conocí a tus padres, me presenté como tu asistente porque supuse que ellos se alarmarían demasiado si nos vieran tomados de la mano.
- No entiendo - dijo Alex, tomado de su jugo de naranja.
- ¿Quieres ser mi jefe o mi novio frente a mis padres? - preguntó, mirando a Alex con la intensa mirada que el chico conocía como reproche a una respuesta rápida.
- Pues... Bueno... no lo sé, de hecho si miran la televisión se darán cuenta de que entre tú y yo hay algo más que una relación laboral - dijo el chico, tomando una rebanada de pan tostado - Además seré el padre de tu hijo y creo que el primer paso sería actuar como tal ante tus padres.
- Supongo que tienes razón - añadió la chica con un suspiro - Obviamente no les diré que estoy embarazada, no creo que reaccionen violentamente, pero creo que será mejor que se enteren cuando sea la hora.
- Como tú quieras - el chico se levantó de la mesa y besó a la chica en la mejilla, acarició su vientre como todas las mañanas lo hacía antes de salir de casa.
Al llegar a la oficina, Rose lo recibe saludándolo y diciéndole:
- Señor, dentro hay un chico que se ha negado a identificarse, no lo había visto antes, así que no sé de quién se trate.
- Gracias Rose - contestó él, extendiéndole el maletín para que lo tomara, Alex respiró hondo y entró a su oficina. Dentro se encontró con un chico joven de piel negra, tenía el cabello cortado casi a rape y unos ojos tan oscuros como su piel.
- Buen día Señor Davis - dijo el chico, poniéndose de pie tan rápido al ver entrar a Alex, que pareciese tener un resorte en el trasero - Supongo que no sabe quién soy, pero yo sé de sobra quién es usted.
- Me sorprendería que no fuera así - contestó Alex, estrechando la mano que el visitante le ofrecía - A estas alturas de la vida cada persona de Inglaterra sabe mi nombre.
- Seguro que sí señor, el motivo de mi visita es porque rechazó un artículo de mi autoría hace unas semanas atrás - dijo éste, con una estrecha sonrisa nerviosa.
- Para empezar... ¿Quién eres? - preguntó Alex, dirigiéndole una mirada inquisitiva por encima de unas fotografías que necesitaban su aprobación para ser agregadas al ejemplar próximo.
- Disculpe por no presentarme antes, soy Arnold Huntington, periodista independiente.
- ¡Claro! - Exclamó Alex, golpeando la mesa con la mano, al recordar el nombre - Recuerdo uno de tus artículos...
- ... Que usted rechazó y que Harper's Bazaar publicó al instante.
- Harper's Bazaar se come nuestras sobras, cuando muchas otras se quedan con hambre.
- Ese artículo es uno de los mejores...
- Era basura si hablas pestes de George Craig...
- ¿Sólo porque es su amigo?
- Sólo porque es más que un ex novio: es un excelente músico y cantante.
- Se hizo famoso por tener una relación fugaz con Emma Watson.
-¿Trabajas aquí? - preguntó Alex
- ¿Qué?
- Te pregunté si trabajas aquí
- Le dije que soy un periodista independiente.
- Eso simplifica mucho las cosas - dijo Alex - ahora lárgate, si fueras empleado de Vogue ya te hubiese despedido, ahora fuera - Alex señaló la puerta, y sin mirar a su interlocutor volvió a mirar las fotografías, pocos segundos después se escuchó el azote de la puerta con fuerza.
El chico respiró hondo y terminó con las fotografías, respondió mails y recibió cartas de las casas de moda que le agradecían incluir prendas o accesorios en la revista.
- Me voy Rose - dijo Alex - hoy es un día muy bonito como para pasarlo aquí.
- Gracias señor - contestó ella, dándole unos sobres sellados con la publicidad y más artículos.
Alex condujo hasta su casa con normalidad (incluyendo los límites máximos de velocidad permitidos), ignorando por completo el percance con el periodista y los dos fotógrafos que lo esperaban saliendo del estacionamiento. Al llegar a casa tomó una ducha y pasó el rato envuelto en una bata de baño, hojeando el pequeño libro encuadernado con la publicidad para el próximo número. Horas después escuchó la puerta de entrada y una voz que lo llamaba desde el piso de abajo:
- ¿Alex?
- ¡Aquí arriba! - contestó él acostado en la cama.
- ¿Que haces aquí tan temprano?
- Soy jefe editorial - contestó él, ajustándose los lentes de montura cuadrada - creo que la primera palabra de mi cargo lo dice todo.
- ¿Estás desnudo? - preguntó la chica, al verlo solamente con la bata de baño
- ¿Qué harás al respecto? - preguntó él, dirigiéndole una mirada provocadora y levantándose de la cama.
- Obligarte a vestirte - dijo ella, impidiendo que el chico se abriera la bata en su totalidad, y empujándolo hacia el armario - No quiero llegar tarde a la visita con mis padres.
- ¿Les avisaste que irías? - el chico abrió el armario y se internó a la pequeña habitación acondicionada para guardar su ropa.
- No, pero aún así no quiero dejar pasar más tiempo.
- Bien - dijo Alex, poniéndose unos mocasines color café - estoy listo.
Subieron a la camioneta y Charlotte lo guió por un rumbo que no conocía, al llegar al lugar que la chica le indicó, se encontró con una calle llena de comercio y locales de distintos servicios: cafeterías, salones para clases de baile y tiendas de discos y libros de segunda mano.
- Es muy... dinámica - dijo Alex, al ver que la gente entraba y salía de las aceras y cruzaba la calle al lado opuesto.
- Tal y como lo recuerdo - dijo ella, tomando al chico de la mano y corriendo hacia un local que abarcaba la esquina de una cuadra muy transitada: era una estética donde había cristales que dejaban ver en el interior a señoras siendo atendidas por jóvenes empleadas. Charlotte empujó la puerta de entrada y una campanilla se escuchó por encima del ruido de las secadoras y el llanto de un niño pequeño que veía caer su cabello al suelo. Todas las empleadas dejaron sus actividades para admirar a la chica que había entrado acompañada de aquél joven.
- ¡Señora Alana! ¡La buscan! - exclamó una chica que sonriente se acercó a Charlotte.
- ¡Nora! Que placer verte de nuevo - dijo la chica, identificando a la empleada de inmediato.
- El placer es mío - contestó ella - veo que vienes muy bien acompañada - dijo, al ver a Alex detrás de Charlotte, mirando el local con todo detalle. La plática del reencuentro entre amigas se vio interrumpida por una mujer alta, con ojos de color zafiro y cabello rubio recogido en una trenza.
- Nora... ¿Quién es tan importante como para que... - la señora se detuvo sobre sus pasos admirando a la chica que la miraba con una sonrisa tierna - Charlotte... ¿Eres tú? - preguntó, casi al borde de las lágrimas.
- ¡Mamá! - Charlotte corrió a los brazos de su madre y todos los presentes contemplaron la emotiva escena.
- Ella es la hija que a todos les he presumido - dijo la señora a los presentes - es Charlotte, mi mayor orgullo - la señora la abrazó una vez más besándole la frente y dirigiéndose a la encargada le dijo: Nora ¿Puedes hacerte cargo?
- Por supuesto señora - contestó ella, encargándose del tinte de una mujer mayor.
La señora condujo a la chica hasta una puerta que permanecía oculta por un espejo, Alex las siguió a una distancia considerable.
- Mamá, quiero presentarte a alguien - Charlotte volvió entre sus pasos y jaló de la mano a Alex, poniéndolo frente a su madre - Es es Alex... - la chica miró fugazmente al chico, el cuál asintió con una sonrisa tímida, en señal de que cualquier opción que le dijera a su madre la apoyaría - mi novio.
La señora miró a Alex con un gesto inanimado por unos segundos, parecía examinarlo de pies a cabeza y al terminar el análisis dibujó una sonrisa y dijo:
- Veo que no mentías cuando de niña decías que te casarías con un príncipe - La señora le guiñó un ojo a Alex tras saludarlo con un beso en la mejilla, lo cuál hizo que se le encendieran las mejillas - Vengan... - los condujo por una escalera hasta una segunda planta, donde había una casa totalmente habitable - tu padre se tomó el día libre, toda una coincidencia.
El recibidor del segundo piso (y toda la estancia en general estaba decorada con muebles de madera rústicos y cojines estampados a cuadros, daba la impresión de haberse adentrado a una cabaña en lo alto de una montaña suiza.
- ¡Patrick, Patrick! Espero que tengas una camisa puesta, tenemos visita.
- ¿Son cobradores? - preguntó una voz algo ronca y optimista desde una habitación contigua, en donde unos pasos se hacían escuchar.
- Es tu hija - contestó Alana, a lo cual un hombre pelirrojo de ojos azules tan intensos como los de su esposa y su hija hizo aparición corriendo en la sala - No la harás esperar ¿O sí?
- Para nada - contestó - ¡Esto si que es una sorpresa agradable! - El señor se aproximó a Charlotte y la abrazó, besándola en la frente, algo que Alex pensó que contrastaba muchísimo debido a su apariencia ruda - ¡Hey! ¿Dónde encontraste este maniquí? - preguntó, mirando a Alex, se acercó a tocar uno de sus brazos y al instante añadió: ¡Vaya! ¡Pero si es de verdad!
- Es el novio de tu hija, así que yo lo trataría con más cuidado si fuera tú.
- ¿Eres tú el novio de mi florecita? - preguntó con una voz rasposa, haciendo que su hija se sonrojara por completo - Bien, si lo que tienes de galán, lo tienes de trabajador, puedes andar con mi hija...
- Ehh... ¿Gracias? - contestó Alex, sin en verdad saber que decir.
- El trabaja en una revista - interrumpió Charlotte, invitando a Alex a sentar en uno de los mullidos sillones.
- ¿En serio? - preguntó el señor, quién se sentó frente a ellos en la sala - Si es esa revista de chicas desnudas y quieres a mi hija para...
- No papá - exclamó Charlotte apenada - es una revista de moda para caballeros - Alex asentía enérgicamente, temeroso de lo que el señor pudiese hacer contra él - la revista Vogue.
- ¿Revista de moda para caballeros? - preguntó - me sorprende que no sea gay - dijo, y sin esperar aclaración alguna dijo a su esposa: - ¿Puedes traernos unas cervezas? Supongo que el businessman tiene sed.
- Gracias - respondió tímidamente el chico al recibir la botella de manos de la madre de Charlotte.
- ¿Y exactamente que haces en la revista? - preguntó el señor, buscando el destapador en el sillón y el librero próximo.
- Pues... Elijo los reportajes, la publicidad, los artículos y las sesiones fotográficas que conforman el número final. - Respondió, simplificando una respuesta que pensó sonaría sumamente exagerada.
- Suena muy interesante - dijo Alana, quién le ofreció a su hija una taza de té.
- ¡Demonios! ¿Alana no has visto el destapador en algún lado? - preguntó Patrick, quién no soltaba su botella.
- Permítame - dijo Alex, quién extendió su mano, tomando la botella del señor, se la llevó a la boca y quitó el corcho con los dientes, ante la mirada atónita de las dos mujeres.
- ¡Vaya! - exclamó el señor, sumamente impactado - Al parecer en tu universidad hacían buenas fiestas - dijo el señor, dándole un trago a la cerveza.
- Sí, así fue - contestó Alex, destapando la suya de la misma forma, Charlotte se quedó de piedra y su madre mantenía su mirada fija en el chico con la boca abierta.
Mantuvieron una charla sobre varios temas. Alex se enteró de que Charlotte y su familia eran irlandeses y los padres de la chica de que Alex era norteamericano ("muy cortés y educado para serlo" dijo la madre "y más guapo que un norteamericano común" agregó)
- ¿Dónde demonios aprendiste a destapar botellas con los dientes? - preguntó la chica, cuando se ponía la pijama.
- En la universidad, así como aprendí a anudar tallos de cereza.
- ¿Así que tuviste a una buena maestra para eso? - preguntó enojada.
- Te puedo enseñar, si gustas - Alex giró a la chica hasta que estuvo cara a cara con él, la besó prolongadamente, acariciando su rostro y deslizando sus manos por su cabello.
- Fue una buena lección.
- Cuando quieras - contestó él.
- ¿Y qué opinas de mis padres? - preguntó ella, que se moría por saber la opinión de su novio sobre su familia.
- Tu madre es adorable, y tu padre es un gran hombre... "florecita" - dijo Alex, sin poder contener una risa burlona.
- ¡No te burles! - dijo ella, golpeándolo con la almohada - es un apodo afectivo desde hace mucho.
- Me gusta - dijo él - "florecita" - susurró, mirando a la chica a los ojos y mostrando un gesto soñador, como si parodiara a un ángel recostado sobre una nube.
- Buenas noches Alex - dijo ella, dándose la vuelta para darle la espalda al chico.
- Buenas noches... "Florecita" - contestó él, en gesto burlón, pero más que enojarse, la chica sonrió al escuchar eso de labios del hombre al que amaba.
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Comencemos por los personajes en orden de aparición:
Arnold Huntington: Confieso que el nombre de Arnold lo decidí en el último momento, ya que tenía pensado llamarlo Patrick, pero después de buscar un nombre para el padre de Charlotte decidí que Arnold sería el nombre del periodista, cuyo apellido es atribuido a Rosie Huntington-Whiteley, modelo de Burberry, pero sin ningún parentesco.
Alana McDonald: Un nombre típico de la región de Europa, me decidí por Alana porque es un nombre simple pero identificable. El apellido McDonald lo adopté para Charlotte y su familia porque es común que los apellidos irlandeses comiencen con “O’” o con “Mac” o “Mc” así que tuve presente la nacionalidad irlandesa desde que escribí al personaje de la chica.
Patrick McDonald: Para el personaje me basé en una versión más “ruda” del Sr. Weasley, en donde ambos son pelirrojos, sin embargo la estatura varía mucho en cada personaje. El nombre de Patrick se debe a la celebración irlandesa del día de San Patricio. Esa personalidad ruda no es porque se me haya ocurrido, si no que (muchos piensan) que los irlandeses tienen fama de violentos.
